Leer ¿Qué Hago Si Ascendí al Mundo Equivocado? (Novela) Capítulo 52 online gratis en español
🏴 Grupo: Inmensurable✍️ Traducción: Inmensurable
Quince años atrás, la situación era infinitamente más grave que la actual.
Si el Señor del Alba hubiese decidido heredar la autoridad divina en aquel entonces, toda la Santa Sede de Lothor, e incluso los habitantes del Imperio del Alba en su totalidad, se habrían precipitado hacia el purgatorio.
Por esa razón, el padre de Irenevet apostó todo lo que tenía para congelar el Purgatorio del Pecado Original por completo.
"Por lo tanto, en los días venideros habrá aún más personas que..."
"Sí."
Aquella respuesta imperturbable pulverizó de un solo golpe el último resquicio de esperanza que le quedaba.
A Elliot le entraron unas repentinas ganas de reír con amargura.
Los fieles devotos arrojados al purgatorio...
¡Qué ironía tan atroz!
Si una devoción pura se convertía en el pecado original, ¿qué representaban entonces ellos, los supuestos "fieles creyentes", a los ojos de los dioses?
Incluso el propio Elliot tuvo que admitir que, en este instante exacto, su fe se tambaleó hasta los cimientos.
De manera inexplicable.
Acudió a su memoria aquella frase que Cyril le había lanzado desde la celda de la prisión:
'¿Crees que adoras al auténtico Señor, o más bien al dios que has forjado en tu propio corazón?'
¿Al auténtico Señor?
¿O al dios de su corazón?
Esa disyuntiva parecía haber encontrado una respuesta definitiva en este momento.
¿Acaso desde el principio el carente de devoción había sido él mismo?
Sin embargo, semejante dios, una deidad tan despiadada incluso con sus propios feligreses más devotos, ¿era digna de su veneración y de la fe de tantas almas?
Elliot alzó la mirada hacia el pilar sagrado erigido a mitad de la calle, con el alma lúcida como un espejo pulido.
Una no era más que el principio.
A continuación, muchísimas más personas, innumerables creyentes devotos caerían en el Purgatorio del Pecado Original, solo para saciar la ambición desmedida del Señor del Alba.
La autoridad divina de los antiguos dioses... ¿qué era en realidad?
¿Por qué el mero hecho de heredarla exigía que las almas de incontables fieles compartieran el precio del castigo?
Eran demasiadas incógnitas, demasiadas contradicciones; el caos reinaba en la mente de Elliot.
A estas alturas del camino, ya no daba crédito a patrañas como que el Señor del Alba combatió en tiempos remotos contra los antiguos dioses y que estos le arrebataron parte de Su autoridad.
Al final, fijó los ojos en Ye Tu; en sus pupilas turbias asomaba una chispa de inquisición.
"¿Usted también ha venido tras la autoridad de los antiguos dioses?"
Este misterioso e insondable señor Ye Tu... ¿cuál era su verdadero propósito?
¿Y qué papel desempeñaba dentro de todo este tablero?
"No", negó suavemente Ye Tu con la cabeza. "Jamás perseguiría la autoridad de los antiguos dioses."
En lo que respecta a ese poder...
Si surgiera la oportunidad, tal vez le echaría un vistazo por pura curiosidad, ¡pero jamás lo buscaría de manera deliberada!
¡Los antiguos dioses!
Eran las existencias que más recelo le infundían desde que llegó por error a este mundo, sin excepción alguna.
Incluso frente a la Diosa de la Luz, quien condensaba en su ser la totalidad del concepto de la "luz", él se sentía con la capacidad de hacerle frente; con aquella sola mirada previa había descifrado parte de sus misterios.
Únicamente estos antiguos dioses...
Desde el principio jamás se habían ocultado, pudiéndose decir incluso que estaban omnipresentes.
Y, sin embargo, él no había sido capaz de desentrañar el más mínimo ápice de su verdadero fondo.
"Mi objetivo ha sido siempre el Señor del Alba."
En verdad había acariciado la idea de capturar a una deidad para diseccionarla y estudiarla.
Pero si el Señor del Alba fuese un dios recto, colmado de mérito y virtud, él habría refrenado semejante impulso.
Aceptar el incienso de las masas, amparar una tierra y salvaguardar la paz del pueblo: esa era la esencia de un dios recto y benevolente.
¿Acaso los llamados dioses no debían ser precisamente eso?
En cambio, el Señor del Alba...
Sus actos no solo distaban de la rectitud, sino que llamarlo "dios maligno" resultaba incluso un cumplido generoso.
De encontrarse en su mundo de origen, una divinidad que se dedicara a jugar a su antojo con las almas de sus propios fieles probablemente ya habría sido reducida a cenizas por un rayo divino del Gran Soberano Celestial del Sendero Divino.
...
...
Poco después, la oscuridad envolvió el entorno por completo.
La luz de la luna atravesaba las rendijas entre las ramas, proyectando retazos moteados de sombras sobre la tierra.
Elliot permanecía de pie en el exterior de la choza, sosteniendo en la palma de su mano aquella esfera semitransparente de oro pálido, cálida y resplandeciente como la aurora.
En su interior dormitaba el alma de Una.
Había sido Ye Tu quien se la confió antes de marcharse.
¿Debía entregársela a este muchacho?
Elliot observó a Lorne, que se encontraba a corta distancia.
Podía percibir con claridad que, tras presenciar con sus propios ojos la muerte de Una, el corazón de este joven había experimentado una transformación radical.
Una elección...
Se encontraba ante la encrucijada más trascendental de toda su existencia.
Si le entregaba el alma de Una en este instante, tal vez todo tuviese aún remedio.
Sin embargo...
¿Para qué remediarlo?
Los dioses encendían su fuego divino con la fe y forjaban su divinidad a través de los creyentes, pero para asumir una autoridad eran capaces de desterrar las almas devotas al mismísimo purgatorio.
Semejante "dios", ¿merecía en verdad la más mínima devoción?
Con esa certeza, Elliot no hizo movimiento alguno; se limitó a contemplar a Lorne alejarse paso a paso, hasta que su silueta se desvaneció por completo en la densa penumbra nocturna.
"..."
Tras guardar silencio durante unos instantes, Elliot también dio media vuelta y emprendió la marcha.
Su figura se disolvió muy pronto al final de la calle.
...
...
Alta noche.
En la residencia de Eriel.
En la sala de estar.
Los rasgos faciales de Lorne estaban cubiertos por una sombra borrosa que impedía distinguir su verdadero rostro.
Gotas de sangre fresca escurrían por las yemas de sus dedos, mientras que con la otra mano sujetaba una pequeña bolsa de tela completamente empapada en escarlata.
Eriel yacía recostado contra el muro, bañado de pies a cabeza en su propia sangre, con una respiración sumamente débil.
Sus dos brazos mostraban torsiones antinaturales, como si hubiesen sido quebrados con salvajismo en múltiples ocasiones.
Detrás de Lorne permanecía de pie una bella y madura dama ataviada con un vaporoso vestido de gasa negra.
Bajo el resplandor de la luna, su piel blanquísima se insinuaba a través de la tela, delineando curvas sumamente seductoras.
Era la esposa de Eriel.
No obstante, en este instante parecía encontrarse en un trance hipnótico, con la mirada colmada de una devota fascinación, contemplando embobada la espalda de Lorne.
¿Debía arrebatarle la vida?
Lorne clavó sus pupilas en Eriel, apretando ambos puños con tanta fuerza que su instinto asesino bullía sin control.
Al haber contemplado la muerte de la tía Una, sentía una hoguera voraz ardiéndole en el pecho.
Por ello, vino a buscar a Eriel.
¡A este miserable estafador que le arrebató hasta el último centavo a la anciana!
A pesar de haberle fracturado ambos brazos, aquel fuego en su interior no daba el menor indicio de aplacarse.
De pronto, giró la cabeza con violencia.
Posó sus ojos sobre aquella dama de arrebatadora madurez, con un destello flamígero bailando en sus pupilas.
Tres minutos más tarde.
Lorne ya había desaparecido por completo; la fascinación en la mirada de la esposa de Eriel se disipó poco a poco, recobrando el juicio en su totalidad.
Al ver el salón destrozado, como si un huracán de saqueadores hubiese arrasado el lugar, se quedó completamente aturdida.
¿Habían entrado ladrones?
Por puro instinto se llevó las manos al cuello, pero no encontró nada.
El collar, los aretes, los anillos...
Incluso las gemas engarzadas en cierto accesorio diminuto colocado sobre la cima de sus senos habían desaparecido sin dejar rastro.
"¡¿Eriel?! ¡Eriel! En casa..."
Dando vueltas desesperada por el caos, al fin divisó en el extremo opuesto del salón a su marido, quien agonizaba al borde de la muerte.
¡Al instante, un chillido desgarrador rasgó la tranquilidad de la noche!
Al mismo tiempo, en otro punto de la ciudad.
Lorne cargaba a sus espaldas un fardo voluminoso, desplazándose a través de callejones y avenidas.
Bajo la capacidad de distorsión sensorial de la Escritura Secreta de la Espada del Camino Extremo, los Guerreros de la Luz Sagrada que patrullaban las calles parecían ciegos de nacimiento.
Aunque Lorne pasara rozándoles los costados, no advertían su presencia en lo más mínimo.
Justo cuando cruzaba más de media ciudad santa y estaba a punto de aproximarse a la Tercera Calle del Distrito de la Estrella Resplandeciente, una silueta envuelta en una túnica negra emergió de la nada, cerrándole el paso.
"Pequeño amigo."
Bajo la capucha se revelaba un rostro pálido pero de facciones exquisitamente hermosas, con la zona del entrecejo latiendo con espasmos violentos, como si en cualquier momento un globo ocular fuera a brotar de su carne.
El Pecado Original de la Avaricia.
"Cometer fechorías sin silenciar a los testigos es una soberana estupidez, ¿sabes?"
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• Novela: 飞升错世界了怎么办?
• Título en inglés: What Should I Do If I Ascended to the Wrong World?
• Autor: A Jiu Wei (阿玖未)
• Traductor: Inmensurable
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Estás leyendo el capítulo 52 de ¿Qué Hago Si Ascendí al Mundo Equivocado? (Novela), un novela. Año 745 del Calendario de la Luz. Los dioses que antaño caminaban entre los mortales se han retirado a las profundidades del reino astral. Con el silencio divino, ha comenzado la verdadera era de los seres mortales.… Este capítulo tiene publicado el 10 de octubre de 2026, Traducido por el grupo Inmensurable. ¿Qué Hago Si Ascendí al Mundo Equivocado? (Novela) tiene 108 capítulos disponibles en LectorTMO, en español y sin registro.