Leer SoulShard (Novela) Capítulo 17 online gratis en español
El pelotón empezó a quejarse apenas salió de la sala de proyectos.
—Tres semanas —repitió Nikolai—. Sin señal, sin nada. Y todavía sin saber por qué vamos solos.
—Va a estar difícil, creo —dijo Sarov.
No había entendido ni la mitad de lo que Gamesha explicó ahí adentro.
Aleksei se le acercó y le puso una mano en el hombro.
—Tranquilo. Vas a estar bien.
Le volvió un pedazo de otra cosa: la nieve, la fila de reclutamiento, el rubio de los nudillos rojos, a su lado, que le hablaba bajo después de que todo terminara. «No seas tan duro. No hace falta.» Se le fue antes de poder agarrarlo.
—Está bien.
Aleksei lo miró sonriendo hasta que Sarov apartó la vista. Después giró hacia Katja.
—Esta vez no vas a poder dormir tanto como te gusta —le dijo Aleksei—. Menos gente, más guardia para cada uno.
Katja le sacó la lengua.
El resto siguió quejándose de la misión mientras caminaban. Dmitry hacía chistes cada vez peores. Nikolai enumeraba todas las formas en que algo podía salir mal.
—Todavía no entiendo lo de esa noche —agregó—. No me acuerdo de nada real, solo fragmentos sueltos.
—Yo tampoco —dijo Anya—. Y eso que debería. Es raro.
Mariya asintió.
—A mí también me falta un pedazo de esa noche.
Siguieron por los pasillos del cuartel, y Sarov dejó de escuchar lo que decían. Se le había quedado rondando la frase: esa noche. Él no tenía ningún recuerdo de ella, y los tres acababan de decir lo mismo.
Katja se fue quedando atrás, al lado de Sarov, hasta que los demás se adelantaron.
—Oye. ¿Quieres probar las espadas conmigo mañana?
—No sé usarlas. O bueno... creo que no me acuerdo.
—Por eso. Te enseño de nuevo.
A Sarov se le iluminó la cara.
—Entonces está bien. —Lo pensó un poco más—. ¿Dónde es? ¿Qué tengo que hacer?
Katja se rió.
—No te preocupes. Yo le digo a Mariya que te lleve.
Se adelantó para alcanzar al resto.
Una chica de pelo oscuro venía por el pasillo casi corriendo, con una tablilla apretada contra el pecho.
—¡Pelotón cuarenta y cuatro! —Llegó frenando—. Perdón. Perdón, vengo desde el otro lado.
Se voltearon los ocho.
—El equipo nuevo de ustedes ya está... —Buscó en la tablilla—. En su sala. Los ocho juegos completos. Aunque me comentaron que está algo dañada, la sala.
—Algo —dijo Dmitry.
—Bueno. Igual está todo adentro. —Levantó la vista—. Ay, perdón. Snezhana. La nueva asesora de Gamesha. Empecé esta semana.
Se metió la tablilla bajo el brazo y solo entonces los miró bien, uno por uno. Se detuvo en Mariya. Después en Sarov.
—Ustedes dos cámbiense apenas puedan. Bueno. Un gusto conocerlos. —Levantó la mano—. Nos vemos.
Se fue por donde había venido antes de que a ninguno se le ocurriera qué contestar.
—¿Quién era? —preguntó Anya.
—Acaba de decirlo —contestó Nikolai.
—Me cae bien —dijo Dmitry.
◆ ◆ ◆
En la sala, el hueco de la pared ya estaba tapado con un panel liso, de un gris más nuevo que el resto, y el polvo de concreto quedaba barrido contra un rincón.
Sobre la mesa metálica había ocho cajas.
Dmitry ya estaba abriendo la suya cuando Nikolai le puso una mano en el pecho.
—Al final.
—¿Por qué al final?
—Porque la última vez rompiste la puerta.
—Eso fue hace dos años.
—Al final —repitió Nikolai, y abrió la suya sin apurarse.
Dmitry se sentó en el borde de la mesa, de brazos cruzados, ofendido.
La armadura nueva era más chica de lo que Sarov esperaba. Las placas venían más angostas y más pegadas al cuerpo que las del traje de repuesto, casi negras, y al girarlas contra la luz aparecían vetas finas por debajo de la superficie.
Debajo de las placas, en cada caja, venía además la ropa de entrenamiento: negra, con relieves gruesos en los codos, los antebrazos y las rodillas.
—Ah, esta sí. —Anya levantó la suya—. Miren. Por lo menos no es tan plana como la anterior.
—Es negra —dijo Nikolai.
—Es negra con forma.
Abajo del todo había dos cosas iguales para todos: un visor plegado y una manta negra doblada.
—Las mantas son nuevas —dijo Nikolai, que ya había revisado la suya—. Las viejas no aguantaban la noche.
Anya sacó las armas después: dos pistolas blancas, de cañón corto, sin cargador.
—Ay, no.
—¿Qué? —dijo Dmitry desde la mesa.
—Que son lindas. —Les dio la vuelta—. Odio cuando son lindas. Después uno les toma cariño y se traban.
—Como tú digas.
A Nikolai se le escapó una risa, sin apartarse de su caja.
Mariya abrió la suya y se quedó con la tapa en la mano. Adentro había un rifle blanco, corto, con la culata todavía envuelta en plástico de fábrica. Lo levantó y se lo apoyó contra el hombro sin apuntar a nada.
—Este no lo hicieron para mí.
—Dice tu nombre en la caja —contestó Nikolai.
—Ya sé lo que dice la caja.
Nikolai le estaba mirando el pecho del armazón viejo.
—¿Eso cómo te lo hiciste?
A Mariya se le fueron los ojos al agujero.
—No sé.
—¿No sabes?
—No. —Se acomodó el rifle en el brazo—. Y sí, ya sé que es raro.
Katja abrió la suya, miró adentro, y la volvió a cerrar. Después se sentó y esperó. Liling no llegó a abrir la de ella: la corrió un poco para tener dónde apoyar la cabeza y se quedó así.
Sarov sacó las espadas cortas de la suya. No devolvían la luz. El filo se perdía contra el resto del metal y había que girarlas para encontrarle el borde. Las levantó una en cada mano. Pesaban menos de lo que su cuerpo esperaba y se le fueron largas al primer movimiento.
Debajo de las espadas, doblada en un cuadrado, había una tela blanca.
La sacó y la desdobló.
Era un rectángulo, más grande que sus dos manos juntas. Sobre el blanco, en rojo, había un número y dos letras. 44. S. I.
Sarov no se movió.
Ya había tenido una igual entre las manos. Estaba cortada en tres puntos, con una mancha seca encima que tapaba casi todo.
Cerró la mano encima y esperó.
No pasó nada.
Le dio la vuelta, pasó el pulgar por encima del número, la acercó a la luz. Seguía siendo una tela.
La dobló otra vez, con cuidado, por los mismos dobleces que traía.
«Esto es algo grande.»
Del otro lado de la mesa, Mariya lo vio con la tela en las manos.
—Bien. Gamesha ya no me mata.
Al lado de ella, Aleksei tenía su armadura apoyada sobre los antebrazos. La giraba placa por placa, buscando algo en el metal, y cuando llegó al pecho se detuvo ahí.
Después sonrió.
—Bueno.
Sarov lo estaba mirando y no entendió nada de eso. Aleksei se dio cuenta y le devolvió la sonrisa.
—Está buena, ¿no?
—Sí. Supongo.

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Estás leyendo el capítulo 17 de SoulShard (Novela), un novela. Perdió la memoria por mi culpa. Despertó entre las ruinas de un mundo que ya no es de los humanos, y yo sigo aquí adentro, compartiendo con él un cuerpo y un alma que no pidió. Detrás de las murallas lo espera un… Este capítulo tiene publicado el 17 de octubre de 2026. SoulShard (Novela) tiene 24 capítulos disponibles en LectorTMO, en español y sin registro.