Leer The strongest warrior of humanity (Novela) Capítulo 180 online gratis en español
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Capítulo 180: Ecos de Paz, Advertencias de Sombra y la Calma Inestable
Punto de vista: Carlos Tanaka Sánchez, Shimizu Shiro, la otra Shiro (joven) y Perspectiva General
El aire ya no crujía. Solo quedaba el eco de lo que pudo haber sido. Carlos soltó un suspiro largo y pesado, bajando apenas la cabeza.
—Como sea… si no queremos llamar la atención, Shiro, será mejor que regresemos.
Luego miró a Shimizu. No con frialdad. No con autoridad. Con cansancio.
—Y tú… —hizo una pausa—. Me pasé.
No era una disculpa elaborada. Pero era honesta. Shimizu infló las mejillas en un pequeño puchero, desviando la mirada.
—Hmpf… claro que te pasaste. Dolió. Claro que dolió.
Pero la sonrisa que apareció después no era fingida. Era alivio.
—No te preocupes. Ya me siento un poco mejor.
Lo decía en serio. No porque todo estuviera resuelto, sino porque algo había cambiado. Carlos asintió.
—Aun así… debo tener más cuidado.
Shimizu lo observó con una expresión distinta. Más analítica.
Sí. Él hablaba en serio… —pensó—. Tendré que mantenerlo bajo control.
No como enemigo, sino como alguien que conocía el límite de su poder.
La otra Shiro dio un pequeño paso hacia atrás, su aura ya completamente calmada.
—Entonces volvamos antes de que alguien note la distorsión mágica.
Shimizu se giró.
—Yo tengo que irme.
Carlos alzó una ceja.
—¿A dónde?
—Con Sayu. Ya quedamos en algo.
Su tono cambió ligeramente. Más estratégico.
—Vamos a ver cómo sacar a Amadeus de ese lugar donde no pertenece.
Eso hizo que Carlos se tensara apenas.
—¿Tienes un plan?
Shimizu sonrió de lado.
—No completo. Pero Sayu encontró algo interesante. Parece que el sello que lo mantiene allí no es absoluto… solo está mal anclado.
La otra Shiro cruzó los brazos.
—Eso suena peligroso.
—Lo es —admitió Shimizu—. Pero dejarlo ahí es peor.
Carlos la observó unos segundos. Ya no veía a alguien autodestruyéndose. Veía a alguien moviéndose.
—No hagas nada sola.
Ella rodó los ojos.
—Relájate. No planeo invadir otro plano sin respaldo.
—Eso dijiste la última vez.
—¡Oye!
La tensión se disipó por completo. No estaban en paz. No estaban libres de culpa. Gabriel seguía siendo amenaza. Lucia seguía siendo un reino que proteger. Las promesas seguían pendientes. Pero una vez en mucho tiempo… no estaban peleando entre ellos.
Shimizu comenzó a caminar, pero se detuvo un segundo sin mirar atrás.
—Carlos.
Él respondió con un leve sonido.
—No te conviertas en ese hombre otra vez.
Silencio breve.
—No lo haré.
No fue dramático. Fue firme. Ella asintió y disappeared en un destello suave. Carlos quedó mirando el lugar vacío.
La otra Shiro habló en voz baja:
—Estuviste a punto.
—Lo sé.
—¿Y ahora?
Carlos levantó la vista hacia el cielo ya despejado.
—Ahora cumplimos nuestras promesas. Y esta vez… sin destruirnos en el proceso.
Escena 1: Advertencia Antigua y el Poder Nocturno
Shimizu se detuvo antes de desaparecer por completo. Giró apenas el rostro, con esa expresión entre seria y burlona que siempre usaba cuando estaba preocupada pero no quería admitirlo.
—Antes de partir… Shiro, recuerda entrenar. Y usa bien el Kuromi.
La otra Shiro frunció el ceño.
—Lo sé.
—No. No lo sabes.
Su tono cambió. Más técnico. Más antiguo.
—Ese poder no es simple energía oscura. El Kuromi va mucho más allá. Es una extensión de la voluntad… y si tu voluntad tiembla, él lo sentirá.
Carlos entrecerró los ojos.
—¿Poder nocturno?
Shimizu asintió.
—Es similar. Pero más invasivo. Ese tipo no ataca primero el cuerpo… atraviesa el alma. Observa. Espera. Si detecta una grieta emocional… la convierte en puerta.
La otra Shiro guardó silencio. Eso no era exageración. Lo habían visto antes.
—Si uno de ustedes se debilita mentalmente —continuó Shimizu—, las probabilidades de manipulación aumentan. Y créanme… ese destino no es rápido. Ni limpio.
Carlos cruzó los brazos.
—Hablas como si lo hubieras sufrido.
Una pausa mínima.
—Lo vi de cerca.
Eso bastó. Luego, como si se diera cuenta de que estaba demasiado seria, hizo un puchero exagerado.
—Así que nada de travesuras, mocosos babosos.
La otra Shimizu —la más joven— infló las mejillas de inmediato.
—¡No somos mocosos!
—Claro que lo son.
Carlos soltó una pequeña risa por lo bajo. Cada vez que Shimizu hacía ese puchero… perdía por completo la intimidación que intentaba proyectar. Tenía un lado adorable que ni ella misma notaba. Aunque…
—En ternura no le gana a Yue —murmuró Carlos casi sin pensar.
Las dos Shiro lo miraron.
—¿Ah sí? —dijeron al mismo tiempo.
Carlos levantó ambas manos.
—Solo digo hechos objetivos.
Shimizu giró el rostro con falsa indignación.
—Hmpf. Qué falta de respeto.
Pero estaba sonriendo. No una sonrisa de resignación: una genuina.
—Entrenen. Fortalezcan su mente antes que su poder —añadió más suave—. El Kuromi no es para presumir. Es para resistir.
La otra Shiro asintió con seriedad real.
—Lo haré.
—Bien.
El viento se movió con suavidad alrededor de Shimizu. Ya no había presión. No había tormenta. Solo advertencia y cuidado disfrazado de regaño.
—Nos veremos pronto —dijo finalmente.
Carlos la miró fijamente.
—No hagas nada imprudente con Sayu.
Ella sonrió de lado.
—Yo nunca hago nada imprudente.
Los tres sabían que era mentira. Y eso hizo el momento más ligero. Un destello oscuro la envolvió. Y desapareció.
Silencio. La otra Shiro miró a Carlos.
—¿De verdad Yue es más tierna?
Carlos fingió pensar.
—Es una competencia difícil.
Ella lo golpeó suavemente en el brazo. Pero no había tensión. Solo algo que se parecía peligrosamente a paz. Por ahora. Porque sabían que el enemigo no atacaría con fuerza bruta: atacaría cuando uno dudara.
Escena 2: Discusión Absurda y Comparaciones Inevitables
Carlos apenas había terminado de decir «es hora de—» cuando sintió una presencia detrás. Peligrosa. Ofendida. Muy ofendida.
—Oye, estúpido…
Esa voz no era la de una guerrera ancestral. Era la de alguien claramente picada.
—Explícame algo. ¿Cómo que Yue es mucho más adorable que yo? ¿Es porque es semi dragón y mitad humana? ¿O solo porque es tu hija?
Carlos parpadeó una vez. Error crítico detectado.
—Vamos, vamos, Shiro… no te alteres. No seas dramáti—
¡PAM!
El golpe en la nuca resonó limpio.
—¡Hijo de la—! ¡Que no soy dramática, viejo inútil!
Carlos se llevó la mano a la cabeza, girando lentamente.
—¿Viejo… inútil?
La otra Shiro cruzó los brazos, claramente ofendida pero intentando mantener dignidad.
—Primero comparaciones. Luego favoritismo. Y encima me llamas dramática.
—No dije favoritismo —respondió él con calma peligrosa—. Dije evaluación objetiva basada en—
—¡Cállate!
Otro intento de golpe. Esta vez Carlos esquivó por centímetros.
—Escucha, pequeña tormenta emocional—
—¡¿Pequeña qué?!
Carlos suspiró. Error número dos.
—Mira… Yue es adorable porque cuando se enoja infla las mejillas y saca humo por la nariz. Literalmente humo. Es difícil competir con eso.
Shiro lo miró fijamente.
—Yo también puedo inflar las mejillas.
Lo hizo. Carlos la observó unos segundos. Se llevó la mano al mentón como si evaluara.
—… Sí, pero no hay humo.
Silencio. La otra Shiro tembló.
—¿Entonces necesitas humo para considerar a alguien adorable?
Carlos intentó mantener la seriedad. Falló.
—No es requisito obligatorio… pero suma puntos.
¡PAM!
Otro golpe en la nuca.
—¡Eres imposible!
Carlos retrocedió un paso, sobándose la cabeza.
—Por los dioses, solo fue una broma.
Shiro lo miró entre molesta y avergonzada.
—Además… —continuó él con tono más suave—. Que alguien sea adorable no significa que no sea peligrosa.
Ella entrecerró los ojos.
—¿Eso qué significa?
—Significa que tú das más miedo cuando haces puchero que Yue cuando lanza fuego.
La tensión se rompió. La otra Shiro intentó no sonreír. Falló.
—¿Eso es un cumplido?
Carlos alzó los hombros.
—Es una observación estratégica.
Ella bufó.
—Sigo pensando que tienes favoritismo.
—Claro que lo tengo —respondió sin dudar—. Es mi hija.
Silencio.
—Pero eso no te quita nada.
Shiro bajó ligeramente la mirada.
—Hmpf… igual no soy dramática.
Carlos sonrió apenas.
—Claro que no.
—Y no soy menos adorable.
—Nunca dije que lo fueras.
Ella lo miró de reojo.
—Viejo inútil.
—Mocosa intensa.
Se quedaron en silencio unos segundos. No había guerra. No había tormenta. Solo un intercambio torpe que sonaba peligrosamente… normal. Y eso, para ellos, era más raro que cualquier batalla.
Escena 3: Provocaciones, Golpes y la Calma Compartida
Carlos se sobó la nuca, todavía resentido por el golpe.
—Esta mocosa… —murmuró—. Ahora que lo pienso, Natsuki una vez me dio unos golpes de la más alta calidad.
Shiro entrecerró los ojos. Mala decisión.
—¿Ah sí?
Carlos siguió, cavando su propia tumba.
—En mis tiempos, Natsuki pegaba más que cualquiera. Sus puños eran como bombas atómicas.
Silencio. Pesado.
—¿Ehh? —Shiro lo miró con desprecio creciente.
Carlos sintió el aura cambiar.
—… Esto se va a poner feo.
—Cuando lleguemos a la academia le diré todo a Gojo.
Carlos se rió. Error crítico número tres.
—Uy, uy, sí, acúsame con tu mamá coco.
La atmósfera se congeló.
—Ese idiota que— si hasta a él lo tienes traumado —continuó, sin frenos—. Siempre lo maltratas, lo usas como saco de boxeo. La otra vez cuando me pidió ayuda terminó más muerto que yo.
Shiro dio un paso al frente. Carlos sonrió con malicia innecesaria.
—No puedo evitar reírme cuando te amarró. Y antes de perder la consciencia dijo “faci—”
No terminó la frase. El aura de Shiro explotó. Oscura. Densa.
—Repite eso.
Carlos levantó ambas manos.
—Con fines históricos, claro.
—Repite. Eso.
La otra Shiro, desde atrás, murmuró:
—Esto sí se puso feo…
Carlos intentó suavizar.
—Mira, era un comentario anecdótico sin intención maliciosa.
—Te burlaste.
—Me reí con cariño.
—Te burlaste.
—Un poco.
El suelo vibró.
—¡Y todavía mencionas cuando me amarró!
Carlos no pudo evitar sonreír otra vez.
—Fue técnicamente impresionante.
Silencio. Shiro apareció frente a él en un parpadeo. Golpe. No mágico: directo al estómago. Carlos se dobló ligeramente.
—Confirmo… —murmuró—. No pega como Natsuki… pero está cerca.
—¡¿SIGUES?!
Segundo golpe. La otra Shiro intervino rápido.
—¡Basta los dos!
Carlos retrocedió, levantando una barrera mínima solo para evitar daño estructural.
—Escucha, pequeña tormenta nuclear—
—¡NO ME DIGAS ASÍ!
—Solo digo que cuando te enojas… eres adorable.
—¡ESO NO LO ARREGLA!
Carlos suspiró, finalmente serio.
—Está bien. Me pasé. No debí mencionarlo.
Shiro lo miró aún furiosa… pero dudando.
—Y tampoco debí comparar golpes. Fue innecesario.
Silencio.
—¿Entonces?
Carlos se enderezó.
—Entonces admito oficialmente que tus golpes son de categoría “riesgo continental”.
Ella intentó no sonreír. Falló.
—Idiota.
—Sí.
La tensión bajó un poco. Pero solo un poco. Shiro lo señaló con el dedo.
—Y no vuelvas a mencionar lo de Gojo.
Carlos levantó una ceja.
—¿Por qué? ¿Te preocupa que se entere de quién terminó inconsciente?
Aura otra vez.
—Era una estrategia temporal.
—Claro.
—¡CARLOS!
La otra Shiro suspiró.
—En serio parecen niños.
Ambos se miraron.
—Fue él —dijeron al mismo tiempo.
Silencio. Y luego… risa. No elegante. No digna. Pero real. Entre amenazas, traumas y guerras pendientes… seguían encontrando tiempo para discutir por tonterías. Y eso, aunque ninguno lo diría en voz alta… era una señal de que todavía estaban vivos por dentro.

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Capítulo 181
The strongest warrior of humanity (Novela) Capítulo 180
Estás leyendo el capítulo 180 de The strongest warrior of humanity (Novela), un novela. La historia sigue a un niño que aspira a ser un guerrero destacado en su academia. A lo largo de su camino, enfrenta diversas situaciones desafiantes, pero finalmente es traicionado por su hermano y amigos. Tras su… Este capítulo tiene publicado el 26 de abril de 2026, Traducido por el grupo Español. The strongest warrior of humanity (Novela) tiene 351 capítulos disponibles en LectorTMO, en español y sin registro.