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Leer Tengo una Ciudad en un Mundo Alternativo (Novela) Capítulo 82 online gratis en español

🏴 Grupo: Skotádi✍️ Traducción: Skotádi
A partir de ese día, la vida y el bienestar de más de cuatrocientas personas quedaban en sus manos. Tenía que responder por ellas, aunque su motivación inicial hubiera sido simplemente obtener más beneficios en ese mundo; eso no lo eximía de la responsabilidad que le correspondía. Aquella misma noche, después de cenar, todo el personal clave de la Ciudad Torre se reunió en la sala de reuniones para debatir la distribución de funciones de cada uno de cara al futuro. Tras la deliberación, se acordó que Tyson se encargaría de la seguridad y defensa de la Ciudad Torre, del entrenamiento diario del equipo de exploración y de la limpieza periódica de los monstruos en los alrededores del valle. Qian Long se ocuparía del comercio y el contacto con los Vagabundos, y trataría de establecer un mercado de Vagabundos en la zona del valle: un lugar que sirviera tanto para vender los productos de la Ciudad Torre como para reclutar Residentes en el futuro. Lo que más faltaba en ese momento en Ciudad Dragón Sagrado era población. En cuanto a Murong Ziyan, se encargaría de la gestión diaria de la Ciudad Torre en todos sus aspectos: alimentación, vestido, alojamiento y transporte; vendría a ser la «ama de llaves» de Tang Zhen. Viejo Mike y otros cuantos Residentes con capacidad demostrada se ocuparían de otras áreas, coordinándose entre sí para mantener en funcionamiento toda la Ciudad Torre de forma provisional. Una vez definidas las responsabilidades de cada uno, Tang Zhen ejerció su autoridad de Señor y actualizó las placas de identidad de todos, indicando en ellas el cargo de cada persona. Cada uno de ellos recibiría mensualmente una cantidad de monedas de circulación interna o de Perlas Cerebrales de la Ciudad Torre como pago por sus servicios, todos ellos a cargo de Tang Zhen en su condición de Señor. Tras deliberar hasta la medianoche a la luz de las velas en la sala de reuniones, Tang Zhen regresó a su habitación bostezando, se tendió en el jergón del suelo y se quedó dormido como un tronco. Llevaba un tiempo agotador y hacía mucho que no dormía bien. A la mañana siguiente, Tang Zhen se despertó oyendo un alboroto en el exterior. Se asomó a la ventana y vio que Tyson estaba entrenando a los guerreros seleccionados; más de cien personas coreaban consignas al unísono, lo que explicaba el ruido. Lo observó durante un rato y, al aburrirse, abrió la puerta de su habitación y se encaminó al comedor de la Ciudad Torre. El comedor lo llevaban dos mujeres que, al ver llegar a Tang Zhen, se apresuraron a saludarlo con una reverencia y le trajeron el desayuno. La comida de la mañana era sencilla: gachas de arroz, bollos al vapor y encurtidos. Sin embargo, ningún Residente de la Ciudad Torre lo encontraba escaso; comparado con la vida que habían llevado antes, despertarse y encontrar comida hecha era sin duda un lujo. Tang Zhen desayunó y luego se dirigió al almacén para revisar los suministros recogidos el día anterior durante el registro de la Ciudad Torre. Nada más entrar, se llevó un buen susto: el almacén estaba abarrotado hasta los topes sin dejar espacio ni para poner un pie. Examinó con detenimiento lo que había dentro y comprobó que en su mayoría eran ordenadores, impresoras y otros equipos de oficina. Era bastante lógico; al fin y al cabo aquel lugar había sido un banco, pero todo aquello no le servía de nada a Tang Zhen en ese momento. Llamó a unos cuantos hombres y les ordenó que trasladaran los ordenadores y similares a la cueva exterior, reservando solo los mejores para uso propio. Tang Zhen se encargó de seleccionar y sus hombres de cargar, y en poco tiempo habían dejado fuera del almacén un gran montón de cosas inútiles, todas amontonadas en la cueva. Durante el proceso, Tang Zhen también encontró varias armas de fuego que debían de pertenecer a los guardias del banco; ahora le venían bien a él. Las examinó un momento y luego las guardó: todavía no era el momento de poner armas tan potentes en manos de Tyson y los demás. Con el almacén bastante más despejado, Tang Zhen subió al segundo piso para visitar la tienda. La tienda estaba a cargo de un hombre de mediana edad que, cuando llegó Tang Zhen, estaba colocando artículos en las estanterías junto con una mujer. La mayoría de la mercancía de la tienda recién abierta la había suministrado Tang Zhen, y una pequeña parte provenía de los propios Residentes. Cuando vendieran sus artículos, la tienda retendría un cinco por ciento del beneficio. Echó un vistazo a los productos de la tienda y los encontró bastante limitados, aunque confiaba en que con el tiempo se irían diversificando. Intercambió unas palabras con el responsable de la tienda y luego se pasó a la cueva que conectaba con la parte trasera de la Ciudad Torre. Al fundar la Ciudad Torre, Tang Zhen había dejado deliberadamente un pasadizo en el punto de unión con la roca, que comunicaba con la cueva original. En sus planes iniciales, aquella cueva iba a ser la base de fabricación y producción; una vez completamente excavada y ampliada tendría una superficie de casi una hectárea, y en ella se producirían en el futuro algunas de las armas y equipos de la Ciudad Torre. Sin embargo, Tang Zhen había cambiado de idea: quería convertirlo en su laboratorio personal. En la cueva iluminada con bombillas eléctricas, un generador traqueteaba sin parar y más de veinte Residentes manejaban los martillos neumáticos y otras herramientas que Tang Zhen había traído, nivelando poco a poco el suelo de roca. Tang Zhen vio entre ellos al corpulento Da Xiong, que sin camiseta y sin aparente esfuerzo cargaba un bloque de piedra enorme. Lo llamó, le dio un paquete de galletas como recompensa y luego salió de la cueva. Durante toda la mañana Tang Zhen estuvo dando una vuelta por aquí y otra por allá, supervisando las distintas áreas de trabajo. Visto el estado actual de las cosas, había pocos lugares donde pudiera aportar algo directamente; su única misión era proveer de materiales a la construcción de la Ciudad Torre. De vuelta en su habitación, cerró la puerta con llave y se Teletransportó a la Tierra. El motivo principal de aquel regreso era la compra de suministros. Según el plan acordado en la reunión, toda la entrada del valle sería cerrada para evitar en la medida de lo posible que los monstruos errantes se colaran. También necesitaba adquirir equipos de energía y comunicaciones, así como medios de transporte adecuados para el terreno del valle. Reflexionó durante un rato mirando su cuaderno de notas y luego salió de casa para dirigirse al mercado de suministros. Nada más cruzar la puerta, tres jóvenes saltaron de un todoterreno: dos hombres y una mujer, con movimientos ágiles y resueltos. Tang Zhen entornó los ojos; tuvo el presentimiento de que venían a por él. Y así era: los tres se acercaron, y la mujer alta que llevaba una chaqueta de cuero se dirigió a Tang Zhen: —¿Tang Zhen? Está usted bajo sospecha en un caso de lesiones dolosas. Acompáñenos para colaborar con la investigación. Tang Zhen dio por sentado de inmediato que eran policías que venían a buscarlo; al fin y al cabo ya habían aparecido una vez antes, aunque él los había ahuyentado haciéndose pasar por un fantasma. Mientras la mujer alta hablaba, los otros dos jóvenes ya le habían cortado el paso por delante y por detrás, con la evidente intención de impedir que huyera. Tang Zhen torció el gesto. Con su nivel actual de Cultivador de nivel 3, de un solo puñetazo podría dejar inconsciente a un adulto, pero este lugar no era el mundo alternativo; la Federación castigaba con extrema severidad las agresiones a agentes de la autoridad, y Tang Zhen no tenía ningún interés en convertirse en un fugitivo buscado. Uno de los jóvenes sacó unas esposas. Tang Zhen lo pensó un momento y extendió las manos. Las esposas se cerraron con un clic. Tang Zhen los siguió dócilmente hasta el vehículo, pero en cuanto se sentó notó que lo apretaban entre los dos y acto seguido recibió un puñetazo seco en las costillas. Para Tang Zhen, aquel golpe no era nada, pero la actitud de quien lo había propinado le enfureció sobremanera. Se volvió y clavó la mirada fija e implacable en aquel joven, esperando una explicación. Si no tenía intención de darla, Tang Zhen no tendría el menor inconveniente en hacerle pagar el precio. Tang Zhen llevaba ya mucho tiempo conviviendo con el combate y la muerte; su mirada desprendía de forma natural un filo intimidante que hizo que al joven que lo había golpeado le diera un vuelco el corazón. —¡Venga ya, a mí no me mires así! El joven de pelo corto, acobardado por dentro aunque no lo quisiera admitir, soltó una maldición y le asestó otro puñetazo al estómago. Tras encajar el segundo golpe, Tang Zhen soltó de repente una sonrisa y preguntó con voz helada: —Explicadme qué está pasando aquí. Vosotros no sois policías, ¿verdad? Los dos jóvenes se rieron con desdén sin decir nada, mirando a Tang Zhen con un desprecio que reservaban para un perro muerto. Fue la mujer que hacía de conductora la que habló: —Creo que usted sabe muy bien lo que está pasando. Se metió con quien no debía, y hoy le va a tocar pasarlas canutas. En cuanto la mujer dijo aquello, Tang Zhen confirmó sus sospechas. Lo que no esperaba era que, al no poder atraparlo por los cauces oficiales, recurrieran a ese método tan rastrero. Y la culpa era suya por descuidarse: en ningún momento le habían mostrado ninguna identificación ni habían dicho ser policías; él simplemente había dado por sentado que lo eran y había cooperado. Tang Zhen endureció la mirada. ¿Y qué si era así? Tenía curiosidad por saber qué pretendían hacerle. El coche circuló a toda velocidad por la carretera, giró poco después hacia una fábrica en una zona de desarrollo en las afueras y se detuvo frente a una nave industrial. Los dos jóvenes empujaron a Tang Zhen sin miramientos y lo hicieron entrar en el interior. En la nave vacía y espaciosa, más de una docena de jóvenes de aspecto variopinto estaban tumbados en sofás echando humo. En cuanto Tang Zhen percibió aquel olor peculiar, supo que estaban consumiendo un tipo de droga prohibida expresamente por la Federación. Tang Zhen ya había olido esa sustancia antes en casa de Xu Feng, y el recuerdo permanecía vívido en su memoria. Aquellos jóvenes de paso inestable y semblante excitado miraron a Tang Zhen en cuanto lo vieron entrar, con una expresión burlona y unos ojos llenos de expectativa, como quien está a punto de presenciar un buen espectáculo. El joven sentado en el lugar central del sofá era el mismo cabeza rapada al que Tang Zhen le había roto las costillas de una patada tiempo atrás. Con un cigarrillo colgándole de la comisura de los labios, el cuerpo inclinado hacia delante y una sonrisa perversa fija en el rostro, lo miraba con la misma mirada con que un gato mira a un ratón.
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Capítulo 83

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Tengo una Ciudad en un Mundo Alternativo (Novela) Capítulo 82

Estás leyendo el capítulo 82 de Tengo una Ciudad en un Mundo Alternativo (Novela), un novela. En un mundo apocalíptico donde la superficie terrestre es sinónimo de muerte segura debido a peligros invisibles, la humanidad ha tenido que refugiarse en ciudades monumentales con capacidades asombrosas: fortalezas que… Este capítulo tiene publicado el 9 de abril de 2026, Traducido por el grupo Skotádi. Tengo una Ciudad en un Mundo Alternativo (Novela) tiene 91 capítulos disponibles en LectorTMO, en español y sin registro.