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Leer Sellando el Tiempo (Novela) Capítulo 143 online gratis en español

El Caldero de la Nube Vacía olía a hierbas secas y a madera envejecida por el incienso de mil generaciones de clientes, un aroma que se enredaba con el murmullo constante de cultivadores regateando precios en el piso de abajo. Qin Leng recorrió las estanterías con la mirada, deteniéndose en frascos de cristal donde flotaban raíces de Loto de Sangre Fría y en cajas de laca roja selladas con talismanes de contención menor Terminó eligiendo dos cosas: una Píldora de la Raíz Terrenal, de un azul pálido que prometía anclar el caos que aún sentía revolviéndose en su vientre como agua estancada, y un Incienso de los Nueve Meridianos, pensado para disolver la toxina fría que se aferraba a los canales de energía como óxido a una espada olvidada. Ese último no era para él “Esto seria todo, hermano menor” Dijo, depositando 120 piedras espirituales de segundo grado sobre el mostrador de madera pulida. 120 piedras de segundo grado equivalían a 1.200 de primer grado, una suma que, apenas una semana atrás, este Leng jamás se hubiera atrevido a gastar de una sola vez Mo Xuetian las recogió con una sonrisa cortés, contándolas con dedos ágiles antes de guardarlas en una caja de madera bajo el mostrador Qin Leng dudó un instante antes de volver a hablar “Tendero, ¿acaso esta tienda no guarda algo de mayor fuerza? Una píldora, un elixir… algo capaz de purgar este veneno desde su origen, no solo retrasar su avance o aliviar sus síntomas” La mirada de Qin Leng se volvió más seria “No busco una medicina común para limpiar la sangre o reparar los meridianos dañados. El veneno que afecta a mi hermano mayor no permanece únicamente en su cuerpo… ha penetrado hasta su alma. Se ha arraigado en su esencia espiritual, como una espina clavada en lo más profundo de su ser” Su voz seguía siendo serena, como correspondía a un discípulo de una gran secta, pero detrás de cada palabra se ocultaba una urgencia que ni años de entrenamiento lograban borrar Había visto a su hermano mayor tendido en cama durante siete días completos. Siete días en los que su rostro se volvía cada vez más pálido mientras aquella energía venenosa corroía lentamente su alma. Ni los incontables recursos acumulados durante generaciones por el Clan Familiar Qin, ni los mejores médicos espirituales que pudieron encontrar, habían logrado arrancar de raíz aquella corrupción Porque aquello no era una simple toxina Era un veneno que había encontrado refugio en el alma Mo Xuetian negó lentamente con la cabeza, mostrando una expresión de pesar, casi teatral en su humildad “Este humilde tendero lamenta decir que su pequeña tienda no guarda tesoros de semejante calibre, hermano mayor Leng. Una medicina capaz de purificar un veneno que ha alcanzado el alma pertenece al nivel de los tesoros espirituales más raros" Hizo una pausa, dejando que sus palabras pesaran en el aire “La Secta de la Fractura Celestial es una fuerza ortodoxa. Muy pocas cosas nacidas en las sombras logran cruzar las murallas de la Ciudad del Fénix Carmesí sin ser descubiertas o confiscadas primero” Después, abrió lentamente uno de los cajones ocultos bajo el mostrador “Pero… si el hermano mayor lo permite, quizás conozca a alguien” Una sonrisa misteriosa apareció en su rostro “Una conocida que trabaja en un rincón más oculto de la ciudad. No puedo asegurar que posea exactamente lo que busca, pero si existe algún lugar donde aún puedan encontrarse métodos capaces de tratar una contaminación del alma… probablemente sea allí” Sacó un pequeño mazo de tarjetas de papel, seleccionó una y se la entregó con ambas manos, en una reverencia quizás excesiva para un simple tendero dirigiéndose a un discípulo externo. La tarjeta llevaba solo una dirección, trazada con tinta fina, en otro punto de la ciudad Qin Leng la observó un instante. No dijo nada sobre lo que aquello insinuaba, pero ambos sabían una verdad tan vieja como el cultivo mismo: ningún comercio que se anuncia "oculto" dentro del territorio de una secta ortodoxa vende cosas que puedan comprarse bajo la luz del sol “Este Leng agradece la gentileza. Buscaré el momento apropiado para visitar el lugar” Asintió al joven tendero y se dio la vuelta hacia la salida Mo Xuetian lo observó marcharse en silencio, sus ojos, rojos como brasas moribundas bajo una máscara de piel perfectamente humana, siguiendo cada paso. Antes de que Qin Leng alcanzara la puerta, esta se abrió desde afuera y entraron varios discípulos externos de la Fractura Celestial, quienes al reconocerlo inclinaron la cabeza con respeto “Hermano mayor Leng” Qin Leng respondió con un gesto seco y continuó hacia la salida. Mientras cerraba la puerta tras de sí, alcanzó a escuchar el murmullo apresurado de dos jóvenes “¿Ese es el hermano menor de Qin Tian?” “Sí. ¿No escuchaste? Desde que Qin Leng perdió contra Xu Mao en la Montaña Externa, al Clan Familiar Qin no le ha salido una bien” “Dicen que hasta él quedó-” La puerta se cerró Afuera, una ráfaga de viento sacudió el árbol junto a la entrada. Un pétalo cayó sobre el hombro de Qin Leng Él no se detuvo O quizá fingió no haber escuchado nada Dentro de la tienda, la mirada de Mo Xuetian se afiló detrás de su máscara de cordialidad Interesante El demonio del corazón no necesita ríos de sangre para nacer; le basta una gota de veneno bien dirigida para germinar. Y el rencor de Qin Leng hacia aquel discípulo de Li Wang, ese tal Xu Mao, apenas comenzaba a echar raíz, diminuta, casi invisible bajo la superficie de su calma Pero las semillas, con el reactivo adecuado, rara vez tardan en volverse árboles Las cosas se estaban poniendo realmente interesantes Mo Xuetian tomó una de las tarjetas restantes del cajón y comenzó a hacerla girar lentamente entre sus dedos, observando cómo el papel atrapaba los reflejos de la lámpara del mostrador. Luego la inclinó hasta colocarla directamente bajo la luz. El resplandor atravesó el papel y, poco a poco, una marca de agua emergió de su interior: la silueta tenue de un loto negro, apenas visible hasta que el ángulo de la luz la hizo cobrar forma . . . . —Montaña Principal —Residencia de Qin Tian El sendero hasta la residencia de su hermano mayor era el mismo de siempre, empedrado y flanqueado por árboles de flor blanca que el propio Qin Tian había plantado con sus manos años atrás, en una época en que la fortuna del clan aún no conocía la sombra. Pero desde hacía varios días, algo en el aire de aquel lugar se sentía distinto. Las flores colgaban más pesadas de lo normal, como si también ellas cargaran luto, y ni un solo pájaro cantaba entre las ramas Un silencio ominoso Antes de que Qin Leng pudiera acercarse a la puerta principal, esta se abrió desde dentro. Situ Xiaoyun salió con pasos apresurados, y por un segundo, antes de que pudiera componer su expresión, Qin Leng alcanzó a ver que sus ojos estaban enrojecidos, como brasas apagadas a medias “...Saludos, hermana mayor Xiaoyun” Qin Leng apretó los puños en un gesto de saludo formal “¿Oh?” Situ Xiaoyun se secó rápidamente los ojos con la manga antes de recomponerse y devolver el saludo con la cortesía debida entre compañeros discípulos. Apenas unos días atrás, ella y el grupo de discípulos que la acompañaba habían quedado atrapados cuando la Montaña de las Mil Entrañas comenzó a derrumbarse. Cuando todo parecía perdido, aquellas extrañas proyecciones de ciempiés habían aparecido entre el caos y, por algún motivo que todavía ninguno de ellos comprendía, los habían rescatado antes de que la montaña terminara sepultándolos Desde entonces, Situ Xiaoyun no había conseguido dejar de pensar en ellas Pero ahora su atención volvió a Qin Leng. Notó las medicinas que llevaba entre las manos y algo en su expresión se suavizó Sabía que Qin Leng no contaba con muchos recursos propios y que su posición dentro del clan y de la secta se había vuelto tan frágil como una hoja bajo la primera helada. Y, aun así, seguía intentando hacer algo por su hermano mayor. Aquello sorprendía ligeramente a Situ Xiaoyun. Por lo que sabía, la relación entre ambos hermanos nunca había sido especialmente cercana; de hecho, aquella distancia siempre había sido una espina silenciosa para Qin Tian, aunque jamás lo admitiría en voz alta. Quizá por eso ahora le resultaba extraño verlo esforzándose tanto por ayudarlo “Ya reforcé las matrices de formación curativas alrededor de su cuerpo. Por ahora... el hermano mayor Tian se mantiene estable” Situ Xiaoyun dio un paso hacia un lado para dejarle espacio, con la intención de marcharse y concederles privacidad. Sin embargo, antes de alejarse del todo, se detuvo y volvió la mirada hacia Qin Leng Podía ver que su aspecto seguía desordenado: las ropas sin ajustar del todo, el rostro pálido como papel de arroz. Era muy distinto de la imagen del joven prodigio que había ingresado a la secta apenas unos meses atrás, con la espalda recta y el paso firme de quien todavía no conocía la derrota “Hermano menor Leng. Si alguna vez puedo servir de oído, cuenta conmigo” “........” Qin Leng guardó silencio durante un momento largo, como quien sostiene el aliento antes de una zambullida. No se dio la vuelta, simplemente asintió una vez, y cerró la puerta tras de sí Avanzó por los pasillos de la residencia hasta llegar finalmente a la habitación de Qin Tian. Al abrir la puerta, lo primero que vio fue su cuerpo tendido en el centro de la estancia Su torso permanecía desnudo, revelando una piel pálida, casi sin rastro de color. Sobre ella se extendían decenas de líneas verdes y rosadas que serpenteaban desde su abdomen hacia el pecho, los hombros y los brazos, ramificándose bajo la piel como raíces venenosas que se negaban a morir. Algunas parecían haberse detenido, mientras otras se desplazaban lentamente, avanzando unos centímetros antes de volver a inmovilizarse. El veneno seguía recorriendo su cuerpo Sus ojos permanecían cubiertos por las habituales vendas blancas, mientras su respiración apenas agitaba el pecho Alrededor de él, múltiples matrices de formación palpitaban suavemente sobre el suelo, proyectando una red de luz tenue que se entrelazaba alrededor de su cuerpo como una telaraña destinada a contener la muerte antes de permitirle acercarse demasiado Qin Leng permaneció un instante en silencio antes de encender el Incienso de los Nueve Meridianos que acababa de comprar. El humo medicinal se extendió lentamente por la habitación, mezclándose con el aroma denso de las medicinas que impregnaban cada rincón, los vendajes y la piel de Qin Tian. El aire terminó cargándose de un olor intenso y pesado, casi asfixiante, como la calma sofocante que precede a una tormenta Era evidente que Wu Yan no estaba escatimando recursos. Cada formación, cada medicina y cada tesoro utilizado en aquella habitación estaba destinado a mantener con vida a su discípulo más talentoso Qin Leng se sentó junto a la cama y observó el rostro dormido de Qin Tian durante un largo rato En este mundo, solo la fuerza tenía voz; la debilidad, aunque gritara, jamás sería escuchada. Y su hermano mayor era, sin lugar a dudas, el joven prodigio más talentoso que había surgido en años, un puesto que solo compartía con una única persona Xu Mao El nombre volvió a aparecer en su mente, como una astilla que se resistía a salir, clavada demasiado profundo para arrancarla sin desgarrar algo más Según lo que le había contado la hermana mayor Xiaoyun, Qin Tian había protegido a Xu Mao hasta el último instante. Incluso después de enfrentarse a varias discípulas de la Flor Nocturna. Incluso después de haber sido envenenado. Cuando finalmente tuvo la oportunidad de retirarse, no lo hizo; permaneció allí y siguió buscándolo, agravando sus propias heridas con tal de garantizar que Xu Mao pudiera abandonar con vida la Montaña de las Mil Entrañas Era difícil no admirarlo Si tan solo hubiera pensado en sí mismo, su estado actual no sería ni remotamente tan grave. Si hubiera elegido escapar cuando tuvo la oportunidad, probablemente ahora estaría caminando por aquella habitación en lugar de permanecer tendido entre matrices de formación y venenos Pero su hermano mayor nunca había sido esa clase de persona Cuando tuvo que elegir entre salvarse a sí mismo o cubrir la retirada de otro, simplemente eligió lo segundo Y quizá precisamente por eso todos lo llamaban el mayor genio de la Secta de la Fractura Celestial Qin Leng cerró los ojos y volvió su atención hacia adentro, hacia el vacío frío que anidaba bajo su ombligo. Buscó el hilo de Qi espiritual que debería haber fluido desde su dantian, pero solo encontró un remolino tembloroso, como una vela a punto de apagarse en medio de una corriente de aire. Cada vez que intentaba condensar aunque fuera una gota de energía, esta se dispersaba antes de tomar forma, como agua filtrándose entre los dedos de un puño mal cerrado Por un instante, recordó aquel momento La lluvia cayendo sobre la Montaña Externa El muro de piedra espiritual explotando frente a él Y Xu Mao atravesando la cortina de polvo, apareciendo en el mismo instante en que su puño se hundía directamente en su abdomen Qin Leng abrió los ojos de golpe El dolor de aquel impacto pareció regresar desde lo más profundo de su cuerpo, como si su dantian todavía recordara el instante exacto en que había sido destrozado “Cofgh…” Tosió, cubriéndose la boca por instinto. Al bajar la mirada, encontró un hilo de sangre sobre su palma, oscuro contra la piel pálida El vacío bajo su ombligo pesaba más que cualquier herida visible. No era un dolor de la carne, sino una ausencia fría, instalada en el centro mismo de su existencia como cultivador Su dantian seguía roto, o al menos tan cerca de estarlo que la diferencia apenas importaba. Ya ni siquiera podía cultivar lo suficiente para estabilizar sus propias heridas internas y, sin su hermano mayor, que siempre había sabido conseguir los recursos necesarios para el cultivo, Qin Leng no veía ninguna posibilidad de reparar aquel daño en un plazo corto Lo peor era que no tenía a quién recurrir Su clan familiar tenía los ojos puestos en Qin Tian. La Secta de la Fractura Celestial también. Para todos ellos, Qin Tian seguía siendo el genio que merecía cada medicina, cada tesoro y cada recurso disponible. Él, en cambio, apenas era un cultivador herido cuyo dantian estaba al borde de quedar inutilizado Si quería sobrevivir, tendría que encontrar una salida por sí mismo Qin Leng metió la mano en su bolsillo y sacó la tarjeta que le había entregado el joven tendero. La hizo girar entre sus dedos, contemplando la dirección escrita con tinta fina Había entendido perfectamente lo que aquel joven había insinuado Y cuanto más pensaba en ello, más comprendía lo desesperada que era realmente su situación Si el camino recto estaba cerrado para él, tendría que tomar otro Aunque ese camino descendiera hasta el lugar donde ningún discípulo de una secta respetable debería poner jamás los pies El bajo mundo
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Sellando el Tiempo (Novela) Capítulo 143

Estás leyendo el capítulo 143 de Sellando el Tiempo (Novela), un novela. Li Wang inicia su quinta vida en el Bosque Báixuě, en un mundo donde incluso los cultivadores más poderosos están condenados a un límite de vida de apenas 200 años. Sin embargo, él carga con más de 800 años de… Este capítulo tiene publicado el 3 de agosto de 2026. Sellando el Tiempo (Novela) tiene 168 capítulos disponibles en LectorTMO, en español y sin registro.