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Leer Soma, Psyche & Pneuma (Novela) Capítulo 5 online gratis en español

Y así, cuando cerró los ojos y los volvió a abrir, notó que sus esferas —quiénes pueden llamarse amigas— se esfumaron o, directamente, desaparecieron sin dejar rastro, condenándola de nuevo a la tortuosa soledad. En medio de lo que pareciese un infierno, ella se recostó cómodamente sobre el agua oscura y pegajosa, con la mitad de su rostro dentro del mar y la otra —la que tiene su ojo— expuesta al aire. El sonido del silencio era fastidioso, un peso incómodo en la conciencia; mas no tanto como el ruido blanco que, aunque la tranquilizaba, seguía dándole una intensa rabia interna, un sordo rencor febril que rara vez se atrevería a mostrar. «Cierto, quizás nunca fueron reales. Quizás sí lo fueron, ¿qué importa ahora? Al final, todos me dejan sola. Supongo que es donde mejor me queda. Tal vez es lo que merezco. Donde todos son felices, alguien debe ser lo opuesto. La realidad funciona así... y solo así, uno debería aceptarlo». No obstante, en medio de su reflexión donde solo le esperaba la melancolía, algo que, fácil puede describirse como asombroso, sucedió en el vacío. Detrás de ella apareció una figura humanoide, andrógina y radiante; una criatura no orgánica, cuyo cuerpo con forma brillaba en intensa luminosidad, como un destello que rompía la penumbra. El ruido de su llegada fue como electricidad sonando, un chasquido seco que rasgó el aire estático. Era la misma quién le observaba en secreto, sobretodo, cuando, en silencio, presenció su juicio. —¿Eh? —Nymssarä, confundida y escuchando el ruido, volteó detrás y la vio con la pupila dilatada—. ...¿Qué...? —No temas —le había dicho, cuya voz era distorsionada, ajena a cualquier género, sin saber si es mujer o hombre—, estoy aquí para ti. El tono de esta entidad no era belicoso, ni dadivoso ni fortuito. Sino más bien ecuánime, provisto de una fría e irreversible neutralidad. —Tú... quién... eres… —No soy nadie. Aunque la mujer desconfiaba y la apariencia de esta entidad la dejó con dudas, hubo algo que operó en su espíritu y la hizo sentir tranquila, más como serenidad. No estaba sola, eso era la razón. Al observar de cerca y prestarle atención al espectro, más impresionada quedó ante el impacto visual: rara vez había visto una figura hecha de energía y partículas que brillaban como luces intermitentes, un tejido titilante que desafiaba la materia. —¡Al menos dime quién eres! —Solo El Que Observa. —Ah. ¿Qué se supone que signifique? —Como dije, no soy nadie. Deja de darles importancia a cosas insignificantes como esas. En cambio, ve conmigo. —¿Para? —Caminemos, simplemente. —...Bueno. Si tú lo dices. Ahora bien, ella notó sus diferencias mediante un contraste físico y casi metafísico que hería la vista. Mientras ella caminaba a duras penas contra la corriente muerta del agua, ensuciando sus pies y muslos por la tinta pegajosa y un hedor denso que evocaba, a veces, el rastro oxidado del hierro; aquella curiosa entidad avanzaba con una impasibilidad absoluta, deslizándose por encima del agua con una ligereza sacrílega, como si flotara sobre la podredumbre sin llegar a rozarla jamás. —¿Crees que tus acciones estaban justificadas o, en realidad, fue un error del que, hasta ahora, no habías previsto? —¿Ah? —Su voz, antes tranquila, se tornó más meticulosa—. Pues... no. ¿Por qué debería? ¡Claro que no es un error! Era mi deber. Fue eso para lo que fui hecha. Pero ellos... ellos... mencionan que carezco de responsabilidad. Aun así, yo soy así. ¿Por qué rechazar esta parte de mí, esta esencia, que hace de mí quién soy? —... Nymssarä, atrapada en los muros de su orgullo siempre inquebrantable, sentía ahora cómo una fisura de duda trizaba sus propias palabras; sin embargo, su naturaleza le impedía experimentar lástima alguna por su caída, ya que, en esencia, ese dolor y esa terquedad son todo lo que sabe y todo lo que conforma su ser. Incluso permaneciendo estancada en el abismo, entregada a un ejercicio febril de reflexión claustrofóbica, llegó a una conclusión inevitable en su fuero interno: ella sabía que fue culpable de la catástrofe, pero lo consideraba una exageración de los tribunales celestiales. —Nymssarä, a veces la línea entre lo que consideramos moralidad universal y moralidad individual es tan delgada que la atravesamos. Es frágil —el tono era infinito, una vibración sin tiempo cuyo eco resonaba con una potencia ecuménica en todos los rincones posibles de la penumbra—. En todo caso, la existencia se rige por leyes universales que pertenecen a Elyon, tales como el Logos. —Eso lo sé. ¿Y qué? —Sí, por ejemplo, le pidieras a Dios que creara un círculo cuadrado, o una piedra tan pesada que no pueda levantarla, sería contradecir su naturaleza. —¡Eso ya lo sé! —Porque Dios es Logos, y Logos es Dios; Dios es la existencia, y la existencia es Dios. —¡No necesito un sermón! —Así mismo, como distorsionamos las características de Elyon, ignoramos también que somos capaces de cometer errores —y no es malo, de hecho— y pensar que estamos al nivel de entenderle. —¡Eso ya...! Ah... —Ella bajó la mirada, su voz más suave y apagada—. Supongo que tienes razón… —Por tanto, el que creamos que nuestra moral es absoluta o última es, ante todo, el mayor sesgo que uno puede tener sobre la creación. —Sí... —tragó—, es verdad. Pero entonces... ¿no hay moral universal que sostenga la existencia, aunque Elyon mismo sea justicia? —Estás distorsionando mis palabras. No lo has entendido del todo. No es lo mismo definir la moral frente a la ética. Esto es, en todo caso, la ética divina. La mujer lo pensó por sí misma, sintiendo cómo la intriga se filtraba como un veneno silencioso en su mente de porcelana. Si todo aquello fuese, en última instancia, una verdad inmutable, significaría entonces que ella habría cometido un error grave, genuina y terriblemente grave; una falta de proporciones tan colosales que el castigo de Elyon tendría que haber sido infinitamente peor. Bajo esa fría lógica, su desobediencia bien podría considerarse, con toda tranquilidad, como una blasfemia directa contra el orden cósmico. Pero si todo aquello era falso, un mero discurso vacío, entonces no habría motivos para los arrepentimientos que empezaban a morderle el alma. «Pero si Dios es "Justicia, Amor y Sabiduría", ¿qué habré hecho mal si fui fiel a sus principios? Lo hice por él. No quise sobrepasarme, solo quería hacer las cosas bien». Fue entonces cuando el núcleo de su pecho, oscuro y denso como un cosmos despojado de estrellas, brilló con la trémula luz de una suave comprensión. Una necesidad imperiosa la invadió, un dictado interno que resonó en su monólogo mental: «Deseo saber más». Y, justamente —como si el espacio mismo hubiera anticipado el ruego de su voluntad—, la entidad invocó una puerta en mitad de la nada. Era un umbral de estructura sencilla y blanca, pero rodeado por un fulgor de luz cegadora que rasgaba las sombras del Abismo. —Confía en tu corazón. Más allá de la puerta descubrirás las respuestas que buscas. —Eh, ¿en serio? Su corazón, aprisionado en el pecho de mármol, se aceleró con una intensidad violenta y desconocida.
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Soma, Psyche & Pneuma (Novela) Capítulo 5

Estás leyendo el capítulo 5 de Soma, Psyche & Pneuma (Novela), un novela. 【 _«Todo es por una buena causa, todo es un plan de Elyon»._ Durante milenios, el eón Nymssarä cumplió con fidelidad absoluta su mandato divino: ser la crueldad indispensable para sostener el equilibrio del cosmos. Sin… Este capítulo tiene publicado el 16 de junio de 2026. Soma, Psyche & Pneuma (Novela) tiene 7 capítulos disponibles en LectorTMO, en español y sin registro.