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Leer Tengo una Ciudad en un Mundo Alternativo (Novela) Capítulo 56 online gratis en español

🏴 Grupo: Skotádi✍️ Traducción: Skotádi
Con fondos en mano, Tang Zhen comenzó a poner en marcha su plan. Lo primero era devolver el dinero: saldar la deuda de su padre adoptivo. Sin embargo, este asunto requería que Tang Zhen encontrara el momento oportuno para hacerlo, y además sin llamar la atención. El segundo asunto era resolver el problema del armamento y el equipo. Las armas que usaban los Vagabundos eran de lo más dispares, en su mayoría de manufactura tosca y pobre calidad. En el campo de batalla donde la vida y la muerte se deciden en un instante, un equipo defectuoso podía costarle la vida a quien lo portara. Tang Zhen no quería que sus subordinados se enfrentaran a los monstruos con semejante equipamiento, así que la protección era algo en lo que no podía escatimar. En un principio había pensado equipar a sus futuros hombres con chalecos antibalas y protecciones similares, pero tras leer algunas reseñas en internet, descubrió que la capacidad defensiva de ese tipo de chalecos era bastante limitada y resultaba poco práctica para el combate con armas de acero. A todas luces, si las condiciones lo permitían, lo mejor era fabricarlos él mismo. De no ser posible, también podía contratar a alguien para que los hiciera. Tang Zhen solo necesitaba que alguien procesara los metales adecuados para obtener las piezas y luego enviarlas al otro mundo para ensamblarlas. En el peor de los casos, podría poner cualquier pretexto, fabricarlos directamente allí y luego llevarlos al Mundo de las Ciudades Torre. En estos tiempos había gente dedicada a todo tipo de oficios. Él no hacía más que fabricar unas armaduras; no había razón para que nadie se escandalizara. Además de informarse sobre las armaduras de placa, Tang Zhen también investigó los chalecos antiperforación y las cotas de malla. Entre estas últimas, un tipo fabricado con arandelas de resorte metálico captó su atención. Ese modelo de cota de malla tenía buena apariencia y, según se decía, ofrecía una protección considerable, además de un precio razonable: una cota de malla larga costaba alrededor de dos mil. Tang Zhen hizo sus cálculos: cien unidades rondarían los doscientos mil en total. Por supuesto, no pensaba comprar tantas de una sola vez. Su plan era adquirir unas pocas primero para evaluar su rendimiento y, si los resultados eran satisfactorios, producirlas él mismo. Realizó el pago, dejó la dirección de entrega y encargó también varios chalecos antiperforación. Luego continuó navegando en busca de arcos y ballestas. Esos artículos también se vendían por internet, aunque la calidad era incierta. Tang Zhen seleccionó algunas tiendas de buena reputación y encargó diez unidades. Tras estimar el costo de encargar una armadura a una fábrica, Tang Zhen lo encontró bastante elevado. Por más que tuviera una suma considerable de dinero en ese momento, eso no significaba que pudiera despilfarrarlo a su antojo. ¿Debería contratar a un grupo de personas y producirlas él mismo? Mientras lo meditaba, sacó el teléfono y llamó a un antiguo compañero de trabajo. Ese hombre se llamaba Wang Daqing. Era oriundo de una zona rural, una persona directa y honesta con quien Tang Zhen había trabajado en el pasado. En cierta ocasión, cuando unos matones locales lo habían acosado, Tang Zhen fue el único que dio la cara por él. Desde entonces, Wang Daqing lo consideró un amigo de verdad y ambos se mantenían en contacto frecuente por teléfono. Wang Daqing vivía ahora en el campo, cuidando a su madre enferma. En temporadas de poco trabajo agrícola, viajaba a la Ciudad del Este para hacer trabajos eventuales y complementar sus ingresos. Cuando recibió la llamada de Tang Zhen, Wang Daqing estaba trabajando en el campo. Al enterarse de que Tang Zhen quería alquilar una parte de su propiedad y contratar gente, se golpeó el pecho con la mano y declaró que ese asunto corría por su cuenta. Acordados los detalles, Tang Zhen llamó a Tang Yajie. Conversaron brevemente y le dijo que había comprado un apartamento en la Capital Provincial, por lo que podía mudarse allí cuando quisiera. Le llevaría las llaves en breve; le pidió que lo esperara a la salida del colegio. Después de entregarle las llaves, Tang Zhen le dio una suma de dinero y le pidió que se encargara de ir saldando poco a poco las deudas de su padre adoptivo. Si alguien preguntaba por el origen del dinero, que inventara cualquier excusa. Tras comer juntos, volvió a ocuparse de las compras de materiales. Soldadora eléctrica, cortadora, amoladora angular, taladro, pulidora: todo tipo de maquinaria y equipos debían adquirirse. Además, también compró una gran cantidad de materiales consumibles para evitar tener que ir y venir constantemente. Tang Zhen eligió una tienda de buena reputación, realizó todas las compras en una sola visita y encargó el envío a domicilio. Al salir de esa tienda, se dirigió al mercado de materiales de construcción. Chapa de acero con relieve, chapa de acero inoxidable 304, chapa de acero con titanio y un lote de tubos de acero de distintas medidas: Tang Zhen volvió a soltar el dinero con amplitud de miras y encargó la entrega. Después recorrió varios lugares más y compró cuero, lona, pintura y otros artículos. A pesar de su extraordinaria resistencia física, todo aquello lo había agotado considerablemente. Sintiéndose a disgusto por no tener vehículo propio, Tang Zhen fue sin demora a una concesionaria y compró un todoterreno de más de trescientos mil, que usaría como medio de transporte personal. Llevaba tiempo con el carnet de conducir. Tras completar los trámites, volvió en coche al lugar donde vivía, sacó papel y lápiz y se puso a inventariar todos los materiales adquiridos. En su momento, con el fin de mantener un perfil bajo, Tang Zhen no había contemplado llevar vehículos de motor al Mundo de las Ciudades Torre. Sin embargo, con la llegada de la Raza Zombi, ya no podía seguir siendo discreto. Su única opción era aprovechar esa oportunidad para ascender con fuerza y alcanzar sus objetivos cuanto antes. Teniendo en cuenta la geografía del Mundo de las Ciudades Torre, los automóviles convencionales definitivamente no servirían. En cambio, ciertos tractores agrícolas parecían bastante adecuados: resistentes y duraderos. Tang Zhen tenía puesto el ojo en un tractor agrícola de tracción delantera en las cuatro ruedas, de neumáticos anchos y gran potencia, convencido de que se adaptaría bien a la topografía del Mundo de las Ciudades Torre. Con un remolque acoplado podría transportar personal y suministros, lo que aumentaría considerablemente la velocidad de desplazamiento. Además, ese modelo de tractor era justo del tamaño que cabía en el Espacio de Almacenamiento; uno más grande habría estado fuera de su alcance. Una vez organizado todo, a la mañana siguiente partió en coche hacia la aldea donde vivía Wang Daqing. Tras conducir varias horas, Tang Zhen llegó a la pequeña aldea natal de Wang Daqing, un lugar pintoresco enclavado entre montañas y bordeado por un río. Wang Daqing, que había recibido su llamada, ya lo esperaba a la entrada del pueblo. En cuanto lo vio llegar, subió al coche para guiarlo directamente hasta su casa. La casa de Wang Daqing se encontraba en el extremo de la aldea y contaba con un amplio patio de unos dos mil metros cuadrados, que en ese momento estaba repleto de materiales y objetos de todo tipo. Tras saludar a la madre de Wang Daqing y entregarle los regalos que había traído, Tang Zhen y Wang Daqing se pusieron a hablar en el patio. Tang Zhen le explicó a Wang Daqing que había conocido a un importante director de cine, quien le había encargado un lote de utilería. Fiel al principio de compartir las ganancias con quienes le importaban, había pensado en incluir a Wang Daqing. Alquilaría el terreno de su propiedad por cinco mil yuanes al mes, y le pagaría otros diez mil mensuales por encargarse de coordinar al personal y de la gestión general, siempre y cuando el trabajo se hiciera bien. Tanto si Wang Daqing creía su historia como si no, con un ingreso mensual de quince mil yuanes, aceptó sin pensárselo dos veces. Una vez acordados los términos, lo demás fue más sencillo. Tang Zhen le adelantó cincuenta mil yuanes a Wang Daqing para que contratara obreros y levantara en el patio una nave simple de paneles de acero, con el fin de ocultar las actividades del lugar a ojos ajenos. Luego llamó a un grupo de trabajadores y a un electricista para instalar y conectar los equipos y el cableado eléctrico. En la aldea había muchos jóvenes en edad de trabajar que estaban desocupados y que manejaban con soltura técnicas como la soldadura y el corte. Wang Daqing dio una vuelta y reunió a seis personas. Trabajar cerca de casa y con un buen salario: naturalmente, todos estaban contentos. Al ver que el equipo estaba completo, Tang Zhen entregó a Wang Daqing un plano. Era el diseño de una armadura: el pecho y la espalda se protegerían con planchas de acero macizas; la zona del abdomen y la cintura, con pequeñas láminas de acero perforadas, fijadas con remaches sobre cuero grueso de bovino. En el interior del cuero se cosería además una capa de lona. El peso total rondaría los diez jin. También había componentes como el yelmo, las protecciones para las piernas y otras piezas, lo que en conjunto resultaba bastante complejo. Tang Zhen exigió que se garantizara la calidad; en cuanto a la velocidad de producción, confiaba en que Wang Daqing sabría cuánto podía dar de sí. Este era el primer artículo que Tang Zhen encargaba fabricar, con una cantidad total de mil unidades. Si los materiales no alcanzaban, Tang Zhen indicó a Wang Daqing que hiciera los pedidos directamente, y además le transfirió otros cien mil yuanes. Le dijo que tenía que irse a la zona montañosa y que tardaría al menos medio mes en regresar, período durante el cual podría perder la comunicación. Le dejó todos esos asuntos en sus manos. Wang Daqing le repitió una y otra vez que se quedara tranquilo, que no lo decepcionaría. Rechazando el ofrecimiento de Wang Daqing de quedarse a comer antes de partir, Tang Zhen subió al coche y abandonó la pequeña aldea de montaña.
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Tengo una Ciudad en un Mundo Alternativo (Novela) Capítulo 56

Estás leyendo el capítulo 56 de Tengo una Ciudad en un Mundo Alternativo (Novela), un novela. En un mundo apocalíptico donde la superficie terrestre es sinónimo de muerte segura debido a peligros invisibles, la humanidad ha tenido que refugiarse en ciudades monumentales con capacidades asombrosas: fortalezas que… Este capítulo tiene publicado el 1 de abril de 2026, Traducido por el grupo Skotádi. Tengo una Ciudad en un Mundo Alternativo (Novela) tiene 91 capítulos disponibles en LectorTMO, en español y sin registro.