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Leer Soy el Unico que Sube de Nivel: Ragnarok (Novela) Capítulo 373 online gratis en español

🏴 Grupo: Segador✍️ Traducción: Segador
Con un destello de luz, decenas de miles de ángeles cenicientos se materializaron alrededor del Itarim, bloqueando el paso de Suho. Eran el escudo definitivo, forjado por la voluntad divina. Suho no se detuvo. "¡Apartense!" Ahora, nada podía interponerse en el camino de Suho, ni la armadura sagrada de los ángeles, ni sus cuerpos, ni siquiera sus almas. Ni siquiera Devora el Mundo pudo detenerle. El Ragnarok lo consumió todo. Con cada golpe, miles de ángeles estallaban en fragmentos de luz resplandeciente, y con cada segundo golpe, incluso el espacio en el que estaban se desgarraba. Toda la energía extraída de ellos fluía hacia su sombra, la sombra del Árbol del Mundo muerto. "¡Jajaja! ¡Así que este es el fuego de destrucción que has creado! ¡Bien hecho!" La risa salvaje y alegre de Antares resonaba en la mente de Suho. Como si respondiera, Suho golpeó con más fuerza, continuando su carga hacia los Itarim. "Je" Los Itarim, observando, emitieron un sonido casi como la euforia. Para ellos, ver sus creaciones destrozadas ante sus ojos parecía una magnífica obra de arte. "Déjanos jugar", dijo el Itarim, y abrió ambas manos. Los fragmentos de la dimensión en colapso y los núcleos destrozados de planetas arruinados fueron atraídos a su alcance. El poder divino los aplastó y fusionó, forjando una resplandeciente armadura cósmica y una lanza enorme. \[El "Cazador de Estrellas", la lanza forjada en el corazón de una estrella colapsada\] \[El "Velo del Vacío", forjado a partir del cadáver de una nebulosa condensada\] Por fin, el gran y absoluto ser descendió del asiento del espectador y subió al escenario. La lanza del Itarim chocó con el Ragnarok de Suho. El tiempo y el espacio gritaban. La colisión entre las dos fuerzas absolutas dejó una herida imborrable en el lienzo dimensional. La onda expansiva se extendió a la velocidad de la luz, desintegrándolo todo hasta el nivel atómico. La tierra pegajosa se evaporó y la película vetosa que se extendía por el cielo se desgarró. El mundo perfecto de los Itarim se estaba desmoronando, destruido por las mismas manos que lo habían moldeado. "¡Todavía no! ¡Más! ¡Más! ¡Sigue adelante! ¡Tu fuerza ni siquiera lo ha alcanzado!" gritó Antares. Los golpes de Suho eran completamente desviados por la lanza y la armadura. Una y otra vez, intercambiaron golpes, abandonando toda idea de defensa. Simplemente volcaron todo su poder destructivo el uno contra el otro en la locura. Los ataques chocaban y se anulaban entre sí, reduciendo el entorno a cenizas. Pronto, las secuelas de su devastación comenzaron a desbordarse más allá de los límites de este mundo. Cada límite que la onda de choque tocaba se fragmentaba en una delicada red de grietas. Incluso el propio vacío se estaba desmoronando. Las fracturas se extendieron incontrolablemente, convirtiéndose finalmente en enormes agujeros con millones de espacios en forma de ventana. Más allá de esas ventanas, vistas caóticas del universo infinito se desplegaban como un caleidoscopio. Había nebulosas ardiendo con estrellas recién nacidas, vacíos envueltos en un silencio mortal, y entre esos muchos fragmentos, uno incluía un hermoso planeta azul: la Tierra. "¡Más! ¡Vamos! ¡Sigue empujando!" Los gritos enloquecidos de Antares continuaban, avivando las llamas de Suho. \*\*\* En ese momento, algo estaba ocurriendo en la Tierra. \[Desconectado de sesión\] \[¡La conexión ha sido cortada por la fuerza!\] \[¡La conexión ha sido cortada por la fuerza!\] "¡Ugh!" "¿Q-Qué?" Toda la humanidad fue expulsada a la fuerza de sus cápsulas de juego y lanzada a un estado de confusión extrema. La emoción de luchar contra monstruos alienígenas había desaparecido, reemplazada por la desconcertante familiaridad de la realidad. El miedo, el vacío y una sensación de derrota los llenaron. ¿Era esto? ¿De verdad no habían logrado nada? Cuando la gente salió de sus cápsulas, atónita, una voz gritó. "¡M-Mira hacia arriba!" De repente, todas las miradas se dirigieron al cielo. Se estaba partiendo en pedazos. El oscuro velo del cielo nocturno se estaba abriendo, mientras incontables muros entre dimensiones estallaban. Ahora, desde los confines del universo, algo que ninguna mente humana podría haber imaginado se estaba desarrollando ante sus ojos. La luz y la oscuridad se retorcían en un violento choque, y las estrellas, tanto vastas como pequeñas, aleteaban como hojas en medio de ese caos. En su centro, dos seres estaban enfrascados en combate. Uno, un dios de enorme escala, llorando lágrimas de sangre, y el otro, un guerrero solitario que blandía llamas blancas puras. La gente lo reconoció al instante. "¿Sung Suho...?" "¡Suho!" "¡Es él!" Era el mismo cazador que los había guiado en el campo de batalla alienígena. Incluso ahora, seguía allí, continuando la lucha solo. ¡Incluso estaba incendiando su propio cuerpo en su batalla para matar a ese dios! Un retumbo sonó a lo lejos. "Dios mío..." La humanidad contuvo la respiración, un escalofrío recorriéndoles la espalda. Esta no era una batalla cualquiera. Era una escena mítica, un momento en el que mundos se creaban y destruían a la vez. Las armas de Suho rugían con fuego negro y destructivo, agrietando la lanza divina, mientras los ataques del dios atravesaban el tiempo y el espacio y destrozaban la armadura de Suho. Cada vez que sus poderes chocaban, las grietas en el cielo se ensanchaban y hacían la batalla aún más clara para toda la humanidad. El miedo y el shock que habían sentido al principio ya habían desaparecido. En su lugar, algo más caliente empezó a surgir. Un soldado apretó los puños y gritó: "¡Tú puedes! ¡Puedes ganar!" Fue la primera chispa de una oración creciente. "Por favor... ¡Por favor, gana!" "¡Vamos, Suho!" Al principio fue una sola voz, luego diez, luego mil. "¡Matad a ese dios!" "¡Tú puedes!" Sus gritos se extendieron como pólvora por la Tierra, hasta que finalmente las voces de miles de millones de personas en todo el planeta se unieron a ellas. Sus almas resonaron unas con otras y sus deseos se convirtieron en uno solo, elevándose hacia el cielo. No era solo un vítor. Era la voluntad colectiva de toda la humanidad, dirigida hacia el héroe solitario que luchó por su destino colectivo. \*\*\* Suho lo escuchó. Un rugido resonó en sus oídos, cruzando el lejano muro entre dimensiones. No era solo el sonido de voces lejanas. Era el sonido del planeta, las voces de las personas a las que había jurado proteger, que ahora le llegaban en oración y apoyo. El peso de un mundo entero sobre sus hombros se convirtió en una fuerza ardiente que alcanzó su sombra y floreció. Un nuevo poder fluyó a través de Suho mientras agarraba el Ragnarok. "¡Ah!" "¿Es esta la voluntad de los humanos?" Los Monarcas quedaron asombrados, pero en realidad, era algo más pragmático. "¡No! ¡Estos son puntos de experiencia!" Kandiaru, el Arquitecto, los reconoció primero. Este poder estaba hecho de los puntos de experiencia que la humanidad había acumulado matando monstruos en esta dimensión, y ahora, a través de las cápsulas del juego, toda esa fuerza se transfiería directamente a Suho. Esto significaba que lo que estaba ocurriendo aquí no era una simple coincidencia ni un milagro aleatorio. Fue un diseño deliberado. Fue obra de Jinho, el creador del juego Solo Leveling: Ragnarok. "¡Envía todos los puntos de experiencia de usuario a Suho!" En el corazón de la Tierra, en la azotea de Ahjinsoft, el tío de Suho se erguía orgulloso y gritaba hacia el cielo. A su lado estaba Harmakan, el espíritu demoníaco. "¡Asumiré toda la responsabilidad! ¡Al fin y al cabo, soy el jefe de esta empresa!" Jinho estaba de pie con los brazos cruzados, pero solo porque sus manos temblaban incontrolablemente de emoción y miedo. Aun así, su vida nunca había sido tan fácil como para ceder ante algo como el miedo. ¡Soy Jinho, la mano derecha de Jinwoo! ¡Esto es lo mejor que puedo hacer por Suho y su padre ahora mismo! Recuerdos del pasado pasaron por su mente. Pensó que quizá la carrera implacable que había corrido toda su vida le había llevado a ese momento. Había creado el primer juego de realidad virtual del mundo. Había desarrollado las cápsulas del juego, con ayuda de espíritus demoníacos y del propio Jinwoo. Luego estaba el monumental proyecto que había completado con Harmakan, Solo Leveling: Ragnarok. "¡No pierdas, Suho!" Jinho gritó, con los puños apretados. Su voluntad inquebrantable reunió cada gota de la experiencia humana y se la entregó a Suho. Columnas radiantes de luz estallaban desde las cimas de las pirámides negras de todo el mundo. Sin embargo, eran una ilusión. Solo había una verdadera Torre de la Tribulación, la que se había construido dentro de la Mazmorra de las Sombras de Suho. Desde el principio, todos los avatares humanos habían estado conectados a la sombra de Suho. Finalmente, todo ese poder se fusionó en uno solo como un solo rayo de luz, atravesando hasta donde estaba Suho. En ese momento, la armadura de sombra que envolvía el cuerpo de Suho se encendió aún más intensamente, absorbiendo los puntos de experiencia de toda la humanidad. Los Itarim también sintieron el cambio. "¡Ja! ¿Significan algo para ti los gritos de seres tan insignificantes?" Para un gran dios como los Itarim, tales creaciones no eran más que adornos u objetos consumibles para el entretenimiento que se creaban y destruían a voluntad. No tenían sentido. Sin embargo, ahora, esos seres absolutamente inútiles interfirían en esta batalla sagrada y gloriosa. Era imperdonable. "Esto me molesta", dijo el Itarim. Una nebulosa oscura se arremolinaba en la punta de la lanza de Itarim, pero su objetivo no era Suho. Apuntaba hacia la Tierra, que canalizaba su fuerza hacia Suho incluso ahora. Devora el Mundo, el juicio final de un dios creador y el verdadero fin del mundo, abrió sus fauces. Entonces, Suho habló. "Contacto" La voz impactó en los oídos del Itarim como una bala. Ocurrió en un instante, en ese breve instante en el que el dios, atrapado en un feroz combate con Suho, permitió que su atención se desviara hacia la Tierra. Una sonrisa salvaje se dibujó en la comisura de los labios de Suho. "¡Ahora!" gritó. Antes de que su voz se apagara, Antares estalló en Suho, más frenético que nunca. Ragna, el colosal dragón, mostró sus colmillos salvajes y se lanzó directamente contra la garganta del Itarim. Sus dientes se clavaron en el cuello del Itarim, el dios absoluto, ahora al alcance. La sangre salpicó mientras las salvajes mandíbulas de Antares se aferraban a la garganta del Itarim, arrancando carne sagrada. Del camino de esa mordedura, brotó sangre divina, dejando un rastro como el flujo estrellado de la Vía Láctea. Antares estalló en carcajadas descontroladas, burlándose del dios sin parar. "¡Te dejaste distraer en mitad de la pelea! ¡Qué inexperiencia!" La garganta del gran Itarim había sido medio devorada y la sangre salpicaba en todas direcciones. Se tambaleaban inestablemente. "La verdadera guerra implica usar cualquier medio necesario. ¡La clase de guerra que ustedes, dioses, presenciaron desde lejos como espectadores ociosos!" gritó Antares. Desde el principio, nunca planeó dejar toda la lucha en manos de Suho. Si su destrucción no podía alcanzar a su objetivo, simplemente podría acercarse más. Cuando Suho se acercara lo suficiente, el Rey de los Dragones irrumpiría en el juego. Ese había sido el plan desde el principio, y Suho lo sabía desde el principio. No hacía falta palabras. Desde el momento en que los Monarcas entraron en su cuerpo, su voluntad se fusionó completamente con la suya. Además, el Monarca enloquecido por la batalla no habría perdido la oportunidad de unirse a esta salvaje lucha, no con los Itarim al alcance en un momento tan crítico. Así como Suho había montado a Antares, Antares también había "montado" a Suho para llegar aquí. Había logrado morder la garganta de Itarim con sus propios colmillos y arrancar carne divina, sin perder de vista la breve abertura que los Itarim habían dejado al descubierto. "¡Mira bien! ¡Mi destrucción ha alcanzado lo divino!" Su risa resonó con fuerza, y los fragmentos de las dimensiones destrozadas temblaron, como si todos temieran la locura del Rey de los Dragones. Él era Antares, una vez rey de todos los dragones, el Monarca de la Destrucción y el comandante que había liderado una guerra brutal que había infundido terror en el corazón de todo ser vivo. Fue su participación la que finalmente inclinó la balanza. "¡Itarim!" rugió Suho. Su voz ya no pertenecía a una sola persona, sino que contenía los gritos de miles de millones. Detrás de él estaba toda la humanidad, y ardiendo dentro de él ardía el corazón que había heredado de su padre. Suho elevó el Ragnarok en alto, y las llamas blancas de destrucción que siguieron a su arco declararon que el destino del dios ya estaba sellado. Este final era la culminación de todo lo que Suho había construido hasta ahora. Bestias, demonios, humanoides monstruosos, insectos, el Pueblo de las Nives, espíritus demoníacos, gigantes y, por último, dragones. Toda esa oscuridad y todos los deseos de la humanidad se fusionaron en uno y estallaron en un poder radiante. "Lo predije, ¿Recuerdas?" dijo Suho. Un brillante rayo alcanzó a los Itarim. "¡Te dije que me convertiría en tu abismo!" La imagen de los Itarim, resistiendo ferozmente ese poder aplastante, fue empujada hacia atrás y borrada por la luz que avanzaba. En el siguiente instante, una destrucción blanco pura chocó contra el poder absoluto de la divinidad.
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Soy el Unico que Sube de Nivel: Ragnarok (Novela) Capítulo 373

Estás leyendo el capítulo 373 de Soy el Unico que Sube de Nivel: Ragnarok (Novela), un novela. La existencia de la Tierra está amenazada una vez más mientras los Itarim, los dioses de otros universos, buscan llenar el vacío dejado por el Ser Absoluto. Sung Jinwoo no tiene más remedio que enviar a Beru, el rey de… Este capítulo tiene publicado el 26 de febrero de 2026, Traducido por el grupo Segador. Soy el Unico que Sube de Nivel: Ragnarok (Novela) tiene 376 capítulos disponibles en LectorTMO, en español y sin registro.