Leer The strongest warrior of humanity (Novela) Capítulo 42 online gratis en español
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Capitulo 42 El precio de un alma y el sacrificio del noble caballero
Punto de vista — Carlos Tanaka Sánchez
El campo de batalla devastado en la orilla del lago temblaba sin cesar. Absolutamente nadie entre los presentes podía dar crédito a lo que sus propios ojos estaban presenciando. Todo nuestro arsenal combinado de hechizos y estocadas devastadoras no le había provocado ni un solo rasguño visible sobre la superficie de su armadura.
El Caballero Oscuro avanzaba lentamente de nuevo entre las espesas cortinas de humo y vapor, portando una mirada fría, hueca y completamente desprovista de cualquier rasgo de emoción humana.
De pronto, la masa de su cuerpo desapareció en la nada por una fracción de segundo. Fue un destello imperceptible a la vista, seguido del sonido seco de un corte limpio atravesando la carne.
Un segundo después, el brazo izquierdo de David Ishida cayó inerte sobre el suelo ensangrentado. Su grito ahogado de dolor visceral rasgó violentamente el aire de la noche.
—¡Mierda! ¡¿Pero qué demonios acaba de pasar?! ¡¿Cómo fue que ese monstruo me cortó el brazo tan rápido?! —bramó David apretando su hombro mutilado con la mano restante.
—¡Estás perdiendo una cantidad descontrolada de sangre! ¡Hay que presionar la arteria y detener la hemorragia de inmediato! —gritó Masha Tamura corriendo desesperadamente hacia su posición para cubrirlo.
Sin embargo, el Caballero Oscuro se adelantó con una velocidad desmedida. Con un brutal revés propinado con el canto de su escudo, lanzó el cuerpo de Masha por los aires, haciéndola estrellarse con un crujido contra una formación rocosa. Y antes de que ella tuviera la más mínima oportunidad de reaccionar o recuperarse del impacto, la sombra reapareció justo a sus espaldas, clavando con una frialdad implacable la punta de su daga sombría directamente en su ojo derecho.
El agónico grito de tormento de Masha desgarró el silencio del valle entero, resonando con un eco desgarrador.
El Caballero levantó su enorme espada a dos manos con la clara intención de asestarle el golpe de gracia y rematarla, pero la comandante Sasha intervino en el último milisegundo posible, bloqueando la Hoja Abismal con todo el peso de su cuerpo y el de su propia arma. La presión mágica y física fue tan asombrosamente abrumadora que Sasha tuvo que ceder terreno retrocediendo a toda prisa, escalando entre las rocas del acantilado mientras el enemigo la perseguía a una velocidad sencillamente imposible para un guerrero mortal.
Cortes horizontales. Golpes destructivos. La sangre hirviente de Sasha comenzaba a teñir cada grieta de su armadura plateada.
El Caballero Oscuro alzó su espada para asestar un impacto definitivo directo al rostro desprotegido de la comandante… pero justo en ese instante crítico, irrumpí en la trayectoria.
El filo de mi propia hoja atravesó limpiamente la mano enguantada del enemigo, desviando el golpe por milímetros.
—¡No voy a permitir bajo ninguna circunstancia que sigas matando a más personas inocentes… ya no más! —rugí con cada fibra de mi ser.
El Caballero Oscuro detuvo su avance y me observó con una calma desconcertante.
—¿De verdad te preocupas tanto por la vida de estas personas… incluso mucho más que por preservar la tuya propia? ¿Por qué motivo insistes con tanta terquedad en seguir peleando una batalla perdida, niño?
Apreté los dientes con tanta rabia que sentí el sabor metálico de la sangre en mis encías.
—¡Porque tengo que darlo absolutamente todo para salvarlos a todos! ¡No quiero volver a ver a nadie morir impotente frente a mis ojos nunca más!
El enemigo entrecerró los ojos en la penumbra del casco.
—Niño… acaso tú… ¿acaso tú ya has visto caer a tu gente?
No le respondí una sola palabra.
En ese instante de quiebre emocional, una fuerza oscura, densa e insondable emergió desde las profundidades más recónditas de mi interior, envolviéndome en un aura siniestra y sofocante que retorció el aire a nuestro alrededor. Por primera vez en toda la contienda, todos mis compañeros me vieron de una manera completamente diferente. Mis ojos cambiaron de color, adoptando un fulgor peligroso, y la densidad de mi maná se volvió devastadora.
Una onda expansiva puramente destructiva estalló frente a todos, arrasando con los cimientos del terreno. Las aguas del lago cercano capturaron la energía y se transformaron en un resplandor maravilloso de luz celeste, un fenómeno tan sobrecogedoramente hermoso que parecía el reflejo de un cielo estrellado traído a la tierra.
Levanté mi espada imbuida en esa nueva masa de poder divino.
—¡Lluvia de Espadas! —gritó mi voz amplificada por el maná.
Miles de hojas etéreas de luz resplandeciente cayeron torrencialmente desde el cielo nocturno, persiguiendo al Caballero Oscuro de forma implacable. La entidad retrocedía velozmente sobre las rocas, esquivando los impactos, pero el esfuerzo era inútil: las espadas místicas se multiplicaban en el aire sin un final a la vista.
—¡Te lo dije muy claro! —rugí avanzando a través de la tormenta de luz—. ¡No dejaré que te atrevas a matar a nadie más!
Mis ojos ardían en una peligrosa mezcla de furia ancestral y cansancio físico extremo. Di un paso decisivo hacia adelante para rematarlo… pero una voz rota y desesperada me detuvo en seco.
—¡Por favor, Carlos, ya detente de una vez! —gritó Mío, corriendo torpemente hacia mí con lágrimas cayéndole a mares por las mejillas—. ¡No tienes por qué llevar esta carga tú solo! ¡No quiero ver cómo terminas muriendo por nuestra culpa!
Sasha, David y Masha me observaban desde el suelo, profundamente confundidos, abatidos por el miedo y la tristeza al presenciar el verdadero peso que arrastaba sobre mis hombros.
Bajé la mirada hacia la tierra ensangrentada.
—¿Por qué… por qué se preocupan tanto por alguien como yo? —dije, sintiendo cómo mi voz temblaba levemente al recordar las sombras de mi vida pasada—. Absolutamente todas las personas importantes que estuvieron a mi lado en el pasado… las vi morir impotente frente a mis ojos. No voy a permitir que la historia se repita otra vez.
Ignoré rotundamente las desgarradoras súplicas de Mío para que me retirara.
—Lo siento en el alma… pero no puedo quedarme de brazos cruzados —dije con una firmeza helada—. Prefiero mil veces sacrificar mi propia existencia antes que ser testigo de sus muertes.
Desenvainé una segunda espada, sosteniendo dos hojas en perfecta simetría de combate.
—Caballero Oscuro… es hora de terminar con esta pesadilla.
Ambos nos desvanecimos del plano físico exactamente al mismo tiempo. El violento choque de nuestras espadas hizo estremecer las nubes y el aire. Esquivaba, bloqueaba y contraatacaba a una velocidad frenética; cada movimiento coordinado desataba explosiones masivas de energía que abrían cráteres en la orilla. El Caballero Oscuro, para mi sorpresa, esbozó una sonrisa desquiciada entre las sombras.
—Eres sencillamente impresionante, niño. Hace demasiado tiempo que no sentía una vibración similar en combate. Esto me emociona hasta la médula…
Sus ráfagas de cortes se volvieron exponencialmente más veloces y destructivas. Respondí con una mirada muerta y calculadora, apretando el paso. Ambos nos lanzamos de nuevo al centro del duelo, girando, cortando el viento y desatando un combate que parecía amenazar con romper la realidad misma.
Reuní el cien por ciento de mi poder restante en ambas hojas.
—¡Dios de la Espada: Corte Mundial!
El choque colosal sacudió el valle entero. La masa de energía hizo que el Caballero Oscuro finalmente cayera de rodillas sobre la tierra, visiblemente herido y humeante, aunque distaba mucho de estar vencido.
—Eres absurdamente fuerte, niño… —dijo él jadeando violentamente— pero lamentablemente para ti, esto todavía no ha terminado.
En una fracción de segundo, se desvaneció de mi campo de visión y reapareció a mis espaldas. El filo frío de su gigantesca espada atravesó limpiamente mi pecho por el costado derecho.
Mi propio grito de agonía estremeció el horizonte entero.
Caí desplomado de bruces contra el suelo, incapaz de mover un solo músculo de mi cuerpo malherido.
\> “¡Vamos… muévete de una maldita vez!” —me gritaba a mí mismo internamente mientras arañaba la tierra—. “¡Aún tienes que levantarte y seguir luchando!”
\>
Pero mi cuerpo físico simplemente no respondía a las órdenes de mi cerebro.
De pronto, un potente rayo de luz celeste atravesó el campo de batalla de lado a lado, impactando de lleno contra el pecho del Caballero Oscuro y obligándolo a dar varios pasos hacia atrás. Era Mío.
Ella corrió desesperadamente hacia el lugar donde yacía, tomándome entre sus brazos y rodeando mi cabeza con su calor.
—¡Eres un verdadero idiota, Carlos! —lloró desconsoladamente sobre mi rostro.
Intenté articular palabra, hablando con una voz sumamente débil y entrecortada:
—¿Por qué… por qué no se fueron todos lejos cuando todavía tenían tiempo de huir…?
Mío me apretó con más fuerza contra su pecho, negando con la cabeza.
—Porque me niego rotundamente a aceptar que mueras aquí… Ya has hecho demasiado por todos nosotros.
De entre las sombras de los árboles destruidos, una voz grave y pausada se hizo escuchar:
—Ella tiene toda la razón del mundo, muchacho…
Era el Capitán de la guardia imperial, visiblemente herido en el torso, quien caminaba con paso firme hacia nuestra posición.
—Luchaste con todo lo que tenías en el alma… pero desafortunadamente no ha sido suficiente para erradicar a esta criatura —dijo el Capitán esbozando una sonrisa débil y paternal—. Aun así… estoy infinitamente orgulloso de ti, Carlos.
Se acercó lentamente y se arrodilló un momento a mi lado.
—Muchacho… quiero pedirte un último y sagrado favor personal. Cuida de mi amada hija, Melissa, cuando ingreses formalmente a la academia del reino. Enséñale a ser una guerrera fuerte y noble.
Lo miré con absoluta conmoción y asombro en medio de mi agonía.
—¿Por qué… por qué me pides algo así en este momento, Capitán?
Henry —el Capitán de la Guardia Imperial— sonrió con una paz que sobrecogía el corazón.
—Porque un auténtico caballero siempre da absolutamente todo por los suyos, sin importar cuán alto sea el precio. Y porque debes aprender de una vez por todas a levantarte con dignidad, incluso cuando el mundo entero se derrumbe sobre ti.
En lo más profundo de su mente, Henry contempló por última vez un recuerdo cálido de su hogar: el rostro de una pequeña niña de cabello brillante corriendo hacia sus brazos.
\> “Papá, cuando sea grande quiero ser exactamente como tú. Seré la caballera más fuerte de todas y te protegeré siempre.”
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Ese hermoso recuerdo lo atravesó como un rayo de luz divina.
—Te lo pido una vez más desde el fondo de mi corazón, Carlos… —dijo Henry con voz serena—. Dile a mi pequeña hija que la amo con toda mi alma, y a mi amada esposa… dile que su caballero no murió por ser débil, sino por haber sido el más fuerte de todos.
Bajé la cabeza con impotencia, temblando de dolor y pena.
—Lo siento… lo siento tanto… —susurró.
Henry colocó una de sus pesadas manos sobre mi hombro ensangrentado.
—Un caballero siempre tiene un sagrado deber que cumplir hasta el final.
Se puso de pie con elegancia y giró el rostro hacia Sasha, David y el resto de los soldados sobrevivientes que intentaban ponerse en pie.
—¡Retírense inmediatamente del campo de batalla! ¡Huyan a la capital! ¡Esa es mi última orden directa como su Capitán!
—¡Capitán, no! ¡No podemos dejarlo solo contra ese monstruo! —gritó Sasha.
—¡Dije que se retiren de inmediato! —rugió Henry con una autoridad indiscutible que hizo eco en el lago.
Un silencio sepulcral invadió la orilla. Ninguno de sus subordinados quería abandonarlo a su suerte, pero una orden directa de su Capitán era un mandato absoluto.
—En esta vida, todo debe arriesgarse por un bien mayor —dijo Henry desenfundando su espada con una mano—. ¿De qué sirve ostentar el título de caballero si no se está dispuesto a dar la vida por los suyos?
Los demás, ahogados en lágrimas de impotencia, comenzaron a retirarse arrastrando a los heridos.
Grité con el hilo de voz que me quedaba:
—¡No vas a poder vencerlo tú solo, Henry!
Henry sonrió con calidez, sin voltear a mirarme tras de sí.
—Un verdadero caballero vive y muere para proteger a los suyos. Ese es el único camino que elegí desde el día en que tomé la espada.
El Caballero Oscuro emergió lentamente del lago, imponente y majestuoso en su siniestra presencia.
—¿Todavía sigues aquí de pie? Pensé que aprovecharías la distracción de tu grupo para huir como los demás.
—No. Un auténtico caballero jamás huye frente al enemigo —respondió Henry con una postura perfecta.
La entidad inclinó ligeramente la cabeza en señal de reconocimiento.
—Dime tu nombre, guerrero.
—Henry.
—Eres sumamente digno de respeto, Henry. El caballero más noble del amanecer que he cruzado en eras.
Henry cerró los ojos por un efímero instante, evocando en su mente el rostro suave de su esposa y la risa cristalina de su hija recién nacida.
—Tuve una buena y plena vida… —susurró para sí mismo—. Ahora, ha llegado la hora de dar el último paso.
Ambos alzaron sus respectivas espadas al unísono. Y entonces, comenzó la danza.
No fue un duelo rápido. Fue una guerra de desgaste, un choque de voluntades donde cada segundo se sentía eterno. Henry dio el primer paso, impulsándose hacia adelante con un rugido que hizo eco en las montañas. Su espada resplandeció en un aura dorada, pura y radiante. El primer choque entre la hoja del amanecer y la espada abismal desató una onda expansiva tan salvaje que dividió el agua del lago en dos grandes marejadas.
El Caballero Oscuro respondió con una serie de estocadas feroces, cada una capaz de cortar montañas. Henry las bloqueaba con una precisión quirúrgica, desviando la masa de energía oscura apenas a milímetros de su armadura. El impacto repetido del metal sacudía los huesos de Henry; sus brazos vibraban, sus músculos se desgarraban internamente bajo la aplastante fuerza del monstruo, pero no cediá ni un solo centímetro de terreno.
—¡Tercera Técnica Sagrada: Escudo del Alba! —bramó Henry.
Una pared circular de maná dorado emergió para frenar un zarpazo de llamas sombrías. La explosión envolvió a ambos en una tormenta de chispas y humo. Entre el fuego, Henry contraatacó con una secuencia incesante de diez cortes relampagueantes. El Caballero Oscuro se vio obligado a retroceder paso a paso, usando su enorme espada para bloquear cada golpe sagrado. El sonido del acero resonaba como truenos ininterrumpidos en la noche.
Chocaron una, diez, cincuenta veces. Las horas parecían desvanecerse en aquel rincón del mundo. La armadura de Henry se quebraba trozo a trozo; la sangre manaba de sus costados, teñía sus piernas y goteaba sobre la tierra. Aun así, cada vez que la criatura intentaba sobrepasarlo para buscar a los heridos que huían a la distancia, Henry aparecía en su camino como un muro insuperable, cortándole el paso con una determinación temible.
—¿De dónde sacas semejante fuerza, mortal? —preguntó el Caballero Oscuro, incrementando la velocidad de sus ataques hasta convertirlos en ráfagas invisibles.
—De aquellos a quienes juré proteger —respondió Henry con la boca llena de sangre, bloqueando un tajo ascendente y devolviendo una estocada que por fin logró agrietar la hombrera del monstruo.
El duelo se extendió mar adentro, peleando sobre la superficie misma del agua congelada por la presión de sus auras. Henry esquivó un golpe mortal agachándose al límite, giró en el aire y descargó un tajo descendente que hundió al Caballero Oscuro en las profundidades del lago. Pero la entidad reapareció al instante desde las alturas, cayendo como un meteoro de sombras.
El impacto definitivo sobre el agua levantó una cortina de vapor hirviente. Henry detuvo la hoja gigantesca sobre sus propios hombros, arrodillándose en la orilla sobre la tierra destrozada. Sus pulmones ardían, su visión empezaba a nublarse por la pérdida masiva de sangre, pero su espíritu permanecía inalterable.
Llevaban minutos incontables en un intercambio despiadado. Henry, agotado hasta el límite de la resistencia humana, reunió hasta el último destello del brillo de su alma en la hoja de su arma.
—¡Novena Técnica Sagrada… Espada del Alma!
Las auras colosales de ambos combatientes se cruzaron en una explosión dorada y negra que iluminó la noche sobre el lago entero. La colisión final pareció congelar el tiempo.
Cuando el denso polvo de la colisión finalmente se disipó, Henry se encontraba de rodillas sobre la orilla. El filo sombrío de la gran espada había atravesado limpiamente su corazón.
El Caballero Oscuro, sosteniendo la empuñadura, sujetó con firmeza el hombro del Capitán antes de que su cuerpo colapsara contra la tierra.
—Peleaste con el honor de un rey por tu familia y tus preciados amigos. Te has ganado mi más absoluto respeto. Jamás me olvidaré de ti, Henry.
Henry esbozó una débil pero serena sonrisa en sus últimos segundos de conciencia.
—El resto de esta historia… dependerá enteramente de ti, Carlos…
El Caballero Oscuro retiró la hoja con lentitud y depositó suavemente el cuerpo de Henry sobre las aguas del lago. El cuerpo del capitán flotó sereno sobre la superficie, mientras los primeros rayos del amanecer comenzaban a teñir las aguas de un tono dorado majestuoso.
—Eres el guerrero más noble y fuerte que he conocido en estas tierras —susurró el Caballero Oscuro en señal de duelo—. Que descanses en paz.
Los ojos de Henry se cerraron lentamente para siempre, manteniendo esa misma sonrisa llena de paz sobre sus facciones. Desde algún lugar glorioso más allá de esta vida… continuaría guiando y protegiendo el camino de los suyos.
Fin del capítulo.

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The strongest warrior of humanity (Novela) Capítulo 42
Estás leyendo el capítulo 42 de The strongest warrior of humanity (Novela), un novela. La historia sigue a un niño que aspira a ser un guerrero destacado en su academia. A lo largo de su camino, enfrenta diversas situaciones desafiantes, pero finalmente es traicionado por su hermano y amigos. Tras su… Este capítulo tiene publicado el 25 de abril de 2026, Traducido por el grupo Español. The strongest warrior of humanity (Novela) tiene 344 capítulos disponibles en LectorTMO, en español y sin registro.