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Leer The strongest warrior of humanity (Novela) Capítulo 22 online gratis en español

🏴 Grupo: Español✍️ Traducción: Español
CAPÍTULO 22: El filo de la destrucción y la caída del demonio —¡Yo seré absolutamente la única persona encargada de acabar definitivamente contigo en este lugar! —grité con una rabia contenida que hacía vibrar el aire a mi alrededor. Astaroth me contempló desde la distancia, con el rostro completamente desencajado por el desconcierto y la confusión. —¿Es que acaso te golpeaste torpemente la cabeza durante el colapso del castillo, sabandija? ¿Tú... pretendes derrotarme a mí? —su voz rezumaba una incredulidad absoluta y burlona. No esperé ni una sola fracción de segundo a que terminara su respuesta. Me desplace hacia adelante a la velocidad de un relámpago místico y le propiné un golpe físico destructivo directo en el rostro. La magnitud del impacto fue tal que lo mandó a volar por los aires a más de seis metros de altura, estrellando su cuerpo violentamente contra la formación rocosa más alta del bosque. La montaña entera tembló bajo la fuerza del choque. Astaroth escupió tierra y sangre, mirando hacia todas direcciones completamente atónito. —¡Esto... esto no tiene el menor sentido! —farfulló desorientado mientras se ponía de pie a duras penas—. ¿¡Cómo diablos te hiciste tan astronómicamente fuerte en cuestión de simples segundos!? Sin darle la más mínima oportunidad de recomponer su postura, desaparecí por completo de su campo de visión y reaparecí en un parpadeo a su costado izquierdo, cortando la muñeca de su mano armada con un tajo seco y preciso. Astaroth dejó escapar un agudo gemido de dolor mientras la sangre brotaba a borbotones. —Eres absurdamente lento —declaré con una voz helada que resonó en sus oídos—. ¿Acaso no me escuchaste con claridad la primera vez? Te lo dije con todas sus letras: eres demasiado lento para este nivel. El demonio no tardó en reaccionar impulsado por la rabia: canalizó el maná de su alma y blandió con ambas manos la infame Espada Mata-Inmortales. Chocamos acero contra acero a una velocidad cegadora. Sus llamas trascendentes de origen abisal rugieron con furia abrasadora en cada cruce de hojas; algunas de las ráfagas ígneas las esquivé por milímetros haciendo giros acrobáticos, mientras que otras las detuve en el aire utilizando la guarda reforzada de mi espada. Sin detener un solo instante el flujo de mi secuencia de ataque, tiré de la cuerda de mi arco místico y desaté una copiosa lluvia de flechas de luz espiritual que cruzaron el cielo nocturno y mordieron despiadadamente la carne del enemigo. La furia de Astaroth se hizo perfectamente visible en la distorsión de su aura. Respiraba con extrema dificultad, sintiendo por primera vez el peso del agotamiento. —¿Qué clase de monstruosidad o abominación te has convertido? —gruñó profundamente irritado—. ¡Esto es algo que simplemente no puede estar sucediendo…! Mi voz no vaciló en lo más mínimo al responderle. Le hablé con absoluta firmeza sobre lo que había sido mi existencia en el pasado y sobre las verdaderas razones por las cuales jamás me rendiría en una batalla: el recuerdo sagrado de la gente que perdí en la guerra y la necesidad imperiosa de proteger a quienes amaba en el presente. Él me escuchó y respondió con un profundo desprecio dibujado en su rostro: —No me importa en lo más mínimo tu patética y miserable historia de vida. Tan solo acepta de una buena vez que los débiles están destinados a morir sin remedio. ¡Esa es la única e inalterable regla de la existencia! Apreté los dientes con tanta fuerza que me dolieron las mandíbulas. La rabia pura me subió desde el centro del pecho hacia los brazos como si se tratara de un incendio descontrolado. —¡Cállate la boca de una vez, maldito demonio del abismo! —escupí con desprecio. La sonrisa de Astaroth se torció en una mueca grotesca y amenazante. —No importa lo que intentes hacer para cambiar el destino, todo lo que conoces y amas terminará por desaparecer trágicamente frente a tus propios ojos. Sus palabras eran veneno puro cargado de malicia. En lugar de desesperarme, me eché a reír con un tono seco, frío y cortante. —¿De qué carajos te estás riendo? ¿Acaso de verdad crees que esas palabras me afectan? —levanté la hoja de mi espada hacia los cielos, mientras la noche misma parecía partirse en dos bajo el peso abrumador de mi energía espiritual—. Estás profunda y trágicamente equivocado. Activé de inmediato la técnica prohibida: Corte de Caos. Voraces relámpagos de tonalidad púrpura y negra brotaron violentamente de la hoja afilada; la energía mística se quebró en el espacio en miles de cuchillas eléctricas que danzaban en el aire como un enjambre mortal. Me moví a una velocidad tan extrema que resultaba físicamente doloroso para la vista humana seguir mi trayectoria: cortes tras cortes se sucedieron en una sinfonía deslumbrante de luz y destrucción. Uno de los tajos le abrió una profunda y sangrienta herida vertical en la mejilla. Astaroth simplemente no pudo bloquear la secuencia a tiempo. Sin perder un solo latido del combate, cambié drásticamente de arma: la espada se transformó en un destello de luz o, más bien, se combinó de forma magistral con una lanza que se materializó en mis manos. La hoja y el asta eran de un blanco puro y reluciente que irradiaba una luminosidad divina. La Lanza de la Destrucción brillaba en la penumbra del bosque con una belleza sobrecogedora y terrible. Esbocé una sonrisa casi juguetona al sentir la densidad de su poder. —¿Qué nombre tan grandioso debería ponerle a esta combinación...? —murmuré para mí misma antes de lanzarme de lleno al ataque final. Me abalancé sobre él a una velocidad totalmente inhumana, esquivando sus contragolpes y zarpazos mediante saltos imposibles en el aire; nuestras armas chocaban una y otra vez en un estruendo continuo que retumbaba por todo el valle como un trueno incesante. Astaroth empleó con desesperación una serie de espinas demoníacas gigantescas que emergían violentamente desde las profundidades del suelo, buscando empalarme o detener mi avance a toda costa, pero yo me elevé sobre ellas, giré con elegancia sobre mi propio eje y tracé una silueta letal en el aire con la lanza. Nuestras armas volvieron a tronar al colisionar; el demonio dejó escapar un rugido de rabia reprimida. —¡Cállate de una buena vez, maldita humana miserable! —bramó Astaroth fuera de sí—. ¡Tú no eres ni serás jamás un rival digno para mí! ¡Tu derrota definitiva en este lugar es algo totalmente inminente! Sin embargo, su desmedida arrogancia terminó por ser su propia condena. Astaroth elevó la mano para concentrar un rayo oscuro y lanzar su Rayo de Destrucción justo cuando yo arremetía con la lanza; las dos energías colosales impactaron de frente con una fuerza tan destructiva que la onda de presión mística nos sacudió violentamente a ambos. Con un movimiento frío y meticulosamente medido, hice que la punta de mi lanza se cargara con la totalidad de mi maná fusionado y la hundí con una furia implacable: la explosión mística resultante cortó limpia y brutalmente la carne y el acero del enemigo. El brazo entero de Astaroth fue cercenado de su cuerpo, cayendo pesado al suelo y quedando clavado entre una serie de rocas humeantes y ensangrentadas. La mirada de Astaroth perdió por completo la estabilidad y el control. Simplemente su mente se negaba a procesar y aceptar la realidad de los hechos. —¡Te dije claramente que no eras un rival para mí! —rugió desesperado, mirando el muñón de su extremidad sin poder creer lo que presenciaba—. ¡¿Pero qué clase de poder divino o maldito es este?! Lo vi vacilar por primera vez desde que comenzó la batalla. Detrás de su furia desquiciada comenzaba a vislumbrarse algo mucho más profundo: una sombra sofocante que crecía sin control, un aura púrpura y viscosa que olía a pura destrucción cósmica. Sentí, por primera vez en toda la contienda, el verdadero y desgarrador miedo de un ser humano ante la inminencia del vacío: el abismo asomándose directamente al alma golpeada de otro ser. Comprendí en ese preciso instante que aquel aterrador mundo de ruinas que imaginé en mi mente durante la fusión no era una simple invención o pesadilla mía: era la posibilidad real de la naturaleza destructiva que este sujeto traía consigo. No dudé ni un solo milisegundo. Reaparecí milagrosamente justo frente a su rostro y hundí la punta brillante de la lanza directo en el centro de su abdomen; la sangre hirviente manó caliente bañando la empuñadura. Astaroth jadeó violentamente, con los ojos desorbitados por el impacto directo. —¡Mierda...! —fue su último rugido ahogado antes de que la tierra entera debajo de nuestras posiciones estallara en una onda expansiva colosal. El estruendo catastrófico del impacto resonó de extremo a extremo por todo el bosque del reino. Continuará…
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The strongest warrior of humanity (Novela) Capítulo 22

Estás leyendo el capítulo 22 de The strongest warrior of humanity (Novela), un novela. La historia sigue a un niño que aspira a ser un guerrero destacado en su academia. A lo largo de su camino, enfrenta diversas situaciones desafiantes, pero finalmente es traicionado por su hermano y amigos. Tras su… Este capítulo tiene publicado el 25 de abril de 2026, Traducido por el grupo Español. The strongest warrior of humanity (Novela) tiene 344 capítulos disponibles en LectorTMO, en español y sin registro.