Leer Sellando el Tiempo (Novela) Capítulo 58 online gratis en español
Los pasos de Qin Leng resonaban con claridad sobre los escalones de piedra, firmes y constantes, como si cada pisada estuviera calculada con una precisión absoluta, y aunque había dejado atrás la Puerta del Pecado número 80, su influencia no desaparecía al cruzarla, el peso permanecía, adherido a algo más profundo que el cuerpo
El aire se había vuelto denso, opresivo, cada respiración encontrando una leve resistencia, como si la montaña misma intentara filtrarse en sus pulmones, mientras a su alrededor la niebla ya no se comportaba con naturalidad: en lugar de envolverlo, se apartaba lentamente, abriéndose a su paso como si evitara el contacto
Su cabello negro, corto, ondulaba suavemente bajo la presión invisible que descendía desde lo alto, mientras sus túnicas oscuras vibraban con una tensión constante, y sin embargo su postura permanecía recta, inquebrantable, con los ojos cerrados
Dio un paso más, y entonces algo cambió
Cuando su pie descendió sobre el siguiente escalón, por un instante no sintió la dureza de la piedra bajo la planta, su percepción distorsionándose de forma abrupta, y al bajar la mirada, lo que vio no fue el camino de escaleras: sus piernas ahora estaban cubiertas de sangre
Oscura, espesa, adherida a su piel y a sus ropas desgarradas, como si hubiera salido de una batalla sin final, y el olor metálico llenó su mente sin aviso, denso y sofocante, arrastrándolo de vuelta a un lugar que no necesitaba ver para recordar: el cielo gris, el chillido agudo que desgarraba el aire, los buitres de Qi Muerto descendiendo en picada desde lo alto, la Cordillera del Cielo Marchito
Su espada cortando el viento, liberando Qi en ráfagas desordenadas, intentando contener lo incontenible, porque eran demasiados, demasiado rápidos
"¡Leng!"
El rostro de su primo apareció frente a él, congelado en un instante de puro miedo, sus ojos suplicando algo que no llegó a tiempo, un segundo, solo uno, antes de que las garras descendieran, la carne se desgarrara, la sangre brotara, y luego silencio: el cuerpo cayó sin vida
Qin Leng no se movió
La ilusión se rompió tan rápido como había llegado, el escalón volviendo a ser piedra bajo su pie, y la sangre desapareciendo de su cuerpo, pero la sensación permaneció, clavada en su mente con una claridad imposible de ignorar
Un leve temblor recorrió sus dedos, apenas perceptible, y su respiración se volvió más pesada durante un instante, como si el recuerdo hubiera dejado una marca física en su interior
"…No fui suficiente"
El pensamiento surgió sin resistencia, frío, directo: podría haber sido más rápido, más fuerte, podría haberlo salvado
En ese momento, el peso descendió con mayor intensidad, la montaña respondiendo, el aire vibrando con una presión más marcada, y los escalones crujiendo levemente bajo su pie, como si aquella debilidad estuviera siendo señalada, amplificada, puesta a prueba
Qin Leng no avanzó, se quedó inmóvil en ese punto, sosteniendo el recuerdo sin apartarlo, sin intentar suavizarlo ni justificarlo, observándolo tal como era
"Sí…"
Su mente fue clara
"Fue mi debilidad"
El peso no desapareció, pero cambió, dejando de ser una carga desordenada para transformarse en algo definido, en dirección, y dio un paso
"Nunca más"
El aire a su alrededor tembló levemente, como si reaccionara a su voluntad, y dio otro paso
"No volveré a permitirlo"
Su respiración se estabilizó, el temblor en sus manos desapareció por completo, y la presión, aunque seguía allí, intensa, constante, ya no lo desordenaba, sino que ahora lo empujaba hacia adelante
Más arriba, la siguiente puerta lo esperaba, la número 81, y sin embargo en su mente otra cifra se alzaba con mayor peso: 90, el número que una vez definió a Qin Tian
Durante toda su vida había caminado bajo su sombra, elogios dirigidos a otro, expectativas que nunca lo incluían por completo, comparaciones inevitables que lo mantenían siempre un paso atrás, sin haber logrado jamás alcanzarlo, sin haber logrado jamás superarlo
Sus dedos se cerraron levemente, pero esta vez no había frustración en ese pensamiento, solo claridad
"Ese número…"
Subió otro escalón
"…no me define"
La presión descendió nuevamente, más pesada, más agresiva, como si la montaña intentara responder a esa determinación, y la niebla a su alrededor se agitó, pero no lo tocó, abriéndose aún más, retrocediendo ante su avance, como si reconociera algo que no podía interferir
Qin Leng continuó ascendiendo, su presencia sin explotar, sin oprimir, imponiéndose, silenciosa, inevitable, como una espada aún envainada, y así siguió avanzando, todavía dentro del dominio de la Puerta del Pecado número 80, pero con un corazón que ya no miraba hacia atrás, y un camino que apuntaba mucho más alto
Qin Leng continuó avanzando con los ojos cerrados, dejando que cada paso se asentara con precisión sobre los escalones de piedra, su respiración controlada, pero en lo más profundo de su pecho, su corazón se endurecía progresivamente, como si estuviera sellando cualquier rastro de vacilación, mientras el ascenso continuaba y la montaña cambiaba
Al atravesar la Puerta del Pecado número 85, el mundo dejó de comportarse de forma estable, y no fue solo presión, fue distorsión: el equilibrio desapareció por un instante, como si los escalones ya no estuvieran exactamente donde deberían estar, el espacio pareciendo inclinarse, desplazarse apenas lo suficiente como para quebrar la percepción
Qin Leng sintió cómo sus piernas temblaban con violencia repentina, y por primera vez desde que había iniciado la prueba, su pie dudó al descender
Casi resbaló
Su cuerpo reaccionó al límite, ajustando su postura en el último instante, el impacto de ese pequeño error recorriendo todo su eje, obligándolo a tensar cada músculo para mantenerse en pie
La presión ya no crecía, se disparaba, cada paso multiplicando el peso anterior, como si capas invisibles de una montaña entera descendieran sobre él una tras otra, y no era solo físico, era una interferencia directa sobre su percepción, sobre su estabilidad, sobre su propio sentido del yo
El aire se volvió completamente denso, silencioso, absoluto, y frunció levemente el ceño al percibir cómo todo sonido desaparecía a su alrededor: ya no escuchaba pasos, ni respiraciones, ni el más mínimo eco del mundo exterior, el silencio se había vuelto total, envolvente, como si la propia montaña hubiera decidido aislarlo del resto de los aspirantes
"¿Soy el último?"
A ese punto del ascenso, lo lógico era que nadie más hubiera llegado hasta allí, que él fuera el último, el único, sin presencias detrás, ni indicios de que alguien más compartiera ese tramo del camino, solo él y su avance
Abrió los ojos lentamente, y entonces algo no encajó
No fue inmediato, ni claro, fue una disonancia sutil, casi imperceptible al principio, como una nota fuera de lugar en una melodía perfecta, algo que no debería estar allí, pero estaba: a unos 10 metros hacia su derecha, ligeramente adelantado por un escalón, había una figura, un joven, con los ojos cerrados, ascendiendo
Qin Leng se detuvo, no por debilidad, sino por comprensión: algo estaba mal
No lo había sentido, no lo había escuchado, no había estado allí en los escalones anteriores, ni en ningún momento del ascenso, su presencia no había dejado rastro alguno en el flujo constante de percepción que Qin Leng había mantenido durante toda la prueba, y sin embargo estaba allí, como si siempre hubiera estado, como si el mundo simplemente hubiera decidido revelarlo en ese instante
La mirada de Qin Leng se afiló lentamente mientras observaba con mayor atención: el entorno no reaccionaba a ese joven, la niebla no lo tocaba, el aire no lo anunciaba, los escalones no emitían sonido bajo sus pies, ¿era alguna clase de juego de pies?, porque era como observar algo que no debería existir, y que, aun así, ocupaba un lugar real
Entonces, por primera vez desde que comenzó el ascenso, Qin Leng sintió algo distinto, y no era presión, ni amenaza, ni miedo, era algo más profundo: reconocimiento, instintivo, profundo e inevitable, como si, sin palabras ni historia compartida, ya entendiera algo esencial
Ese joven no era uno más, no era alguien que simplemente había llegado lejos, era alguien que debía estar allí
Qin Leng no apartó la mirada, y durante un instante imposible de medir el mundo perdió importancia, la montaña, la presión, la prueba, todo quedó en segundo plano, solo permaneció esa figura, ascendiendo, al mismo ritmo, en ese punto imposible
Y en medio de ese silencio absoluto, una certeza comenzó a formarse en lo más profundo de su ser, no como un pensamiento claro, sino como una intuición inevitable: ese encuentro no era casualidad, y ese joven no desaparecería de su camino
Qin Leng subió otro escalón, y por primera vez no avanzaba solo
Entonces lo reconoció
"¿Por qué… él también está aquí?"
Era el joven que había visto esa misma mañana en el callejón, el que acompañaba al hombre de ojos esmeralda, el supuesto "joven maestro"
La niebla se desplazó entre ambos: dos figuras, dos caminos, y en medio, la montaña observaba
Grandes gotas de sudor descendían por el rostro de Xu Mao, deslizándose por su mandíbula antes de caer sobre la piedra con un sonido apenas perceptible, su cuerpo evidenciando el peso de la prueba, la presión acumulada en cada paso, y aun así no se detenía, seguía avanzando, sin ruido, sin vacilar
En su mente, otro mundo se abría: el Abismo del Tiempo Devorado, un lugar donde el aire no fluía, donde el tiempo parecía haberse detenido, y consumido a sí mismo, el Valle del Ocaso Perdido extendiéndose ante él, silencioso, cargado de una tensión antigua, y frente a él, Hok Nay
El enfrentamiento no tuvo advertencia, no hubo preparación, todo ocurrió en un instante: movimiento, reflejo, su mano adelantándose al pensamiento, sujetando y girando
¡CrRRK!
El sonido fue claro, húmedo, irreversible
El cuello de Hok Nay se quebró hacia atrás con un crujido seco que quedó grabado en su memoria, el cuerpo perdiendo toda fuerza en ese mismo instante, cayendo contra él antes de deslizarse al suelo, inerte, la sangre aún caliente
"……"
Fue la primera vez que tomó una vida, no lo había planeado, no lo había decidido, pero aun así la sensación permanecía, no como culpa, sino como algo que debía ser comprendido
Xu Mao no apartó el recuerdo, no lo rechazó, lo sostuvo, observándolo con claridad, recordando los ojos de Hok Nay, la crueldad que habitaba en ellos, el desprecio absoluto por la vida ajena: un sádico, alguien que no dejaba escapar ni a los esclavos de su espada
Xu Mao exhaló lentamente: no le gustaba esa sensación, no la buscaba, pero tampoco la negaba
"No fue un error"
El pensamiento fue firme, claro
“Fue necesario”
El peso descendió sobre él una vez más, la presión aumentando, intentando encontrar una grieta en su interior
No la encontró
Su corazón no se desordenó, se afirmó: nunca mataría por placer, pero tampoco dudaría en eliminar a quienes convirtieran la vida de otros en sufrimiento, y su corazón marcial se endureció, no como rechazo, sino como decisión
Abrió los ojos lentamente, como si regresara desde una profundidad que no pertenecía del todo al presente, el peso seguía allí, constante, asentado sobre algo más que su cuerpo, el aire, denso, empujando contra su pecho con cada respiración, mientras la niebla se deslizaba entre los escalones, pero al acercarse a él se apartaba levemente, como si evitara rozarlo por completo
No se detuvo, pero algo en su percepción cambió
Fue entonces cuando lo sintió: a unos metros, hacia su izquierda, una presencia avanzaba con una estabilidad que no encajaba con el resto de la montaña, y Mao giró apenas la mirada, lo suficiente para verlo sin romper su propio ritmo
Un joven, cabello negro corto, moviéndose apenas con el viento en altura, sus túnicas oscuras cayendo con naturalidad, sin exceso, sin desorden, cada paso que daba firme, medido, como si no existiera duda en él, sin tensión visible en su cuerpo, ni vacilación en su avance
Qin Leng
El nombre surgió en su mente con claridad, y con él el recuerdo: la Cordillera del Cielo Marchito volvió a tomar forma en su conciencia, el frío seco, el silencio tenso, las bestias de Qi Muerto girando en el cielo como presagios de muerte, y en medio de ese escenario, esa figura, fuerte, talentosa, segura
Los jóvenes de su Clan lo seguían sin cuestionar, reconociéndolo sin palabras como su líder, su presencia, incluso entonces, imponiendo orden en medio del caos
Xu Mao también había estado allí, a unos pasos, observando, pero Qin Leng nunca lo miró, su atención se había posado en su Maestro, en su hermano mayor Yun, pero no en él, y tenía sentido: en aquel entonces no era nada, ni siquiera había alcanzado el Reino Mortal, solo era un niño más, perdido entre circunstancias que lo superaban, sin fuerza, sin nombre, sin lugar
Pero ahora, ahora estaba aquí, sobre la misma montaña, bajo el mismo juicio, avanzando por el mismo camino
Sus pasos no se detuvieron, pero su mirada se sostuvo un instante más sobre Qin Leng antes de volver al frente, y esta vez no había incomodidad en ese recuerdo, tampoco dolor, había algo distinto: una comprensión clara, una certeza silenciosa, no era alguien que pudiera ser ignorado otra vez
"Esta vez… no voy a quedarme atrás"
El aire a su alrededor vibró levemente, como si la propia montaña reaccionara a esa resolución, y la niebla, más densa unos metros atrás, se abría con mayor claridad entre ambos, dejando un espacio extraño, casi vacío, como si ese tramo de los escalones no perteneciera del todo al resto del camino
La presión seguía aumentando, los recuerdos continuaban golpeando sus mentes sin orden, sin descanso, pero en ese punto ya no era solo la montaña la que imponía peso sobre ellos, había algo más: una presencia que no se oponía, pero tampoco cedía, dos voluntades avanzando en paralelo, sin interferir, sin ceder terreno
Mao exhaló lentamente, estabilizando su respiración, mientras sus pasos continuaban con una firmeza renovada, ya no pensando en lo que había sido, solo en lo que estaba caminando ahora
A su lado, Qin Leng seguía ascendiendo, completamente enfocado en su propio camino, y sin embargo la distancia entre ambos se acortaba de forma casi imperceptible, no por velocidad, sino por una sincronía que ninguno de los dos había buscado
Paso a paso, escalón tras escalón, la montaña seguía elevándose ante ellos, pero en ese ascenso ya no estaban solos, y aunque ninguno lo dijo, ni lo pensó con claridad absoluta, el mundo ya los había puesto en el mismo camino

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Sellando el Tiempo (Novela) Capítulo 58
Estás leyendo el capítulo 58 de Sellando el Tiempo (Novela), un novela. Li Wang inicia su quinta vida en el Bosque Báixuě, en un mundo donde incluso los cultivadores más poderosos están condenados a un límite de vida de apenas 200 años. Sin embargo, él carga con más de 800 años de… Este capítulo tiene publicado el 2 de abril de 2026. Sellando el Tiempo (Novela) tiene 168 capítulos disponibles en LectorTMO, en español y sin registro.