Leer Soberano de las Cenizas (Novela) Capítulo 36 online gratis en español
🏴 Grupo: Crowli✍️ Traducción: Crowli
El poder destructivo del hechizo Mano Ardiente superaba incluso al del hechizo Muro de Fuego, aunque ambos eran hechizos mágicos intermedios.
Mientras las llamas cercanas arreciaban, abundantes partículas elementales de fuego permanecían en el aire. Esto hizo que la mano ardiente conjurada por el hechizo de Sein pareciera más grande de lo habitual.
En el momento en que la enorme mano de fuego se materializó, el avance del Rey Pluma Verde hacia Sein se detuvo abruptamente.
Si bien era cierto que las bestias mágicas de bajo nivel eran fáciles de provocar y tenían una inteligencia limitada, poseían un fuerte instinto de supervivencia.
El fuerte deseo de sobrevivir y el miedo a la muerte hicieron que el Rey Pluma Verde reconsiderara su agresividad y decidiera huir.
Sin embargo, ¡ya era demasiado tarde para retirarse!
La enorme mano llameante se cerró rápidamente sobre el Rey Pluma Verde.
En su suave agarre, la bestia mágica fue cocinada viva. Las otras Plumas Verdes adultas a su lado sufrieron el mismo destino ardiente, convirtiéndose en restos carbonizados.
La muerte del Rey Pluma Verde y el calor cada vez más intenso de las llamas circundantes agotaron hasta la última gota de rebeldía de las pocas Plumas Verdes que quedaban.
Rodeados por las llamas por todos lados, huyeron en todas las direcciones imaginables, sin pensar en los polluelos que dejaban atrás ni en sus preciosos huevos.
El infierno de fuego iluminó el valle de Griseo como si fuera de día.
* * *
A medida que las llamas se apagaban poco a poco y el calor residual se disipaba en el frío y oscuro entorno del inframundo, Sein pudo finalmente evaluar su botín.
Los veintiún Plumas Verdes carbonizados y un Rey Pluma Verde eran sin duda el mayor botín de Sein en este viaje.
Procedió a recoger meticulosamente las partes más valiosas de estas criaturas, sus garras y picos. La mitad de ellos tendrían que ser presentados como prueba de que había completado la misión.
En cuanto a la otra mitad, Sein tenía el lujo de poder elegir: podía confiarlos a Bousse para que los vendiera o reservar algunos para su uso personal.
Tras haber estudiado alquimia con el maestro Morsidor durante algún tiempo, Sein estaba ansioso por poner en práctica sus nuevos conocimientos.
Aunque sería un desperdicio practicar con ingredientes tan valiosos, estas garras y picos rebosantes de débil energía elemental eran materiales perfectos para perfeccionar sus habilidades.
Además de las veintidós Plumas Verdes, Sein también se hizo con siete huevos, cada uno de ellos ligeramente más grande que un puño.
Un rápido cálculo mental le reveló que había ganado más de doscientos autrum en esta aventura.
Teniendo en cuenta sus mínimos gastos, era una ganancia satisfactoria. Esta constatación alegró considerablemente el ánimo de Sein.
Desgraciadamente, su falta de espacio para almacenar objetos le obligó a ser selectivo con el botín, eligiendo solo los componentes más valiosos para llevarse a casa.
Las garras y los picos de las Plumas Verdes, así como sus huevos, llenaron rápidamente su mochila.
Sein también se aseguró la pata trasera del Pluma Verde Rey alrededor de la cintura, con la intención de llevársela a Leena para que la disfrutara.
Con su botín ganado con esfuerzo, Sein parecía más un cazador experimentado que un aprendiz de magia negra al abandonar el valle de Griseo.
A la salida, se encontró con los habitantes del valle.
Para su sorpresa, trabajaban juntos para llevar allí a un Pluma Verde adulto herido y moribundo, y parecía que estaban esperando su llegada.
Sin embargo, el encanto de una criatura mágica apenas atraía a Sein. Al fin y al cabo, había progresado mucho más allá del nivel de un novato que acababa de poner un pie en la Academia de Magia Negra.
En medio de las expresiones de asombro de los habitantes, Sein dijo: “Quédenselo y repartíselo entre ustedes. Todavía quedan algunos restos de Plumas Verdes y polluelos muertos en el campo de atrás. Deberían compensar adecuadamente la pérdida de sus campos de musgo, que han sido devastados por las llamas”.
La generosidad de Sein hizo que los ojos de los habitantes se llenaran de lágrimas de alegría, y rápidamente se arrodillaron ante él en señal de gratitud.
No todos los iniciados en la magia negra mostraban tal compasión.
Aunque el fuego había dejado a los habitantes devastados por la pérdida de sus campos de musgo, era un resultado mucho mejor que haberlos visto arrasados por la bandada de Plumas Verdes.
La pila de cadáveres de Plumas Verdes tenía poco valor a los ojos de Sein, pero para estos habitantes era un tesoro absoluto.
La carne se consideraba un lujo entre la gente común de la ciudad de Mystralora, especialmente la carne de criaturas mágicas y bestias mágicas de bajo nivel.
Sein tenía el presentimiento de que estos habitantes dudarían en disfrutar ellos mismos de la carne de las Plumas Verdes. Como mucho, se quedarían con una pequeña parte y venderían la mayor parte.
En el implacable inframundo, todos los seres vivían en una lucha constante. Era normal que la supervivencia fuera la prioridad de todos.
Sein contempló a los habitantes arrodillados, y sus expresiones de gratitud llenas de lágrimas comenzaron a derretir su corazón, que llevaba mucho tiempo congelado por el duro entorno de la Academia de Magia Negra.
* * *
Tras abandonar el valle de Griseo, Sein se dirigió directamente hacia la ciudad de Mystralora.
Antes de partir, había ordenado a los habitantes del valle que limpiaran los restos de las Plumas Verdes lo antes posible.
Retrasar la limpieza podría provocar un hedor persistente a descomposición en el valle, lo que podría obligarle a regresar para otra misión con el fin de exterminar a otras criaturas.
La gran cantidad de botín que llevaba Sein no le ralentizaba mucho.
Al fin y al cabo, su constitución y su forma física se consideraban excepcionales, incluso entre los demás iniciados intermedios.
Además, aunque el botín ocupaba mucho espacio, no era excesivamente pesado.
Sein se movía rápidamente en la oscuridad, con una silueta que parecía una sombra fugaz.
El valle de Griseo no estaba muy lejos de la ciudad de Mystralora, y la estimación inicial de Sein resultó ser acertada. Consiguió completar la misión en cinco días.
Para ser precisos, cuatro días le habrían bastado para completar la misión y regresar a la academia.
El viaje de vuelta a la academia, aunque en un principio se consideró relativamente “seguro”, dio un giro inesperado para Sein.
No podía determinar si tenía algo que ver con el incendio del valle de Griseo o si era simplemente mala suerte.
En la oscuridad, un destello cegador pasó junto a Sein en un instante.
Una oleada de peligro le erizó el vello y sintió una sensación de frío en el cuello, bajo la túnica mágica.
Afortunadamente, Sein reaccionó a tiempo y rodó hacia un lado. De lo contrario, su cabeza podría haber salido volando.
Sin embargo, el ligero entumecimiento en el cuello hizo que su cuerpo se tensara al golpear el suelo.
Casi instintivamente, levantó el brazo, que había estado oculto bajo su túnica negra.
Con la visión mejorada que le proporcionaba la Máscara Pálida que llevaba en la cara, lanzó un poderoso ataque con la Varita Ácida que tenía en la mano.
El agresor llevaba mucho tiempo al acecho, decidido a asestar un golpe mortal a Sein.
Sin embargo, el ataque anterior ya había agotado gran parte de su fuerza, y no esperaba que Sein fuera capaz de esquivar su ataque a tiempo, y mucho menos de lanzar un contraataque.
En la oscuridad, la Varita Ácida emitió un débil silbido al descargar un hechizo mágico avanzado.
A continuación se oyó un gruñido ahogado, lo que indicaba que Sein había golpeado con éxito a su agresor.
La Varita Ácida, que había demostrado su poder en numerosas ocasiones, tampoco defraudó esta vez. Tras dar unos pasos tambaleantes, el agresor finalmente se derrumbó.
Solo entonces Sein logró superar el creciente entumecimiento de su cuerpo y acercarse a su agresor caído.
En la oscuridad, vio a un enano, de poco más de un metro de altura, vestido con ropa de musgo negro.
Sus enormes y distintivos ojos, sin pupilas y de color negro puro, revelaban su origen no humano.
La hoja de la daga que empuñaba estaba manchada con una mezcla de una sustancia azul clara y sangre fresca. Sin duda, era el arma que había herido a Sein.

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Estás leyendo el capítulo 36 de Soberano de las Cenizas (Novela), un novela. Sein era sólo un niño cuando fue secuestrado del mundo de la superficie y obligado a ingresar en la Academia de Magia Negra. En el Inframundo, la fuerza reina y los débiles luchan por sobrevivir. Mientras el número de… Este capítulo tiene publicado el 27 de abril de 2025, Traducido por el grupo Crowli. Soberano de las Cenizas (Novela) tiene 1060 capítulos disponibles en LectorTMO, en español y sin registro.