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Leer The strongest warrior of humanity (Novela) Capítulo 26 online gratis en español

🏴 Grupo: Español✍️ Traducción: Español
CAPÍTULO 26: El reencuentro del destino y las llamas de la justicia El carruaje avanzaba a paso firme por el camino de piedra que serpenteaba hacia el valle, sacudiéndose ligeramente con el impacto de cada bache e imperfección del terreno. En el exterior, el hermoso paisaje rural se extendía bajo la inmensidad de un cielo azul completamente despejado de nubes. Natsuki miraba plácidamente por la ventana lateral, apoyando el antebrazo sobre el borde de madera y descansando suavemente su mejilla sobre la muñeca. Una sonrisa tranquila y llena de paz se dibujó en sus finos labios al sentir la brisa mañanera. —Qué vista tan verdaderamente hermosa, ¿no lo crees así, Carlos? —Supongo que tienes muchísima razón —le respondí de forma pausada, mientras observaba cómo el resplandor radiante del sol se reflejaba doradamente sobre los densos prados de césped. De pronto, los profundos ojos azules de Natsuki se iluminaron con un brillo infantil al divisar a lo lejos a un gran grupo de hermosos caballos blancos galopando en perfecta libertad a la distancia. Sus cuerpos eran robustos y atléticos, dotados de cuellos largos y erguidos con orejas siempre atentas al viento. Sus espesas colas se movían con una elegancia salvaje, levantando a su paso nubes de polvo dorado que brillaban intensamente bajo el camino. —Parece que no estás para nada aburrida en este trayecto —le dije dibujando una media sonrisa en el rostro—. Te entretienes de lo más bien con tan solo quedarte contemplando un par de caballos salvajes. Por mi parte, a diferencia de su disfrute, yo apenas podía mantener el equilibrio sentado en el sillón de tela. El vaivén constante y los baches del camino me estaban revolviendo salvajemente el estómago. —Ugh... creo que en cualquier segundo voy a terminar vomitando todo el desayuno... —¡Vamos, no seas tan patético ni te comportes como una gallina asustadiza! Tienes que aprender a aguantar el movimiento —respondió Natsuki con un tono profundamente burlón. —Lo sé perfectamente, pero es que este mareo... —¡Nada de peros! —interrumpió ella, luciendo sumamente divertida por mi miseria—. A veces me pongo a pensar que realmente no me gusta para nada que me andes dando órdenes en la casa. Parezco tu pequeña mascota obediente. —¿Mascota...? —bufé escéptico—. Si de verdad lo fueras, ¿no crees que ya estaría alimentándote a la fuerza con croquetas en este momento? —De verdad eres un completo y absoluto idiota —replicó Natsuki lanzándome una mirada desafiante y cruzándose de brazos—. Lo único que sabes hacer bien en esta vida es dormir todo el día y tropezarte con tus propios pies. Debo admitir que sus palabras directas dolieron en el orgullo más que cualquier golpe físico que me hubiera dado. —¿Falta mucho para que al fin lleguemos al centro del pueblo? —pregunté sumamente cansado. —Sí, ya estamos prácticamente a punto de llegar —respondió ella asomándose al horizonte—. Aunque sinceramente deberías tranquilizarte un poco, Carlos. —¡Pero si tú fuiste exactamente la persona que me invitó a salir de la casa, así que no te andes quejando ahora! Natsuki me miró fijamente y terminó por mostrarme una sonrisa extrañamente perturbadora y calculadora. —¡Jejeje! Cada vez que ponía esa expresión en el rostro, debo confesar que me daba un miedo verdaderamente genuino por mi vida. Horas más tarde, el carruaje finalmente redujo la marcha y se detuvo por completo a un costado de la plaza principal. Nos bajamos con agilidad y el aire fresco y animado del pueblo nos recibió al instante. Las pintorescas calles de piedra estaban abarrotadas de gente transitando de un lado a otro; el eco vibrante de los puestos de mercado, los pregoneros vendiendo sus productos y las risas de los niños llenaban cálidamente el ambiente. EL ENCUENTRO Nos pusimos en marcha en dirección a un concurrido restaurante cercano para buscar algo de comer, pero justo antes de cruzar la entrada del establecimiento, vi una escena que me heló por completo la sangre en las venas. En un callejón contiguo, un grupo de chicos sospechosos y de mal aspecto se encontraba acorralando y molestando agresivamente a una joven. La chica poseía un hermoso cabello rubio, largo y completamente lacio, y unos ojos de un vivo amarillo brillante que reflejaban puro pavor. Vestía una sencilla playera roja, una falda larga de tono amarillo y unas curiosas zapatillas de aspecto transparente. Pero no era su ropa lo que me detuvo en seco... era su rostro, los rasgos de sus facciones y esa mirada inconfundible... No podía ser posible. Mi mente se negaba a procesarlo. Era Mío Amaya. La misma chica maravillosa que había muerto trágicamente frente a mis ojos durante los eventos de mi vida anterior. Simplemente no podía dar crédito a lo que mis ojos estaban presenciando en este presente. —Estás viva... estás de verdad viva... —susurré en un hilillo de voz ahogada por la emoción—. Te lo juro por mi alma... esta vez jamás permitiré que mueras. En ese momento, uno de los agresores sujetó bruscamente a Mío del brazo, jaloneándola sin piedad. —¡Oye, te dije claramente que vinieras con nosotros por las buenas, pedazo de malagradecida! —gritó el sujeto con violencia. Mío lo rechazó con firmeza intentando zafarse del agarre. El tipo, completamente fuera de sí por la furia, le asestó un manotazo que la hizo caer de golpe contra el duro suelo de piedra. Grandes lágrimas de dolor e impotencia comenzaron a correr copiosamente por sus sonrojadas mejillas. Comencé a caminar directamente hacia ellos sintiendo cómo la sangre me hervía a temperaturas extremas dentro del cuerpo. En el milisegundo en que el sujeto intentó agacharse para agarrarla salvajemente del cabello, intervuve de inmediato. Le sujeté la muñeca de la mano armada con una fuerza aplastante, mientras mi mirada se volvía oscura, fría y despiadada. —Oye, pedazo de basura inservible —le dije con una voz baja, grave y helada que resonó en el callejón—. ¿Se puede saber qué derecho carajos te crees que tienes para ponerle un solo dedo encima a esta chica? El sujeto me miró de arriba abajo con una arrogancia desmedida. —Eso no es asunto tuyo, mocoso entrometido. Será infinitamente mejor que te largues corriendo de aquí si no quieres quedar en el ridículo más absoluto frente a la chica que te acompaña. Una sonrisa siniestra y carente de piedad se dibujó lentamente en mi rostro. —Natsuki, toma inmediatamente a la chica y aléjala lo más rápido que puedas de este punto —ordené sin apartar los ojos del agresor. —¡Entendido! —respondió Natsuki con firmeza, levantando con delicadeza a Mío del suelo y apartándola hacia una zona segura a sus espaldas. —¡No! ¡No podemos dejarlo completamente solo contra todos ellos! —gritó Mío desbordada por la preocupación—. ¡Son demasiados y lo van a terminar lastimando de gravedad! —No tienes de qué preocuparte en lo más mínimo —le dijo Natsuki transmitiéndole una confianza absoluta—. Ese idiota de ahí es absurdamente fuerte cuando se enfada. Tan solo confía en él. EL COMBATE Los tres agresores sacaron sus intenciones a la luz y se abalancearon simultáneamente sobre mí. Esquivé el primer golpe de puño con un sutil e impecable movimiento de cabeza. —¿¡Pero qué diablos...!? —balbuceó desconcertado el líder al golpear solo el aire. —Eres absurdamente lento —declaré provocándolo abiertamente. —¿¡Qué fue lo que dijiste, infeliz!? —Que deberías esforzarte por correr un poco más rápido, amigo. La furia del sujeto aumentó a niveles descontrolados. —¿Acaso te crees sumamente valiente únicamente porque tu chica se encuentra mirando la pelea? —¿Y qué tiene que ver eso con el asunto? —respondí elevando la voz—. ¿Acaso la presencia de alguien te otorga el menor derecho de ir por la vida lastimando a los demás? Tú no eres absolutamente nadie en este mundo. El sujeto, acorralado por el resentimiento, desenfundó una navaja afilada de su cinturón, siendo seguido de inmediato por los otros dos rufianes que sacaron armas cortantes. —¿De verdad son tan cobardes que creen que necesitan armas para enfrentarse a un solo chico? —me eché a reír con desprecio, levantando lentamente la mano derecha en el aire—. Yo soy perfectamente capaz de molerlos a palos sin necesidad de tocar un arma. Los tres corrieron enardecidos hacia mi posición. Esquivando con maestría y saltos ágiles cada una de sus estocadas desesperadas, aproveché un hueco abismal en la defensa del líder y le asesté un golpe de puño directo y brutal en el centro del esternón. La fuerza del impacto lo mandó a estrellarse contra la pared de ladrillos, haciéndolo caer pesado al suelo. —¡Puaj! —escupió una gran cantidad de sangre y saliva, retorciéndose de dolor. Los otros dos agresores se acercaron gritando como locos para intentar atacarme por la espalda. Extendí mi mano hacia el frente; la presión atmosférica del callejón se agitó violentamente. Una impresionante muralla de fuego incandescente brotó desde el suelo frente a mí, envolviendo todo el lugar en un resplandor anaranjado abrasador. Acto seguido, invoqué el poder del viento: un denso tornado de presión se levantó directamente bajo los pies de los dos enemigos, elevándolos por los aires y haciéndolos dar vueltas sin control hasta estrellarse fuertemente contra el suelo. Avancé a paso firme a través de las llamas que se disipaban, permitiendo que mi voz resonara con una firmeza autoritaria que infundía terror puro: —Si vuelvo a verlos a alguno de ustedes tres molestando o tocando a cualquier persona de este pueblo… yo mismo me encargaré personalmente de cortarles las cabezas. ¿Les ha quedado completamente claro el mensaje? El terror más primitivo se reflejó al instante en los rostros magullados de los tres rufianes. Sin pensarlo dos veces, se pusieron de pie a tumbos y salieron corriendo como verdaderos cobardes, tropezándose los unos con los otros hasta desaparecer por completo en las avenidas. DESPUÉS DE LA BATALLA Solté un profundo suspiro de alivio, disipando la magia de mis manos. —Parece ser que ya me encargué de sacar a la basura del día —murmuré para mí mismo. Me volví pacíficamente hacia la posición donde se encontraban las dos chicas. —¿Se encuentran ambas completamente bien? Mío seguía temblando levemente por la adrenalina del momento, con sus mejillas sonrojadas por la impresión. Una voz sumamente tímida, suave y casi quebrada por la emoción escapó lentamente de sus labios. —M-muchísimas gracias de verdad… por haberme defendido de esa manera tan increíble. Sinceramente no tengo la menor idea de cómo agradecerte por lo que hiciste por mí. Le dediqué una sonrisa sincera y cálida. —No fue absolutamente nada. Tan solo quería ayudarte. —Ah, es verdad… qué tonta soy —dijo ella colocándose una mano en el pecho, luciendo algo nerviosa—. Todavía ni siquiera te he dicho cuál es mi nombre. Es un completo placer… mi nombre es Mío Amaya. Su radiante sonrisa iluminó por completo el momento. —El gusto es absolutamente mío, Mío —respondí viéndola fijamente a los ojos—. Aunque… para serte honesto, ya sabía perfectamente quién eras desde antes. Esta vez… —pensé con el corazón henchido de determinación mientras contemplaba la hermosa vista del atardecer cayendo sobre los tejados del pueblo—... te lo juro por mi vida, Mío... esta vez no permitiré bajo ninguna circunstancia que tu destino termine de la misma forma trágica. Continuará…
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The strongest warrior of humanity (Novela) Capítulo 26

Estás leyendo el capítulo 26 de The strongest warrior of humanity (Novela), un novela. La historia sigue a un niño que aspira a ser un guerrero destacado en su academia. A lo largo de su camino, enfrenta diversas situaciones desafiantes, pero finalmente es traicionado por su hermano y amigos. Tras su… Este capítulo tiene publicado el 25 de abril de 2026, Traducido por el grupo Español. The strongest warrior of humanity (Novela) tiene 344 capítulos disponibles en LectorTMO, en español y sin registro.