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Leer Una estrella en el cielo (Novela) Capítulo 1 online gratis en español
La luz de la estrella atravesaba las rendijas de la choza y María ya estaba envuelta en las mantas cuando levantó la cabeza.
—¿Me lees un cuento?
Gabriel suspiró.
—Te lo sabes de memoria.
—Pero me gusta cuando tú lo lees.
Gabriel tomó el viejo libro, la portada estaba desgastada y apenas quedaban rastros de tinta, lo abrió lentamente y las páginas crujieron.
—Muy bien... pero solo hasta que te duermas.
María sonrió.
Gabriel comenzó.
—Antes de la estrella... existía otra cosa.
María lo observó en silencio.
—Los antiguos nunca le dieron un nombre. Algunos decían que era un dios. Otros una enfermedad. Otros aseguraban que ni siquiera estaba viva.
Pasó la página.
—Lo único en lo que todos estaban de acuerdo era que tenía hambre.
El viento golpeó suavemente las paredes de la choza.
—Dicen que cuando abrió los ojos por primera vez, miles de personas olvidaron sus propios nombres.
María se acomodó mejor.
—¿Cómo olvidaron sus nombres?
—No lo sé. El cuento no lo dice.
Gabriel siguió leyendo.
—Los reyes enviaron ejércitos.
Los sabios reunieron sus conocimientos.
Los magos intentaron comprenderla.
Pero cada persona que se acercaba regresaba diferente.
O no regresaba.
Algunos volvieron con demasiados ojos.
Otros con demasiadas voces.
Y algunos regresaron sonriendo.
Eso era lo peor.
María frunció el ceño.
—¿Por qué?
—Porque nadie sabía qué habían visto.
Las páginas volvieron a pasar.
—Entonces aparecieron cinco.
No eran héroes.
No eran santos.
No eran los más fuertes.
Solo fueron los últimos que permanecieron de pie.
Gabriel bajó un poco la voz.
—Y cuando contemplaron aquello que dormía bajo el mundo... comprendieron algo.
No podía morir.
No podía ser destruido.
No podía ser detenido.
Solo podía ser olvidado.
María ya luchaba contra el sueño.
—¿Y qué hicieron?
—Nadie lo sabe.
—Sí lo saben.
—No. Aquí es donde el cuento empieza a contradecirse.
Gabriel señaló un párrafo casi borrado.
—Algunas versiones dicen que lo sellaron.
Otras dicen que lo dividieron.
Algunas aseguran que lo devoraron.
Y hay quienes afirman que fueron ellos quienes terminaron encerrados.
La niña bostezó.
Gabriel continuó.
—Lo único que se repite en todas las versiones es que aquella noche aparecieron seis sombras...
María abrió un ojo.
—¿Seis?
—Sí.
Cinco entraron.
Seis salieron.
El silencio llenó la habitación.
—¿Quién era el sexto?
preguntó María.
Gabriel observó la página, las palabras estaban tan desgastadas que apenas podían leerse.
—Nadie lo recuerda.
María ya tenía los ojos medio cerrados, aun así, Gabriel siguió.
—Y entonces los cinco tomaron una decisión.
Entregaron sus nombres.
Entregaron sus cuerpos.
Entregaron sus almas.
Y cuando terminó el ritual...
La estrella apareció por primera vez en el cielo.
María apenas murmuró:
—¿Y el monstruo...?
Gabriel pasó la página, la siguiente estaba casi destruida, como si alguien hubiera intentado arrancarla siglos atrás.
—Eso es lo extraño.
—¿Qué cosa...?
—Que ninguna versión explica qué ocurrió con él.
María ya no respondió y Gabriel levantó la vista, la niña dormía profundamente, durante unos segundos contempló la página rota y suspiro
— Solo un cuento infantil para que los niños no salgan a la luz de la estrella...
Mientras ellos Dormían una figura roja tropezó contra un árbol fuera de su escondite, cayó de rodillas y permaneció inmóvil unos segundos
—No.
Silencio.
—Ya te dije que no.
La voz era débil, Como si estuviera hablando con alguien justo delante de él, Pero allí no había nadie.
—¿Por qué haría eso?
El hombre inclinó la cabeza, escuchando, esperando una respuesta, una respuesta que solo él parecía poder oír.
—No, no, no. Eso fue hace mucho tiempo.
Se llevó ambas manos a la cabeza.
—¿Hace cuánto?
Pausa.
—No me acuerdo.
Otra pausa.
—¡Claro que me acuerdo!
Se puso de pie de golpe, la sangre que cubría su ropa parecía moverse por sí sola, coágulos flotaron cuando movió sus manos en círculos
—Mentira.
Su tono cambió por completo y ahora sonaba tranquilo, casi amable.
—No deberías llamarme mentiroso.
Volvió a quedarse inmóvil mientras escuchaba y entonces comenzó a reír, una risa larga, incómoda y dolorosa.
—¿Quién soy?
Preguntó de repente como si acabara de recordar algo importante.
—¿Quién soy?
La pregunta quedó suspendida entre los árboles y nadie respondió a excepción de él mismo.
—Eres un mago.
—No.
—Sí.
—No.
—Sí.
—No.
Su respiración empezó a acelerarse.
—Entonces... ¿quién era el otro?
Silencio.
El hombre miró sus propias manos cubiertas de sangre.
—Ah...
Su voz se quebró.
—Ya recuerdo.
Retrocedió un paso.
Luego otro.
—No.
Otro más.
—No.
Y otro.
—No.
Hasta que terminó chocando contra un árbol.
—Yo no quería hacerlo.
La sangre comenzó a deslizarse desde sus brazos formando pequeños hilos rojizos sobre el suelo.
—¿Verdad?
Preguntó.
Esperó una respuesta.
Asintió lentamente.
—Sí, Tienes razón yo No tuve elección.
Volvió a reír, Más fuerte y Más fuerte hasta que la risa se transformó en un grito.
—¡¡ENTONCES POR QUÉ SIGUEN AQUÍ!!
Los pájaros escaparon de los árboles y el bosque entero pareció estremecerse durante un breve instante.
Gabriel tuvo la sensación de escuchar algo fuera, abrió un ojo ante el escandalo
La niña estaba completamente envuelta en mantas.
Abrazaba uno de sus libros como si fuera un peluche, Gabriel sonrió levemente.
—Quédate aquí esta vez... —susurró.
Se levantó con cuidado y las tablas de la casa del árbol crujieron bajo sus pies y su enorme peso, Se quedó quieto, Esperando una reacción de la niña, pero María siguió dormida O al menos eso parecía, Gabriel soltó el aire lentamente, Tomó su vieja mochila, se agacho para no golpearse con la viga del techo del escondrijo
Dentro guardó:
Una cuerda.
Un pedernal.
Dos cantimploras.
Su hacha.
Algunas dagas.
Y un par de libros que podrían resultar útiles, Nunca se sabía qué podía encontrarse uno en el bosque, El mago volvió a gritar, Esta vez más cerca.
—¡NO! ¡NO QUIERO SABERLO!
Silencio.
—¿Por qué me lo dijiste entonces?
Gabriel frunció el ceño, Definitivamente estaba empeorando la locura del mago si eso era al menos posible, él se colgó la mochila, Tomó su cuchillo, Abrió la puerta, se agacho para poder salir antes de saltar y agarrarse de la cuerda que usaban para subir y bajar de la casa del árbol
La estrella iluminaba tenuemente el bosque, las sombras de los árboles parecían más largas de lo normal, cuando llegó al suelo respiró aliviado, Había funcionado, María seguía durmiendo o al menos eso creyó, dio apenas tres pasos, Entonces sintió algo moverse dentro de la mochila, Gabriel se congeló, La mochila volvió a moverse, Un libro cayó desde el interior, Luego otro Y finalmente apareció una pequeña mano apartando varios objetos.
—Mmm...
Gabriel cerró los ojos.
—No.
La cabeza de María emergió entre los libros, tenía una hoja de papel pegada en el cabello.
—Buenos días.
—No.
—¿Ya salimos?
—No.
—¿Ya encontramos algo increíble?
—No.
—¿Entonces por qué estamos hablando?
Gabriel apuntó directamente hacia la casa del árbol.
—Porque tú deberías estar allí arriba.
María miró hacia arriba.
Luego miró la mochila.
Luego volvió a mirar a Gabriel.
—Eso habría sido cierto si yo estuviera allí arriba.
—María...
—Técnicamente estoy aquí dentro.
—María.
—¿Sí?
—¿Cuánto tiempo llevas despierta?
La niña pareció pensarlo.
—Desde que dijiste "quédate aquí esta vez".
Gabriel se llevó una mano al rostro.
—Claro.
—Sabía que intentarías ir solo.
—Porque es peligroso.
—Precisamente por eso vine.
Gabriel abrió la boca para protestar.
Pero María ya estaba rebuscando entre los libros.
—Veamos...
Sacó uno, Lo observó, Lo devolvió y Sacó otro.
—No.
Otro más.
—No.
Y finalmente sonrió.
—¡Aquí está!
—¿Qué encontraste?
—Todavía no lo sé.
—¿Entonces por qué sonríes?
—Porque tiene un dibujo horrible en la portada y normalmente esos son los útiles.
A lo lejos volvió a escucharse la voz del mago.
Más cerca que antes.
Mucho más cerca.
—¿QUIÉN ESTÁ AHÍ?
Silencio.
—No, no hablo contigo.
Otra pausa.
—Aunque tú tampoco has respondido.
Gabriel y María intercambiaron una mirada y fue cuando La sonrisa desapareció del rostro de ambos.
—Bueno —dijo María cerrando el libro— Creo que acaba de encontrarnos… por mi culpa
—¿ESCUCHASTE A ALGUIEN POR AHI?
La voz resonó entre los árboles y esta vez no parecía estar hablando sola esta vez parecía haber encontrado algo O a alguien, Gabriel sintió un escalofrío recorrerle la espalda.
—Nos vio.
—No creo que nos vea exactamente —respondió María mientras pasaba páginas frenéticamente—. Creo que siente que estamos aquí.
La sangre alrededor del mago comenzó a deslizarse por el suelo como serpientes buscando una presa el hombre giró la cabeza bruscamente Demasiado, casi antinaturalmente su cuello emitió varios crujidos
—¿Hay alguien?
Silencio.
—Sí, yo también lo escucho.
Otro silencio.
—No, no eres tú.
Más silencio.
—Bueno, tal vez sí seas tú.
El mago empezó a caminar en dirección a ellos, Gabriel dio un paso atrás y Luego otro sin apartar la vista del hombre mientras la sangre seguía extendiéndose entre las raíces.
—María...
—Estoy buscando.
—Busca más rápido.
—Estoy buscando más rápido.
—Eso no tiene sentido.
—Pues estoy haciéndolo.
El mago se detuvo.
Olfateó el aire.
—¿Niños?
Su voz cambió completamente ahora sonaba amable casi preocupada.
—No deberían estar aquí.
Gabriel tomó el cuchillo.
—Eso no suena nada bien.
—No suele sonar bien cuando un loco intenta ser amable.
El mago sonrió Y entonces la sangre explotó, decenas de agujas carmesí emergieron desde el suelo Gabriel reaccionó al instante y Se impulsó hacia un lado las agujas atravesaron un árbol detrás de él la corteza estalló en pedazos.
—¡María!
—¡Sigo buscando!
—¡Busca más fuerte!
—¡Eso tampoco tiene sentido!
Otra lluvia de agujas atravesó el bosque Gabriel corrió y La mochila saltaba sobre su espalda, Saltó una raíz, esquivó una roca giró sobre sí mismo y otra lluvia de sangre pasó rozando su hombro.
—¡QUIETO! — gritó el mago —¡No puedo hablar contigo si sigues moviéndote!
—¡Pues deja de intentar matarme!
—¡No te estoy matando!
Pausa, El mago inclinó la cabeza.
—Creo.
Gabriel cambió de dirección y las agujas impactaron contra otro árbol.
—Definitivamente intenta matarnos.
—Ya me di cuenta.
María seguía pasando páginas, Libro tras libro, el bosque se convirtió en una persecución caótica.
El mago avanzaba tambaleándose A veces caminando, A veces desapareciendo dentro de charcos de sangre y A veces apareciendo donde no debería estar como si olvidara las reglas del espacio.
—¿Dónde estoy?
preguntó de repente.
—¿Qué? — respondió Gabriel —
—No te preguntaba a ti.
El mago volvió a quedarse quieto como escuchando.
—Ah, Claro en El bosque tienes razón
Gabriel aprovechó ese instante, corrió hacia otra zona cubierta por raíces gruesas necesitaba tiempo tan solo un poco más.
—María.
—Ya casi.
—¿Cuánto es casi?
—Depende.
—¿De qué?
—De si este libro explota al abrirlo.
—¿QUÉ?
—No explota o al menos eso Creo.
Gabriel estuvo a punto de tropezar, una lanza de sangre pasó rozando su cabeza, le cortó varios mechones de cabello blanco
—¡María!
—¡Lo encontré!
Gabriel esquivó otra descarga.
—¡¿Encontraste qué?!
La niña sonrió.
Levantó el libro.
La portada estaba ennegrecida por el tiempo.
Un símbolo rojo ocupaba toda la cubierta.
—Magos Hemáticos y otras malas decisiones.
Gabriel parpadeó.
—Ese título es real.
—Y bastante descriptivo.
María abrió el libro Mientras el mago comenzaba a correr hacia ellos entre risas, llantos y conversaciones que solo él podía escuchar.
—Me gusta este autor.
—¿Por qué?
—Porque parece sincero.
Pasó varias páginas y algunas tenían dibujos anatómicos mientras otras parecían garabatos hechos por alguien en pleno ataque de pánico, hasta que finalmente encontró una sección marcada con tinta roja.
—Aquí.
Gabriel esquivó otra lanza de sangre.
—¿Qué dice?
María aclaró la garganta.
—"Capítulo siete: Por qué jamás deberías intentar almacenar energía estelar en tu sistema circulatorio."
—Suena prometedor.
—"Si estás leyendo esto después de haberlo intentado, mis condolencias."
—Definitivamente me gusta este autor.
María siguió leyendo.
—"La sangre es una de las peores sustancias para contener energía estelar. Posee memoria propia, se mueve constantemente y mantiene una fuerte conexión con el alma del portador."
El mago volvió a gritar algo ininteligible.
Un charco rojo apareció varios metros delante de Gabriel.
Este cambió de dirección inmediatamente.
—Sigue.
—"Los individuos afectados suelen desarrollar síntomas tempranos como escuchar voces, recordar acontecimientos que nunca vivieron y discutir consigo mismos."
—Encaja bastante.
—"Los síntomas avanzados incluyen la pérdida parcial de identidad, formación espontánea de constructos sanguíneos y una desagradable tendencia a explotar."
—Muy tranquilizador.
María pasó otra página.
Un dibujo ocupaba casi toda la hoja.
Representaba a una persona rodeada por figuras humanas formadas de sangre.
—Oh.
—¿Oh qué?
—Creo que encontré el problema.
—¿Qué problema?
—No está loco.
Gabriel la miró por encima del hombro.
—Explícate rápido.
—"Las voces no son una alucinación."
El bosque quedó en silencio durante un instante.
Incluso el mago dejó de moverse.
María tragó saliva.
—"La energía estelar absorbe fragmentos de almas cercanas. Cuando un mago de sangre sobrevive al proceso, dichas almas quedan atrapadas dentro de su circulación."
Gabriel sintió un escalofrío.
—¿Cuántas?
—No lo dice.
Pasó otra página.
Entonces encontró una nota escrita a mano en el margen.
La tinta estaba tan desgastada que apenas podía leerse.
—"No intentan matarte."
—¿Qué?
—Eso dice aquí.
—¿Quién?
—Las voces.
María siguió leyendo.
—"Intentan recordar quiénes eran."
A varios metros de ellos el mago se había quedado inmóvil.
Mirando sus propias manos.
Escuchando algo.
O a alguien.
—Y aquí hay otra cosa...
—Dime que es una forma de derrotarlo.
—Más o menos.
—¿Más o menos?
—"Los constructos sanguíneos dependen completamente de la concentración del portador."
—Eso sí me sirve.
—Pero hay más.
—¿Qué?
María sonrió.
—"Si logras distraerlo lo suficiente, las voces comenzarán a discutir entre ellas."
Gabriel observó al mago.
El mago observó sus propias manos para luego responder a algo que nadie había dicho.
—¡NO FUE MI CULPA!
Gabriel empezó a sonreír también.
—Creo que ya tenemos un plan.
El mago levantó la cabeza.
La sangre a su alrededor empezó a girar.
Lentamente.
Como un remolino.
—¿Plan?
preguntó.
—¿Tienen un plan?
Silencio.
—No me gustan los planes.
—Nunca te gustaron.
—Tienes razón.
—¿Quién tiene razón?
—Yo.
—¿Cuál de los dos?
El mago soltó un alarido.
La sangre explotó hacia todas direcciones.
Gabriel se lanzó hacia adelante.
No hacia atrás.
Hacia el enemigo.
Las agujas carmesíes pasaron rozando sus hombros.
Su rostro.
Su cuello.
Pero ninguna logró alcanzarlo.
Años sobreviviendo en aquel bosque habían convertido sus reflejos en algo casi animal.
—¡María!
—¡Página ciento doce!
—¡Eso no me sirve!
—¡Los ataques se vuelven imprecisos cuando discute consigo mismo!
Gabriel sonrió.
Eso sí servía.
El mago formó una lanza de sangre en su brazo.
La lanzó.
Gabriel la esquivó inclinando apenas el cuerpo.
La lanza atravesó tres árboles detrás de él.
—¿Lo ves?
gritó María.
—¿Qué?
—¡No te está apuntando a ti!
Gabriel observó.
Era cierto.
Cada vez que el mago hablaba con las voces.
Su puntería empeoraba.
Cada vez que discutía.
La sangre perdía forma.
—Interesante.
El mago escuchó aquello.
—¿Qué es interesante?
—Nada.
—¿Se está burlando de nosotros?
—Creo que sí.
—¡Nadie se burla de nosotros!
Toda la sangre del suelo se elevó.
Gabriel aprovechó.
Corrió.
Pisó una roca.
Saltó.
Y descargó una patada directamente sobre el pecho del mago.
CRACK.
El impacto resonó por todo el bosque.
El mago salió despedido.
Atravesó un arbusto.
Golpeó un árbol.
Y cayó de espaldas.
—¡HERMANITO!
—¿Qué?
—¡Eso funcionó!
—Lo noté.
El mago intentó levantarse.
—Eso dolió.
Pausa.
—Claro que dolió.
—Tú no sientes dolor.
—¿Cómo qué no?
—Porque estás muerto.
Silencio.
El mago se quedó quieto.
Completamente quieto.
María abrió el libro rápidamente.
Sus ojos recorrían las páginas.
—Gabriel.
—Dime.
—No escucha las voces.
—¿Qué?
—Las voces lo escuchan a él.
Gabriel frenó.
—Explícate.
—Dice aquí que cuando sobreviven demasiado tiempo las almas atrapadas empiezan a copiar recuerdos del portador.
El mago se llevó ambas manos a la cabeza.
—No.
—Sí.
—No.
—Sí.
—¡NO!
María pasó otra página.
Y sonrió.
—Encontré algo mejor.
—¿Qué encontraste?
—Un punto débil.
Gabriel esquivó una nueva descarga de sangre.
—Habla.
—Pregúntale quién es.
—¿Qué?
—Hazlo.
—Eso es tu plan.
—Confía en mí.
Gabriel suspiró.
—¿Quién eres?
El mago se quedó inmóvil.
Toda la sangre cayó al suelo.
—Yo soy...
Silencio.
—Yo soy...
Otra pausa.
—Yo...
La sangre comenzó a temblar.
—¿Quién eres?
repitió Gabriel.
—Soy...
Las voces parecían discutir dentro de su cabeza.
Cada vez más fuerte.
Cada vez más rápido.
—¡SOY YO!
—¿Quién?
preguntó Gabriel.
—¡YO!
—¿Quién eres?
—¡YO!
—¿Quién?
El mago empezó a retroceder.
Confundido.
Aterrado.
Como si nunca hubiera considerado la pregunta.
María sonrió desde la mochila.
—Funciona.
—¿Qué hiciste?
—Le hice pelear contra el único enemigo que no puede vencer.
—¿Cuál?
—Él mismo.
El mago cayó de rodillas.
Sujetándose la cabeza.
Miles de hilos de sangre comenzaron a salir de su piel.
Moviéndose erráticamente.
Sin dirección.
Sin control.
—¡NO RECUERDO!
gritó.
—¡NO RECUERDO!
Gabriel vio la oportunidad.
—María.
—Ya sé.
Una pequeña bolsa salió desde la mochila.
Gabriel la atrapó en el aire.
—¿Qué es?
—Las hierbas para dormir.
—Perfecto.
El mago intentó levantarse.
Pero seguía atrapado en su propia mente.
—¿Quién era?
—¿Quiénes somos?
—¿Por qué seguimos aquí?
Gabriel cruzó la distancia de un solo sprint Las raíces temblaron bajo sus pies, El mago levantó una barrera de sangre y Gabriel golpeó la barrera la cual explotó, Golpeó otra vez, La sangre se dispersó Y con el tercer golpe enterró el puño directamente en el rostro del mago, El hombre cayó al suelo, Aturdido e Incapaz de concentrarse, Gabriel aprovechó y Le introdujo las hierbas en la boca pero El mago intentó resistirse Demasiado tarde y Pocos segundos después Su cuerpo se desplomó, El bosque quedó en silencio, Gabriel respiró profundamente y María asomó la cabeza desde la mochila.
—¿Ganamos?
—Ganamos.
—¿Por qué me da la sensación de que esto fue demasiado fácil?
Gabriel observó el cuerpo inconsciente y Luego observó toda la sangre que seguía moviéndose alrededor de él Como si todavía obedeciera algo, hizo un rostro de asco antes de darse la vuelta
El bosque quedó en silencio casi demasiado silencio Algo no estaba bien, La sangre seguía moviéndose con pequeños temblores que recorrían los charcos alrededor del cadáver, como si todavía hubiera algo vivo allí dentro.
—Hermano...
—Lo veo.
La sangre comenzó a retroceder, pero no hacia el cuerpo si no lejos de él Como si estuviera huyendo fue entonces el cadáver se arqueó, los huesos crujieron, Una vez, dos veces Y a la tercera explotó, la sangre llovió, María se escondió en la mochila, Gabo se limpió el rostro con asco
—¡ESO NO ESTABA EN EL LIBRO!
—¡YA ME DI CUENTA!
De la masa de sangre surgieron figuras, primero se volvieron figuras humanas echas de sangre antes de corromperse al completo Una tenía brazos excesivamente largos, Otra caminaba usando únicamente las manos y Una tercera arrastraba medio torso detrás de sí.
—¿Quién soy?
preguntó una.
—¿Quién eres?
respondió otra.
—¿Quiénes somos?
susurró una tercera, Gabriel extendió la mano y María le extendió un hacha de mano de entre la mochila mientras intento seguir leyendo para ver si encontraba algo de esta situación
—Ah...
—Lo encontramos.
—Sí.
—Es él.
—Definitivamente es él.
—María.
—¿Sí?
—Agárrate fuerte.
La primera criatura saltó.
Gabriel la atrapó del cuello en el aire y la estrelló contra el suelo, piso su cuello hasta que este crujió en un sonido húmedo con sangre por todo el piso, aun así, seguía moviéndose e intentando atacar, la criatura se volvió sangre antes de re hacerse nuevamente unos metros más atrás
—Eso no es normal.
—¡Página ciento dieciséis!
—¡lee rápido!
—¡Dice que destruyas el núcleo!
La segunda criatura llegó por la izquierda, pero Gabriel giró sobre sí mismo y su puño impactó directamente en el rostro de la bestia el golpe arrancó media mandíbula y la criatura salió despedida contra un árbol.
—¿Dónde está el núcleo?
—¡En el pecho!
—hasta que dices algo que me sirve…
La tercera alcanzó a sujetarle el brazo y Gabriel respondió de inmediato clavándole el hacha entre las costillas, la criatura chilló y la golpeo de nuevo hasta que un pequeño cristal rojizo quedó expuesto, Gabriel lo arrancó de un tirón y la criatura se convirtió en sangre inerte.
—pan comido… no necesito más información, ahora solo sostente fuerte
Las criaturas se multiplicaron, diez, luego doce, luego veinte y pronto Gabriel dio una vuelta a su hacha sobre su mano, María se escondió entre la mochila esperando la movida batalla
Golpeó a una con el codo rompiéndole el esternón, arrancó el cristal, lo rompió y luego Giró para esquivar unas garras, tomó otra criatura de una pierna y la utilizó como arma improvisada para enviar a Dos monstruos a volar
María asomó la cabeza deteniendo con su cuchillo las garras de una bestia que se dirigían directamente a Gabo
—¡Detrás!
Gabriel se agachó y algo pasó sobre él tomó a la criatura por el rostro, la estampó contra una roca Y arrancó otro núcleo para destruirlo con sus manos nuevamente, en un giro de su hacha destruyo varios cristales, lanzando cortes hasta que solo quedo uno de ellos, el más grande, Su cuerpo era una amalgama de sangre endurecida docenas de rostros humanos aparecían y desaparecían sobre su superficie.
—¿Quién...
—...eres?
—¿eres…
—un monstruo...?
Gabriel caminó hacia la bestia, Cansado, Cubierto de sangre, Pero firme sosteniendo el hacha con fuerza con una mirada de odio, la bestia lanzo un golpe que fue rápidamente interceptado por un corte y un agarre, la atrajo para darle un cabezazo
—no, solo soy un hombre con muchas… muchas ganas de proteger a su hermana
Le pateo el pecho lanzándolo contra un árbol, le dio un hachazo en el pecho abriendo una grieta y mostrando el cristal en su interior Gabriel metió su mano y la sangre lo corto una y otra vez, el ignoro el dolor hasta que finalmente saco el cristal del cuerpo de la bestia rompiéndolo en miles de pedazos
—¿Ganamos?
—sí, tu hermano siempre gana
La sangre se volvió completamente liquida dejando atrás solo la túnica, mochila y bolsas del mago quien ya había desaparecido, entre sus bienes había Un cilindro de cuero protegido por varias correas y candados
—bien, ahora que cosa nos trajo el destino…
María lo abrió rápidamente sobre el césped con un par de trozos de metal largos y pronto empezó a leer el contenido del papiro
—es un mapa
—¿un mapa?
—no se dé qué, pero… se ve importante
Cinco símbolos estaban marcados sobre el continente, separados por varias fronteras como si la zona donde estaban ahora fuera una de las pocas zonas no tomadas por algún país, en el borde del mapa alguien había escrito una frase con tinta casi borrada: “Los cinco mantienen el sello."
—No entiendo nada.
—Yo tampoco.
La estrella seguía suspendida sobre el mundo como un ojo inmóvil observando la tierra, Gabriel enrollo el mapa con rapidez y lo guardo, por alguna razón no quería perderlo de vista, aunque solo era solo un pedazo de cuero viejo y nada más que eso
—Entonces...
María observaba el mapa en la mano de Gabriel enrollado en su agarre firme
—¿Vamos?
—Voy a prepararme primero.
María parpadeó analizando las palabras antes de responder
—¿Voy?
—Voy.
—Eso no fue lo que dijiste antes.
—Lo pensé mejor.
—Pero... ¡pero yo quiero ir!
Gabriel terminó de enrollar el mapa.
—No.
—¿No?
—No.
—¿No puedo ir?
—No puedes ir.
—¿Por qué?
—Porque no voy a poner en riesgo tu vida.
—Sobreviví al mago de sangre.
—Sobreviviste porque yo estaba allí.
—Exactamente.
—Ese no es el argumento que crees que es.
Gabriel señaló la casa, la miro con una mirada firme casi como una orden que imponía con su mano levantada
—Tienes comida.
—Ajá.
—Agua.
—Ajá.
—Leña.
—Ajá.
—Y suficiente para varias semanas.
María abrió mucho los ojos.
—¿Semanas?
—Lo que sea que esconda este mapa podría estar muy lejos.
—Entonces más razón para que te acompañe.
—No.
Ese último no sonó más fuerte que el resto, con molestia, con una mirada protectora y preocupada tomo a la niña del brazo y la metió en la cabaña, en la cama y le puso las sábanas encima
—Eres pequeña.
—No tanto.
—Joven.
—Eso no es un defecto.
—Y una carga.
La palabra golpeó más fuerte de lo que Gabriel pretendía, María guardó silencio, una lagrima asomo por el rabillo de su ojo y Gabriel suspiró.
—No quise decirlo así.
—Pero lo dijiste.
—Quise decir que tendría que preocuparme por ti.
—Siempre te preocupas por mí.
—Exactamente, lucho peor porque tengo que preocuparme por mantenerte viva
La niña bajó la vista, Gabriel se acercó y le revolvió el cabello.
—Volveré.
—Ajá.
—No hagas explotar la casa.
—Nunca he explotado una casa.
—Todavía.
—Eso es injusto.
Gabriel sonrió, Tomó la mochila, Tomó el mapa Y descendió por la escalera.
María no lo siguió esta vez Ni protestó Lo cual resultó mucho más sospechoso, Pero Gabriel estaba demasiado ocupado pensando en el mapa para darse cuenta, Cuando llegó al suelo volvió la vista hacia arriba, la silueta de María estaba sentada junto a la ventana, Mirando hacia el bosque Gabriel sintió una punzada de culpa, Pero se obligó a continuar, Tenía que hacerlo Por ella.
Una hora después seguía caminando, Dos horas después había abandonado por completo los alrededores de la casa, Tres horas después se detuvo junto a un arroyo para beber agua Se quitó la mochila y La dejó en el suelo junto a las flores silvestres
escuchó un estornudo, Gabriel se quedó inmóvil Silencio y Luego otro estornudo, procedente del interior de la mochila, Gabriel cerró lentamente los ojos
—María
Silencio
—María
Más silencio
—María
—Tal vez sea un espíritu del bosque.
Gabriel se cubrió el rostro con una mano.
—María
—Sí
—Sal de ahí, ya sé que estás ahí adentro
La mochila empezó a moverse y entre Libros, Papeles y polvo finalmente apareció la cabeza de la niña Con una enorme sonrisa
—Hola.
—¿Cuánto tiempo llevas ahí?
—Desde antes de que te fueras.
—Lo imaginaba.
—¿Estás enfadado?
—Muchísimo.
—¿Vas a devolverme?
Suspiró.
—No.
María levantó ambos brazos.
—¡Sabía que funcionaría!
—Eso no significa que hayas ganado.
—Claro que sí.
—La próxima vez hablamos de esto.
—Perfecto.
Pausa.
—te escondiste bien…
—Claro.
—y yo pensando que estaba pesado por las herramientas
María sonrió.
—También traje mi favorito y mi muñeca!
—Por supuesto que lo hiciste.

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Una estrella en el cielo (Novela)
Capítulo 2
Una estrella en el cielo (Novela) Capítulo 1
Estás leyendo el capítulo 1 de Una estrella en el cielo (Novela), un novela. **La estrella lleva siglos brillando sobre el mundo.** Nadie sabe exactamente de dónde vino ni qué ocurrió la noche en que apareció, pero una antigua leyenda habla de cinco personas que se enfrentaron a algo que no… Este capítulo tiene publicado el 19 de septiembre de 2026. Una estrella en el cielo (Novela) tiene 6 capítulos disponibles en LectorTMO, en español y sin registro.