Leer The strongest warrior of humanity (Novela) Capítulo 280 online gratis en español
🏴 Grupo: Español✍️ Traducción: Español
—Vaya... Te preocupas más por los demás que por ti mismo. Debo admirar eso de ti —murmuró el Dios Nocturno, soltando una risita helada mientras la hoja ensangrentada vibraba contra mi guadaña—. No eres como un héroe, pero eres un caballero. Un caballero nunca debe dudar de sus decisiones, ¿verdad? Eso me recuerda a él... No cabe duda, tú y él son iguales. Espero que te hagas más fuerte, porque para lograr recuperar a tu amiga, tendrás que matarme a mí para poder librarte de mi magia de control del cuerpo.
Desde el suelo, empapada en la sangre de los nuestros y abrazándose los brazos con los dedos temblorosos, Queen alzó la mirada con los ojos desorbitados por el dolor, ahogando un sollozo que se le atragantaba en el pecho.
—¡Déjala ir...! —gritó Queen, con la voz rota y desarticulada por el llanto, desgarrándose la garganta—. ¡Déjala en paz! ¿Qué culpa tenía ella? ¿Por qué le quitaste todo a ella? ¡Dímelo! ¿Qué es lo que realmente buscas, Dios Nocturno? ¿Por qué siempre tú... por qué siempre le arrebatas la vida a los demás?
La entidad no parpadeó. La mirada oscura en el rostro de Shiro se volvió remota, tan fría, vacía y profunda como un océano muerto.
—Jamás lo vas a entender. Tú y ella simplemente se cruzaron en mi camino —sentenció la entidad, inclinando la cabeza con una indiferencia pasmosa—. Para tu información, tu clan también era una amenaza. Mejor dicho, tú eres la única que queda porque los tuyos se vendieron ante una guerra donde los clanes estaban destinados a morir en ese acto. Todo el mundo tiene su propia tumba. Yo pensaba así al inicio, cuando era débil... ¿Y sabes quién sabía la verdad sobre mi pasado?
El Dios Nocturno hizo una pausa, dejando que el viento violento agitara los restos de ropa quemada y el polvo de la masacre.
—Solo una mujer abismal lo sabe... Sayu sabía cómo terminarían las cosas. Me convertí en un Dios para matar y no dejar que nadie me derrote ni me menosprecie como ellos lo hicieron conmigo. Yo era una burla, yo era una basura... ¿Pero cómo se sintió al matar a todo mi clan? ¿Realmente me importaba antes? Me dio importancia en su momento, pero ahora ya todo me da igual. Una humana como tú jamás lo podría entender. Toda mi vida como alguien que ya ha vivido muchas guerras, batallas, conquistas y fracasos que uno tiene que llevar y cargar con ello... aunque no tengas con quién contar, solo contigo mismo.
Apreté los dientes hasta sentir el sabor metálico, sintiendo las Llamas del Infierno arder con más furia en mi interior mientras el éter amenazaba con devorar mis defensas.
—Hablas de tu pasado como si justificara la masacre que estás haciendo —siseé, dando un paso al frente mientras marcaba la distancia precisa entre él y Queen—. Pero no me importa cuántas guerras hayas vivido ni cuánto te hayan pisoteado. Yo no soy como los que te convirtieron en este monstruo... y no voy a dejar que te salgas con la tuya.
—Piensas mucho... —se burló el Dios Nocturno, soltando una risa rasposa y carente de cualquier rastro de humanidad—. Y si no me arrepiento de lo que hice es porque yo solo sabía una cosa: para convertirme en un monstruo tenía que matar, matar, matar y matar. Cuando luché contra los dioses, un ejército nivel dios y las grandes razas... humanos, dragones... ninguno pudo vencerme. Para mí todos eran débiles. Hasta que aparecieron los Diez Héroes Legendarios. Ellos no eran cualquier cosa; tenían una fuerza impresionante. Nicolás, Alexander... el Héroe de las Dagas también era fuerte. Pero hace mil años, ni los diez juntos pudieron contra mí. Solo uno logró pararme por un segundo: el Primer Héroe Legendario. Sobre todo, sé que han salido con vida Hércules... y el Héroe de la Lanza.
El Dios Nocturno ladeó la cabeza con lentitud, contemplando el rastro absoluto de destrucción a su alrededor.
—Yo juré haberlos matado... ¿cómo es que están vivos?
—¿Te lo preguntas, verdad? Es verdad que están vivos gracias al Rey de los Vampiros, Asanbosam Lasyder. Sobre todo, jamás creí que matarías a nuestros camaradas... y es por eso que acabaré contigo ahora.
Una carcajada sádica y distorsionada brotó de la garganta de Shiro, haciendo retumbar las ruinas del recinto con una vibración macabra.
—¿En serio piensas eso? Sabes perfectamente que el resultado será el mismo —sentenció el Dios Nocturno, ajustando el agarre sobre la espada maldita envuelta en materia oscura—. Terminarás igual que ellos. Solo espera... ya pronto irás a verlos.
Sin dar un solo milisegundo de margen, el Dios Nocturno pateó el suelo y el espacio colapsó instantáneamente en un rastro de ceniza, gritos y sombras.
—Tienes razón, el resultado será el mismo —murmuró el Héroe de la Lanza, apretando el agarre sobre su arma mientras contemplaba los restos mutilados en el suelo—. Pero que hayas matado a mis amigos... eso es injusto, ¿verdad? ¿Entonces esto será el resultado por la cual no has podido cambiar nada, Queen?
Dando un paso al frente para ponerse ante la Heroína de la Luz, el Héroe de la Lanza miró de reojo al joven caballero.
—Chico de cabello negro... gracias por cuidar de esa chica y de la Heroína de la Luz, Jasmin. Ahora déjanoslo a nosotros dos.
—¿Estarás seguro de que podrán con él? —preguntó Carlos, evaluando con los ojos entrecerrados las profundas heridas que ambos guerreros aún arrastraban.
—Tal vez perdamos —respondió el Héroe de la Lanza con una sonrisa sombría que no alcanzaba sus ojos—, pero la esperanza nunca se pierde si no intentas avanzarlo por ti mismo. Debemos recorrer cada dato de nosotros si deseamos ser los mejores, y por eso soy el cuarto más fuerte. ¿O qué opinas, Hércules?
Hércules dio un paso pesado hacia adelante, haciendo crujir las piedras destrozadas del recinto mientras aferraba su arma con una furia contenida y temible.
—Es tal como dices. No sabemos cómo todo podría terminar de esta forma... Si usamos al cien por ciento nuestros poderes podremos hacer algo con él. Es una pena que en verdad hayan muerto Nicolás y Alexander, y sobre todo el chico Dash... ¿En verdad somos una gran amenaza?
El Dios Nocturno flotó un par de centímetros sobre el suelo, utilizando la boca de Shiro para soltar una risotada rasposa y cargada de un desdén asqueroso.
—Mira quién lo dice. ¿Ustedes me atacan en grupo? Se ven tan débiles que ni siquiera pueden contra mí solo.
—Para tu información... tú estás usando un cuerpo vivo para luchar contra nosotros —escupió Hércules, encarando directamente a la entidad con los ojos inyectados en ira—. ¿Ni por ti mismo puedes salir? Qué manera tan cobarde de actuar, Dios Nocturno.
Las sombras abismales alrededor de la entidad reaccionaron con una violencia desmedida ante el insulto, agitando la atmósfera con un rugido ensordecedor que perforaba los oídos.
—Tanta verdad... En verdad debería darte un trofeo, pero el único trofeo que llevarás será tu propia cabeza, ser miserable —siseó el Dios Nocturno a través de los labios sangrientos de Shiro, con una sonrisa que se deformó en pura malicia.
¡¡¡BOOM-CRACK!!!
En una milésima de segundo imperceptible, la entidad pateó el aire, rompiendo la barrera del sonido con un estampido sónico. La espada maldita trazó un arco de sombras concentradas directamente hacia la yugular de Hércules.
—¡No en mi guardia! —bramó el Héroe de la Lanza.
Con un movimiento casi invisible, la lanza dorada interceptó la estocada abismal. El chispazo celestial y la materia oscura salpicaron el suelo en un estallido de energía atávica que agrietó las ruinas a su alrededor. El impacto fue tan colosal que la tierra cedió bajo los pies del Héroe de la Lanza, levantando una nube de polvo, pero el guerrero sostuvo la posición con los dientes apretados sin ceder un solo milímetro.
—¡Ahora, Hércules! —gritó el Héroe de la Lanza, girando su arma con maestría para enganchar el filo del enemigo y exponer la guardia del Dios Nocturno.
—¡¡¡TOMA ESTO, MONSTRUO!!! —rugió Hércules.
Aprovechando la milimétrica apertura, Hércules descargó su maza envuelta en maná de impacto puro en un tajo descendente contra el torso de la entidad. El aire explotó con el soplido ensordecedor de una bomba. El Dios Nocturno, al verse acorralado, no tuvo más remedio que usar el brazo izquierdo de Shiro para bloquear el brutal ataque.
¡¡¡CRUNCH-FWOOSH!!!
El impacto del golpe destructivo de Hércules fracturó los huesos del brazo de la chica con un crujido sordo y repugnante, haciendo que la fuerza brutal de la maza mandara a la entidad volando hacia atrás. Patinó y se arrastró por el suelo destrozado durante decenas de metros hasta chocar con violencia contra un muro de piedra que terminó de derrumbarse sobre ella.
—¡Aún usando un cuerpo ajeno no puedes contener la fuerza de dos héroes! —gritó Hércules, escupiendo un hilo de sangre por el esfuerzo mientras avanzaba a grandes zancadas sin darle un solo respiro a la entidad.
La humareda de escombros se dispersó con violencia cuando el Dios Nocturno volvió a ponerse en pie. El brazo de Shiro colgaba completamente inerte, roto en un ángulo antinatural y grotesco, pero la entidad se limitó a soltar una risotada desquiciada mientras la materia oscura comenzaba a retorcerse, borboteando y acomodando la carne a la fuerza con un sonido húmedo.
—¿Creíste que romper el contenedor me detendría? —se burló el Dios Nocturno, fijando sus ojos completamente negros y vacíos en ambos héroes—. Solo están desgastando la vida de la chica que el caballero tanto quiere salvar... Cada golpe que me asestan es un paso más hacia su inevitable muerte.
El Héroe de la Lanza apretó la empuñadura con tanta fuerza que sus nudillos se tornaron completamente blancos, sintiendo el peso aplastante de la trampa psicológica de la entidad.
—Nosotros no vinimos a dudar —sentenció el Héroe de la Lanza, alzando la punta incandescente de su lanza con una determinación helada—. Liberaremos a la chica y enterraremos tu maldito nombre hoy mismo.
—Queen... ¿dijiste que ella significa algo para ti? —preguntó el Héroe de la Lanza, sin despegar ni un segundo la mirada del Dios Nocturno mientras reajustaba su postura de combate—. Entonces creo que es hora de que hagamos algo ahora mismo. ¿Sabes qué cosa podría detenerlo de una vez por todas?
Jasmin, la Heroína de la Luz, alzó la cara con dificultad entre el polvo, los escombros y la sangre seca de sus compañeros. Sus manos temblaban de forma incontrolable, pero al escuchar las palabras del héroe, una chispa de ardiente determinación volvió a encender sus ojos apagados.
—Bueno... cuando luché contra él hace mil años casi muero al usar todo mi poder y destruir todo el continente entero con tan solo usar mi mana celestial... —respondió Queen con la voz entrecortada, apretando los puños con fuerza contra el suelo destrozado.
—¿Pero...? —apuró Hércules con impaciencia, manteniendo la maza en alto para frenar cualquier embestida imprevista de la entidad.
—Pero para activar semejante técnica necesito tiempo... y una canalización de maná puro que filtre la podredumbre del abismo sin destrozar el frágil cuerpo de Shiro en el proceso —confesó Queen, poniéndose de pie a duras penas mientras una luz dorada comenzaba a arder tímidamente a su alrededor.
El Dios Nocturno los observó a los tres, ladeando la cabeza con una sonrisa grotesca mientras la materia oscura terminaba de soldar por completo los huesos rotos del brazo del contenedor.
—¿Tiempo? —se burló la entidad, haciendo resonar su voz abismal y hueca en todo el recinto—. No les daré ni un maldito segundo para formular un milagro.
¡¡¡FWOOSH-BOOM!!!
El Dios Nocturno se lanzó al ataque en un destello de sombras puras, pero esta vez Hércules y el Héroe de la Lanza se cruzaron al unísono en su trayectoria, chocando con furia y formando un muro infranqueable con sus armas.
—¡Carlos! —gritó el Héroe de la Lanza, bloqueando el filo maldito con el asta de su arma mientras las chispas llovían sobre su rostro—. ¡Protege a Queen mientras prepara la magia celestial! ¡Nosotros mantendremos a este monstruo ocupado aunque nos cueste la vida!
Las Llamas del Infierno a mi alrededor rugieron en respuesta con un bramido feroz. Apreté el agarre sobre la guadaña sangrienta y me posicioné justo delante de Jasmin, clavando mis ojos galácticos en la deidad poseída.
¡¡¡FWOOSH-SHHH...!!!
El calor abrasador que rodeaba el área se extinguió de golpe en una fracción de segundo. Las Llamas del Infierno, que ardían en un tono negro y carmesí sobre todo mi cuerpo, se disiparon por completo como simple humo arrastrado por una ráfaga de viento. La presión aplastante del éter atávico cayó a cero absoluto y mis ojos galácticos recuperaron su apagado tono normal.
El sobreesfuerzo extremo y la quemadura interna del maná consumieron el último aliento de mi transformación. La guadaña sangrienta cayó pesadamente contra la piedra con un eco sordo y me hincé de rodillas, jadeando con desesperación mientras el dolor punzante de las heridas de sombra volvía a golpear mi carne sin piedad, sin el filtro protector de la furia.
—Muy tarde... —murmuré con la voz rasposa, quebrada y ahogada, apretándome el pecho con fuerza mientras el sudor frío y espeso corría por mi rostro pálido.
El Dios Nocturno frenó su avance violento a mitad del aire, posando los pies con una elegancia macabra y grotesca sobre los escombros. La mirada de la entidad se fijó directamente en mí, y la boca de Shiro dibujó una sonrisa aún más sádica al ver cómo mi transformación se venía abajo.
—Vaya, vaya... —se burló la entidad, bajando lentamente la espada maldita mientras el aura abismal revoloteaba perezosamente a su alrededor—. Pareces haber llegado a tu límite, caballero. Tu fuego infernal se ha extinguido por completo y la luz de tu querida heroína apenas es una chispa miserable a punto de apagarse.
Queen ahogó un grito de pánico absoluto tras de mí, deteniendo por un instante la peligrosa concentración de su maná celestial al ver que me había quedado totalmente sin defensas.
Hércules y el Héroe de la Lanza apretaron los dientes con furia, dando un paso atrás para formar un semicírculo defensivo perfecto entre el Dios Nocturno, Queen y mi cuerpo colapsado en el suelo.
—No te distraigas, chico de cabello negro —dijo el Héroe de la Lanza sin mirar atrás, manteniendo la punta brillante de su arma fija en la entidad—. Si tus llamas se apagaron, nos toca a nosotros sostener el peso de esta maldita batalla.
—Aguanta el aire, Carlos —añadió Hércules, haciendo crujir ruidosamente los nudillos con los ojos inyectados en sangre—. Mientras nos quede una sola gota de vida a los Diez Héroes Legendarios, este monstruo inmundo no tocará a nadie más.
El Dios Nocturno soltó una carcajada distorsionada y metálica que hizo temblar la tierra ensangrentada bajo nuestros pies.
—¡Qué patético! ¡Veamos cuánto duran dos cadáveres vivientes protegiendo a un inútil incapacitado y a una niña asustada!
—¡Veamos si tienes los huevos de matarme, dios de mierda! —grité a pleno pulmón, haciendo retumbar mi voz por encima del dolor desgarrador que me destrozaba por dentro.
Forcé a mi cuerpo lisiado a levantarse contra toda lógica y ley de la física. Aunque las Llamas del Infierno se habían extinguido y mi éter estaba en cero, la rabia desbocada y la adrenalina pura reencendieron a la fuerza el maná en mis venas. Un chispazo salvaje de electricidad purpurina y dorada comenzó a danzar furioso por mis brazos, haciendo vibrar la atmósfera a tal nivel que el aire a nuestro alrededor empezó a rasgarse en mil pedazos.
—¡¡¡DIOS DEL RAYO: CORTE DIMENSIONAL!!! —rugí con el alma, descargando mi guadaña en un tajo transversal absoluto.
¡¡¡CRACK-THUNDER-BOOM!!!
El relámpago atávico no fue una simple descarga eléctrica; fue una grieta espacial de puro poder que cortó el lienzo de la realidad en dos. La onda de choque combinada de maná celestial y electricidad abrió una falla en el espacio-tiempo que avanzó en línea recta y despiadada hacia el Dios Nocturno, desintegrando el suelo, las rocas y los escombros a su paso con un estruendo ensordecedor.
Los ojos negros de la entidad se abrieron de par en par, reflejando por primera vez una chispa de sorpresa. La velocidad titánica y la masa brutal del ataque dimensional rompieron la barrera de su aura abismal antes de que pudiera levantar su espada para reaccionar por completo.
¡¡¡FWOOSH-SLASH!!!
La grieta espacial impactó de lleno contra el costado del Dios Nocturno. Un alarido agónico, distorsionando horriblemente entre la voz grave de la entidad y el grito desgarrador de dolor de Shiro, rompió el estruendo de los truenos. El brutal impacto mandó a volar a la criatura cientos de metros hacia atrás, haciéndola colisionar violentamente contra la cordillera de ruinas mientras el relámpago purpurina continuaba calcinando la atmósfera.
Caí de rodillas de nuevo, escupiendo un bocado espeso de sangre por el violento retroceso del hechizo dimensional, pero sin despegar ni un segundo la mirada de la densa nube de humo.
—¡Ahora, Queen! —gritó el Héroe de la Lanza, aprovechando con astucia la apertura dorada que mi ataque acababa de crear—. ¡Usa el tiempo que te dio Carlos y desencadena tu maná celestial! ¡Esta es nuestra única oportunidad!
El brillo cegador del relámpago dorado y purpurina rasgó el aire frente a mis ojos con una fuerza tan brutal que la onda expansiva me obligó a cubrirme el rostro con los brazos. Carlos acababa de lanzar una técnica de nivel divino teniendo el cuerpo completamente destruido, desafiando a la muerte misma solo para comprarme unos segundos vitales.
Él está arriesgándolo todo... y yo sigo aquí, temblando como una cobarde.
Ver su espalda colapsar de nuevo sobre las duras piedras, escupiendo sangre oscura por el contragolpe devastador de su propio hechizo, hizo que algo dentro de mí se rompiera de forma definitiva. El trauma, la culpa asfixiante por las muertes de Alexander y Nicolás, el pánico paralizante a perder a Shiro... todo quedó relegado al fondo por una sola certeza inquebrantable: si no actuaba ahora mismo, el sacrificio de Carlos y de los legendarios no habría servido absolutamente de nada.
—No voy a dejar que sus muertes sean en vano... —murmuré con firmeza, secándome las lágrimas con el dorso de la mano ensangrentada.
Puse las palmas temblorosas sobre el suelo agitado por la electricidad residual. Respiré hondo y cerré los ojos, ignorando por completo la podredumbre del maná abismal que aún quemaba el ambiente. Busqué en lo más profundo de mi ser, en el núcleo sagrado y puro que me había convertido en la Heroína de la Luz.
Luz Celestial: Dominio Absoluto.
¡¡¡FWOOOOSH!!!
Un pilar titánico de luz dorada y pura brotó de mis manos, elevándose hacia el cielo nocturno y disipando instantáneamente las pesadas nubes de sombra que cubrían todo el recinto. El aura era tan tibia, cálida y serena que comenzó a sanar superficialmente los cortes profundos del Héroe de la Lanza y de Hércules, mientras creaba un filtro mágico sagrado para purificar el abismo sin dañar en lo más mínimo el cuerpo físico de mi amiga.
A lo lejos, entre los escombros humeantes provocados por el Corte Dimensional, la sombra del Dios Nocturno comenzó a ponerse en pie con lentitud. El costado de Shiro echaba humo por la quemadura brutal del rayo, pero la materia oscura retorcía su carne con furia homicida. Los ojos negros de la entidad me fijaron directamente a mí, sintiendo finalmente la amenaza real del maná celestial que se acumulaba a gran escala.
—Imposible... —siseó el Dios Nocturno entre dientes, apretando la espada maldita mientras el aire a su alrededor colapsaba en llamas negras—. Esa maldita luz...
—¡Héroe de la Lanza! ¡Hércules! —grité con la voz firme por primera vez en toda la batalla, con los ojos brillando en un oro incandescente y poderoso—. ¡Manténganlo a raya diez segundos más! ¡Voy a arrancar al Dios Nocturno del cuerpo de Shiro sin importar el precio!
El dolor del Corte Dimensional de ese mocoso de cabello negro era real, pero exquisito, casi delicioso. Sentir el tejido de este recipiente de carne ser deshecho por maná puro solo alimentaba mi profundo desprecio por los mortales. Sin embargo, cuando la luz dorada de la mocosa, Queen, comenzó a elevarse en un pilar incandescente hacia los cielos, lo entendí de inmediato: su maná celestial era la única fuerza en este plano capaz de arrancarme de la chica y sellar mi esencia para siempre.
Creen que me tienen acorralado. Qué criaturas tan patéticamente predecibles.
Dejé que el cuerpo inerte de Shiro colapsara pesadamente sobre los escombros. Aflojé deliberadamente el agarre de la espada maldita, dejando que el metal chocara contra las piedras con un eco sordo e inerte. Desactivé el aura abismal de golpe, haciendo que el humo negro se disipara para revelar a la chica aparentemente desangrándose, con el brazo roto y el costado destrozado por el rayo.
Forcé a la garganta de Shiro a emitir un gemido débil, lastimero, casi inaudible, mezclando las lágrimas reales del recipiente con mi propia actuación magistral:
—A... ayúdenme... por favor... ya no puedo más...
El sucio engaño funcionó a la perfección absoluta.
—¡La luz de Queen está funcionando! ¡Está perdiendo el control del cuerpo! —gritó Hércules con entusiasmo, bajando la maza un par de centímetros mientras sus ojos se abrían con una mezcla peligrosa de alivio y triunfo imprudente.
El gigante avanzó a pasos agigantados hacia mí, descuidando por completo su postura defensiva en su afán desesperado por rematar al monstruo o rescatar a la mocosa. El Héroe de la Lanza intentó advertirle con un grito, pero era demasiado tarde. La arrogancia ciega de los héroes siempre ha sido su mayor y más ruin debilidad.
Caíste en la trampa, basura.
En la fracción exacta de segundo en que Hércules quedó a mi alcance, la debilidad falsa en el rostro de Shiro desapareció por completo. Los ojos de la chica volvieron a teñirse de un negro absoluto y una sonrisa monstruosa, retorcida y sádica se dibujó en sus labios.
¡¡¡SHING-CRACK!!!
No usé la espada. Canalicé una aguja concentrada, invisible y letal de materia oscura directamente desde la palma de la mano izquierda de Shiro y atravesé el aire a una velocidad cegadora. La púa abismal penetró el esternón de Hércules de lado a lado, destrozando por completo su corazón celestial antes de que su mente pudiera siquiera procesar lo ocurrido.
La sangre hirviente y espesa del gigante me salpicó el rostro. Los ojos de Hércules se desorbitaron por el impacto mortal y su enorme maza cayó al suelo con estrépito, haciendo retumbar las ruinas por última vez.
—Uno menos en la lista... —susurré con la voz rasposa de la entidad, viendo cómo la luz de la vida se apagaba para siempre en la mirada del héroe legendario mientras su colosal cuerpo caía de rodillas a mis pies.
Continuará...

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The strongest warrior of humanity (Novela)
Capítulo 281
The strongest warrior of humanity (Novela) Capítulo 280
Estás leyendo el capítulo 280 de The strongest warrior of humanity (Novela), un novela. La historia sigue a un niño que aspira a ser un guerrero destacado en su academia. A lo largo de su camino, enfrenta diversas situaciones desafiantes, pero finalmente es traicionado por su hermano y amigos. Tras su… Este capítulo tiene publicado el 26 de agosto de 2026, Traducido por el grupo Español. The strongest warrior of humanity (Novela) tiene 344 capítulos disponibles en LectorTMO, en español y sin registro.