Leer The strongest warrior of humanity (Novela) Capítulo 4 online gratis en español
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CAPÍTULO 4: Lazos de familia y la sombra sobre el puente
En el preciso instante en que mis pies pisaron el umbral de mi hogar, me dirigí en silencio hacia mi habitación con el único objetivo de colapsar sobre la cama y descansar; el agotamiento acumulado tras el brutal enfrentamiento contra la Princesa de Hielo me había dejado con los músculos entumecidos y los circuitos de maná completamente exhaustos, hasta el punto de no poder moverme durante varios segundos. Caí en un sueño profundo y pesado casi de inmediato, pero la paz duró poco. En medio de las sombras de mi mente, una pesadilla atroz se apoderó de mi conciencia: me vi a mí mismo parado al borde de la muerte, bañado en sangre y sosteniendo una espada rota mientras luchaba en absoluta soledad contra un ejército de proporciones titánicas, viendo cómo cada una de las personas que había empezado a apreciar caían masacradas a mi alrededor. No tenía idea de quién era el enemigo ni qué fuerza comandaba a esos monstruos, pero la certeza de que esa visión no era un simple sueño, sino un fragmento del futuro que se desataría dentro de unos años, me congeló el alma. "Debo hacerme absurdamente fuerte", me dije en medio de la penumbra de la pesadilla. "No voy a permitir que este infierno se vuelva realidad".
Al despertar abruptamente de la pesadilla con el corazón latiéndome a mil por hora, me topé con una situación completamente surrealista: había alguien acostado a mi lado en la cama. Al apartar las sábanas, mis ojos se abrieron de par en par al reconocer la figura. Era mi hermana menor, Karen. Y para mi absoluto desconcierto... estaba completamente desprovista de ropa.
¿Por qué demonios mi hermana menor está desnuda en mi cama?, pensé escandalizado, sintiendo cómo un dolor de cabeza matutino comenzaba a formarse en mi frente.
Karen abrió lentamente sus ojos claros, miró a su alrededor con pereza y, al percatarse de que yo la observaba fijamente, dibujó una radiante sonrisa matutina.
—Buenos días, hermano mayor —dijo con voz dulce antes de estirar la mano y darme un seco y sonoro "sape" en medio de la cabeza.
—¡Oye! ¿¡Se puede saber por qué demonios me golpeas nada más despertar!? —le reclamé sobándome la zona afectada y mirándola con el ceño fruncido—. ¡Y más importante aún! ¿¡Por qué carajos estás metida en mi cuarto y sin una sola prenda encima!? —reñí soltando un gruñido de pura frustración.
—Lo siento, hermano... es que ya se me está haciendo una costumbre entrar a tu habitación desnuda cuando tengo frío o no puedo dormir... —explicó ella rascándose la mejilla con un gesto de incomodidad bastante poco convincente.
Me le quedé viendo en absoluto silencio durante unos segundos, procesando la estupidez de su argumento. ¿Costumbre? ¿Acaso esta niña tiene algún problema en la cabeza o qué le pasa?, me pregunté internamente tratando de mantener la cordura.
—¿Por qué no puedes simplemente tocar la puerta antes de entrar como una persona normal? —insistí cruzándome de brazos.
—Lo sé, lo siento mucho, de verdad —respondió sonrojándose ligeramente—. Aunque... ahora que lo pienso bien, hermano... ¿podrías hacer el favor de dejar de tocar mi pecho?
La excusa me cayó como un balde de agua fría y, en un milisegundo, sentí cómo el calor me subía de golpe por el cuello hasta ponerme rojo como un tomate al darme cuenta de dónde había quedado apoyada mi mano por accidente al incorporarme.
—¿Uy? ¿Acaso te gustó lo que sentiste, hermanito? —bromeó Karen inclinándose hacia mí con una mirada juguetona y maliciosa.
—¡Pero qué clase de pensamientos tan cochinos y perversos tienes en esa cabeza, Karen! —la regañé apartando la mano de golpe y dándole un leve empujón hacia atrás—. Vamos, no seas tan dramática ni inventes cosas. Que quede claro que yo no soy como el idiota de nuestro padre, encerrado todo el día en su estudio con sus asuntos solemnes.
A veces, viéndola actuar con semejante desfachatez, me daban ganas reales de darle una paliza disciplinaria para que sentara cabeza. Suspiré profundamente para calmar mis nervios y decidí cambiar drásticamente de tema.
—Por cierto... ¿a qué viniste realmente a mi habitación a estas horas? ¿Necesitas algo de mí? —pregunté mirándola con seriedad.
—Jejeje... —riñó ella soltando una risita nerviosa mientras se cubría con la sábana—. La verdad es que vine para pedirte un enorme favor: quiero que me enseñes a utilizar el aura y el arte de la esgrima con la espada... esa técnica tan increíble que usaste el otro día contra la general Angélica.
—¿¡Cómo demonios te enteraste tú de mi enfrentamiento contra Angélica!? —exclamé completamente sorprendido por sus palabras.
—P-Pues... no me digas que te espié desde el tejado del dojo... —confesó ella tímidamente, jugando con sus dedos y bajando la mirada—. Es que tenía muchísima curiosidad por ver qué tan fuerte era mi hermano mayor en realidad. ¡Y la verdad es que estuviste fabuloso! ¡Eres extremadamente fuerte, hermano! —concluyó dedicándome una sonrisa llena de una admiración genuina.
Me miró fijamente durante un par de segundos, con los ojos brillando de tal manera que parecía que se me iba a echar encima para abrazarme en cualquier momento. Observando la determinación en sus ojos, me vino a la mente la figura severa del patriarca y las decisiones que había tomado sobre nuestra educación.
—Un momento... ¿Acaso el padre no te asignó un mentor personalizado para tu entrenamiento? ¿Qué ocurrió con el instructor que se suponía debía enseñarte? —indagué frunciendo el ceño.
—La verdad es que hace varios días que no lo veo por la mansión —respondió Karen, y de pronto su tono juguetón desapareció por completo, siendo reemplazado por una voz quebrada y preocupada—. Pero ayer por la tarde me enteré por los sirvientes de que mi mentor fue encontrado gravemente herido tras regresar de una misión de investigación en las fronteras...
—¿Investigación...? —repetí en un susurro, conectando los puntos de inmediato en mi mente. Ayer fue precisamente el día en que Angélica me llevó a rastras a la Sala de Reuniones del Alto Consejo.
Definitivamente algo oscuro y peligroso se estaba gestando en las sombras del imperio. Al notar la mirada aterrorizada y vulnerable de Karen, comprendí que su actitud infantil de esa mañana no era más que una máscara para ocultar el miedo que sentía.
—No te preocupes por tu mentor, hermana —le dije en tono suave pero firme, buscando transmitirle una seguridad absoluta—. Te prometo que él no va a morir. Sé que está malherido, pero su núcleo de maná es fuerte; inconscientemente se va a recuperar y estará bien.
Estiré la mano, le acaricié la cabeza con ternura y le dediqué una sonrisa tranquila para ahuyentar sus fantasmas.
—Bien, es hora de ponernos en marcha. ¿Por qué no dejamos los problemas de lado, nos distraemos un rato en el pueblo y mañana a primera hora te ayudo formalmente con tu entrenamiento de esgrima? —propuse levantándome de la cama.
—¡Está bien, hermano! ¡Vamos! —aceptó ella recuperando el ánimo de inmediato y dando un salto sobre el colchón—. ¡La verdad es que me estaba aburriendo de muerte aquí encerrada!
Negué con la cabeza divertido. Había que tener una desfachatez monumental para meterse desnuda a mi cuarto a primera hora y luego pedirme ayuda de esa manera, pero al final del día... era mi hermana menor.
Bajamos al gran comedor para disfrutar de un merecido desayuno preparado por la servidumbre: un humeante y delicioso estofado de pollo acompañado de arroz blanco perfectamente sazonado. Mientras los sirvientes nos servían los platos en la majestuosa mesa, me dirigí a la anciana que había cuidado de nosotros desde que éramos bebés.
—Muchas gracias por preparar esta comida tan deliciosa, Nana —dije con educación—. De verdad me honra el esfuerzo que pones cada mañana.
La anciana sonrió con dulzura, pero cuando intentó retirarse a la cocina con las manos entrelazadas, la detuve antes de que diera un paso más.
—Por cierto, Nana... puedes sentarte a comer aquí con nosotros —insistí señalando una de las sillas principales—. Y nada de peros ni excusas protocolares. Tú estás bajo mi cuidado directo en esta casa; si yo te pido que te sientes a nuestra mesa, te sientas.
Nana, visiblemente emocionada y nerviosa por la ruptura de la etiqueta noble, aceptó la invitación tras hacer una pequeña reverencia. Nos sentamos los tres a comer, compartiendo risas, anécdotas y una conversación cálida que hizo que el gran comedor de la mansión Tanaka se sintiera, por primera vez, como el hogar de una familia de verdad.
Al terminar los alimentos, Karen y yo le pedimos a Nana que nos acompañara a dar un paseo por el mercado principal del pueblo para despejar la mente.
—Está bien, mi joven señora —respondió Nana ajustándose el chal—. No hay nada de qué preocuparse; si su hermano mayor la ha invitado, con gusto los acompañaré para cuidar de sus pasos.
Al llegar al bullicioso centro de la ciudad, nos dirigimos directamente hacia las boutiques y tiendas de ropa más lujosas del distrito comercial. Karen se transformó por completo al entrar a los locales, probándose una infinidad de prendas, vestidos y accesorios de tonos rosados que resaltaban su figura.
—¡Hermano, hermano! ¿Cómo me veo con este vestido? —preguntó saliendo del vestidor con los ojos llenos de expectación.
—Te ves absolutamente encantadora, mi querida hermana —le respondí sinceramente, dedicándole una sonrisa cálida desde el sillón de espera.
Karen continuó probándose atuendos durante un largo rato, radiante de felicidad. Sin embargo, mientras los tres —Karen, Nana y yo— caminábamos por las calles empedradas disfrutando del día como si fuéramos una familia ordinaria sin títulos nobles ni cargas mágicas, mis pensamientos no pudieron evitar escaparse nuevamente hacia las visiones oscuras del futuro y la inminente guerra contra los Dioses Antiguos.
—Oye, hermano... ¿en qué tanto estás pensando desde que salimos de la tienda? —preguntó Karen tirando suavemente de mi manga.
—En nada en particular —contestó rápidamente para no preocuparla—. Solo estaba reflexionando sobre las cosas que tendré que hacer más adelante para volverme más fuerte.
—Bueno... hay que recordar que aún nos faltan aproximadamente unos ocho años para ingresar formalmente a la academia —me advirtió Karen caminando a mi lado.
—¿¡Qué!? —exclamé deteniendo mi paso de golpe y mirándola con absoluta sorpresa—. ¿Academia?
—¿Acaso no lo sabías, tonto? —se burló ella dando un pequeño salto—. El patriarca y nuestra madre estuvieron hablando anoche sobre inscribirnos a los dos en la Academia Ryouou Clannad cuando cumplamos los trece o catorce años. ¿A poco no te parece una noticia súper emocionante? —añadió con el rostro iluminado por la ilusión.
Adopté una expresión seria y pensativa antes de responder.
—Supongo que sí es algo importante, hermana. Aunque aún no sé qué pensar al respecto; me imagino que los padres nos darán los detalles oficiales dentro de algunos días.
Pasamos cerca de cinco horas recorriendo cada rincón del pueblo, visitando puestos de comida, tiendas de artefactos y plazas públicas.
—¿Hay algún otro lugar al que quieras ir antes de que se ponga el sol, hermano? —preguntó Karen limpiándose la boca tras comer un dulce local.
—Podríamos ir a dar un paseo por el gran puente de piedra de las afueras —propuse mirando hacia el horizonte—. Me gustaría ver el atardecer desde allí.
—¡Con muchísimo gusto, hermano! ¡Vamos! —aceptó ella con entusiasmo.
Mientras caminábamos a paso tranquilo hacia el impresionante puente que cruzaba el río de la ciudad, comenzamos a discutir los detalles del entrenamiento que iniciaríamos al día siguiente.
—Dime la verdad, Carlos... ¿cómo va a ser exactamente el entrenamiento que me vas a dar? —quiso saber ella, mirándome con un toque de nerviosismo en la voz.
—Es algo sumamente fácil y divertido —mentí piadosamente, mostrándole una sonrisa radiante y relajada.
—¿¡En serio!? —me miró de inmediato con los ojos entrecerrados y una actitud profundamente desconfiada—. A ver... mírame fijamente a los ojos y repíteme eso, hermano.
—Está bien, está bien... te estaba mintiendo descaradamente —dije encogiéndome de hombros y soltando una pequeña carcajada—. No va a ser nada fácil, Karen. Para serte completamente sincero, el entrenamiento que te tengo preparado va a ser un auténtico infierno terrenal, pero estoy seguro de que te terminarás acostumbrando con el tiempo.
Para cuando alcanzamos la cúspide del puente de piedra, el sol comenzaba a ocultarse en el horizonte, tiñendo las aguas del río y las nubes del cielo con una gama deslumbrante de tonos anaranjados, violetas y dorados. Nos apoyamos sobre la barandilla de piedra a contemplar el espectáculo de la naturaleza.
—Hermano... cuando sea grande me haré ridículamente fuerte para poder proteger a nuestra familia... y sobre todo, para poder protegerte a ti —dijo Karen de pronto, utilizando un tono de voz tan serio y profundo que no parecía el de una niña.
—Aún es demasiado pronto para que te cargues con semejantes pensamientos en la cabeza —respondí mirando hacia el agua—. Nos queda un camino extremadamente largo por recorrer antes de hablar de protegernos el uno al otro.
Sin previo aviso, Karen estiró su mano y me acarició suavemente el cabello, dejando ver unas pequeñas lágrimas que comenzaron a brotar de sus ojos.
—Es que... tengo muchísimo miedo de que mueras en el futuro, hermano... —susurró con la voz entrecortada por el llanto—. Los sueños y las pesadillas que he estado teniendo últimamente me aterrorizan...
En ese preciso instante, todo encajó finalmente en mi cabeza. Ahora comprendía a la perfección por qué había entrado a mi habitación esa mañana a buscar refugio en mi cama: ella también estaba teniendo premoniciones de la tragedia que se avecinaba y solo buscaba la calidez de su hermano mayor para no sentirse desamparada.
—No tienes absolutamente nada de qué preocuparte, mi querida hermana —le dije sujetando su mano y dedicándole la sonrisa más cálida y sincera de la que fui capaz—. Te prometo que no voy a morir en ningún campo de batalla mientras tú sigas confiando en mí.
—¿De verdad me lo prometes por tu vida? —preguntó limpiándose las lágrimas con el dorso de la mano y mirándome con esperanza.
—Te lo prometo sobre mi honor —respondí con firmeza.
El cielo terminó de oscurecerse y la noche cayó sobre la ciudad. Ya era demasiado tarde y debíamos emprender el regreso a la mansión antes de que la guardia saliera a patrullar. Nana nos esperaba al final del puente con una linterna encendida.
—Vámonos de regreso a casa —anuncié dando media vuelta.
Sin embargo, al dar el primer paso para alejarnos del puente, mi percepción del maná me dio una descarga de advertencia en la nuca. Sentí una presencia extraña, helada y profundamente perturbadora acechándonos desde el bosque cercano; una energía que definitivamente no pertenecía a un ser humano ordinario. Apreté los puños en silencio, rogando en mi interior que no se tratara de una amenaza inminente para Karen ni para Nana.
Por ahora, mi única prioridad absoluta era volverme más fuerte que nadie para prepararme contra el peor de los escenarios.
Al regresar a la mansión, nos despedimos en el vestíbulo principal.
—Que descansen muy bien, mis jóvenes señores. Nos vemos mañana por la mañana —se despidió Nana haciendo una reverencia afectuosa.
—Muchas gracias por el paseo de hoy, hermano. Que descanses —agregó Karen regalándome un último abrazo antes de correr hacia su habitación.
—Igualmente, descansen ambas —respondí observando cómo se alejaban por el pasillo.
Me quedé a solas en la penumbra del gran salón, con la mirada fija en la ventana hacia la noche estrellada, incapaz de sacudirme la helada sensación de que algo monstruoso se aproximaba a pasos agigantados.

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Estás leyendo el capítulo 4 de The strongest warrior of humanity (Novela), un novela. La historia sigue a un niño que aspira a ser un guerrero destacado en su academia. A lo largo de su camino, enfrenta diversas situaciones desafiantes, pero finalmente es traicionado por su hermano y amigos. Tras su… Este capítulo tiene publicado el 25 de abril de 2026, Traducido por el grupo Español. The strongest warrior of humanity (Novela) tiene 344 capítulos disponibles en LectorTMO, en español y sin registro.