Leer Ultimátum de Diez Días (Novela) Capítulo 61 online gratis en español
🏴 Grupo: Crowli✍️ Traducción: Crowli
"Estás loco..." La voz de Ole Lu temblaba mientras luchaba por mantenerse en pie. "¡Solo te gané diez {Dào}! ¿De verdad vale la pena llegar tan lejos?"
"¿Crees que disfruto estar atrapado aquí, viviendo como un cerdo, sobreviviendo con suerte todos los días?"
Puerco Mortal extendió la mano para tocar el grotesco hocico de su máscara. Aunque la máscara carecía de expresión, emanaba una oscura e inquietante malicia.
"Ninguno de ustedes lo entiende", murmuró Puerco Mortal, con voz baja y desquiciada. "La única forma de que la vida tenga sentido aquí es {arriesgándome la vida}, apostándolo todo, contra aquellos con verdadera fuerza".
La mirada del Puerco Mortal se clavó en Qi Xia, provocándole un escalofrío de comprensión. Era como si el hombre que tenía delante se hubiera ocultado tras una fachada: había estado fingiendo ser un cerdo, simplemente esperando el momento oportuno, la oportunidad perfecta para atacar a un tigre[1].
"Un lunático de pies a cabeza..." murmuró Ole Lu, visiblemente nervioso. Miró a Qi Xia, dividido entre la culpa y la compasión. La situación se había descontrolado: Puerco Mortal los había acorralado en un desafío a vida o muerte, y ya era demasiado tarde para huir.
—Puerco Mortal —dijo Qi Xia tras una breve pausa, con voz firme—. Cambiemos las condiciones. Me quedaré aquí y apostaré mi vida contigo, pero no es necesario que esos dos me ayuden.
"¿Eh?" Ole Lu y Lin Qin parpadearon atónitos al unísono.
"¿Estás loco, gamberro?", balbuceó Ole Lu, con la incredulidad grabada en el rostro. "Te arrastré a este juego, ¿y ahora quieres quedarte solo y jugarte la vida? ¿Qué sentido tiene hacer eso?"
La mirada de Qi Xia se detuvo en Ole Lu, notando la inesperada fiabilidad que demostró en un momento tan precario. Su impresión inicial de que el hombre era imprudente y egoísta comenzó a suavizarse. Aun así, la situación seguía siendo grave, y Qi Xia sabía que cada segundo contaba.
—Señor —dijo Qi Xia a Ole Lu con un tono tranquilo pero firme—, cuanta más gente quede aquí, mayor será el peligro. Si caigo, será su responsabilidad llevar a mi amigo y encontrar a ese hombre y esa mujer.
Lin Qin negó con la cabeza, con voz firme pero llena de determinación. "No, Qi Xia. ¿Has olvidado lo que te dije antes? No te dejaré."
"Yo tampoco me iré, carajo", intervino Ole Lu, sacudiendo la cabeza con determinación. "Puerco Mortal te persigue, gamberro, así que, lógicamente, esta chica y yo deberíamos estar a salvo. Y no te preocupes, si mueres, me aseguraré de enterrar tu cuerpo yo mismo".
Qi Xia se rascó la cabeza con exasperación. La lealtad de Ole Lu fue una grata sorpresa, pero su forma de expresarla... bueno, dejó mucho que desear.
"Es un sentimiento bastante desalentador", dijo Qi Xia con un suspiro. "Pero si así lo sienten, no intentaré convencerlos de lo contrario". Volvió su atención a Puerco Mortal, con una expresión más aguda. "Mencionaste un nuevo método de juego. ¿Cuál es?"
Los ojos de Puerco Mortal se iluminaron con una emoción retorcida mientras deslizaba dos pares de gafas extrañas por la mesa. "¡Vamos, póntelas! ¡Póntelas!", instó, con la voz temblorosa de anticipación.
Lin Qin y Ole Lu dudaron un instante, sus instintos les gritaban cautela. Sin embargo, con la presión de la situación, obedecieron a regañadientes y se deslizaron las peculiares gafas. En cuanto se las pusieron, un suave zumbido mecánico, seguido de un siniestro clic, resonó en la habitación. Dos brazos mecánicos se extendían desde las patillas de las gafas, girando tras sus cabezas y cerrándose con un chasquido metálico.
Lin Qin sintió de inmediato una abrumadora sensación de terror. Instintivamente, extendió la mano para intentar quitarse el dispositivo, pero pronto se dio cuenta de que era demasiado tarde. Las gafas ya no eran solo una herramienta: se habían transformado en un artilugio que le sujetaba la cabeza con fuerza, como si imitara la infame Diadema Dorada que ataba a Wukong[2].
"Qué está sucediendo-"
La confusión de Lin Qin era evidente al empezar a hablar, pero Puerco Mortal la interrumpió con un tono casi juguetón, pero amenazante. "Señorita, le aconsejo que no hable con demasiada libertad", dijo con una sonrisa torcida. "De ahora en adelante, su seguridad depende completamente de seguir mis reglas".
"Normas..."
"Sus gafas ya han empezado a {hacer efecto}", continuó Puerco Mortal, con palabras deliberadas y amenazantes. "Uno de ustedes empezará a sentir que las gafas se enfrían, mientras que el otro sentirá calor. Durante el juego, quien sienta frío solo podrá decir mentiras. En cambio, quien sienta calor solo podrá decir la verdad".
Qi Xia entrecerró los ojos, invadido por una creciente sensación de temor. Este juego le resultaba inquietantemente familiar, como un eco retorcido de algo que ya había experimentado.
La sonrisa de Puerco Mortal se profundizó al señalar el centro de su frente. "Si albergas alguna traición o hablas fuera de turno antes de que empiece el juego..." Su dedo se detuvo amenazantemente. "Esto será perforado. ¿Entendido?"
La amenaza no pasó desapercibida para Lin Qin. Cerró la boca de golpe al comprender la gravedad de la situación. Sintió una sutil tensión tras el ceño, una señal ominosa de que algo dentro de las gafas estaba preparado y listo para activarse. No sabía si se trataba de una cuerda de arco oculta o de un mecanismo láser. Pero el potencial mortal era palpable.
La tez de Ole Lu se tornó pálida al darse cuenta de que la situación había aumentado. Comprendía perfectamente que cuanto más se habla, más probable es equivocarse. Un desliz podría activar el dispositivo, y no tenía forma de saber qué palabras los harían perder el control.
Al verlos callar, Puerco Mortal volvió a centrarse en Qi Xia y dijo: «Las reglas de nuestro juego serán similares a las de la última vez, pero con un toque diferente. Esta vez, yo me encargaré de la asignación».
Qi Xia estudió las piezas de piedra sobre la mesa, frunciendo el ceño pensativo. "Entonces, después de que hagan su asignación, ¿haré mi elección?"
—Exactamente . —Puerco Mortal asintió con una sonrisa burlona—. ¿Te parece injusto?
" Injusto, sin duda." Qi Xia reconoció, aunque se mantuvo cauteloso, reconociendo que las reglas del juego estaban lejos de estar completas. Sabía que no debía asumir que el único giro sería la asignación. Las reglas de la verdad y el engaño aún estaban por revelar, y probablemente añadirían otra capa de complejidad al juego.
—Así que, en un gesto de supuesta misericordia —dijo Puerco Mortal con voz desbordante de satisfacción—, he añadido una regla adicional. Después de elegir, debes pedirle a uno de estos dos individuos que confirme el color de la pieza. Sin embargo, solo puedes hacer una pregunta.
Después de hablar, se dirigió a Lin Qin y Ole Lu. "Para garantizar la imparcialidad, solo pueden responder con {negro} o {blanco}. ¿Tienen alguna objeción?"
Tanto Lin Qin como Ole Lu sacudieron la cabeza con vehemencia, sus rostros estaban marcados por la ansiedad.
Qi Xia, al observar la nueva regla, se dio cuenta de su inherente complejidad. Ahora, discernir la verdad sería aún más difícil. Tendría que lidiar con la incertidumbre de si Lin Qin u Ole Lu dirían la verdad o mentirían, lo que complicaría aún más su estrategia.
« La ley de Segal…» Qi Xia cerró los ojos, murmurando para sí mismo: «Cuando una persona solo tiene un reloj, sabe la hora con precisión. Pero con dos relojes que marcan horas diferentes, reina la incertidumbre…»
—¿Estás listo, Qi Xia? —preguntó Puerco Mortal con una calma escalofriante.
Qi Xia respiró hondo y sostuvo la mirada del Puerco Mortal. "Te haría la misma pregunta. Es una cuestión de vida o muerte, ¿estás listo?"
"¿ Vida y muerte?" Los labios de Puerco Mortal se curvaron en una sonrisa burlona, y pronto estalló en una carcajada. "¿Vida? ¡Ja! Existimos aquí, pero esto no es vida... Solo en la muerte me siento realmente vivo."
Qi Xia asintió, comprendiendo que la larga permanencia de Puerco Mortal en este lugar había deformado su sentido de la realidad más allá del razonamiento convencional.
Con eso, Qi Xia tomó la venda y la colocó sobre sus ojos.
Puerco Mortal continuó ordenando metódicamente las piezas de piedra.
Lin Qin y Ole Lu, observando desde la barrera, se sintieron abrumados por la ansiedad. A pesar de la gravedad de la situación, Qi Xia y Puerco Mortal mantuvieron la compostura; su serenidad contrastaba marcadamente con el temblor de sus propias piernas.
"¿Alguna vez piensas en escapar?" La voz de Qi Xia cortó la tensión.
Puerco Mortal, aún absorto en su tarea, respondió sin levantar la vista: "¿Qué insinúas?"
"Más allá de la perspectiva de morir aquí", presionó Qi Xia, "¿alguna vez has considerado escapar de este lugar?"
La mano de Puerco Mortal flotó en el aire un momento antes de responder: "¿Escapar a dónde?"
—De donde viniste —respondió Qi Xia, aún con los ojos vendados, con mesura—. ¿No quieres volver?
Puerco Mortal dudó, sus pensamientos se agitaban visiblemente. "Si no quisiera regresar, ¿por qué estaría dispuesto a convertirme en un {cerdo}?"
Qi Xia se puso rígido. Esta revelación le pareció una pista importante.
—Pero no pienso escapar, Qi Xia —continuó Puerco Mortal, con un tono cada vez más sombrío. Terminó de colocar las piezas de piedra, enderezándose con serena determinación—. Planeo partir de aquí con justicia y honor.

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Estás leyendo el capítulo 61 de Ultimátum de Diez Días (Novela), un novela. (Sin los típicos clichés de los harenes, patrones predecibles, protagonistas invencibles, motivos repetitivos, narrativas sin sentido y una historia satisfactoria, es posible que esta obra no sea del agrado de todos.… Este capítulo tiene publicado el 26 de marzo de 2026, Traducido por el grupo Crowli. Ultimátum de Diez Días (Novela) tiene 483 capítulos disponibles en LectorTMO, en español y sin registro.