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Leer The First Breath After the Last (Novela) Capítulo 15 online gratis en español

"Punto de vista de Luz" Ya pasó una semana desde que Grise nos trajo aquí. El sol resplandeciente se asomaba por la ventana, haciendo que sus rayos solares golpearan tenuemente mi rostro pálido. Abrí lentamente los ojos, observé el techo y, tras hacer unos movimientos, me senté restregándome los ojos. Parecía que había bulla afuera; se escuchaba un grito… no era alguien intentando levantar algo. Supongo que es Grise. Al salir de mi habitación, observé desde la ventana alta y ahí estaba Lucas, intentando cargar un balde color marrón con una línea en el centro lleno de agua. Sin dudarlo dos veces, grité hacia él: —Lucas, ¿qué estás haciendo? —Ah, Luz, ya estás despierta. Estoy cargando agua para Grise —respondió sin apuro. Bajé rápidamente hacia el primer piso para encontrar a Grise, pero la persona que estaba en lugar de ella era su abuelo: un anciano bajo con orejas de animales, parecían las de un ciervo, además de sus ojos rojo claro y sus cuernos encorvados. Cualquiera pensaría que es un demonio; sin embargo, no lo es. —Disculpe, ¿dónde está la señorita Grise? Señor Alan. Él se giró lentamente hacia mí. Su barba larga llegaba hasta el pecho y su cabello blanquecino combinaba con sus lentes. Luego respondió: —Grise se encuentra en la parte trasera de la casa, junto al muchacho. —Muchas gracias, señor —respondí haciendo una pequeña reverencia educada. —Espera, muchacha. —¿Sí? —No has comido aún, ¿verdad? En la mesa Grise te dejó algo de comida; aún está caliente. Ven a comer primero. —Muchas gracias, señor. Iré enseguida. Después de eso, sonreí amablemente y me dirigí a la mesa de la cocina donde se encontraba la comida. Al sentarme, el aroma a verduras tiernas entró por mi nariz. Observé que el plato parecía que llevaba carne y vegetales. Sin dudar un segundo, empecé a comer. La cuchara de madera era un poco grande para mi boca, pero era cómoda. Sonreí mientras movía mis pequeñas piernas de siete años. —Luz, ya estás comiendo. Me alegro. La señorita Grise dijo que vengas una vez termines. —Claro, iré apenas termine. Duré un poco comiendo mientras disfrutaba la cálida sopa. Al terminar, finalmente dejé mi plato a un lado y bajé de la silla para dirigirme hacia donde se encontraban Lucas y Grise. —Hola, ya llegué —dije alegremente. —Vaya, veo que estás muy animada hoy, Luz. —Sí, de hecho me siento muy feliz. Es la primera vez que me entrenarán. No podía dormir de la emoción. —¡Jajaja! La sonrisa de Grise era hermosa, además de que ella también lo es. Al igual que el abuelo, ella tenía cuernos y orejas de ciervo; sin embargo, su cabello marrón miel era diferente, aunque sus ojos rojos claro son iguales. —Dime, Grise, ¿qué haremos hoy? —exclamé. —Hoy conocerán el pueblo y los alrededores del bosque encantado. Además, quiero que comprendan un poco la cultura de aquí. Por cierto, a diferencia de la capital, Alone, los bendecidos por las bestias de aquí son muy amables con los humanos, ya que también lo fueron alguna vez. Así que no se preocupen; mientras estemos aquí, estarán a salvo. Claro, no me importaría salir a conocer a la gente del bosque encantado… pero ¿y qué hay de entrenamiento? —Luz, no puedes ser paciente —dijo Lucas. —¡Jajaja! Sonreí mientras disimulaba vergüenza. Bueno, entonces vamos para allá de una vez. —¿A dónde quedó la niña enferma que no paraba de toser? —exclamó Lucas. —Oye, eso es grosero de tu parte. Deberías alegrarte. Tu querida amiga está frente a ti, mejor que nunca, y la tratas así… —respondí en son de burla. … Unos minutos más tarde emprendimos la caminata hacia los tres pueblos principales. Claramente íbamos a tardar en visitarlos todos, así que llevamos comida y agua para el camino. Aunque no esté lejos ni necesitemos carruajes, sigue siendo peligroso. Según Grise, por estos vastos bosques hay monstruos menores e insectos venenosos, como la araña hilos de acero, que es uno de los insectos más peligrosos de este bosque. No solo porque sea venenosa, sino que también tiene hilos tan afilados que cortarían la piel de cualquiera en milisegundos. Así que sí, sigue siendo peligroso caminar solamente tres personas cargando cosas sobre la espalda. Segundos después, Lucas observó a Grise y dijo: —¿Me podrías contar un poco sobre los monstruos que se encuentran por estos lados? Porque cuando dijiste «monstruos menores», ¿te referías a los pequeños, verdad? Grise llevó su mano al rostro, empezando a moverlo como si se rascara la mejilla, y luego empezó a hablar, mientras Lucas simplemente comenzaba a oír. Caminábamos; yo iba un poco más atrás que ellos. —Bueno, a monstruos menores no me refería precisamente a los monstruos que están acostumbrados a ver los seres humanos. Algunos sí son pequeños, pero cuando dije «menores», me refería a los que habitan solo en este hábitat. Como las hadas: pequeños humanoides con alas, pero que son muy molestos. Si entras al hábitat de ellos, te drenan el maná… digo, nexo, para que te quedes sin energía, luego te tiran lejos. Son pequeños, pero muy inteligentes; si te descuidas con ellos, terminarás muy mal. El siguiente monstruo que yo considero molesto es el duende mutado. A diferencia de los duendes normales o los duendes azules, los duendes mutados son de un color verde amarillento y utilizan magia. La mayoría son magos del nivel de un mago aventurero. Aunque parezca débiles, son bastante fuertes y molestos. Además, utilizan tortugas acorazadas para crear armas o escudos muy resistentes, y además son rápidos. Según lo que el abuelo me dijo en el pasado, solía enfrentarse a menudo con estos monstruos. Tanto ellos como las tortugas acorazadas son muy molestos. Su hábitat suele ser las cuevas o lugares rocosos, a diferencia de las hadas que viven en los bosques donde la concentración de maná es muy fuerte. No sé si aún existirá la reina de las hadas, pero sin duda son de los peores monstruos que puede haber. Al oír eso, el rostro de Lucas parecía feliz; sus ojos desprendían lucecitas brillantes y una sonrisa de oreja a oreja que no era normal en un niño de su edad. Sin embargo, Grise siguió contando más cosas sobre los monstruos menores. Por cierto, a la aldea donde vamos crían uno de los monstruos menores que les explicaré a continuación. Aunque es inofensivo, suele ser muy molesto y no dejará de perseguirte si tienes pan. El pingüino acechador: normalmente pasan sobre las aguas, pero como se los dije hace unos segundos, si alguien trae pan, no dejará de perseguirlos hasta quitárselo. Son tan molestos que pueden tirarse en manadas completas, aunque haya un solo pan. Incluso la gente de la aldea los casa por lo mismo. —En serio, a mí me parecen adorables —dije sonriendo levemente. —¡Jajajaja! —Verdad que sí, tú me entiendes, Luz —exclamó Grise. Bueno, en todo caso hay muchos más, como las iguanas de jade, que escupen agua mágica, o la rana enana, que es tan venenosa que evapora la piel en cuestión de segundos. Existen muchos más, pero no podemos quedarnos hablando todo el día de ellos. Miren, ya se puede ver el pueblo desde aquí. —Es verdad, se puede ver el pueblo —dijo Lucas. —Oye, Grise, ¿el pueblo tiene algún nombre o es conocido por algo? —No, el pueblo no tiene nombre, solamente es «pueblo». Y así son todos, sin nombres. Sin embargo, cada pueblo tiene una cultura distinta, como la cosecha o esas cosas. No sé tanto del tema como el abuelo, pero supongo que es lo que mencioné. … Al llegar, todos pensarían que te darían la bienvenida con una enorme entrada, pero en lugar de eso, apenas llegamos, lo primero que hicimos fue ver muchos bendecidos por bestias, mercados ambulantes, risas por doquier y bailes, como si celebraran algo, y adultos tomando y riendo. Todo parecía nuevo para mí. Las estructuras de las casas eran construcciones altas y empinadas, hechas con pesadas bases de piedra gris y paredes entramadas con vigas de madera vieja y oscura. Los tejados eran sumamente inclinados, cubiertos por azulejos de arcilla desgastada y paja seca que brillaban bajo el sol de la tarde. Entre la maraña de viviendas se alzaban un par de torres de piedra más altas, con techos en forma de cono apuntando hacia el cielo despejado, dándole al lugar un aspecto rústico y medieval. Caminamos un poco más hasta llegar a una pequeña plaza central pavimentada con adoquines de piedra clara. El lugar estaba lleno de vida. Distintos bendecidos por las bestias —algunos con colas peludas, otros con rasgos de aves o felinos— caminaban entre los puestos de madera ofreciendo sus productos. Justo en medio de la plaza se alzaba un viejo pozo de piedra con una manivela de hierro para sacar agua, y a un costado descansaba una carreta de carga de madera desgastada, con dos enormes ruedas, que parecía haber sido dejada ahí tras una larga jornada de cosecha. A pesar de no tener un nombre oficial, el pueblo se sentía increíblemente cálido y acogedor. Me quedé maravillada mirando los detalles de las ventanas arqueadas de madera y los pequeños balcones, mientras el aroma a frutas silvestres y comida inundaba el aire, borrando de golpe cualquier rastro del peligroso bosque que acabábamos de dejar atrás. —¡Vaya! —exclamó Lucas a mi lado, deteniéndose en seco con la boca abierta mientras miraba a un grupo de personas con orejas de animales bailar en círculos—. Esto es asombroso. Grise sonrió con orgullo, acomodándose la carga en la espalda mientras nos guiaba a través de la multitud de la plaza. —Bienvenidos al primer pueblo —dijo con voz suave—. Quédense cerca de mí, si no quieren perderse en la multitud. —Sí —respondimos al mismo tiempo. Luego de eso seguimos avanzando hasta llegar a un lugar un poco más tranquilo, donde la entrada parecía no haber nada; era simplemente para pasar al bosque. Tras cruzar el sendero cubierto por los árboles, el bosque se abrió de repente y apareció una casa solitaria… un espacio tranquilo. Era una casa en medio del bosque; los cantos de las aves y el sol hacían que se sintiera tranquilo. Luego, Lucas y Grise rieron mientras caminaban adentro de la extraña casa. Me limité a seguirlos, observando todo con detenimiento y recordando un poco mi hogar y mi familia. "Punto de vista de Lucas" Este lugar me recuerda mucho a cuando entrenaba con mi maestra, Sasha. Originalmente era igual: un bosque, pero la casa era dentro de un árbol, conocida como la casa-árbol. Sin embargo, aquí la casa es normal, sobre un bosque. Por cierto, el pueblo es espectacular. Todos parecen reír como si nada pasara, ¿verdad, Grise? —Tienes razón, Lucas. La gente del pueblo parece que no tuviera preocupaciones. Y como te dije, lo único que ha acechado hasta aquí son los pingüinos acechadores. —Por cierto, Lucas —exclamó Luz. —Dime. —Mencionaste que este lugar te recuerda a cuando entrenabas con tu maestra. ¿Cómo era ese lugar? —Bueno, cuando entrenaba con ella, vivíamos en un lugar llamado las islas flotantes. —¡Qué! —Ah… ¿Qué sucede, Grise? —Mencionaste las islas flotantes… aquellas que me contaba mi abuelo cuando era pequeña. Pensé que era una leyenda. —No, no lo es. De hecho, cuando llegué por primera vez ahí, me sorprendí mucho. Mi maestra nunca me había dicho dónde iríamos, pero cuando llegamos, mi impresión fue algo que no imaginaba. Aunque debo admitir que no es lo que parece. Aunque estas islas tengan diferentes biomas, como los desiertos, los bosques, etcétera, el lugar estaba repleto de gente mala, además de monstruos. El tiempo que entrené ahí fue un verdadero infierno, y ni se diga… mi maestra no fue nada amable. Ahora que lo pienso, era la primera vez que veía un lugar así. —Entonces sí es real —dijo Grise—. Pensé que era una leyenda, que mi abuelo había inventado. Cuando era pequeña, siempre me contaba que debajo de una ciudad existía un lugar diferente al de nosotros, que aquella ciudad era conocida como la puerta hacia el abismo. Cuando se trata de cosas de este mundo, Grise siempre parece emocionada; es como estar viendo a una niña pequeña. Después de pensar eso, observé a Luz mientras hacía una mueca burlona. —¿Qué? ¿Sucede algo, Lucas? Oye, estás pensando alguna tontería de mí —exclamó ella mientras hacía un puchero. —No, no que va. Solo me quedé viéndote, ¿por qué? Bueno, en todo caso, sí existe y es muy real. Aunque yo no pensé lo mismo después de estar viviendo ahí… la gente pelea demasiado por el dinero. Por suerte, mi maestra me enseñó a sobrevivir en un entorno hostil, pero fue muy difícil. Claro, eso diría si no fuera por mi experiencia en mi antiguo mundo —pensé. Por cierto, Grise, quería preguntar algo sobre mi apariencia. —Claro, dime —respondió. Como puedes ver, mi cabello y ojos son de este color, pero antes de alcanzar la segunda fase de mi núcleo, mi apariencia era diferente. Pero un día desperté con esta apariencia. Mi maestra nunca mencionó nada al respecto sobre esto, aunque la verdad es que tampoco se lo había preguntado. Por eso supuse que sabrías algo al respecto. —¿Qué? ¿A qué te refieres con cambio de apariencia? ¿Que tu cabello no es así desde que naciste? —Claro que no. Era muy diferente, mis ojos igual. —¡Mm! Nunca había oído de algo similar. Sin embargo, lo que describes es muy interesante. Serás una especie de espécimen nuevo —exclamó Grise. Mi rostro se tornó tenso. Espera, espera… ¿qué estás diciendo? Me alejé de ella en son de timidez. —Es broma. Al menos ríete. Eso no sonó como ninguna broma. Luego una risa se escuchó a mi lado. Oye, Luz, deja de reírte. —Es que Grise acaba de decir que eres una nueva especie de no sé qué… ¿cómo quieres que no me ría? En serio, eso no fue para nada gracioso. Ustedes tienen algo en contra de mi apariencia o algo así. Sabía que era mejor mantenerlo en secreto. —Vamos, no te enojes. Era solamente una broma, pequeño Lucas. —¡Jajajaja! … Varias horas después, Luz empezó a meditar en su habitación sin salir. Duró mucho. Sí que se toma en serio esto. Bueno, la entiendo; al inicio también me emocionó aprender a utilizar la magia. Recuerdo que pasaban horas enteras intentando aprender. Sin embargo, Luz parece tener un talento innato para esto. Observé el cielo despejado mientras recordaba los momentos en los que vivía con Andrew y Elena, preguntándome si se encontrarían bien, además de qué sucedió con Sasha después de que cayera al abismo. —Lucas, ¿podrías ayudarme con esto? —el grito de Luz resonó en el pasillo. —Sí, dime en qué quieres que te ayude. —Esta roca está muy pesada. Quería moverla hacia ese lado, pero yo sola no podré. Supongo que podía pedir tu ayuda, así entre los dos ver si podemos moverla. —¿Tienes idea de lo que estás haciendo? ¿Qué intentas hacer con esta roca? —La moveré para alcanzar aquellas frutas del árbol. —¿Y solamente para una tontería como esa me llamas? En serio, no tienes remedio. Está bien, me subiré al árbol por ti. —Je. En serio, muchas gracias, Lucas. Bueno, entonces esperaré a que puedas agarrarlas. Por cierto, si puedes agarrar, que sea la más grande. Bueno, parece que ahora soy tu sirviente, ¿verdad? —Jeje—. Saco la lengua haciendo una expresión de broma mientras rascaba su cabeza. —Muy bien, Lucas, solo un poco más… ya casi la tienes. Vamos, estirar un poco más la mano… es imposible que no pueda hacer algo tan sencillo. Sería una vergüenza para mí como antiguo monarca del hielo, que no pueda hacer una simple tarea como esta. Ya, ya casi… la tengo. Sonreí felizmente. Mira, Luz. —¡Crack! —¡Eh! La rama terminó rompiéndose, haciendo que cayera al suelo. La sensación fue dolorosa. —¡Ouch! —Lucas, ¿te encuentras bien? En serio, ¿es lo primero que se le ocurre después de ver a alguien caer? Bueno, ese es uno de sus puntos fuertes. —Sí, sí estoy bien. Mira, aquí tienes —elevé mi mano para entregarle la fruta. —Gracias. Bueno, segundos después Grise nos llamó. Parece que la comida al fin está lista. Luz, sin dudarlo, corrió hacia ella con un rostro lleno de felicidad y satisfacción, mientras yo aún seguía de pie observando este momento. Sin embargo, también tengo hambre; no las quedaré observando todo el día. Horas después, cuando por fin habíamos terminado, finalmente llegó la hora. Grise se acercó a nosotros con el rostro un poco serio y luego soltó algunas palabras que para Luz eran satisfacción: —Su entrenamiento empezará hoy. Luz soltó una carcajada de emoción, mientras yo observaba sin decir nada más, aunque por dentro la emoción me carcomía. Una nueva raza iba a entrenarnos. Supuse que era muy diferente al entrenamiento que tuve con Andrew y Sasha, además de ser una raza diferente. Espero que sus entrenamientos no sean lo mismo que los de los humanos, aunque antes fueran humanos. —Cultivamos verduras en el patio. —¡Eh! —Ese será su primer entrenamiento. Al escuchar eso, Luz hizo un puchero enorme y gracioso, mientras las lágrimas le brotaban en los ojos. Yo me aguanté la risa mientras la observaba, aunque también estaba un poco decepcionado. Aunque al menos es diferente a lo de siempre, así que estará bien. Puedo aprender más de la cultura de este lugar. Mientras me sirva para fortalecerme, me servirá. Además, tengo que quedarme por un tiempo fortaleciéndome en este lugar. Si no mal recuerdo, el continente Krazul era uno de los lugares más peligrosos. Si quiero llevar a Luz a su aldea y encontrar a mi familia, debo volverme más fuerte. Por cierto, Grise, ¿qué tipo de vegetales suelen cultivarse en estos lugares? —De todo. —¿Qué quieres decir con eso? Debería haberme ahorrado la pregunta. —Bueno. Tomen estos azadones; les servirá para escarbar la tierra. Por suerte, las tierras del bosque encantado son muy fértiles y casi siempre dan buena cosecha, así que no tendremos que preocuparnos sobre si salen malas. Lucas, tú y Luz irán del lado derecho, mientras yo empezaré por el izquierdo. —De acuerdo, Grise —respondí. Sin esperar dos veces que lo diga, Grise empezó a escarbar el suelo. Empezaron a brotar partículas como pequeñas luces violetas; mientras más escarbaba, más aparecían. Al observar a Luz, creí que había avanzado aunque sea un poco, pero al verla sufrir al no poder mover el azadón, pensé seriamente en hacer el trabajo solo. —¿Qué sucede, Luz? ¿No puedes moverlo? —dije con un tono burlón. —Lucas, en lugar de molestar a Luz, deberías hacerlo más rápido. Muéstrame todo el entrenamiento que hiciste con tu maestra. —¡Ooooh! Esta chica… me está retando. Bueno, si eso quieres, te lo demostraré. Grise y yo empezamos a escarbar más rápido mientras los minutos pasaban. Las partículas seguían apareciendo más y más. Varias horas después, la noche empezó a caer. Lo bueno es que aquellas partículas iluminaban la zona, lo que ayudaba un montón. En cuanto a Luz, pues… —Oye, Luz, ¿necesitas ayuda? —exclamé. —Estoy bien. Ya casi termino mi primera fila. —¡Eh! ¿Qué rápido hicieron todo? —No será que tú eres muy lenta. Desde hace horas sigues ahí. Oh, la que presumía de hacerlo bien, no puede hacer ni esto. —Habla lo que quieras, solo intentas molestarme. —Bien, es todo por hoy, niños. Pueden ir a bañarse antes de comer. Luz, se bañará conmigo —exclamó Grise—. Tú, Lucas, te bañarás primero. Bueno. Varias horas después, cuando estábamos limpios, nos sentamos en la mesa de la sala mientras Luz y yo conversábamos. Grise preparaba la comida; el olor a estofado caliente inundó la sala, entrando por mi pequeña nariz hasta hacer rugir mi estómago. A Luz le sucedió lo mismo. El tiempo parecía pasar lento. Las risas y conversaciones entre los tres empezaron a sentirse cálidas. Así siguió pasando los días: mientras meditábamos todas las mañanas, los tres a la misma hora comíamos y empezábamos a hacer el trabajo duro que Grise consideraba entrenamiento. En las noches cocinábamos. Las estaciones seguían pasando, los trabajos de Grise empezaron a aumentar, las cosechas empezaron a producir frutos, hasta que finalmente pasaron ocho largos meses de trabajo duro y meditación. Aunque no lo parezca, Luz ya puede controlar mucho mejor su energía gracias a Grise. Ahora puede usar magia de tierra. Aunque seré sincero: como es tan lenta para arar la tierra, siempre termina haciéndolo con magia. Bueno, tal vez es entrenamiento para controlar mejor la magia, pero es injusto que solo la dejen usar magia a ella y yo también me canso. —Lucas, ¿qué dices? ¿Con quién hablas? —Luz, deberías intentar usar tus manos para escarbar. Si sigues usando solo magia, ¿de qué te sirve ayudarnos? —Ya sabes, se me da mal usar mi fuerza. Por cierto, ¿a dónde se fue Grise? Dijo que su abuelo vendría a visitarnos. Ahora que lo pienso, ella dijo que visitaríamos varias aldeas. Entonces, ¿qué hacemos ocho meses en la misma? Encima, refugiados. —Oye, Lucas, tu cabello está más largo. Supongo que es porque estoy creciendo. Mi madre hace tiempo me dijo que comer ayuda a crecer. —Ahora que los mencionas, nunca has hablado de ellos. Es que no he visto la necesidad de hacerlo. No ayuda en nada saber los nombres o la historia de mis padres. Además, Luz, deberías preocuparte más por ti. Siempre pasas escapándote al bosque tú sola. Recuerda lo que dijo Grise. —Sí, lo recuerdo. Simplemente me gusta la naturaleza y por eso lo hago. A mí se me hace que quieres probar tus habilidades con monstruos. Ya has hecho enojar a Grise muchas veces. —… —¡Ejem! Solté un suspiro. En serio, ¿los niños de este mundo son así de descarrilados? No… cuando estaba en el barco, ni siquiera parecía ser así —pensé. Luego de un rato, me entré al interior de la casa. Estaba buscando una especie de arma, tal vez algo para entrenar. No puedo simplemente estar haciendo fuerza y ya. Segundos después, observé una espada de hierro bastante normalita, hasta diría que está casi inutilizada. Bueno, igual me servirá para practicar. Al salir nuevamente al patio, dije: —Oye, Luz, mira, encontré una espa… Luz. No puede ser… se fue al bosque otra vez. Pero qué imprudente es. Tengo que ir por ella. Entré al vasto bosque y empecé a mirar a los alrededores, buscando la figura de Luz, aunque los arbustos también podían tapar la mayoría de mi visión. —Luz, Luz, Luz. No hay respuesta. Seguí gritando a la vez que observaba. Sin embargo, no había pistas de estar cerca. Finalmente, cuando iba a girar, un grito a lo lejos parecido al de Luz resonó en mis oídos. —¡Kyaaaa! Sin pensarlo dos veces, agarré fuertemente la espada que empuñaba y me dirigí hacia ella. Al llegar, la encontré tirada en el suelo, muerta de miedo, mientras frente a ella había dos enormes animales parecidos a osos, pero a estos les brotaba fuego sobre su espalda: uno de color azul y el otro rojo. —¡Luuuuz! —Lucas… estás aquí —dijo con la voz muy temblorosa. —Tranquila, te ayudaré. No te muevas. Mientras decía eso, los osos seguían acercándose lentamente a ella. Lo más extraño es que ni se inmutaron con el grito. Sin dudarlo dos veces, lancé rocas hacia uno de ellos para llamar su atención. El de las llamas azules giró hacia mí, corriendo para atacarme. Al ser mucho más grande que yo, estaba en desventaja, pero por suerte tengo la espada y mi tamaño. Aproveché que había lianas de árboles y me acerqué a él. Justo a unos metros de él, me deslicé por el suelo enredando sus piernas y haciéndolo caer. Luego aproveché eso y brinqué encima de él para perforarle el cráneo. —¡Hup! Dirigí la espada que empuñaba hacia su cráneo, haciendo un golpe en línea recta. Al llegar al cráneo, el golpe sonó: —¡Clink! La espada se partió a la mitad, haciendo que resbalara del cuerpo del oso y cayera. De repente, se levantó en dos patas mostrando su enorme cuerpo. El otro, que tenía atención en Luz, se abalanzó hacia ella. Entonces yo corrí lo más rápido que pude y la abracé, cerrando al mismo tiempo los ojos junto a Luz. Parece que este es el fin —pensé. Luego, una figura salió de la nada a toda velocidad, como un conejo bala, cortándole la cabeza al oso. El corte fue tan limpio que no hizo ningún sonido. Luego una voz familiar preguntó: —¿Están bien? Era la voz de Grise. Al abrir lentamente los ojos, observé la figura desde abajo. La sangre había ensuciado su rostro, pero sonreía ofreciéndonos su mano para levantarnos. Luz se soltó de mí y se abalanzó hacia Grise entre lágrimas. —Tranquila, ya pasó —dijo acariciándole la cabeza. —Lucas, lo hiciste bien. Buen trabajo, protegiste a Luz. Me alegra que tú también te encuentres bien. —¡Ah! Claro, muchas gracias. Aunque si no hubieras llegado a tiempo, podríamos haber muerto. La espada que tenía se rompió. Lamento mucho eso, Grise. —No te preocupes. Lo bueno es que están a salvo. Esos osos eran osos bengala. Por suerte no los tocó el fuego de esos osos; si no, habríamos estado en problemas. —Regresemos. El abuelo ya está esperándonos. ¿Puedes caminar, Luz? Ella respondió que sí. Si no hubiera sido por Grise, posiblemente habríamos muerto.
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Estás leyendo el capítulo 15 de The First Breath After the Last (Novela), un novela. En los rincones más ocultos del planeta protegido por barreras indomables de escarcha. Jaxx gobernaba un reino completamente undido en el hielo. Era el monarca absoluto del frio, un genio que trataba la magia de hielo… Este capítulo tiene publicado el 19 de septiembre de 2026. The First Breath After the Last (Novela) tiene 20 capítulos disponibles en LectorTMO, en español y sin registro.