Leer ¿Qué Hago Si Ascendí al Mundo Equivocado? (Novela) Capítulo 72 online gratis en español
🏴 Grupo: Inmensurable✍️ Traducción: Inmensurable
Al mismo tiempo, en la Isla Celestial, a decenas de miles de millas de distancia.
En el interior de una colosal edificación erigida sobre la empuñadura de una espada gigantesca, varios seres rodeaban una mesa redonda.
Dragones, elfos, enanos, guerreros, magos...
Cada uno de ellos era un profesional del Rango Sagrado encumbrado en la cúspide de la era actual, congregados en aquel recinto bajo la convocatoria del presidente de la Asociación de Magos con motivo del descenso del Señor del Amanecer al mundo mortal.
Una enorme pantalla de luz se proyectaba en el centro de la mesa redonda, exhibiendo parte de los datos registrados por la Asociación de Magos en el instante en que el Señor del Amanecer se desprendió de la \[Red Mágica Astral\] para pisar el plano terrenal.
¡Tan solo el remanente marginal de esas cifras superaba con creces la reserva total de maná de un Archimago Sagrado de duodécimo rango!
Y eso correspondía únicamente a lo captado antes de que los dispositivos de observación se destruyeran por completo.
"¡Galru no se entrometerá jamás en los asuntos del Imperio del Amanecer!"
La voz retumbó sin que se distinguiera a su dueño a simple vista.
Solo tras buscar con detenimiento en un extremo de la mesa redonda se pudo dar con una enorme cabeza que apenas asomaba media frente por encima del tablero.
Músculos tensos y nudosos, enfundado en una armadura pesada grabada de runas crípticas: una estampa corpulenta pero de bajísima estatura.
El Rey Enano Galru, Guerrero Sagrado de segundo rango.
Y a su vez, el primer profesional del Rango Sagrado en la historia de la raza enana.
"¡Ja!"
Sentado a su lado, un dragón gigante bajo apariencia humana soltó un bufido burlón, con un desdén absoluto brillando en sus pupilas verticales doradas.
"¿Crees que por mirar hacia otro lado el Señor del Amanecer te dejará en paz?"
Todos los presentes en esa sala eran materia prima de primera categoría para confeccionar ángeles semidioses.
Cuando a Él le hiciera falta recurrir a ellos, al Señor del Amanecer le importaría un comino si eran devotos o no.
En el peor de los casos, le bastaría con borrarles la voluntad propia y moldear desde cero una personalidad sumisa a Su servicio.
En aquella era remota donde el panteón de los dioses coexistía en el mundo, el Señor del Amanecer aún guardaba ciertas reservas.
Pero ahora...
Con los dioses replegados en el Reino Astral, no quedaba más que Él como única divinidad sobre el plano mortal.
Adivinar lo que se proponía hacer resultaba una tarea prácticamente imposible.
Sin prestar más atención a Galru, que lo fulminaba con la mirada, el dragón con forma humana volvió la vista hacia el presidente de la Asociación de Magos, quien presidía la cabecera.
"¿Tienes alguna solución?"
La distancia que separaba al Rango Sagrado de un dios auténtico era colosal.
Entre todos los presentes, quizás únicamente este Archimago Sagrado de duodécimo rango, el mago legendario que había inaugurado una nueva era, albergaba una mínima posibilidad de plantarle cara a una verdadera divinidad.
"Ese es el Señor del Amanecer", respondió el presidente con tono sereno.
Aquella frase no parecía una respuesta formal en toda regla, pero al mismo tiempo lo decía absolutamente todo.
Así era.
Se trataba del Señor del Amanecer, el dios auténtico que personificaba el Albor y la Aurora.
Incluso habiendo alcanzado la cúspide del Rango Sagrado, era indudable que él tampoco podía hacer nada al respecto.
Los presentes guardaron un denso silencio.
Incluso Daphne no pudo evitar que la preocupación asomara a su semblante.
Avia aún permanecía en el territorio del Imperio del Amanecer.
Aunque Ye Tu ciertamente estaba fuera de lo común, el Señor del Amanecer Ye Tu era, a fin de cuentas, una auténtica divinidad...
'¡¿Eh?!'
'¡¿El Señor del Amanecer Ye Tu?!'
En el preciso instante en que Daphne se quedó paralizada procesando aquello, la Reina Elfa, sentada a su costado, advirtió de inmediato su extraña reacción.
"¿Qué ocurre?"
"... " Tras vacilar un momento, Daphne formuló con cierta inseguridad: "¿Aún recuerdas cuál es el verdadero nombre del Señor del Amanecer?"
'¿El verdadero nombre del Señor del Amanecer?'
"Ye Tu", la Reina Elfa frunció el ceño con extrañeza. "¿Acaso hay algún problema con eso?"
¿No era ese un hecho conocido por todo el mundo?
"Olvídalo, aunque te lo explique no lo entenderías."
'¿¿??'
'¡¿Cómo que no lo entendería?! ¡Dilo de una vez!'
Sin embargo, Daphne ya no le prestó la menor atención, clavando la mirada en el presidente.
Ese viejo zorro...
Debió de haberse percatado de esa anomalía mucho antes que ella, ¿no es así?
¡Con razón se mostraba tan imperturbable!
En el Reino Divino del Amanecer.
Al contemplar la figura reclinada con parsimonia sobre el trono sagrado, a Aroya la escena le pareció un completo despropósito.
"¿Quién demonios eres tú?"
¡¿Cómo podía existir un segundo Señor del Amanecer en todo el mundo?!
"Pretendías usar mis propios métodos para neutralizar la corrupción de los dioses antiguos, ¿y ni siquiera eres capaz de reconocer quién soy?"
Al escuchar estas palabras, las pupilas de Aroya se contrajeron bruscamente: "¡¿Tú eres el Señor del Dao Inmortal?!"
¡Cof, cof!
A pesar del temple y templanza habituales de Ye Tu, estuvo a punto de atragantarse con semejante título.
Por fortuna, logró contenerse en el último instante.
"No, yo soy el Señor del Amanecer."
La autoridad del Pecado Original constituía, en esencia, una gracia... o más bien una maldición otorgada por los "dioses antiguos" a las criaturas nacidas dentro de este mundo.
En su condición de forastero ajeno a este plano, a él le resultaba imposible comprenderla de manera natural y, más aún, asumir directamente dicha potestad.
Sin embargo, para desentrañar por completo la naturaleza última del cosmos y recuperar el concepto extinto de un "fuera del mundo", la autoridad del Pecado Original representaba un obstáculo inevitable que no podía sortearse.
Por consiguiente...
¡Solo quedaba engañar al cielo y suplantar la forma, refinando al Amanecer en un "cuerpo falso"!
Únicamente de esta manera, valiéndose de lo ficticio para ascender a lo auténtico, podría adoptar la identidad de una criatura nativa para comprender e incluso descifrar hasta sus raíces la autoridad del Pecado Original.
"¡Eso es mentira!"
Al tiempo que gritaba, las pupilas de un dorado blanquecino de Aroya ya se habían teñido de un halo de profunda oscuridad.
Sintiendo cómo una marea inagotable de corrupción de los dioses antiguos carcomía su cordura sin pausa, un terror sofocante se propagó por su interior como una riada incontenible.
De continuar así, su divinidad quedaría desgastada por completo, e incluso su propia conciencia individual terminaría extinguiéndose...
¡Iba a morir!
¡Iba a morir de verdad!
"¡Yo soy el único Señor del Amanecer!"
Intentó invocar su autoridad divina, intentó comunicarse con sus devotos, y deseó con desesperación manipular el reino divino para expulsar a esa aterradora presencia que tenía delante.
Todo fue en vano.
Ye Tu continuaba allí sentado, imperturbable.
El reino sagrado, la potestad divina, los fieles e incluso su propia existencia...
Nada de ello le pertenecía ya.
La brecha que separaba a ambos era tan insalvable que, en el instante en que Ye Tu puso un pie dentro del reino divino, Aroya ya había sido refinado en un mero "cuerpo falso".
A continuación, la autoridad pasaría a manos de Ye Tu, quien ya era el Señor del Amanecer legítimo ante las leyes del mundo.
Y en cuanto al precio a pagar...
Naturalmente, recaería sobre los hombros de Aroya, el "cuerpo falso".
De paso, él también tenía interés en comprobar qué ocurriría con exactitud cuando la corrupción de los dioses antiguos se acumulara más allá de cierto límite.
"¡No! ¡Jamás lo permitiré!"
Acorralado ante una crisis de vida o muerte, ¡finalmente estalló y atacó con desesperación!
¡Bum!
El fuego sagrado ardió con violencia y el entorno se sumió repentinamente en una penumbra eterna; las estrellas palidecieron, dejando tras de sí tan solo un solitario resplandor del alba.
Weng...
Entre vibraciones ensordecedoras, aquel cegador destello matinal se comprimió hasta formar un hilo infinitamente delgado que, cargado con un poder capaz de atravesar constelaciones enteras, salió disparado en línea recta hacia Ye Tu sobre el trono sagrado.
¡Clang!
Semejante al salto de una chispa cualquiera, aquel haz de luz capaz de perforar las estrellas fue interceptado con absoluta facilidad por la yema de un solo dedo.
"¿Y por qué no?"
Sentado en el trono divino, Ye Tu no se movió un ápice; con un leve chasquido de los dedos dispersó la luz atacante, y la fuerza remanente mandó a Aroya por los aires, haciéndolo estrellarse pesadamente contra el suelo.
El espejo rodó a un lado y el poder divino en su cuerpo quedó sellado por una fuerza insólita, totalmente distinta al maná, impidiéndole movilizar la más mínima porción de energía.
"Siendo tan débil como eres, ¿acaso perecer por mi causa no representa para ti una fortuna inmensa?"
Aquellas familiares palabras petrificaron al instante la expresión de Aroya.
Pero muy pronto, sus facciones se deformaron en una mueca de furia desquiciada.
'¡No!'
'¡¿Cómo demonios va a ser lo mismo?!'
¡Él era un dios supremo, el nobilísimo e incomparable Señor del Amanecer! ¡¿Cómo podía equipararse a esos mortales mediocres y ordinarios, cuyas vidas y muertes a nadie le importaban?!
Sin embargo, antes de que pudiera pronunciar una sola objeción, Ye Tu ya se había puesto de pie desde el trono divino.
Lo que parecía un movimiento ordinario causó en los sentidos de Aroya la impresión de que la figura de su oponente se agigantaba infinitas veces, sosteniendo el firmamento en una escala tan desmesurada que ni siquiera aquel colosal reino divino lograba contenerlo.
Alzó una mano con lentitud, como un viajero al pasar bajo la sombra de un árbol que estira el brazo para arrancar un fruto maduro de la rama.
¡En el Reino Astral!
Siluetas borrosas comenzaron a emerger tras las estrellas titilantes, como si una presencia aterradora estuviera a punto de brotar desde el fondo de ese abismo insondable.
Bajo la influencia de un poder incomprensible, los astros alteraron sus órbitas y se alinearon con rigurosa precisión.
Las deidades se estremecieron presas del pánico, sin comprender el origen de semejante conmoción.
Únicamente en el corazón de la luz infinita, aquella figura femenina, perfecta y vaporosa, alcanzó a distinguirlo con total claridad.
Era una mano.
¡Una mano gigantesca forjada con el desplazamiento mismo de las estrellas, que abarcaba galaxias enteras cual palma creadora de mundos!
'Este señor proveniente del caos infinito... ¡es verdaderamente formidable!'
¡Rumble!
Al compás con que aquellos cinco dedos, semejantes a pilares divinos e imperecederos, se cerraban con pausada firmeza, el Reino Astral entero pareció temblar en sus cimientos.
Una autoridad pesada, etérea y, sin embargo, tangiblemente afianzada en la raíz misma de la creación, fue apresada con absoluta desenvoltura dentro de su puño.
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• Novela: 飞升错世界了怎么办?
• Título en inglés: What Should I Do If I Ascended to the Wrong World?
• Autor: A Jiu Wei (阿玖未)
• Traductor: Inmensurable
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Estás leyendo el capítulo 72 de ¿Qué Hago Si Ascendí al Mundo Equivocado? (Novela), un novela. Año 745 del Calendario de la Luz. Los dioses que antaño caminaban entre los mortales se han retirado a las profundidades del reino astral. Con el silencio divino, ha comenzado la verdadera era de los seres mortales.… Este capítulo tiene publicado el 12 de octubre de 2026, Traducido por el grupo Inmensurable. ¿Qué Hago Si Ascendí al Mundo Equivocado? (Novela) tiene 108 capítulos disponibles en LectorTMO, en español y sin registro.