Leer ¿Qué Hago Si Ascendí al Mundo Equivocado? (Novela) Capítulo 50 online gratis en español
🏴 Grupo: Inmensurable✍️ Traducción: Inmensurable
Al mismo tiempo.
En la Tercera Calle del Distrito de la Estrella Resplandeciente, todos los habitantes de la vía se congregaban alrededor de un estrado levantado de forma provisional.
El sacerdote sobre la plataforma sostenía en sus manos un ejemplar del Pacto Sagrado del Alba, flanqueado a ambos lados por dos Guerreros de la Luz Sagrada cubiertos con pesadas armaduras de placas.
Bajo la tarima, los murmullos incesantes de la multitud iban caldeando una atmósfera densa y cargada de tensión.
Apenas un instante antes, aquel sacerdote acababa de proclamar la ordenanza emitida por la iglesia.
Todos los residentes debían evacuar antes de que concluyera el día y dirigirse a los puestos de registro correspondientes para censarse.
A partir de entonces, los sacerdotes de la iglesia evaluarían sus condiciones y les asignarían una nueva vivienda.
Por supuesto, ese era un privilegio reservado con exclusividad para los ciudadanos con registro oficial en la Santa Sede de Lothor.
En cuanto a los parias indocumentados que carecían de estatus legal...
No les quedaba más remedio que quedar a su propia suerte.
"Tranquila, tía. Ya lo tengo todo apalabrado; cuando llegue el momento, yo mismo le ayudaré a trasladar sus pertenencias allá", consoló Lorne en voz baja a Una, cuyo rostro denotaba una profunda inquietud.
Aunque le resultaba imposible tramitarle una ciudadanía legal, con la posición que ostentaba ahora, bastaba con mover un par de hilos para que Una continuara viviendo como indocumentada en la Santa Sede de Lothor sin mayores complicaciones.
"Está bien..."
Una se aferraba con fuerza al dobladillo de su vestido, con los labios ligeramente descoloridos.
El nerviosismo la embargaba, pero en el fondo de sus ojos se filtraba también un atisbo de alivio y serenidad.
El grandioso Señor todo lo sabía.
Todo lo que acontecía en ese momento, ¿no sería acaso una revelación que el gran Señor le enviaba directamente a ella?
Lorne no le dio mayor importancia a su actitud.
Al fin y al cabo, la tía Una estaba a punto de abandonar el rincón donde había pasado más de media vida; si no mostrara ninguna reacción ante el desalojo, eso sí que resultaría verdaderamente anormal.
No tardó en retirarse el sacerdote que había leído la proclama, escoltado por los Guerreros de la Luz Sagrada.
Los cuchicheos en torno al estrado estallaron de inmediato en un debate encendido y caótico.
Aquellos que gozaban de un estatus legal, si bien se sentían angustiados e intranquilos, distaban mucho de perder la esperanza en el porvenir.
Al fin y al cabo, la iglesia les asignaría un nuevo hogar; a lo sumo, solo les costaría un tiempo acostumbrarse al nuevo entorno.
En marcado contraste, la suerte de los clandestinos sin papeles era desgarradora.
La inmensa mayoría lucía rostros cadavéricos, con las manos temblorosas aferradas a sus ropas y la mirada empapada de terror e incertidumbre ante el mañana.
Para ellos, la Tercera Calle del Distrito de la Estrella Resplandeciente abarcaba el mundo entero.
Si los arrancaban de allí, ni siquiera sabían cómo lograrían seguir con vida...
Lorne suspiró para sus adentros y apartó la vista.
Los indocumentados.
No eran más que una existencia tolerada en las sombras mediante un tácito acuerdo común.
Con el fin de no perturbar a los ciudadanos legítimos, cada distrito contaba con un cupo rigurosamente limitado para ellos.
Él mismo había tenido que recurrir a sus contactos con Arenz para arrancarle un único espacio a la tía Una.
En cuanto a los demás desdichados, sus fuerzas eran sencillamente insuficientes para intervenir.
"Regresemos", dijo Lorne con suavidad.
"Sí."
Ambos se deslizaron en silencio fuera del gentío, sin atraer la atención de nadie.
...
...
Por la tarde.
Al considerar que los ánimos de la tía Una se habían apaciguado, Lorne se marchó.
Fue a buscar a Eriel con la intención de recuperar los ahorros de toda la vida que la anciana le había entregado.
Sin embargo, aquel hombre ni siquiera se dignó a mirarlo a la cara.
Del mismo modo en que Arenz despreciaba a los Guerreros de la Luz Sagrada en su día, Eriel miraba por encima del hombro a sujetos como Lorne, advenedizos ascendidos desde las filas de la infantería armada.
Bajo la perspectiva de Eriel...
Individuos como Lorne y Arenz, sin importar cuánto cambiara su rango exterior, jamás lograrían desprenderse de esa mezquindad y bajeza inherentes a la casta de los guerreros rasos.
¡Mucho menos cuando Lorne ni siquiera se había consagrado formalmente como sacerdote del Alba!
En cuanto al hecho de que Lorne ya fuera un Guerrero de la Luz Sagrada de tercer rango y que al transferirse fuera a ocupar, como mínimo, la posición de sacerdote de segundo rango...
¿Acaso por el mero hecho de que fuera más fuerte debía él renunciar a sus principios?
¡Ceder en eso equivaldría a morir en vida!
En conclusión, amparándose en semejantes pretextos, Eriel despachó a Lorne con un par de evasivas desganadas y lo echó sin contemplaciones.
A la vista de todo el mundo, a Lorne no le convenía desatar un altercado público, por lo que no le quedó más opción que retirarse con el rostro ensombrecido.
No regresó a la vivienda, sino que puso rumbo al Tribunal Sagrado con el propósito de acudir ante Declan.
Aunque su verdadera senda no sería otra que la de "Portador de la Espada Secreta", contar con la investidura de un "sacerdote del Alba" le facilitaría enormemente las cosas para resolver cualquier trámite.
Y fue precisamente mientras él se dirigía al Tribunal Sagrado.
En la Tercera Calle del Distrito de la Estrella Resplandeciente.
Frente a aquella precaria choza alzada con tablones y lonas, Una permanecía sentada sobre un diminuto taburete de madera, sosteniendo un pequeño trozo de pan untado con mermelada.
Comía con una lentitud infinita, arrancando apenas una brizna diminuta en cada bocado.
Al contemplar las hojas secas que danzaban dispersas por el viento a corta distancia, sus ojos rebosaban paz y una serenidad absoluta.
Lorne ya era un hombre hecho y derecho; ya no dependía de sus cuidados.
La revelación de su Señor se había manifestado, ¿qué motivo le quedaba entonces para seguir atada a este plano?
Así era.
Había asumido sin dudar los sucesos de la jornada como una epifanía concedida por el Señor del Alba.
El Señor...
La estaba llamando a Su presencia.
Tuvo que transcurrir un buen rato antes de que terminara aquel pedazo de pan.
Una se puso en pie, levantó la lona y entró en el interior del refugio.
Se mudó de ropa, poniéndose su túnica de algodón blanco: la que menos remiendos tenía y la que lucía más pulcra de todas sus prendas.
Luego, del rincón de un pequeño baúl de madera, extrajo un frasco de vidrio del grosor de un pulgar.
A través del cristal, podía observarse el vaivén de un brebaje de color carmesí oscuro.
Tomó asiento con tranquilidad sobre la humilde yacija; ante lo que estaba a punto de suceder, en su mirada no habitaba la menor sombra de temor.
La descomposición de la carne no constituía el final; las almas de los fieles creyentes acabarían ascendiendo a las alturas celestiales para alcanzar la eternidad bajo el cobijo y el resplandor divino.
"Señor mío, que Vuestra luz derrame Su bendición sobre mí."
Tras susurrar una plegaria tenue, Una retiró el tapón y apuró hasta la última gota de aquel líquido escarlata.
Habiendo concluido todo, se recostó sobre la camilla, entrelazó las manos sobre su regazo y clausuró los párpados con suavidad.
Si todavía conservara sus ahorros...
Quizá se habría comprado una prenda nueva para presentarse en el reino divino de su Señor con la mayor dignidad posible.
Pero a estas alturas...
Ya no había margen para eso.
Muy pronto, conforme los efectos de la pócima se desataron, los vestigios de su aliento vital comenzaron a desfallecer; la envoltura física se precipitaba hacia la muerte, y en ese mismo trance, su alma empezó a desprenderse paulatinamente del cuerpo.
Era una sensación de una naturaleza completamente inédita.
En medio del letargo, creyó divisar una silueta inmaculada y sagrada que avanzaba con paso sosegado desde el seno de una luminosidad infinita.
¡Pura, sublime!
Cada aleteo de aquellas alas de blancura virginal esparcía innumerables destellos de una aurora cálida y pristina.
¡Un ángel!
"Una Fisher, ¿eres acaso devota?"
Ecos de voces sacras resonaban en capas superpuestas, pareciendo perforar de lleno los confines más recónditos del alma, sumiendo a Una en el aturdimiento.
¿Había descendido un ángel del trono de su Señor para guiar su tránsito?
¿O acaso todo aquello no era más que un espejismo de su agonía?
Incapaz de distinguir la ilusión de la verdad, obedeció a los dictados de su fuero interno y formuló su respuesta.
"Tengo fe en mi Señor; jamás he vacilado en mi devoción ni por una sola fracción de segundo."
En el preciso instante en que pronunció estas palabras, la visión en sus sentidos colapsó y se hizo pedazos estrepitosamente, siendo reemplazada por una hilera de pilares sagrados cubiertos de arriba abajo por runas siniestras.
Aquellos glifos parecían haber cobrado vida de súbito, transformándose en cadenas que tironeaban y desgarraban su alma sin descanso.
Una solo fue capaz de percibir cómo su espíritu se precipitaba en una caída interminable, hundiéndose sin frenos hacia el fondo del abismo...
Tras perder la noción del tiempo, toda luz y sonido se extinguieron por completo; lo único perceptible era la negrura absoluta y un frío atroz.
¡Un frío tan atroz que parecía capaz de congelar el alma misma!
¡El Purgatorio del Pecado Original!
Quince años después, aquel reino sepultado bajo el hielo perpetuo acogía, por fin, a su primer prisionero.
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• Novela: 飞升错世界了怎么办?
• Título en inglés: What Should I Do If I Ascended to the Wrong World?
• Autor: A Jiu Wei (阿玖未)
• Traductor: Inmensurable
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Estás leyendo el capítulo 50 de ¿Qué Hago Si Ascendí al Mundo Equivocado? (Novela), un novela. Año 745 del Calendario de la Luz. Los dioses que antaño caminaban entre los mortales se han retirado a las profundidades del reino astral. Con el silencio divino, ha comenzado la verdadera era de los seres mortales.… Este capítulo tiene publicado el 10 de octubre de 2026, Traducido por el grupo Inmensurable. ¿Qué Hago Si Ascendí al Mundo Equivocado? (Novela) tiene 108 capítulos disponibles en LectorTMO, en español y sin registro.