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Leer REKURO: LAST PROMISE — ZERO DAY (Novela) Capítulo 1 online gratis en español
REKURO: LAST PROMISE
Capítulo 1 — Antes de perderlo todo
Kurohama
La ciudad nunca dormía.
Incluso entrada la noche, las luces de los edificios iluminaban las calles mientras las motocicletas atravesaban las avenidas y el ruido de los motores se mezclaba con las conversaciones de quienes todavía permanecían fuera.
Kurohama había cambiado mucho durante los últimos años.
Las organizaciones habían crecido.
Los territorios habían cambiado de manos.
Algunas pandillas habían desaparecido.
Otras habían nacido.
Y entre todas ellas existía un nombre que todavía provocaba respeto.
Kurotora Ryo.
Sin embargo, para la mayoría de las personas, aquella organización ya pertenecía al pasado.
Eso era exactamente lo que Akira quería que creyeran.
\---
Akira estaba sentado detrás de un escritorio.
Tenía treinta años.
Su cabello negro estaba ligeramente desordenado y sus ojos verdes observaban una pila de documentos.
Informes.
Territorios.
Movimientos de otras organizaciones.
Nombres.
Problemas.
Todo aquello debería haberle resultado agotador.
Pero, extrañamente, aquel lugar le gustaba.
Su oficina era tranquila.
Allí podía tomar café, escuchar música y olvidarse durante unas horas del mundo exterior.
Para Akira, aquella oficina era casi como una segunda casa.
Miró el reloj.
—Ya es tarde...
Tomó uno de los últimos documentos y lo dejó a un lado.
—Definitivamente debería irme.
Entonces escuchó la puerta.
—¿Todavía trabajando?
Akira levantó la mirada.
Miyako estaba apoyada contra el marco.
—Ya terminé.
Ella miró la enorme pila de papeles.
—Claro.
—Esta vez es verdad.
Miyako entró y tomó uno de los documentos.
—¿Problemas?
—Nada grave.
—¿Otra organización?
Akira asintió.
—Están moviéndose cerca del territorio norte.
Miyako dejó el documento sobre la mesa.
—Pensé que habías dejado todo eso.
Akira se quedó quieto durante un instante.
Después sonrió.
—Lo hice.
Miyako lo observó.
—¿Seguro?
—Seguro.
Ella no insistió.
Había escuchado aquella respuesta muchas veces.
Akira se levantó y tomó su chaqueta.
—Tengo que irme.
—¿Por qué tanta prisa?
Akira miró el reloj.
Su rostro cambió.
—Mierda.
Miyako sonrió.
—¿Qué pasa?
—Akari.
—Ah.
—Me va a matar.
—Lleva media hora esperándote.
Akira salió rápidamente.
Miyako negó con la cabeza.
—Como siempre.
\---
Akira llegó a casa unos minutos después.
Abrió la puerta.
—¿Akari?
Nadie respondió.
Dejó las llaves sobre la mesa.
—¿Akari?
—Estoy aquí.
La voz vino desde el segundo piso.
Akira levantó la mirada.
Akari apareció en las escaleras.
Catorce años.
Cabello castaño.
Ojos verdes.
Una expresión que Akira conocía demasiado bien.
Estaba enfadada.
—Llegaste tarde.
Akira levantó las manos.
—Lo siento.
—Siempre dices lo mismo.
—Tuve una reunión.
—Siempre tienes reuniones.
Miyako entró detrás de él.
—Ya empezó.
Akira suspiró.
—Lo sé.
Akari bajó las escaleras.
—Mañana también tienes trabajo, ¿verdad?
Akira la miró.
—Probablemente.
—Entonces tampoco vas a venir.
—¿A dónde?
Akari lo miró fijamente.
—A verme entrenar.
Akira frunció el ceño.
—Ya hablamos de eso.
—No. Tú hablaste.
—Akari...
—Quiero entrenar.
—No.
—¿Por qué?
Akira permaneció en silencio.
Porque sabía perfectamente hacia dónde podía llevar ese camino.
Entrenamiento.
Peleas.
Pandillas.
Organizaciones.
Enemigos.
Y finalmente...
pérdidas.
—Porque quiero que tengas una vida normal.
Akari soltó una pequeña risa.
—¿Normal?
Señaló la chaqueta de su padre.
—Tú ni siquiera sabes qué significa eso.
Akira no respondió.
Akari bajó la voz.
—Papá...
—¿Sí?
—Quiero ser fuerte.
Akira la observó.
—¿Para qué?
—Para proteger a los demás.
—No necesitas pelear para proteger a alguien.
—Yo quiero ser como tú.
Aquellas palabras provocaron una mezcla de orgullo y miedo en Akira.
Se acercó y puso una mano sobre su cabeza.
—No.
Akari levantó la mirada.
—¿No?
—No quiero que seas como yo.
Akira sonrió.
—Quiero que seas mejor.
Akari permaneció callada.
Después apartó lentamente la mano de su padre.
—Entonces algún día voy a superarte.
Akira sonrió.
—Eso espero.
Akari abrió los ojos.
—¿En serio?
—Sí.
—Entonces déjame entrenar.
—No.
—¡Papá!
Miyako soltó una carcajada desde la cocina.
—Eso te pasa por decirle que quieres que sea mejor que tú.
Akira suspiró.
—Estoy rodeado de gente problemática.
Akari sonrió.
Pero la sonrisa duró poco.
—Algún día voy a formar mi propia pandilla.
Akira dejó de sonreír.
—No.
—¿Por qué?
—Porque no quiero eso para ti.
—¡Pero tú lo hiciste!
Akira se quedó en silencio.
Akari continuó:
—Construiste tu propia organización.
—Eso fue hace mucho tiempo.
—Entonces ¿por qué nunca me cuentas nada?
—Porque no necesitas saberlo.
—¡Siempre haces lo mismo!
Akari apretó los puños.
—Quieres que sea una chica normal, vaya a la escuela, vuelva a casa y no haga nada.
—Quiero que puedas elegir tu vida.
—¡Entonces déjame elegir!
Akira la miró.
—No sabes lo que estás eligiendo.
Akari respondió sin apartar la mirada.
—Entonces enséñame.
Silencio.
Akira no pudo responder.
Porque aquella frase había tocado exactamente el punto que llevaba años intentando evitar.
\---
Dos días después
Akari salió de la escuela.
Llevaba su uniforme y la mochila sobre un hombro.
Caminaba tranquilamente por la calle cuando escuchó unas voces.
—Eh.
Akari continuó caminando.
—Te estamos hablando.
Se detuvo.
Tres chicos estaban detrás de ella.
—¿Qué quieren?
—¿Siempre eres así de arrogante?
Akari suspiró.
—No tengo tiempo.
Uno de ellos se interpuso.
—Entonces tendrás que encontrarlo.
Akari dejó la mochila en el suelo.
—Última oportunidad.
—¿Para qué?
Akari levantó los puños.
—Para irse.
\---
Cinco minutos después, los tres estaban en el suelo.
Akari respiraba agitada.
Tenía un pequeño corte en la mejilla.
—Genial...
Miró su uniforme.
—Papá me va a matar.
Lo que Akari no sabía era que alguien había observado toda la pelea.
Desde el otro lado de la calle.
Un hombre sacó el teléfono.
—Tenemos un problema.
\---
Akira recibió la llamada unos minutos después.
—¿Qué ocurrió?
—Akari volvió a meterse en una pelea.
Akira cerró los ojos.
—¿Está herida?
—Nada grave.
—¿Dónde está?
\---
Cuando Akira llegó, Akari estaba sentada en un banco.
Al verlo, inmediatamente se levantó.
—Estoy bien.
Akira miró el corte de su mejilla.
—Eso no parece estar bien.
—Es un rasguño.
—¿Quién empezó?
—Ellos.
Akira miró a los tres chicos.
Después volvió a mirar a su hija.
—Nos vamos.
—¿Qué?
—Ahora.
Akari tomó su mochila.
—No necesito que vengas a rescatarme.
Akira se detuvo.
—No vine a rescatarte.
—Entonces déjame resolver mis problemas.
—Ese es precisamente el problema.
Akari lo miró furiosa.
—¡Quiero ser fuerte!
—Lo sé.
—¡No lo sabes!
Akira permaneció callado.
—Quiero ser tan fuerte como tú.
—Akari...
—¡Incluso más fuerte!
Akira respiró profundamente.
—No sabes lo que estás pidiendo.
—Sí lo sé.
Akari apretó los puños.
—Quiero formar mi propia pandilla algún día.
Akira negó con la cabeza.
—No.
—¿Por qué?
—Porque quiero que tengas una vida diferente.
—¿Diferente a la tuya?
—Sí.
—¿Por qué?
Akira bajó la mirada.
—Porque la mía me quitó demasiadas cosas.
Akari permaneció callada.
Durante unos segundos desapareció la rabia de su rostro.
Pero después volvió.
—Entonces hazme fuerte para que no me las quiten a mí.
Akira no respondió.
\---
Esa misma noche
Akira llegó nuevamente a su oficina.
Pero esta vez no estaba solo.
Dos motocicletas estaban estacionadas frente al edificio.
Dos capitanes lo esperaban.
—Líder.
Akira se puso la chaqueta.
—¿Problemas?
—Necesitamos reunir a todos.
Akira tomó su casco.
—¿Cuánto tiempo?
—No lo sabemos.
Akira miró su teléfono.
Tenía un mensaje de Miyako.
«¿Vas a tardar?»
Akira escribió:
«No mucho».
Guardó el teléfono.
—Vamos.
Los tres subieron a sus motocicletas.
Akira montó una 150 cc negra.
El motor rugió.
Y los tres comenzaron a alejarse de la ciudad.
\---
La base de Kurotora Ryo
Después de varios minutos, dejaron atrás las calles de Kurohama.
Subieron por una carretera rodeada de árboles.
Finalmente llegaron a una enorme instalación escondida entre las montañas.
Las puertas comenzaron a abrirse.
Akira entró.
Y se detuvo.
Frente a él había cientos de personas.
Seiscientos miembros.
Capitanes.
Subcapitanes.
Soldados.
Cada grupo estaba organizado bajo el mando de uno de los capitanes.
Las conversaciones desaparecieron.
Todos se giraron hacia él.
Entonces cientos de voces resonaron al mismo tiempo:
—¡Líder!
Akira caminó hacia el centro.
La expresión relajada que había mostrado en casa había desaparecido.
Ahora era diferente.
Era el hombre que había construido Kurotora Ryo.
Su fundador.
Su líder.
\---
Sobre una enorme mesa había un mapa de Kurohama.
Los capitanes comenzaron a informar.
—Una organización está moviéndose hacia el norte.
—Están reclutando miembros.
—También han intentado acercarse a nuestros territorios.
Akira observó el mapa.
—¿Buscan una guerra?
—Todavía no.
—Entonces buscan información.
Los presentes guardaron silencio.
Akira señaló el norte.
—Quiero saber quién está detrás de ellos.
—Entendido.
Otro capitán habló.
—Hay algo más.
Akira levantó la mirada.
—¿Qué?
El hombre sonrió.
—Akari.
Akira frunció el ceño.
—¿Qué pasa con ella?
—No puedes negar que tiene potencial.
Otro capitán intervino.
—No está al nivel de un capitán.
—Ni cerca del tuyo —añadió otro.
—Pero pelea bastante bien para su edad.
Akira suspiró.
—Lo sé.
—Es tu hija.
—Precisamente por eso quiero mantenerla lejos de esta vida.
Uno de los capitanes se cruzó de brazos.
—¿Cuántas peleas lleva ya?
Akira guardó silencio.
—¿Cinco?
—Ocho —respondió otro.
Akira se llevó una mano al rostro.
—No puede salir de la escuela sin terminar en una pelea.
Uno de los capitanes soltó una carcajada.
—Bueno...
Akira lo miró.
—¿Qué?
El hombre sonrió.
—Ya sabes lo que dicen.
Hizo una pausa.
—De tal palo, tal astilla.
Los demás comenzaron a reír.
—Se parece bastante a ti.
Akira negó con la cabeza.
—Eso es exactamente lo que me preocupa.
Las risas desaparecieron.
Akira miró a todos.
—Quiero que la vigilen.
Los seis miembros principales se miraron.
—Sin que ella lo sepa.
Un capitan asintió.
—Entendido.
—Y quiero a uno de los capitanes cerca de ella.
—¿Como guardaespaldas?
—No.
Akira negó con la cabeza.
—Como amigo.
—¿Ella sabe que Kurotora sigue activa?
Akira respondió inmediatamente:
—No.
—¿Y Miyako?
—Tampoco.
Akira miró nuevamente el mapa.
—Para ellas, Kurotora Ryo murió hace años.
Uno de los capitanes sonrió.
—Y para el resto de Kurohama...
Akira levantó la mirada.
—Seguimos aquí.
\---
Esa misma noche
Akira volvió a casa.
Akari estaba esperándolo.
—Papá.
—¿Sí?
—Quiero hablar contigo.
Akira dejó la chaqueta.
—Claro.
Akari lo miró directamente.
—Voy a formar una pandilla.
Akira cerró los ojos.
—Ya hablamos de esto.
—No voy a cambiar de opinión.
—Akari...
—Quiero ser como tú.
—No.
—¡Entonces dime por qué!
Akira la miró.
—Porque no quiero que un día tengas que mirar atrás y preguntarte por qué elegiste esta vida.
Akari bajó la mirada.
—Yo solo quiero ser fuerte.
Akira se acercó.
—Y yo quiero que vivas.
Ella levantó los ojos.
—¿Qué significa eso?
Akira tardó unos segundos en responder.
—Que prefiero que algún día me digas que fui un padre sobreprotector...
Sonrió débilmente.
—A que algún día tenga que enterrarte.
Akari se quedó completamente quieta.
No sabía por qué su padre había dicho aquello.
Pero las palabras se quedaron con ella.
\---
Las semanas siguientes
Pequeños incidentes comenzaron a ocurrir.
Un miembro de Kurotora desapareció durante unas horas.
Un territorio fue atacado.
Información interna comenzó a filtrarse.
Y alguien empezó a preguntar demasiado sobre la familia del líder.
Akira comenzó a sospechar.
Por eso ordenó vigilancia permanente.
Pero había algo que todavía no sabía.
Alguien dentro de Kurotora estaba vendiendo información.
No sobre territorios.
No sobre dinero.
Sobre Akira.
Sobre su familia.
Sobre Akari.
Y cuando aquella información llegó a las manos equivocadas...
el destino comenzó a moverse.
\---
La noche anterior al cumpleaños número quince de Akari
El teléfono de Akira sonó.
—¿Quién es?
—Tenemos un problema.
Akira se levantó.
—Habla.
—Alguien vendió información.
—¿Qué información?
Silencio.
—Sobre tu hija.
Akira sintió que el pecho se le cerraba.
—¿Quién?
—Todavía no lo sabemos.
Akira tomó su chaqueta.
—Encuéntrenlo.
Colgó.
Pero antes de poder salir, su teléfono volvió a sonar.
Esta vez era un número desconocido.
Akira contestó.
No escuchó ninguna palabra.
Solo respiración.
—¿Quién eres?
Silencio.
Entonces la llamada terminó.
Akira observó la pantalla.
Por primera vez en años, sintió miedo.
\---
Al día siguiente
Akira estaba trabajando cuando su teléfono comenzó a sonar.
Una llamada.
Después otra.
Y otra.
Su rostro perdió el color.
—¿Dónde está Akari?
Nadie respondió.
—¡¿Dónde está mi hija?!
Finalmente recibió una dirección.
Akira salió corriendo.
\---
Miyako estaba en casa cuando recibió la llamada.
—¿Miyako? —la voz al otro lado sonaba tensa—. ¿Sabes dónde está Akari?
Ella frunció el ceño.
—¿Qué quieres decir? ¿No está con Akira?
—Akira está buscándola por otra zona. Todavía no la encontramos.
Miyako sintió que el corazón le daba un vuelco.
—¿Cómo que no la encuentran?
Nadie respondió inmediatamente.
—Voy a salir.
—Miyako, espera...
Pero ella ya había tomado las llaves.
No podía quedarse sentada esperando noticias mientras su hija estaba desaparecida.
Salió bajo la lluvia, llamando a Akari una y otra vez.
No hubo respuesta.
—Vamos, cariño... contesta.
Mientras conducía, recordó las discusiones de los últimos días. Las palabras de Akari, su deseo de ser fuerte y la forma en que Akira siempre intentaba protegerla.
En aquel momento, habría dado cualquier cosa por volver a una de esas discusiones insignificantes.
Solo quería escuchar a su hija quejarse otra vez.
Miyako estacionó y comenzó a recorrer las calles a pie.
—¡Akari!
La lluvia se intensificó.
—¡Akari, soy mamá!
Su voz se perdió entre los edificios.
Sacó el teléfono y llamó a Akira.
Él respondió casi inmediatamente.
—¿La encontraste?
—Todavía no —contestó Akira, con la respiración agitada—. Estoy cerca de la estación. Me dijeron que quizá la vieron por los callejones del distrito viejo.
—Estoy buscando por el lado este. Voy a acercarme.
—Miyako, ten cuidado.
Ella apretó el teléfono.
—No me pidas que tenga cuidado mientras nuestra hija está desaparecida.
Akira guardó silencio.
—Encuéntrala, Akira —susurró Miyako—. Por favor.
La llamada terminó.
Miyako continuó buscando, con la lluvia empapándole la ropa y una sola oración repitiéndose en su cabeza.
Que esté bien. Por favor, que esté bien.
Todavía no sabía que, a pocos minutos de allí, Akira estaba a punto de encontrarla.
\---
Cuando llegó, la lluvia ya había comenzado.
El lugar estaba vacío.
Demasiado vacío.
—¡Akari!
No hubo respuesta.
Akira avanzó entre los callejones.
—¡AKARI!
Entonces la vio.
Su cuerpo estaba en el suelo.
Akira cayó de rodillas.
—Akari...
La tomó entre sus brazos.
—Papá...
—Estoy aquí.
Akira intentó mantener la calma.
—No hables. Voy a llevarte a un hospital.
Akari negó lentamente con la cabeza.
—No...
—Sí.
—Papá...
—¡No!
Akira apretó los dientes.
—No digas nada. Solo aguanta.
Akari lo miró.
Sus ojos verdes apenas podían mantenerse abiertos.
—Quería...
Respiró con dificultad.
—Ser más fuerte que tú.
Akira cerró los ojos.
—Lo sé.
—Algún día...
Su voz se apagó.
Akira la abrazó con fuerza.
—Sí.
Su voz comenzó a quebrarse.
—Algún día lo habrías conseguido.
Pero Akari ya no respondió.
La lluvia continuó cayendo.
Akira permaneció inmóvil.
Por primera vez en su vida, el líder de Kurotora no sabía qué hacer.
A lo lejos, entre la cortina de lluvia, Miyako distinguió una figura arrodillada sobre el asfalto.
Al principio no pudo reconocerla.
Dio unos pasos más, con el corazón golpeándole el pecho, hasta que vio el cabello negro empapado y los hombros temblorosos.
Era Akira.
Estaba de rodillas, sosteniendo entre sus brazos el cuerpo de Akari, su hija.
—¿Akira…?
Su voz apenas logró escapar de sus labios.
Él no respondió.
Tenía la mirada perdida, fija en el rostro de la muchacha, como si todavía esperara que abriera los ojos y volviera a llamarlo papá.
Miyako se quedó inmóvil.
Por un instante, el ruido de la lluvia desapareció.
Solo podía ver a su hija.
—No… —susurró, llevándose una mano a la boca—. Akari…
Entonces echó a correr.
—¡Akari!
Se arrodilló junto a ellos y extendió las manos hacia su hija, pero se detuvo antes de tocarla.
Su cuerpo temblaba tanto que apenas podía respirar.
—Mi niña… por favor…
Akira apretó a Akari contra su pecho.
—Llegué tarde… —murmuró finalmente—. Miyako… llegué tarde…
Ella lo miró, con los ojos inundados de lágrimas.
—No digas eso…
Pero al ver el rostro de Akari, comprendió que ninguna palabra podía reparar lo que había ocurrido.
Miyako abrazó a su hija junto con Akira, mientras la lluvia caía sobre los tres.
No hubo reproches.
No hubo preguntas.
En aquel instante, ambos habían perdido a la persona que más querían proteger.
Y, por primera vez en muchos años, no hubo nada que Akira Kurogawa pudiera hacer para proteger a su familia.
\---
Horas después
La investigación comenzó.
La información había salido de alguien cercano.
Alguien que conocía los movimientos de Kurotora.
Alguien que había tenido acceso a información que prácticamente nadie más poseía.
Los capitanes revisaron registros.
Nombres.
Mensajes.
Movimientos.
Hasta que apareció una pista.
Un nombre.
Haru.
Akira permaneció inmóvil.
—No...
Recordó al niño de doce años.
El orfanato.
El cabello rubio.
Los ojos azules.
Y aquella promesa.
«Cuando cree la organización, vendré a buscarte».
Akira había prometido volver.
Pero nunca lo hizo.
Había construido Kurotora.
Había formado una familia.
Había seguido adelante.
Y había dejado atrás al niño que esperaba que regresara.
Akira apretó los puños.
—Haru...
Pero no sabía si aquel nombre pertenecía al traidor.
O si alguien estaba intentando hacerlo parecer culpable.
Solo había una cosa que sabía.
La persona que había atacado a Akari conocía demasiado bien su vida.
Y alguien había querido asegurarse de que Akira perdiera lo que más amaba.
\---
Esa noche
Akira volvió solo al lugar donde todo había comenzado.
La lluvia caía sobre Kurohama.
Ya no le importaban los territorios.
Ni las organizaciones.
Ni el poder.
Solo quería una cosa.
Volver atrás.
—Si pudiera cambiarlo...
Miró al cielo.
—Si pudiera volver al día en que todo comenzó...
Entonces escuchó algo.
Pum.
Akira se giró.
No había nadie.
Pum.
El mundo comenzó a deformarse.
Las luces desaparecieron.
Los edificios se fragmentaron.
Los recuerdos aparecieron frente a sus ojos.
Miyako.
Akari.
Haru.
Kurotora.
Sus amigos.
Sus enemigos.
Cada decisión.
Cada error.
Cada persona que había perdido.
Akira extendió la mano.
—Dame otra oportunidad...
El mundo se quebró.
Y antes de desaparecer por completo, escuchó una voz.
La voz de su hija.
—Papá...
Akira cerró los ojos.
—Esta vez...
La voz se volvió más distante.
—Déjame elegir mi propio camino.
Y el tiempo comenzó a retroceder.
Los recuerdos se fragmentaron.
Las imágenes de su vida pasaron ante sus ojos, mezclándose unas con otras.
El rostro de Miyako.
La sonrisa de Akari.
La promesa que le había hecho a Haru.
Todo aquello que había perdido.
Todo aquello que todavía podía cambiar.
El tiempo dejó de tener sentido.
Los segundos se convirtieron en recuerdos y los recuerdos se deshicieron en oscuridad.
Hasta que, finalmente, todo se detuvo.
Akira abrió los ojos.
Pero ya no tenía treinta años.
Tenía diecisiete.
Estaba nuevamente frente al orfanato.
Akira se quedó inmóvil.
Había regresado.
No sabía cómo ni por qué, pero el tiempo le había concedido otra oportunidad.
Entonces levantó la mirada.
Frente a la entrada había un muchacho de cabello rubio y ojos azules.
Era más alto que el niño que recordaba.
Su rostro había cambiado con los años, pero Akira no necesitó que nadie le dijera su nombre.
Haru.
Tenía dieciséis años.
Durante unos segundos, Akira no pudo pronunciar una sola palabra.
Recordó al niño de doce años.
La promesa.
La espera.
Y el error de haber seguido adelante sin regresar por él.
Haru lo observó.
Sus ojos azules se abrieron ligeramente.
—Akira...
El muchacho dio un paso hacia él, como si todavía no pudiera creer lo que estaba viendo.
—Akira, volviste.
Akira se quedó inmóvil.
Había imaginado aquel momento de muchas maneras, pero ninguna lo había preparado para escuchar esas palabras.
Haru tenía dieciséis años.
Ya no era el niño de doce años que lo había esperado frente a aquel orfanato.
Pero todavía recordaba su promesa.
Akira apretó los puños.
Durante años había cargado con la culpa de haberlo abandonado.
Y ahora, de alguna manera, tenía otra oportunidad.
—Sí, Haru...
Su voz tembló ligeramente.
—Volví.
Por primera vez desde la muerte de Akari, Akira sintió que quizá todavía podía reparar uno de los errores que había cometido.
Pero esta vez no iba a limitarse a cumplir una promesa.
Iba a descubrir quién había destruido su futuro.
Y no permitiría que la historia volviera a repetirse.

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REKURO: LAST PROMISE — ZERO DAY (Novela)
Capítulo 2
REKURO: LAST PROMISE — ZERO DAY (Novela) Capítulo 1
Estás leyendo el capítulo 1 de REKURO: LAST PROMISE — ZERO DAY (Novela), un novela. ¿Y si tuvieras una segunda oportunidad para cambiar el destino, pero cada decisión pudiera destruir aquello que intentás salvar? Akira Kurogawa lo perdió todo. En un futuro marcado por la tragedia, la muerte de su hija… Este capítulo tiene publicado el 25 de octubre de 2026. REKURO: LAST PROMISE — ZERO DAY (Novela) tiene 7 capítulos disponibles en LectorTMO, en español y sin registro.