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Leer Soy el Unico que Sube de Nivel: Ragnarok (Novela) Capítulo 374 online gratis en español

🏴 Grupo: Segador✍️ Traducción: Segador
Esta vez, ni siquiera hubo una onda expansiva. Todo sonido desapareció del mundo. Todo color desapareció. Solo dos haces de luz ardían furiosamente, intentando consumir al otro. Al final, como una goma de borrar a la fuerza un dibujo, el Ragnarok empezó a devorar poco a poco al Itarim y el mundo que había creado. Algo cedió. Un suave gemido escapó de los labios del Itarim. Su enorme ojo sangrante se encontró con el de Suho. Sin embargo, incluso ahora, en medio de un dolor terrible, había una extraña euforia en ellos. Ardía. Dolía. Era un dolor abrasador e insoportable. Aun así, al mismo tiempo, también se asombraba que ellos, un dios, muriera a manos de alguien que había creado. ¡Qué contradictoria, qué fascinante, qué novedosa experiencia fue esta! Esto también era un nuevo tipo de placer, uno que podría poner fin por fin a la apatía de tanto tiempo. Sin embargo, había algo que interrumpía este escenario perfecto para el Itarim. "¿El abismo, eh?" De repente, su mirada pasó sobre Suho y miró más allá. En algún momento, apareció una sombra. No participó en la batalla, simplemente observó todo desde la distancia. Esta sombra era Beru, o más bien, alguien más allá de la sombra de Beru, alguien lejano en el vasto universo, observando todo desarrollarse a través de Beru con una mirada profunda e insondable. "Tú... simplemente observa hasta el final. Igual que nosotros" Con las últimas fuerzas, enviaron un mensaje hacia esa mirada. "Mira bien. Fue tu hijo quien me juzgó... en tu nombre" El Itarim esbozó una leve sonrisa. "¿Y bien? ¿Valió la pena ver mi actuación?" No llegó respuesta. En cambio, la mirada se apartó de la sombra de Beru. Ante eso, la expresión del Itarim se desmoronó. ¿Así que así se siente ser nada más que un espectáculo para que alguien más lo vea...? En ese momento, Suho invocó una última ráfaga de energía y derribó a Ragnarok. El enorme cuerpo divino del Itarim se hizo añicos bajo la fuerza abrumadora. Su divinidad se dispersó, descomponiéndose en partículas de luz. Siguió un retumbo bajo. Y así los Itarim, junto con el mundo que habían creado, comenzaron a colapsar. Incluso hasta el final, saborearon cada momento terrible, y con los últimos vestigios de poder, susurraron directamente en la mente de Suho. "Esto ha sido divertido, pequeño dios... Pero tenedlo en cuenta. No soy el único Itarim..." La guerra con los Dioses Exteriores apenas había comenzado. "Las cosas se pondrán mucho más ajetreadas ahora, porque dos mundos se quedan sin sus dioses..." Fue una maldición final, y Suho respondió con valentía. "Sí. Pero eso solo significa que la Tierra estará más segura. Su atención se dividirá en dos" "Ja..." Con esa leve risa, la existencia de los Itarim se extinguió por completo. Sonó una notificación. \[Has derrotado a un "Itarim", un dios de los universos exteriores\] Una oleada de poder fluyó hacia Suho. \[Has absorbido una enorme cantidad de poder divino\] Todo lo que quedaba de la esencia divina del dios se derramó en Suho a través del Ragnarok. Era una cantidad realmente asombrosa de poder que se estrelló como una cascada en la sombra de Suho, la sombra del Árbol del Mundo muerto. \[Poder: "Sombra del Árbol del Mundo" transfiere el alimento absorbido al "Árbol del Mundo Muerto"\] Suho cerró los ojos y aceptó la ola entrante. Se acabó. Los ruidos que amenazaban con destrozarle los tímpanos, la presión divina que agobiaba su alma, ambos habían desaparecido. En ese silencio perfecto, Suho finalmente sintió la fatiga aplastante que lo invadía. El peso del Ragnarok desapareció de sus manos, dejando solo un vacío. "Entonces... ¿Está terminado?" Suho inhaló lentamente. Lo había conseguido. De verdad había... matado a un dios. Una leve sonrisa apareció en sus labios mientras revisaba el mensaje del sistema que flotaba ante sus ojos. Sonó una serie de campanillas. \[El Árbol del Mundo muerto comienza a recuperar vitalidad.\] \[Progreso de recuperación del Árbol Mundial: 0,01%\] \[Progreso de recuperación del Árbol Mundial: 0,07%\] \[Progreso de recuperación del Árbol Mundial: 0,13%\] \[Progreso de recuperación del Árbol Mundial: 0,26%\] \[...\] El árbol muerto estaba volviendo a la vida. La larga guerra había terminado por fin. Por fin, llegó el primer fruto de sus esfuerzos. Suho levantó lentamente la vista para mirar a Beru, que había estado observando la batalla desde el cielo, o más bien, desde las vastas extensiones del espacio, un espacio que los Itarim ya no ocupaban. "Joven Monarca" Beru sostuvo su mirada con ojos solemnes. No ofreció ánimo ni alabanza como en el pasado. Ya no era necesario. Suho era ahora un hombre adulto, un guerrero por derecho propio. "Si quieres, te abriré el camino enseguida", dijo Beru. Su sombra se encendió mientras hablaba. Suho miró hacia la oscuridad parpadeante, o más bien, algo que había más allá de ella. Era una puerta. Un camino que conducía a su padre, que había luchado contra enemigos absurdamente poderosos, que aún luchaban ahora, se extendía a través de esa sombra. Era un camino solitario y sombrío, que atravesaba el vacío, más allá de la dimensión arruinada por la pérdida de su amo, y hacia los confines de los reinos exteriores. El verdadero abismo estaba esperando. "Padre" Frente a esa puerta, los ojos de Suho brillaban más que nunca. "Voy hacia ti ahora" Sin dudarlo, entró en la abrasadora sombra de Beru. En un instante, su visión se volvió negra. La pequeña llama blanca que Suho había creado fue engullida por una noche interminable. Así que este era el camino que le llevaría a su padre, Sung Jinwoo, el Monarca de las Sombras. Era un abismo sin límites, un pozo de oscuridad, un espacio de absoluta nada donde no existía luz. Así que esto... ¿Es el poder de mi padre? Suho no pudo respirar por un momento mientras una ola aplastante de maná le aplastaba. No era nada parecido al poder de los Itarim. Los Itarim habían usado leyes y el poder de la creación para luchar, pero el poder de Jinwoo era el propio abismo, una fuerza que se tragaba todo a su paso. En este lugar, el sonido, la luz, incluso el flujo del tiempo no tenían sentido. Solo una soledad eterna y un silencio se prolongaban, aparentemente eternos. El camino que seguía Suho parecía tan infinito que le recordaba al Mar del Más Allá. Desde su interior, Antares dejó escapar un gruñido bajo. "Se ha vuelto aún más fuerte que antes..." dijo. Era increíble. Jinwoo seguía creciendo, aparentemente sin fin. El Rey de los Dragones, que fue el Monarca más fuerte que existía, sintió cómo su orgullo se resquebrajaba. Apretó los dientes ante la enorme diferencia de poder. Aun así, Antares no abandonó la idea de luchar contra Jinwoo. Simplemente esperaría hasta la próxima vez. La oscuridad primordial podría haberse perdido, pero haría todo lo posible por recuperar sus fuerzas. De hecho, se volvería aún más fuerte. Eso era seguro. Cuando llegara ese momento, volvería a enfrentarse a él. Antares hizo este voto ardiendo de frustración. "Dios mío..." murmuró Kandiaru. Su voz, en cambio, transmitía sorpresa y asombro. Aquí había un nivel de poder que no podía calcularse, medirse ni siquiera comprenderse. Kandiaru, el Arquitecto, que había estado con Jinwoo al principio, ni siquiera podía comprender la magnitud del poder de Jinwoo ahora. Solo pudo soltar un suspiro de incredulidad. "Ya se ha convertido en... un mundo aparte", dijo. Suho siguió adelante, escuchando en silencio su asombro. Paso a paso, mientras avanzaba por ese camino, el abismo circundante empezó a susurrarle. No eran sonidos audibles para los oídos. Eran los rastros de los miles de millones de soldados leales a su padre, restos de recuerdos y emociones que habían experimentado. Aquí había lealtad absoluta a su amo, una voluntad implacable de luchar contra sus enemigos y la soledad del rey que había soportado el peso de cada batalla en solitario. Este camino de sombras era el mismo camino que su padre había recorrido. Finalmente, los ojos de Suho se adaptaron al abismo. Fue entonces cuando los vio. Había incontables cadáveres, fusionados con la oscuridad que le rodeaba. Era un campo de batalla de estrellas caídas, más horrible y miserable que el Mar del Más Allá, donde las almas encontraban su descanso final. Eran las cicatrices del universo, devastadas por un poder abrumador. Mientras los pasos de Suho lo llevaban hacia adelante, los muertos inmersos en la oscuridad empezaron a abrir los ojos, uno a uno. Incontables pares de ojos se fijaron en él. En un cielo desprovisto de luz estelar, luces azules frías y sin vida le observaban desde todas direcciones. No había hostilidad en sus miradas. Estaban tranquilos, simplemente haciendo la misma pregunta. Hijo del rey, ¿Eres digno de este camino? Era tanto una advertencia como una preocupación. Aun así, Suho no se detuvo. No podía decir cuánto tiempo caminaba. Finalmente, un solo rayo de luz apareció a lo lejos, mucho más allá de la oscuridad infinita. Desgraciadamente, no era una cálida luz de esperanza. Con un rugido ensordecedor que le desgarraba los tímpanos, decenas de estrellas explotaron a la vez. La escena que tenía delante ni siquiera podía describirse como un infierno. El infierno habría sido un lugar pacífico en comparación. Las estrellas moribundas lloraban lágrimas rojo sangre mientras se desvanecían. Enormes demonios vivientes gritaban mientras sus cuerpos eran destrozados. Dioses cuya piel estaba hecha de nebulosas chocaban en violentas batallas en el aire. Con cada golpe de sus puños, el espacio se arrugaba como papel, y la pared dimensional se derretía con cada respiración que exhalaban. Solo entonces Suho lo entendió de verdad. Cada batalla que había librado hasta ahora no había sido más que un juego de niños. Su lucha con los Itarim había sido un duelo contra un solo dios, pero este lugar era un campo de batalla de dioses. Cientos de Itarim, cada uno con sus propios ejércitos, se aniquilaron unos a otros en un caos que se extendió por todo el universo. No eran aliados aquí. Esta era la realidad de la guerra contra los Dioses Exteriores que su padre había enfrentado solo. Suho se sorprendió, pero solo por un momento. Entonces le vio. En el centro de todo el caos, había un hombre, una tormenta en sí mismo, devorando todo a su alrededor. Miles de millones de sombras danzaban a su voluntad. Dagas gemelas se movían a la velocidad de la luz, cortando dimensiones y atravesando los corazones de los dioses. Cada movimiento que hacía era ley misma y una declaración de muerte. Era Jinwoo, el Monarca de las Sombras. Su padre estaba allí. Se defendía contra tres Dioses Exteriores a la vez, pero no mostraba señales de estar superado. Uno intentó atarlo con miles de tentáculos de materia oscura, mientras otro arrojó galaxias comprimidas como balas de cañón. El último desató oleadas de maldiciones que podían controlar la mente. Sin embargo, ninguno de sus ataques le tocó. Un muro de sombra los vaporizó a todos antes de que pudieran alcanzarle. Jinwoo era mucho más fuerte que ellos, pero Suho veía más que pura fuerza en esa figura. Aunque los ataques interminables caían sobre él, nunca flaqueó. En la firme espalda de su padre, Suho veía la aplastante soledad que soportaba y el peso de su lucha. En este colosal campo de batalla, su padre no había podido descansar ni una sola vez. Aunque Suho vivía una vida ordinaria, se hacía más fuerte y finalmente derrotaba a los Itarim, su padre se quedó aquí, protegiendo el mundo solo, como siempre había hecho. En su mente, ese era su deber. Entonces, en ese mismo instante, la cabeza de Jinwoo se movió apenas en medio del caos de la batalla. Más bien, su mirada se desvió. Incluso mientras paraba los ataques de los dioses, reconoció al instante la llegada de su hijo. La tormenta del campo de batalla, por imposible que pareciera, se abrió ante ellos, y un único camino se abrió dentro del ojo de esa enorme tormenta, conectando padre e hijo. No había tiempo para una reunión larga y emotiva. Este no era lugar para tales lujos. Aun así, una leve sonrisa se dibujó en los labios de Jinwoo, como preguntando a su hijo qué le había llevado tanto tiempo. Sin volver atrás, habló en voz baja. "Llegas tarde" Esa frase contenía innumerables emociones. Sintiendo cada uno de ellas, Suho soltó una pequeña risa y respondió: "Había algo de tráfico de camino aquí" "Veo algunas caras bienvenidas", dijo Jinwoo, y su sonrisa se ensanchó al mirar las sombras que seguían a Suho. "¡Mi señor!" "Hemos... ¡Hemos vuelto, mi señor!" Greed y Iron, los desertores, se habían reincorporado al ejército de las sombras como hijos pródigos que regresan a casa. "¡Jaja! ¡Señor Sung, no ha cambiado nada! ¿Nunca envejeces?" dijo Thomas, saludando con la mano. Las muchas personas que Sung Jinwoo había conocido en el pasado ahora estaban junto a la sombra de Suho, y Jinwoo estaba realmente contento de verlos de nuevo. "¡Kieeeeek!" gritó Beru. "¡Mi rey! ¡Soy yo, Beru, que ha vuelto al campo de batalla! ¡Y traigo refuerzos!" Sin dudarlo ni un segundo, se lanzaron a la batalla, luchando de nuevo al lado de Jinwoo. Una llama se encendió en los ojos de Suho. No había miedo en él, solo un fuego ardiente en el pecho. Por fin, comprendió plenamente el campo de batalla en el que debía estar. Padre e hijo estaban espalda con espalda. La oscuridad incolora y el abismo infinito, ambas sombras, se convirtieron finalmente en una sola. Cada Dios Exterior que los vio ahora mostró un destello de sorpresa y cautela en sus ojos. La calamidad que había sido abrumadora incluso cuando uno se había convertido en dos. Jinwoo y Suho intercambiaron sonrisas idénticas al observar las reacciones de sus enemigos. Allí estaba Jinwoo, el Mayor Fragmento de Luz Brillante, el Rey de los Muertos y el Monarca de las Sombras. A su lado estaba su orgullo, su hijo Suho, el Protector del Árbol del Mundo, el Monarca de la Trascendencia y la Sombra del Árbol del Mundo. Los dos permanecieron en uno solo, con los ojos fríos mientras se giraban para enfrentar al enemigo. Luego, juntos, hablaron al unísono. "Surge" "Surge" La verdadera guerra de los dioses, Ragnarok, había comenzado.
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Soy el Unico que Sube de Nivel: Ragnarok (Novela) Capítulo 374

Estás leyendo el capítulo 374 de Soy el Unico que Sube de Nivel: Ragnarok (Novela), un novela. La existencia de la Tierra está amenazada una vez más mientras los Itarim, los dioses de otros universos, buscan llenar el vacío dejado por el Ser Absoluto. Sung Jinwoo no tiene más remedio que enviar a Beru, el rey de… Este capítulo tiene publicado el 28 de febrero de 2026, Traducido por el grupo Segador. Soy el Unico que Sube de Nivel: Ragnarok (Novela) tiene 376 capítulos disponibles en LectorTMO, en español y sin registro.