Leer The strongest warrior of humanity (Novela) Capítulo 217 online gratis en español
🏴 Grupo: Español✍️ Traducción: Español


Capítulo 217: Sombras del Pasado, Entidades Antiguas y la Ruta Prohibida
Punto de vista: Miguel Sasai, Karen Tanaka, Liz y Perspectiva General
Escena 1: El Vacío Detrás del Rostro Familiar
Miguel caminaba en silencio, observando de reojo a Karen. La brisa de la noche agitaba su cabello, pero había algo en su postura, en la frialdad de su mirada, que no encajaba con la niña que él recordaba. El aura de inocencia que siempre la rodeaba se había esfumado, reemplazada por una madurez amarga y filosa.
—Karen... ¿puedo hacerte una pregunta? —soltó Miguel, rompiendo el silencio mientras su madre caminaba unos pasos adelante.
—Claro, adelante —respondió ella, sin dejar de mirar el camino.
—Dime... ¿por qué cambiaste tanto? Ya no eres la misma de antes.
Karen soltó un suspiro pesado, clavando sus ojos en el cielo estrellado como si buscara respuestas entre las constelaciones.
—En verdad cambié desde que mi hermano fue sellado —confesó con voz apagada—. Y también porque me enteré de una verdad que no quería conocer...
—Te refieres a tus otros dos hermanos... —murmuró Miguel, intuyendo la respuesta.
—Es correcto. Kronos y Dani... son realmente crueles. ¿Y cómo lo sé? Porque hace dos meses, lo vi con mis propios ojos.
Karen cerró los ojos por un segundo, y la imagen de aquel día regresó a su mente como una pesadilla vívida. Se vio a sí misma llegando a la academia, esperando el bullicio habitual, pero encontrando un silencio sepulcral.
“Qué raro, no veo a nadie en la academia... ¿habrá pasado algo?”, había pensado ella en aquel entonces, con una sonrisa que se borró al doblar la esquina y ver a su hermano, Dani. Él tenía sujeta a una chica de cabello rosa, apretando su agarre con una fuerza innecesaria.
“¡Suéltame! Me estás lastimando... ¿Por qué me haces esto? ¿Qué te hice para que tenga que sufrir?”, suplicaba la chica, con los ojos llenos de lágrimas.
“Cállate, mujer estúpida”, había rugido Dani, con una expresión que Karen jamás había visto en él. “¿Crees que vales la pena? Eres una simple escoria... una niña patética que solo depende de su querida hermana mayor.”
“¡Ya basta, detente! ¿Por qué metes a mi hermana en esto?”
“Desde que tú y ella llegaron, solo han provocado problemas...” Dani se acercó al oído de la chica, bajando la voz de forma perversa. “¿Quieres saber quién fue el que las desgració al ingresar?”
“No... fuiste tú...” El rostro de Milin se horrorizó, temblando bajo un miedo del que no podía escapar.
Fue en ese momento cuando Karen salió de las sombras, con el corazón martilleando en su pecho.
“¿H-hermano...?”
“Oh vaya, pero si es mi querida Karen”, dijo Dani, girándose lentamente con una calma aterradora. “¿Cómo has estado, mi adorable hermanita?”
“¿Qué le estás haciendo a esa chica? ¿Por qué? ¡No entiendo cómo puedes ser esa clase de persona!” Karen gritó, sintiendo cómo la confusión y la decepción se mezclaban en su interior. “¡Dime quién eres! ¡Tú no eres mi hermano! ¡Dime quién diablos eres!”
Dani dejó de fingir. Su rostro se descompuso en una sonrisa siniestra, y sus ojos brillaron con un vacío que no pertenecía a este mundo.
“Es tal como dices, humana. No soy tu hermano. Él está muerto.”
“¿Qué? No, no, no... ¡Eso es impossible! ¡Mientes!”, gritó Karen con todas sus fuerzas, pero una voz resonó en su mente, profunda y urgente: la del Dios de la Espada.
“Niña, aléjate de él lo más posible. Llévate a esa mujer de aquí también.”
“Dios de la Espada... ¿por qué? ¿Por qué dices que mi hermano está muerto?”
Karen sintió que el mundo se desmoronaba. Quería llorar, quería caer al suelo y rendirse, pero la desesperación por obtener respuestas sobre su hermano mayor la mantenía en pie, incluso mientras el terror la consumía.
De vuelta al presente, Karen apretó los puños.
—Por eso cambié, Miguel. Porque mientras Carlos lucha por nosotros dentro de ese sello, hay monstruos usando los rostros de mi familia. Y no voy a permitir que sigan manchando su nombre.
Escena 2: La Revelación del Dios de la Guerra y la Advertencia de Akira
Un silencio sepulcral cayó sobre el grupo mientras caminaban por los límites de la ciudad. Las palabras de la madre de Miguel y la revelación del Dios de la Espada, Akira, pesaban más que cualquier armadura.
—Ya veo... espera —murmuró Miguel, uniendo las piezas en su mente—. Fue aquel día del accidente en la academia. Tu hermano y Carlos se enfrentaron... a lo que yo me acuerdo...
—Así es —respondió Karen, con los ojos fijos en el suelo, reviviendo el trauma—. Pero lo que me dijo mi hermano después... fue lo que más me dolió. Un Dios de la Guerra estaba usando el cuerpo de Dani. Su nombre es Daniel... el Dios de la Guerra.
La madre de Miguel se detuvo en seco, palideciendo. Sus manos temblaron ligeramente al ajustarse el abrigo.
—Hijo... no es que quiera interrumpir, pero conozco ese nombre —dijo ella con voz grave.
—¿En serio? —Karen se giró hacia ella con una mirada de acero—. Dime, ¿qué sabes sobre él?
La madre de Miguel suspiró, buscando las palabras adecuadas para describir una pesadilla histórica.
—Ese nombre se hizo famoso hace más de diez mil años por la Gran Batalla que ocurrió en aquella ocasión. Se dice que se ha enfrentado a seres capaces de viajar entre mundos y dimensiones; es un dios que se convirtió en humano. Pero cuando ascendió, todos los demás dioses lo odiaron porque su forma de pensar estaba trastornada. Su poder crecía con el conflicto y la masacre... los dioses terminaron expulsándolo del Reino Celestial.
—Dios de la Espada... ¿tú lo sabías? —preguntó Karen internamente.
“Así es”, la voz de Akira resonó en su mente, más oscura que de costumbre. “Fue expulsado por sus pecados. Lo que no sabía es que ahora trabaja con los Abismales... Tras mi derrota en la gran guerra, supe que el Rey de los Héroes también desapareció y murió. Si lo que dices es verdad, niña, entonces Kronos también debe estar siendo ocupado por un dios o un demonio que solo busca sembrar terror.”
Akira guardó silencio un momento antes de soltar una advertencia que heló la sangre de Karen.
“Karen, lamento decirte esto: mantente alejada de tu hermano Carlos una vez que salga de ese sello. Quiero que te alejes de él.”
—¿Qué? ¿Por qué me pides eso? —gritó Karen en su mente, sintiendo una punzada de traición.
“Niña... ahora entiendo por qué Carlos hace todo solo. Es mejor que no te entrometas en sus asuntos.”
Mientras Karen procesaba el dolor, Akira se hundió en sus propios pensamientos, analizando la verdadera naturaleza de lo que estaba presenciando.
“No creí que fueras a reencarnar, Tanaka Sánchez...”, pensó el Dios de la Espada con un asombro sombrío. “Ahora todo tiene sentido. Ese odio, esa sed de sangre que te consumió hace 32 años sigue aquí. Si dejas que tus enemigos te arrebaten todo otra vez, no habrá nadie que te detenga... Porque tú eres el verdadero monstruo en quien alguna vez los dioses confiaron. Un humano capaz de soportar el dolor y el odio más profundo... pero tu voluntad será quebrada definitivamente cuando pierdas a la persona más importante de tu vida. Y ese día, el mundo conocerá el verdadero fin.”
Karen se quedó en silencio, sintiendo un vacío frío en el pecho. Las advertencias de Akira y el peso del destino de su hermano la hacían sentir pequeña, como una pieza de ajedrez que todos intentan mover sin explicarle el juego. ¿Por qué quieren alejarme de él? ¿Acaso el mundo me esconde una verdad que no pueda soportar?
—Karen —intervino Miguel, rompiendo el trance de la chica con voz firme pero empática—. Todo estará bien. Recuerda que tienes personas aquí para ti. Por ahora, enfócate en ti misma. Cuando llegue el festival el mes que viene, tenemos que estar listos. Ya sabes lo que eso significa.
—Sí, lo sé —respondió ella, forzando una expresión de orgullo para ocultar su tristeza—. Las demás academias vendrán a nuestro instituto y debemos tratarlos con respeto, pero con superioridad... por algo mi hermano es tan molesto con la disciplina.
Escena 3: Encuentro en el Carruaje: Cicatrices y Viejos Amores
—Bueno, ya falta poco para llegar —añadió Miguel, pero fue interrumpido por una presencia inesperada.
—Ejem, señorita Karen... no se preocupe, su carruaje ya está listo.
Karen dio un respingo al escuchar la voz de Nana, su concubina, quien estaba de pie frente a un elegante carruaje negro y dorado, esperando con una expresión impasible.
—¿Se puede saber qué haces aquí, Nana? —preguntó Karen, frunciendo el ceño con desconfianza.
—Su padre la está esperando ahí adentro, señorita...
Karen apretó los labios. El aire se volvió pesado. Sabía que no podía evitar ese encuentro.
—Ya veo... Está bien, iré. Ustedes también vengan conmigo —ordenó Karen, mirando a Miguel y a su madre.
La madre de Miguel, Liz, se quedó en shock. Al escuchar el nombre de quien estaba dentro, su corazón dio un vuelco violento. El pasado regresó a ella como una bofetada; el nombre de Josué Tanaka, su primer amor, resonaba en su mente como un eco doloroso. Liz apretó los dientes y bajó la mirada, tratando de controlar el temblor de sus manos mientras subía los escalones del carruaje.
Al entrar, el espacio pareció reducirse. El aroma a madera y magia antigua inundaba el interior. Sus rostros se reencontraron bajo la luz tenue de las lámparas del carruaje después de una eternidad.
—Tú eres... —soltó Josué, perdiendo por un segundo su habitual compostura de guerrero legendario. Sus ojos, antes fríos, se llenaron de una confusión profunda.
—Han pasado dieciséis años desde la última vez que nos vimos en persona, Josué Tanaka —dijo Liz, con una voz que cargaba el peso de una vida de lamentos.
—Liz... —susurró él, pronunciando su nombre como si fuera una herida abierta que nunca terminó de sanar.
El silencio que siguió fue asfixiante. Miguel y Karen se miraron entre sí, dándose cuenta de que acababan de entrar en un territorio mucho más peligroso que cualquier campo de batalla: el territorio de los secretos del corazón de sus padres.
El ambiente dentro del carruaje era tan denso que parecía que el oxígeno se agotaba. El crujido de las ruedas contra el pavimento era lo único que llenaba los baches del silencio, hasta que Josué finalmente rompió el hielo, manteniendo su mirada fija en Liz.
—Ha pasado mucho, Liz. Dime... ¿cómo te ha ido?
—Bueno, en realidad bastante bien que digamos —respondió ella, aunque sus palabras contrastaban con el ceño fruncido y la amargura que no podía ocultar en su voz.
Miguel se mantuvo en un rincón, tratando de hacerse invisible. Sin embargo, los ojos de Josué, entrenados para detectar la más mínima debilidad en un combate, se posaron sobre él. Notó la ropa desgarrada, las manchas de sangre y la fatiga que emanaba de su cuerpo.
—Pero... —Josué entornó los ojos, analizando la escena—. ¿Qué te pasó, Miguel?
Miguel bajó la cabeza, apretando los puños sobre sus rodillas. No sabía qué decir; la vergüenza y el cansancio le impedían encontrar las palabras adecuadas para no sonar como una decepción frente al hombre que respetaba.
—Mi hijo tuvo un enfrentamiento con su padre —intervino Liz, cortando la tensión con una verdad que dolió como un tajo.
—Ya veo... ¿Así que Misael fue quien te agredió? —preguntó Josué, y por un momento, un destello de ira fría cruzó sus pupilas.
—Tenía que defenderme de él, Josué. Yo... lo... —balbuceó Miguel, intentando justificar por qué había levantado la mano contra su propia sangre.
—No te preocupes, Miguel. No es tu culpa —lo interrumpió Josué con una calma sorprendente, recostándose en el asiento—. Tu padre es alguien imposible de comprender. No sé por qué cambió tanto durante estos largos años... Él no era así cuando tu madre y yo lo conocimos.
Josué miró por la ventana, perdido en recuerdos de una época en la que la amistad no estaba teñida de traición.
—Hubo un tiempo en que Misael tenía honor, pero ahora... parece que algo se rompió dentro de él. Lo que hiciste hoy no fue solo defenderte, fue sobrevivir. Y en este mundo que se avecina, sobrevivir es la primera lección que debes dominar antes del festival.
Karen observaba a su padre con extrañeza. Nunca lo había visto hablar con tanta melancolía de alguien que ahora era considerado un enemigo. La conexión entre los Tanaka y los Sasai era mucho más profunda y dolorosa de lo que cualquiera de los jóvenes imaginaba.
Escena 4: Las Heridas de la Guerra y la Petición Prohibida
El silencio en el carruaje se volvió asfixiante, roto únicamente por el crujido de la madera bajo la presión del aura de Josué. Sus nudillos estaban blancos de tanto apretar los puños; una fuerza que parecía querer desbordar el espacio físico.
—Bueno... también mi madre estuvo a punto de morir —soltó Miguel con la voz quebrada.
Josué bajó la mirada por un segundo. El aire se volvió gélido. Liz, por su parte, apartó la vista hacia la ventana, luchando por contener las lágrimas que amenazaban con desbordar años de maltrato y silencio.
—¿Por qué no me lo dijiste, Liz? —la voz de Josué sonó como un trueno contenido—. ¿Has estado viviendo así durante todos estos años? ¿Por qué? ¡Exijo una respuesta!
Ella explotó. El dique se rompió y años de dolor salieron a flote.
—¡No sabes lo mucho que sufrí! —gritó ella, girándose hacia él con los ojos encendidos—. Siempre trataba de ser feliz con el hombre al que una vez le di una oportunidad, pero... cuando nació Miguel, él tenía altas expectativas. Quería que heredara sus técnicas de espada. Pero cuando supo que no tenía el talento para heredar ninguna... se decepcionó.
Liz apretó los hombros, temblando.
—Empezó a agredir a su propio hijo. Y cuando me golpeó a mí, me dejó un recuerdo horrible que quedó marcado por toda mi miserable vida.
—Mamá, no sigas, por favor... —suplicó Miguel, sintiendo el peso de la vergüenza.
—Miguel, él lo tiene que saber —sentenció ella con una frialdad dolorosa.
Liz se dio la vuelta y se desabrochó parte de la ropa de su espalda. Karen, Josué y Miguel se quedaron petrificados. El horror se reflejó en sus rostros al ver la cicatriz profunda y retorcida que cruzaba su piel.
—¿Cuándo fue eso...? —susurró Josué, cuya aura ahora vibraba con una sed de sangre contenida.
—Fue cuando Miguel tenía tan solo seis años —respondió Liz, volviendo a cubrirse—. Fue cuando mi hijo fue tan valiente de desafiar a su padre. Él no podía quedarse de brazos cruzados... y cuando lo vi luchar de esa manera, me recordó a ti. Me recordó a cuando luchaste contra un ejército entero en el Reino del Camino de la Luz.
Josué cerró los ojos, el nombre de aquel lugar trayendo consigo el eco de espadas y gritos.
—Recuerdo ese día... aquella guerra que tú, yo y Skon...
—¡No me menciones ese nombre! —le interrumpió Liz con odio puro—. Para mí, él está muerto desde que nos traicionó. Nos dio la espalda. Él fue el causante de la desgracia de ese reino; hizo que dejara de existir. Todas las personas que vivían ahí murieron... todos.
Karen miró a su padre, notando cómo la mención de Skon le causaba una herida interna que no podía ocultar. La historia de las 12 grandes familias estaba llena de cadáveres y traiciones que los libros de la academia jamás se atreverían a imprimir. El carruaje seguía advancing, pero dentro de él, el pasado había cobrado vida, reclamando su deuda de sangre.
Josué guardó silencio, procesando la petición de su hija mientras el carruaje se sumergía en una penumbra aún más densa. La mención de la misión de sus hermanos mayores parecía haber abierto una puerta que él preferiría mantener cerrada.
—Kronos y Dani... —repitió Josué, entornando los ojos—. Hace años que abandonaron la casa para esa misión. Regresaron sanos y salvos, físicamente intactos, pero fueron los únicos. Sus compañeros murieron en una emboscada de la que nunca dieron detalles claros. Siempre hubo algo en sus informes que no terminaba de encajar...
Se giró hacia Karen, notando la chispa de determinación en sus ojos, una que no veía desde que Carlos fue sellado.
—¿Qué tanto estás pensando, Karen? —preguntó su padre con voz grave.
—Papá, quiero pedirte un favor —dijo ella, ignorando el nudo en su garganta—. ¿Crees que puedas llevarnos a Miguel, a mi hermano Abraham y a mí a ese lugar donde fueron Kronos y Dani?
Josué se tensó visiblemente, y Liz soltó un pequeño jadeo de sorpresa.
—¡¿Estás segura?! —exclamó Josué, su aura vibrando de nuevo—. Ese lugar es territorio prohibido ahora. Si tus hermanos, con el talento que tenían, apenas salieron vivos mientras su escuadrón era masacrado... ¿qué te hace pensar que es buena idea ir ahora?
—Porque no son ellos, papá —soltó Karen con firmeza, mirando a Miguel—. Si lo que vi en la academia es real, si ese "Dani" es un Dios de la Guerra y Kronos es algo peor, necesito saber qué encontraron en ese lugar. Algo los cambió allí, o algo los reemplazó. Y si Miguel quiere proteger a su madre de su propio padre, necesita la fuerza que solo se obtiene enfrentando la verdad.
Karen se giró hacia Liz con respeto.
—Por supuesto... si Liz me permite llevarme a su hijo conmigo. Es dangerous, no voy a mentir, pero es la única forma de que Miguel deje de ser una víctima y se convierta en el guerrero que su linaje exige.
Miguel miró a su madre y luego a Josué. El miedo seguía ahí, pero la cicatriz en la espalda de Liz gritaba por justicia. El Reino del Camino de la Luz, la traición de Skon y la oscuridad de sus hermanos... todo convergía en ese punto geográfico que Karen quería visitar.
—¿Liz? —preguntó Josué, esperando la decisión de la mujer que había marcado su vida.
Continuará...

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The strongest warrior of humanity (Novela)
Capítulo 218
The strongest warrior of humanity (Novela) Capítulo 217
Estás leyendo el capítulo 217 de The strongest warrior of humanity (Novela), un novela. La historia sigue a un niño que aspira a ser un guerrero destacado en su academia. A lo largo de su camino, enfrenta diversas situaciones desafiantes, pero finalmente es traicionado por su hermano y amigos. Tras su… Este capítulo tiene publicado el 26 de abril de 2026, Traducido por el grupo Español. The strongest warrior of humanity (Novela) tiene 344 capítulos disponibles en LectorTMO, en español y sin registro.