arrow_back

Leer The strongest warrior of humanity (Novela) Capítulo 194 online gratis en español

🏴 Grupo: Español✍️ Traducción: Español
Capítulo 194: La Deuda de Sangre, el Despertar de Emperor y el Precio de la Salvación Punto de vista: Carlos Tanaka Sánchez, Eime, El Dios Nocturno, Emanuel y Perspectiva General Escena 1: La Decisión del Señor y la Marea Carmesí Carlos apretó los dientes, sintiendo cómo la presión ejercida por el Dios Nocturno se incrementaba de forma exponencial con el transcurso de los segundos. La masa atmosférica adquiría una densidad sofocante mientras la piedra bajo sus botas vibraba ante la intención hostil de una entidad desligada de todo límite conceptual. Comprendía que un choque frontal en las condiciones actuales derivaría en una mutua devastación donde ninguna de las partes obtendría un saldo favorable. «Sería prudente articular una alternativa… pero esta línea de acción únicamente desencadenará una masacre», dedujo Carlos, con la frente impregnada de sudor frío. «Presiento que en esta oportunidad la resolución no resultará sencilla, pero al menos debo intentar garantizar nuestra extracción con vida». Cerró los párpados por una fracción de segundo y estableció una vía de comunicación mental con su guardiana. —(Eime…) —articuló al ingresar al enlace telepático. —(¿Ocurre algún contratiempo, Carlos?) —respondió la voz de Eime en su consciencia, aguda y nítida como una lámina de cristal—. (Comprendo que ese sujeto representa un riesgo considerable, pero tal factor no constituye un impedimento para mí. Dispongo de la capacidad para fragmentarlo si autorizas el despliegue). —(Abstente de una confianza desmedida, Eime. Evalúa lo acontecido con Yuki cuando determinó encararlo de forma individual. Aquella equivocación estuvo a punto de costarnos la totalidad del operativo). Se produjo un breve intervalo de silencio en el enlace. Eime dirigió una mirada periférica hacia Carlos, y aunque sus facciones conservaban la expresión desafiante frente a la deidad, su postura adoptó un matiz rigurosamente protector. —(Conservo el conocimiento de aquellos eventos, líder… perfectamente) —su tono mutó hacia una determinación absoluta—. (Sin embargo, no puedo permitir que asumas el combate, no bajo este estado de desgaste. He diseñado una maniobra: retira a tu aliado de este perímetro de inmediato. Emanuel no sostendrá por mucho más tiempo la estructura del Reino Temporal. Yo asumiré la contención de la deidad. Desecha la inquietud… no seré superada). Carlos experimentó una opresión en la garganta. Comprendía que desligarse de Eime en dicho punto constituía una decisión de extremo riesgo, pero al evaluar la condición de Emanuel —quien apenas conservaba la verticalidad, envuelto en un fuego que consumía su propia matriz vital— reafirmó su responsabilidad como combatiente y como "Señor". —¡Eime, abstente de…! —inició Carlos de forma verbal, pero ella ya se encontraba liberando una densidad de energía carmesí proyectada para bloquear el campo visual del Dios Nocturno. El Dios Nocturno, al apercibirse de la distorsión, emitió una risa gélida. —¿Maniobras de sacrificio? ¿Evasiones? Qué predecibles resultan los mortales cuando la aprensión toca a su puerta. Eime se plantó frente a la deidad, mientras sus cadenas energéticas emitían una vibración metálica que fracturaba el espacio circundante. —No constituye aprensión, entidad de sombras —escupió Eime hacia el Dios, ejecutando un gesto imperceptible para indicar a Carlos que iniciase el desplazamiento—. Representa estrategia. Y en este momento, prepárate, puesto que comprenderás el motivo por el cual ejerzo como guardiana de su linaje. Escena 2: La Manifestación Suprema y el Juicio de las Sombras El Dios Nocturno contempló el despliegue de Eime con una mueca de absoluto desprecio. Las hojas suspendidas a su alrededor iniciaron una rotación pausada, configurando el ángulo de ejecución. «¿Acaso esa mocosa sostiene la premisa de que puede prevalecer?», murmuró para sus adentros, manteniendo la vista fija en la silueta de Carlos, quien procuraba tomar distancia transportando a Emanuel. «Qué ingenua. Tendría que haber impedido su retirada bajo cualquier circunstancia. En todo caso, obtendré entretenimiento torturando a esta pequeña guardiana previo a…» De forma intempestiva, el Dios Nocturno interrumpió su monólogo interno. La articulación de sus palabras se detuvo en su garganta. Por primera ocasión en un lapso de diez milenios, una fluctuación gélida recorrió su estructura vertebral. Sus instintos, refinados a lo largo de incontables enfrentamientos contra divinidades y guerreros de era antigua, le emitieron una advertencia ensordecedora. «Un factor anómalo se ha introducido en la ecuación… se asemeja a la necesidad de evadir un impacto, pero no registro elemento alguno en mi campo visual…» Apenas dispuso de margen para reaccionar. Antes de que lograse ejecutar un parpadeo, una fuerza de impacto colosal lo alcanzó de lleno en el tórax. No se trató de una incisión ni de un colapso mágico ordinario; constituyó una masa de poder físico puro que desestimó sus barreras divinas. El Dios Nocturno fue proyectado como una masa inercial, atravesando formaciones rocosas y estructuras residuales a una velocidad que sobrepasó repetidamente la barrera del sonido. Impactó contra el horizonte, generando una detonación masiva que tiñó el firmamento de un tono anaranjado y violáceo. Eime, quien permanecía en la posición original con los brazos cruzados, dejó escapar una leve sonrisa de satisfacción. —Te advertí que omitieras la confianza desmedida, masa de sombras —murmuró. Desde la densidad carmesí que ella había desplegado previamente, emergió una presencia que volvió el aire pesado y difícil de asimilar. No encarnaba la forma de un mortal, ni la de un espíritu, ni la de una entidad demoníaca convencional. Constituía una estructura imponente: una mole de escamas oscuras, mirada milenaria y una presión que reclamaba supremacía sobre la propia materia. Se trataba de Emperor. La invocación suprema de Eime había sido finalmente materializada. Emanuel, sostenido por Carlos, abrió los párpados con amplitud, desplazando por un instante la percepción del dolor causado por las quemaduras. —¿Qué… qué entidad representa eso? —logró articular Emanuel, percibiendo cómo el aura de Emperor aplastaba cualquier margen de reacción en los alrededores—. Esa presencia… emana una magnitud energética situada en una escala completamente ajena. Carlos ajustó la presión sobre el hombro de su aliado, contemplando con sobriedad y cautela a la criatura que acababa de proyectar por los aires a una deidad. —Se trata de Emperor —respondió Carlos con voz grave—. Constituye el fundamento por el cual Eime representa un peligro de primer orden. Esa entidad no contempla el concepto de clemencia… ni el de contención. A la distancia, la polvareda generada por la detonación comenzó a dispersarse, y una hostilidad desmedida emergió del cráter donde el Dios Nocturno había impactado. La dinámica de ejecutante y víctima había sido erradicada. La confrontación había mutado hacia una contienda entre anomalías. Escena 3: Sombras del Pasado y la Sombra de Emilia El Dios Nocturno se erigió de entre los escombros del cráter, retirando un rastro de fluido oscuro de la comisura de sus labios. Sus ojos reflejaban una severidad fría y calculadora. —Maldición… esa masa anómala nuevamente —gruñó la deidad, fijando la vista en la silueta masiva de Emperor que proyectaba su sombra sobre el horizonte—. No contemplé que ella poseyera la capacidad de invocarlo en este plano. Respecto a sus capacidades… existe un factor en esa criatura que escapa a mi plena comprensión. Eime no le concedió margen para estructurar análisis alguno. —¡Te advertí que no distrajeras tu atención! —rugió, proyectándose al ataque con una aceleración que alteraba la geometría del espacio. Lanzó una estocada impregnada de intencionalidad letal, pero para su sorpresa, el Dios Nocturno alzó la mano diestra y detuvo la fuerza del impacto utilizando un solo dígito. La masa atmosférica colindante colapsó por la presión acumulada, pero la deidad no cedió un solo milímetro. Su emanación mágica había experimentado una transición; ya no constituía mera penumbra, sino una densidad física que hundía la superficie terrestre por kilómetros. Eime tomó distancia mediante un salto receptivo, replegándose con la máxima velocidad posible. «Da la impresión de que ha decidido abordar el combate con absoluta gravedad», evaluó Eime, asentando sus botas con agilidad mientras Emperor emitía un rugido a su espalda. «Comprende que represento el obstáculo prioritario en este instante. Mientras desconozca la metodología para neutralizar mi postura, me mantengo en ventaja… aunque debo conservar la objetividad». Eime dirigió una mirada tangencial hacia su invocación. «De no ser por el concurso de Emperor, mi nivel se mantendría distante respecto a la escala de Yuki o de Emilia. Aquellas dos sí que infunden un respeto absoluto». La evocación de Emilia introdujo un matiz amargo en su flujo de pensamiento. Conservaba la memoria de la antigua Emilia: afable, de capacidades excepcionales, una presencia luminosa en medio del conflicto. Sin embargo, la totalidad de la estructura se vio alterada la jornada en que Carlos tomó la determinación que fragmentó al grupo. «Carlos designó a Yuki como nuestra comandante», rememoró Eime con una punzada de pesadumbre. «Tengo certeza del esfuerzo desmedido que Emilia invirtió para alcanzar dicha posición… constituía un objetivo capital para ella, y la resolución final representó una decepción profunda». Emilia había figurado como la pionera. Previo a que Carlos interviniese para rescatarlos de sus respectivos abismos, ella ya se encontraba presente. Representó su primer pilar, su sombra inicial. «Resulta comprensible que la relación entre ella y Yuki sea compleja. Carlos fue categórico en su veredicto, pero Emilia no asimiló la resolución con soltura. En favor del colectivo, se forzó a reestructurar su conducta. Adoptó una postura distante, transformándose en una ejecutora de mirada fría que desestima las emociones ajenas», reflexionó Eime mientras el Dios Nocturno iniciaba su marcha hacia ella, agrietando el plano con cada pisada. «En caso de que ella hiciese acto de presencia en este lugar e interactuara conmigo, lo más probable es que canalizara su severidad hacia mi persona. Su frustración carece de fondo». El Dios Nocturno interrumpió sus reflexiones, haciendo resonar su voz con un timbre denso. —¿En qué concentras tu pensamiento, muchacha? ¿En tus aliadas? ¿En aquellas que te superan en escala de poder? —El Dios extendió las extremidades superiores mientras la realidad adoptaba una tonalidad purpúrea y hostil—. Carece de relevancia quién se presente con posterioridad. Fragmentaré a tu invocación y acto seguido te forzaré a atestiguar cómo devoro la esencia vital de tu 'Señor'. Eime apretó los dientes y alineó la pulsación de su mana con la de Emperor. —Inténtalo, sombra de pacotilla —desafió Eime—. Puesto que si consideras que yo represento un obstáculo, eleva tus plegarias para que Emilia jamás pise este campo de batalla, dado que ella no te concederá el margen de articular palabras antes de erradicar tu existencia. La masa de aire adquirió una consistencia rígida. Se suprimió todo diálogo posterior; el silencio consiguiente constituyó el preludio de un colapso de proporciones masivas. Eime y el Dios Nocturno se proyectaron de forma simultánea, convirtiéndose en dos trazados de luz carmesí y sombra absoluta. La colisión de sus herramientas de combate no generó un sonido metálico convencional, sino la reverberación propia de un movimiento telúrico. Cada impacto provocaba ondas expansivas que reducían a polvo los residuos del entorno, configurando un vacío donde únicamente imperaba la determinación de erradicar al oponente. Tras un intercambio vertiginoso de cientos de estocadas en cuestión de segundos, ambos se repelieron, tomando distancia violenta para restablecer su posición táctica. Escena 4: El Vaciado Vital y el Sendero de la Curación A kilómetros de distancia, el entorno presentaba una dinámica distinta. Carlos aterrizó bruscamente en la hondonada de un valle oculto, distante del punto neurálgico del conflicto. Depositó a Emanuel con delicadeza sobre la vegetación seca. El combatiente se encontraba completamente privado de consciencia; su estructura física, previamente envuelta en fuego, se reducía ahora a un armazón frío y extenuado. Había canalizado la última reserva de su esencia fundamental. —Idiota… empleaste la totalidad de tu recurso —murmuró Carlos, evaluando la frecuencia cardíaca de su aliado. Se acomodó sobre el terreno, intentando estabilizar su respiración. El firmamento distante se iluminaba por las descargas de la contienda de Eime, pero en lugar de serenidad, un sentimiento de frustración comenzó a emerger en su interior. «¿Cuál es el origen de esta inconformidad?», razonó Carlos, cerrando los puños hasta privar de color sus nudillos. «Obtuve su extracción del perímetro. Conseguí resguardarlo a tiempo previo a que aquellas llamas consumieran su estructura por completo… En consecuencia, ¿a qué responde este vacío en el tórax?». Contempló sus propias manos, las cuales registraban una leve oscilación. «¿Obedece a que debí emprender la retirada? ¿A que dejé a Eime a cargo de contener a esa entidad para subsanar mi margen de error?». El malestar de Carlos no derivaba de una derrota táctica, sino de la percepción de impotencia. En su condición de "Señor", la norma estipulaba que debía erigirse como el baluarte del colectivo, pero en la jornada presente, nuevamente la sombra del pasado y las prevenciones relativas a su estirpe lo habían forzado a replegarse mientras terceros vertían sangre en su favor. «Preservar la vida de un aliado no debería asimilarse como una derrota…», reflexionó Carlos, dirigiendo la vista hacia la estructura distante de la Academia Ryouou y posteriormente hacia el horizonte convulso. «Sin embargo, evaluar el estado de Emanuel… y comprender que Emilia o Yuki habrían resuelto este escenario sin vacilación… me transmite la certeza de que continúo evadiendo la naturaleza de lo que realmente encarno». Carlos se hincó junto a la figura inerte de Emanuel. La quietud del valle resultaba densa, alterada únicamente por el eco lejano de las detonaciones de Eime. —No vayas a perecer en este instante, Emanuel. Aún restan múltiples asuntos que debemos abordar —murmuró Carlos, cerrando los párpados para focalizar su concentración. Extendió las palmas sobre el tórax de su aliado. En primera instancia, no se produjo reacción alguna. Carlos percibía su propio flujo energético como una corriente caótica y oscura, mermada por la tensión y el desplazamiento. No obstante, inhaló con profundidad y buscó en los estratos más profundos de su herencia, aquel dominio de su estirpe que Kimberly y los demás evaluaban con marcada reserva. Una emisión lumínica tenue, de tonalidad dorada pálida entrelazada con vetas moradas, comenzó a emanar de sus manos. —Maldición… este proceso demanda un volumen de energía superior al que recordaba —jadeó Carlos. El proceso de recuperación: Primer contacto: La energía de Carlos penetró el área torácica de Emanuel, buscando el núcleo de su poder que había quedado desprovisto de reservas. La sensación resultaba equivalente a verter fluido sobre un terreno agrietado por la aridez. La reacción: El cuerpo de Emanuel experimentó un espasmo involuntario. Las secuelas de las Llamas de la Aceptación presentaban una profundidad considerable, constituyendo marcas que no solo afectaban la epidermis, sino la matriz de su alma. Carlos percibió el impacto de dichas lesiones como si se proyectaran sobre su propia humanidad, un fuego helado que recorría sus extremidades superiores. El sacrificio: La tez de Carlos adoptó un tono pálido. Su propia emanación mágica comenzó a fluctuar. Estabilizar a un combatiente de escala legendaria encontrándose uno mismo en el límite operativo equivale a nutrir un océano con la propia sustancia vital. —¡Sostén la posición! —se exigió a sí mismo a nivel mental. «Si él poseyó la determinación de consumir su vida para habilitar una oportunidad, yo dispongo de la capacidad para ceder un fragmento de la mía con el fin de restituirlo». De forma intempestiva, la frecuencia cardíaca de Emanuel registró una pulsación severa. Un destello morado reaccionó en su área torácica, acoplándose con la energía de Carlos. Las lesiones externas iniciaron una cicatrización progresiva, consolidando trazos de tonalidad plateada. Carlos emitió un quejido sordo, su campo visual perdió nitidez por un instante y un fino hilo hemático brotó de su fosa nasal. Se encontraba transfiriendo no únicamente maná, sino su propia reserva de subsistencia. —Así es… restablece la respiración, idiota… —susurró Carlos, observando cómo la pigmentación retornaba gradualmente al rostro de Emanuel. Emanuel liberó una exhalación rasposa y sus dígitos registraron un leve movimiento sobre la vegetación. No había alcanzado el estado de consciencia plena, pero el riesgo de un colapso irreversible había sido neutralizado. No obstante, Carlos se desplomó hacia atrás, apoyando la espalda contra el tronco de un árbol cercano, experimentando una sensación de ingravidez física y un vaciado energético absoluto. Había preservado la existencia de su aliado, pero en este instante se encontraba en una condición de vulnerabilidad crítica. Y lo más severo fue que, en dicho estado de mella extrema, logró percibir un factor que el estruendo previo de la contienda mantenía oculto: una emanación gélida y conocida se aproximaba a su posición desde la espesura del bosque. Estado actual: Emanuel: Estabilizado, aunque inmerso en un trance profundo de restauración. Su matriz vital se encuentra en proceso de reestructuración mediante la energía transferida por Carlos. Carlos: En estado de agotamiento crítico. Su capacidad combativa ha descendido a niveles mínimos. Entorno: Una entidad ha rastreado la emanación energética emitida durante la ejecución de las técnicas de curación. Escena 5: El Dominio de la Noche y el Límite de la Guardiana A kilómetros de la hondonada donde Carlos se debilitaba, el escenario donde operaba Eime había adquirido proporciones apocalípticas. La presencia de Emperor no únicamente comprimía la piedra, sino que generaba alteraciones en la dinámica gravitatoria del área. El Dios Nocturno emergió de la polvareda, habiendo perdido su compostura inalterable. Su vestimenta presentaba rasgaduras y una marca de erosión purpúrea cruzaba su rostro. Sus ojos, previamente impregnados de burla, reflejaban en el presente una hostilidad ancestral. —¡Suficiente! —rugió la deidad. Extendió las extremidades superiores y el firmamento adoptó una tonalidad azabache absoluta, como si se hubiese vertido pigmento sobre la bóveda celeste—. ¡Dominio de la Noche Eterna: Ocaso de los Reinos! Incalculables hojas compuestas de penumbra se proyectaron desde la altura. Eime, mediante un trazado fluido de sus manos, dictaminó la instrucción. —¡Emperor, en este instante! ¡Escudo de la Autoridad Suprema! La criatura emitió un rugido, una frecuencia que no se percibía a través del sentido auditivo, sino en la estructura del alma. Sus escamas vibraron y una barrera hemisférica de energía carmesí se expandió, desintegrando las hojas de sombra al contacto. Sin embargo, el Dios Nocturno no interrumpió su avance; aprovechó el intervalo de cobertura para posicionarse directamente frente al área cefálica de la criatura. —Una invocación de gran magnitud no garantizará la salvación de una muchacha insignificante —siseó el Dios, concentrando una esfera de energía nula en su palma. ¡BOOM! El impacto forzó el repliegue de Emperor, sacudiendo la estructura terrestre. Eime experimentó el daño recibido por su invocación en su propia humanidad; expulsó un hilo hemático, pero su expresión no perdió la firmeza. —No constituye una simple invocación… —Eime se posicionó sobre el dorso de Emperor, fusionando su masa mágica con la del monstruo—. ¡Representa mi voluntad materializada! ¡Emperor, consume su luz! La criatura distendió las fauces y, en lugar de una descarga ígnea, proyectó un Haz de Vacío. El Dios Nocturno procuró contener la trayectoria utilizando su dígito, tal como había ejecutado con anterioridad, pero en esta oportunidad sus facciones denotaron alteración al atestiguar cómo la capa epidérmica de su mano comenzaba a erosionarse. —¿Qué…? ¿Energía de erradicación? —la deidad apenas logró ejecutar una translocación a metros de distancia, pero el Haz de Vacío le cercenó una fracción de la extremidad superior izquierda. —¡Aquello corresponde a la cuenta de Carlos! ¡Y esto a la del Dragón de la Felicidad! —clamó Eime, con sus ojos emitiendo un destello de intensidad desmedida. El Dios Nocturno, resentido y dominado por la furia, liberó su fisonomía real. Las sombras se adhirieron a su fisonomía a modo de armadura orgánica y su envergadura se incrementó. —¡Los erradicaré de los registros de la historia! —rugió el Dios, arremetiendo contra Emperor en un choque de proporciones colosales. El enfrentamiento ingresó en su fase de mayor devastación. Cada ocasión en que la deidad impactaba a Emperor, Eime respondía mediante trazados de cadenas carmesí que procuraban aprisionar la esencia de la deidad. La continuidad del espacio-tiempo registraba inestabilidad; por intervalos se manifestaban proyecciones de otros planos siendo desintegrados ante el tránsito de estas tres entidades. «Si no logro dictaminar la conclusión de esto a corto plazo…», evaluó Eime mientras percibía cómo su nitidez visual disminuía producto del esfuerzo desmedido, «Emperor se desintegrará y quedaré a disposición de ese sujeto. ¡Corresponde arriesgar la totalidad del recurso en el movimiento venidero!».
The strongest warrior of humanity (Novela)

Continúa leyendo

The strongest warrior of humanity (Novela)

Capítulo 195

Siguiente Capítulo ›

The strongest warrior of humanity (Novela) Capítulo 194

Estás leyendo el capítulo 194 de The strongest warrior of humanity (Novela), un novela. La historia sigue a un niño que aspira a ser un guerrero destacado en su academia. A lo largo de su camino, enfrenta diversas situaciones desafiantes, pero finalmente es traicionado por su hermano y amigos. Tras su… Este capítulo tiene publicado el 26 de abril de 2026, Traducido por el grupo Español. The strongest warrior of humanity (Novela) tiene 344 capítulos disponibles en LectorTMO, en español y sin registro.