Leer Sellando el Tiempo (Novela) Capítulo 81 online gratis en español
La mañana se había asentado por completo sobre la montaña de los discípulos externos, bañando en luz clara los senderos elevados, los patios de entrenamiento y las residencias dispersas entre árboles espirituales
Xu Mao caminaba por los senderos de la secta con paso todavía algo lento, aunque mucho más firme que días atrás. Sus heridas externas casi habían cerrado, y los meridianos sobreexigidos ya no ardían como cuchillas bajo la piel, sino como un dolor sordo que aún le recordaba la noche en la laguna
Pero hoy no pensaba en espectros, pensaba en Mei Mei
Su expresión permanecía serena, demasiado serena, como si intentara convencerse de que aquella visita tenía motivos puramente prácticos
Después de todo, la misión del Loto Negro que Li Wang había completado había sido confirmada por uno de los ancianos del Pabellón de Misiones, y con ello 4.000 puntos de mérito habían sido transferidos a su tarjeta de jade
¡4.000!
Para un discípulo externo ordinario, eso podía representar meses, quizá años de acumulación: recursos que otros tardarían demasiado en tocar, manuales, píldoras, armas, acceso, una fortuna
La tarjeta descansaba en sus túnicas, y cada tanto, casi por reflejo, sus dedos rozaban su borde como si aún comprobara que aquello era real, no por codicia, sino por incredulidad
Podía gastar esos puntos de mérito en acelerar su cultivo, podía invertirlos en técnicas, podía prepararse para Qin Leng. Y sin embargo, iba camino al Pabellón de los Alquimistas, para ver a una muchacha
“...”
Xu Mao apretó la mandíbula. No, solo iba a aprovechar aquel supuesto descuento, nada más, absolutamente nada más
Pero cada vez que el pensamiento de Mei cruzaba su mente, sentía algo extraño, una mínima perturbación, como si el Dominio del Corazón Inmutable, esa calma pétrea que drenaba sus emociones, se agrietara apenas por un instante. Una ondulación sobre agua inmóvil, nada más, y sin embargo, estaba ahí
A un lado del sendero, discípulos externos practicaban técnicas básicas con espadas de entrenamiento; pequeñas ráfagas de qi vibraban entre patios de piedra mientras mayores y administradores circulaban sobre corredores elevados. Las siete montañas de la secta parecían respirar con vida propia
A medida que avanzaba, el aire comenzó a cambiar, más limpio, más dulce, impregnado por fragancias vegetales imposibles de hallar en otras zonas: hierba solar, loto frío, polvo de jade triturado, resinas medicinales
Y entonces lo vio: el Pabellón de los Alquimistas
Se alzaba sobre una terraza elevada entre cascadas artificiales y jardines de hierbas espirituales, construido en piedra blanca veteada de tonos verdes, como si hubiese sido esculpido de una sola pieza de jade antiguo. Sus techos curvos se elevaban como alas de grulla, y campanas rituales colgaban de los extremos, sonando con el viento
Pequeños humos de hornos alquímicos ascendían desde patios internos en columnas finas, llevando destellos cobrizos y azulados, como si incluso el humo estuviese impregnado de qi. Runas estaban grabadas en pilares y escalinatas, y formaciones de supresión vibraban débilmente bajo las baldosas
No era solo un edificio, parecía un organismo vivo de medicina y fuego
Discípulos entraban y salían cargando cajas de ingredientes, raíces espirituales, frascos de píldoras y pequeños calderos; algunos tenían túnicas manchadas por hollín, otros dedos ennegrecidos por refinación
¡boom!
Se escuchaban estallidos apagados a la distancia, alguien había fallado una cocción, y un olor metálico, dulce y abrasador flotaba en el ambiente, como sangre mezclada con flores
Y bajo aquella belleza, Mao percibió algo más: peligro
No era una intuición vacía, sabía reconocerlo. Cuando recién había conocido a su Maestro, este le había enseñado fragmentos del Dao de la Alquimia, lo suficiente para comprender que la “medicina” y el “veneno” muchas veces nacían de la misma raíz
No todas las sustancias refinadas allí curaban, algunas mataban; venenos, reactivos y fuegos espirituales capaces de devorar meridianos se escondían bajo la misma disciplina que producía píldoras y elixires. El lugar no era solo un santuario medicinal, también era un sitio donde un error podía costar no solo dedos, sino la vida
Y eso lo hacía aún más extraño, que Mei encajara tan bien allí: fría, precisa, hermosa, peligrosa
Xu Mao redujo el paso, observando
Por primera vez sintió que la Secta de la Fractura Celestial poseía otro rostro, no el de espadas, pruebas y matanzas, sino el de creación, transmutación, secretos
Sus ojos subieron hacia una placa de jade suspendida sobre la entrada: Pabellón de los Alquimistas. Los caracteres parecían emitir una tenue luminiscencia propia
Xu Mao exhaló, acomodó sus túnicas e intentó parecer casual, fracasando estrepitosamente, y comenzó a subir los escalones sin saber si iba a entrar a un pabellón medicinal, o directo hacia una tribulación de otro tipo
Plaff
Desde las puertas del pabellón descendió un joven cuya sola aparición parecía alterar el ritmo del lugar. Era alto, de porte recto como una lanza celestial, con el cabello negro cayendo en ondas leves sobre los hombros, moviéndose con una elegancia indolente que no parecía aprendida, sino innata
Sus facciones eran refinadas, casi nobles, pero sin fragilidad; había una quietud heroica en su semblante, como si hubiese atravesado incontables batallas y ninguna hubiera logrado perturbarlo. Sus túnicas internas se deslizaban con cada paso como agua oscura, y el viento parecía obedecerle, levantando apenas los bordes como si rindiera respeto. No caminaba como alguien poderoso que desea imponer presencia, caminaba como alguien tan poderoso que no necesitaba hacerlo
Detrás de él avanzaba un pequeño séquito de discípulas internas, pero más que acompañarlo, parecía que gravitaban a su alrededor, atraídas por una fuerza invisible. Bajo la luz del mediodía, con las escalinatas de piedra como telón, Lu Zhan no daba la impresión de ser simplemente un discípulo de Secta, parecía una figura salida de los cantos heroicos del continente
Xu Mao alzó la mirada, y sintió de inmediato que aquella presencia superaba casi todo lo que había conocido en la montaña de discípulos externos
Reino Espiritual Nivel 9
Su aura no se desbordaba, no necesitaba hacerlo, y precisamente por eso era más opresiva, como una montaña que no necesita moverse para aplastar. El aire a su alrededor parecía extrañamente denso, como si incluso los sonidos bajaran un grado en su presencia, y sus ojos no tenían la quietud de un hombre calmado, sino la de algo demasiado controlado
Mao sintió una leve presión sobre el pecho, un impulso instintivo de bajar la cabeza, de someterse. Si no fuera por el Canon del Sol Primordial y la dureza de sus meridianos solares, tal vez ya habría cedido a ese peso invisible
Y por un momento una idea incómoda cruzó su mente: para alguien así, un cultivador como él quizá no era más amenazante que una chispa frente a una tormenta
Cerca de él, dos discípulos externos susurraron:
“Ese es Lu Zhan… el segundo discípulo más poderoso de toda la secta”
“Últimamente aparece mucho en la montaña de discípulos externos… algunos dicen que está persiguiendo a una compañera discípula”
“Sin éxito”
Xu Mao parpadeó. ¿Persiguiendo a alguien? Aquello no encajaba con la figura que descendía las escaleras con una calma casi inhumana
Tap Tap
Lu Zhan bajaba sin prisa, sin una sola emoción visible en sus ojos
Entonces, un discípulo externo irrumpió corriendo por los pasillos laterales, llevando en ambas manos un pequeño horno de cultivo que temblaba violentamente, su superficie vibraba como si algo dentro estuviera a punto de reventar, y quería llegar a su taller para estabilizarlo
No llegó. Su pie resbaló
“¡Ah!”
El horno salió despedido de las manos del discípulo, girando escaleras abajo hasta quedar justo entre Xu Mao y Lu Zhan
Y entonces, para Mao, el mundo pareció ralentizarse. Vio grietas abrirse sobre la superficie del horno como venas incandescentes, mientras las runas grabadas en el metal comenzaban a fracturarse una tras otra. Haces de luz explosiva brotaron desde dentro, y entre las fisuras pudo distinguir líquidos medicinales hirviendo, esencias chocando violentamente, fuego espiritual colapsando dentro del recipiente
No era un simple fallo alquímico, era una detonación naciendo
Xu Mao lo comprendió de inmediato: su Maestro le había enseñado a reconocer cuándo una medicina podía salvar, y cuándo estaba a punto de matar. Aquello era una reacción de refinamiento rota en su punto crítico, ingredientes devorándose entre sí, presión espiritual condensándose demasiado rápido, creciendo, comprimiéndose, como una bestia a punto de rugir
Sintió el calor escapar de las grietas y entendió algo escalofriante: la explosión que se estaba formando rozaba ya el poder del Gran Círculo del Reino Mortal. Si estallaba allí, en esas escaleras llenas de discípulos, dejaría muertos
“¡Mier-”
Pero entonces, Lu Zhan movió un dedo, solo uno
Desde la yema brotó un hilo oscuro de qi, no, una raíz, luego otra, y otra más, desplegándose alrededor del horno como criaturas vivas, retorciéndose en espirales imposibles mientras se multiplicaban con una geometría ajena a la lógica, hasta formar una esfera cerrada de raíces espirituales negras que palpitaba con un fulgor sombrío
Raíces del Vacío Sepulcral
No parecían simples ramas de qi, parecían raíces nacidas de una tumba antigua, como si hubieran brotado desde un reino enterrado para envolver y sepultar todo lo que tocaban. Por un instante, aquella esfera dio la impresión de ser un pequeño dominio sellado, un mundo aparte separado del resto de la escalinata
Pff
Se oyó una pequeña explosión dentro de la esfera, solo un ruido apagado, sofocado como un trueno enterrado bajo tierra. Un hilo de humo escapó entre las raíces, nada más
La fuerza capaz de arrasar la escalinata había muerto encerrada en un gesto
Lu Zhan retrajo el dedo, y las raíces se replegaron sobre sí mismas, deshaciéndose en corrientes oscuras que regresaron a su mano como sombras absorbidas por la noche. Ni una onda se dispersó, ni un paso suyo se alteró, ni una sola manga de sus túnicas se había movido
“.....”
Xu Mao quedó inmóvil. Por un instante le recordó demasiado a alguien: dos dedos deteniendo una espada, un dedo sellando una explosión, monstruos
Pero incluso así, había una diferencia: Li Wang parecía romper las leyes, Lu Zhan parecía encarnarlas
El discípulo que había causado el accidente cayó de rodillas, pálido. Lu Zhan desvió apenas la mirada hacia él, y sonrió, una sonrisa pequeña, perfectamente amable
“Ten más cuidado, compañero discípulo”
Luego siguió descendiendo las escaleras, como si nada hubiera ocurrido
Xu Mao se quedó observando la figura de Lu Zhan desaparecer entre los pasillos, preguntándose si cuando alcanzara el Reino Espiritual podría llegar a irradiar una presión semejante, si algún día una sola técnica suya bastaría para sofocar una catástrofe en un movimiento; pero agitó la cabeza y apartó ese pensamiento, obligándose a volver al presente
Siguió subiendo las escaleras y entró al Pabellón de los Alquimistas
Allí se extendía otro mundo: talleres abiertos donde ardían hornos de refinación, vitrinas repletas de píldoras, ungüentos, esencias selladas y minerales espirituales, todo marcado con distintos precios valorados en puntos de mérito. Vapores multicolores flotaban en capas finas bajo el techo, y las luces de formaciones térmicas hacían que el lugar pareciera respirar
Xu Mao empezó a afilar la nariz. Diferenciar aromas había sido una de las primeras cosas que le enseñó su maestro, cuando todavía le hablaba del Dao de la Alquimia como si fuera un arte capaz tanto de salvar como de matar
Cerró un poco los ojos, activó el Dominio del Corazón Inmutable para aguzar la concentración, y comenzó a separar: raíz amarga, azufre refinado, resinas medicinales, veneno de insectos, aceites para nutrir meridianos. Todo iba cayendo en capas ordenadas dentro de su percepción
Pero entre todos esos aromas buscaba uno: aquella dulzura extraña mezclada con el hierro de la sangre que había percibido en el Pabellón de Misiones. La siguió como si rastreara una presa invisible, como una hebra enterrada en un océano de esencias
No era muy distinto de cazar, solo que esta vez, extrañamente, sentía que era él quien estaba siendo atraído
Giró por otra punta del pabellón, atravesó vitrinas y talleres, subió una segunda escalinata interior y llegó frente a una puerta corrediza de madera oscura. Había un pequeño letrero: Mei Mei
Todo estaba en silencio, solo se oían movimientos leves dentro: un roce, metal, algo húmedo siendo cortado
Xu Mao levantó la mano y tocó la puerta suavemente
Tok
Momentos después, la puerta se deslizó, y Mei apareció
Vestía un delantal oscuro sobre una camisa blanca manchada de verde, con las mangas arremangadas hasta los codos; algunos mechones negros habían escapado de su cabello y caían junto a su rostro frío y delicado
Pero fue lo que había detrás lo que hizo que Mao pestañeara
Sobre una mesa de refinación yacía el cuerpo destripado de una enorme serpiente morada, abierto en largas tiras de carne como si hubiese sido desollado con precisión ritual; sus escamas separadas brillaban como láminas de jade oscuro bajo la luz de las formaciones, algunas aún manchadas con sangre negra coagulándose en los bordes
Los órganos habían sido extraídos y ordenados en bandejas de piedra: vesículas de veneno, sacos glandulares, segmentos de corazón aún recorridos por pulsos residuales de qi, mientras filamentos de tejido colgaban húmedos sobre la mesa como raíces vivas recién cortadas
Un cuenco de jade recogía lentamente gotas de veneno viscoso que caían desde un colmillo seccionado, y runas de preservación brillaban alrededor del cadáver, impidiendo que la esencia espiritual escapara
Había algo inquietantemente hermoso en la escena, una mezcla de belleza y disección, de pureza y peligro, como si el taller entero respirara entre medicina y carnicería
Muy ella
Mei lo miró, y en ese instante hubo una pequeña ondulación: el Dominio del Corazón Inmutable falló otra vez. Apenas una grieta, una pulsación extraña en el pecho, como si una piedra hubiera roto por un instante la quietud de un lago helado
“@$%#”
Xu Mao maldijo en silencio que eso siguiera ocurriendo con ella
Movió las manos
“Hola”
Sus manos formaron otra secuencia, todavía algo torpe, con esa rigidez de alguien que había aprendido lenguaje de señas hacía poco; algunos gestos eran precisos, otros vacilaban apenas, como si sus dedos pensaran medio latido detrás de su mente
“Mis meridianos siguen algo dañados. Vine a comprar medicina para ellos…”
Y entonces sonrió, una sonrisa demasiado transparente
Sus manos se movieron otra vez
“¿El descuento sigue todavia en pie…”
“...o eso solo era para discípulos moribundos?”

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Capítulo 82
Sellando el Tiempo (Novela) Capítulo 81
Estás leyendo el capítulo 81 de Sellando el Tiempo (Novela), un novela. Li Wang inicia su quinta vida en el Bosque Báixuě, en un mundo donde incluso los cultivadores más poderosos están condenados a un límite de vida de apenas 200 años. Sin embargo, él carga con más de 800 años de… Este capítulo tiene publicado el 26 de abril de 2026. Sellando el Tiempo (Novela) tiene 168 capítulos disponibles en LectorTMO, en español y sin registro.