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Leer The strongest warrior of humanity (Novela) Capítulo 1 online gratis en español
🏴 Grupo: Español✍️ Traducción: Español
CAPÍTULO 1: El eco de la sangre y el primer llanto
El mundo... todo lo que conocemos tiene un principio y un fin. La materia se transforma, el tiempo se escurre entre los dedos y la vida que uno lleva cambia de forma inevitable. Nada vuelve a ser como antes.
En este universo, los hombres sueñan con dominar fuerzas que apenas comprenden: la magia que altera la realidad, el aura que moldea la voluntad, el ki que fluye por las venas como un río de fuego. Son poderes destinados a los elegidos, a aquellos capaces de elevarse por encima de los demás. Pero eso no era suficiente. O mejor dicho... para alguien como yo, jamás lo sería. Supongo que esas fuerzas eran privilegios de un mundo al que yo nunca pertenecí.
Fui un simple estudiante. Un alma golpeada por la vida, marcada a fuego por el desprecio. El acoso y el maltrato no eran eventos aislados en mi rutina; eran mis sombras constantes, siguiéndome a donde fuera que caminase. Lo peor no eran los golpes en la escuela ni las humillaciones en los pasillos. Lo que verdaderamente me destrozó por dentro fue el silencio en mi propia casa. Mis padres jamás me prestaron atención. Yo era un fantasma comiendo en su mesa, una carga invisible. Eso... eso fue lo que más dolió.
Los años pasaron como una condena lenta. Las risas a mis espaldas, los insultos escupidos con asco, los empujones en las escaleras. Y entonces, aquel día en la escuela, las voces del pasado volvieron a acorralarme.
—Oye, ¿ese de ahí no es el chico del que nos burlábamos siempre? —murmuró una voz a mis espaldas, cargada de una burla venenosa.
—Sí... el mismo —respondió otro con soltura—. El imbécil que creía que, si aguantaba en silencio, algún día podría superarnos.
—Vaya, vaya. Parece que sigue vivo. ¿Qué opinas de esto, David?
Una risa amarga y pesada resonó en el pasillo.
—Supongo que es hora de recordarle los viejos tiempos —sentenció David.
Escuché sus pasos aproximarse. No intentaban ocultarse; caminaban hacia mí con una falsa amabilidad que me revolvió el estómago.
—Carlos, ¿cómo estás? Ha pasado mucho tiempo, ¿eh? —dijo David, colocándose frente a mí con los brazos cruzados.
Sus palabras me atravesaron el pecho como si fueran agujas heladas. En un segundo, la memoria me trajo de vuelta los puños impactando en mi rostro, el suelo frío del baño, las risas en coro y la humillación pública. Sentí un nudo asfixiante amarrándose en mi garganta.
—¿Qué pasa, Carlos? —interrumpió una voz suave y cálida, rompiendo la tensión del aire—. ¿Estás bien?
Alcé la mirada. Era Angélica. La única luz en medio de mi penumbra, la única persona que jamás me había juzgado y que siempre estuvo allí para levantarme.
—Nada... no te preocupes, Angélica —respondí de inmediato, forzando la sonrisa más natural que pude dibujar en mi rostro magullado—. Todo está en orden, de verdad.
Tragué saliva. No podía permitir que ella notara el temblor de mis manos. Tenía que alejarla de esos tipos a como diera lugar; no soportaría ver cómo la dañaban a ella por mi culpa. Supongo que este es mi destino, pensé amargamente. Vivir agachando la cabeza en un mundo al que no pertenezco.
—Oye, Carlos —intervino David, dando un paso al frente con una sonrisa torcida que me heló la sangre—. ¿Por qué no nos acompañas a un lugar un momento? Te va a gustar, te lo prometo.
Cada fibra de mi cuerpo, cada instinto de supervivencia me gritaba que saliera corriendo, que gritara por ayuda. Pero sabía cómo funcionaba esto. Si me negaba aquí, frente a Angélica, la involucraría a ella. No tenía opción.
—Está bien... —murmuré, siguiendo sus pasos hacia las afueras del recinto.
Me llevaron hasta un callejón oscuro, un punto ciego entre dos edificios antiguos donde la luz del sol jamás tocaba el suelo. El aire olía a humedad, a basura acumulada y a peligro. El silencio de la calle principal quedó sofocado a nuestras espaldas.
—¿Qué significa esto? —pregunté, tratando de mantener firme la voz mientras retrocedía hasta chocar contra una pared de ladrillos—. ¿Por qué ustedes...?
—¡Cállate la puta boca! —gritó uno de ellos, avanzó y me empujó con rabia contra la pared, haciéndome perder el aire—. ¿Creíste que te habíamos olvidado, bastardo? ¿Pensaste que tenías derecho a tener una vida tranquila y feliz?
Las risas de los otros tres estallaron, rebotando violentamente en los muros del callejón.
—¿Qué opinan de revivir los viejos tiempos, chicos? —preguntó David, tronándose los nudillos.
Sabía perfectamente lo que venía. Pero esta vez, el miedo primario a ser golpeado se mezcló con algo oscuro y sofocante: una rabia acumulada durante años de injusticia. No... esta vez no. Ya no más.
Cerré los puños y me puse en guardia, alzando los brazos frente a mi rostro.
—¿Acaso planeas enfrentarnos? —se mofó David, soltando una carcajada incrédula—. ¿Olvidas cuál es tu lugar, escoria?
Su rostro se transformó; la burla dio paso a una expresión deformada por el odio puro.
—¡Tendré que darte una lección que jamás vas a olvidar en tu miserable vida!
Se abalanzaron sobre mí. El primer golpe impactó en mi mandíbula; el segundo, en mi estómago. Caí de rodillas al suelo de concreto, escupiendo saliva y sangre, pero la imagen de Angélica cruzó por mi mente. Debo protegerla. Aunque no pueda ganar. Aunque muera aquí mismo... al menos podré estar en paz sabiendo que no la tocarán.
Un destello metálico cortó la penumbra del callejón. Uno de los acompañantes de David había sacado un cuchillo de combate.
No hubo tiempo para reaccionar. Un dolor agudo, ardiente y desgarrador me atravesó desde la espalda. El acero se hundió profundamente entre mis costillas.
—¡Agh! —el aire salió expulsado de mis pulmones en un gemido ahogado.
Caí de bruces contra el suelo húmedo, jadeando descontroladamente mientras las lágrimas brotaban de mis ojos. El frío de la noche comenzó a filtrarse en mi carne.
¿Por qué...? ¿Por qué siempre tengo que sufrir así? ¿Qué hice para merecer este infierno?
Y sin embargo, cuando la muerte comenzaba a reclamarme, algo dentro de mi alma se rompió. Las cadenas del miedo se pulverizaron. Un calor abrasador brotó desde el centro de mi pecho. Contra toda lógica médica, me levanté.
—No... esto no... ¡no puede terminar así! —rugí.
Me abalancé hacia el sujeto del cuchillo en un movimiento desesperado. Mi cuerpo entero pareció arder por dentro. De mis poros comenzó a emanar una neblina densa, un aura oscura y violenta teñida de una pura sed de sangre que congeló a los agresores en su sitio.
—¿Q-Qué demonios eres tú...? —gritó David, dando varios pasos hacia atrás con el rostro pálido de terror.
—¡Cambie de opinión! —chilló David, sacando un arma de fuego de su chaqueta con manos temblorosas—. ¡Te dejaría vivir, pero veo que me equivoqué contigo! ¡Te mataré aquí mismo, maldito bastardo!
Sus palabras se desvanecieron en un eco lejano. Ya nada de lo que dijera importaba. El dolor de la herida de mi espalda había desaparecido, reemplazado por un trance absoluto. Caminé hacia ellos. Los golpes de mis puños resonaron contra sus cuerpos uno tras otro, impulsados por la desesperación. Sin miedo, sin dudar, sin mirar atrás. El callejón se impregnó del olor metálico de la sangre y el hedor de la desesperación.
Cuando el último de ellos cayó inconsciente al suelo, un sonido sordo retumbó en las paredes.
¡BANG!
Un impacto seco atravesó el centro de mi pecho. El mundo entero pareció detenerse en un instante. El calor abrasador de mi aura se apagó de golpe, y en su lugar, un frío absoluto comenzó a devorarme por dentro.
—Te lo dije... que te mataría, hijo de perra... —susurró la voz distante de David desde el suelo, sosteniendo el arma humeante con manos temblorosas.
Mis piernas colapsaron. Caí de espaldas contra el pavimento húmedo.
Las lágrimas corrieron por mis mejillas, mezclándose con la sangre que brotaba de mi boca. Alcé la mirada hacia la noche. La luna llena brillaba en lo alto, majestuosa, limpia, hermosa... tan distante de la porquería en la que yo yacía moribundo.
Supongo que todo termina así... Pero al menos... pude protegerla.
—Perdóname, Angélica... —susurré hacia la nada—. Si tengo que morir aquí, al menos pude ver algo hermoso por última vez...
Mis párpados pesaban toneladas. La luz de la luna comenzó a desvanecerse.
—¡Carlos! ¡CARLOS! —un grito desgarrador resonó a lo lejos.
Pasos apresurados. Alguien se arrojó a mi lado. Angélica me tomó entre sus brazos, llorando desconsoladamente; sus lágrimas cálidas cayeron directamente sobre mi cara fría.
—¡No te vayas, Carlos! ¡Por favor, quédate conmigo! ¡Abre los ojos!
Intenté hablar, pero la garganta se me llenó de sangre. Ya no podía oír con claridad; su voz se volvía un eco distante en un túnel sin fin. Lo único que pude ofrecerle fue un último esfuerzo: dibuje una pequeña y sincera sonrisa en mis labios.
Espero que encuentres tu felicidad, Angélica... sé fuerte. Tal vez... tal vez nos veamos en otra vida...
El silencio lo cubrió todo. La conciencia se apagó.
Oscuridad total.
No sé cuánto tiempo pasó en la nada absoluta. De pronto, una fuerza abrumadora me arrastró. Calor. Una luz cegadora atravesó mis párpados cerrados. El aire frío golpeó mis pulmones por primera vez, provocando un espasmo involuntario.
—¡Waaaaaa! ¡Waaaaaaa!
Un llanto agudo resurgió de mi propia garganta.
—Felicidades, señora Hina. Es un niño muy sano —dijo una voz suave y profunda que no reconocí.
Abrí los ojos con dificultad. La visión era borrosa, pero poco a poco se enfocó. Una mujer de deslumbrante cabello azul como el océano y ojos brillantes del mismo color me sostenía entre sus brazos con una ternura que jamás había experimentado en mi vida anterior. A su lado, un hombre alto, de espaldas anchas y mirada severa pero llena de orgullo, nos observaba en absoluto silencio.
—¿Josué? —dijo la mujer, mirando al hombre con una sonrisa radiante—. Ven, acércate. Mira a nuestro hijo, Josué Tanaka.
Mi mente de adulto colapsó por un segundo.
¿Un hijo...? Espera... ¿Josué Tanaka? ¿Acabo de nacer otra vez?
Los recuerdos de mi agonía en aquel callejón oscuro volvieron como un ráfaga: Ojalá pudiera reencarnar en un mundo donde realmente encaje... donde pueda ser fuerte...
El destino me había escuchado.
Sentí la energía circulando sutilmente en el aire de este nuevo lugar. Magia. Poder. Espíritus. Un mundo donde las almas renacen y los sueños rotos pueden volver a construirse desde cero.
El bebé en los brazos de Hina volvió a llorar. Pero esta vez, tras esa mirada infantil, las lágrimas no eran de dolor ni de impotencia... eran de pura esperanza.
Aquí comenzaba mi verdadera historia. En este nuevo mundo me volvería el más fuerte. Protegería a quienes me importaran y jamás volvería a agachar la cabeza. Sin importar el costo.

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The strongest warrior of humanity (Novela)
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The strongest warrior of humanity (Novela) Capítulo 1
Estás leyendo el capítulo 1 de The strongest warrior of humanity (Novela), un novela. La historia sigue a un niño que aspira a ser un guerrero destacado en su academia. A lo largo de su camino, enfrenta diversas situaciones desafiantes, pero finalmente es traicionado por su hermano y amigos. Tras su… Este capítulo tiene publicado el 25 de abril de 2026, Traducido por el grupo Español. The strongest warrior of humanity (Novela) tiene 344 capítulos disponibles en LectorTMO, en español y sin registro.