Leer The strongest warrior of humanity (Novela) Capítulo 342 online gratis en español
🏴 Grupo: Español✍️ Traducción: Español
Avancé por los pasillos colapsados del laboratorio, dejando atrás el eco de la partida de Kael, Varion y el propio Adán Solar. Cada paso que daba resonaba con fuerza en el suelo agrietado, mientras el aire se volvía cada vez más denso, cargado con un olor metálico a ozono y sangre divina.
«No puedo distraerme...» —pensé, apretando la empuñadura de mi espada hasta sentir el frío metal contra mis nudillos—. «Emanuel tiene su propia guerra contra el rey, y Kael y Varion ya van en camino a cumplir su parte con Emilia. Mi única misión ahora mismo es cortar este mal de raíz y hacer pagar al responsable de toda esta locura.»
Al doblar el último recodo, las paredes de piedra ordinaria dieron paso a una arquitectura imposible, una cámara astral distorsionada donde las leyes de la física y la gravedad parecían disolverse. En el centro de ese espacio flotaba él: el dios de la locura. Su figura emanaba un aura caótica de tonos púrpuras y negros que retorcían el aire a su alrededor.
—Vaya, vaya... Así que la pequeña plaga decidió regresar por su propia voluntad a la boca del lobo —su voz retumbó en mi mente antes si quiera de mover los labios, distorsionada por múltiples ecos superpuestos—. ¿De verdad crees que por haber derrotado a mis subordinados tienes alguna oportunidad contra un verdadero pilar de este mundo?
No respondí con palabras. Mi única respuesta fue exhalar lentamente, alineando la respiración con los latidos de mi corazón mientras la energía de mi adaptación al 20% comenzaba a bombear con fuerza a través de mis venas, adormeciendo el dolor y acelerando mis percepciones a un nivel sobrehumano.
—Estilo de combate... Fantasma estelar —susurré para mis adentros.
En un parpadeo, el espacio entre ambos estalló. Mi figura se desvaneció en un haz de luz cegadora, dejando tras de sí un rastro de estática pura. Aparecí súbitamente sobre él, ejecutando un tajo descendente imbuido en un fulgor carmesí y violeta. El choque desató una onda expansiva de maná que hizo temblar la cámara astral entera, recreando un impacto con la violencia y la escala de un Noble Phantasm chocando contra un muro defensivo.
—¡Insulsa! —bramó el dios de la locura, alzando los brazos mientras geometrías sagradas y runas astrales brotaban del aire en una barrera impenetrable.
El metal de mi espada colisionó contra su escudo con un estruendo sónico, desatando una lluvia de chispas deslumbrantes que iluminaron la oscuridad circundante. La presión cinetica era tan descomunal que el suelo bajo nuestros pies se fragmentó en cubos perfectos de energía que flotaron ingrávidos hacia el techo.
Lejos de retroceder, giré sobre mi propio eje aprovechando el retroceso, canalizando cada chispa de mi rayo del caos en la hoja.
—No subestimes... ¡la voluntad de los que no tienen un lugar en el cielo! —grité, desatando una ráfaga rítmica y calculada de estocadas a una velocidad supersónica.
Cada golpe que lanzaba dejaba una estela de luz residual en el aire, una coreografía letal donde la espada y la magia de rayo actuaban como una sola extensión de mi alma. El dios de la locura intentó contraatacar invocando lanzas de vacío absoluto, obligándome a esquivar al límite, rozando su absoluta devastación mientras la adaptación de mi cuerpo corregía milimétricamente cada desgarro muscular en tiempo récord.
El combate se convirtió en un intercambio sublime de destellos y colisiones titánicas; una danza mortal donde la divinidad corrupta chocaba contra la implacable desesperación y determinación de un ser humano que se negaba a doblegarse.
—¿Esto era lo que él estaba buscando...? Pero no hay nadie aquí capaz de detenerme, así que te lo diré una sola vez más: ¿qué demonios tienen que ver ustedes con los abismales? —le exigí con la espada en alto, sintiendo el flujo de maná arder a través de mi núcleo mientras mis ojos brillaban con un fulgor eléctrico inquebrantable.
El dios de la locura flotó en el aire, inclinando la cabeza con una mueca burlona mientras múltiples sellos astrales comenzaban a girar violentamente detrás de su espalda como un firmamento de anillos dorados y oscuros.
—Omm... oye, deja de hacerme preguntas. El trato es directamente con Lucifer, mocosa —soltó con una voz llena de ecos distorsionados que hacían vibrar el espacio mismo—. Es algo que los dioses no podemos revelar... ¡así que será mejor que, por el bien de todos, mueras ante mí!
—¡¿Jajajaja, bromeas?! —solté una carcajada cargada de pura rabia y resolución—. ¡Yo jamás voy a perder contra un maldito farsante como tú!
En una fracción de segundo, la atmósfera colapsó. El edificio del laboratorio y la infraestructura subterránea comenzaron a desmoronarse en una lluvia de escombros gigantescos mientras el reino entero temblaba sobre nuestras cabezas. Ambos nos movimos a una velocidad supersónica, convirtiendo la escena en una vorágine visual propia de una guerra entre Servants y divinidades.
Líneas de luz violeta y destellos de energía estática rasgaron el aire. Cada choque de nuestras armas generaba un impacto cinético de magnitud catastrófica: las rocas que caían del techo se desintegraban en polvo al entrar en contacto con el aura de nuestro choque. Nuestras estocadas y ráfagas de energía se rozaban milimétricamente, distorsionando el espacio con ondas de choque que retumbaban como truenos divinos.
Retrocedí por un segundo, buscando recuperar el equilibrio sobre un pilar que se desplomaba, y al alzar la vista lo vi cayendo directo sobre mí desde las alturas, con una lanza de energía astral condensada lista para empalarme.
—¡No huyas, mujer! —bramó desde los cielos, desatando una lluvia de meteoros de maná oscuro a su paso.
—¡No estoy huyendo, imbécil! —grité.
En un parpadeo, ejecuté la Danza de Trueno, convirtiendo mi figura en una ráfaga de chispas zigzagueantes que esquivó su estocada descendente por un milímetro. El impacto de su ataque pulverizó el pilar en mil pedazos, pero yo ya estaba canalizando la doble afinidad elemental de mi núcleo directo al suelo.
—¡Magia de Tierra, Rango doce: Espinas de Acero! —exclamé con firmeza, impactando la punta de mi bota contra la piedra flotante.
Cientos de lanzas metálicas y afiladas brotaron instantáneamente del terreno a una velocidad absurda, elevándose como una jaula de estacas punzantes hacia el dios. Él abrió los ojos con sorpresa e intentó desplegar una cúpula defensiva para bloquearlas... pero no le di el más mínimo margen de reacción.
Cancelé la gravedad de su posición encadenando inmediatamente mi hechizo definitivo.
—¡No te voy a dejar hacerlo! ¡Magia de Rayo, Rango treinta: Rayo Negro de la Oscuridad del Dragón Oscuro!
La energía del caos en mis brazos se tornó de un negro azabache absoluto con bordes carmesí. Un rugido primigenio resonó en el ambiente mientras la silueta colosal de un dragón eléctrico devoraba la luz del lugar. El rayo abrumador atravesó las Espinas de Acero, rompiendo la barrera del dios de la locura como si fuera cristal delgado y atrapándolo en una tumba de explosiones y descargas eléctricas de escala masiva.
—¡Maldición! —gritó el dios de la locura mientras una explosión titánica resonaba por todo el lugar.
El impacto del Rayo Negro de la Oscuridad del Dragón Oscuro reventó su cúpula astral y lo disparó a miles de metros por el aire, reventando la estructura del laboratorio subterráneo y haciendo que saliera disparado hacia la superficie, estrellándose violentamente contra los edificios de la capital imperial. La onda de choque redujo estructuras enteras a escombros en un estallido cinético al más puro estilo de un choque entre Servants.
Apretando los dientes entre las ruinas, el espectro escupió fluidos divinos, desencajado por el dolor y la humillación.
—¿Esa mujer... acaso es capaz de superarme...? —masculló fuera de sí, intentando levantarse sobre las piedras destruidas.
—Ehhh... aún no he terminado contigo.
La voz resonó helada, justo sobre él.
«¡¿En qué momento llegó hasta acá?!», se horrorizó el dios al alzar la mirada.
Eime ya estaba allí, flotando sobre los destellos de su propia magia estática. Una vez más, el espectro fue disparado muy lejos por un impacto a quemarropa que cruzó la ciudad a una velocidad supersónica.
«¡Fui disparado muy lejos...! ¿Ella se está adaptando? ¡¿Acaso se adapta mientras combate?! ¡¿Ese es su verdadero poder?! ¡Es imposible! ¡Imposible, imposible! ¡No puede existir alguien en este mundo con esa clase de poder, maldita sea!»
Lleno de pavor y rabia descontrolada, el espectro estalló su aura astral al máximo. Una onda destructiva de energía púrpura se expandió en 360 grados, pulverizando el distrito entero a su alrededor. El cielo se tiñó de un tono siniestro mientras la ciudad entera crujía bajo la gravedad divina.
Sin embargo, cuando el humo se disipó, Eime caminaba lentamente a través del fuego y las ruinas sin recibir un solo rasguño, con sus ojos destellando en un brillo violeta y dorado por la Inmortal Adaptación. La chica se detuvo a pocos metros, sosteniendo su espada con una tranquilidad aplastante mientras el dios de la locura la miraba frustrado, temblando de rabia ante ella.
—No te sientas mal... Pronto te enviaré con tu amigo el espectro —le dijo Eime, ladeando la cabeza con una sonrisa helada y distante.
—¡No me subestimes, mocosa! —bramó el dios de la locura, haciendo que la tierra colapsara bajo sus pies mientras canalizaba todo el maná cósmico que le quedaba—. ¡Yo soy quien está por encima del mismísimo Zeus! ¡Ni tú ni nadie de tus estúpidos amigos podrán detenerme jamás!
—¿Ah, sí? Entonces quiero que lo demuestres —dije, ajustando la postura mientras mi espada y la lanza de rayo comenzaban a brillar de una forma descomunal, iluminando las ruinas destruidas con un resplandor dorado y carmesí de proporciones bíblicas—. No estás ni a la altura de mi señor... Tú solo eres un estorbo, al igual que los demás.
Supongo que ya no podré contener esta fuerza que está a punto de desatarse.
Caminé lentamente hacia él, marcando cada paso con una compostura implacable. Sin embargo, al fijar la vista en su rostro, me di cuenta de algo: ¡estaba temblando de miedo ante mí! Una sonrisa burlona se dibujó en mis labios. Vaya... hasta un supuesto "dios" me tiene miedo. Tal vez sea por mi fuerza brutal, o tal vez... ¿es porque soy la más fuerte de todos ellos? Bueno, para mí ya nada es imposible.
Al contrario, mientras analizaba el flujo de maná recorriendo mis canales al límite, sentí un chasquido retumbar en el centro de mi ser. ¡Había desbloqueado algo nuevo en mi núcleo! ¿Llegué a las 13 capas?
«Vaya... entonces he superado a Tanaka Sánchez», pensé, con los ojos destellando en un violeta místico. «Eso significa que soy la segunda guardiana en evolucionar a este nivel... La primera fue Otis. Eso explains la brecha abismal en nuestros niveles. Pero ahora que he llegado a este punto... ¿sería capaz de imitar al Dios del Rayo? Sería algo increíble poder usar esa técnica. Lo pondré a prueba de inmediato.»
(Perspectiva del Dios de la Locura)
«¡¿Esa mujer acaso no conoce los límites humanos?!» —pensaba el espectro, histérico, apretando los dientes mientras la sangre divina manaba de sus heridas—. «Tengo que acabar con ella justo ahora, o de lo contrario todos mis plans se verán arruinados por esta basura... No, claro que me queda una opción.»
Se levantó con dificultad, caminando lentamente mientras una energía maligna y ancestral emanaba de su cuerpo. Dispuesto a jugarse su última carta, liberó el Poder del Dios Caído. Una armadura oscura, con vetas de un color rojo intenso como la sangre fresca, comenzó a cubrir su figura, mientras en sus manos se materializaba una espada divina forjada en pura condenación carmesí.
(Perspectiva de Eime)
—Ese símbolo... —murmuré al reconocer las runas grabadas en la coraza de sangre.
Antes de que pudiera reaccionar, el espectro desapareció de mi vista a una velocidad que desafiaba la percepción misma.
¡FZZZT! ¡BOOM!
Fui golpeada violentamente desde un ángulo ciego, saliendo disparada contra un muro de piedra para luego ser alcanzada en pleno vuelo por una ráfaga devastadora de estocadas sangrientas. Un impacto tras otro retumbaba en el aire al puro estilo de un choque de alta velocidad de la serie Fate.
«¿Los movimientos de este tipo se han reinforced a este nivel...?» —pensé, sintiendo la presión brutal rompiendo mi barrera inicial—. «Emmm... en ese caso...»
Cerré los ojos en medio de la ráfaga de ataques, concentrando mi mente en el flujo de mi propio cuerpo. Expandí mi ki interno hasta el extremo y lo mezclé pacientemente con mi maná del caos recién evolucionado. Combinando ambos tipos de energía en una sola espiral armónica... creé algo completamente nuevo.
Un escudo perfecto, nacido de la fusión armónica entre mi ki y mi maná de trece capas, repelía cada estocada rabiosa de su espada de sangre. Los impactos resonaban como campanas de bronce, pero ninguno lograba perforar mi defensa. Eso me dio la ventana que necesitaba.
Una sonrisa bastante aterradora se dibujó en mi rostro.
—Dios del Rayo —susurré.
Desaparecí del plano visual a una escala de velocidad absurda, convirtiendo el espacio en un corredor de estática pura. En una fracción de milisegundo, aparecí justo detrás de él, descargando un golpe devastador con mi lanza imbuida en energía divina que lo envió disparado a través de las ruinas.
(Perspectiva del Dios de la Locura)
Saldría disparado a una gran distancia, destruyendo capas de concreto y piedra a mi paso. Intenté reaccionar a tiempo para recuperar la postura en el aire, pero fue demasiado tarde: en un parpadeo, ella ya estaba situándose detrás de mí.
Antes de que pudiera alzar mi espada, sentí el frío metal de su lanza clavándose directamente en el centro de mi pecho. La sangre divina brotó a borbotones, tiñendo la armadura carmesí. Caí de rodillas sobre los escombros, apoyándome torpemente en la empuñadura de mi arma.
«Esta mujer... es alguien completamente imposible de vencer...» —pensé con una frustración amarga ahogándome la garganta—. «Tengo que aceptarlo... es una derrota aplastante para mí. Ni siquiera liberando mi armadura del Dios Caído fui capaz de hacerle un solo rasguño...»
Sin embargo, una chispa de demencia brilló en mis ojos ensangrentados.
«No... eso no significa que la operación haya fallado. Si no puedo someterla, ¡tendré que sacrificar mi propia vida en esto!»
Un aura oscura y corrosiva comenzó a emanar de los poros de mi piel. Extendí mi mano temblorosa y saqué un frasco de cristal negro, consumiendo sin dudarlo el fragmento congelado de la Droga del Dios Demonio.
Al principio, no pareció haber un descontrol salvaje, pues mi núcleo divino aún luchaba por mantener el dominio; pero de pronto, una luz cegadora e infernal iluminó la ciudad entera. La metamorfosis fue instantánea y aterradora. Mi cuerpo dejó de pertenecer a la categoría de un dios para convertirse en la de un ser Supremo. Mis manos se deformaron, perdiendo cualquier vestigio de gracia o toque divino que me quedaba, transformándome en un demonio híbrido, mitad dios y mitad abominación.
Lanzas de energía oscura y chispas violetas tronaban violentamente a través del aire a mi alrededor, distorsionando la gravedad misma de la capital.
(Perspectiva de Eime)
Me cubrí el rostro con el brazo mientras el impacto de la onda expansiva amenazaba con arrancarme del suelo. Mis ojos se abrieron de par en par ante el monstruoso cambio frente a mí.
—¿Qué mierda...? —balbuceé, sintiendo cómo mis piernas se tensaban automáticamente—. ¿Qué es esta presión tan desquiciada...? ¡Me está haciendo retroceder!
De pronto, una enorme luz oscura me impactó de lleno, desencadenando una detonación de maná tan colosal que simulaba una bomba atómica de pura energía destructiva. El suelo se vaporizó al instante y una onda de choque abrasadora se expandió en todas direcciones.
«¡Maldición!» —pensé mientras cruzaba los brazos y canalizaba mi barrera al límite—. Intenté detener el impacto a toda costa; si dejaba que semejante cataclismo alcanzara la zona donde Emanuel estaba luchando o la ruta de evacuación de Kael y Varion, sería una muerte segura para él y para mis compañeros. Pero me confié demasiado... y ahora el alcance era desorbitado. Es muy tarde, ¡ya no podré contener esta explosión solo con magia convencional!
En medio de la cegadora marea de maná oscuro y llamas infernales, me comuniqué telepáticamente con mi invocación suprema.
—Emperor... ¿me estás escuchando, verdad?
—¿Eime? —la voz retumbante y ancestral del monstruo legendario resonó en mi mente con serenidad—. Parece que estás en serios problemas...
—¿Ya terminaste de evacuar a todas las personas de la superficie? —le pregunté, ajustando el agarre sobre mi espada mientras sentía la carne de mis brazos quemarse y regenerarse al instante por la adaptación.
—Por supuesto.
—Bien... Creo que ya no podré contener mi verdadero poder. Usaré el 60% de mi Adaptación de Inmortalidad... ¿Crees que haya alguna posibilidad de que salgamos de esto sin destruir el planeta entero?
—Tú no te preocupes por eso, déjamelo a mí —respondió Emperor con la aplastante confianza de una criatura considerada imposible de destruir—. De todos modos, podrás adaptarte a cualquier cosa que esos oponentes te lancen. Recuerda que, en este campo de batalla, el mayor riesgo para todos ellos eres tú.
—Sí... eso lo sé muy bien —susurré, mientras una sonrisa desafiante volvía a encenderse en mis labios y una espiral de energía cósmica comenzaba a resquebrajar la realidad a mi alrededor—. Por eso preguntaba si podía usarlo...
—Hazlo ahora —ordenó Emperor—. Yo iré enseguida

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