Leer The strongest warrior of humanity (Novela) Capítulo 47 online gratis en español
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CAPÍTULO 47: Las cicatrices de la sombra, el banquete de los secretos y el guardián sin paz
Punto de vista — Carlos Tanaka Sánchez
Las luces mágicas de los faroles a lo largo del paseo comercial comenzaban a encenderse, proyectando sombras largas y doradas sobre los adoquines. Caminaba al lado de Shiro, sintiendo cómo el bullicio de los estudiantes se desvanecía a medida que nos alejábamos del patio principal. El aire de la tarde comenzaba a refrescar.
—¿Oye, Shiro, te puedo preguntar algo? —dije rompiendo el silencio, manteniendo las manos en los bolsillos.
—Claro —respondió Shiro con una calma inusual, observando los aparadores de las tiendas.
—Bueno… verás, hoy todo fue sumamente raro para mí. Y para serte totalmente franco, me gustaría saber qué es exactamente lo que sabes acerca del poder nocturno.
Shiro no dijo una sola palabra de inmediato. Su postura se congeló a mitad de paso. La expresión relajada de su rostro se transformó brincando a una seriedad helada, clavando sus ojos azules directamente en los míos.
—¿Por qué demonios me preguntas algo tan delicado justo ahora, Carlos?
—Sé perfectamente que suena raro, pero hay muchas cosas sobre mí que todavía no comprendes. Si te lo estoy preguntando directamente es porque quiero entender cómo fue posible que yo despertara mi poder nocturno a los escasos cinco años de edad… En mi vida anterior, no fui capaz de manifestarlo sino hasta los veinte. Eso fue una anomalía absoluta. Jamás tuve el talento natural para portar esta fuerza, y cada vez que me veo obligado a utilizarla siento que no logro comprenderla del todo. Mi madre lo tuvo hace muchos años, pero estoy seguro de que ella no fue la única en la historia.
Miré hacia el suelo de piedra, dejando que el peso de las memorias apretara mi pecho.
—Además de mi madre Hina, hay otras personas en el pasado que no conocemos. Quisiera entender el origen real de esta maldición.
Guardamos un silencio sepulcral durante unos segundos que parecieron eternos. El murmullo del viento sobre los árboles era el único sonido a nuestro alrededor.
—Bueno… si realmente no quieres contarme nada al respecto, está bien, no tienes por qué preocuparte ni sentirte presionada, Shiro.
—No. De todas formas te lo contaré —interrumpió ella, y su voz adquirió una firmeza metálica—. Hace más de mil años, un humano común logró convertirse en el primer Dios Nocturno por una serie de tragedias inevitables. La primera razón fue el uso prolongado del poder nocturno. Ninguna estructura biológica humana normal puede soportar semejante densidad de maná corrupto. Mi hermano y yo logramos dominar esa fuerza tras un infierno continuo, pero nos tomó casi mil años de asimilación.
Me quedé completamente inmóvil sobre mi sitio, olvidando respirar por un instante.
—¿Mil… mil años…?
—Sí —asintió Shiro con frialdad—. Y existen riesgos mortales absolutos cada vez que decides recurrir a él. Si te estás preguntando el porqué, la respuesta es desgarradoramente simple: cada vez que un mortal invoca el poder nocturno, se enfrenta a dos consecuencias inevitables. Primera: tu mente puede perder completamente su humanidad hasta transformarte en un dios monstruoso y despiadado. Segunda: si llevas tu recipiente físico al límite extremo, la energía te destruirá desde las entrañas. Es precisamente por esa razón que debes entrenar desmedidamente, Carlos. Es lo único que puedo aconsejarte.
—Lo sé de sobra… podré morir calcinado por mi propia energía si cometo el error de usarlo estando al borde de la muerte. Sé perfectamente lo riesgoso que es, Shiro.
—Y lo más importante de todo: jamás permitas que el poder te domine. Contrálalo con puño de hierro, o de lo contrario…
—Lo sé. Me matarás con tus propias manos si algo desastroso llega a pasar dentro o fuera de la academia. Es condenadamente difícil dominarlo… funciona exactamente igual que la alta magia ancestral.
Shiro dejó escapar un largo suspiro, relajando levemente los hombros mientras me observaba con serenidad.
—En ese caso tendrás que inscribirte de inmediato en las clases de teoría mágica, control de flujo y equilibrio de poder. Ah, y una última cosa de vital importancia… bajo ninguna circunstancia debes revelarle a nadie la naturaleza de tu poder.
—¿Por qué estás tan empeñada en que nadie más se entere? —pregunté con absoluta gravedad.
Shiro bajó la mirada hacia la penumbra del suelo.
—Porque estamos siendo cazados activamente, Carlos.
—¿Qué… qué acabas de decir?
—Tal como lo estás oyendo. Prácticamente todos los usuarios registrados del poder nocturno en el continente han sido ejecutados en secreto. No sé con certeza qué entidad está detrás de la purga, pero actualmente solo quedamos unos pocos con vida… siete personas, quizás menos.
—Ya veo… —susurré apretando los puños.
El viento sopló suavemente, agitando su largo cabello azul. Shiro me miró de reojo, mostrando una expresión infinitamente más apacible.
—Sabes… el día de hoy me hiciste sentir extrañamente bien. Por lo general no suelo confiar en lo absoluto en los demás, pero definitivamente tú eres alguien diferente.
—Has estado sola durante demasiado tiempo, ¿verdad?
—Así es. Y si te soy completamente sincera, la única razón por la que te reté a ese duelo en el patio fue para medir tu fuerza y saber si eras alguien en quien realmente pudiera depositar mi confianza. Necesito a mi lado a compañeros que estén dispuestos a darlo todo en el campo de batalla.
Shiro sonrió ligeramente y dio un pequeño giro sobre sus talones, cruzando las manos detrás de la espalda con gracia.
—Eres una persona sumamente honesta y amable, Carlos. Aunque intentes poner esa cara de tipo serio todo el tiempo, sigues siendo demasiado blando por dentro. Al final del día somos compañeros de cuarto… aunque presiento que el día de mañana será increíblemente molesto.
De pronto, el sonido de unos pasos apresurados sobre la hojarasca interrumpió la atmósfera.
No logré distinguir la silueta al principio debido a la penumbra, pero al acortar la distancia, reconocí de inmediato la figura de Natsuki.
—¡Han pasado más de dos semanas enteras sin vernos, Carlos! —exclamó acercándose con una sonrisa brillante.
—Tienes toda la razón, Natsuki —le respondí forzando una pequeña sonrisa diplomática—. La verdad no tenía idea de que ya estabas instalada aquí en el campus. Pensé que llegarías mañana temprano junto con Mío.
—Pues te equivocaste por completo. Y bien… ¿se puede saber qué te trae por este sector a estas horas?
—Nada en especial, solo vine a dar una caminata. Al final de cuentas… recuerda que estamos comprometidos formalmente.
—¡¿QUÉ?! —exclamó Shiro dándose la vuelta de golpe, con los ojos abiertos de par en par—. ¡¿Comprometidos?!
—Lo que acaba de decir es completamente verdad, Shiro. Perdón si no te lo mencioné antes durante nuestro combate, jejeje —comenté rascándome la nuca, sintiendo cómo el ambiente se volvía peligrosamente pesado.
Shiro bajó lentamente la mirada, apretando los puños a los costados mientras forzaba una sonrisa que prometía violencia pura.
—No te preocupes en lo absoluto, Carlos… —dijo con un tono de voz dulzón pero profundamente amenazante—. Todo está perfectamente bien. No tienes por qué disculparte de nada.
Natsuki ladeó la cabeza, observando a micompañera con cierta desconfianza.
—Por cierto, Carlos… ¿quién es exactamente ella?
—Déjame presentarlas adecuadamente. Natsuki, ella es Shiro, mi compañera de cuarto.
—Hola, Natsuki.
—Hola, Shiro. Es un verdadero placer conocerte.
—Lo mismo digo —respondió Shiro, aunque el tono de su voz se volvió cortante como una navaja.
Ambas se clavaron las miradas en un duelo silencioso de voluntades.
—Parece que nos llevaremos bastante bien en el futuro, ¿no crees? —dijo Natsuki intentando suavizar la tensión con una sonrisa.
—No lo creo en lo absoluto —susurró Shiro en un tono frío y distante—. Yo solo confío en Carlos. Tú aún no eres para nada digna de mi confianza, mocosa.
—¡¿Cómo?! Pero si solo estaba intentando ser amable y entablar una amistad.
—Tal vez con otros te funcione esa fachada. Conmigo no será nada fácil.
—¡Vamos, no empiecen a pelear apenas se van conociendo! —intervine poniéndome en medio de ambas.
—Será muchísimo mejor que cierres la boca ahora mismo, Carlos, si no quieres que te dé una paliza a ti también —sentenció Shiro fulminándome con la mirada.
Solté un pesado suspiro de cansancio mental.
—Shiro, por favor deja de comportarte como una niña berrinchuda por una vez.
Natsuki soltó una risita contenida al ver cómo me dirigía a la feroz guerrera peli-azul.
—Jajaja, parece que hasta yo te tengo algo de respeto, Shiro.
—¡Y eso te incluye a ti también, pedazo de idiota! —rugí volviéndome hacia Natsuki.
—¡¿Qué?! ¡¿Por qué te la agarras conmigo de repente?!
—¡Porque absolutamente toda la plaza nos está mirando mientras ustedes dos discuten a gritos! ¡Incluso hay un grupo de estudiantes de segundo año haciendo apuestas sobre quién ganaría si se van a los golpes!
Shiro rodó los ojos con evidente fastidio.
—Eres sumamente molesto cuando te pones histérico, Carlos. Pero en fin, haré lo que dices solo por esta vez… aunque ten por seguro que esto no ha terminado aquí —agregó dedicándole una sonrisa desafiante a Natsuki—. Pronto volveremos a hablar.
—Sí, sí, lo que tú digas, niña caprichosa.
Natsuki fruncio el ceño indignada, tomándome del brazo.
—¿Carlos, de verdad vas a permitir que esta chica me hable de esa manera tan grosera?
—No tengo la menor idea de qué me estás hablando —dije mirando al cielo y fingiendo una demencia absoluta.
—Oye… tampoco es que lo haya dicho con la intención directa de molestarte, ¿verdad, Shiro?
—Oh, vamos, Carlos. Claro que lo dije porque es la absoluta verdad.
—Oye… en serio no me estás ayudando en nada a calmar las cosas, Shiro.
Ella dejó escapar una leve y traviesa risita.
—Bueno, ya no importa. Por cierto, Natsuki, ¿te gustaría acompañarnos a la cafetería central a comprar unos dulces?
—¿Dulces?
—Sí, han ocurrido demasiadas cosas agotadoras el día de hoy.
—Bueno… si se trata de ir contigo, Carlos, con gusto los acompaño.
—Perfecto. Iremos los tres juntos. Sin discusiones, sin peleas y sin escenas de celos. No me hagan perder la paciencia.
Ambas asintieron en silencio, extrañamente compenetradas por la autoridad de mi voz.
Suspiré aliviado internamente. Gracias a Dios que la situación no escaló a un combate mágico en plena calle.
Mientras caminábamos hacia el establecimiento, las palabras de Shiro continuaban resonando con un eco sombrío en mi mente: “Perder tu humanidad…” Quizás el legendario Dios Nocturno de la era antigua perdió la suya precisamente al verse obligado a luchar completamente solo contra un ejército colosal antes de desaparecer sin dejar rastro de la faz de la tierra.
En la cafetería
El cálido y penetrante aroma a mantequilla, azúcar refinada y vainilla llenaba por completo el aire del amplio recinto. La cafetería de la academia era un espacio enorme, decorado con luces mágicas de tonos cálidos y vitrinas repletas de postres de todos los colores imaginables.
—¿Ya pensaron qué es lo que van a pedir? —pregunté acercándome al mostrador.
—Yo quiero una rebanada grande de pastel de fresa —dijo Shiro con un brillo infantil y deslumbrante en los ojos.
—Y yo pediré una porción de pastel de chocolate —agregó Natsuki sonriendo.
—Yo no tengo nada de hambre por ahora —respondí dedicándoles una sonrisa tranquila.
Sin embargo, al girarme a mirar discretamente a Shiro mientras observaba a Natsuki hablar conmigo, noté un pequeño matiz en su postura. ¿Acaso eran celos lo que estaba insinuando su actitud? Una sonrisa ligeramente siniestra y divertida se dibujó en mi rostro.
—¿De qué demonios te estás riendo tú solo, Carlos? —preguntó Shiro entrecerrando los ojos.
—De nada en absoluto… solo me acordé de un chiste muy malo.
Nos acomodamos en una mesa circular de madera cerca del ventanal. La presencia de Shiro y Natsuki juntas atraía inevitablemente las miradas curiosas de todos los estudiantes presentes en el local.
Shiro, mientras disfrutaba gustosa de su primera cucharada de pastel, preguntó con una naturalidad pasmosa:
—Natsuki… ¿cómo fue que tú y Carlos se conocieron exactamente?
Natsuki sonrió, mostrándose un tanto nerviosa por la pregunta.
—Aah… es una historia bastante larga y complicada…
Shiro probó otro bocado de la fresa y soltó un pequeño chillido de emoción pura:
—¡Por los dioses, qué postre tan absolutamente delicioso!
Mientras ellas reían compartiendo comentarios sobre la repostería, mi mente vagó por un instante hacia la promesa sagrada que le hice al Capitán Henry antes de su muerte: encontrar a su pequeña hija, Melissa, y guiarla dentro de esta academia. Esperaba con toda mi alma cruzarme con ella muy pronto.
—Carlos y yo nos conocimos formalmente durante la gran fiesta de las Diez Grandes Familias —retomó Natsuki la conversación—. El evento fue organizado conjuntamente por tu padre y el mío… con el objetivo principal de anunciar nuestro compromiso matrimonial. Aunque, si te soy totalmente sincera, al principio fue un arreglo bastante forzado.
Shiro dejó la cuchara sobre el plato y soltó un largo suspiro, murmurando entre dientes para sí misma:
—Así que ese era tu verdadero plan desde el principio, Josué… Astuto y manipulador como siempre.
En un imponente despacho al otro lado del reino, la figura de Josué estornudó repentinamente mientras revisaba unos documentos.
—¿Qué demonios…? ¿Por qué de pronto sentí un escalofrío tan helado recorriéndome la espalda? —murmuró desconcertado, acomodándose la capa.
De vuelta en la mesa de la cafetería, Shiro comentó rascándose la barbilla:
—Entiendo… así que eso fue lo que ocurrió entre ustedes dos durante esa reunión.
—Sí, pero la historia no termina ahí. Justo después del anuncio oficial ocurrió un desastre terrible.
—¿A qué te refieres con un desastre? —preguntó Shiro reincorporándose en la silla.
—Uno de los legendarios Tres Reyes de la Lanza atacó el recinto sin previo aviso. Carlos se vio obligado a enfrentarlo solo para darnos tiempo de huir… pero la estructura comenzó a colapsar por la violencia del combate. Después de que la energía estalló, la verdad no recuerdo prácticamente nada.
Natsuki bajó la voz, volviéndose extremadamente seria:
—Pero Carlos sabe perfectamente quién estaba detrás de ese ataque.
Shiro giró la cabeza bruscamente hacia mí, clavándome la mirada.
—¿Quién era esa entidad, Carlos?
—¿Has oído hablar alguna vez del Dios Antiguo?
Shiro se levantó de golpe de la silla, apoyando las manos con fuerza sobre la mesa y haciendo vibrar los platos.
—¡¿Qué dijiste?! Repite ese nombre ahora mismo.
—El Dios Antiguo. Fue él en persona quien me atacó en esa ocasión. Su único objetivo era erradicar mi existencia de este mundo. Sin embargo, él no estaba actuando por voluntad propia… alguien más lo estaba manipulando desde las sombras. Uno de los seres más temibles provenientes del Abismo.
—¡Eso no tiene el menor sentido común! ¡¿Cómo demonios un dios primordial va a ser manipulado como un simple peón?!
—Lo sé perfectamente. Resulta casi imposible de creer. Pero te aseguro que algo de proporciones bíblicas está a punto de desatarse, y no va a ser absolutamente nada bueno para este mundo.
Shiro comprendió la magnitud de la situación de inmediato, apretando los dientes con rabia.
—Estás hablando de la inminente llegada de una guerra sin fin, ¿verdad?
—Exactamente. Absolutamente todos nosotros estaremos en un peligro mortal si no nos fortalecemos drásticamente en el menor tiempo posible.
Ella asintió lentamente, retomando su asiento con el rostro ensombrecido.
—Será una tarea titánica. Apenas estamos comenzando nuestro primer año en esta academia. Pero debemos investigar minuciosamente, aguardar el momento oportuno… y prepararnos para lo peor.
\> En la mente de Shiro: “Si tan solo estuvieras aquí a mi lado para guiarme, Sara… Si Astaroth realmente murió en la era antigua, eso significa que alguien con un poder aterrador está intentando revivirlo. Y si logran traerlo de vuelta… será un desastre catastrófico para la humanidad.”
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\> En la mente de Shiro: “¿Acaso será posible que el objetivo principal de todas estas facciones oscuras sea la vida de Carlos?”
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Shiro me observó con una mezcla de frustración y determinación quemándole la mirada.
\> En la mente de Shiro: “Maldita sea… esos bastardos quieren eliminarlo a toda costa. No voy a permitirlo bajo ninguna circunstancia. Debo protegerlo con mi propia vida. Hina… te juro que protegeré a tu hijo sin importar el precio. Después de todo, fuimos grandes amigas en el pasado.”
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Una leve y cálida sonrisa adornó sus facciones mientras continuaba observándome en silencio.
El dormitorio
Tras despedirnos cordialmente de Natsuki en el perímetro de los dormitorios femeninos, Shiro y yo caminamos de regreso a nuestra habitación compartida.
Al abrir la puerta de madera, nos topamos con Gojo recostado tranquilamente sobre una de las camas, esperándonos con los brazos detrás de la cabeza.
—Vaya, vaya… hasta que por fin se dignan a aparecer las dos estrellas. ¿Se puede saber a dónde se metieron durante todo este tiempo?
—Fuimos a la zona comercial a comprar una porción de dulces —respondí quitándome la chaqueta.
—¿Oh? —Gojo esbozó una sonrisa descarada y burlona—. ¿Acaso resulta que tú y Shiro ya son oficialmente novios?
El rostro de Shiro se tiñó de un rojo carmesí absoluto instantáneamente.
—¡PEDAZO DE IDIOTA! —gritó fuera de sí, abalanzándose furiosamente sobre él con los puños en alto.
Me acomodé plácidamente sobre mi cama, cruzando las piernas para disfrutar del espectáculo en primera fila.
—Vaya, vaya… ver al legendario Gojo Akinori siendo molido a golpes por una mujer desenfrenada… esto sí que resulta ser un entretenimiento de primer nivel.
—¡CARLOS, POR LO QUE MÁS QUIERAS, AYÚDAME A QUITARME A ESTA MONSTRUO DE ENCIMA! —gritó Gojo desesperado mientras intentaba cubrirse el rostro.
—Lo siento mucho, mi estimado amigo, pero tú te lo buscaste solito. Además, te tienes bien merecida esa paliza por andarle inventando chismes raros.
—Eres sumamente cruel conmigo… yo de verdad pensaba que empezábamos a ser buenos amigos…
—Jajaja, vamos, Gojo, no te quejes tanto. Solo tienes que aprender a soportar los berrinches de Shiro. Yo por mi parte ya me acostumbré dolorosamente a ser golpeado por cierta chica de armas tomar…
Un escalofrío helado me recorrió la espina dorsal al recordar las reacciones de Natsuki.
—Definitivamente quedé severamente traumado de por vida —murmuré para mí mismo sobándome la sien—. Mejor me dispongo a dormir de una buena vez.
Me acomodé sobre las cobijas y cerré los ojos, ignorando por completo el caos que continuaba desarrollándose al otro lado de la habitación, dejando a Gojo a su suerte contra la furia de Shiro.
—¡ESTO NO TIENE EL MENOR SENTIDO LÓGICO! —gritaba Gojo entre sofocones mientras utilizaba hilos de energía para atar torpemente a Shiro contra su propia cama para contenerla.
Gojo terminó completamente magullado, cubierto de chichones y con el uniforme roto, pero había logrado sobrevivir a la masacre como un auténtico campeón. Se dejó caer rendido sobre el suelo de madera, dejando brotar un par de lágrimas cómicas mientras murmuraba sus últimas palabras antes de quedar profundamente dormido por el agotamiento:
—Facilito…
Continuará…

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Estás leyendo el capítulo 47 de The strongest warrior of humanity (Novela), un novela. La historia sigue a un niño que aspira a ser un guerrero destacado en su academia. A lo largo de su camino, enfrenta diversas situaciones desafiantes, pero finalmente es traicionado por su hermano y amigos. Tras su… Este capítulo tiene publicado el 25 de abril de 2026, Traducido por el grupo Español. The strongest warrior of humanity (Novela) tiene 344 capítulos disponibles en LectorTMO, en español y sin registro.