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Leer The strongest warrior of humanity (Novela) Capítulo 202 online gratis en español

🏴 Grupo: Español✍️ Traducción: Español
Capítulo 202: El Cosmos Carmesí, la Espada Sangrienta y la Sombra del Antiguo Dios Punto de vista: Shirou, Shiro Shimizu (Futuro), Shiro Shimizu (Presente), Carlos Tanaka, Shu, Ling, Gabriel, Fer y Perspectiva General Escena 1: El Reencuentro de los Shimizu y el Pacto de las Sombras El aire, saturado por el aura de un millón de años de Shiro, se fracturó por una voz que no debería haber resonado en ese campo de batalla. Un eco del pasado que hizo que el tiempo se detuviera para la guerrera más fuerte. —Espera un segundo... si estoy aquí eso quiere decir... —la voz de Shirou tembló, cargada de una incredulidad que rompió el silencio—. ¿Hermana? Shiro, al escuchar la voz de su hermano mayor, bajó la mirada. La guerrera invencible, la mujer que había soportado un eón de soledad, sintió cómo su máscara de frialdad se desmoronaba. Volteó a verlo y, por un instante, el control de sus emociones se desvaneció por completo. Quería correr hacia él, abrazarlo y suplicar perdón por todo lo ocurrido, por haber permitido que él muriera durante aquella devastadora guerra de desgaste de la humanidad. —Yo... no sé qué decir, hermano. Lo lamento, pero ahora... —alcanzó a susurrar con la voz quebrada. De repente, una voz mental, idéntica a la suya pero con el tono de la Shiro Shimizu que aún asistía a la academia, resonó en su mente con urgencia: «¡Shiro Shimizu, no olvides que mi hermano no puede saber de tu existencia!», ordenó la Shiro del presente. «Finge ser yo; aunque somos iguales, el peso de tu realidad lo destruiría. Por ahora, debes llevarte a nuestro hermano y a las personas envueltas en esto. Carlos podrá arreglárselas solo». La Shiro del futuro, la que regresó del sello, apretó los dientes y respondió mediante telepatía, recuperando su compostura de combate: «De acuerdo... tienes razón», transmitió con firmeza. «En estos momentos, Carlos puede usar todo su poder. Mientras no despierte su antigua personalidad, todo irá bien». Escena 2: La Retirada Táctica y el Despliegue de la Autoridad Sin darle tiempo a Gabriel para reaccionar, Shiro extendió su mano y una cúpula de pétalos de luz comenzó a envolver a Shirou, David, Natsuki y Freya. Gabriel rugió de frustración, viendo cómo su ventaja psicológica se escapaba entre sus dedos. —¡No irán a ninguna parte! ¡Shu, Ling, mátenlos ahora! Pero era tarde. Shiro los miró por encima del hombro con una advertencia silenciosa. Sabía que Carlos, libre de la preocupación por proteger a los demás, estaba a punto de desatar al monstruo que incluso los dioses temían. La tensión en el claro del bosque alcanzó un punto de ebullición cuando Shu y Ling intentaron lanzarse contra Shiro, ignorando al Soberano. Pero antes de que pudieran dar un paso, el suelo estalló bajo una presión gravitatoria invisible. Carlos se interpuso en su camino, su silueta recortada por un aura que devoraba la luz de los pétalos. —No me vayan a ignorar, bastardos —sentenció Carlos, y su voz no era la de antes; era una vibración de autoridad siniestra que parecía emanar del mismo abismo—. Creo que es mejor que den todo lo que tienen, porque esta vez me aseguraré de borrarlos por completo. Carlos se movió con una seguridad casi sobrenatural, pero una mueca de duda cruzó su rostro al sentir el impacto de sus aceros. «Me moví lo más seguro posible, pero no creí que superaran sus métodos para matarme», pensó Carlos mientras esquivaba un tajo que casi le roza la garganta. «Parece que hay algo mal en ellos dos... en mi vida anterior no eran nada comparados con ese maldito clan. ¿Acaso regresaron solo para morir de nuevo?». —¡Espera un momento, eso es...! —exclamó Carlos, forzando su agilidad al límite para evitar una estocada coordinada entre Shu y Ling—. Esto se está poniendo bastante aterrador. Escena 3: El Rencor de los Cielos y la Revelación de los Recipientes Shu, con una sonrisa que destilaba veneno, aprovechó el momento en que Carlos recuperaba el equilibrio para soltar una verdad que pesaba más que el acero. —Parece que estás muy confiado para decirnos que nos matarás. Qué ingenuo eres —siseó Shu—. Te diré una cosa: hace tiempo que nos masacraste, no solo a nosotros, sino también a los dioses. Te tienen un odio total, Soberano. Eres el enemigo número uno de los cielos. Carlos soltó un bufido de desprecio, deteniendo la espada de Ling con el dorso de su mano envuelta en energía nocturna. —Oh, bla, bla, bla... mejor cállese —espetó Carlos con frialdad—. ¿Los dioses? ¿Qué van a saber ellos de mí? ¿Acaso tuvieron alguna vez respeto hacia mí? Cuando ellos, y ustedes, mataron a todo lo que uno desearía salvar... ustedes son los que merecen morir. Carlos permaneció callado de repente. El fragor del combate se volvió un zumbido lejano. Algo extraño llamó su atención; no venía de sus enemigos, sino del interior de la Droga del Dios Demonio que Gabriel sostenía, o quizás, de la sombra de Ling. Sintió una pulsación rítmica, un llamado que resonaba con su antigua personalidad. No era odio, era algo más profundo: una resonancia de sangre que le advertía que Ling y Shu no eran simplemente "resucitados", sino recipientes de algo mucho más antiguo. Escena 4: El Despertar del Cosmos Carmesí y la Espada Sangrienta El campo de batalla, ya saturado de tensión, se congeló. Carlos detuvo su avance, permitiendo que Shu y Ling retrocedieran un paso, confundidos por el repentino cambio en la atmósfera. El Soberano bajó la guardia por un instante, pero no fue una invitación al ataque, sino una preparación para el descenso al abismo. —Esto se está saliendo de control... —murmuró Carlos, y su voz ya no sonaba humana; era un eco que resonaba desde una dimensión olvidada—. Tendré que usar mi espada... Espada Sangrienta. Carlos cerró los ojos. El silencio que siguió fue absoluto, un vacío que absorbió el rugido del viento y el pulso de la magia de Gabriel. Lentamente, los abrió. Shu y Ling retrocedieron instintivamente, horrorizados. Los ojos de Carlos ya no eran dorados ni negros. Debajo de sus párpados, una galaxia entera parecía girar, un remolino de estrellas escarlatas y nebulosas de color sangre que devoraban la realidad misma. El mundo cambió a su alrededor. El aura que bañaba a Carlos dejó de ser simple oscuridad y se transformó en una marea líquida de color rojo carmesí, un océano de sangre antigua que reclamaba su trono. Su mirada, ahora siniestra más allá de toda comprensión, se fijó en sus enemigos con la frialdad de un agujero negro. El aire crujió cuando Carlos extendió su mano derecha. La energía sangrienta que lo rodeaba comenzó a condensarse en su palma, solidificándose con un sonido metálico que desgarró el espacio-tiempo. La marea carmesí tomó forma: una Katana de una belleza aterradora. El filo era tan afilado que el aire alrededor de la hoja parecía sangrar, y su brillo prometía que un solo destello sería suficiente para cortar no solo la carne, sino la existencia misma de todo lo que tocara. Carlos sopesó la Espada Sangrienta, y la galaxia en sus ojos brilló con una intensidad asesina. —Ahora... —siseó el Soberano, levantando la Katana—. Empecemos de verdad. Escena 5: La Traspaleta de Astaroth y la Manipulación de Krenara El ambiente, ya de por sí asfixiante por la presencia de la Espada Sangrienta, dio un giro aún más macabro. Gabriel, en lugar de sucumbir al terror de la galaxia carmesí en los ojos de Carlos, dejó que una carcajada seca y perturbadora escapara de su garganta. Sus ojos brillaron con la satisfacción de un titán que ve su plan maestro finalmente encajar. —Esa forma... no creí verla de nuevo —siseó Gabriel, cuya sonrisa ahora era una herida abierta de pura malicia—. Parece que Carlos aún no ha recuperado nada de su poder real... eso significa que llegará a tiempo. Espero que sea de su agrado, Astaroth... nos costó mucho que regresaras. En la mente de Gabriel, las piezas del tablero se movieron hacia atrás, a una reunión secreta bajo la luz de una luna de sangre semanas atrás. «¿Me trajiste lo que te pedí, Laxuz?», había preguntado Gabriel en la penumbra. «Por supuesto. Lucas y yo lo trajimos tal como ordenaste», respondió Laxuz con una reverencia tensa. «Pero dime... ¿por qué Lucifer tiene la llave que le robó a Carlos? Esa llave no es cualquiera; es una fuente capaz de atravesar mundos. Con los materiales que tenemos, Astaroth se volverá más fuerte que todos nosotros». «¿Y si le transmitimos el Poder Nocturno que ese mocoso posee a Astaroth?», intervino Lucas, con los ojos encendidos por la ambición. Gabriel recordó su propia respuesta de aquel día, una que ahora estaba a punto de hacerse realidad frente al Soberano: «Sería impecable. Superaría incluso al actual Dios Nocturno. Pero primero, debemos borrar al Dios General Dragón. Ese tipo busca al responsable de la muerte de su hermana... ¿Qué pasaría si lo manipulamos y le decimos que el asesino fue nada más y nada menos que Carlos Tanaka Sánchez?». De vuelta al presente, Gabriel miró a Carlos, quien sostenía su katana con una mano temblorosa por la presión de su propia aura. —¿Lo escuchas, Carlos? —gritó Gabriel, extendiendo los brazos—. Mientras tú juegas a ser el salvador de tu pequeña familia, el mundo entero está siendo puesto en tu contra. El Dios General Dragón viene por tu cabeza, convencido de que tú derramaste la sangre de su hermana. Lucifer tiene tu llave. Y Astaroth... Astaroth se alimentará de tu caída. Shu y Ling, al escuchar el nombre de Astaroth, recuperaron una confianza fanática. Sabían que el regreso de esa entidad significaba el fin de la era de los humanos y de los soberanos por igual. La galaxia carmesí en los ojos de Carlos vibró con una intensidad inestable. Las palabras de Gabriel habían sembrado una semilla de duda que ni siquiera el poder de la Espada Sangrienta podía extirpar de inmediato. El nombre del Dios General Dragón resonó en su mente como un eco de advertencia que ya había escuchado antes. «Así que el General Dragón...», pensó Carlos, apretando el mango de su katana hasta que sus nudillos crujieron. «Mi madre y Malrath fueron claros: debía tener mucho cuidado con él. Pero no logro entender... si Sage no me hubiera tratado tan mal, quizás habría podido averiguar algo en su reino, en Krenara». Escena 6: Los Ecos de la Memoria y la Llegada del Sol Dorado Carlos se dio cuenta de la magnitud de la trampa. Sin el apoyo del reino de los dragones y con la desconfianza sembrada por Gabriel, se encontraba librando una guerra en demasiados frentes. —Parece que lo tenían todo calculado —dijo Carlos en voz alta, su voz recuperando esa frialdad de autoridad mientras la energía de su espada cortaba el aire a su alrededor—. Esos tipos son mucho más peligrosos que cualquiera a quien me haya enfrentado antes... y ahora no tengo nada a mi favor. Pero se olvidan de una cosa: el Poder Nocturno no se hereda ni se roba tan fácilmente... nace del horror que ustedes mismos crearon. Carlos bajó su centro de gravedad. La Espada Sangrienta emitió un pulso de luz roja que tiñó todo el bosque de un color escarlata profundo. De la nada, la imagen de una niña sentada, llorando en la penumbra de un callejón, se materializó en su mente con una claridad desgarradora: Yins Shadow. —Yins Shadow... —susurró Carlos, y por un momento, la galaxia carmesí de sus ojos parpadeó. Junto a ella apareció Zani. Los recuerdos fluyeron como una herida abierta, pero la rabia de Carlos cambió de matiz: ya no era solo por su venganza personal, sino por la protección de quienes dependían de su resguardo. —Ellas no fueron debilidades, Gabriel —rugió Carlos, y la Espada Sangrienta emitió un destello que hizo retroceder las sombras—. Fueron la prueba de que todavía había algo que valía la pena salvar en este mundo podrido. ¡Y por ellas, juro que no dejaré que Astaroth dé un solo paso en esta tierra! Un estallido masivo producto de su Corte Mundial dejó una cicatriz incandescente en el aire. Ling, atrapado en el centro del ataque, sufrió el cercenamiento de sus extremidades ante la presión galáctica. Sin dar margen, Carlos ejecutó su maniobra rápida. —Voltstrike —sentenció. En un parpadeo de electricidad negra y roja, reapareció detrás de Shu, impactando el terreno y creando un cráter masivo que pulverizó la cobertura vegetal. Gabriel, al observar los restos de Ling y el impacto sobre Shu, extrajo un frasco cuyo líquido pulsaba con un tono violáceo oscuro. —Eres persistente, Carlos Tanaka... —siseó Gabriel—. Pero tu amor por los tuyos es la soga con la que te vas a ahorcar. Antes de que la provocación avanzara, el calor abrasador de un resplandor dorado descendió sobre el cráter. Fer, la figura de dos metros de masa muscular y aura flamígera, clavó su espada en la superficie, irradiando una autoridad que neutralizó el ambiente. —¿Usted me mandó llamar, mi señor? —la voz de Fer resonó como un trueno profundo. —Me alegro de que estés aquí, Fer —respondió Carlos, permitiéndose un segundo de respiro mientras su Espada Sangrienta bajaba la intensidad—. ¿Cómo está Kai? —Él se encuentra muy bien desde que se encargó de cuidar de su hija, mi señor —informó Fer—. ¿Ese muerto? El que usted mató... ¿Cómo es que lo trajeron de vuelta? —Ese es el problema, Fer —sentenció Carlos con gravedad—. No es el Ling de este mundo. Es el de mi vida anterior, revivido con la Reliquia Sagrada de Dios. Y no es solo él... Han traído a Astaroth y están fabricando la Droga del Dios Demonio de la Destrucción. Si esto escala, el planeta dejará de ser humano. Sabes perfectamente lo que pasó ese día en mi vida anterior, ¿verdad? Fer apretó el puño, y las llamas de su espada dorada rugieron con fuerza. —Entiendo la magnitud de la amenaza, mi señor. Me aseguraré de que no quede ni un átomo de su alma para que puedan volver a intentarlo. —¡Shu, levántate! ¡Astaroth reclama sus tributos! —gritó Gabriel fuera de sí. —Fer —ordenó Carlos, con la galaxia en sus ojos refulgiendo en un último impulso—, no dejes que Ling se regenere. Yo iré por Gabriel antes de que use esa droga.
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Estás leyendo el capítulo 202 de The strongest warrior of humanity (Novela), un novela. La historia sigue a un niño que aspira a ser un guerrero destacado en su academia. A lo largo de su camino, enfrenta diversas situaciones desafiantes, pero finalmente es traicionado por su hermano y amigos. Tras su… Este capítulo tiene publicado el 26 de abril de 2026, Traducido por el grupo Español. The strongest warrior of humanity (Novela) tiene 344 capítulos disponibles en LectorTMO, en español y sin registro.