Leer Sellando el Tiempo (Novela) Capítulo 60 online gratis en español
Los pasos de Xu Mao no se detuvieron, lentos, constantes, uno tras otro, continuó ascendiendo por los escalones de piedra mientras la montaña cambiaba a su alrededor: la presión que descendía desde lo alto ya no era solo un peso físico, era una intención clara, una voluntad que buscaba infiltrarse en lo más profundo de su ser, y cada respiración encontraba resistencia en su pecho, como si el aire mismo intentara ocupar el espacio dentro de él
Aun así, avanzó, porque había tomado una decisión mucho antes de llegar allí, aunque en ese entonces no hubiera sido consciente de ello: no apartar la mirada, no negar, no huir de lo que era
La Puerta del Pecado número 91 quedó atrás sin estruendo ni ruptura, el recuerdo apareciendo con claridad, desplegándose frente a él, y Xu Mao lo sostuvo sin resistencia, sin elegir qué aceptar, sin buscar suavizarlo, simplemente sin apartar la mirada
La 92 llegó poco después, y con ella nuevos fragmentos: decisiones imperfectas, momentos en los que pudo haber hecho más, o menos, o algo distinto, y esta vez el peso intentó inclinarse hacia la culpa, pero no encontró dónde asentarse, porque Xu Mao ya no reaccionaba como antes, no porque no sintiera, sino porque no negaba
Fue entonces cuando su mente, bajo aquella presión constante, regresó a un origen más profundo: un camino polvoriento se extendió en su conciencia, el viento atravesando los árboles con un silbido bajo, constante, y el sonido de unos pasos marcando el ritmo del trayecto, mientras delante de él una figura avanzaba sin detenerse
Su Maestro
El polvo crujía bajo sus pies con cada paso, sin mirar atrás, sin preguntar si Mao podía seguirle el ritmo, sin reducir la velocidad, ni ofrecer palabras innecesarias, simplemente avanzando, como si el camino ya estuviera decidido desde antes de ser recorrido
Y aun así, Xu Mao lo seguía, al principio porque no tenía otra opción, después porque eligió hacerlo
La Puerta 93 tembló levemente al ser atravesada, la presión aumentando, y los recuerdos dejando de aparecer de forma ordenada, superponiéndose, mezclándose, intentando distorsionarse entre sí, como si la montaña buscara romper la coherencia de su mente, pero no encontró grietas, porque Xu Mao ya había experimentado ese tipo de caos antes, no en la montaña, sino en su propia vida
Había observado a su Maestro, había aprendido, incluso sin entender: aquel hombre no dudaba, no porque no tuviera peso que cargar, sino porque nunca lo negaba, cada decisión, cada consecuencia, cada error, era asumido sin desvíos, sin excusas, sin huida
Xu Mao no lo comprendía en ese entonces, pero lo vivió, y eso fue suficiente
Al cruzar la Puerta 94, su cuerpo comenzó a mostrar signos claros de agotamiento, sus piernas temblando con mayor intensidad, el sudor descendiendo por su rostro en gotas constantes, perdiéndose entre los escalones antes de desaparecer, su respiración volviéndose más irregular, más pesada, pero incluso así, su centro no vacilaba
Seguía sin apartar la mirada
La Puerta 95 marcó un quiebre: ya no eran recuerdos, era su vida, no fragmentada, no ordenada, no separada en momentos aislados, todo ocurriendo al mismo tiempo dentro de él, cada decisión, cada error, cada instante vivido superponiéndose sin jerarquía, sin pausas, sin estructura, sin inicio ni final, sin claridad, solo un flujo absoluto que amenazaba con desbordarlo todo
Era caos
Pero Xu Mao no eligió, no separó, no rechazó nada, lo sostuvo todo, y en ese acto el caos no desapareció, pero dejó de ser una amenaza
La Puerta 96 se abrió ante un entorno distinto: la niebla que había acompañado todo el ascenso desapareció por completo, dejando un espacio limpio, desnudo, donde nada parecía ocultarse ya, y no quedaba nada por revelar
La 97 no aumentó el peso, simplemente confirmó que todo ya estaba allí, sin más capas que añadir, sin más profundidad que alcanzar, solo quedaba sostenerlo
La Puerta 98 llegó sin resistencia visible, su cuerpo continuando avanzando casi por inercia, pero su mente en una claridad absoluta, sin arrepentimiento que lo detuviera, sin culpa que lo consumiera, no porque no existieran, sino porque nunca habían sido negadas
Nunca había buscado ser justo, solo no mentirse a sí mismo
Al acercarse a la Puerta 99, el mundo se detuvo, no de forma figurada, literalmente: el viento dejó de soplar, el aire dejó de moverse, incluso la sensación del tiempo pareció suspenderse en un punto inmóvil, como si la montaña hubiera decidido eliminar todo lo innecesario, y no hubo recuerdos, no hubo presión, solo una presencia, y una pregunta que no tomó forma en palabras, pero que existía con claridad absoluta
¿Cambiarías algo?
No hubo respuesta, y Xu Mao no se detuvo, no porque ignorara la pregunta, sino porque no necesitaba responderla, así que dio el paso, y dejó la Puerta 99 atrás
La Puerta del Pecado número 100 apareció frente a él sin anuncio alguno, no más grande, no más imponente, sin irradiar poder, simple, pero en esa simplicidad había algo distinto: no exigía, no presionaba, no evaluaba, solo estaba allí
Xu Mao avanzó, sin saber con certeza cuándo dio el último paso, o si lo había dado, y por un instante su percepción se desdibujó por completo: no sintió el contacto de la piedra bajo sus pies, no sintió el peso de su cuerpo, no supo si era él quien avanzaba, o si el mundo se había movido para recibirlo
Y entonces, todo desapareció: no había "delante", no había "detrás", ni siquiera había un "dónde", sin transición, sin ruptura, solo silencio, un silencio absoluto, sin forma ni límite
La montaña había dejado de existir, los escalones ya no estaban, el peso tampoco, y Xu Mao permaneció de pie en un espacio vacío, donde no había dirección ni referencia; en ese vacío, sin presión que lo forzara, sin voluntad externa que lo guiara, los recuerdos regresaron, todos
Pero esta vez no atacaron, no presionaron, no exigieron, simplemente estaban allí, en calma, frente a él, como si ya no fueran pruebas, sino parte de algo que siempre le había pertenecido
Y Xu Mao, en ese silencio absoluto, no apartó la mirada, porque nunca lo había hecho, y esta vez tampoco lo haría
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Muy por encima de la Montaña del Pecado, donde el cielo parecía extenderse sin límites y la tierra se volvía distante, los Ancianos permanecían suspendidos en el aire, observando en silencio, pero ese silencio ya no era el mismo, sus miradas fijas en un único punto: la cima
Durante unos instantes, nadie habló, no por falta de palabras, sino porque lo que estaban presenciando no encajaba dentro de nada que conocieran, hasta que uno de ellos rompió finalmente la quietud
"Imposible…"
No lo dijo con duda, sino con una certeza que, por primera vez, encontraba algo que no podía sostener
Otro Anciano avanzó apenas en el aire, sus mangas agitándose suavemente mientras extendía su percepción hacia la montaña, como si intentara confirmar lo que sus ojos ya le mostraban
"No hay error"
Su voz fue baja, controlada, pero no completamente inmune, había algo más allí
"Ha cruzado la Puerta del Pecado número 100"
El peso de esas palabras descendió entre ellos
Un tercer Anciano, de expresión más severa, frunció ligeramente el ceño
"Un joven… en el Reino Mortal"
"Nivel 1…"
Añadió otro, con una mirada más aguda
"Sin nombre, sin linaje reconocible"
Hubo un instante de tensión
"Entonces no es talento"
Dijo uno de los más jóvenes, su tono teñido de escepticismo
"Algo así… no puede explicarse solo con talento"
"O quizás"
Intervino otro, más sereno
"Es precisamente eso lo que estamos entendiendo mal"
No todos respondieron: uno de los ancianos, el más silencioso de todos, no pronunció palabra alguna, pero su mirada, fija en la cima, cambió apenas, lo suficiente como para revelar que comprendía algo que los demás aún no alcanzaban
"Ni siquiera Qin Tian…"
Murmuró finalmente alguien
El nombre quedó suspendido en el aire, pero esta vez no como una referencia, sino como una comparación que ya había sido superada, y nadie lo contradijo, porque no había forma de hacerlo
Abajo, la montaña reaccionó, no como un fenómeno natural, no como una acumulación de energía descontrolada, fue una respuesta: desde cada rincón de la Montaña del Pecado, desde cada escalón recorrido, desde cada puerta atravesada, la niebla comenzó a elevarse, sin dispersarse ni agitarse al azar, moviéndose con intención, con dirección, como si cada parte de la montaña estuviera reconociendo algo
El flujo se volvió más denso, más compacto, arremolinándose en espirales cada vez más cerradas mientras ascendía hacia la cima, y el aire vibró con una resonancia profunda, no opresiva, sino estable, como si todo el entorno estuviera alineándose en torno a un único punto
Xu Mao permanecía allí, inmóvil, sin resistencia
La niebla convergió frente a él, comprimiéndose lentamente hasta perder su forma dispersa, capas y capas de energía espiritual plegándose sobre sí mismas, refinándose en un proceso silencioso pero absoluto, y entonces apareció: una pequeña esfera
No emitía luz, era, más bien, lo contrario, como si la luz a su alrededor se atenuara levemente al acercarse a ella, como si su existencia absorbiera todo lo innecesario, y su superficie no era completamente estable, latía con una pulsación suave, rítmica, similar a un corazón
No imponía presión, no irradiaba poder, pero contenía algo que no podía medirse
Xu Mao la observó sin moverse, con la respiración aún pesada pero estable, como si su cuerpo hubiera alcanzado un equilibrio extraño tras el ascenso, sin extender la mano ni mostrar intención alguna de interactuar con aquella esfera de qi que flotaba frente a él, sin avidez en su mirada, ni sorpresa desbordada, solo atención
Porque en ese punto comprendía: aquello no era algo que pudiera tomarse, era algo que debía ser aceptado
Y por eso, no hizo nada, no era necesario
Muy por encima de la montaña, entre la niebla elevada que giraba como un mar suspendido, los Ancianos observaron la escena con una atención que ya no intentaban disimular, y por primera vez desde el inicio de la prueba, incluso sus expresiones, normalmente imperturbables, mostraban grietas visibles
Uno de ellos frunció el ceño levemente, sin apartar la mirada de la esfera
"¿La montaña… está reaccionando?"
Otro entrecerró los ojos, como si intentara desentrañar algo que no terminaba de comprender
"No… esto no es una simple resonancia"
Hubo un breve silencio, cargado de tensión contenida, y entonces una tercera voz habló, más baja, más reflexiva
"¿La Montaña del Pecado… recompensa a quienes la completan?"
La pregunta quedó suspendida en el aire, y nadie respondió de inmediato, porque no había respuesta, no en los registros de la secta, no en su memoria: nunca nadie había llegado hasta ese punto, nunca habían visto el final
Sus miradas volvieron a centrarse en Xu Mao, ya no como simples observadores, sino como testigos de algo que escapaba incluso a su comprensión
Abajo, en la cima silenciosa de la montaña, la esfera descendió, lentamente, sin titubeos, como si su destino ya hubiera sido decidido desde el inicio, y el aire a su alrededor se contrajo levemente cuando la esfera tocó el pecho de Xu Mao, hundiéndose en él sin resistencia, directamente en su corazón
No hubo explosión, no hubo descarga violenta, pero tampoco fue suave, fue inevitable, y en el instante en que la esfera se fusionó con él, su mente no "recibió" información, fue atravesada por ella
Capas de comprensión se desplegaron de forma simultánea, no como palabras, no como instrucciones, sino como principios absolutos que se grababan directamente en lo más profundo de su ser, sin proceso de aprendizaje, sin interpretación
Era reconocimiento
Su corazón latió, una vez, y con ese latido, todo dentro de él se ordenó: las emociones no desaparecieron, los recuerdos no se desvanecieron, los impulsos no fueron eliminados, pero dejaron de fluctuar sin control, se alinearon, encontraron un eje
No era ausencia de emociones, era dominio sobre ellas, no eliminaba el caos, le daba un centro
El nombre de la técnica era: Dominio del Corazón Inmutable
No era solo una simple técnica que pudiera activarse o desactivarse a voluntad, era un estado, una verdad que ahora formaba parte de él
Xu Mao exhaló lentamente, no como alivio, sino como confirmación, y el espacio a su alrededor permanecía en silencio absoluto, pero ya no era un vacío ajeno, era un entorno que no interfería, que no imponía, que simplemente existía
Y dentro de él, todo seguía existiendo también, pero nada lo gobernaba
Xu Mao abrió los ojos, su mirada sin cambiar en apariencia, pero su forma de percibir el mundo sí: el ruido ya no lo alcanzaba, la presión ya no lo desordenaba, las emociones ya no lo arrastraban, todo seguía allí, pero todo estaba en su lugar
Y en ese instante, sin necesidad de palabras, quedó claro: la montaña ya no lo estaba evaluando, porque aquello que debía ser juzgado ya había sido aceptado

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Sellando el Tiempo (Novela) Capítulo 60
Estás leyendo el capítulo 60 de Sellando el Tiempo (Novela), un novela. Li Wang inicia su quinta vida en el Bosque Báixuě, en un mundo donde incluso los cultivadores más poderosos están condenados a un límite de vida de apenas 200 años. Sin embargo, él carga con más de 800 años de… Este capítulo tiene publicado el 3 de abril de 2026. Sellando el Tiempo (Novela) tiene 168 capítulos disponibles en LectorTMO, en español y sin registro.