Leer Regreso a la Era Misteriosa (Novela) Capítulo 146 online gratis en español
🏴 Grupo: Crowli✍️ Traducción: Crowli
La niebla era densa, impidiendo ver el camino. Cassius siguió la sombra adentrándose en el denso bosque.
¿Adónde me lleva? Cassius entrecerró los ojos; una tenue corriente de aire se arremolinaba alrededor de su nariz.
Cinco minutos después.
¡Grifo!
Una bota negra pisó el claro.
Tres hombres adultos con ropa normal giraron bruscamente la cabeza hacia la persona que se acercaba. El más fuerte lo miró de arriba abajo. "¿Un cazador? No, parece un humano normal y corriente."
Toca, toca, toca...
El hombre que se acercaba arremetió contra mí sin dar señales de detenerse. "¡Quítate del camino! ¡No bloquees el paso!"
Tras oír esto, los tres miembros de la Raza de Sangre rieron furiosos. El hombre más fuerte, al frente, frunció el ceño. "¿Cómo te atreves a hablarme así, insignificante humano? No pensaba comer de más hoy, pero..."
"¡Rugido!"
Un rugido agudo brotó de la boca del hombre, y todo su cuerpo se transformó al instante, expandiéndose. Su rostro se volvió bestial y su ropa se rasgó, revelando un poderoso cuerpo negro rojizo cubierto de un pelaje erizado. El rostro de murciélago del hombre se retorció en una sonrisa cruel; le encantaba ver las expresiones de terror en los rostros de los humanos al encontrarse con la verdadera forma de la Raza de Sangre.
"¡Muere!" El hombre se lanzó hacia adelante como un rayo.
¡Bang!
Al segundo siguiente, una sombra salió volando. La sangre se arqueó elegantemente en el aire.
"¡Qué!" Los otros dos miembros de la Raza de Sangre quedaron atónitos y, en su asombro, se transformaron rápidamente usando su Don de Sangre. En un instante, se convirtieron en monstruos, mitad humanos y mitad bestias, con enormes garras tan grandes como una cabeza humana.
¡Zas!
En una fracción de segundo, una sombra enorme pasó velozmente junto a ellos . Cassius ni siquiera miró atrás; la niebla blanca que rodeaba sus manos se disipó rápidamente. Sin decir palabra, se adentró en la niebla. Dos cabezas salieron despedidas por los aires tras él, con sangre brotando de sus cuellos.
En la densa niebla blanca, Cassius estaba muy concentrado. Percibía que la sombra que lo guiaba aceleraba, sin preocuparse ya de si podría seguirle el ritmo. Si quería ver adónde lo llevaba, no podía reducir la velocidad.
Cualquier Raza de Sangre o humano que le bloqueara el paso debía hacerse a un lado. Y si no lo hacían, el único resultado para ellos era la muerte.
Pasaron otros diez minutos en la niebla aparentemente interminable. Las manos de Cassius goteaban sangre, y sus pasos eran rápidos y ligeros. Cada potente pisotón dejaba un profundo cráter en el suelo, impulsándolo explosivamente hacia adelante.
Mientras continuaba, el entorno permaneció inalterado. La única diferencia era el creciente número de miembros de la Raza de Sangre. Estos chupasangres aislados no tenían ni idea de hacerse a un lado. Cassius era solo una bolsa de sangre que corría por ahí, y su primera reacción fue interceptarlo. Y, bueno... no necesitaba explicar las consecuencias de bloquear su camino. Cassius ya había masacrado a casi una docena de miembros de la Raza de Sangre.
Chapoteo... Chapoteo...
A lo lejos se oía el débil sonido del agua.
Momentos después, Cassius se detuvo en una zona de césped. A pesar de la niebla, aún podía distinguir la silueta de una cascada más adelante. La cascada caía en cascada hasta formar una poza ovalada, con un pequeño arroyo que fluía de su desagüe.
Antes de que Cassius pudiera alcanzarla, la sombra desapareció. El área circundante era solo hierba verde con algunas piedras grisáceas cubiertas de musgo. Más allá de este claro se extendía el bosque.
Cassius levantó la vista. “La sombra se detuvo”.
La sombra que lo había guiado hasta allí había aminorado el paso, moviéndose de un lado a otro en la niebla como si buscara algo. Unos segundos después, siguió recto, deteniéndose finalmente junto a un gran árbol. Sin esperar a que Cassius se acercara, la sombra desapareció.
De pie junto al árbol, Cassius se inclinó lentamente. El viejo árbol era alto y macizo, parecía haber crecido allí durante siglos; las arrugas de la corteza se asemejaban al rostro de un anciano. Las raíces en el suelo eran gruesas y fuertes, como enormes pitones grisáceos retorciéndose en la tierra.
Cassius se acuclilló junto a una de las grandes raíces, usando las manos para retirar las hojas y la tierra de los huecos. Poco después, descubrió unas piedras grises. Limpió la tierra y descubrió que no eran piedras comunes; parecían parte de una pared o quizás baldosas. Cavó un poco más con las manos.
Ante los ojos de Casio aparecieron más piedras, con signos de erosión. Sin embargo, aún conservaban vestigios de civilización, con grabados y marcas.
Cassius sostenía la teja en la mano, sumido en sus pensamientos. De repente, una niebla blanca cubrió sus manos y comenzó a cavar con furia en el hueco entre las raíces del árbol, levantando una gran cantidad de tierra a su lado. En poco tiempo, el suelo bajo Cassius se sintió vacío, como si hubiera un espacio debajo.
Tiró con fuerza y un agujero oscuro apareció ante él, de profundidad desconocida. Cassius notó que el agujero tenía una pared de roca en el borde, mostrando claras señales de construcción humana.
¿Una tumba? ¿O una ruina? Cassius frunció el ceño, recordando la sombra que lo había guiado hasta allí. Dudó un instante, sin saber si debía entrar y explorar.
Se acercó a la entrada; el aire parecía agradable. Respirando hondo, Cassius se metió directamente en el agujero y comenzó a deslizarse hacia abajo. Era una pendiente grisácea y blanca con un ángulo de unos sesenta grados. Dentro, estaba oscuro, lo que hacía casi imposible ver nada.
¡Shhh! ¡Shhh! ¡Shhh!
Un silbido mecánico resonó en las paredes circundantes. Cassius sintió que algo le golpeaba el cuerpo y cerró los ojos rápidamente, levantando los brazos para protegerse la cara y el cuello.
Ding, ding, ding...
Una serie de impactos resonaron hasta el fondo. Unos quince segundos después, Cassius recuperó el equilibrio, plantando los pies firmemente sobre el suelo sólido y estable del pasillo.
Ufff~
Una tenue llama apareció de repente en el borde de las paredes del túnel, extendiéndose hacia el interior en una línea. La llama blanca y pálida no era muy brillante, emitiendo un resplandor tenue y misterioso.
Cassius se sorprendió un poco. Entonces extendió la mano y sacó una flecha negra de su cabello. Estos pequeños proyectiles lo habían estado atacando antes. Se miró el antebrazo derecho y notó pequeñas manchas blancas en la piel. Algunas partes estaban casi perforadas, lo que demostraba la potencia de estas flechas.
Cassius dominaba la Técnica de la Armadura de Piedra, lo que le permitía resistir las balas. Estas flechas eran tan poderosas como las balas en cuanto a poder de penetración. Con una fuerte presión, rompió la flecha en su mano con un fuerte crujido.
Preocupado por las trampas que se avecinaban, Cassius redujo la velocidad deliberadamente, adentrándose con cautela en el pasaje. Después de unos dos minutos, llegó a una esquina.
Dio un paso adelante. De repente, el suelo se abrió. ¡Una trampa!
Un conjunto de púas perfectamente dispuestas apareció en el fondo de un pozo de unos dos metros de profundidad. Cassius cayó directamente en él. Giró en el aire y su mano derecha salió disparada, clavándose en el borde del pozo.
Usando ambas manos, se impulsó de nuevo. Regresó a su posición original, con los puños apretados. Con paso decidido, saltó por encima de toda la trampa.
Entonces, ¡crack!
El suelo se abrió de nuevo. Sorprendido, Cassius cayó directamente en él. El fondo del pozo resonó con un golpe sordo.
“¡Maldita sea! ¡Qué astuto!” Cassius no esperaba que lo burlaran.
Yacía sobre un montón de púas, con el rostro sombrío. Aunque no reaccionó tan rápido como la primera vez, logró controlar su cuerpo dando una voltereta en el aire y aterrizando sobre su musculosa espalda. Cuantas más púas impactaban simultáneamente, menos presión ejercían individualmente, lo que dificultaba su penetración en el cuerpo de Cassius. Había acertado.
Aunque había caído al fondo del pozo, no le dolía la espalda. No parecía estar herido ni sangrando. Se puso de pie rápidamente. Estas púas eran casi tan altas como sus muslos. A una persona promedio le resultaría imposible llegar al fondo.
Miró hacia el lugar donde había caído. Las puntas de las púas estaban aplastadas. Al observarlas más de cerca, se hizo evidente que estas púas de hierro llevaban allí incontables años y estaban muy corroídas, con óxido cubriendo toda su superficie. Su poder de perforación claramente no era el mismo que cuando eran nuevas.
Cassius recordó las afiladas flechas de antes. Esas armas dentro de los muros probablemente estaban mejor selladas...
Medio minuto después, estaba de nuevo en el suelo del pasillo.
Esta vez, Cassius fue aún más cauteloso. Sin embargo, no encontró más trampas ni peligros. Caminó con facilidad por el pasaje cientos de metros antes de detenerse.
Ante él se extendía una vasta caverna, una amplia cámara cilíndrica. El fondo parecía del tamaño de una cancha de baloncesto, con paredes de color blanco grisáceo salpicadas de pasadizos ovalados que parecían conducir en todas direcciones. Al observar el resto de su entorno, Cassius vio innumerables agujeros oscuros que se extendían hacia profundidades desconocidas, desprendiendo una sensación siniestra y aterradora.
Los ojos de Cassius parpadearon mientras avanzaba unos pasos hasta llegar a una plataforma elevada dentro de la caverna. Mirando a su derecha, vio escalones tallados en la pared de la cueva. Si saltaba de un escalón a otro, llegaría al fondo.
Cassius dudó un momento y luego saltó con cuidado. Los escalones no eran trampas, ni parecía que fueran a romperse de repente; de hecho, eran increíblemente resistentes. Paso a paso, descendió hasta el fondo.
El aire que rodeaba a Cassius bajó repentinamente de temperatura, y sintió cómo el calor de su cuerpo se disipaba. Al exhalar, se vio una tenue neblina blanca formándose en el aire. Se estremeció, y la sangre comenzó a circular rápidamente por los tres ganglios linfáticos de su cuerpo, proporcionando calor a su torso desnudo.
Cinco minutos después, Cassius llegó al fondo.
Al observar la zona, vio cinco enormes aberturas en la base, que conducían quién sabe adónde. En el centro del muro, una fuente de color blanco grisáceo fluía alrededor de la piscina en un ciclo continuo.
¿Cómo puede esta fuente seguir funcionando tanto tiempo? ¿Alguien le da mantenimiento?, se preguntó Cassius mientras daba un par de pasos a un lado. Sintió un crujido bajo su pie.
Al levantarlo, encontró un insecto aplastado” de caparazón blanco, del tamaño de un pulgar” debajo de su zapato. El insecto estaba muerto, y un líquido verde pálido chisporroteaba en el suelo.
Cassius dio un ligero golpe con el pie y la fuente frente a él empezó a temblar, con el agua blanca ondulando violentamente. Sin previo aviso, la fuente expulsó un enjambre de escarabajos blancos, cuyo incesante canto llenó el aire.
¡Zas!... ¡Zas!... ¡Zas!...
Chorros de ácido corrosivo se dispararon hacia Cassius. Este los esquivó rápidamente, lanzándose hacia un lado. Su mano derecha palideció al formarse rápidamente un vórtice de aire en su palma.
El vórtice plano y esférico zumbaba inestablemente. Justo cuando estaba a punto de perder el control, lo arrojó contra la fuente. Con un fuerte estallido, la masa de aire impactó la fuente y explotó, una feroz ráfaga de viento que envolvió el área circundante en un radio de un metro.
Muchos de los escarabajos blancos fueron diezmados, pero seguían saliendo, avanzando en enjambres. Pero Cassius ya no estaba en la plataforma inferior; una sombra se coló rápidamente por una de las aberturas. Media hora después, pasos rápidos resonaron en un pasillo silencioso, y el fuego blanco del techo se arrastraba con ellos.
Este lugar es tan similar en estilo a aquella ruina que Twilight visitó una vez, pensó Cassius mientras corría a toda velocidad.
Su figura apareció al final del pasaje como un destello. Instantes después, el sonido de innumerables insectos arrastrándose resonó en la entrada grisácea del pasaje. Estos escarabajos blancos eran implacables en su persecución.
Después de otros cinco minutos, Cassius se precipitó hacia otro pasadizo como un torbellino. Sus pupilas se estrecharon, pero no disminuyó la velocidad; en cambio, se esforzó aún más, corriendo con todas sus fuerzas. En un instante, llegó al final del pasadizo.
Apenas un segundo después, doce estatuas de piedra grisácea a ambos lados del pasillo cobraron vida. Esquirlas de piedra se desprendieron de sus articulaciones al levantar la cabeza, revelando extraños rostros humanos que representaban doce emociones diferentes: llanto, risa, ira, rugido...
Sus movimientos rígidos rápidamente se volvieron mucho más fluidos, y estas grandes figuras comenzaron a marchar hacia la dirección en la que Cassius estaba huyendo.
Sin embargo, justo en ese momento, el sonido de innumerables insectos reptantes surgió de la entrada del pasaje. La estatua al final de la manada giró la cabeza, solo para ver un torrente blanco que se vertía en su interior, envolviéndolas al instante.
"Silbido... silbido... silbido..."
Era casi como si estuviera lloviendo ácido altamente corrosivo.
"Rugido... rugido... rugido..."
Al oír los rugidos ensordecedores detrás de él, aceleró el paso.
Horas después, Cassius, ahora descalzo, estaba casi desesperado. "¿En serio? ¿Todo este alboroto solo porque pisé un escarabajo? ¿Tenían que perseguirme con todas sus fuerzas durante tres... cuatro horas?"
Parecía estar en un estado lamentable, con marcas de corrosión del ácido por todo el cuerpo. Además de unos pantalones cortos que casi se rompían por las costuras, incluso había tirado sus zapatos por sospechar que estaban contaminados con feromonas. Sin embargo, el enjambre seguía siguiéndolo con insistencia. Sospechaba que también tenía feromonas en el cuerpo, pero no había agua en las ruinas para lavarlas.
Así que Cassius solo pudo seguir corriendo para salvar su vida, confiando en la extraordinaria resistencia que le proporcionaban los tres nodos. En el camino, se topó con muchos otros peligros en las ruinas, como enredaderas chupasangre que colgaban de las paredes, mantis del tamaño de media persona, flores con polen alucinógeno y pitones mutadas de tres cabezas...
Los escarabajos blancos, por otro lado, destruyeron los peligros. Parecía que se había adelantado y había provocado al jefe final desde el principio.
Chirrido, chirrido, chirrido... Chirrido, chirrido, chirrido...
Cassius cargó a través de un salón lleno de plantas y criaturas que parecían monos colgando de enredaderas, todos los cuales lo atacaron con armas, desesperados por detenerlo.
Por suerte, Cassius había entrenado bien su técnica de Qigong, que se endurecía, y se abrió paso. Los molestos monos chillaron, aparentemente decididos a perseguirlo.
Pero al segundo siguiente, un torrente blanco arrasó todo el salón y cuando amainó, numerosos esqueletos de monos cayeron de las enredaderas y se hicieron añicos, saliendo humo de sus cuerpos.
Diez minutos después, Cassius se encontró repentinamente al final de un túnel, pero para su consternación, ¡era un callejón sin salida! Podía oír que los insectos ya habían llegado a la entrada tras él, y un enjambre de escarabajos blancos ya entraba en tropel.
¡Maldita sea! Golpeó la pared con frustración. ¡¿Eh?! ¿Esta pared parece hueca?
Mientras tanto, en una vasta sala, la cúpula se alzaba en lo alto, cubierta por un mural pintado con pigmentos negros y rojos desconocidos. Una enorme piscina se encontraba en el centro de la sala, con un pilar de piedra sumergido en el agua.
El espacio entre el salón y la piscina estaba cubierto de densas líneas rituales rojas que se extendían como una telaraña. Extraños símbolos incomprensibles estaban grabados en ellas. Parecían renacuajos. Ahora, estos símbolos empezaban a iluminarse uno a uno.
Diez figuras misteriosas, vestidas con túnicas negras, se arrodillaban con devoción en el suelo, cantando en una lengua extraña y retorcida. Parecía una especie de oración misteriosa y espeluznante. Presionaban los dedos contra el suelo, mientras la sangre manaba sin cesar y se filtraba por las líneas rituales, como si intentaran despertar algo.
"Ki tu gi a ba a ba..."
La oración se hizo más fuerte, alcanzando un crescendo. De repente, todas las líneas rituales en el suelo se tiñeron de rojo. El agua, antes tranquila, del estanque se tornó de un dorado transparente, como el ámbar. Se elevó una columna de vapor y la sala empezó a retumbar.
Espera, ¿un estruendo? Eso nunca había sucedido durante el ritual. Varias figuras vestidas de negro miraron hacia arriba, desconcertadas, hacia el estanque. ¿Podría ser? ¿De verdad podría ser?
Una figura vestida de negro murmuró emocionada: "Finalmente..."
¡Boom!
La cúpula se hizo añicos y un trozo del muro de piedra se derrumbó. Entonces, una sombra se precipitó al agua con un chapoteo. Todas las figuras vestidas de negro saltaron, gritando.
"¿Qué pasa? ¿Quién es ese?"
"¡¡¡Se cayó en la Piscina Sagrada!!!"
"¡¿Cómo se atreve?!"
¡Esto es terrible! ¡No podemos detener el ritual ahora; ya está completo!
Shhh... shhh... shhh...
Desde arriba, un torrente blanco comenzó a deslizarse por las paredes, y el sonido de extremidades rozando la piedra resonó por la sala. Al instante siguiente, el ruido caótico se convirtió en gritos unificados.
"¡Maldita sea, son los escarabajos! ¡Corran!"

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Regreso a la Era Misteriosa (Novela)
Capítulo 147
Regreso a la Era Misteriosa (Novela) Capítulo 146
Estás leyendo el capítulo 146 de Regreso a la Era Misteriosa (Novela), un novela. Retorno a la Era Misteriosa presenta a un niño que puede viajar al pasado utilizando viejas reliquias. ¿El giro? Está atrapado en el cuerpo del propietario de la reliquia. Tras una experiencia cercana a la muerte,… Este capítulo tiene publicado el 4 de noviembre de 2025, Traducido por el grupo Crowli. Regreso a la Era Misteriosa (Novela) tiene 637 capítulos disponibles en LectorTMO, en español y sin registro.