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Leer UN ETERNO FINAL (Novela) Capítulo 324 online gratis en español

La raza Humana en algún punto de su historia, gobernó todo el continente Supremo. Con tres Emperadores Supremos surgieron como una fuerza imparable. Dominaron a los Dioses y provocaron su caída, levantándose como la Raza más poderosa. El legado Continuo, aunque no nacieron más Emperadores Supremos, no faltaban Grandes Emperadores con un cultivo medio paso hacia el Reino Supremo. Los Emperadores no faltaban en todas las familias que pisaban el continente Supremo. En su soberbia muchos se volvieron arrogantes, y empezaron a esclavizar razas del bajo mundo. Razas traídas de otros mundos para que la Raza Humana pueda divertirse con tales aberraciones. La arrogancia llego a un límite que incluso los poderosos Emperadores Supremos no supieron como detenerlos sin afectar el Dominio de toda la raza Humana. Quizás no lo pensaron mucho, su enfoque estaba en la búsqueda de su Dao. Por lo cual, luego de dejar sus legados, y construir poderosas protecciones para toda la raza Humana, los tres Emperadores Supremos se marcharon junto a su familia y otras familias aledañas, hacia el fondo del Espacio Infinito, en búsqueda de lo que había mucho más allá del Reino Supremo. Sin embargo, el Continente Supremo era una tierra bendita para el cultivo. Aun sin los Emperadores Supremos. Los Grandes Emperadores que se quedaron, tomaron posesión de todo el poder que los Emperadores Supremos dejaron atrás. Lo cual provoco una arrogancia tan extrema como el cielo. Provoco que los humanos se llenaran de una infinita de Hambre, Codicia, y sobre todo superioridad como ningún otra. Quien podía detenerlos, no había nadie que pudiera hacerles frente. Ante tan arrogancia. Los cielos quizás escucharon la suplica de las razas que nacieron en la más absoluta miseria, solo para la diversión de los poderosos humanos. De pronto en el cielo, una Cabeza Demoniaca apareció. Y la arrogancia del Humano termino. Empezó la era. Del declive de la Raza Humana. \--------------------------------------------------------------------------------------------------------- Las montañas retumbaban con las pisadas de los millones de necrófagos que se acercaban de todas partes de las regiones de la raza de los Necrófagos. Eran seres sin vida alguna, solo marionetas, pero las más débiles tenían la fuerza del Establecimiento de la fundación. Eran millones de caminantes, los cuales caminarían ante un solo objetivo. Destruir a la raza humana. En las más de cuatro regiones de la raza Humana. Las fronteras estaban llenas de cultivadores. Nadie sabía cuánto duraría esta guerra. Ni que tan dolorosa seria. Ni las familias Supremas quedaban exentos de ser erradicadas si no tenían cuidado. No había donde esconderse, podían huir hacia las zonas primordiales no exploradas, pero corruptas, regiones envueltas en misterios y peligros que podían incluso acabar con un Rey. Por lo cual tenían que luchar si querían sobrevivir. De la Décima Gracia. Decena de espadas gigantescas se elevaban, al igual que cruceros de batallas gigantescos. Que empezaban a ocupar todo el cielo. Solo del primer borde se elevaron más de quinientos mil cruceros de batalla. Casi cinco millones de discípulos de la condensación del Qi se prepararon para la Guerra. Del segundo borde Espadas y Cruceros de Batalla igualmente se alzaban, aunque su número era un poco menor. Los casi dos millones de seres del Establecimiento de la Fundación se alistaron para esta guerra. Luego del Tercer Borde. Quinientos mil discípulos de la Formación del núcleo se alzaban con pagodas gigantescas en sus espaldas, al igual que innumerables formaciones de batalla. En esta guerra ya no existían los diferentes poderes. Todos estaban como una sola unidad. Por lo cual los cruceros de batallas se llenaron de seres de la Santa Iglesia de Motzu, y los Devoradores de Mundos. Así como otras combinaciones. Xu Wudao movilizo a toda su gente dentro de un mismo crucero de batalla. Por lo cual todos los conocidos y amigos de Adrián estarían protegidos bajo su mando. Era una guerra de exterminio, todos los discípulos debían estar presentes. Eran ordenes, los únicos que podían regresar o quedarse, eran quienes tuvieran heridas severas. Era una guerra que terminaría con una devastación, para ambos lados. Del Primer al Cuarto Arcoíris se elevaron los seres del Alma Naciente. Su número era de solo cien mil seres, pero su poder de batalla causaba tormentas. Luego del Quinto al Sexto arcoíris. Tanto instructores como discípulos antiguos, hicieron temblar el cielo y la tierra cuando sus cruceros se elevaban, desde este momento, los cruceros empezaban aumentar su tamaño. Ya no era solo tamaño, también el refuerzo, las armas, y su capacidad destructiva. Cada ser de la transformación del Alma era un bien valioso. Por lo cual su capacidad debía ser mayor. El número de seres de la transformación del Alma ya disminuyo a tan solo treinta mil. Sin embargo, su número bajo, solo representaba lo terrible que era atravesar a tal nivel de cultivo. Pero, luego de ellos. Llego el Séptimo Arcoíris. Una parte estaba destinada para los Genios del Cielo, y la otra para los Ancianos del Vacío Mundial. Los Ancianos habían cultivado desde hace muchos años. Tanto tiempo, que hubo algunos que eran solo huesos y piel. Ellos no necesitaban un crucero de batalla. Ellos eran un crucero por si solos. Cada uno era un bien valioso que la Secta cultivaba. En este escenario. Cada uno sacaba el Tesoro que la secta le había dado. Para muchos, los tesoros que tenían a mano, eran escudos gigantescos, o calaveras siniestras, que carcomían el cielo. Su número apenas llegaba a los mil. Y también. Fue en este momento. Que Adrián apareció ante todo el mundo. El poderoso General Supremo. Su aura empezó a crecer desmesuradamente. Mientras debajo suyo aparecía una Espada Antigua. Era gigantesca. Tan grande como 7 montañas apiladas juntas. No le pertenecía tal tesoro, pero una orden suya podía desencadenar un corte capaz de asesinar a un ser de la Ascensión Mundial con nueve mundos Ilusorios. Lamentablemente solo se podía usar una vez al día. Por lo cual si lo usaba con toda su fuerza estaría desprotegido. Para protegerlo, los genios del cielo también estaban repartidos por toda la espada. El primer discípulo estaba en el pomo de la espada. Mientras que Mei Motzu y Seiji en la empuñadura. Había varios otros en el filo, he incluso el líder del Enclave del Inframundo estaba presente. Adrián era el único que estaba en la punta. Mirando hacia abajo a casi cinco millones de discípulos. Todos comprometidos en esta guerra. Tenían que sobrevivir. Luego de las presentaciones del séptimo Arcoíris. El cielo empezó a temblar. Mientras que los Ancianos del Octavo Arcoíris. Empezaban a salir, cada uno era una figura sin igual. En este mundo corrupto, llegar a tal nivel, era casi la cúspide del cultivo para muchos. El cielo temblaba con la fuerza de todos los presentes. Era una fuerza demoledora que podría aplastar continentes de bajo nivel. Pero estaban en este lugar, para dar lugar al exterminio. Luego de que los Ancianos se manifestaran. Los dos mundos que giraban alrededor del Noveno arcoíris. También se hicieron presente. Dos Ancianos con pelo, barbas plateadas, y con una mirada pene tratante. Miraban el cielo con arrogancia. Ambos ancianos podían aplastar el cielo con sus manos. Eran seres que estaban en la cima. Seres en el Medio paso hacia el Reino Rey. Seres tan antiguos de la Décima Gracia, buscando una oportunidad de abrirse paso y convertirse en Reyes. Seres que solo estaban debajo de los Reyes, y poderes de reserva que toda secta necesitaba si querían estar en el Continente Supremo. Adrián había leído sobre estos dos ancianos. Eran hermanos, se les llamaba los hermanos de plata. Practicaban un cultivo con un círculo dual, por lo cual, su fuerza aumentaba a la par. Lo que conllevo a que asomaran dos seres medio paso hacia el Reino Rey. Quizás los únicos seres que puedan negarse a la orden del Rey de participar en la guerra. Pero si se mostraban en este lugar, era porque el Rey Motzu ya había arreglado favores para ambos. Este tipo de fuerza, solo puede venir de una secta que tenía sus raíces profundas en el continente Supremo. Adrián siempre se preguntó cuál era la fuerza que se necesitaba para estar en este lugar, la secta de la Décima Gracia era la mejor definición. Como parte de la Raza Humana. No defraudo a ninguno de los Ancestros de la familia Motzu. Porque aún quedaba un solo ser que podía dominar con su sola presencia todas las Regiones. Tal ser con solo levantar su mano, podía comandar una orden que de vuelta el cielo si quisiera. Esta persona era el tipo más noble, y lo más preciado que el Cielo y el Dao Celestial habían cultivado. Un Rey. El Rey Motzu. De pronto del Noveno Arcoíris. Este se elevó sentado en su trono. Detrás suyo, las fuerzas de la familia Motzu. Pero nada era comparado frente a tal Rey. Los Reyes moldeaban el cielo a su manera, porque les pertenecía. Eran los más afines, y también los hijos más preciados. Nadie podía ver su rostro, nadie podía ver su forma, solo era una silueta oscura, con ojos verdes. El cual miraba hacia las regiones de la raza de los necrófagos. Para él también fue una tortura la espera, el tiempo que demoro, y los sacrificios que hizo para este momento. Una sonrisa se dibujó en su rostro. “¡NUESTRO TESORO CELESTIAL ABRIRA PASO A LAS TROPAS! ¡DEMOS INICIO A ESTE EXTERMINIO!” Su voz. Se extendió por todo lo que existe entre el cielo y la tierra. Como una orden. Todo el suelo debajo de la tierra de la decima gracia. Empezó a romperse. Mientras fluctuaciones aterradoras se manifestaban desde las profundidades. Estas fluctuaciones afectaron incluso el espacio al deformarse. Como una cruz, toda la décima gracia se abrió. No causo daño a ningún discípulo ni tampoco a los edificios. De las profundidades oscuras que se abrieron en la décima gracia. Las fluctuaciones de energía espiritual no hacían más que aumentar enormemente. Con tan solo sentirlo, muchos sintieron una presión agobiante. Adrián ya había visto un tesoro celestial de nivel Bajo, el cual fue usado por la familia suprema del Joven Maestro Qi, durante su enfrentamiento contra los necrófagos. Pero…no se comparaba a lo que estaba mirando ahora. Del suelo de toda una región. Unas colosales y gigantescas patas largas y peludas, parecidas a los de un insecto, salieron de tal abismo. Se apoyo sobre todo el suelo de las ciudades, provocando horribles terremotos. Mientras poco a poco su cuerpo se alzaba por la fuerza en cada una de sus extremidades. Tan enorme que su cuerpo cubría la totalidad de las tres ciudades, sus patas tan largas como montañas enteras provocaban sombras eternas. Era una calamidad que podía exterminar regiones. Era el Tesoro Celestial de Nivel Medio de la Raza Humana, de la familia Motzu. El terror de la Raza de los Necrófagos. En Teoría solo un Soberano debería poseer tales tesoros. Solo un Soberano debería poder mover todo el poder el Cielo a su conveniencia para que esa cosa se moviera. O era eso lo que pensaron, cuando lo miraron levantarse del suelo. Para muchos el miedo por ver cosas colosales estaba presa en su subconsciente. Para los seres de la Condensación del Qi el nivel más bajo del cultivo, solo podían mirar con horror. Para los demás, el miedo se impregnaba en el Alma. Para los seres del Alma Naciente y superior el temor era menor, sin embargo, lo que miraban estaba fuera de su conocimiento y de su límite. Incluso llegaría afectar a seres del Vacío Mundial. Los único calmados en todo este asunto eran Mei, Seiji, el primer Discípulo y sobre todo Adrián. ¡CLACK-CLACK! Las enormes piernas se movieron. Revelando la parte superior del cuerpo. Cuando Adrián lo miro no se sorprendió, pero si asusto a todos los demás. “¡EL ANTEPASADO MOJ HA DESPERTADO!” El cuerpo superior, tenía forma humana. Tenía el torso, brazos, y la cabeza de apariencia humana. Pelos blancos caían de su cabeza y su barba. Pero su rostro era una amalgama cubierta de ojos gigantescos que miraban a todos a su alrededor. “¡VAMOS! ¡HUELO CARNE FRESCA! ¡ES HORA DE ASESINAR UNOS NECROFAGOS! ¡COMO TRATO PENDIENTE AUN ME DEBES EL CUERPO DE UN REY!” La voz del Antepasado Moj se elevó, riéndose de todo a su antojo, y diciendo palabras que dañaron el oído de todos. Pero estaba en su derecho, después de todo, era un ser que estaba solo por debajo del Rey Motzu. El Arma Máxima.
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Estás leyendo el capítulo 324 de UN ETERNO FINAL (Novela), un novela. Un final para los moribundos, un final para los reyes, un final para los soberanos, un final para la humanidad, un final para la paz. Todo se enfrenta, inevitablemente, a su fin. Solo el tiempo tiene el poder de… Este capítulo tiene publicado el 28 de agosto de 2026. UN ETERNO FINAL (Novela) tiene 346 capítulos disponibles en LectorTMO, en español y sin registro.