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Leer SoulShard (Novela) Capítulo 5 online gratis en español

La voz que pedía asegurar a los niños se apagó, y alrededor de Sarov volvió el blanco. Seguía de pie, con los brazos colgando, la boca un poco abierta y la mirada perdida hacia abajo. Poco a poco se dio cuenta de dónde estaba, abrió más los ojos y fue levantando la vista. Remiel lo esperaba enfrente, en el mismo lugar, tranquilo. Tenía la cara más completa que antes, y algo en ella le resultó conocido. A Sarov le llegaron varios recuerdos: Mariya tocando el farol, su madre en la puerta gritando su nombre, la piedra, el filo que lo cruzó en la nieve. Entendió que le había pasado a él. Se tocó el cuerpo rápido, el pecho y los brazos, negando con quejidos cortos, y una mano le bajó sola del hombro a la cadera. Subió las manos hasta la cabeza, se la agarró fuerte y gritó. Cuando le faltó el aire, bajó las manos, que le temblaban, y preguntó en voz baja, sin mirar a Remiel: —¿Qué era todo eso? —¿Por qué no morí yo? La piedra me dio a mí. Mi mamá solo venía a buscarme. Se pasó la mano por la cara. —¿Qué pasó? Entre eso y las ruinas donde desperté. Qué pasó hasta ahora. —Todo eso pasó porque llegué yo. Y aunque no hubiera llegado, tarde o temprano iba a ocurrir. Sarov volvió a levantar la cabeza. —¿Llegaste de dónde? —Caí aquí ese día. Lo que pasó después vino conmigo. Aun así, no lo hice yo. —¿Solo por eso? ¿Caíste, y ella murió? —Pensar eso no es incorrecto. Tus seres queridos fueron parte de lo que se pagó. —Tú. Fue por ti que ella— La boca se le torció en un grito sin aire y apretó los puños. Fue hacia él, cada vez más rápido, con el puño ya atrás. Remiel comenzó a levantar la mano, igual que antes, y a mitad del gesto lo que fuera que sostenía a Sarov desapareció bajo sus pies. Cayó, con el estómago en la garganta y el blanco girando alrededor, hasta que algo lo recibió y lo dejó en una rodilla. Se levantó respirando corto y fue otra vez hacia Remiel. Iba a lanzar el puño cuando Remiel terminó de levantar la mano. Todo se cortó y quedó una alarma. Era un pitido largo que rebotaba contra paredes de metal. Estaba en un pasillo con luces rojas girando en el techo, y decenas de soldados corrían hacia el mismo lado. Sarov tenía dieciocho años. —¡Vamos, vamos, vamos! —gritaba un oficial desde el fondo del pasillo, empujando a cada soldado que pasaba—. ¡Transportes en cinco, no los voy a esperar! Sarov corrió con el resto, terminando de ajustarse la armadura. En el hangar, una pantalla en el aire mostraba un mapa con puntos rojos multiplicándose al sur, y una voz metálica repetía lo mismo cada pocos segundos: múltiples aperturas confirmadas, Muralla de Baikal comprometida, se solicita refuerzo inmediato de toda unidad disponible. —¡Pelotón 44, formación en la rampa tres! —gritó el mismo oficial—. ¡Van al frente, así que muévanse! El transporte despegó antes de que Sarov terminara de sentarse. Aterrizaron entre humo, la ceniza tapaba el sol y un rugido llenaba el cielo sin parar. La Muralla de Baikal tenía un tramo arrancado con los bordes todavía al rojo. Las torretas que quedaban en pie disparaban contra el agujero y un campo de contención azulado parpadeaba a medias. Del otro lado se movía una masa gigantesca de roca fundida y ceniza. Se hinchaba, con grietas de luz naranja abriéndose por toda la superficie, y después escupía cientos de pedazos de magma mientras rugía. Detrás venían otras dos iguales, arrastrándose muy despacio, y al pie de las tres se peleaba por todas partes. Entre ellas se derramaba por el llano nevado una marea de cosas oscuras, algunas del tamaño de un carro y otras más pequeñas, con las patas dobladas hacia atrás. Más atrás, en el asentamiento que protegía la muralla, también se oían disparos: varios monstruos chillones ya habían cruzado. Los pedazos de magma caían entre los escombros y abrían charcos al rojo, y ahí mismo, soldados sueltos peleaban cuerpo a cuerpo con los primeros chillones. Un brazo salió volando de un mordisco. A su dueño lo arrastraron hasta el charco más cercano, y el grito se le cortó en un siseo. —¡Ustedes dos, quédense cubriendo el asentamiento! —gritó Sarov—. ¡El resto, conmigo, al agujero! Dos se separaron hacia el asentamiento. Los demás avanzaron en dos grupos, saltando de escombro en escombro y cubriéndose por turnos. El frío le cortaba la cara. Sarov contaba lo que le llegaba a la vez: el viento, la distancia, cuántos cruzaban ya la nieve, cuánto faltaba para el choque. Apretó el arma y corrió ciegamente hacia el agujero.
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SoulShard (Novela) Capítulo 5

Estás leyendo el capítulo 5 de SoulShard (Novela), un novela. Perdió la memoria por mi culpa. Despertó entre las ruinas de un mundo que ya no es de los humanos, y yo sigo aquí adentro, compartiendo con él un cuerpo y un alma que no pidió. Detrás de las murallas lo espera un… Este capítulo tiene publicado el 29 de septiembre de 2026. SoulShard (Novela) tiene 24 capítulos disponibles en LectorTMO, en español y sin registro.