Leer The strongest warrior of humanity (Novela) Capítulo 100 online gratis en español
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Capítulo 100: La Cumbre de las Grandes Razas y el Peso de las Cadenas
Kai me observó con una dureza tan gélida y afilada que casi podía cortarme la respiración.
—Sé muy bien lo que está pasando —dijo, proyectando una voz grave, firme e inflexible—. Pero debes tener algo muy claro en la cabeza: no podrás proteger a nadie si insistes en seguir por ese cobarde camino. Tú lo sabes perfectamente. Y ya es hora de que tomes una decisión definitiva. Todo lo que conoces… dependerá únicamente de ti.
Sus ojos, fríos y penetrantes como el acero templado, se clavaron directo en los míos.
—No me decepciones, líder. Eres la única persona en este desdichado mundo capaz de cambiar esto. Esa oportunidad… debes aprovecharla a como dé lugar.
Y sin darme el más mínimo margen para articular una respuesta, añadió con frialdad:
—Bueno… el tiempo en este plano se ha agotado. Nos veremos muy pronto. Y para cuando ese momento llegue… ya deberás haber elegido un bando.
Su figura etérea se desvaneció en el aire como una sombra bruscamente arrancada por el viento.
Me quedé allí, inmóvil en el sitio, con una rabia ardiendo a puñetazos contenidos en mis manos. Siempre tan duro y despiadado, Kai… siempre golpeando con precisión quirúrgica donde más le duele al alma. Pero muy en el fondo sé que tiene toda la razón. Todos dependen de mí… y me estoy limitando a perder un tiempo valioso.
Apreté los dientes con tanta rabia que sentí crujir la mandíbula.
Alefa me miraba completamente confundida, pestañeando como si intentara descifrar un lenguaje ancestral que jamás hubiese escuchado en su vida.
—Carlos… ¿te encuentras bien?
Respiré hondo, esforzándome por ocultar la tormenta de angustia que me destrozaba las entrañas.
—Sí. Estoy bien —mentí dibujando una sonrisa falsa, demasiado débil y endeble como para engañar a cualquiera que me conociera de verdad.
En ese preciso instante, una sombra formal se aproximó a nuestra posición. Un hombre ataviado con el uniforme oficial de la guardia real del reino inclinó la cabeza con marcado respeto.
—¿Es usted el joven Carlos?
—Por supuesto —respondí recuperando una voz firme, casi automática.
—Nuestro rey lo espera con urgencia en la sala principal del trono.
Asentí en silencio, asimilando el llamado.
—Bien. Iré enseguida.
Me giré hacia Alefa, mirándola con cierta pesadumbre.
—Lo lamento, Alefa. Tengo que ir a ver a tu tío.
Ella apretó la mano contra su pecho, dejando traslucir una preocupación sincera y desinteresada en sus ojos.
—Está bien… pero por favor, ten mucho cuidado.
Sonreí apenas, forzando una pizca de esa vieja confianza que ni siquiera sabía si aún albergaba en mi pecho.
—No te preocupes. Aunque ese viejo intentara hacerme algo… sería él quien saldría perdiendo.
Y así, di el primer paso hacia el destino que tanto temía… aquel que ya no podía darme el lujo de seguir ignorando.
Al cruzar las pesadas puertas de la gran sala, varias caras desconocidas y sumamente imponentes se giraron al unísono hacia mi posición. Sus miradas eran frías, calculadoras, evaluando cada milímetro de mi andar. Las grandes razas del mundo estaban reunidas en un mismo recinto.
Un peso invisible pero asfixiante cayó de golpe sobre mis hombros. Supongo que convencer a estos tipos va a ser una tarea absurdamente difícil…
De pronto, una voz grave, áspera y abiertamente agresiva retumbó contra los pilares de mármol:
—¿Qué se supone que significa esto, Shima? ¿¡Nos trajiste a un simple humano!? ¿Para qué demonios lo has traído aquí?
—Esto es ridículo y absurdo… —murmuró otro soberano con evidente desdén.
—¡Guarden silencio, todos! —la voz de mando de Shima cortó el aire tenso como una cuchilla afilada.
La sala entera quedó sumida en un inquietante y denso silencio, vibrando sutilmente por la presencia aplastante que emanaba de cada uno de los presentes. Era un poder antiguo, insondable, casi de naturaleza monstruosa.
Pero bueno… A fin de cuentas no importaba. Ya estaba aquí parado frente a ellos.
Shima dio un paso al frente, tomando la palabra:
—Verán… las razones principales por las cuales los mandé a llamar a todos ustedes: Grayson, Aiden, James…
Mi mirada los fue recorriendo detenidamente uno a uno mientras sus nombres caían como pesados lingotes sobre el suelo de la sala.
Grayson, del Reino de los Vampiros. De piel extremadamente pálida y ojos rojos como brasas ardientes. Portaba una elegancia aristocrática… pero mortal.
Aiden, de la tribu de los Semi-Bestias. Con una musculatura prominente, ojos ferales y una respiración pesada de depredador listo para saltar sobre su presa.
James, del Reino de los Enanos. De baja estatura, pero con una presencia física tan sólida e inamovible como la propia montaña.
Y por último…
Shima inclinó ligeramente la cabeza hacia la majestuosa figura seated al fondo de la estancia.
—Sage… la Reina de los Dragones.
Mi corazón dio un vuelco violento dentro del pecho.
No pensé verla en este lugar…, me dije a mí mismo mientras observaba al grupo entero, sintiendo el filo de cada mirada clavarse en mi cuerpo.
Un mal presentimiento me recorrió la espina dorsal como una ráfaga de hielo. Esto… se va a poner sumamente feo.
La Reina de los Dragones se erigió con pausada majestad frente a mí. Sus ojos penetrantes me atravesaban sin piedad, como si contemplara un festín de sangre. Su mirada se mantenía seria, extrañamente calmada… pero portaba un aura letal. Su cabello, de un llamativo tono naranja con destellos amarillos, caía sobre sus hombros semejando un fuego vivo en constante movimiento. Y entonces, todo el peso de su atención se fijó de lleno en mí.
De la nada, liberó una presión siniestra y tan abrumadoramente pesada que mis rodillas cedieron por puro instinto, obligándome a hincar una pierna en el suelo. Pude sentir cómo la intensidad de sus ojos intentaba derrumbarme, aplastarme y quebrar mi voluntad por completo. Pero me negaba rotundamente a permitir que semejante humillación sucediera.
Como respuesta instintiva, liberé una pequeña y calculada porción de mi poder nocturno.
De inmediato, los líderes de las grandes razas fruncieron el ceño, completamente confundidos. Nadie en la habitación comprendía la naturaleza del fenómeno ni lo que estaba ocurriendo verdaderamente entre ella y yo. Y fue en ese instante cuando Sage lo percibió.
Su expresión serena cambió drásticamente. Sus ojos se volvieron de un azul helado e impenetrable. Una profunda irritación, acompañada de un abierto desprecio, emergió en sus facciones. Para mí, el momento resultó ser aterrador. Esa reina no solo estaba midiendo mi fuerza; estaba probando mi voluntad… y sabía exactamente qué era lo que estaba buscando en mí.
De pronto, una presión brutal y sofocante cayó directamente sobre mi cuerpo. Múltiples cadenas compuestas de energía mística surgieron del suelo frente a mí, como si hubiesen sido invocadas mediante un pacto ancestral. Se enroscaron con furia alrededor de mis brazos, mis piernas e incluso mi cuello, estirándome con fuerza hacia atrás e inmovilizándome por completo en una postura sumisa.
Su voz resonó en el recinto con una autoridad retumbante:
—Solo te lo preguntaré una única vez. ¿Quién eres realmente? ¿Y por qué razón puedo sentir el poder nocturno fluyendo libremente dentro de tus venas, humano?
Y en ese segundo lo comprendí con total claridad. La reina… sabe algo fundamental sobre el origen del poder nocturno. Algo que yo mismo aún no he logrado descifrar.
—Eso es algo que a mí mismo me gustaría saber —respondí apretando la mandíbula contra la presión de la cadena de mi cuello—. Pero estás perdiendo miserablemente tu tiempo. Da exactamente igual si me torturas o decides matarme aquí mismo… no lograrás sacar nada.
—Qué valiente resultaste ser, pequeño humano —dijo ella, dejando que su voz resonara con un matiz reptiliano y cavernoso—. Es verdad, no ganaría absolutamente nada con el simple hecho de matarte. Pero lo que sí exijo… es que jamás reveles ni una sola palabra sobre esto. Ni sobre la naturaleza de tu poder. ¿Te ha quedado claro?
El tono abiertamente amenazante de su voz se combinaba con una calma sumamente peligrosa.
—He vivido durante muchísimos años —añadió—. Más siglos de los que tu frágil mente alcanza a imaginar.
—¿Y de qué demonios te sirve tenerme atado a estas estúpidas cadenas? —pregunté forzando la mirada hacia arriba. Nuestros ojos se encontraron como dos tormentas a punto de colisionar.
Ella suspiró con evidente cansancio, aunque sin mostrar el más mínimo rasgo de debilidad.
—Por la firmeza de tu expresión puedo deducir que posees cierto conocimiento sobre tu propia energía. Y quiero que me lo expliques con lujo de detalles… pero eso será únicamente después de que concluyamos esta reunión. ¿Entendido?
—De todos modos no me estás dejando ninguna otra salida —murmuré con resignada ironía—. Está bien… aceptaré tu amable invitación.
Con un ligero gesto de su mano, la sofocante presión, las gruesas cadenas y la tensión mágica se disiparon en un parpadeo. El ambiente de la sala regresó a la normalidad… o por lo menos a lo más cercano a ella.
Hasta que uno de los representantes de las grandes razas decidió romper el hielo.
—Ejem… no tengo la menor idea de qué sea lo que acaba de pasar entre ustedes dos —dijo con marcada incomodidad—, pero la razón principal por la cual nos hemos reunido hoy es para tratar el gravísimo tema de la esclavitud. Hace apenas dos días, este joven humano me informó que uno de los nuestros fue vilmente secuestrado para ser vendido en el mercado negro.
El silencio de la sala se volvió pesado como la piedra. Una corriente de hostilidad colectiva cayó sobre mí, como si de repente me hubiesen juzgado culpable de todos los males.
—¿Acaso este humano osó esclavizar a los nuestros? —rugió uno de los líderes, liberando un aura destructiva.
—Como era de esperarse —añadió otro con la voz teñida de odio puro—, los humanos jamás cumplen lo que prometen. ¡Deberíamos ejecutarlo aquí mismo y enviar su cabeza cercenada a su reino como advertencia!
Esa palabra en particular… “ejecutarlo”.
El recuerdo ardiente de mi pasado se encendió como una mecha dentro de mí. Rabia. Dolor. Una frustración insoportable.
Mi poder nocturno se liberó de forma incontrolable como un latido oscuro e impulsivo, haciendo temblar violentamente los cimientos de piedra del palacio. Todos los presentes se alarmaron al instante.
—¿¡Qué demonios está sucediendo!? —gritó uno de ellos mientras la estructura entera del reino vibraba por la aterradora energía que emanaba de mi cuerpo.
—¡Nos están atacando de nuevo! —gritó una joven sierva al fondo, presa del pavor.
En otro rincón distante del reino, Alefa y Melissa sintieron cómo la abrumadora presión caía sobre el ambiente como una ola gigante que amenazaba con ahogarlas. Saleh y Angélica reaccionaron en el acto.
—Esta energía tan densa… —susurró Angélica visiblemente inquieta—. ¿Acaso es Carlos?
Saleh comenzó a correr a toda velocidad hacia el palacio real mientras el temblor de la tierra se intensificaba a cada segundo.
En la sala del trono, la Reina de los Dragones me observaba sin la más mínima muestra de miedo. Sin moverse ni un solo centímetro de su lugar. Como si simplemente estuviera evaluando el alcance exacto de mi potencial.
—Te advertí claramente que no revelaras la magnitud de tu poder, niño estúpido —bufó Sage, chasqueando la lengua con fastidio. Luego dejó escapar un corto suspiro y levantó una sola mano.
Un pulso sutil de su propia energía dracónica sofocó mi aura, calmando la agitación del ambiente como quien apaga un incendio forestal con un chasquido.
—Oye —me ordenó con una autoridad indiscutible—, contrólate de una vez. Cuando mencionaron la idea de ejecutarte… no era necesario que reaccionaras de una forma tan exagerada. Solo mantén la calma.
Sus ojos dorados no solo reflejaban molestia: había una profunda intriga en ellos. Parecía estar percibiendo algo crucial en mi interior que prefería no exteriorizar frente a los demás.
Se giró hacia el resto de los soberanos con elegancia.
—Ya pueden volver a estar tranquilos —dijo esbozando una sonrisa cargada de sarcasmo—. He logrado contener a este mocoso impulsivo.
Sin embargo, en el fondo de su mirada se leía con absoluta claridad el pensamiento que rondaba su mente: "Si este chico fue capaz de hacer temblar el palacio entero… y ni siquiera ha liberado una fracción de su poder verdadero… significa que podría representar algo mucho más grande. Podría llegar a serme de extrema utilidad."
—Por favor, continúa con la exposición —dijo Sage, invitando al representante a retomar el hilo.
—T-tienes razón —respondió el portavoz intentando recuperar la compostura—. Como estaba diciendo, este joven rescató personalmente a varios de nuestros ciudadanos, y por esa razón consideré indispensable darles esta noticia.
—Es la verdad —dijo una voz firme irrumpiendo desde el fondo. Era Saleh, quien acababa de entrar apresuradamente al salón de audiencias—. Este chico salvó la vida de mi propia hija. Gracias a su intervención pudo traerla sana y salva. Y al igual que ocurrió con ella… el resto de su gente se encuentra completamente protegida.
Parpadeé en silencio, pensativo por un segundo. Ahora que lo pienso bien… si ella pertenece a este lugar… ¿por qué razón nunca llegué a ver a ningún otro miembro de su especie durante mi estadía?
—Pero hay algo todavía más grave… —continuó el portavoz—. Uno de los prisioneros rescatados logró escuchar a los captores, y confirmaron que fue el mismísimo Reino del Imperio quien orquestó los secuestros.
—Espera un momento —intervino James, el líder de los enanos, mostrando una mirada sombría que heló la atmósfera—. ¿Estás afirmando que el verdadero responsable detrás de esta atrocidad… es el Reino del Imperio?
—Así es —asintió Saleh con gravedad.
James apretó los puños con rabia contenida.
—Ya entiendo perfectamente lo que está ocurriendo aquí… Parece que esos malditos pretenden desatar una guerra abierta contra todas nuestras naciones.
—¿Pero cuál podría ser su verdadero objetivo? —preguntó Aiden, claramente irritado y confundido—. Desconozco qué es lo que pretenden lograr los humanos, pero si se atrevieron a ponerle una mano encima a nuestra gente… deberíamos marchar de inmediato a aplastarlos.
—No podemos actuar de forma tan precipitada —intervino Grayson con un tono sumamente analítico—. Si nos lanzamos al ataque, ellos no dudarán en reunir a sus mejores guerreros y magos de élite. Y aun si combináramos todas nuestras fuerzas en este momento… no tendríamos garantías de ganar.
—Nuestras filas están demasiado debilitadas —añadieron otros reyes, mientras la acalorada discusión comenzaba a escalar en la mesa.
Las voces de los líderes chocaban violentamente entre sí en un torbellino de opiniones, pero yo… yo solo podía concentrarme en un único pensamiento. Algo que no me dejaba en paz desde hacía tiempo.
Cómo fue que el Caballero Oscuro terminó convirtiéndose en semejante monstruo. No podía dejar de darle vueltas en la cabeza. Sé perfectamente que en el pasado fue una buena persona… o al menos eso quiero imaginar.
Pero entonces… ¿por qué razón no me mató cuando tuvo la oportunidad perfecta? ¿Por qué se detuvo? ¿Qué fue lo que verdaderamente ocurrió en su historia?
Tantas incógnitas sin respuesta… tantas verdades oscuras que necesito investigar por mi cuenta. Algo en lo más profundo de mi ser me gritaba que ese hombre está sufriendo en una soledad absoluta.
Bajé la mirada, dejando que la sombra de mi cabello ocultara la expresión de mi rostro. Un pensamiento sumamente oscuro me oprimió el pecho:
¿Y si… le sucedió exactamente lo mismo que a mí?
De repente, la voz imperiosa de Sage resonó con tal fuerza que hizo retumbar las paredes de la sala, acallando la discusión de golpe:
—Sé perfectamente que están aterrorizados, reyes de las distintas naciones, pero no hay necesidad de caer en el pánico. Les recuerdo que yo aún sigo con vida —declaró con solemne grandeza—. No podemos darnos el lujo de perder la esperanza. Sé que los humanos buscan aniquilarnos a todos, y no solo por odio… también ambicionan nuestras tecnologías ancestrales, nuestras tropas… y a nuestras mujeres. Aunque sigo sin comprender del todo ese último punto.
Cruzó pausadamente una pierna sobre la otra, paseando su mirada filosa por toda la mesa.
—Deben dejar de lamentarse como si ya estuviéramos derrotados. Aún contamos con nuestros mejores caballeros y guerreros de élite. Saleh y muchos de los suyos continúan siendo una fuerza vital e indispensable para nuestra alianza.
Acto seguido, posó sus ojos dorados directamente sobre mí, clavándolos con una precisión penetrante.
—Y tú, mocoso… respóndeme algo. Esa mujer se encuentra en este reino, ¿no es así?
—¿A qué te refieres exactamente con “esa mujer”? —intervino Shima, luciendo profundamente desorientado.
Sage fruncio levemente el ceño, como si la respuesta fuera demasiado evidente para todos.
—¿Acaso no lo sabes aún? La Princesa de Hielo está aquí presente.
El estruendo de sorpresa en la sala fue inmediato e incontrolable.
—¿¡Qué mierda acabas de decir!? —gritó Aiden, golpeando la mesa de madera con el puño cerrado—. ¡Eso es técnicamente imposible! ¿Cómo es posible que esa humana siga con vida? Entonces los aterradores rumores sobre ella son…
—Así es —respondí tomando la palabra—. Todos los rumores son completamente ciertos. Esa mujer es una existencia aterradora. Ha sobrevivido a cada obstáculo mortal y parece que nada en este mundo es capaz de hacerla caer. A veces yo mismo me pregunto si realmente es un ser humano… Su magia de hielo es extremadamente especial, destructiva y fuera de lo común. Es, sin duda alguna, la combatiente más peligrosa de todo su reino. Y les aseguro que ella no es la única amenaza. De hecho, la aplastante presión que sintieron hace unos momentos… vino directamente de este chico —agregó Sage, señalándome con la mirada sin molestarse en girar el rostro.
Un murmullo lleno de tensión recorrió la mesa de los líderes.
—Él representa otro problema de gran escala —continuó la Reina Dragón—. Si tan solo uniéramos fuerzas con ellos dos, sería más que suficiente para volcar la balanza a nuestro favor.
—Lo lamento —interrumpió repentinamente Saleh con un tono seco, cortante y profundamente desolado—. Pero eso es algo que jamás va a suceder. No pienso cooperar con esa mujer… ni en el peor de mis sueños.
Todos los presentes lo miraron atónitos por la firmeza de su negativa.
—Hermano… ¿acaso tú…? —murmuró Shima con voz contenida.
Saleh apretó los puños con tal fuerza que sus nudillos se tornaron blancos.
—Tú lo sabes mejor que nadie, Shima. Esa mujer le quitó la vida a uno de los míos. Lo perdí absolutamente todo en aquella maldita batalla… y sabes perfectamente que me resulta físicamente imposible colaborar con alguien como ella.
Me quedé completamente helado al contemplar la devastación en su rostro. Su desgarrador odio… su mirada consumida por el deseo de venganza… pero sobre todo, su dolor profundo, trágico y destructivo, sepultado en lo más recóndito de su alma.
Así que se trataba de eso… Por esa razón Saleh se comportaba así. Por ese motivo su corazón se encontraba enteramente consumido por las sombras.
Continuará.

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Capítulo 101
The strongest warrior of humanity (Novela) Capítulo 100
Estás leyendo el capítulo 100 de The strongest warrior of humanity (Novela), un novela. La historia sigue a un niño que aspira a ser un guerrero destacado en su academia. A lo largo de su camino, enfrenta diversas situaciones desafiantes, pero finalmente es traicionado por su hermano y amigos. Tras su… Este capítulo tiene publicado el 25 de abril de 2026, Traducido por el grupo Español. The strongest warrior of humanity (Novela) tiene 351 capítulos disponibles en LectorTMO, en español y sin registro.