Leer Tengo una Ciudad en un Mundo Alternativo (Novela) Capítulo 70 online gratis en español
🏴 Grupo: Skotádi✍️ Traducción: Skotádi
Tal y como había supuesto de antemano, las Ruinas que los Duendes Carroñeros habían ocupado como guarida eran un lugar inmundo y caótico: basura y huesos blancos por doquier, impregnados de un hedor insoportable.
Tang Zhen se tapó la nariz y echó un vistazo, y comprobó que entre los huesos esparcidos había un buen número de calaveras humanas.
Con razón eran monstruos malditos. ¿Quién sabía cuántas personas se habrían comido?
El exterior de las Ruinas parecía completamente desvencijado, pero el espacio interior era sorprendentemente amplio. Por el suelo había restos de comida dispersos por todas partes; probablemente la mayoría de los Duendes Carroñeros había entrado de golpe a las Ruinas poco antes porque había llegado la hora de comer.
Precisamente por esa casualidad, toda aquella madriguera de Duendes Carroñeros que habían azotado el valle fue eliminada de una sola vez por los Vagabundos con tanta limpieza y eficacia.
Tang Zhen caminaba por el interior de las Ruinas observando la distribución del Edificio Salvaje y los objetos que quedaban en él; y cuanto más miraba, más le resultaba familiar.
Sí, muy familiar. Pero ¿qué lugar era este exactamente?
Cargado de dudas, Tang Zhen posó la vista en un objeto en un rincón que se parecía a un mostrador, y de pronto algo hizo clic en su mente.
¡Claro, esto era un banco!
Una vez que comprendió el origen de aquel Edificio Salvaje, Tang Zhen sintió una alegría enorme. ¿Acaso le había tocado hacerse rico hoy?
Apenas acababa de formarse ese pensamiento en su cabeza cuando vio a Tyson acercarse corriendo con el rostro radiante, con un gran bulto hecho de cuero de monstruo en la mano derecha.
—Estos bichos feos guardaban bastantes cosas. Señor Tang, ¿qué le parecen estas?
Tyson preguntó con voz emocionada y abrió el bulto de cuero de monstruo.
Tang Zhen echó un vistazo y efectivamente encontró una buena cantidad de monedas doradas y billetes de colores, además de algunas cosas que parecían gemas. Sin embargo, todos esos objetos estaban muy sucios y desprendían un olor acre y penetrante.
Por muy mal que olieran, seguían siendo billetes. Tang Zhen no iba a hacerles ascos.
Después de examinarlos con detenimiento, Tang Zhen asintió satisfecho y le preguntó a Tyson: —¿Ya los contaste? ¿Más o menos cuánto hay?
Tyson se sonrojó al escucharle. Para alguien como él, que apenas sabía hacer cuentas sencillas, calcular la cantidad exacta de todos esos objetos era pedirle demasiado. Por suerte Tang Zhen también se dio cuenta del apuro de Tyson y le indicó que dejara el bulto a un lado por el momento.
Entretanto, algunos Vagabundos ya habían encontrado la entrada al sótano. Tang Zhen lo escuchó y fue de inmediato a verlo.
La entrada al sótano estaba bloqueada por un muro de hormigón derrumbado. Tang Zhen miró los enormes bloques de hormigón, se rascó la cabeza y ordenó que llamaran a Da Xiong, que estaba fuera absorb iendo Perlas Cerebrales.
Ante la mirada atónita de Tyson y los demás, Da Xiong, que todavía tenía restos de sesos y sangre en la comisura de los labios, agarró el bloque con las manos y lo apartó sin esfuerzo. Aquel trozo de hormigón pesaba cerca de quinientos kilos, pero él lo movió como si nada, dejando al descubierto la entrada al sótano.
Tyson y los demás miraron a Da Xiong como si fuera un monstruo, y luego siguieron a Tang Zhen escaleras abajo hasta el sótano.
Como era de esperar, flotando sobre una plataforma de piedra en un rincón del sótano había una Piedra Angular negra cubierta de runas que irradiaba un aura misteriosa. Como Tang Zhen ya poseía varias Piedras Angulares, no se sintió especialmente emocionado, aunque Qian Long, Tyson y los demás no podían apartar los ojos de ella.
Tang Zhen miró a Tyson y, al comprobar que no tenía intención de quedarse con la Piedra Angular, esbozó una leve sonrisa, se acercó y la guardó.
Una vez retirada la Piedra Angular, el Edificio Salvaje quedaba completamente despojado; en poco tiempo, aquel lugar colapsaría y se convertiría en unas Ruinas de verdad.
Recorrieron el sótano de un extremo al otro para asegurarse de que no quedaba nada más, y luego todos salieron de allí.
Al subir del sótano, el grupo ya había completado el registro inicial de las Ruinas. Por desgracia, no encontraron los lingotes de oro que Tang Zhen tanto esperaba hallar.
Quizás era simplemente un banco pequeño y corriente, sin reservas de oro.
La cámara acorazada también fue localizada por Lisa y los demás, pero lamentablemente estaba hecha un desastre: los Duendes Carroñeros la habían usado para dormir y hacer sus necesidades. Tras rebuscar durante un buen rato, los Vagabundos solo consiguieron sacar una docena de fajos de billetes empapados en inmundicias.
—Qué decepción. La tasa de botín de estos Duendes Carroñeros es bastante baja.
Tang Zhen murmuró aquella extraña frase que nadie entendía y salió de las Ruinas.
De pie frente a las Ruinas, Tang Zhen miró a Tyson, que estaba a su lado, y le dijo con tono tranquilo: —Tengo intención de fundar una Ciudad Torre y permitir que ustedes se conviertan en Residentes de Ciudad Torre. ¿Qué te parece?
Tyson se quedó sin habla un instante. En su rostro se mezclaron la alegría y el asombro. Dudó un momento antes de preguntar: —Tener una Ciudad Torre como refugio es el sueño de todo Vagabundo. Pero fundar una Ciudad Torre es lo de menos; lo difícil es defenderla. ¿Tiene usted confianza en resistir el asalto de los monstruos tras su fundación?
Tyson llevaba muchos años vagando por el desierto y había visto con sus propios ojos cómo numerosas Ciudades Torre recién fundadas eran destruidas por el asalto de los monstruos que inevitablemente seguía a su creación; de cada cien, apenas sobrevivía una. Y las pocas que lograban resistir ese primer asalto, en su mayoría acababan siendo arrasadas poco después por una razón u otra.
¡La caída de una ciudad y la muerte de sus habitantes no era solo un dicho!
Los Residentes de Ciudad Torre que perdían su hogar tras la caída de la ciudad estaban incluso en peor situación que los Vagabundos corrientes; aunque lograran escapar de la masacre, pocas eran sus posibilidades de sobrevivir en el desierto.
Y aun así, seguían existiendo incontables Vagabundos dispuestos a lanzarse a esa llama como polillas.
Ciudad Roca Negra era el ejemplo más claro: los de fuera solo veían su poderío, pero nadie sabía cuántas Ciudades Torre habían caído bajo su espada en el camino hasta llegar a donde estaba, con incontables almas muertas en el proceso. Los Cultivadores que Ciudad Roca Negra había criado con tanto esfuerzo no estaban ahí solo para combatir monstruos.
Si Tang Zhen fundara una Ciudad Torre, Ciudad Roca Negra se convertiría inevitablemente en su enemiga mortal. En esa región solo había sitio para una Ciudad Torre, y aunque Tang Zhen quisiera coexistir pacíficamente, Ciudad Roca Negra jamás lo aceptaría.
Pero si Tang Zhen se atrevía a fundar una ciudad, tampoco le temía a las amenazas de Ciudad Roca Negra.
—Puedo proporcionarles suministros en abundancia: alimentos, armas y todo lo que necesiten. Y lo que ustedes tendrán que hacer es defender este hogar para ustedes mismos y para sus descendientes. Así se librarán de la vida errante; podrán dormir tranquilos por las noches sin temer el hambre ni el frío, y criar a sus familias con alegría en esta tierra que habrán hecho suya.
Tang Zhen miró fijamente a Tyson y habló con un tono que evocaba un anhelo profundo. Su voz era serena, pero irradiaba una seguridad y una atracción irresistibles.
No solo Tyson: todos los Vagabundos que había alrededor enmudecieron, pero en sus corazones prendió la imagen que Tang Zhen había descrito, y el brillo en sus ojos se fue haciendo más y más intenso.
—Quizás podríamos intentarlo. Con el señor Tang de nuestro lado, a lo mejor es posible de verdad.
Un Vagabundo murmuró esas palabras con tono dubitativo, pero bastaron para sacudir el corazón de todos los presentes.
Tenía razón. ¿No había dicho el señor Tang que podía conseguirles de todo?
Aunque llegaran a sufrir un asalto de monstruos, para entonces ya tendrían armas y provisiones. Atrincherados tras los muros de la ciudad, ¿de verdad no serían capaces de derrotar a esos monstruos?
Al llegar a esa conclusión, un torrente de confianza inundó de golpe los corazones de los Vagabundos, y todos dirigieron la mirada hacia la fuente de esa confianza: Tang Zhen.
A sus ojos, ese hombre que poseía un poder formidable y prometía hacerles llegar grandes cantidades de valiosos suministros quizás sí podía ofrecerles por fin un puerto seguro donde echar el ancla.

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Tengo una Ciudad en un Mundo Alternativo (Novela) Capítulo 70
Estás leyendo el capítulo 70 de Tengo una Ciudad en un Mundo Alternativo (Novela), un novela. En un mundo apocalíptico donde la superficie terrestre es sinónimo de muerte segura debido a peligros invisibles, la humanidad ha tenido que refugiarse en ciudades monumentales con capacidades asombrosas: fortalezas que… Este capítulo tiene publicado el 8 de abril de 2026, Traducido por el grupo Skotádi. Tengo una Ciudad en un Mundo Alternativo (Novela) tiene 91 capítulos disponibles en LectorTMO, en español y sin registro.