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Leer The strongest warrior of humanity (Novela) Capítulo 343 online gratis en español

🏴 Grupo: Español✍️ Traducción: Español
—¡Hazlo ahora! —ordenó Emperor—. Yo iré enseguida. Al cortar la transmisión mental, la realidad misma pareció congelarse en un instante de horror cósmico. El fuego de la detonación oscura y la radiación demoníaca consumían mis ropas y derretían el suelo de concreto a mi alrededor, convirtiendo la capital en un infierno biomecánico de lava y sombras retorcidas. Podía sentir el hedor a azufre y sangre pútrida emanando del cuerpo deformado del Supremo; sus ojos múltiples, brotando como llagas en sus extremidades escamadas, me fijaban con una mezcla de demencia y pavor. «Cálmate, Eime... solo eres tú contra un monstruo mutante de categoría bíblica», pensé para mis adentros, soltando un suspiro tembloroso antes de que una sonrisa irónica se me escapara. «Si el señor Emanuel me viera atrapada en esto, seguro me regañaría por arruinar de nuevo la armadura... Vaya forma de tener una cita en el fin del mundo.» Ajusté el agarre sobre la empuñadura de mi espada y la lanza. En mi pecho, el núcleo de trece capas latió como un motor hiperstelar. —Inmortal Adaptación: 60% —pronuncié en un susurro que retumbó con la fuerza de un Noble Phantasm. ¡BOOOOOOM! Un pilar de luz dorada, violeta y carmesí desgarró los cielos, disipando la nube atómica del demonio en un radio de tres kilómetros como si fuera simple humo. Mis circuitos mágicos ardieron en dorado puro bajo mi piel. Las quemaduras de mis brazos se regeneraron a nivel molecular en microsegundos, desprendiendo escamas de luz y vaporizando el veneno de la Droga del Dios Demonio. La densidad de mi maná era tan absurda que la gravedad colapsó: las rocas gigantescas flotaban a nuestro alrededor, agrietándose bajo la presión auditiva de mi aura. El dios híbrido retrocedió un paso, sus garras temblaban violentamente mientras chispas de su propia energía oscura colapsaban sobre sus hombros. —¡N-no puede ser...! —gritó con múltiples voces guturales superpuestas, retorciéndose de dolor mientras la masa de su cuerpo demoníaco intentaba asimilar el terror que sentía—. ¡Ese maná...! ¡Es la presencia de una existencia que desafía el trono de los dioses! ¡¿Qué demonios eres tú, mocosa?! —¿Yo? —ladeé la cabeza, mirándolo desde arriba mientras mis ojos violetas destellaban con una calma aterradora, al estilo de un Servant clase Saber desatando su verdadero nombre—. Solo soy una mujer con un compromiso muy importante que cumplir... y tú estás retrasando mi regreso. Antes de que el Supremo pudiera alzar sus espadas de condena sangrienta, el espacio detrás de mí se rasgó. Una fisura abismal de tonos dorados se abrió y la figura colosal de Emperor emergió en el plano terrenal. Su presencia trajo consigo una presión estelar que aplastó al demonio directamente contra los escombros, hundiendo el terreno más de diez metros hacia abajo. —Llegas a tiempo, Emperor —dije sin quitarle la vista de encima al enemigo. —Te dije que no te preocuparas —respondió la voz atronadora de Emperor, desplegando un domo defensivo de maná cósmico que selló la capital entera en un santuario aislado, bloqueando cualquier onda expansiva hacia Emanuel y los demás—. Toda la zona civil está evacuada. Puedes destruirlo sin contenerte. —Entendido... Desaparecí. No hubo sonido de movimiento, ni estela de viento. El espacio-tiempo se fracturó. En un microsegundo, aparecí pegada al rostro deforme del Dios de la Locura. El horror en su único ojo central fue instantáneo. —Dios del Rayo: Estilo Fantasma Estelar —sentencié. Mi lanza penetró su garganta de lado a lado antes de que pudiera parpadear. El impacto cinético atravesó la masa de su cuerpo, desatando miles de descargas de rayo negro y carmesí que pulverizaron sus órganos internos regenerados por la droga. La sangre divina y demoníaca salió disparada en una ráfaga hirviente. —¡AGHHHHH! —bramó la abominación, intentando amputar su propio cuello para liberarse mientras invocaba cientos de lanzas de vacío abismal contra mi pecho. Las lanzas me impactaron a quemarropa, atravesando mi barrera de ki y maná... pero la Inmortal Adaptación al 60% reaccionó instantáneamente. Mi cuerpo reescribió las leyes físicas del ataque: el vacío absoluto de su magia fue absorbido y convertido en combustible para mi propio núcleo. La carne desgarrada en mi hombro se cerró de golpe, rechazando la magia divina como si fuera simple polvo. —Mi turno —sonreí con una mezcla de frialdad y rabia contenida. Giré sobre mi eje ejecutando una danza letal de estocadas a velocidad hiperfotónica. Cada tajo cercenaba una de sus extremidades mutadas, desintegrando la armadura del Dios Caído en una lluvia de chispas sangrientas. La velocidad de mis ataques era tan brutal que los impactos sónicos continuaban retumbando en el aire mucho después de que los cortes ya hubieran destruido su estructura. El demonio cayó de rodillas, escupiendo litros de bilis y maná corrupto, mirando sus brazos mutilados que apenas intentaban regenerarse sin éxito. —¿P-por qué...? —gimoteó entre estertores, con la cara pegada a la piedra caliente—. Mi fuerza... la droga divina... ¡yo era un Supremo! ¡Estaba por encima de Zeus! —Zeus o no... cometiste el error de amenazar la vida de las personas que me importan —dije, caminando despacio hacia él mientras canalizaba todo el flujo de mi núcleo de trece capas en la hoja de mi espada, imbuida en rayo del caos y ki primordial. La hoja comenzó a vibrar con una nota musical aguda y cristalina, iluminando las ruinas con una luz dorada y carmesí que extinguía cualquier rastro de oscuridad. —Dile a Lucifer que si vuelve a enviar a una plaga como tú a este mundo... yo misma iré al Abismo a cortar su cabeza. Alcé la espada. El Dios de la Locura levantó su mirada ensangrentada por última vez, temblando en un ataque de histeria y terror absoluto, incapaz de articular una sola palabra más ante la guardiana que había superado a los dioses. —Corte Estelar de la Inmortalidad. La luz lo devoró todo. El resplandor carmesí y dorado de mi último corte se disipó lentamente entre el humo, dejando tras de sí un silencio sepulcral que duró apenas un instante. Guardé la espada por un segundo, exhalando una ráfaga de vapor helado por la boca mientras mi corazón latía desbocado a causa del 60% de la Inmortal Adaptación. Pero mi intuición me lanzó una advertencia helada que me erizó la piel. «No... no puede ser.» En el centro del cráter, donde la masa de sangre, carne mutilada y cenizas del Dios de la Locura debería haberse desintegrado por completo, la materia negra comenzó a hervir salvajemente. Un sonido viscoso y desagradable, como miles de gusanos retorciéndose a la vez, resonó en las ruinas de la capital. La energía corrosiva de la Droga del Dios Demonio reaccionó con los restos del maná Supremo, acelerando su regeneración a una escala desquiciada e imprevista. En cuestión de tres segundos, los tejidos se unieron en un parpadeo, reconstruyendo la garganta, el torso y la grotesca armadura de sangre del Dios Caído con una densidad aún más monstruosa que antes. Sus múltiples ojos renacidos se abrieron de golpe, inyectados en sangre y repletos de una demencia sin límites. —¡JAJAJAJAJAJA! —su risa distorsionada resonó con múltiples ecos guturales que hicieron temblar las rocas ingrávidas—. ¡Ingenua! ¡Te dije que la droga me convirtió en un ser Supremo! ¡Mi carne ya no pertenece al plano mortal ni divino! ¡No puedes matarme con simple magia o espada, por más rápido que te muevas! Retrocedí un paso, apretando los dientes mientras la frustración y la tensión aumentaban en mi pecho. Mi visión se tornó ligeramente borrosa por el esfuerzo de sostener las trece capas del núcleo, pero la determinación en mi mirada no decayó ni un milímetro. —Maldita basura... —mascullé, viendo cómo su cuerpo regenerado emanaba una cantidad de maná oscuro tan densa que el campo de contención de Emperor comenzó a emitir chispas de sobrecarga—. Realmente eres un dolor de cabeza. (Perspectiva de Emperor) Desde las alturas, la figura colosal de Emperor observaba la mutación del enemigo con sus ojos estelares estrechándose en una expresión de severa advertencia. —Eime... —su voz retumbó telepáticamente, más grave y directa que nunca—. Esa cosa ha sobrepasado los límites de la biología divina. La droga está consumiendo su alma a cambio de una regeneración infinita. Si no destruyes su concepto mismo de existencia o buscas una falla en el núcleo de la infección, simplemente volverá a armarse una y otra vez. (Perspectiva de Eime) —Sí... ya me di cuenta —respondí con una sonrisa amarga, sintiendo el sudor frío recorrer mi nuca mientras sostenía con más fuerza la lanza de rayo del caos—. Bueno, supongo que las cosas nunca pueden ser fáciles para mí... Si una vez no fue suficiente, entonces tendré que destruirte mil veces seguidas hasta que no quede un solo átomo que pueda regenerarse. Una ligera sonrisa burlona se dibujó en las facciones de Emperor al notar la advertencia, ahuyentando cualquier rastro de duda o frustración del ambiente. —No te preocupes —dijo Emperor en voz alta, ladeando la cabeza con una serenidad aplastante mientras su maná del caos chispeaba a su alrededor—. Ya hemos tenido este tipo de situaciones antes. Enfrentamos cosas peores contra el Dios Nocturno y contra Daniel, el Dios de la Guerra. Este sujeto... no se compara en lo absoluto con ninguno de ellos. El Dios de la Locura, en su grotesca forma de Supremo regenerado, bramó con rabia ante esa falta de temor, pero Emperor ni siquiera se inmutó. —Ese tipo en realidad ya está muerto —continuó Emperor, con la voz fría y calculadora mientras sus ojos escaneaban cada fibra de la masa infectada del enemigo—. Lo único que tenemos que hacer ahora es acabar con la carcasa que sostiene su existencia. Eime, usa mi espada Destructor de Almas. Esa cosa es capaz de destruirlo por completo, sin importar qué tan infinita crea que es su regeneración física. En ese instante, la energía vibró hacia el espacio dimensional a espaldas de Eime, donde la presencia del arsenal divino resonaba en perfecta armonía con su núcleo de trece capas. —Recuerda que posees tres espadas sagradas —mencionó Emperor, sintiendo la energía única de cada una fluir y armonizar con el ambiente—: la Espada de la Inmortalidad, la Destructor de Almas, y la Espada del Guerrero Sagrado. Con un movimiento fluido y elegante, la empuñadura de la Destructor de Almas emergió entre destellos de luz azabache y runas de juzgamiento ancestral. La hoja emanaba una presión espiritual tan devastadora que el aire alrededor del Supremo comenzó a distorsionarse, quemando la esencia misma de su aura corrupta antes de que pudiera dar un solo paso hacia adelante. —Veamos si su Droga del Dios Demonio puede regenerar un alma que ha sido reducida a la nada —sentenció Emperor, fijando la mirada en el monstruo que temblaba horrorizado al percibir la verdadera naturaleza de la espada. —Absolutamente. Funcionará sin ningún margen de duda. La regeneración del Supremo mediante la Droga del Dios Demonio opera a nivel físico, biológico e incluso conceptual en la carne; pero la Destructor de Almas no ataca la materia. Erradica la esencia misma, la línea espiritual que sostiene su existencia en este plano. Sin un alma a la cual anclar esa regeneración infinita, el cuerpo mutado colapsará en simples cenizas inertes. Sin perder un solo segundo, cambié la trayectoria de mi lanza en pleno aire. La trayectoria se fracturó en un pestañeo y el arma desapareció hacia el espacio dimensional, liberando mi mano derecha para empuñar con fuerza absoluta la Destructor de Almas. Desde las alturas, Emperor reaccionó con precisión destructiva. Desató una onda cinética de maná estelar directamente sobre el Supremo, pulverizando ambos brazos del demonio antes de que la Droga del Dios Demonio pudiera iniciar su proceso de regeneración. La criatura bramó de pánico al verse atada e indefensa por un instante crítico. —¡Se acabó! —bramé. Avancé en un destello azabache que quebró el suelo y la gravedad a mi alrededor. Concentrando toda la fuerza de mi núcleo de trece capas y el 60% de mi Inmortal Adaptación en el filo de la espada, me clave directo en el centro del pecho de la abominación. La hoja de la Destructor de Almas atravesó su núcleo por completo. Un rugido sordo y hueco retumbó en la atmósfera mientras la energía azabache y carmesí devoraba cada canal de maná, cada fibra biológica y cada rastro de la esencia espiritual del Dios de la Locura. Las runas ancestrales de juzgamiento se encendieron en un estallido fulminante, consumiendo el núcleo del Supremo desde adentro hacia afuera. —¡Im-imposible...! ¡Mi alma... mi existencia...! —trató de gritar, pero su voz se desintegró en cenizas de luz oscura antes de terminar la frase. La regeneración se detuvo de golpe. Sin una matriz espiritual a la cual aferrarse, el cuerpo del Supremo colapsó en millones de partículas inertes que la Destructor de Almas borró para siempre, sin dejar un solo átomo en la realidad. Un silencio absoluto volvió a la capital. El cielo, despejado de la nube de maná corrupto, dejó ver las estrellas mientras me mantenía erguida en el centro del cráter, con la Destructor de Almas desprendiendo un leve halo de vapor azabache en mi mano.
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The strongest warrior of humanity (Novela) Capítulo 343

Estás leyendo el capítulo 343 de The strongest warrior of humanity (Novela), un novela. La historia sigue a un niño que aspira a ser un guerrero destacado en su academia. A lo largo de su camino, enfrenta diversas situaciones desafiantes, pero finalmente es traicionado por su hermano y amigos. Tras su… Este capítulo tiene publicado el 10 de octubre de 2026, Traducido por el grupo Español. The strongest warrior of humanity (Novela) tiene 344 capítulos disponibles en LectorTMO, en español y sin registro.