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Leer ¿Qué Hago Si Ascendí al Mundo Equivocado? (Novela) Capítulo 92 online gratis en español

🏴 Grupo: Inmensurable✍️ Traducción: Inmensurable
Al mediodía del día siguiente. El cielo estaba despejado y el sol brillaba con calidez. "Umm..." Avia se levantó adormilada, se aseó tambaleándose un poco, y apenas se había puesto su túnica de maga y su sombrero puntiagudo, preparándose para salir. Sin embargo, al abrir la puerta... "Buenos días, Su Alteza Avia." Un hombre y una mujer, ataviados con las túnicas de la Iglesia del Dios de la Riqueza, aguardaban en la entrada; por su aspecto, parecía que llevaban esperando un buen rato. En el instante en que vieron a Avia, forzaron de inmediato una sonrisa en sus rostros. "..." Avia se quedó algo desconcertada. "¿Y ustedes quiénes son?" "Permítame presentarme: soy Gross Eifel, el obispo regional de la Iglesia del Dios de la Riqueza apostado en la Isla Celestial." La actitud de Gross era sumamente humilde. "Y ella es mi asistente." '¿La Iglesia del Dios de la Riqueza?' '¿Los mismos que anoche querían regalarme cincuenta mil monedas de oro y a los que rechacé?' Al pensar en ello, Avia sintió una punzada de dolor en el pecho, pero no dejó que se le notara en lo más mínimo. "¿Buscaban algo?" "El asunto es el siguiente", sonrió Gross. "Al parecer, la propuesta anterior no fue de su total agrado, por lo que pasamos la noche trabajando para redactar una nueva." Dicho esto, tomó un documento que le entregó su asistente y se lo ofreció a Avia con ambas manos. "Puede revisarlo primero." Sin mencionar al Señor del Amanecer que ya había descendido al mundo mortal, tan solo aquellos treinta y cinco semidioses del Imperio del Amanecer constituían una fuerza que la actual Iglesia del Dios de la Riqueza jamás podría igualar. Por otro lado, la Asociación de Magos ya había tendido puentes con el Imperio del Amanecer. Conociendo el estilo de proceder del presidente de la Asociación de Magos, si la Iglesia del Dios de la Riqueza no tomaba cartas en el asunto, ¡tarde o temprano terminarían siendo devorados hasta los huesos! No obstante, la situación interna del Imperio del Amanecer era un misterio y ellos, como devotos del Dios de la Riqueza, no podían arriesgarse a entablar contacto de forma imprudente. Tras darle muchas vueltas al asunto, la única vía de acceso viable que encontraron fue Avia: una joven de origen mago que, por azares del destino, se había convertido en la gran arzobispa de la Iglesia del Amanecer. "Si hay algún punto que no la convenza, podemos modificarlo." Gross esbozaba una sonrisa de oreja a oreja. Aquella actitud casi rastrera le provocó un escalofrío de repulsión a Avia; sin embargo... '¿Una nueva propuesta?' '¿Serán otras cincuenta mil monedas de oro?' Con el corazón latiéndole deprisa, fingió total desinterés mientras tomaba el documento y lo hojeaba. Gracias a la portentosa fuerza mental propia de los magos, le bastaron apenas unos segundos para leer el contenido de principio a fin. Al fijar la vista en la cifra final, sus pupilas se contrajeron de golpe y su mano apretó el papel de forma involuntaria, llegando a arrugarlo. ¡Setecientas cincuenta mil! ¡¿Acaso eran doscientas cincuenta mil monedas más que en la oferta de anoche?! Tuvo que reprimir el impulso de tragar saliva. '¡Oye! ¿Acaso esta gente no le da valor al dinero?' '¡Más de doscientas mil monedas, y las aumentan así sin más!' Por su parte, al observar su reacción, Gross asumió que Avia seguía insatisfecha, lo cual lo frustró profundamente en su fuero interno. '¡El apetito de esta gran arzobispa Avia es sencillamente desmesurado!' '¿Setecientas cincuenta mil monedas de oro y todavía no está conforme?' Sin embargo... Pensándolo bien, habiendo logrado ostentar el cargo de gran arzobispa en el Imperio del Amanecer a pesar de ser una maga extranjera... Tratarla como a una simple maga de diecinueve años recién ascendida sería una estupidez garrafal. 'Ah...' 'Anoche en la reunión no debí haber escuchado a esos idiotas cuando sugirieron probar primero con una oferta de setecientas cincuenta mil y aumentar solo si era necesario...' Justo cuando la zozobra de Gross iba en aumento y se disponía a subir la cifra al millón... "De acuerdo, que así sea." Forzando las comisuras de los labios para no sonreír y empleando un tono de total indiferencia, Avia devolvió el documento con absoluta parsimonia. '¡Setecientas cincuenta mil monedas de oro!' 'A decir verdad, ¡hasta me dan ganas de buscar un trabajo a tiempo parcial como Caballero Dragón para divertirme!' "¿Es necesario firmar algún contrato?" Gross, que aún no terminaba de asimilarlo, dio un respingo al escuchar la pregunta. "¡Por supuesto que no!" Su propósito primordial era regalarle el dinero; firmar un contrato arruinaría por completo el gesto. "¿Prefiere que le transfiramos los fondos directamente a su cuenta bancaria, o que los embalemos en cofres y se los entreguemos en persona?" "Tráiganlos en cofres." Su principal temor era que pudieran echarse atrás. Una transferencia bancaria entrañaba demasiados riesgos; las monedas de oro contantes y sonantes le infundían una tranquilidad inigualable. "Nunca he visto tal cantidad de oro reunida." Ese también era uno de los motivos. Gross se quedó pasmado un segundo antes de responder con una risilla: "Es usted muy bromista." Le devolvió el documento a su asistente. "Pierda cuidado; a más tardar a las cuatro de la tarde, las setecientas cincuenta mil monedas de oro le serán entregadas sin que falte una sola." Hora y media más tarde. En el anillo interior de la Isla Celestial, en un restaurante sumamente afamado especializado en la gastronomía tradicional élfica. Avia reservó el reservado más costoso sin pestañear. Ya que estaba a punto de recibir setecientas cincuenta mil monedas de oro, tenía la intención de invitar a Ye Tu, a Irene White y a la sirvienta a un auténtico festín. Después de todo, no era una persona mezquina; ¡ahora que nadaba en la abundancia, no podía acapararla solo para ella! Sin embargo... "¿Maestra? ¿Señor presidente?" Al ver aparecer a aquellas dos figuras completamente inesperadas, Avia se quedó de piedra. "¿Qué hacen ustedes aquí?" "En cuanto te haces con dinero te olvidas de tu maestra; así me rompes el corazón, querida." Daphne, ocupando una silla añadida a última hora, pronunció aquellas palabras con un tono fingidamente lastimero. Desde luego, la actuación fue de lo menos convincente. "¡Claro que no! ¡Tenía pensado invitarla a solas en otra ocasión, maestra!" De ese modo, no solo evitaría que su maestra interactuara demasiado con Ye Tu, sino que también le demostraría un grado de respeto exclusivo y particular. "¿De verdad?" "¡Por supuesto que sí!" "Está bien, te creeré por esta vez." Daphne se reclinó en el asiento. "Acuérdate de invitarme a solas más adelante." A juzgar por las apariencias, no tenía la menor intención de marcharse. Avia se sintió un poco afligida. Con su maestra presente, le resultaría imposible comportarse con la soltura y espontaneidad que deseaba. Con ese pensamiento en mente, se giró hacia Kyaron. "Señor presidente, ¿a qué debemos su visita?" Lo de su maestra aún tenía pase, pero la presencia del presidente resultaba verdaderamente incomprensible. Ni siquiera lo conocía bien; apenas se habían visto una vez. Y ahora se presentaba así de repente... Avia le lanzó una mirada de reojo a Irene White. '¿Será por ella?' "He venido a pedirle un favor a Su Alteza Avia", sonrió Kyaron. '¿A pedirme un favor?' 'Y además me llama específicamente "Su Alteza Avia"...' '¿Eso significa que pretende sacar provecho de mi título como gran arzobispa de la Iglesia del Amanecer?' Tardó poco en desentrañar el meollo del asunto. Al fin y al cabo, seguía siendo la maga más brillante del último siglo; su intelecto operaba a una velocidad envidiable. "Dígalo sin rodeos; si está dentro de mis posibilidades, ¡cuente con mi ayuda!" Y si escapaba a sus posibilidades... Tampoco habría nada que ella pudiera hacer, ¿verdad? "En realidad no es gran cosa; tan solo necesito que Su Alteza colabore en una campaña publicitaria", aclaró Kyaron. En el Imperio del Amanecer requerían con urgencia un contingente de magos para elevar la tasa de alfabetización de la población. Sin embargo, dada la infame xenofobia del Imperio del Amanecer —visto por muchos magos como un bastión del atraso y la ignorancia—, la cifra de voluntarios dispuestos a acudir sería seguramente muy escasa. Sumado a ello, debido a los prejuicios del pasado, los propios habitantes del imperio tampoco profesaban mucha simpatía hacia el colectivo de los magos. Ese mutuo desprecio entre ambas partes auguraba serias complicaciones para que la cooperación entre la Asociación de Magos y el Imperio del Amanecer fructificara. Por lo tanto, la estrategia óptima pasaba por emplear a una figura respetada por ambos bandos, revestida de cierta aura legendaria, para que liderara la campaña y apaciguara gradualmente las asperezas mutuas. Para esa labor, nadie resultaba más idóneo que Avia. Solo era necesario divulgar el extraordinario trato que recibía actualmente —donde hasta los profesionales del Rango Sagrado le rendían honores— y el hecho de que la Iglesia del Dios de la Riqueza le llevaba riquezas a domicilio. Frente a semejantes incentivos, ¿qué mago podría resistirse? Asimismo, gracias a la influencia de Avia, los ciudadanos comunes del Imperio del Amanecer transformarían paulatinamente su opinión sobre los magos. Al fin y al cabo, si una maga forastera había sido bendecida por la deidad y elevada al rango de gran arzobispa... ¡Si el mismísimo Señor del Amanecer otorgaba su beneplácito a los magos, ¿cómo iban a repudiarlos ellos?! "Tratándose de una iniciativa tan beneficiosa para ambas partes, que minimizará los conflictos al máximo, imagino que Su Alteza Avia no se negará, ¿verdad?", sonrió Kyaron. "Yo..." Con su voluntad ya vacilante, Avia se disponía a responder cuando Daphne la interrumpió de súbito. "Si accedes a colaborar, la Asociación te recompensará como es debido; no te faltará ni una sola moneda." Aunque por lo general solía ser algo rebelde... No dejaba de ser su única alumna. Evidentemente, no iba a quedarse de brazos cruzados viendo cómo aquel viejo taimado del presidente la arrastraba tontamente hacia una zanja. "Por supuesto", asintió Kyaron con un leve movimiento de cabeza. Como es lógico, no iba a echar a perder un asunto de tal magnitud por ahorrarse unas cuantas monedas. Al escuchar esto, Avia le lanzó una mirada suplicante a Ye Tu. Tenía demasiado claro cómo había conseguido aquel nombramiento de gran arzobispa. En principio, todo había sido una simple broma. Nunca imaginó que los acontecimientos se encadenarían de esta forma. "No te preocupes por mí; procede según tu propio criterio", le indicó Ye Tu con desenfado. "Entonces... ¿acepto?" A fin de cuentas, la oferta no parecía esconder ninguna desventaja. "Se lo agradezco infinitamente, Su Alteza Avia", se puso en pie Kyaron. "No los importunaré más." Posó la vista en Irene White por un segundo. Supuso que, sin su presencia, aquella muchacha se sentiría mucho más desahogada. Acto seguido, abandonó su asiento y salió de la sala, perdiéndose de vista tras unos pocos pasos. La atmósfera se relajó considerablemente. Poco después, un elfo de apariencia tímida ingresó empujando un carrito y les sirvió unos cuantos aperitivos. "A propósito, también tengo un asunto del que quiero que te encargues", intervino Ye Tu de improviso. Avia, que en ese momento se quejaba para sus adentros de lo minúsculas que eran las raciones del restaurante, notó de reojo que Ye Tu se dirigía a ella. "¿A mí?" '¿Esa orden iba dirigida a mí?' No estaba del todo segura. "Sí." "¡Dígame! ¡Haré todo lo que esté en mis manos para cumplirlo!", la expresión de Avia cobró una solemnidad repentina. Se mostró muchísimo más resuelta que hacía unos instantes. "Transmitirás un oráculo del Señor del Amanecer: se prohíbe terminantemente cualquier interferencia extranjera en los asuntos del Imperio de Santa Cruz." '¿El Imperio de Santa Cruz?' '¿Esos Nobles de Sangre Divina sin cerebro que se pasean mirando a todos por encima del hombro?' "¡Entendido!", asintió Avia sin titubear. Ye Tu raras veces le encomendaba una tarea; sin importar la dificultad, ella la llevaría a cabo a como diera lugar. Además... No se trataba más que de difundir un oráculo divino. Para alguien investida como la gran arzobispa de la Iglesia del Amanecer, aquello resultaba la labor más corriente del mundo. Al atardecer. Las setecientas cincuenta mil monedas de oro de la Iglesia del Dios de la Riqueza fueron entregadas. Avia aprovechó para interrogar a su mentora acerca de la coyuntura del Imperio de Santa Cruz. A través de Daphne, se enteró de los planes de la Iglesia del Dios de la Riqueza: despachar un ejército de refuerzo para socorrer a la familia imperial de Santa Cruz. '¡Así que la única facción empeñada en inmiscuirse es precisamente la Iglesia del Dios de la Riqueza!' Entonces... ¿Acababa de aceptarles setecientas cincuenta mil monedas de oro a los de la Riqueza, solo para dar media vuelta y, esgrimiendo el nombre de la verdadera divinidad, prohibirles intervenir? 'Emm...' '¿No resulta eso un poquitín descarado?' Un ligero sentimiento de culpa anidó en su pecho. Sin embargo, Daphne le instó a despreocuparse: había tomado prestadas esas setecientas cincuenta mil monedas por puro mérito de sus propias habilidades; no las había recibido a cambio de nada. Debía obrar tal como le correspondía. 'Pero si anoche ella misma aseguró que la Iglesia de la Riqueza venía a regalarme el oro...' 'Qué complejo es el mundo de los adultos.' \----- • Novela: 飞升错世界了怎么办? • Título en inglés: What Should I Do If I Ascended to the Wrong World? • Autor: A Jiu Wei (阿玖未) • Traductor: Inmensurable ☯️ ¡Compañero(a) daoísta, deja tu reacción y comentario para ayudar a acelerar el cultivo de los próximos capítulos! ¡Tu apoyo es nuestra energía espiritual! ¡Que tu Gran Dao prospere! 🙏
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¿Qué Hago Si Ascendí al Mundo Equivocado? (Novela) Capítulo 92

Estás leyendo el capítulo 92 de ¿Qué Hago Si Ascendí al Mundo Equivocado? (Novela), un novela. Año 745 del Calendario de la Luz. Los dioses que antaño caminaban entre los mortales se han retirado a las profundidades del reino astral. Con el silencio divino, ha comenzado la verdadera era de los seres mortales.… Este capítulo tiene publicado el 12 de octubre de 2026, Traducido por el grupo Inmensurable. ¿Qué Hago Si Ascendí al Mundo Equivocado? (Novela) tiene 108 capítulos disponibles en LectorTMO, en español y sin registro.