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Leer Regreso a la Era Misteriosa (Novela) Capítulo 419 online gratis en español

🏴 Grupo: Crowli✍️ Traducción: Crowli
Las pupilas de Barrow se contrajeron y su mano derecha tembló levemente, casi derramando su vaso de agua. Miró el trozo de carne destrozada en el maletín y luego a Cassius, cuyo rostro permanecía inexpresivo. En ese instante, sintió que ya no entendía a la joven generación de cazadores. Aquello era demasiado despiadado: había metido directamente un monstruo en un maletín para identificarlo. Un enfoque tan brutal parecía incluso más salvaje que lo que el propio monstruo podría hacer. Como mínimo, el par de ojos en la cabeza dentro de esa caja había perdido todo su brillo. Estaban nublados de gris, como si la mente que los sostenía se hubiera derrumbado por completo. Además, con la vista de Cazador Dorado Oscuro de Barrow, pudo ver que el monstruo en el maletín no era una criatura común. Debió haber sido muy peligroso antes. El joven que tenía delante lo había sometido por la fuerza bruta y lo había metido sin piedad en la caja, revelando una fuerza claramente superior a la de la insignia de Cobre Negro que llevaba en el pecho. Barrow pensó a toda velocidad, y finalmente asintió y dijo: “Baja esa cosa y extiéndela un poco. Está tan apretada que no puedo distinguir sus rasgos distintivos”. Pronunció esas palabras, pero ya casi había llegado a la conclusión de que esa criatura oscura no era el ghoul. Barrow solo quería observar más de cerca para ver exactamente qué variante había capturado Cassius. Con un chasquido, el maletín de madera se abrió. Cassius sacó al hombre lagarto de sangre verde, aún supurante, y lo colocó encima, dejándolo caer allí. Un fuerte hedor fétido le invadió la nariz, impregnando toda la habitación. Barrow se inclinó sobre el pie de la cama, entrecerrando los ojos para observar sus características. Al verlo, Cassius aplicó una ligera fuerza con la palma de la mano, retirando la Fuerza del Colmillo de la Muerte del cuerpo del hombre lagarto. Inmediatamente, bultos tumorales se retorcieron y crecieron, restaurando su capacidad regenerativa. La criatura oscura se transformó gradualmente de un montón de carne destrozada a algo del tamaño de un humano adolescente. Aún no había regenerado la parte inferior de su cuerpo, dejando únicamente un torso superior deformado. "Piel verde, escamas y cabeza de lagarto..." Barrow pareció recordar algo y dijo de inmediato: “Áster Blanco, este monstruo no es el ghoul. Debería ser el asesino invisible. Durante los últimos dos meses, ha estado activo en los distritos comerciales y residenciales de Florence, permaneciendo en la escena del crimen después de cometer sus actos y usando su forma oculta para lanzar emboscadas. Ya ha causado la muerte de dos Cazadores Blancos Deslumbrantes y es una amenaza de Clase A...”. Hizo una breve pausa, ignorando el olor a sangre en el aire, y luego continuó: “El ghoul, una criatura oscura, mide unos dos metros de altura, con una piel tan suave y gris como la de un tiburón. Toda su columna vertebral está revestida de densas púas óseas que se extienden hasta la punta de la cola. Su boca es enorme, ocupando dos tercios de su cabeza, lo que a su vez hace que sus ojos sean bastante pequeños...”. Tras terminar, Barrow volvió a mirar al hombre lagarto. Sus piernas ya habían vuelto a crecer hasta casi las rodillas, con fibras musculares rojas y huesos blancos entrelazados. Desprendía una inquietante y nauseabunda sensación de vitalidad grotesca. "Así que no es el ghoul. Parece que me engañaron..." Cassius habló con calma, pero su mano derecha, sobre la cabeza del hombre lagarto, se tiñó de rojo como si estuviera cubierta de gotas de sangre. Hilos de la Fuerza del Colmillo de la Muerte se extendieron sobre ella como agua fluyente, tejiendo una telaraña por todo el cuerpo. De repente... ¡Bang! El torso del hombre lagarto explotó, desintegrándose al instante en una niebla carmesí. No dejó restos, pues todo se convirtió en polvo. Una corriente de aire por la ventana disipó la nube, dejando a Cassius sujetando solo su cabeza deformada y con la boca abierta en un dolor silencioso. Claramente, haber perdido la razón no significaba que no sintiera dolor. Como si tirara basura, metió la cabeza de nuevo en el maletín. Cassius levantó la maleta y caminó hacia la puerta, diciendo: "Lamento perturbar tu descanso, Cazador Barrow. Te deseo una pronta recuperación". "Ah..." Barrow levantó la mano derecha, a punto de decir algo, pero la puerta se cerró con un clic. Eso no tenía sentido. ¿No había venido buscando información detallada? ¿Por qué irse después de solo escuchar sobre la apariencia del ghoul, sin enterarse de los detalles esenciales sobre cómo se escondía y lo fuerte que era? Por un momento, se sintió perdido. Al final, simplemente sacudió la cabeza desde la cama y se apoyó en ella. Exhaló profundamente. “Los jóvenes de hoy en día son feroces, despiadados y rebosan confianza. Aun así, el asesino invisible no era un blanco fácil, y aun así, Aster Blanco lo sometió con tanta facilidad. Quizás esta competencia por el puesto de Cazador de las Sombras simplemente se complicó. Veamos cómo las otras tres facciones se enfrentan a este caballo negro...”. La mirada de Barrow parpadeó mientras murmuraba con interés. Cinco minutos después, bajo el abrasador sol del mediodía, Cassius se sintió un poco decepcionado. Pensó que hoy tenía suerte, pero resultó ser un ghoul falso. Dejaría que el cuartel general se encargara del supuesto asesino invisible, ahora mentalmente destrozado, ya que había perdido todo valor. Se giró ligeramente y se dirigió en dirección a la sede de la Organización de Cazadores Oscuros. En otras partes del área urbana de Florencia, los otros tres Cazadores de Oro Oscuro también estaban en movimiento. Al igual que Cassius, recopilaron información detallada e investigaron las escenas del crimen, aunque algunos trabajaron más rápido y otros más lento. Por ejemplo, estaba Solomon. Practicaba la Técnica Secreta de las Espinas Pecaminosas, parte de la cual le permitía rastrear auras. Mientras usara las espinas para detectar los residuos energéticos en la escena del crimen, reaccionaría al encontrarse con esa misma energía de nuevo. En la calle, el joven de cabello negro acababa de salir de un edificio. Sus ojos oscuros eran profundos y sus cejas, afiladas. Aunque sus rasgos eran delicados, había una frialdad sombría en él. A simple vista, parecía alguien a la vez despiadado y taciturno. Vestía un traje de cazador ajustado, con guantes de cuero negro sin dedos en ambas manos. Era la una de la tarde y el sol brillaba. Solomon entrecerró los ojos ligeramente, consultando el archivo que tenía en la mano mientras se dirigía a su próximo destino. A la luz del sol, la primera línea del texto era especialmente visible. ¡Investiga y elimina al asesino invisible que se esconde en los distritos residenciales de Florencia! Debajo había líneas de información escrita. Indicaban el alto peligro que representaba el asesino invisible, clasificado como una amenaza de Clase A, con aura oculta y sigilo. Era un especialista innato en emboscadas que solía perpetrar ataques en las zonas comerciales y residenciales de Florencia. "No será fácil de manejar... sobre todo esa habilidad de sigilo..." Solomon frunció el ceño levemente, sintiendo que la tarea asignada era problemática. No dudaba de que podría vencer al monstruo, pero las criaturas oscuras no eran tan fáciles de matar. Podían sacrificar fácilmente partes de su cuerpo, abriéndose paso entre la multitud. Eso haría mucho más complicado un segundo intento de cazarlas. "Iré con calma. Primero dedicaré un par de días a investigar la situación, averiguando la ubicación del objetivo. Luego planearé cómo restringir sus movimientos...", reflexionó Solomon mientras recorría cuatro o cinco manzanas seguidas. Se acercó a una esquina, a punto de continuar. En su interior, las Espinas Pecaminosas temblaron de repente, como si percibieran un aura familiar. "¿Eh?" Solomon levantó la cabeza bruscamente, mirando a la derecha. Allí estaba una calle ancha, de un blanco grisáceo, marcada por un letrero de madera que decía "Chuck Street" en pintura negra. Sin dudarlo, entró a toda prisa. Unas oscuras ondas brillaron en sus ojos de medianoche. Solomon presentía que la suerte le había sonreído hoy. Sorprendentemente, tras solo unas horas de búsqueda, había encontrado el rastro del objetivo. Era el Distrito Cuatro de Florence, la zona comercial. Doce días atrás, el asesino invisible había actuado allí, matando a tres Cazadores de Cobre Negro. Era probable que volviera a visitar esta zona. Aceleró el paso y se dirigió al final de la calle Chuck. Efectivamente, a la entrada de una posada de cuatro pisos, una docena de guardias habían establecido un perímetro, lo que indicaba claramente que algo había sucedido. Solomon se apresuró a acercarse y observó la escena con una mirada penetrante. Al final del segundo piso de la posada, vio un hueco enorme en la pared, con leves rastros de sangre alrededor. Su mirada se tornó feroz. Tras mostrar su insignia de cazador, se precipitó al interior como una flecha. Pasó primero el vestíbulo, luego las escaleras. Las Espinas Pecaminosas de su cuerpo temblaron levemente, mientras el aura del objetivo se hacía más palpable en el aire. La expresión perennemente sombría de su rostro mostraba un raro atisbo de excitación, una oleada de calor recorriéndole el pecho. La Técnica Secreta de la Espina Pecaminosa se desató al instante, y bajo su piel, innumerables zarcillos de espinas parecieron retorcerse y retorcerse. El dolor muscular alimentaba la adrenalina de Solomon, llevándolo a una concentración intensa, mientras su poder aumentaba continuamente. Ante una amenaza de Clase A, la precaución era obligatoria. Subió al segundo piso como un rayo, más rápido de lo que los guardias pudieron reaccionar, llegando al final del pasillo como el viento. En la puerta de la habitación, Lita y su equipo recogían fragmentos de dos cuerpos y los colocaban en un contenedor negro similar a un ataúd. Con el viento anunciando su llegada arreciando, Lita miró a su alrededor y reconoció al instante a Solomon, un reconocido líder en la carrera de los Cazadores de Sombras. "¿Maestro Solomon? Tú..." Apenas había pronunciado media frase cuando dos manos la empujaron hacia el pasillo. Los demás miembros de su escuadrón fueron igualmente arrastrados a un lado, completamente desorientados. ¡Sal de esta habitación! ¡El asesino invisible está dentro! Un destello de emoción brilló en los ojos de Solomon al irrumpir en la habitación. El aura densa que lo rodeaba le confirmó, sin lugar a dudas, que el asesino invisible seguía dentro. Evidentemente, el grupo de Lita no le convenía y buscaba a alguien más grande. Que así fuera, ¡ya vería quién era el depredador supremo! Desapareció como un borrón y reapareció en la cámara interior. Espinas negras brotaron de su piel, formando una especie de raíz que lo rodeó. Esas Espinas Pecaminosas se clavaban en todas direcciones, clavándose en cada rincón de la habitación como un erizo de mar gigante. Golpe, golpe, Thud, thud, thud… Se produjeron una serie de colisiones, pero no consiguió lo que esperaba. "¡Muéstrate!", gritó, agitando la mano derecha de tal manera que espinas negras y salvajes atravesaron los muebles, dejando las paredes llenas de marcas moteadas. "¿Eh? ¿Cómo es posible que no esté aquí? No puede ser..." Solomon parecía completamente desconcertado. El aura que dejaba allí era claramente la más fuerte, pero no había rastro del asesino invisible por ninguna parte. Estaba a punto de seguir destruyendo la habitación para expulsarlo cuando una vocecita sonó desde la puerta: “Maestro Solomon, ¿buscaba al asesino invisible? Otro cazador ya lo derrotó y se lo llevó...”. "¿Qué?" La expresión de Solomon se desvaneció levemente. ¿Había estado forcejeando con locura? Con un repentino crack, recuperó todos los zarcillos espinosos y se acercó a Lita para preguntarle sobre los detalles. Cinco minutos después, lo comprendió. Allí sí se había cometido un homicidio, y el asesino invisible acechaba. Sin embargo, un cazador que pasaba, con la apariencia de un joven robusto, irrumpió directamente en la habitación del segundo piso, hizo estallar al asesino, le pidió a Lita un maletín, empacó lo que quedaba y se fue sin demora. Lita no había presenciado la pelea. Cuando llegó, el asesino había quedado reducido a apenas medio cuerpo. Cuanto más escuchaba Solomon su relato, más recordaba a un individuo en particular. De unos noventa centímetros de altura, de complexión imponente y con una hermosa cabellera rubia. ¡Exactamente, el Rey León Soss! Bueno, no ese Soss, ¡sino el Gran Soss! Tenía que ser Aster Blanco, ese joven corpulento y rubio que aún portaba la insignia de Cazador de Cobre Negro, sin duda. ¿Cómo había logrado robarle a Salomón el objetivo justo debajo de sus pies? Solomon sintió que la mente se le quebraba, dejándolo desconcertado. Reflexionó brevemente y luego decidió que lo mejor sería regresar a la sede de la Organización de los Cazadores Oscuros. El tiempo pasó volando, y era alrededor de la una y media de la tarde. En el Distrito Siete de Florence, en la sede de la Organización de Cazadores Oscuros, en cuanto Solomon regresó, lo dirigieron al salón principal de la Asociación de Cazadores. Empujó las puertas y vio dos figuras erguidas dentro. A la izquierda, un hombre de porte refinado con traje negro: el Cazador Radiante, Prisión del Trueno Deleshart. A la derecha, un joven alto, alguien que Solomon había visto esa misma mañana: el discípulo de Hierba Hacha Sangrienta, el Cazador de Cobre Negro, Aster Blanco. Al observar esa figura alta y robusta, y sus rasgos gélidos e impasibles, Solomon descubrió que la insignia de Cobre Negro en el pecho de Aster Blanco parecía aún más desubicada. Bien podría no usarla, dada su fuerza de Cazador Dorado Oscuro de primer nivel, camuflada en una fachada de Cobre Negro. Si quería ocultar su poder y actuar con discreción, esta no era la manera de hacerlo. Salomón se acercó paso a paso, entrecerrando los ojos. "Lo siento, Solomon. Me temo que tendrás que cambiarte a una misión de refuerzo. La amenaza de Clase A, el asesino invisible, fue perseguido inadvertidamente por Áster Blanco, lo cual no está dentro de las reglas establecidas", dijo Deleshart. "..." Solomon guardó silencio un momento. "¿Puedo verlo?" Deleshart se giró hacia Cassius, quien levantó el maletín a sus pies y lo abrió de lado, revelando una cabeza solitaria en su interior. Era la cabeza ensangrentada y espantosa del hombre lagarto. Sin duda la amenaza de clase A, el asesino invisible. Salomón observó detenidamente el destino del asesino y luego fijó su mirada en Casio. En esos ojos profundos y serenos se veía algo así como un estanque negro azabache, tranquilo e inmóvil, pero aún más aterrador cuanto más se miraba. No podía evitar la sensación de que un monstruo temible se ocultaba bajo esas aguas. ¿Quién sabe cuándo podría surgir de repente una masacre con impunidad? Respiró hondo. El instinto le decía que el mayor peligro en esta contienda por el puesto de Cazador de las Sombras no eran sus dos antiguos rivales, sino este hombre enigmático e impredecible que había aparecido repentinamente ante él... ¿Era realmente el Aster Blanco de antes?
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Regreso a la Era Misteriosa (Novela) Capítulo 419

Estás leyendo el capítulo 419 de Regreso a la Era Misteriosa (Novela), un novela. Retorno a la Era Misteriosa presenta a un niño que puede viajar al pasado utilizando viejas reliquias. ¿El giro? Está atrapado en el cuerpo del propietario de la reliquia. Tras una experiencia cercana a la muerte,… Este capítulo tiene publicado el 6 de agosto de 2026, Traducido por el grupo Crowli. Regreso a la Era Misteriosa (Novela) tiene 625 capítulos disponibles en LectorTMO, en español y sin registro.