Leer AESTORIUM (Novela) Capítulo 11 online gratis en español
Sus vidas están atadas a la muerte. Nunca podrán desear la vida. Y nunca podrán ser felices. Sus emociones jamás se verán, porque fueron hechos para servir y entregar sus vidas al Emperador.
El Enviado preguntó:
—¿Karl?
Karl alzó la mirada, sin poder ver a través de las vendas, y dijo:
—Soy consciente de mis actos. Y agradezco la piedad que me concederán.
El Enviado asintió y dijo:
—Karl - traducción: no fuiste formado para terminar así.
Hizo una pausa y añadió:
—¿Karl?
Karl respondió con voz serena:
—No tengo derecho a pedir nada por mi descendencia. Lo que decidan hacer con ella, lo dejo en manos del Imperio.
El Enviado asintió.
El Enviado miró a uno de los Ejecutores. Este se acercó a la cápsula, cambió el usuario y transfirió el control: la cápsula dejó de pertenecer a Karl y pasó a manos del Imperio. El Ejecutor apartó la cápsula; su hija quedaba así bajo custodia del Imperio.
El Enviado dijo:
—¿Karl?
Karl respondió:
—Estoy listo para recibir la piedad que el Imperio me concederá y la bendición del Emperador.
El Enviado asintió, miró a una de las figuras presentes y dijo:
—Wallter…
Un traductor se acercó y explicó:
—El Enviado dice que sean ustedes quienes decidan el castigo de Karl. Sea la muerte o cualquier otra decisión, se hará pública y se sabrá en todo el Imperio. Karl será marcado como un Ejecutor que falló en su misión y se convirtió en hereje. Jamás podrá volver a ser un Ejecutor, ni tampoco servir al Emperador, si deciden concederle una piedad distinta a la muerte.
El Enviado añadió:
—Wallter…
El traductor continuó:
—El Enviado dice, además: para un Ejecutor, la muerte es caer con honor. Y Karl no merece ese honor.
Los Enviados se retiraron entonces, pasando junto a Karl. Un silencio pesado cayó sobre la sala. Los tres Enviados abandonaron el lugar, y la decisión sobre el destino de Karl quedó ahora en manos del Salón de los Caídos.
Una de las figuras dijo con voz resonante:
—Bien. Yo, Wallter, he recibido el permiso para juzgar al capitán Karl, quien fue conocido como el Ejecutor Rojo y alcanzo el Rango Cero dentro del Imperio.
Hizo una pausa y continuó:
—Antiguamente, la muerte sería la mayor bendición que el Emperador pudiera concederte. Por eso, el Consejo del Salón de los Caídos ha decidido: tu tortura será eterna, en la Prisión Congelada situada en el Planeta Origen-9.
—Tu castigo será —prosiguió— tormento y descargas sin descanso. No se te permitirá dormir. Serás desgarrado incontables veces y golpeado por el hielo helado de la prisión. Jamás volverás a ver la luz. Y nunca volverás a estar bajo el servicio del Imperio y tampoco del mismo emperador ya no serás más su servidor. Desde este momento, se te retiran todos los méritos y propiedades que te fueron otorgados como capitán. Serás un prisionero sin derecho a morir. Ese es tu castigo: jamás podrás hallar la muerte.
La voz se tornó más severa:
—Y a todos los descendientes de los Reinner se les juzgará. Solo a aquellos que posean méritos se les decidirá un destino distinto. Llévenselo. Muéstrenlo al mundo: aquel que un día fue una figura legendaria y hoy no es más que un hombre sin nada, que traicionó al Imperio y al Gran Emperador.
Así, los Ejecutores sacaron a Karl Reinner, conduciéndolo fuera. Al salir, no se oían gritos de aliento ni de victoria. Solo reinaba un silencio frío, impasible: no era un recibimiento, era un silencio que condenaba a quien hizo resonar su nombre en incontables frentes y planetas. Ahora, reducido a un don nadie, sin méritos.
En las pantallas se difundió el castigo: Karl quedó marcado como hereje, traidor al Imperio y al Emperador. Muchos, al verlo, le lanzaban de todo, hiriéndolo, pero él no se inmutaba. Caminaba con esfuerzo, tropezó y cayó de rodillas. Le llovieron piedras y todo tipo de insultos. Un Ejecutor, al ver que no avanzaba, le propinó varios golpes. Karl se levantó de nuevo y fue empujado para que se apresurara, avanzando hacia la nave que lo llevaría a la Prisión Congelada.
Lo subieron a la nave y lo sujetaron con cadenas. La nave comenzó a ascender lentamente, dirigiéndose hacia la Flota MON, que custodiaría a Karl hasta la Prisión Congelada. La nave atracó dentro del hangar de la nave principal y así dejaron el planeta Kaleh-7. La Flota MON realizó el salto espacial, abandonando el sector y poniendo rumbo al Planeta Origen-9, donde Karl pasaría a ser prisionero.
Lennor fue a verlo. Lo miró, sangrando, y dijo:
—¿Entonces esta fue la decisión que tomaste?
Karl se mantuvo en silencio.
—Tenías otra posibilidad —prosiguió el Almirante Lennor—. Aun así elegiste esto. Te condenas a una prisión eterna… y a tu hija la dejas a merced de cualquier destino.
Lennor suspiró, negó con la cabeza y susurró:
—Te merecías un final mejor, Karl el Rojo.
El viaje duró días. Karl permanecía en un silencio profundo, que lo condenaba a sí mismo. Con dificultad, sus labios recitaban aquel rezo que era la identidad de todo Ejecutor:
—Nacemos de las cenizas… somos la llama ardiente. Nuestras vidas son tributos al Emperador. Vivimos para él… morimos para él.
Y lo repetía una y otra vez, con esfuerzo. Sus heridas manaban sobre su rostro y empapaban las vendas negras. Un frío intenso recorría cada parte de su cuerpo y de las cadenas que lo sujetaban. Su rezo le ayudaba a recordar quién fue y quién seguía siendo, aunque le hubieran arrebatado el derecho a morir, aunque jamás volviera a servir al Emperador. Rezaba para recordar que, a pesar de todo, su lealtad hacia el Imperio permanecía intacta, sin importar el destino que le esperara a él y a su hija.
En la cabina de mando, el teniente dijo:
—Almirante, hemos llegado al Planeta Origen-9.
El Almirante respondió:
—Bien. Informen a los Ejecutores y ordenen a una unidad de marines que los acompañen y entreguen a Karl a la prisión.
El teniente lo miró y preguntó:
—Almirante Lennor, ¿no se despedirá ni le dirá algo antes de entregarlo?
El Almirante suspiró y miró a través del cristal de la cabina de mando hacia aquel mundo frío y congelado:
—Él aceptó su destino. No hay nada más que decir.
Y se retiró a su cabina.
El teniente se dirigió al hangar y dio las instrucciones. Así, Karl subió a bordo de una nave custodiada por tres Ejecutores y treinta marines, quienes se encargarían de entregarlo a la Prisión Congelada. La nave salió del hangar y comenzó a descender sobre el helado planeta. A medida que bajaban, apenas se distinguía nada en la inmensidad blanca: un mundo congelado donde nada nacía ni vivía, pero donde se había creado una prisión, sin que nadie supiera realmente qué clase de prisioneros guardaba entre lo profundo de la prisión subterránea.
En la entrada de la prisión subterránea, unas luces blancas brillaron y una voz resonó:
—¿Quién los trae hasta aquí?
Un marine avanzó y respondió:
—Venimos a entregar a Karl, el hereje.
Hubo un silencio, y la voz volvió a preguntar:
—¿Karl? ¿Ese Karl?
El marine lo confirmó y explicó los motivos de su entrega. Entonces, un ascensor descendió desde lo profundo de la nieve y surgieron unas figuras conocidas como los Lamentadores:
—Recibimos a Karl, el traidor —dijeron.
Los Ejecutores hicieron la entrega y se marcharon, dejándolo solo en aquel mundo congelado donde permanecería prisionero por la eternidad. Los Ejecutores y los marines abandonaron el planeta y regresaron al hangar de la nave principal de la Flota MON.
En las profundidades del Planeta Origen-9, mientras descendían en el ascensor, uno de los Lamentadores comentó:
—Nunca esperé ver a un Ejecutor en prisión… y menos en la nuestra. Al parecer, ni siquiera el gran Karl el Rojo está por encima de todo.
El otro soltó una risa burlona:
—Claro. No es más que uno más al servicio del Imperio. Siempre pueden sustituirlo.
Karl permanecía en absoluto silencio ante aquellas palabras. El ascensor se detuvo y descendió con los dos Lamentadores, quienes lo condujeron a un recinto sumido en la oscuridad. En el centro se alzaba una pequeña plataforma circular de color gris. Lo obligaron a arrodillarse y le sujetaron con nuevas cadenas negras, inmovilizándolo por completo.
Uno de los Lamentadores sacó una pequeña barra extensible, la conectó a Karl y le descargó una carga eléctrica tan brutal que hizo temblar todo su cuerpo. Sin embargo, él se mantuvo impasible: no mostró dolor, no se quejó, no gritó.
El otro Lamentador lo detuvo y dijo:
—Déjalo así por hoy. Que se sienta "cómodo" en lo que será su hogar por toda la eternidad. Tarde o temprano se romperá. Aunque sea un Ejecutor, sigue siendo de carne y hueso. Algún día sucumbirá al dolor y rogará por la muerte.
Su compañero soltó una carcajada y ambos abandonaron el lugar. Las compuertas comenzaron a cerrarse lentamente. Cuando solo quedó una pequeña rendija, la venda de Karl se desató. Sus ojos azules brillaron por última vez a través de la grieta, y dijo con voz serena:
—Mi nombre es Karl Reinner… el Ejecutor Rojo… de Rango Cero.
Las compuertas se cerraron por completo. Y Karl quedó solo, encerrado en la Prisión Congelada, para toda la eternidad.
FIN
COMUNICADO DEL AUTOR
Hola, soy el autor bajo el seudónimo olvidado134, creador de la novela IMPERIUM.
Me llena de alegría haber llegado hasta aquí con mi segunda novela, y haber podido compartir con ustedes la historia de Karl y de este vasto Imperio. Esto no es un final: es el verdadero inicio de todo lo que llegaremos a conocer sobre IMPERIUM.
Gracias a quienes leen y me brindan su gran apoyo. A todos los que dejan sus comentarios: los leo todos, cada uno, y son el motor que me impulsa a seguir escribiendo. Sé que han quedado muchas preguntas, dudas y misterios en el aire… prometo que en el segundo volumen se revelará mucha información que irá conectando todo lo que hemos visto.
Aquí concluye el Volumen 1. Gracias por acompañarme y por tener paciencia: prometo dar respuestas a todo, poco a poco. Una vez más, infinitas gracias por todo el cariño y el apoyo que le dan a IMPERIUM.
Nos vemos en el Volumen 2, que comenzará a publicarse en aproximadamente una semana.
Gracias por hacer posible esta historia. ✍️✨

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AESTORIUM (Novela) Capítulo 11
Estás leyendo el capítulo 11 de AESTORIUM (Novela), un novela. Año 98,502. La humanidad ha conquistado galaxias enteras, extendiendo su dominio más allá de los límites del sistema solar. Bajo el resplandor del Imperio, mundos remotos prosperan… y otros son explotados sin piedad. En… Este capítulo tiene publicado el 29 de septiembre de 2026. AESTORIUM (Novela) tiene 21 capítulos disponibles en LectorTMO, en español y sin registro.