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Capítulo 102: El Núcleo y la Herencia Impura
Solo debía concentrarme más, ir muchísimo más profundo en las tinieblas de mi propia alma… En el preciso instante en que logré sentirlo de verdad, lo vi con absoluta claridad: mi núcleo. Era algo completamente lógico dentro del camino de la magia, sí, pero el mío resultaba radicalmente distinto al de cualquier otro ser en este mundo. Intenté darle una estructura sólida, moldearlo con mi propia voluntad… y terminé creando un núcleo de cristal purísimo con forma de pirámides superpuestas. Era una figura extraña, incluso para mí mismo, pero indiscutiblemente fascinante.
Dejé de lado mis dudas y me analicé a fondo, sintiendo cada pizca de mi poder nocturno, cada rastro de maná circulando como un torrente, recorriendo todo mi interior hasta llegar al punto exacto. Solté un largo suspiro de alivio. Por un momento pensé que lo estaba haciendo mal y que tendría que empezar absolutamente desde cero… y sí, era endemoniadamente difícil mantener esta posición de meditación, pero al final solo estaba modificando mi propia estructura interna.
Y entonces… ocurrió la verdadera transformación.
Una nueva pirámide de cristal emergió frente a mi visión mental. Tal como lo sospechaba desde el principio: la energía nocturna que corre desbocada por mis venas se está alimentando activamente de mi maná, y ese proceso provoca la creación de más y más pirámides.
Lo entendí todo al instante. Una leve sonrisa de satisfacción se formó en mis labios.
—Es hora…
Era hora de crear una verdadera e impenetrable dureza en el centro de mi ser.
Mi Núcleo Piramidal Drean.
Ya había completado la reestructuración de mi centro mágico, pero algo más en el entorno atrajo mi atención. Antes de abrir los ojos, me concentré al máximo para dar forma a una nueva arma con mi poder nocturno combinado con magia elemental. Originalmente planeaba llevar a cabo este experimento en la academia, bajo la supervisión del profesor Nicolás… pero al parecer ya no será necesario depender de nadie.
Dejé fluir de golpe todo mi maná nocturno, el cual ahora se encontraba completamente fusionado con la estructura de mi nuevo núcleo. Esto era algo totalmente inédito para mí. Estoy absolutamente seguro de que ni siquiera el propio Shiro en sus mejores tiempos se habría dado cuenta de este cambio tan profundo. En mis vidas anteriores no sabía nada sobre esto ni tenía la menor idea de cómo usarlo, pero aprender a dominarlo por mi propia cuenta… finalmente está dando sus frutos.
Canalicé mi energía al límite y atraje los elementos dispersos en el aire a mi alrededor. Haciendo uso de la magia de creación, comencé a construir una espada imponente: grande, afilada como una guadaña y de hoja delgada, repleta de colmillos prominentes en los bordes como si hubiera sido forjada con la mandíbula de un lobo espectral. Los elementos naturales se integraron sumisos, uno tras otro, mientras una corriente de energía nocturna fluía como un río oscuro y rugiente alrededor de la hoja.
En cuanto los materiales y la magia quedaron perfectamente unidos, una luz encandilante brotó desde el centro de la creación.
La Espada Nocturna de Mil Mundos.
Me quedé completamente sorprendido al contempla la majestuosidad del arma. Ya le había asignado un nombre mentalmente, pero verla materializada… Esto era simplemente magnífico.
La tomé entre mis manos con firmeza y realicé un primer corte de prueba al aire. La vibración era brutal, abrumadoramente poderosa… y, sin embargo, extrañamente no pesaba tanto como esperaba. Al parecer…
Veamos si logro dominar esta espada a la perfección… No es que no me guste, pero ya tengo en mi poder la Espada Sangrienta, junto con el Separador de Almas, y ahora también poseo la Espada Nocturna. ¿Qué se supone que debería hacer con tanto armamento? —pensé mientras reflexionaba detenidamente—. Tal vez pueda usar esta nueva espada en mis próximos encuentros oficiales. Además, nadie en este reino debe enterarse de la existencia de mi Espada Sangrienta… ni mucho menos del Separador de Almas.
Llegué a una conclusión definitiva: usaré por un tiempo la Espada Nocturna. Veamos qué tan poderosa resulta ser en combate real.
En fin… esto era algo que ya había deseado durante muchísimo tiempo.
—No puedo quedarme en esta transe por demasiado tiempo; si eso ocurre, podría quedar atrapado en mi propia mente sin poder despertar jamás —dije en voz alta, poniéndome un poco nervioso—. No tengo el menor deseo de volverme un lunático rematado.
No puedo olvidar las palabras de advertencia de mi propio guardián, Kai… esta vez sí te pasaste de la raya al decirme semejante barbaridad. Pero está bien, te daré la respuesta que te mereces cuando llegue el momento oportuno. Y si ese momento llega a presentarse… créeme que la vas a pasar muy, muy mal.
Una sonrisa malévola y confiada se dibujó en mi rostro.
Te haré la vida bastante agradable… y horriblemente divertida. Espero que Yuki y Eime me ayuden con mis planes; además de ellas dos, no sé absolutamente nada sobre el paradero del resto, no han venido a verme para nada.
Pero no he olvidado esa extraña voz… La voz de esas dos personas desconocidas que en su momento me llamaron maestro. Tal vez se trate de figuras ligadas a mi vida anterior. Hablando de eso… recuero perfectamente que en aquel tiempo me encargué de enterrar a varios clanes enteros.
Pero es tal como él dice: He regresado a este mundo, pero absolutamente ninguno de ellos sabrá de mi verdadera existencia. Es decir, nadie sabe que yo reencarné, a excepción de mis propios Guardianes.
Debería comenzar a pensar en un nombre adecuado para mis Guardianes… ¿Pero cómo deberían llamarse realmente? Una interrogante cruzó mi mente de pronto: cuando ellos finalmente se reúnan conmigo, haremos una votación para decidir cuál será el nuevo nombre de mi organización. Siempre me limité a llamarlos simplemente "Guardianes".
Bueno… ya es hora de abrir los ojos al mundo exterior. Ya he logrado mi primer avance significativo; solo resta probar este nuevo poder… más adelante.
Eh… siento que se me está olvidando algo importante.
Abrí los ojos bruscamente: no había nadie a la vista, pero parece que Angélica y Melissa aún no han regresado a la zona. Espero que no vayan a cometer ninguna tontería por su cuenta. Después de la acalorada discusión que sostuve con las grandes razas, a Angélica no le gustó para nada la drástica decisión que tomé. Tal vez ante sus ojos yo sea un estúpido o un idiota completo, pero había algo en esa sala que me molestaba en exceso… lo sentí con claridad incluso en la mirada de Shima.
Ojalá no seas tan ingenuo, viejo. No sé qué es lo que estás ocultando tras esa fachada, porque cuando estuvimos reunidos te noté muchísimo más nervioso y pálido que de costumbre, como si hubieras contemplado cara a cara a la misma muerte. Y ahora que todos ustedes han presenciado un destello de lo que soy capaz de hacer, me queda sumamente claro que el día de mañana ni siquiera serían capaces de ganarle a los demonios… ni a las amenazas que están por venir. Este mundo realmente es una lucha interminable tras otra.
De pronto, una expresión glacial y despiadada se apoderó de mis facciones.
No quiero volver a cruzarme en tu camino, Gabriel. Si estás escuchando estas palabras, donde sea que te encuentres escondido… juro que te mataré. No importa cuántas veces logres regresar de la muerte. Y esa misma promesa va para Lucifer… y para todos ustedes. Cuando llegue el día prometido, los masacraré uno por uno, exactamente igual que a los demás. Porque sé perfectamente que están ocultos en las sombras… ¿o acaso me equivoco, Shu y Lin? Ustedes dos también están metidos hasta el cuello en este desastre. Aunque por el momento desconozco dónde se ocultan. Solamente hicieron su aparición cuando yo tenía veintisiete años.
En fin…
Una sonrisa profundamente arrogante se dibujó en mis labios mientras cerraba ligeramente los ojos, empleando la misma técnica de percepción que usé cuando Saleh intentó atacarme por sorpresa anteriormente.
Aunque dudo que alguien sea tan iluso como para intentar atacarme ahora mismo…
Oye… algo anda terriblemente mal aquí —pensé de golpe—. ¿Por qué carajos siento como si estuvieran organizando una emboscada en mi contra?
Varias sombras se proyectaron a gran velocidad frente a mi posición, pero de entre ellas solo emergió la figura de Angélica.
¿Entonces por qué mierda percibo la presencia de otros guerreros en los alrededores?
En ese instante, varios destellos de luz verde salieron disparados como proyectiles de entre la densa arboleda del bosque. Pude detectarlos con absoluta claridad sin necesidad de voltear a mirar; mi visión pasiva de dragón captó la trayectoria del ataque sin el menor esfuerzo.
Bien… es el momento perfecto para probar esta belleza.
Recibí el impacto directo de esa ráfaga mística de lleno, dejando que una espesa cortina de humo gris cubriera el lugar.
—¿Acaso… habrá muerto por el impacto? —susurró Alefa a la distancia, con una voz temblorosa e impregnada de culpa.
Pero justo en ese momento, desde el interior del humo grisáceo, los mismos destellos verdes salieron disparados de regreso con una fuerza duplicada, dirigiéndose velozmente hacia la posición de la princesa.
—¿Pero qué demonios…? —exclamó ella, retrocediendo aterrorizada—. ¡Le regresó todo mi ataque como si no fuera absolutamente nada!
El contraataque que le devolví viajaba a una velocidad tan endiablada que alguien más tuvo que intervenir de emergencia para interceptarlo en el aire… y al ver quién lo detenía, me di cuenta de la absurda situación.
—Rai… ¿qué demonios significa todo esto? ¿Por qué se atrevieron a venir hasta aquí? ¿Acaso no les quedó lo suficientemente claro que debían quedarse en el palacio?
—Lo sé perfectamente —respondió él, reajustando su postura—, pero no podía permitir bajo ninguna circunstancia que nuestro salvador se marchara así como así. Eso sería profundamente injusto.
—Cielos… ¿qué carajos voy a hacer con ustedes? Simplemente no aprenden la lección, ¿verdad?
—El único que debería aprender a escuchar eres tú —interrumpió súbitamente la voz de Melissa, apareciendo como un fantasma a mis espaldas mientras el frío filo de su espada rozaba directamente mi garganta.
—No te muevas ni un milímetro… o de lo contrario no me hago responsable.
Una mirada fría, penetrante y sumamente peligrosa se dibujó en mi rostro.
—Oye… déjame decirte una cosa: nunca cometas el grave error de confiarte demasiado —sentencié con una dureza que le heló la sangre.
De la nada, alrededor de los cuerpos de ambos, múltiples cortes dimensionales se abrieron en el aire con un chasquido espacial, apuntando directamente a sus puntos vitales.
—Ah, y ni se te ocurra mover un solo músculo —añadí mientras una sonrisa maliciosa se extendía por mis labios—. Porque no pienso hacerme responsable de lo que te pase.
—Maldita sea… —Melissa apretó los dientes, sintiendo cómo la muerte la rodeaba—. ¿Qué se se supone que deba hacer ahora? Es la primera vez que intento atacarlo de esta manera tan directa…
Una sonrisa siniestra ardió en mi rostro.
—Debo admitir que fue un movimiento sumamente inteligente… pero ¿sabes una cosa? No estamos solos en este bosque.
De pronto, la figura de Saleh emergió a una velocidad cegadora, conectando un golpe devastador en mi costado que me proyectó a varios metros de distancia, arrastrándome por la tierra.
—Vaya, vaya —dije sacudiéndome el polvo mientras me incorporaba como si nada hubiera pasado—, no creí que tú también te prestarías para esta estupidez. Le di una sola orden clara a Angélica… y lo primero que hacen todos ustedes es montar este espectáculo.
El ambiente de la zona se tensó de golpe. Angélica parpadeó hacia mi posición a una velocidad tan insana que nadie fue capaz de verla moverse. En el instante siguiente, todos tomaron esa acción como la señal definitiva para lanzarse simultáneamente en mi contra. Tanto Saleh como los demás se abalanzaron a atacarme al mismo tiempo.
Minutos antes de lanzar la emboscada contra Carlos…
—Tengo una idea —propuso Melissa ajustando su equipamiento—. ¿Y si en lugar de simplemente presentarnos con él… lo atacamos de sorpresa? Hay algo en su actitud que me llama poderosamente la atención. Quiero medir su verdadera fuerza. Necesito saber si soy capaz de igualarlo en combate.
—No me parece una mala idea, niña —comentó Saleh cruzándose de brazos—, pero ¿estás completamente segura de lo que propones? Recuerda que aquí hay alguien sumamente peligrosa que lo respalda incondicionalmente.
—¿Eh? ¿Por qué me estás mirando a mí de esa forma, maldito elfo mugroso? —intervino Angélica con una voz de un azul gélido—. ¿Acaso estás insinuando que debería unirme a él para hacerte pedazos frente a todos tus acompañantes?
—¿Sabes qué? Cambié de opinión. Voy a darte una paliza para que te calles —gruñó Saleh incrementando su aura.
—Eso me gustaría verlo. Inténtalo si te atreves —desafió ella.
Sus miradas colisionaron en el aire como dos monstruos ancestrales deseosos de destruirse mutuamente, haciendo que la atmósfera misma vibrara con violencia.
Rai tuvo que meterse entre ambos para evitar la masacre:
—Será mejor que no peleen entre ustedes. Yo me haré cargo de coordinar el plan. Pero por ahora cállense la boca, resultan demasiado molestos. Nuestro salvador es una persona sana que no merece esto.
Alefa le propinó un severo golpe en la cabeza.
—Deberías dejar de decir semejantes estupideces en un momento como este. Aunque tienes razón en algo… Carlos me ayudó cuando nadie más lo hizo, y gracias a su intervención podremos ingresar a su academia cuando se lleve a cabo el gran festival.
—Un momento… ¿acaso él y nuestros reyes llegaron a un acuerdo?
—Así es. Tal como te lo estoy diciendo, aceptaron su petición formal.
—¡Eso es sencillamente brillante! —exclamó Rai con genuina emoción.
—Bien —continuó el joven—. Este es el plan que vamos a ejecutar…
De regreso al enfrentamiento en el presente…
—Vaya… realmente no creí que ustedes se atreverían a enfrentarse directamente conmigo. ¿Qué clase de bicho les picó en la cabeza? —dije mientras bloqueaba y esquivaba con extrema fluidez cada uno de sus ataques combinados—. Aunque… debo admitir que esto se está complicando un poco. Pero si van a tomar esto como un entrenamiento, con gusto les aceptaré el servicio.
Reuniendo una inmensa cantidad de energía dentro de mi ser, activé la nueva propiedad de mi Núcleo Piramidal: Magia Nocturna, Devorador de Sombras.
Múltiples sombras viscosas e impuras brotaron de inmediato bajo mis pies, extendiéndose por el suelo como tentáculos oscuros que, en cuestión de un parpadeo, atraparon a Alefa por las extremidades.
—¿Q-qué clase de magia es esta…? —alcanzó a pronunciar Alefa, temblando de terror mientras quedaba completamente inmovilizada ante mi palma extendida.
Apenas alcancé a dar un solo paso firme hacia ella… hasta que una presencia abrumadora me obligó a retroceder de emergencia.
Un estallido helado, rasgante y glacial cortó el aire a la mitad.
—Magia de Hielo: Golpe Glaciar Solar.
El ataque detonó en el terreno como la explosión de un sol inverso. Todo el perímetro a la redonda se congeló en un instante; una densa y mortal neblina blanca comenzó a escapar de las grietas del frío absoluto.
Nuestras miradas chocaron con violencia en medio del vapor, reviviendo de inmediato aquel fatídico primer día en que nos conocimos… aquel infierno que jamás pude borrar de mi memoria.
—Así que planeas detenerme a toda costa —murmuré, comprendiendo al fin la verdadera intención detrás de su ofensiva—. Ya te diste cuenta de lo que estaba a punto de pasar… Bueno, no importa. Al final del día, esto es solo un entrenamiento.
Sin embargo, una cruda realidad atravesó mi mente: el Devorador de Sombras quizá no sería capaz de prevalecer contra el alcance definitivo de su hielo. Esa magia suya tenía la propiedad única de congelar absolutamente todo lo que se atreviera a moverse dentro de su dominio. Si cometía el más mínimo paso en falso… estaría completamente acabado.
Ni siquiera tuve el tiempo suficiente para pestañear.
Angélica ya se encontraba parada justo frente a mí, dejando que su aliento congelado rozara directamente mi rostro.
—Aún no has aprendido absolutamente nada, ¿verdad? Todo el infierno por el que te hice pasar en el entrenamiento… ni siquiera todos esos traumas fueron suficientes para moldearte. Tendré que volverme muchísimo más agresiva contigo —susurró al oído antes de estrellar un golpe quirúrgico y devastador en el centro de mi pecho.
Pero lo que ella no tenía forma de anticipar era mi contraataque mental…
—Técnica de la Espada Nocturna… —musité entre dientes.
Mientras ella se limitaba a observarme, yo ya había analizado al detalle cada una de sus trayectorias. Combiné el Corte Mundial con mis Cortes Dimensionales, generando de inmediato una onda destructiva que desgarró la realidad misma. Una ráfaga de viento colosal nos envolvió a ambos, barriendo por completo el suelo helado bajo nuestros pies.
Pero ella no cedió ni un solo milímetro.
—Técnica de la Espada… —sus ojos emitieron un destello azul de pura demolición, liberando una presión tan siniestra que me heló por completo la espina dorsal—. Rayo de Hielo de la Destrucción.
Ambos ataques de nivel desastroso chocaron de frente con una violencia abrumadora.
La explosión resultante liberó una onda expansiva tan demoledora que los demás tuvieron que hincarse y cubrirse para no ser arrollados. El viento rugía en todas direcciones como una bestia descontrolada. Me mordí el labio inferior con rabia; me resultaba imposible defenderme de absolutamente todo al mismo tiempo. O actuaba de forma drástica ahora mismo… o estaba destinado a perder.
Solo me quedaba una sola opción disponible.
Canalicé la totalidad de mi flujo de maná, fusionándolo violentamente con mi magia de sombras ancestrales.
Un rugido colosal y gutural emergió desde las profundidades del suelo a mis espaldas.
Un monstruoso dragón de sombras, de proporciones titánicas y desbordando una furia incalculable, emergió de la nada envolvimiento mi cuerpo, mientras los ataques glaciales de Angélica impactaban inútilmente contra su fisonomía umbría. El dragón respondió a la agresión con un rugido que pareció desgarrar la bóveda celeste, bloqueando y devorando por completo las estacas de hielo masivas que salían disparadas hacia mi posición.
—Esto… esto es impossible—. La mirada de Angélica sufrió una transformación radical. —Ese dragón… la aura que emana me recuerda exactamente a su madre, Hina Sánchez. Así que terminaste heredando ese aspecto de ella… ya veo —murmuró, mientras la criatura volvía a rugir y una tormenta de viento estremecía la totalidad del bosque.
—Aliento de Dragón de Oscuridad —sentencié con voz grave.
Una marejada de llamas negras estalló alrededor como una tormenta abisal sin un solo rastro de luz. Pero aun frente a semejante despliegue de poder, la ofensiva de Angélica no se había detenido. Ella continuó avanzando con paso firme, decidida, como si absolutamente nada en este mundo pudiera detener su marcha.
El entorno temblaba sobre sus cimientos. Los traumas que ella misma se había encargado de implantar en mi mente en el pasado ahora servían como el combustible principal para alimentar esta fuerza… esta hermosa locura. Sin proponérselo, había terminado por despertar el verdadero y temible potencial de Carlos Tanaka Sánchez.
La tensión del lugar cambió drásticamente. Todo sonido ambiental desapareció. Todos los presentes se quedaron completamente paralizados, convirtiéndose en testigos mudos del desastre natural que se estaba gestando. Y en medio de semejante panorama de destrucción… yo permanecía erguido de pie, ejecutando con maestría la técnica ancestral de mi madre.
Saleh y los jóvenes contemplaban la escena petrificados por el horror.
—Él acaba de invocar… un dragón negro… —susurró el soberano elfo, habiendo perdido casi por completo la voz—. Eso solo puede significar una sola cosa… ese chico realmente pertenece a…
—¡Padre, ¿qué es lo que ocurre?! —gritó Alefa invadida por el pánico—. ¡¿Qué demonios está pasando con Carlos?! ¡¿Por qué te veo tan profundamente alterado?! ¡Debemos salir de este lugar de inmediato!
Saleh apretó los dientes con una fuerza descomunal. Conocía mejor que nadie el peligro inminente.
—Derribar a un dragón oscuro de esa magnitud representa un problema colosal… en todo este mundo solo existen dos personas capaces de lograr semejante hazaña —declaró con máxima gravedad—: la mismísima Reina de los Dragones, Sage… y Hina Sánchez, la Emperatriz. Y eso solo confirma lo inevitable… tú, mocoso insolente, eres un auténtico Sánchez. Sabes perfectamente la maldición y el peso que implica llevar ese linaje. Aunque tu madre continúe con vida en algún lugar… eso no impide que nazcan más monstruos con esa misma sangre.
El eco de sus palabras resonó en el aire helado como una sentencia de muerte. Un dragón oscuro. Un heredero de la destrucción. Un peligro para la existencia misma.
—Pero… hay algo terriblemente mal en la estructura de ese chico —añadió Saleh frunciendo el ceño, observándome fijamente de arriba abajo con profunda desconfianza.
Mientras tanto, yo apretaba los puños con todas mis fuerzas, sintiendo cómo la presión mental del dragón intentaba hincarme los colmillos en la mente, resonando como un rugido salvaje que buscaba devorar mi consciencia por completo.
Maldita sea… —gruñí internamente—. La voluntad del dragón está intentando tomar el control de mi cuerpo. No pensé que esta invocación fuera a consumir semejante cantidad de mi magia.
El suelo terminó de resquebrajarse violentamente bajo la suela de mis botas.
Pero no me importa lo más mínimo… si realmente quiero volverme más fuerte, si quiero aprender a dominar cada rastro de mí mismo… tengo que adaptarme a este infierno. De lo contrario, jamás seré capaz de cumplir con mi verdadero objetivo.
El dragón de sombras dejó escapar un rugido atronador a mis espaldas, como si estuviera respondiendo directamente a mis pensamientos, exigiendo más… y más… y muchísimo más maná para consumir.
Continuará.

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