Leer The strongest warrior of humanity (Novela) Capítulo 2 online gratis en español
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CAPÍTULO 2: El despertar de las sombras y la helada presencia
La pregunta que me he estado haciendo a lo largo de estos primeros meses es simple, pero profundamente inquietante: ¿en qué clase de era he terminado cayendo? Me encuentro atrapado en una época donde no existen los automóviles, la electricidad ni absolutamente nada que se asemeje a la civilización moderna que una vez conocí. Es un mundo que por momentos se siente extrañamente vacío, desprovisto del ruido metálico y la tecnología del pasado, como si la humanidad en esta tierra jamás hubiera tenido la necesidad de inventar nada porque la magia lo cubría todo. Es una sensación casi imposible de asimilar del todo cuando la analizas con la lógica de un hombre adulto, pero la realidad actual me golpea de frente cada vez que miro mis pequeñas manos. Soy apenas un bebé de un año. Desde que llegué a este plano no sé absolutamente nada sobre las reglas que rigen este universo, pero estoy
completamente decidido a hacer todo lo que esté a mi alcance para comprenderlo. Hina Sánchez, la mujer que me dio a luz en esta nueva vida, es una dama noble de una delicadeza impresionante. Según he podido deducir por las conversaciones a mi alrededor, mis padres pertenecen a la más alta sociedad de este imperio, ocupando un estatus privilegiado que se debe casi en su totalidad al talento descomunal y aterrador de mi padre: Josué Tanaka, un guerrero respetado y temido a nivel continental, conocido en todas las fronteras bajo el legendario título de "El Santo de la Espada".
Durante los días en que yo yacía en mi cuna pretendiendo ser un infante ordinario, mi madre solía sentarse a mi lado a contarme cómo se habían conocido en su juventud. Ella siempre se refería a su historia de amor como si fuera un cuento de hadas sacado de un libro antiguo, con los ojos brillándole de una devoción sincera. Al principio, la curiosidad me ganaba y escuchaba con atención cada una de sus palabras, fascinado por la forma en que una mujer tan pura terminó enamorándose de un hombre que parecía hecho de hierro fundido. En realidad, mi padre siempre ha sido un individuo extremadamente serio, distante y de pocas palabras, con una presencia que impone respeto sin importar quién esté frente a él. Supongo que no puedo juzgarlo demasiado por esa actitud helada; al fin y al cabo, yo también fui un tipo reservado, frío y desconfiado en mi vida anterior, marcado por el dolor y el aislamiento antes de dar mi último aliento en aquel callejón.
El día que finalmente abandonamos la clínica médica para trasladarnos a nuestra residencia principal, la escala de la influencia de mi familia se me hizo evidente de inmediato. Llegamos a una mansión de proporciones astronómicas, rodeada por jardines tan vastos, detallados y hermosos que parecían sacados directamente de la escenografía de una animación fantástica. Al cruzar las imponentes puertas de roble y hierro forjado que custodiaban la entrada principal, me encontré con decenas de rostros desconocidos alineados en dos filas perfectas: la servidumbre de la casa Tanaka. Todos inclinaron la cabeza al unísono en un gesto de sumisión absoluta en cuanto pisamos el vestíbulo principal.
—Sean bienvenidos a casa, mi señor Josué Tanaka y señora Hina Sánchez —recitaron los sirvientes con una sincronización ensayada hasta la perfección.
—Agradezco la bienvenida —respondió mi padre, utilizando un tono de voz firme, severo y profundo que pareció hacer vibrar los cimientos de la entrada—. Los he reunido a todos en este lugar porque necesito hacer un anuncio de vital importancia para la casa. Mi hijo finalmente ha nacido y se encuentra aquí con nosotros. Su nombre oficial será Carlos Tanaka Sánchez.
Un silencio pesado y denso cayó sobre el gran salón. Los sirvientes se miraron entre sí con cautela y lentamente comenzaron a dar un par de pasos hacia adelante, arrastrados por una curiosidad incontrolable. Me miraban con rostros llenos de asombro, analizando cada facción de mi pequeño cuerpo como si buscaran una señal divina en la criatura que sostenía la dama Hina entre sus brazos.
—Qué niño tan hermoso y tranquilo, mi señor... —murmuró uno de los sirvientes más antiguos, atreviéndose a romper la tensión, aunque su voz traicionaba una ligera duda—. Sin embargo... me atrevo a preguntar si el joven amo habrá heredado algún destello de talento.
La atmósfera del lugar se volvió helada en un microsegundo. Mi padre giró lentamente el rostro y lo clavó con una mirada tan afilada y cargada de sed de sangre que el aire mismo pareció volverse denso y difícil de respirar.
—¿Qué fue lo que dijiste? —preguntó mi padre, con una voz peligrosamente baja que presagiaba una tormenta.
—¡P-Perdóneme, mi señor! —exclamó el sirviente, cayendo de rodillas al instante con la frente pegada al suelo y el cuerpo temblando como una hoja—. ¡Jamás quise ofenderlo! Solo... solo sentía curiosidad por saber si el joven amo Carlos sería capaz de heredar la bendición de su talento con la espada.
Desde el regazo de mi madre, me limité a observar la escena con una mirada altiva y analítica, aunque no fuera más que un bebé incapaz de articular palabras comprensibles. Deja que pasen unos cuantos años, viejo loco, pensé para mis adentros mientras dibujaba una mueca invisible de autosuficiencia. Ya verás de lo que soy capaz cuando crezca un poco más. Mi padre, ajeno a mis pensamientos internos, volvió a erguirse con majestuosidad y dictaminó sus palabras con una solemnidad aterradora que dejó helados a todos los presentes en el vestíbulo.
—Sé perfectamente que este niño me superará en todos los aspectos imaginables —sentenció Josué Tanaka sin un solo rastro de duda en su voz—. Cuando llegue el momento adecuado y alcance la madurez, él será la persona que se coloque a la cabeza de esta familia.
Aquella última frase resonó en mi cabeza como un martillazo. ¿Cabeza de la familia? Un momento... la forma en que lo dijo implicaba algo más. ¿Acaso tengo hermanos en este lugar?
—Pero, señor Josué... —intervino cautelosamente el Mayordomo Principal—. Los demás herederos de la rama principal...
—Sé perfectamente lo que estás pensando —interrumpió mi padre, cortando tajantemente cualquier intento de réplica—. Mis otros hijos seguirán sus propios caminos y tendrán que ganarse su lugar en este mundo por sus propios méritos. Sin embargo, sé muy bien que este niño es el único capaz de cumplir mi más grande deseo: convertirse en el ser más fuerte de todos los tiempos.
El tiempo se escurrió a una velocidad pasmosa entre entrenamientos mentales secretos y el aprendizaje del idioma de este continente. Pasaron cuatro años exactos desde aquel día. Finalmente llegó la fecha pautada por la tradición familiar para llevar a cabo mi prueba de talento elemental y resonancia de maná. Me guiaron hasta una amplia habitación ceremonial en las profundidades de la mansión, un espacio solemnemente decorado donde reposaban decenas de armas legendarias: espadas largas, dagas ceremoniales, lanzas de guerra y artefactos mágicos de épocas pasadas. Caminé despacio entre los estantes hasta que mis ojos se posaron casi de forma magnética sobre una espada de hoja recta con un filo pulido en tonos azul cobalto y negro azabache. Al extender mi pequeña mano de cuatro años y sujetar la empuñadura, una sacudida eléctrica recorrió mis brazos; sentí cómo la energía oculta del metal vibraba en perfecta sintonía con mi propio ser.
Sin decir una sola palabra a los evaluadores, tomé la espada y me dirigí a la sala de entrenamiento principal de la mansión. Era un recinto gigantesco, completamente vacío y sumergido en un silencio casi místico. Me caminé hacia el centro del dojo, me senté con las piernas cruzadas en el suelo de madera, cerré los ojos y dejé salir un respiro profundo. Si quería sobrevivir a las expectativas de este monstruo al que llamaba padre, debía encontrar mi propio camino mágico aquí y ahora. El aire a mi alrededor comenzó a temblar violentamente. El flujo de maná que yacía dormido en mi interior desde mi renacimiento se arremolinó descontroladamente alrededor de mi cuerpo, rompiendo los sellos naturales de mi carne de infante. Un poder oscuro, antiguo y olvidado despertó en el fondo de mi alma: el legendario Poder Nocturno.
Mi aura, teñida de un azul oscuro tan denso que parecía devorar la luz de la habitación, se expandió con una violencia abrumadora en todas direcciones. El suelo de piedra reforzada comenzó a agrietarse y las paredes del recinto vibraron como si un terremoto estuviera sacudiendo los cimientos de la propiedad. Atraídos por la descomunal presión mágica que amenazaba con colapsar el ala oeste de la mansión, los miembros de mi familia corrieron desesperados hacia la sala de entrenamiento. Al cruzar la puerta, mis hermanos mayores se quedaron completamente paralizados, con los ojos abiertos de par en par y los rostros pálidos como la nieve al presenciar el espectáculo.
—¿A-A los cuatro años...? —murmuró uno de mis hermanos, con la voz quebrada por una incredulidad absoluta mientras intentaba mantenerse de pie ante la presión del aire—. ¡Es imposible! ¡Nadie puede manifestar una densidad de maná así a esa edad!
En medio del caos y el polvo que comenzaba a levantarse del techo, mi hermana Karen, la más pequeña de la familia, me miró fijamente con los ojos brillantes y una amplia sonrisa dibujada en su rostro inocente.
—¡Lo hiciste increíble, hermano Carlos! —exclamó aplaudiendo con entusiasmo genuino.
Antes de que pudiera reaccionar a sus palabras, mi madre rompió la formación de la familia y corrió desesperada hacia el centro de la habitación, ignorando por completo la presión del aura destructiva que aún me rodeaba. Se arrojó a mi lado con lágrimas en los ojos y me tomó por los hombros para examinarme de arriba abajo con una angustia maternal desbordante.
—¿Estás bien, mi amor? ¿Dime que no estás lastimado? ¡Por favor, responde! —suplicó mientras sus lágrimas cayeran sobre mis mejillas.
Le devolví la mirada y, por primera vez en ambas vidas, dibujé una sonrisa completamente sincera y tranquila, sintiendo cómo el aura oscura se disipaba suavemente de mi cuerpo.
—Estoy perfectamente bien, madre. No me pasó nada —respondí con serenidad.
Hina dejó salir un largo suspiro de alivio, limpiándose los ojos con la manga de su vestido antes de darle un pequeño y afectuoso golpe a mi hombro a modo de regaño.
—¡No me vuelvas a dar un susto de esta magnitud, Carlos! —me reprendió con tono firme, aunque la enorme sonrisa en su rostro traicionaba su intento de parecer severa.
En ese preciso instante, algo dentro de mi pecho se derritió por completo. Experimenté una sensación cálida y protectora que jamás había sentido en mi existencia anterior: amor verdadero. Por primera vez, tenía padres que se preocupaban genuinamente por mi bienestar, que me miraban con devoción y no como una carga indeseada. Tengo que hacerme ridículamente fuerte, me prometí en el silencio de mi mente. Tengo que alcanzar la cúspide de este mundo para proteger esta sonrisa y este hogar. Incluso si en el camino debo enfrentarme a los mismos dioses de esta tierra. Porque yo soy Carlos Tanaka Sánchez, el heredero más fuerte entre mis cinco hermanos, y este evento es apenas el primer paso de mi camino como el mejor espadachín que haya pisado este mundo.
Semanas después de la manifestación de mi aura, mi padre decidió que era momento de dar el siguiente paso en mi formación formal y convocó una reunión en su despacho privado para informarme que había contratado a una instructora personal de élite.
—A partir del día de hoy —anunció Josué Tanaka con una solemnidad impecable mientras me observaba desde su escritorio— comenzarás el aprendizaje riguroso del arte supremo de la esgrima.
Asentí con la cabeza, sintiendo un nudo de nervios en el estómago pero manteniendo la mirada fija y llena de una determinación inamovible.
—Comprendo. Haré exactamente todo lo que el patriarca ordene para mi instrucción —respondí mostrando el respeto protocolo exigido en la casa.
—Una pregunta, padre... ¿mis otros hermanos también recibirán entrenamiento con la espada? —indagué antes de retirarme.
—Así es. Cada uno de ellos tendrá asignado un maestro especializado en sus respectivos atributos —respondió de forma seca.
—Ya veo... me retiro entonces —dije haciendo una leve inclinación antes de salir.
En cuanto cerré la pesada puerta de madera del despacho a mis espaldas, me dejé caer contra el muro del pasillo y solté un largo y pesado suspiro de agotamiento mental. Por un demonio... de verdad creí que me congelaría allí dentro, pensé secándome el sudor frío de la frente. Ese hombre es absolutamente aterrador. ¿Qué clase de infierno habrá vivido en su pasado para desarrollar una presencia tan monstruosa?
Buscando respuestas que me ayudaran a comprender el origen de la extraña energía que había despertado dentro de mí, me dirigí a la inmensa biblioteca prohibida de la mansión. Pasé horas hojeando tomos antiguos, enciclopedias de familias nobles y compendios de magia ancestral, pero no encontré absolutamente ni una sola mención sobre el "Poder Nocturno" ni sobre mi tipo de aura. Era como si esa magia no existiera en los registros oficiales. Sin más opciones disponibles, decidí que la única forma de encontrar la verdad era explorando mi propia alma a través de la meditación profunda. Volví a la sala de entrenamiento privada, cerré la puerta con llave y me senté en el suelo, concentrando y comprimiendo mi maná hasta llevar mis circuitos mágicos al límite absoluto. Sentí cómo mi conciencia se hundía gradualmente en las profundidades de mi ser... y fue allí, en el abismo de mi mente, donde vi la verdad. Sombras ancestrales, ecos de voces susurrantes y visiones de una era olvidada se revelaron ante mí. Descubrí un secreto astronómico: yo no era la primera persona en manifestar el Poder Nocturno. Mi madre, Hina Sánchez, pertenecía en realidad al linaje del Clan Nocturno, una dinastía legendaria que había sido borrada sistemáticamente de los libros de historia hacía varios siglos. Su poder era considerado tan destructivo, peligroso e incontrolable que los imperios antiguos decidieron erradicar cualquier rastro de su existencia para evitar que la humanidad colapsara. Si alguien en el mundo exterior descubría que el legado del Clan Nocturno fluía por mis venas, la humanidad entera enviaría a sus ejércitos a cazar a mi familia. Tal vez mi padre sabe mucho más de lo que aparenta..., deduje sombríamente.
Me puse de pie en la sala de entrenamiento, decidido a poner a prueba la velocidad de mi progresión y la manipulación de este poder recién descubierto. Cerré los ojos e imaginé un escenario de combate a muerte contra un rival de nivel supremo. Mi cuerpo de cuatro años se movió por puro instinto a una velocidad que desafiaba la física del lugar, dejando una estela de sombras a mi paso. Utilizando la densidad del maná nocturno, proyecté una copia exacta de mi cuerpo frente a mí: un clon de sombras tangibles armado con una réplica de mi espada. En un abrir y cerrar de ojos, nuestras hojas colisionaron con una fuerza tan brutal que el choque generó una onda de choque visible en el aire. Mi clon ejecutaba estocadas y cortes a una velocidad sobrehumana... pero mi mente, moldeada por la experiencia y la desesperación de mi vida pasada, era infinitamente más rápida y precisa.
Sin embargo, en medio del intercambio de acero, una sensación sofocante y helada me envolvió por completo. Una sed de sangre pura, densa y destructiva emanó desde el fondo del salón. De entre la bruma del combate surgió una figura alta y demacrada: era una versión adulta de mí mismo. Estaba cubierto de cicatrices, con la armadura destrozada, sangrando profusamente y luciendo unos ojos agotados que reflejaban el peso de mil tragedias.
—¿Q-Quién demonios eres tú...? —pregunté bajando ligeramente la espada, sintiendo un escalofrío recorrer mi columna.
—Aún no logras comprender la magnitud de lo que se avecina... pero lo harás muy pronto —respondió la figura con una voz grave, rasgada y rota por el dolor—. Hazte ridículamente fuerte, Carlos... hazlo antes de que sea demasiado tarde para salvarlos a todos.
En un instante, una ráfaga de imágenes fugaces y sangrientas bombardeó mi mente: campos de batalla cubiertos de cadáveres, ciudades enteras consumidas por llamas mágicas, ruinas de imperios caídos y los rostros de mi vida anterior mezclados con los de mi nueva familia.
—Así que morí en mi mundo original solo para ser arrastrado a un infierno aún mayor... —susurré apretando los dientes con rabia—. No... ¡no voy a permitir que la historia se repita! ¡No perderé a nadie esta vez!
Mi "yo" del futuro dibujó una triste y amarga sonrisa antes de disiparse en el aire como si fuera humo.
Volví de golpe a la realidad del combate contra mi clon. La rabia y la determinación encendieron mis circuitos de maná a un nivel destructivo.
—¡Técnica Secreta: Dios del Rayo! —rugí.
Una descarga eléctrica de color azul oscuro atravesó la hoja de mi espada con un zumbido ensordecedor. En un parpadeo, me desvanecí de la vista de mi clon y reaparecí justo detrás de él, ejecutando un corte horizontal cargado de una fuerza letal desmedida. La explosión mágica resultante del impacto fue tan colosal que destruyó por completo las paredes del dojo, pulverizó las columnas de soporte y dejó la sala de entrenamiento convertida en un cráter lleno de escombros y humo denso.
—Maldita sea... —murmuré toslando ligeramente mientras observaba la destrucción a mi alrededor—. Se me fue la mano otra vez... mi padre me va a matar por destrozar la mansión.
Antes de que pudiera intentar limpiar el desastre, la pesada puerta de piedra que aún quedaba en pie fue derribada de un solo golpe. Una mujer de presencia imponente caminó lentamente hacia el interior del cráter. Portaba una armadura elegante de tonos plateados y su sola presencia hizo que la temperatura de la habitación descendiera drásticamente, congelando el humo y el polvo flotante en el aire.
—Vaya, vaya... —dijo la mujer dejando ver una sonrisa intrigada y peligrosa mientras me observaba—. Ciertamente no tenía idea de que los niños de cuatro años en esta época fueran capaces de semejante nivel de destrucción. Parece que tu padre no estaba exagerando en absoluto. Tú eres Carlos Tanaka Sánchez, ¿me equivoco?
—Así es, ese es mi nombre —respondí manteniendo la empuñadura de mi espada firme y clavando la mirada en ella sin ceder un solo centímetro de terreno—. ¿Y se puede saber quién eres tú para entrar de esa manera?
La mujer realizó una elegante inclinación ceremonial, aunque sus ojos jamás dejaron de analizar cada uno de mis movimientos.
—Mis disculpas por no presentarme como es debido —dijo levantando la vista—. Soy Angélica Sawa Tokariwore, General Suprema al servicio directo de tu padre. En el campo de batalla me conocen bajo el título de "La Princesa de Hielo".
La frialdad de su aura hacía total justicia al apodo por el que era temida en los reinos vecinos.
—Supongo que ese apodo te queda como anillo al dedo —comenté haciendo una pequeña mueca de desdén.
Angélica dejó salir una breve y cristalina carcajada que resonó en la habitación destruida.
—Un simple niño de cuatro años... y ya es capaz de causar este nivel de devastación él solo —murmuró mirando los escombros congelados a su alrededor antes de dirigirle una mirada divertida a la entrada—. Vaya, Josué... parece que verdaderamente estás criando a un auténtico monstruo.

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Capítulo 3
The strongest warrior of humanity (Novela) Capítulo 2
Estás leyendo el capítulo 2 de The strongest warrior of humanity (Novela), un novela. La historia sigue a un niño que aspira a ser un guerrero destacado en su academia. A lo largo de su camino, enfrenta diversas situaciones desafiantes, pero finalmente es traicionado por su hermano y amigos. Tras su… Este capítulo tiene publicado el 25 de abril de 2026, Traducido por el grupo Español. The strongest warrior of humanity (Novela) tiene 344 capítulos disponibles en LectorTMO, en español y sin registro.