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Leer The strongest warrior of humanity (Novela) Capítulo 56 online gratis en español

🏴 Grupo: Español✍️ Traducción: Español
CAPÍTULO 56: Filos cruzados, la regeneración del Nocturno y el misterio de los Héroes Legendarios Punto de vista — Carlos Tanaka Sánchez, Shirou y Sara Al contrario de lo que temía, gracias a la presencia y apoyo de Natsu logramos comprender mejor nuestros propios miedos internos. Habían transcurrido ya unas cuantas horas y me alegraba inmensamente ver a Natsu y a la pequeña Yue disfrutando juntas del día; verlas reír me transmitía un bálsamo de tranquilidad que no experimentaba en mucho tiempo. Sin embargo, el tiempo corría y recordé de golpe que debía retirarme para cumplir un compromiso. Me levanté sigilosamente de la silla, pero antes de que pudiera dar un solo paso, Natsu fijó sus ojos achinados en mí, frunciendo la nariz con gracia y sacando la punta de la lengua con una mueca de evidente fastidio. —Te vas a ir ya, ¿verdad? —reclamó Natsu mirándome con desaprobación. Dejé escapar un leve suspiro en voz baja. Tenía grabado en la mente que debía encontrarme con Shirou a las seis y veinte en el patio trasero de la academia. —Oh… con que lo habías olvidado por completo —dijo Natsu, haciendo un tierno puchero mientras las comisuras de sus labios caían abatidas, sus ojos brillaban al borde de las lágrimas y un leve sonrojo cubría sus mejillas, proyectando una imagen de pura tristeza manipuladora. —¿De verdad te tienes que ir justo ahora? —Oye… no me hagas esa cara de lástima —protesté volteando la mirada—. Ni se te ocurra hacerme recordar lo que me hiciste aquel día. —¡Vamos, no seas tan aguafiestas! —replicó ella cambiando el tono—. Lo de aquella vez solo fue un accidente. —¡Los accidentes no existen en este tipo de cosas, Natsu! —exclamé exasperado—. Además, esto es un compromiso serio que debo atender. Solo hazme el favor de cuidar bien a Yue mientras no estoy. Ah, y que ni se te ocurra empezar a contarle tus traumas del pasado a la niña. —¿Y se puede saber por qué demonios no puedo? —inquirió Natsu con el ceño fruncido, una ceja levantada y la mandíbula adelantada en un gesto desafiante. —Porque eres infinitamente más terca de lo que imaginas, por si no te habías dado cuenta. —Pues me siento profundamente ofendida… —masculló ella cruzándose de brazos. Mi rostro se volvió pensativo y sombrío por unos momentos. Con la sombra de la incertidumbre pesando en la mirada y la comisura de la boca hacia abajo, no pude evitar caer en una breve contemplación melancólica sobre el futuro. —Bueno, como sea, me voy antes de que se haga más tarde —dije tratando de romper la tensión. Giré sobre mis talones para salir corriendo a toda prisa, pero en mi torpeza di un mal paso, tropecé con mis propios pies y salí volando de cara contra el suelo. ¡Pum! Natsu y Yue se me quedaron mirando en absoluto silencio durante un segundo antes de estallar en una sonora carcajada conjunta. \> En mi mente: “Bueno… en fin, al menos me queda el consuelo de que según yo no quería dar espectáculo. Quedé como un absoluto tonto frente a las dos.” \> Me levanté del piso lo más rápido que me permitieron mis reflejos, frotándome la nariz avergonzado, y me retiré del lugar a paso veloz mientras escuchaba sus risas a lo lejos. Solté un largo suspiro, tratando de concentrarme en lo que venía. Al cabo de unos minutos ya me encontraba en las inmediaciones del patio trasero de la academia… pero por ningún lado se veía al payaso de Shirou. \> En mi mente: “¿Qué se traerá entre manos este tipo…?” \> ¡¡¡ZOOM!!! —¡¡¡¿Qué diablos?!!! Un ataque proyectado a máxima velocidad irrumpió desde la distancia. Reaccioné por puro instinto: coloqué ambos brazos hacia abajo y canalicé un impulso de energía, elevándome bruscamente hacia atrás en el aire para esquivar el impacto que agrietó el terreno donde estaba parado. —No sé qué demonios fue eso, pero por lo visto solo venías con la intención de emboscarme por la espalda, ¿no es así? —dije cayendo de pie. —Eres absurdamente rápido, Carlos. Sinceramente no me esperaba semejante reacción de tu parte —murmuró una voz a mi espalda. Shirou había aparecido a escasos milímetros detrás de mí sin que mis sentidos percibieran la más mínima fluctuación de maná. \> Punto de vista de Carlos Tanaka Sánchez: “¡Qué mierda! ¿Cómo demonios logró posicionarse a mi espalda sin que lo detectara? ¿Acaso posee una habilidad para borrar por completo su presencia? Tengo que averiguar de inmediato por qué demonios decidió atacarme de la nada.” \> —Oye, ¿en qué tanto te quedas pensando? No te me distraigas en medio de la cancha, ¿me oíste? —dijo Shirou mirándome de reojo—. O de lo contrario vas a hacer que me decepcione profundamente de ti. —¡¿Pero qué carajos te pasa hoy, Shirou?! —le espeté encarándolo. Sin darme respuesta, Shirou se lanzó nuevamente al ataque con una velocidad cegadora. Sin otra alternativa que responder con fuerza bruta, apreté los puños, canalicé maná en mi brazo derecho y conecté un impacto demoledor directamente en su abdomen, mandándolo a volar decenas de metros hasta estrellarse contra un muro de entrenamiento. —¡Ja! No tenías por qué tomarte las cosas tan en serio, Carlos… solo estaba tratando de divertirme un poco —dijo Shirou reincorporándose entre los escombros, visiblemente eufórico tras encajar el golpe. Los latidos de su corazón retumbaban con violencia y la adrenalina corría como fuego por sus venas. Una sonrisa siniestra y desquiciada se dibujó en su rostro, mientras sus ojos se dilataban con una fijación casi demente. —Hace cuánto tiempo no experimentaba esta sensación en el cuerpo… —susurró Shirou. Lo miré con total desconcierto. —¿Qué demonios se trae este demente…? Definitivamente estás peor que tu hermana Shiro. Están igual de locos los dos. Poco a poco, una sonrisa confiada también comenzó a formarse en mis labios. Hacía años que no presenciaba esa faceta desatada de Shirou; se sentía como en los viejos tiempos. Recordé el día exacto en que ambos nos convertimos en grandes rivales de combate: a pesar de nuestros roces, siempre supimos que compartíamos la misma vibra y la misma naturaleza guerrera en el campo de batalla. Shirou incrementó la presión de su aura y desenvainó la espada que portaba en su brazo derecho, adoptando una postura de estocada mortal. Se preparaba para romper la barrera del sonido. Lo mantuve fijado en mi campo de visión durante unos microsegundos. Sin embargo, al parpadear, su figura desapareció por completo de la superficie. Había reaparecido en el aire, justo por encima de mi cabeza, descendiendo con la hoja de su espada apuntando directamente hacia mi ojo derecho. \> En mi mente: “¡Dios del Rayo!” \> Una luz dorada e incandescente brotó de mis ojos. Activando la técnica de aceleración, esquivé la estocada descendente por un milímetro, dejando un rastro de relámpagos a mi paso. El destello penetrante de mi energía iluminó todo el patio. En esta batalla se definiría finalmente cuál de los dos poseía el dominio absoluto. —Espero que estés listo para lo que viene, Shirou —le advertí ajustando mi agarre—. De lo contrario, el decepcionado seré yo. Shirou me devolvió una sonrisa amarga y desafiante. —No tienes nada de qué preocuparte, mi estimado amigo. ¡Te prometo que estaré a la altura de todas tus expectativas! Ambos asumimos la postura final de combate. Cada movimiento de nuestros músculos, cada respiración sincronizada y cada cruce de miradas estaban en un equilibrio perfecto y peligroso. A la señal invisible, salimos disparados el uno contra el otro a una velocidad sobrehumana. Las espadas chocaron violentamente en el centro, haciendo temblar el aire con una onda de choque expansiva. Giré sobre mi propio eje a una velocidad vertiginosa y lancé una estocada envuelta en luz glaciar. El corte impactó de lleno en el torso de Shirou, pero en el mismo instante, su hoja me trazó una herida profunda en el pecho que no vi venir. La presión del daño hizo que brotara sangre de mi boca. —Te dije que no te decepcionaría —dijo Shirou limpiándose el rostro—. ¿Qué sucede, Carlos? Te noto desorientado… ¿vas a ponerte a llorar? Solté una carcajada demente, dejando que la sangre tiñera mis dientes. —¿Bromeas? Esto apenas es el calentamiento. ¡Te voy a hacer tragar este ataque y más te vale que lo disfrutes, mi querido amigo! —¿No te parece que se te está yendo la mano? —preguntó Shirou, adoptando por fin un tono más serio al notar el cambio de atmósfera. Pero la advertencia llegó demasiado tarde. Mi maná Nocturno comenzó a fluctuar de forma inestable y violenta; la energía era tal que no podía seguir conteniéndola, aun a riesgo de sobrepasar los límites. \> En mi mente: “Tengo que encontrar un punto de apoyo para maniobrar sin matarlo…” \> Fue imposible frenar la inercia. Desaté mi técnica más destructiva en un ataque masivo. La colisión resultante provocó una explosión colosal que retumbó con la fuerza de un terremoto en toda la academia. Dentro de las instalaciones del instituto, el impacto sacudió las estructuras. Decenas de estudiantes y profesores salieron corriendo hacia los campos exteriores alarmados por el estruendo: Mei, Mio, Freya, Hiko, Gojo, Miguel… Todos llegaron al lugar solo para presenciar un despliegue de violencia que jamás debieron atestiguar. \> En mi mente: “Tal vez debería detener esto ya…” \> Ese milisegundo de distracción al notar la multitud me costó caro. Shirou aprovechó la brecha de mi guardia y me asestó un golpe demoledor en el rostro, mandándome a estrellar contra el suelo y abriendo un enorme cráter en la tierra. Desde la cima del cráter, la espada de Shirou comenzó a condensar una luz negra y brillante de extrema pureza: la técnica del Corte de Luz Nocturna. Intenté reaccionar en el último instante ejecutando mi Corte Mundial, pero la velocidad de su ejecución fue superior. La hoja de Shirou descendió limpiamente. En un parpadeo, mi brazo derecho fue cercenado a la altura del hombro. Un grito desgarrador de dolor brotó de mi garganta mientras la sangre salpicaba el terreno. —¡Maldito sea, Shirou! ¡Te dije mil veces que nunca te distrajeras en una batalla real! —exclamó él respirando con dificultad. Desde el margen de los espectadores, Gojo le gritó aterrorizado a la chica a su lado: —¡Oye, Shiro! ¡¿No crees que es momento de que vayas a detener a tu hermano mayor?! Shiro se encontraba paralizada por el trauma, mirando con los ojos desorbitados la extremidad cercenada en el suelo. —¿Pero qué demonios estás haciendo, hermano…? —susurró Shiro con la voz temblorosa—. ¡¿Acaso te volviste loco y quieres matarlo?! —Después de todo el esfuerzo que nos costó llegar hasta aquí, ¿vas a echarlo todo a perder de esta forma tan absurda? —intervino Gojo acercándose a paso firme. Le puso una mano en el hombro a la chica para calmarla—. Oye, no te alteres. Sé que estás conmocionada por lo que acabas de ver, pero confía. Carlos puede manejar esto. Miguel presenciaba la escena con la cara pálida y los puños apretados. \> En la mente de Miguel: “¡Maldición! ¿Por qué siempre terminas metido en situaciones mortales, Carlos? ¿Por qué ese maldito chico le cercenó el brazo? ¿Acaso su intención desde el principio era asesinarlo?” \> Melissa y Lucia llegaron al lugar a toda prisa, abriéndose paso entre la multitud. —Pero qué demonios… —alcanzó a articular Lucia. Sus pupilas temblaban de horror al ver la figura de Carlos desangrándose en el cráter y sin su extremidad derecha. —No creí que de verdad te atrevieras a cortarme el brazo de esta manera… —dije levantando la vista desde el fondo del agujero—. Pero sabes una cosa, Shirou… creo que cometiste un grave error al hacerlo. —¿A qué te refieres con eso…? ¡Es imposible que sigas consciente! —balbuceó Shirou dando un paso atrás. Ante la mirada atónita de todos los presentes —Gojo, Miguel, Lucia, Shiro y el resto de la clase—, los tejidos, venas y huesos del muñón de Carlos comenzaron a brotar y entrelazarse a una velocidad regenerativa monstruosa, reconstruyendo su brazo derecho por completo en cuestión de segundos, como si la herida jamás hubiera existido. Punto de vista — Sara y Noelle Mientras el caos se desataba en los terrenos de la academia, en un plano dimensional distante y oculto más allá de las fronteras del mundo conocido, la escena era observada con minucioso detalle. Una mujer de deslumbrante cabello morado y ojos brillantes del mismo tono permanecía sentada frente a un escritorio de madera mística, fijando su mirada a través de un espejo de adivinación que proyectaba la figura de Carlos. —Vaya, vaya… conque el jovencito del que tanto me hablaba mi otra mitad resulta ser mucho más de lo que aparenta —comentó Sara con una sonrisa de satisfacción—. Carlos Tanaka Sánchez… Nada menos que el hijo de mi mejor amiga, Hina Sánchez, y de mi fiel y respetado amigo, Josué Tanaka… Hacía muchísimos años que Sara no presenciaba una manifestación de linaje tan pura. —¿Tú qué opinas al respecto, Noelle? —preguntó sin apartar los ojos de la imagen. Noelle, que permanecía de pie a su costado observando fijamente la regeneración del muchacho, respondió con tono sereno: —Carlos Tanaka Sánchez… Es la primera vez que escucho su nombre completo. ¿Así que él es el muchacho del cual tú misma nos hablaste anteriormente? —Exactamente. Y por suerte para todos, muy pronto llegará el momento en que volvamos a vernos las caras en persona. Realmente me pregunto cuál será la reacción de Hina cuando se entere de que, contra todo pronóstico, yo jamás morí en aquella batalla. Noelle cruzó los brazos y adoptó una postura más seria. —Hablando de aquel pasado… dijiste que hace unos años lograste derrotar a un demonio superior del abismo, ¿no es así? —Así es, Noelle —asintió Sara suspirando—. Sin embargo, hemos continuado con las investigaciones tras su caída. El objetivo final de su facción era llevar a cabo la resurrección de Astaroth… y la verdad es que ese detalle no deja de inquietarme. —Lo sé perfectamente, Sara. Pero si ese escenario catastrófico llegara a concretarse… ¿te enfrentarías nuevamente a él? Sara insinuó una leve y confiada sonrisa. —Buena pregunta. Si realmente consiguen revivirlo, admito que podría llegar a causarme algunos inconvenientes en el proceso. —¿Acaso perderías? —inquirió Noelle, fijando en ella una mirada fría y pálida. —¿Bromeas? Es evidente que volvería a vencerlo —respondió Sara con absoluta firmeza—. Pero de todas formas, por el momento solo nos queda observar desde la distancia. Recuerda la regla fundamental: debemos permanecer ocultas en las sombras. —Es verdad… —susurró Noelle bajando la cabeza—. Han pasado muchos años desde que destruyeron nuestros mundos de origen. Y si la situación sigue escalando a este ritmo, esas entidades eventualmente vendrán aquí… con el único propósito de aniquilar a ese niño. Y cuando ese momento llegue, no podremos mover un solo dedo para ayudarlo. Lo sabes bien, Sara… aún no tenemos ninguna noticia certera sobre el paradero de los Diez Héroes Legendarios. —Hemos logrado rastrear algunas pistas en el camino —intervino Sara—, pero objetivamente solo existen dos posibilidades reales sobre su destino. La primera es que se encuentren escondidos en algún rincón del continente, exactamente igual que nosotras, esperando el momento indicado para hacer su aparición. Y la segunda… Sara cortó la frase y se le quedó mirando con gravedad. —¿Cuál es la segunda posibilidad, Sara? —La segunda… es que hayan entablado combate directo contra el Dios Nocturno… y hayan perecido en el intento. —¡Tienes que estar bromeando! —exclamó Sara golpeando el escritorio con fuerza, haciendo retumbar la habitación. —No te pongas así —la calmó Noelle con tono pausado—. Sé perfectamente el enorme significado que ellos tenían para ti y que fueron tu mayor inspiración. Pero debes aprender a aceptar la posibilidad de que estén muertos. Sara apretó los puños hasta que los nudillos se le pusieron blancos. —O tal vez… simplemente lograron replantear la estrategia y huir del combate a tiempo. —No te desanimes todavía —continuó Noelle deslizando un informe sobre la mesa—. Recientemente logré dar con una pista concreta sobre la ubicación del Héroe de las Sombras. Sara levantó la vista al instante, con una chispa de viva esperanza encendiéndose en sus pupilas. —¿Es en serio? ¡¿Lograste encontrarlo?! —Sí. Pero me temo que no te va a gustar en absoluto lo que estoy a punto de decirte. —¿Por qué dices eso…? —Porque el Héroe de las Sombras se encuentra actualmente registrado como estudiante dentro de la misma academia donde cursa el hijo de tu amiga. Sara se quedó completamente congelada en su sitio. —No me digas que esa persona es el hijo de… —Así es, Sara —confirmó Noelle mirándola fijamente—. El Héroe de las Sombras no es otro que Abrán Tanaka Sánchez, el hermano menor de Carlos y Karen Tanaka Sánchez. Continuará…
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Estás leyendo el capítulo 56 de The strongest warrior of humanity (Novela), un novela. La historia sigue a un niño que aspira a ser un guerrero destacado en su academia. A lo largo de su camino, enfrenta diversas situaciones desafiantes, pero finalmente es traicionado por su hermano y amigos. Tras su… Este capítulo tiene publicado el 25 de abril de 2026, Traducido por el grupo Español. The strongest warrior of humanity (Novela) tiene 344 capítulos disponibles en LectorTMO, en español y sin registro.