Leer The strongest warrior of humanity (Novela) Capítulo 182 online gratis en español
🏴 Grupo: Español✍️ Traducción: Español
Capítulo 181: Pactos Políticos, la Sombras del Pasado y el Eco de Astaroth
Punto de vista: Carlos Tanaka Sánchez, Kimberly, Abrán, Héroe de las Sombras, Mael, Freya, Lucia y Perspectiva General
El viento entre las ruinas del Ryouou Clannad no daba tregua. El aire, denso por el residuo de magia desoladora y el polvo acumulado, parecía vibrar con cada palabra que se decía. El peso del juicio inminente aún flotaba sobre la cabeza de Carlos, pero la atmósfera cambió de golpe cuando una nueva voz dio un paso al frente.
Escena 1: La Oferta de Kimberly y el Juego Político de las Familias
El ambiente todavía estaba cargado cuando Kimberly dio un paso al frente. Su mirada no era suave. Era calculadora, analítica, midiendo cada milímetro de la reacción de Carlos.
—Para ser el hermano de Abrán… tienes demasiados problemas.
Carlos levantó apenas una ceja, manteniendo las manos en los bolsillos, sin dejar transparente su cansancio. Kimberly cruzó los brazos sobre el pecho con frialdad ejecutiva.
—Pero no te preocupes. Te ayudaré con eso.
Farid ladeó la cabeza, soltando una pequeña exhalación resignada.
—Ahí vamos…
Kimberly ignoró el comentario por completo, fija en Carlos.
—No olvides algo importante. Eres parte de las Doce Grandes Familias.
Algunos de los presentes murmuraron entre sí. Ese título no era un adorno decorativo para los libros de historia. Era política pura. Era influencia militar. Era poder histórico acumulado por generaciones.
—Y eso significa —continuó ella con una pequeña sonrisa de lado— que tu ejecución no es una decisión sencilla.
Carlos entendió de inmediato la naturaleza de sus palabras. Ella no estaba ofreciendo compasión ni lástima de compañera. Hablaba de fuerza, de influencia y de poder de voto.
—Claro… —murmuró Farid—. Y aquí viene la parte peligrosa.
Kimberly señaló directamente a Carlos con el índice.
—Me deberás un favor.
Natsuki frunció el ceño al instante, dando medio paso hacia adelante para proteger el espacio de Carlos.
—¿Un favor?
Farid intervino rápido, colocando una mano hacia el frente en gesto pacificador.
—Oye, Kimberly, no empieces. No pidas cosas ahora.
Su mirada hacia ella era de franca curiosidad, pero también contenía una clara advertencia. Kimberly lo miró de reojo con desdén.
—¿Y cuándo es buen momento? ¿Después de que lo condenen?
Kevin suspiró profundamente, pasando una mano por su cuello.
—¿Qué quieres que diga? Ella sabe lo que hace. —Se encogió de hombros—. Abrán pensaría igual.
Todos giraron los ojos hacia Abrán. Él no habló de inmediato. Su expresión era sombría, seria, evaluando el panorama con dureza.
—Carlos no pidió ayuda —dijo finalmente, rompiendo su silencio.
Kimberly sonrió apenas, sin mover la mirada de Carlos.
—Pero la necesita.
El silencio cayó pesado entre el grupo. Carlos respiró hondo, sintiendo la presión de la mirada de todos.
—¿Qué tipo de favor?
Directo. Sin rodeos.
Kimberly sostuvo su mirada con aplomo.
—Cuando el Consejo vote, las familias tendrán peso. Mi casa puede inclinar la balanza.
Lucia entrecerró los ojos, con su porte regio erizado ante la sola sugerencia de manipulación.
—Esto no es un mercado político.
Kimberly respondió tranquila, sin alterarse por la dignidad de la gobernante.
—Todo juicio de alto nivel lo es.
Kratos no discutió esa afirmación. Porque en el fondo de las altas esferas, sabía perfectamente que era verdad.
—El favor no es inmediato —continuó Kimberly—. Solo quiero tu palabra.
Carlos la observó en silencio durante varios segundos. No parecía una trampa burda. Parecía pura estrategia militar y política.
Farid negó con la cabeza, esbozando una sonrisa amarga.
—Siempre negocias incluso en funerales.
—Es supervivencia —respondió ella sin la menor culpa.
Kevin miró a Carlos con frialdad analítica.
—No es mala oferta.
Abrán finalmente habló con tono firme, cargado de gravedad fraterna:
—Pero no aceptes algo que no puedas cumplir.
Eso era vital. Carlos pensó unos segundos. Evaluó todo en su mente: el juicio del amanecer, la sonrisa inocente de Yue, la promesa que le acababa de hacer, la imagen de la niña llorando en ese recuerdo borroso... No podía morir aquí. No ahora.
—Si usas tu influencia para garantizar un juicio justo… —dijo Carlos, fijando sus ojos en Kimberly— te deberé un favor. Pero no uno que traicione a los míos.
Kimberly sonrió satisfecha.
—Tranquilo. No te pediré tu alma.
Farid murmuró por lo bajo:
—Eso ya intentaron hacerlo.
Algunos en el grupo soltaron una risa leve, una fuga de vapor necesaria en medio de tanta presión. La tensión bajó apenas. Kimberly extendió la mano hacia él.
—¿Trato?
Carlos la miró a los ojos, sintiendo el peso del compromiso, y le estrechó la mano con firmeza.
—Trato.
El gesto no fue algo menor. Era un movimiento calculado en el tablero de ajedrez geopolítico. Lucia observó todo el intercambio en silencio absoluto.
—El amanecer decidirá más que tu destino —dijo finalmente la reina—. Decidirá el equilibrio entre las familias.
Carlos lo sabía perfectamente. Ya no era simplemente un acusado o una víctima de posesión. Era una pieza central en un juego mucho más grande. Y el Dios Nocturno… si seguía observando desde la penumbra… acababa de entender algo crucial: Carlos no estaba solo. Y ahora, tampoco estaba políticamente indefenso.
Escena 2: La Advertencia del Dios de la Espada y el Recuerdo Olvidado
Miguel soltó una risa seca, intentando aligerar el ambiente con su habitual desdén por las amenazas lejanas.
—Como sea… después de todo, ese tal Dios Nocturno es mucho peor que Lucifer.
Shiro giró la cabeza con una seriedad que cortó el aire de tajo.
—Si yo fuera tú… me quedaría callado.
No fue una amenaza. Fue una advertencia fría y absoluta.
—Ustedes no tienen la menor idea de lo que él es capaz.
Antes de que Miguel pudiera responder, Karen dio un paso al frente. Sin embargo, sus ojos cambiaron. El brillo habitual de su mirada se apagó para ser reemplazado por un aura dorada y antigua. La energía alrededor se volvió sofocante, pesada, aplastante.
Cuando habló, la voz no era la de Karen. Era más profunda, resonante, afilada como el filo de un acero divino.
—La niña tiene razón.
El murmullo de los estudiantes se apagó por completo. El Dios de la Espada hablaba a través del cuerpo de Karen.
—Yo peleé contra él hace mil años.
El viento se volvió denso, casi imposible de respirar.
—Ese ser no es un simple dios oscuro. Es un exterminador. Un destructor de linajes. Mató un ejército nivel dios… él solo.
Algunos de los presentes palidecieron. Kratos frunció el ceño con severidad.
—Arrasó su propio clan.
Merlin abrió los ojos con genuina sorpresa.
—Y acabó con los Diez Héroes Legendarios.
Silencio absoluto. El peso histórico de ese título era colosal. Ni siquiera Lucia intervino. La voz divina continuó retumbando:
—No pelea por conquista. No pelea por orgullo. Pelea por propósito. Y cuando decide borrar algo… lo borra por completo.
La presencia divina comenzó a desvanecerse lentamente. Karen parpadeó varias veces, recuperando el control de su cuerpo y tambaleándose un poco. El aire volvió a fluir, pero nadie respiraba del mismo modo.
En ese preciso instante, Abrán se llevó ambas manos a la cabeza con un quejido sordo. Un recuerdo violento cruzó su mente como un relámpago. No era un pensamiento reciente. No pertenecía a esta vida.
Vio un lugar devastado, cubierto por cielos de un rojo carmesí. Un cuerpo inmóvil en el suelo. Alguien… muriendo trágicamente frente a él. Sintió en sus fosas nasales el mismo olor acre a destrucción y ceniza que ahora impregnaba las ruinas del Ryouou Clannad. Pero ese recuerdo era inmemorial.
Era el recuerdo de cuando él murió en el pasado.
Abrán retrocedió un paso, desorientado.
—¿Qué…?
Las voces del grupo se volvieron un murmullo lejano para él.
—¿Qué tiene que ver ese recuerdo conmigo?
Su respiración se aceleró. Un sudor frío le cubrió la frente.
—¿Qué me está pasando?
Kevin fue el primero en notar su colapso.
—Abrán.
Farid también lo miró con alarma.
—Oye, ¿qué te pasa?
Carlos se giró lentamente hacia su hermano. Los ojos de Abrán no estaban enfocados en el presente; miraban hacia un abismo del pasado.
Merlin frunció el ceño, analizando la energía alrededor del joven.
—No es posesión.
Lucia tensó la expresión de inmediato.
—Es resonancia.
Shiro miró a Carlos con ojos desorbitados, y Carlos lo entendió en ese instante. Si él tenía recuerdos de otra vida… si el Dios Nocturno había aparecido por motivos que aún no comprendía del todo… entonces quizá no era el único reencarnado en ese lugar.
Abrán apretó los dientes, luchando por contener la imagen que se volvía cada vez más nítida. La figura que moría frente a él sostenía una espada… una espada que brillaba con la misma luz purificadora que la espada que Yue había empuñado. Y antes de desplomarse, esa persona pronunció tres palabras:
“Él regresará.”
Abrán respiró con extrema dificultad.
—Yo estuve ahí…
Kevin lo sostuvo del brazo con fuerza para evitar que cayera.
—¿Dónde?
Abrán levantó la mirada lentamente hacia el grupo.
—En la guerra contra el Dios Nocturno.
El silencio que siguió fue más pesado que cualquier palabra. Carlos sintió un escalofrío helado recorrerle la espina dorsal. Si aquello era cierto, esto no era una simple posesión ni un juicio aislado contra su persona. Era una deuda milenaria. Una tragedia que llevaba mil años gestándose… y apenas ahora comenzaban a recordar.
Escena 3: La Revelación del Héroe de las Sombras y el Sello del Alma
El aire alrededor de Abrán se volvió gélido. Se quedó completamente rígido. Su sombra comenzó a estirarse sobre las piedras rotas, moviéndose no por la posición de la luz, sino con una voluntad propia y antigua.
De repente, una voz emanó desde la sombra misma:
—Carlos Tanaka Sánchez… sé que esto sonará raro.
La voz no pertenecía a Abrán. Era más profunda, rasposa, cansada, como si viniera de una tumba olvidada. Todos retrocedieron un paso por instinto.
—Yo soy el Héroe de las Sombras.
Un silencio sepulcral dominó la escena.
—Perdón por interrumpir, pero esto es de suma importancia. Presten atención.
Carlos sintió que se le erizaba la piel. La energía que manaba de la sombra no era maligna ni agresiva; era trágica, desgastada por una guerra infinita.
—Dios de la Espada… sé que puedes escucharme.
Karen volvió a tensarse cuando la presencia en su interior reaccionó de inmediato.
—¿Viejo amigo…? ¿Acaso tú…?
La sombra se agitó levemente, asintiendo.
—Así es. Al igual que los demás… morimos.
Las palabras cayeron como bloques de granito.
—Todos nosotros caímos.
Merlin susurró para sí mismo, atónito:
—Reencarnación fragmentada…
La sombra continuó su desgarrador relato:
—Solo cuatro logramos escapar con vida… si puede llamarse vida a esto.
Carlos apretó los puños con fuerza.
—¿Cuatro…?
—Tienen que encontrarlos antes de que él… o ellos… lo hagan.
Lucia frunció el ceño con sospecha.
—¿Ellos?
La sombra de Abrán se expandió un poco más sobre el suelo.
—Si él los encuentra primero… los matará. Y no será una muerte rápida. Será un dolor que ni siquiera ustedes pueden imaginar.
La atmósfera se volvió aún más helada.
—Él fue humano. Un humano que se convirtió en dios. No por ambición. Por odio. Su propósito era acabar con todo ser vivo. No conquistar. No gobernar. Destruir.
El Héroe de las Sombras tembló visiblemente. No por un peligro presente, sino por el trauma imborrable de su memoria.
—Esa guerra fue una masacre.
De pronto, visiones compartidas comenzaron a filtrarse en la mente de todos los presentes. No eran ilusiones mágicas; eran los recuerdos puros del ente. Campos infinitos teñidos de sangre dorada de dioses, cielos rasgados en grietas negras, montañas colosales partidas como ramas secas.
—Vimos morir a los Diez Héroes Legendarios. Uno por uno. Gritos que ningún humano podría soportar. Las muertes no fueron rápidas. Fueron… crueles. Desgarradoras. Personas suplicando. Deidades arrodilladas. Guerreros que preferían arrancarse el propio corazón antes que seguir sintiendo la agonía que él infligía.
Varios en el grupo tuvieron que desviar la mirada o taparse la boca. Miguel tragó saliva con dificultad. Natsuki apretó los dientes, conteniendo el temblor de sus manos. Yue se pegó aún más a la pierna de Carlos.
La sombra continuó:
—Él no solo mata cuerpos. Rompe almas. Las fragmenta. Las deja conscientes mientras se desintegran eternamente.
El Dios de la Espada habló a través de Karen con sombría solemnidad:
—Eso es cierto. Yo lo vi.
Silencio. La sombra apuntó directamente a Carlos.
—Carlos Tanaka Sánchez. Tú no fuiste elegido al azar. Fuiste marcado desde aquella guerra.
El corazón de Carlos dio un vuelco violento.
—Porque tú… —La sombra vaciló, como si pronunciar la verdad le causara un dolor físico—. Tú fuiste uno de nosotros.
La revelación fue devastadora. Shiro abrió los ojos de par en par. Abrán tembló en el lugar.
—Moriste protegiendo a los otros tres. Y antes de caer… sellaste algo en tu alma.
Carlos sintió que el misterioso recuerdo de la niña llorando comenzaba a enlazarse con todo esto.
—Ese sello… es lo que él quiere.
Lucia intervino con voz baja y peligrosa:
—¿Qué sello?
La sombra respondió:
—La llave. No para abrir un portal… sino para terminar lo que comenzó.
Un vendaval sacudió los escombros alrededor.
—Si él recupera esa llave… este mundo no tendrá una segunda oportunidad. Encuentren a los otros tres. Antes de que sea demasiado tarde.
La energía de la sombra se disipó bruscamente. Abrán cayó de rodillas, agotado, siendo sostenido de inmediato por Kevin.
El silencio posterior fue aterrador. Carlos respiraba agitado, procesando las piezas: él era uno de ellos, la guerra milenaria, la llave, el sello dentro de su alma. Todo encajaba. El Dios Nocturno no lo había poseído por mero capricho… sino porque necesitaba desesperadamente lo que yacía guardado en su interior.
Escena 4: La Reliquia Sagrada de Dios y el Retorno de Astaroth
El silencio se volvió todavía más denso. Carlos dio un paso al frente, tratando de mantener la cabeza fría frente al maremágnum de revelaciones.
—No creo que yo fuera esa persona de la que hablas, Héroe de las Sombras. Tal vez te refieres al Primer Héroe de la Humanidad… el que los protegió a todos.
La sombra en el suelo de Abrán, aunque debilitada, permaneció atenta. Carlos continuó:
—Lo de la llave… puede tener sentido. Hace un tiempo, Lucifer robó algo dentro de mí. Pero no sé si eso sea lo que llamas “la llave”.
La sombra se tensó visiblemente, dejando salir un murmullo oscuro:
—Maldición… ¿cómo fue posible? Si usaron eso…
Mael dio un paso al frente. Su mirada era helada, calculada.
—Ya veo… así que es verdad. —Miró fijamente a la sombra de Abrán—. Dime algo, Rey de las Sombras… ¿sabes algo sobre la Reliquia Sagrada de Dios?
La sombra guardó silencio. Mael avanzó otro paso, dejando brotar una aura oscura y opresiva que erizó la piel de los presentes.
—Respóndeme. Dímelo ahora mismo.
La sombra suspiró con cansancio infinito.
—Sí… conozco esa reliquia. No es un artefacto cualquiera. Puede revivir a los caídos.
Las palabras cayeron como un golpe destructivo. Merlin palideció notablemente. Lucia apretó los dientes.
—Si ese abismal de Lucifer tiene la llave… y además la reliquia…
La sombra bajó el tono de su voz:
—Entonces no busca destruir todavía. Busca restaurar.
Carlos sintió un vacío helado en el estómago.
—¿Restaurar a quién?
La sombra respondió directamente:
—A alguien que cayó hace años.
Mael entrecerró los ojos.
—¿Hablas de ella?
La sombra asintió lentamente.
—Conozco esa historia. Una chica. Una humana. Que aspiraba a convertirse en uno de los Diez Héroes Legendarios.
Las imágenes se filtraron de nuevo en la mente del grupo: una joven de mirada indomable, el cabello alborotado por la brisa del combate y una espada gigantesca que manejaba con maestría sobrehumana.
—Se enfrentó a Astaroth. La batalla fue colosal. El cielo se partió, la tierra ardió y la magia se desbordó. Logró algo que nadie más había conseguido: contenerlo, herirlo y forzarlo a retroceder.
El Héroe de las Sombras habló con profundo respeto:
—Era incluso superior al Primer Héroe.
Eso hizo que el Dios de la Espada reaccionara con orgullo desde el cuerpo de Karen:
—No夸张 (No exageres).
—No lo hago —replicó la sombra—. Pero después de esa batalla… desapareció. No hay cuerpo confirmado. No hay tumba. No hay registro claro. No sabemos si sigue con vida… o si murió realmente.
En ese momento, las conexiones en la mente de Carlos hicieron cortocircuito. El recuerdo de la niña llorando mientras comía sola, el dolor de una promesa rota, la culpa atávica...
Su respiración se volvió completamente inestable.
—¿Cómo se llamaba?
La sombra vaciló.
—Su nombre fue borrado de los registros tras la guerra.
Lucia frunció el ceño con rabia.
—¿Borrado por quién?
—Por quienes temían lo que representaba.
Mael miró directamente a Carlos.
—Si Lucifer quiere la llave… y tiene la reliquia…
Kevin completó la aterradora deducción:
—Quiere traerlo de vuelta.
Shiro dio un paso al frente, confundida.
—Pero ¿para qué?
La sombra sentenció:
—Porque él mismo está buscando venganza… Y no busca un arma cualquiera. Busca a alguien que conoce las técnicas antiguas, las debilidades divinas y la estrategia que casi destruyó al Dios Nocturno.
El silencio posterior fue abrumador. Carlos cerró los ojos un segundo. Si Lucifer lograba revivir a semejante entidad, el mundo no enfrentaría solo a un dios o a un demonio supremo… enfrentaría a una guerrera abismal mucho más peligrosa que cualquier amenaza conocida.
Escena 5: El Sacrificio Anunciado y el Desafío de Carlos
Carlos sintió que el corazón le retumbaba violentamente en los oídos.
—Espera… esa mujer… —Su voz se quebró apenas—. Se llama Sara. La mejor amiga de mi madre.
El silencio cayó como una lápida de plomo sobre todos. Shiro abrió los ojos con absoluta incredulidad.
—¿Sara? Pero… ella dio su vida por salvar a Hina en el Reino del Sol. Todos vimos el final de esa batalla. Tu madre peleó contra Astaroth… y Sara…
Carlos respiraba con evidente dificultad, pasándose la mano por el rostro.
—Sara fue quien se interpuso cuando todo se salió de control. —Un viento helado cruzó las ruinas—. Maldita sea… Entonces su objetivo es mi madre… y Sara.
Levantó la mirada, ardiendo en rabia contenida.
—Si quiere traer de regreso a Astaroth… el mundo entero estará en peligro.
Lucia dio un paso al frente, con sus ojos brillando con una frialdad majestuosa.
—¿En verdad creen que van a hacer eso? —Su voz cortó el aire con seguridad absoluta—. A ese maldito le dejé claro algo. ¿Revivir a un inútil como él? Aunque lo haga… será derrotado. De eso estoy segura.
Su fe en su propia fuerza y en la de sus aliados era abrumadora. Sin embargo, Freya negó suavemente con la cabeza, mostrando una expresión sombría.
—Estás pensando demasiado a la ligera, Lucia.
El ambiente volvió a tensarse.
—Cuando me enfrenté a Lucifer… me advirtió algo. —Señaló directamente a Carlos—. Dijo que todo… caerá sobre ti.
Las palabras quedaron flotando en el aire como una sentencia de muerte. El viento parecía lamentarse entre las piedras rotas.
Carlos bajó la mirada un segundo.
—Así que todo lo que pase será por mi culpa… ¿no es así, Freya?
Su voz no tembló, pero sus dedos sí lo hacían. Respiró profundo, buscando el centro de su serenidad, intentando ordenar el caos que amenazaba con devorarlo.
—Hay cosas que aún no encajan. Mi juicio. El destino. El lugar donde todo se llevará a cabo… Tal vez tenga sentido. Tal vez siempre estuvo conectado conmigo.
El recuerdo fugaz volvió a golpear su mente: fuego, gritos desgarradores y la niña llorando en la oscuridad mientras comía en soledad.
Milin levantó la mano tímidamente desde el grupo, rompiendo la tensión teórica.
—Una pregunta… ¿quién es Astaroth?
Todos la miraron. La joven tragó saliva ante tantas miradas fijas sobre ella.
—No sé mucho de historia… solo escuché el nombre de Sara, la Heroína de la Esperanza. Pero dime algo, Carlos… ¿de verdad crees que lo mejor ahora es enfocarnos solo en eso? También hay cosas importantes contigo. Debes ser consciente.
Carlos levantó la mirada lentamente. En sus ojos ya no había rastro de pánico ni de duda; solo una determinación implacable y peligrosa.
—Si Lucifer dijo que todo caerá sobre mí… entonces no es coincidencia.
Mael habló con voz grave y pausada:
—Puede que el ritual necesite tu presencia. Tu energía. Tu sangre.
Un escalofrío recorrió a todos los presentes. Natsuki se pegó al costado de Carlos, apretando su brazo como si fuera a ser arrebatado en cualquier instante.
Freya bajó la voz a un susurro sombrío:
—Si el regreso de Astaroth requiere un sacrificio… y ese sacrificio eres tú…
Las sombras alrededor de las ruinas parecieron alargarse a medida que la noche terminaba de caer. El silencio volvió a oprimir los pechos de los guerreros.
Carlos cerró los ojos un instante. En la oscuridad de su mente vio a su madre, vio la figura sacrificada de Sara, vio la silueta grotesca del demonio Astaroth alzándose entre escombros… y en medio de todo ese fuego, se vio a sí mismo.
Abrió los ojos.
—Entonces que venga.
Una leve sonrisa, cansada pero indomable, apareció en sus labios.
—Si el destino quiere cargarlo todo sobre mí… que lo intente.
Shiro dio un paso firme a su lado, asentendiendo en silencio. Lucia chasqueó la lengua, aunque una sonrisa de aprobación imperceptible cruzó sus labios. Freya sostuvo su mirada, reconociendo el valor del joven.
La guerra ya no era solo un conflicto de reinos o una disputa divina. Era profundamente personal. Y si Astaroth o Lucifer intentaban usarlo como peón… Carlos Tanaka Sánchez estaba listo para hacer arder el tablero.

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