Leer The strongest warrior of humanity (Novela) Capítulo 67 online gratis en español
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CAPÍTULO 67: La invocación de la gloria, el Separador de Almas y el verdadero legado
Punto de vista — Natsu, Mio, Freya, Lancelot, Karen Tanaka Sánchez, Carlos Tanaka Sánchez y Lucifer
Lucifer se encontraba severamente herido. Su cuerpo apenas lograba sostenerse en pie; las grietas abrasadoras en su piel ardían con un brillo carmesí insoportable. Sus heridas no se regeneraban. El poder combinado de esos jóvenes guerreros lo había superado con creces… y, por primera vez desde su existencia, el Rey del Abismo sentía el terror helado de la muerte.
Sin embargo, la ofensiva no se detuvo ahí. A lo lejos, Natsu levantaba las manos hacia el firmamento, reuniendo un torrente descomunal de energía mágica que hacía vibrar el aire circundante. Sus ojos brillaban con una determinación inquebrantable.
\> «Llamas Ardientes de la Luz del Amanecer»
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El suelo se agrietó en forma de espiral. Un círculo mágico resplandeciente emergió bajo sus pies y una columna masiva de fuego celestial se alzó directamente hacia el cielo, bañando el campo de batalla entero en un deslumbrante resplandor dorado.
Mientras tanto, Mio avanzaba con firmeza a su lado. Sobre su hombro rugía con furia el dragón que Carlos le había obsequiado: Yui.
\> «Aliento de Dragón de Mil Destellos del Mar»
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El rugido de Yui estremeció los cimientos del recinto. Un torrente de energía marina y azulada se fusionó en perfecta armonía con las llamas celestiales de Natsu, dando origen a una tormenta abrumadora de fuego y agua que se retorcía como un sol desbordado sobre el horizonte.
Lucifer levantó la mirada con dificultad, jadeando enfurecido.
—¿Qué… qué demonios es esta aberración de poder?
De pronto, la densidad de la atmósfera cambió drásticamente. Una nueva voz se elevó con majestuosidad entre los relámpagos y el fuego:
—Las llamas son mi fuente de origen, la luz es la que otorga vida y esperanza a mi espíritu.
Freya avanzaba lentamente entre el caos de las explosiones, con su figura envuelta en un aura dorada y divina.
—Yo entregaré la posesión más valiosa que alojo en mi pecho: mi fuerza de voluntad inquebrantable. Yo, Freya Kwog Mae, ofrezco formalmente mi vida, mi honor y mi valor como ser humano. Entrego mi propia existencia… ¡e invoco al Devorador de Almas Gemelas!
La bóveda celeste se rasgó de par en par. De la grieta dimensional de la invocación emergió una criatura de proporciones gigantescas. Sus garras eran tan afiladas que cortaban la presión del viento con solo moverse; su cuerpo, totalmente cubierto de marcas arcanas y runas primigenias, se alzaba como un titán ancestral.
Una luz pura lo envolvió por completo y su imponente forma comenzó a comprimirse. Frente a todos apareció la silueta de un guerrero humanoide: cabello rubio y radiante, ojos negros e insondables como la noche eterna, y una sonrisa tan serena como profundamente perturbadora.
El ser se inclinó con una elegancia impecable y caballerosa.
—¿Usted ha solicitado mi presencia, Lady Freya?
—Por supuesto que sí —respondió ella, alzando la voz con una autoridad indiscutible—. Soy tu Lady, y te ordeno que detengas y extermines de una vez por todas al demonio abismal, Lucifer.
—Como usted lo desee, mi señora —una sonrisa divina y calculadora se curvó en sus labios—. Yo soy Lancelot, el caballero de la gloria… y este será el fin definitivo del abismo.
El aire tembló violentamente. Lucifer alzó la vista, cegado por la furia. En ese preciso instante, el campo de batalla se tiñó de un choque absoluto entre la luz y la oscuridad… el amanecer de la humanidad y el infierno mismo colisionando en un mismo rugido de guerra.
—Muy bien… así que a esta clase de juego quieren recurrir —la voz de Lucifer resonó como un trueno oscuro por todo el perímetro—. ¿Se creen héroes? ¡Entonces vengan a mí, todos y cada uno de ustedes!
Su mirada penetrante y sanguinaria hizo temblar el espacio. Una presión infernal e insoportable cubrió el ambiente.
—¡Yo soy su señor todopoderoso, el rey supremo de todos los mundos, el soberano absoluto de los inframundos! ¡Yo, Lucifer, el rey de los demonios, uno de los catorce abismales más poderosos de todos los tiempos! ¡¡VENGAN A MÍ!!
Lucifer alzó los brazos al cielo y el suelo terrenal se desgarró por completo. De la oscuridad emergieron miles de criaturas dantescas: demonios sedientos de sangre, bestias de pesadilla y hordas de soldados del abismo con ojos ardientes. Una marea infernal se extendió hasta donde la vista alcanzaba a divisar.
Pero antes de que la horda pudiera avanzar un solo milímetro, Lancelot dio un paso al frente con el cabello dorado ondeando al viento. Su lanza se movió a una velocidad físicamente imposible, masacrando y pulverizando legiones enteras sin el menor esfuerzo. Cada estocada era una tormenta destructiva; cada paso, una auténtica carnicería divina. El suelo se tiñó rápidamente de sangre negra.
Gojo y los demás no se quedaron atrás. Shiro, Natsu, Mio y Freya atacaron en perfecta sincronía, desatando un despliegue mágico que hacía retumbar el planeta. Sin embargo, a pesar de semejante demostración de fuerza, Lucifer sonreía entre el caos. Una sonrisa desafiante, helada y repleta de una arrogancia interminable.
—La victoria absoluta al final será nuestra... —susurró, con sus ojos ardiendo en orgullo abismal.
Punto de vista — Karen Tanaka Sánchez
…¿En dónde me encuentro? Todo a mi alrededor es penumbra. No hay sonido, no hay materia, no hay vida. Solo un vacío infinito.
De pronto, una silueta emergió frente a mí, resplandeciendo con una luz blanca y pura. Su voz resonó con una firmeza impecable en mi mente.
—Ha transcurrido bastante tiempo, Karen.
Abrí los ojos con un asombro indescriptible.
—Tú… ¿acaso tú eres…?
—El Dios de la Espada. Te lo advertí en su momento, ¿no es así? Jamás debes confiarte en exceso ante el enemigo. Ignoraste mis sabias palabras… y estuviste a un milímetro de morir por ello.
Bájé la mirada en silencio, dejando escapar un pesado suspiro.
—Lo sé perfectamente… pero fui rescatada. Por mi hermano… y por Gojo.
—Lo sé bien —dijo él dibujando una leve sonrisa en su rostro divino—. Me reconforta saber que llegaron justo a tiempo. Si no hubiera sido así… tu alma ya no pertenecería a este plano.
Un silencio solemne se extendió entre los dos. El Dios de la Espada me observó fijamente.
—Dime una cosa, Karen… ¿deseas que te conceda una fracción de mi verdadero poder? Únicamente la cantidad suficiente para que seas capaz de ponerte de pie una última vez. Pero escucha con atención: debes blandir el Separador de Almas.
Abrí los ojos de golpe.
—¡Es verdad! Lo había olvidado por completo…
—Procede con extrema cautela —añadió el dios con un tono severo—. No puedo otorgarte la totalidad de mi esencia. Si lo hiciera, tu cuerpo terrenal colapsaría sin remedio y podrías morir en el intento. Solo cuando tu espíritu sea verdaderamente más fuerte… serás capaz de cargar con todo mi legado.
Asentí lentamente con la cabeza, apretando los puños.
—Está bien… Dios de la Espada.
Una explosión de luz deslumbrante envolvió el vacío. El resplandor atravesó las dimensiones hasta alcanzar los cielos del mundo real.
Volví a abrir los ojos en la superficie.
Mi cuerpo temblaba sin control, atormentado por el agotamiento mágico y el dolor de las heridas. Pero me levanté, paso a paso, afirmando los pies sobre la tierra. Mi respiración se volvió profunda, firme e inquebrantable. Flotando justo frente a mí, envuelta en un resplandor plateado y divino, se encontraba la armadura legendaria.
El Separador de Almas.
Empuñé la espada con una convicción absoluta. El aire de la zona se estremeció. Mi mirada, ahora glacial y decidida, se fijó en el horizonte. Con un movimiento pausado, bajé el filo de la espada y el cielo mismo pareció contener el aliento. La oscuridad del abismo tembló.
Había regresado. Karen Tanaka Sánchez… estaba de vuelta en la guerra.
Punto de vista — Carlos Tanaka Sánchez
Por un lado, la marioneta de Lucifer y mi propia conciencia librábamos una contienda a muerte dentro y fuera del plano físico. Ninguno de los dos se contenía en lo más mínimo. Nuestros movimientos eran salvajes y sobrehumanos; dos verdaderos monstruos desatando su poder sin atisbo de compasión. Cada choque violento de nuestras técnicas hacía estremecer la atmósfera, desatando una fuerza tan destructiva que el mismo terreno se fracturaba a nuestro paso.
Avancé lentamente con la espada en alto, con la mirada ardiendo en una determinación fría y cortante. Un aura oscura y densa me envolvió por completo, cobrando casi vida propia. La marioneta de Lucifer y yo habíamos cruzado cualquier límite conocido para los mortales.
—No voy a permitir que sigas haciendo lo que se te dé la gana con mi vida, Lucifer. ¡Te voy a detener aquí y ahora!
La marioneta soltó una carcajada profunda y gutural.
—Eso me gustaría verlo, niño insolente. De todas formas, yo ya he cumplido mi propósito principal. Nada de lo que intentes hacer a partir de este momento tendrá el menor sentido.
Alcé la cabeza con altivez, dibujando una sonrisa desafiante en el rostro.
—Tal vez tengas razón en tus cálculos… Pero yo no me voy a rendir jamás. Seguiré caminando hacia adelante sin mirar atrás.
Por un efímero instante, el eco de aquellas palabras que Henry me dedicó antes de despedirse resonó en el fondo de mi alma:
\> “Muchacho… ve allá afuera y demuéstrales al mundo entero, y a todos tus enemigos, de qué estás hecho verdaderamente.”
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Apreté las manos sobre la empuñadura con una fuerza capaz de romper la piedra.
—Tengo que demostrar con hechos de lo que es capaz Carlos Tanaka Sánchez. El ser que algún día traerá la paz definitiva a este mundo. Porque tengo un legado sagrado que cumplir.
La marioneta rió de nuevo, una carcajada distorsionada que sonaba como el retumbo de un demonio primigenio.
—¿De verdad te crees semejante estupidez? No me hagas reír. ¿Acaso alguien tan patético como tú va a ser capaz de alterar el destino? No digas tonterías… No vas a cambiar nada por más que lo intentes. Al final solo eres un simple niño jugando a ser héroe.
Bájé la mirada durante un breve segundo… y luego volví a sonreír con total convicción.
—Tienes toda la razón. Solo soy un simple niño… Pero soy un niño que aspira a convertirse en lo que se le dé la gana ser. Y ni tú, ni ningún demonio, van a cambiar esa realidad. Yo soy un Tanaka Sánchez. Y no voy a permitir que nadie me derrumbe. No dejaré que me hagan caer jamás. Porque siempre, sin excepción, encuentro la manera de volver a levantarme, una y otra vez.
Por ellos… Por todas las personas que alguna vez depositaron sus sueños e ilusiones en mí. Por cada uno de los guerreros que cayeron en esta cruenta guerra, por sus sacrificios, por su inestimable valor y por su esperanza…
¡No voy a permitir que sus nombres sean olvidados! Sus muertes no habrán sido en vano.
El viento rugió con una furia salvaje. Alcé mi espada hacia las alturas y mi aura estalló como un huracán descomunal de luz y sombras interconectadas.
La batalla definitiva apenas comenzaba.
Continuará…

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Estás leyendo el capítulo 67 de The strongest warrior of humanity (Novela), un novela. La historia sigue a un niño que aspira a ser un guerrero destacado en su academia. A lo largo de su camino, enfrenta diversas situaciones desafiantes, pero finalmente es traicionado por su hermano y amigos. Tras su… Este capítulo tiene publicado el 25 de abril de 2026, Traducido por el grupo Español. The strongest warrior of humanity (Novela) tiene 344 capítulos disponibles en LectorTMO, en español y sin registro.