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Leer Ultimátum de Diez Días (Novela) Capítulo 85 online gratis en español

🏴 Grupo: Crowli✍️ Traducción: Crowli
Mientras veía a Xiao Liu desaparecer poco a poco por la calle, la frustración me invadía. Rápidamente le envié un mensaje a Zhang Huanan: "¿Intentas que te maten? Deja de contactarme activamente". Para mi sorpresa, no hubo respuesta de Zhang Huanan a pesar de haber leído mi texto. Resignado, saqué un cigarrillo que tenía guardado antes y lo encendí. El tiempo pasaba y mi ansiedad crecía. Esperar a alguien que claramente no tenía intención de aparecer me parecía una completa pérdida de tiempo. Justo cuando estaba a punto de terminar mi cigarrillo, oí de repente que se abría la puerta del coche. Al principio pensé que era Xiao Liu, que regresaba, pero se había deslizado al asiento trasero. "Oficial Li, confío en que se encuentre bien." La voz, inconfundible y escalofriante, resonó detrás de mí y me provocó un escalofrío que me recorrió la columna: era Zhang Huanan. ¿Te has vuelto loco? ¿No sabes de quién es este coche? Sin darle importancia, me arrancó la colilla de la mano, inhalando profundamente. "¿De quién es el coche? Ya no tiene el logo de la policía, ¿verdad?" Ver su expresión indiferente por el retrovisor solo aumentó mi ira. "¿Y no te preocupa en lo más mínimo que pueda llevarte directamente a la estación ahora mismo?" Zhang Huanan se burló, reclinándose hacia atrás con una sonrisa insoportable. "Ay, Li, no finjas que no somos iguales. Hace siete años, cuando me pusiste las esposas, te di cien mil yuanes para el tratamiento de Xuanxuan. Deberías ser tú quien entienda el concepto de devolver favores." "Ya pagué esa deuda hace mucho tiempo", gruñí, con la frustración apenas contenida mientras una guerra interna se desataba en mi interior. Nunca debí haberme involucrado con esta alimaña. "Te advertí que te mantuvieras discreto, pero sigues causando problemas... Debería haberte arrastrado yo mismo a la comisaría". Zhang Huanan arrojó el cigarrillo por la ventana con una sonrisa despreocupada. "¿Así le hablas al benefactor de tu hija? Xuanxuan está en primaria, ¿verdad? Si no me equivoco... ¿en cuarto grado, sexto?" —Tú… —Su audacia al mencionar a Xuanxuan me invadió una oleada de furia que me hizo temblar las manos—. Si se te ocurre hacerle daño, me aseguraré de que te arrepientas del día en que naciste. "Tranquilo, Li. Somos compañeros, ¿recuerdas?", rió Zhang Huanan. "Ayúdame a no ir a la cárcel y a Xuanxuan a estar a salvo". La gravedad de la situación me pesaba como una roca. En ese momento, la escalofriante verdad me golpeó: una vez que te subes a un barco de criminales, no hay vuelta atrás. Hace siete años, cuando detuve a Zhang Huanan, él me ofreció cien mil yuanes por su libertad. Aunque siempre he sentido una profunda aversión por el mal, mi hija Xuanxuan padecía una enfermedad rara llamada síndrome de Crigler-Najjar (SNC). El médico me explicó lo poco común que era y me detalló varias maneras de controlarlo, pero no entendí nada. Lo único que entendí fue que mi pequeña necesitaba un trasplante de hígado, y yo necesitaba una suma de dinero imposible. El soborno de Zhang Huanan no solo le dio la libertad, sino también una segunda oportunidad para Xuanxuan. Desde ese momento, mi camino quedó entrelazado con el suyo para siempre. Cada vez que estaba a punto de ser atrapado, no era su supuesta {excepcional habilidad en contrarreconocimiento} la que lo salvaba. Era yo. La sombra de esos cien mil yuanes se cernía sobre cada uno de mis movimientos. Si no lo ayudaba a esquivar a la policía, amenazaba con manchar mi nombre, exponiendo la cruda verdad que me vinculaba con sus crímenes. Y así, las cadenas de la culpa y la obligación seguían apretándome, hundiéndome aún más en este lío que yo mismo había creado. No podía permitir que nada le pasara a mi Xuanxuan. No era una niña cualquiera. Era la hija de mi compañero de armas caído, y durante una década me había llamado "papá". En todo sentido, era mi hija. Sostuve la mirada de Zhang Huanan por el retrovisor, forzando la calma en mi voz. "Zhang Huanan, tengo mis límites", dije con firmeza. "Si quieres evitar que te capturen, mejor mantén la cabeza gacha de ahora en adelante. Si insistes más, te juro que te arrepentirás." Su rostro se ensombreció y un brillo peligroso brilló en sus ojos. "¡Maldito cabrón!". Su voz se tornó venenosa mientras se inclinaba hacia adelante, mirándome con furia fría. "Li Shangwu, ¿te atreves a negociar conmigo? Si me atrapan, mis hermanos se asegurarán de que Xuanxuan pague el precio". Sus palabras me atravesaron como una daga, afilada e implacable. "¿Qué estás tratando de decir exactamente?" "Digo que más te vale comportarte como el perro obediente que eres y no te metas en ideas deshonestas", dijo, pateando el asiento delantero. "Si te pasas de la raya, haré algo más que manchar tu nombre; me aseguraré de que toda tu familia sufra". Lo miré por el retrovisor y, en ese breve instante, un pensamiento peligroso me cruzó la mente. Si alguna vez atrapaban a Zhang Huanan, la situación se descontrolaría. Mi reputación, por muy manchada que estuviera, ya no tenía ningún valor. Hacía tiempo que había aceptado que debía cargar con el peso de mis propios errores. ¿Pero Xuanxuan? ¿Qué sería de ella? La respuesta fue dolorosamente clara: Zhang Huanan no podía seguir con vida. Estaba cansado, cansado de vivir a la sombra de este estafador, de comprometer constantemente mi integridad y enterrarme bajo capas de culpa y miedo. Ahora que la enfermedad de Xuanxuan había sido tratada, era hora de saldar mis deudas. Dejar con vida a Zhang Huanan significaba que innumerables personas caerían víctimas de sus planes. Lamenté no haberlo enviado a prisión hace años, ahorrándome esta larga pesadilla. Pero ¿y si hubiera tomado esa decisión entonces? ¿Me habría perdonado Xuanxuan por abandonarla en su momento de necesidad? Volví a mirar a Zhang Huanan, que se sentaba cómodamente como si nada pudiera tocarlo. Pero también pude ver el desgaste en él por la constante evasión. "Zhang Huanan, ¿has comido?", pregunté en tono despreocupado. "¿Comiste?" Frunció el ceño, confundido, ante el inesperado cambio de tema. Llevas un tiempo prófugo. Supongo que te debo al menos una comida decente. Olvida lo que dije antes, no te lo tomes como algo personal. "Ahora sí que me parece." Zhang Huanan se reclinó en el asiento trasero, estirándose perezosamente. "Tres días de esta mierda. Me han estado observando, y solo he estado comiendo fideos instantáneos." Asentí y puse la marcha, reprimiendo la tensión que me acosaba. Mi mente corría, calculando. Necesitaba encontrar un lugar remoto, donde su cuerpo no fuera descubierto hasta días después. Sabía que me atraparían, pero quería asegurarme de que Xuanxuan fuera arrestado primero. El rugido del motor apagó el leve clic al quitar el seguro de mi pistola, con la mano firme. Zhang Huanan parecía ajeno a todo, holgazaneando cómodamente, con los ojos entornados, absorto en sus pensamientos. Me metí en un callejón estrecho y frené el coche. Pero antes de poder detenerme, algo se rompió. Zhang Huanan, más rápido de lo que esperaba, se lanzó hacia adelante, colocando un cable duro alrededor de mi cuello con una precisión escalofriante. Una oleada de terror frío me recorrió el cuerpo: este bastardo había planeado matarme desde el principio. "Zhang Huanan... te lo estás buscando..." Apreté los dientes, tirando desesperadamente del cable alrededor de mi cuello, tratando de darme la vuelta, pero mis piernas estaban atrapadas por el volante. "Es usted todo un estratega, oficial Li...", comentó Zhang Huanan, ejerciendo presión al hablar. "Las vigilancias suelen ser de dos personas, ¿no? Y, sin embargo, aquí está, invitándome a comer... ¿no le parece extraño? Si la otra persona se da cuenta de que no está, ¿no se pondrá en contacto con el resto del equipo?" En tan solo diez segundos, mi visión comenzó a desvanecerse. Zhang Huanan estaba realmente dispuesto a matarme, y sabía que si moría, Xuanxuan correría un grave peligro. Con ese pensamiento, saqué rápidamente mi pistola y disparé tres tiros a ciegas hacia atrás, sin estar seguro de haberle dado a algo. Dentro del coche, el tiroteo ensordecedor me zumbaba los oídos. —¡Te doy dinero para gastar... y aun así quieres matarme, carajo! —rugió Zhang Huanan, apretando su agarre. La presión alrededor de mi cuello era insoportable, apretándome como una tenaza. Sentía el pulso latir con fuerza bajo el alambre, y parecía que mis arterias estaban a punto de reventar. En esa fracción de segundo de desesperación, mi mano buscó a tientas el botón de control del asiento. Si pudiera reclinarme lo suficientemente rápido, tal vez crearía suficiente espacio para liberarme. Pero había pasado por alto un detalle crucial: este no era un coche cualquiera. Un modelo de lujo, diseñado con meticuloso cuidado para la comodidad y la seguridad, cuyo asiento se reclinaba con una lentitud insoportable, casi delicada. Su suave descenso estaba destinado a acunar el cuerpo cansado, no a salvar una vida. Mientras el asiento se inclinaba hacia atrás con una lentitud exasperante, el mundo a mi alrededor empezó a desvanecerse. La oscuridad se apoderó de mi visión, una niebla sofocante que me envolvió por completo. En esos momentos finales, un pensamiento amargo cruzó mi mente: realmente obtienes lo que pagas. El lujo tiene sus razones. Al menos en este descenso al olvido no me dolió nada la espalda.
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Ultimátum de Diez Días (Novela) Capítulo 85

Estás leyendo el capítulo 85 de Ultimátum de Diez Días (Novela), un novela. (Sin los típicos clichés de los harenes, patrones predecibles, protagonistas invencibles, motivos repetitivos, narrativas sin sentido y una historia satisfactoria, es posible que esta obra no sea del agrado de todos.… Este capítulo tiene publicado el 26 de marzo de 2026, Traducido por el grupo Crowli. Ultimátum de Diez Días (Novela) tiene 483 capítulos disponibles en LectorTMO, en español y sin registro.