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Leer Punto de Vista del Autor (Novela) Capítulo 859 online gratis en español

🏴 Grupo: Crowli✍️ Traducción: Crowli
Había algo tenue delante de mi visión oscurecida. Al principio, solo había un tenue resplandor ámbar, pero con el paso del tiempo, se hizo cada vez mayor. La oscuridad que me envolvía fue rápidamente vencida por esa luz tenue que se volvió tan brillante que disipó toda la oscuridad a mi alrededor. En la tenue luz, sentí algo que envolvía todo mi cuerpo y lo bañaba en una suave calidez. Se sentía bien. Muy bien. Tanto que quería recrearme en esa sensación para siempre, pero con un sobresalto repentino, el mundo blanco se hizo añicos y mis párpados se abrieron. La visión de las altísimas estanterías de madera, que llegaban hasta el techo y parecían extenderse hasta el infinito, me impedía ver. El ambiente se caracterizaba por un silencio absoluto y una extraña calma que lo impregnaba todo. Parpadeando, me incorporé gradualmente y miré a mi alrededor. El mundo… estaba cubierto de libros y estanterías que parecían extenderse hasta el infinito. Incliné la cabeza hacia adelante y me concentré en mis manos, apretándolas y aflojándolas al hacerlo. Mis heridas anteriores habían sanado por completo y comenzaba a sentirme plena de nuevo. Apoyé las manos en el suelo de madera, que crujió a mi paso. Me incorporé con cuidado y miré a mi alrededor. Finalmente, mi mirada se detuvo en un pequeño patio a lo lejos. Estaba situada sobre un exuberante suelo verde, y un libro cubierto de runas doradas reposaba sobre el altar. Me bastó un instante para darme cuenta de qué libro se trataba, y me pareció como si mis pies actuaran por sí solos cuando comenzaron a dirigirse hacia el patio. Bastó un solo paso para alcanzarlo, y al hacerlo, me detuve en seco. Me quedé con la boca abierta, pero no me salió ningún sonido. "Te llevó un tiempo." Una voz familiar llegó a mis oídos. Una voz que pensé que nunca volvería a oír, y cuando miré al frente, vi a alguien a quien pensé que nunca volvería a ver. Desde el momento en que lo vi, supe que era él. No era una proyección ni una alucinación creada por los discos. Podía sentirlo en los poderes que aún recorrían mi cuerpo, y me dolía un poco el pecho. Aun así, me obligué a sonreír. "¿Llegué tarde?" "Muy." Esta vez sonreí con sinceridad y me dirigí al patio, donde él me vio. Me senté en el banco frente a él y disfruté del paisaje. "Cómo estás…" "¿Cómo es que estoy vivo?" Él terminó la pregunta por mí, y sin mirarlo, asentí con la cabeza. "Sí…" —No es que esté vivo —respondió, mirando fijamente el mundo que lo rodeaba en el patio—. Simplemente estoy en el lugar donde nací. No estoy ni muerto ni vivo, solo una proyección del poder que aún pervive en los discos. "Veo." Comprendiendo un poco de lo que decía, asentí con la cabeza. Al girarme y encontrarme con sus ojos carmesí, dirigí mi atención al libro que reposaba sobre el altar. "¿Esos son los discos?" Con una expresión compleja en el rostro, asintió con la cabeza. "Sí." El libro estaba rodeado de runas doradas y palabras que se movían y giraban a su alrededor como en un vórtice. El resplandor que lo envolvía no era particularmente intenso, pero mientras lo observaba fijamente, de repente sentí una llamada que emanaba de él. "Seguir." Cuando oí su voz, me volví para mirarlo una vez más, y él me sonrió levemente. "En el momento en que tus manos toquen el libro, serás elevado al puesto de Supervisor y tendrás acceso a todos los aspectos del universo. Serás responsable de mantener el orden en todo el universo y de evitar que se repitan sucesos similares a los de Jezabet..." Al oír sus palabras, fruncí el ceño. "Eso suena bastante problemático." "Es." Ni siquiera se molestó en negarlo mientras asentía con la cabeza. Quise negar con la cabeza ante sus payasadas, pero recordé algo. "¿Qué pasó con todos los que volvieron a la Tierra?" Desde el momento en que derroté a Jezabeth, me encontré en este mundo. Seguía sin tener ni idea de qué había sido de los demás en la Tierra. ¿Estaban bien? ¿Se había resuelto todo? ¿Les había pasado algo? "No te preocupes por ellos." Kevin tranquilizó, señalando los discos. "Si tienes curiosidad, consulta los registros. Todas tus preguntas serán respondidas en el momento en que te conviertas en el nuevo Supervisor." Siguiendo su señal, mi mirada se posó en el libro en el centro del altar. Con cada segundo que pasaba, brillaba con más intensidad, y los susurros a mi alrededor se hicieron cada vez más fuertes, invitándome a acercarme a ellos. Volví a mirar a Kevin una vez más, vi que me saludaba con la cabeza y apreté los labios. Aparté la mirada de él y me detuve justo delante de los discos. Al instante, los suaves susurros que llegaban a mis oídos cesaron, y extendí la mano. Al entrar en contacto con el libro, una luz brillante inundó toda mi visión, y runas doradas y garabatos flotaron a mi alrededor. El mundo a mi alrededor comenzó a temblar, y las altas bibliotecas en la distancia se extendieron en todas direcciones. Sin prestar atención a lo que sucedía a mi alrededor, abrí lentamente el libro, y después todo se volvió blanco. Fue entonces cuando lo vi... La verdad. * * * . . . . . ¡Papá! El silencio reinaba en el ambiente mientras Ren cerraba el libro que tenía entre las manos. En ese breve instante, Kevin observó cómo el rostro de Ren experimentaba una serie de cambios, mostrando toda una gama de emociones. Ira, tristeza, felicidad… mostró todas las emociones posibles hasta que, finalmente, su mirada se volvió extremadamente tranquila. Eso duró hasta que cerró el libro. En cuestión de segundos, Kevin se quedó allí sentado con la mirada fija en él. —¿Qué has visto? —preguntó, curioso por comprender qué había provocado la reacción de Ren. Ren cerró los ojos, giró la cabeza y sus miradas se encontraron. Le sonrió dulcemente. "Vi... lo que necesitaba ver." Ren no cambió mucho tras escuchar los discos, pero definitivamente había algo diferente en él. Era como si estuviera allí, pero a la vez no. "¿Qué viste?" "Mhm." La respuesta de Ren desconcertó a Kevin, quien intentó indagar más, pero lo único que obtuvo fue la misma sonrisa amable de antes. Ren extendió la mano hacia adelante y abrió la palma para revelar varios fragmentos en ella. Clank. Clank. Clank. Los fragmentos flotaban sobre su palma y gradualmente se fueron agrupando mientras un brillante resplandor blanco los envolvía a todos. "La vida es realmente curiosa. Tenía una vaga sospecha, pero nunca pensé que fuera así... Finalmente entiendo el verdadero significado del mundo que me mostraste... y por qué, para empezar, nunca existí." Kevin se esforzó por comprender lo que Ren decía, pero lo que oyó lo confundió por completo. Le quedó claro que aquello de lo que Ren hablaba estaba muy por encima de sus conocimientos. "Antes creía que todo tenía un comienzo, pero jamás imaginé que mi percepción del tiempo fuera errónea. El tiempo... es una medida que creamos para medir un principio y un fin, pero ¿y si nunca hubo un principio? ¿Y si simplemente... estaba ahí?" Cuanto más hablaba, más se confundía Kevin, pero seguía escuchando. Había algo en sus palabras que lo fascinaba, y cuanto más escuchaba, más sentía que comprendía algo. ¡ALAS! Un repentino resplandor blanco lo sacó de sus pensamientos, y al recobrar la consciencia, vio una pequeña caja metálica levitando sobre la palma de Ren. Una espesa niebla negra envolvía el cubo y palpitaba débilmente mientras flotaba. "¿Qué es eso?" "Este…" Ren miró fijamente la caja y sonrió. "Se podría decir que esto es la continuación de todo." Hizo una pausa. “...El comienzo de un libro muy largo. Uno que yo mismo he creado y del que formo parte...” Mientras observaba la caja que descansaba sobre la palma de su mano, esta comenzó a temblar repentinamente. Al poco tiempo, apareció una grieta junto a la caja, y Ren la lanzó con cuidado para que cayera dentro. Sus acciones desconcertaron a Kevin, quien miró a Ren con perplejidad, pero todo lo que recibió como respuesta fue una mirada perpleja seguida de un suspiro. "Si es así..." Negando con la cabeza, Ren frunció los labios y se giró para mirarlo. Tras mirarse fijamente un instante, Ren agitó la mano y el entorno comenzó a transformarse. El patio se derrumbó, y las estanterías desaparecieron del lugar. Lo que los sustituyó fue un pasillo largo y estrecho con una luz brillante al final. "¿Deberíamos regresar?" ¿De vuelta?... ¿A dónde? "¿Dónde más?" Ren dio un paso adelante y le hizo un gesto con la mano para que avanzara. "Hogar." * * * [En un mundo lejano, desconocido.] El sol salió sobre las onduladas colinas de su pequeña granja, y dos demonios caminaban de la mano por los exuberantes campos verdes, contemplando la serena belleza de su mundo. La hierba alta se mecía con la suave brisa, y las flores silvestres salpicaban el paisaje con brillantes explosiones de color. ¡Tak! ¡Tak! ¡Tak! Juntos, la pareja cuidaba con esmero sus cultivos, plantando nuevas semillas y cosechando verduras maduras de la tierra. Trabajaban en perfecta armonía, complementando las fortalezas y debilidades del otro. Uno tenía un trato delicado con las plantas, guiándolas para que crecieran y prosperaran, mientras que el otro era sólido y robusto, capaz de labrar la tierra y levantar cargas pesadas con facilidad. Mientras trabajaban, la pareja charlaba y reía, disfrutando de la compañía mutua en el entorno tranquilo. El calor del sol sobre su piel y el aroma fresco de la tierra les infundían ánimo, recordándoles los placeres sencillos de la vida. Así era su vida... A lo lejos, un pequeño grupo de niños demonios jugaba y se perseguía unos a otros por los campos. El sonido de sus risas y el susurro de la hierba contribuían a la idílica escena, creando la sensación de un momento congelado en el tiempo donde nada más importaba que la belleza del mundo y la alegría de la familia. Era tan tranquilo... Esa paz... sin embargo, no duró mucho. "¿Qué es eso?" Al percatarse de algo, la mujer dejó lo que estaba haciendo y miró al cielo. Allí pudo ver un pequeño objeto negro que descendía a toda velocidad y se dirigía hacia ellos. En cuanto se dio cuenta de lo que sucedía, empezó a asustarse y se giró para mirar a su compañero, que también miraba al cielo. Estaba a punto de llamarlo cuando, de repente, un destello plateado cruzó el aire y se estrelló contra el suelo junto a donde estaban. ¡WIIIIIIIIIING—! No hubo mucha explosión. Al caer al suelo con un golpe sordo, la pareja se miró con asombro. "S, ¿deberíamos ir a comprobarlo?" El marido le propuso matrimonio, mirando a lo lejos con profunda inquietud. Solo cuando la mujer asintió con la cabeza se pusieron en marcha, y al acercarse al lugar donde había caído el objeto, se sorprendieron al ver una caja metálica en el suelo. Aunque tenue, un tono negro se filtraba al suelo desde el cuerpo de la caja. Pasó desapercibido para los dos demonios, que eran incapaces de detectarlo. "¿Qué es esto?" ¡No lo toques! Al ver la caja, el hombre intentó acercarse, pero su esposa lo detuvo de inmediato, mirándola fijamente con profunda aprensión. "No sabemos qué contiene la caja... es mejor que la manejemos con cuidado, especialmente cuando..." Girando la cabeza, miró a los niños que jugaban a lo lejos y luego volvió a mirar a su marido, que pareció haber comprendido sus intenciones, pues asintió con la cabeza. Sin que ellos lo supieran, a lo lejos, un niño sentado sobre una roca los miraba fijamente con dos ojos teñidos de absoluta oscuridad. "Así que así son las cosas…" Mientras miraba a la pareja a lo lejos, y más concretamente a la caja que estaba debajo de ellos, los ojos del niño se entrecerraron mientras observaba. En ese momento, por fin lo comprendió. La razón de su existencia. La razón de todo lo que había sufrido… La razón de su obsesión con la verdad. Una mezcla de emociones nubló el rostro del niño. Ira, tristeza, felicidad, lástima… se sucedían en secuencias antes de que, finalmente, apareciera una sonrisa en su cara. Desde que llegó al poder, solo había tenido un objetivo: encontrar el sentido de su existencia. Se había obsesionado con ello y, finalmente, lo comprendió. Comprendió el motivo de su existencia. No fue un error. …y eso era todo lo que necesitaba saber. "T, gracias…" La tristeza que se había apoderado de los ojos del niño desapareció, y en su lugar apareció una mirada inocente mientras el niño miraba a su izquierda y a su derecha con desconcierto. "¿Ah? ¿Dónde estoy?" "Jajajaja" Fueron las risitas discretas que venían de atrás las que llamaron su atención y, al girar la cabeza, el niño vio a varios niños que le saludaban con la mano. "¡Venir!" Lo llamaron. Sus sonrisas eran inocentes y llenas de picardía. ¡Ven a jugar con nosotros… Jezabet! La niña, Jezabeth, apoyó sus manitas en la roca, saltó de ella, les devolvió el saludo con la mano y gritó. "¡Ya voy!" [Punto de vista del autor] – Fin. Tiutlo: Epílogo — El esfuerzo nunca te traiciona [1] "¿Alguien me puede explicar la teoría del multiverso?" El aula estaba abarrotada de estudiantes, con la mirada fija en el frente, cautivados por el fascinante par de ojos color amatista que se encontraban con sus ojos. La clase de hoy tuvo como tema [Filosofía de la Mecánica Cuántica]. Uno de los muchos temas teóricos presentados a los estudiantes en la esclusa. En la clase de hoy, estaban explorando un nuevo tema. La teoría del multiverso. ¿Hay alguien aquí que tenga alguna idea? Donna recorrió con la mirada el aula silenciosa, sintiendo numerosas miradas fijas en ella. Para su decepción, ninguna parecía dispuesta a responder a la pregunta. 'Parece que este año va a ser difícil...' Esto no fue un buen comienzo. Año tras año, todo seguía igual... independientemente del curso académico en el que impartiera clases, siempre priorizaba las lecciones prácticas, relegando la teoría a un segundo plano. Podía contar con los dedos de una mano a los alumnos que conseguían mantenerse despiertos durante todos sus años de enseñanza de conceptos teóricos. "Mmm." Tras recorrer el aula con la mirada una vez más, la expresión de Donna se detuvo en una dirección concreta y sus ojos se agudizaron. Al cruzar miradas con un par de ojos, Donna sintió que su objetivo se estremecía visiblemente, intentando ocultar su rostro enterrando la cabeza entre los brazos. Desafortunadamente para ellos, ya era demasiado tarde. Donna ya les había fijado la mirada. 'Es cierto... olvidé que tú también estabas aquí.' Con una repentina curvatura de labios, la boca de Donna se entreabrió. "Puesto número 1, Nola Dover. ¿Tiene usted alguna opinión al respecto?" Un apellido conocido. Una persona a la que tuvo el placer de conocer hace unos años. Y con eso bastó para que toda la clase girara la cabeza y apartara la mirada de Donna. Una hazaña que antes se consideraba imposible. "Puaj." Donna oyó el gemido de Nola alto y claro. No era fuerte, pero con sus sentidos, no tuvo dificultad en oírlo. Alzó una ceja. "¿Oh? ¿Pasa algo?" "Ah... Ugh... No..." El rostro de Nola experimentó una serie de cambios antes de que finalmente bajara la cabeza en señal de resignación. Donna sonrió. 'Realmente se parece a él en más cosas que en otras... No estoy seguro de que eso sea algo bueno.' —Bien. Entonces… —frunció los labios—, ¿te importaría explicarle a la clase lo que sabes sobre la teoría del multiverso? Nola se despeinó suavemente mientras se levantaba lentamente de su asiento. Sintió las numerosas miradas fijas en ella en el aula y murmuró para sí misma, frustrada. 'Todo es culpa suya...' La persona en cuestión no era otra que su hermano, Ren. Tras salvar él solo al mundo y triunfar sobre el Rey Demonio, ascendió a la cima de la jerarquía humana, ganándose el prestigioso título de máximo clasificador y héroe venerado. Nombres que les daban vergüenza ajena a ambos. Sin embargo, el verdadero problema radicaba en que la había inscrito en el Programa Lock sin permitirle usar un disfraz. No solo eso, sino que también se aseguró de que todos supieran que era su hermana. Recordando el día en que la dejó en la academia... Ella se estremeció. "Nola, no tenemos todo el día." "Ah, sí." Nola se estremeció, pero se recuperó y rápidamente comenzó a hablar. "La teoría del multiverso propone que existen innumerables universos ahí fuera, cada uno con su propio conjunto de leyes físicas, constantes y condiciones. Estos universos pueden tener historias diferentes, versiones diferentes de nosotros mismos e incluso leyes físicas diferentes que los rigen." Era un tema con el que no estaba muy familiarizada, pero no ocupó el primer lugar debido a su relación con su hermano. En realidad era inteligente y talentosa en eso. Quizás se debiera a él, pero aun así se esforzó mucho para llegar a donde estaba. Le irritaba la idea de que la gente la considerara una hermana mantenida. "Naturalmente, es posible que compartan una historia idéntica, realicen las mismas acciones y se rijan por las mismas leyes de la física que nuestra realidad..." Quería demostrar que era tan talentosa como su hermano y que no había movido hilos para llegar a su puesto actual. Los celos eran un sentimiento demasiado común entre aquellos que estaban por debajo de ella. En cualquier caso, respecto a esas miradas, todo lo que tenía que hacer era demostrar que no había llegado allí con ayuda y que todo se debía a su duro trabajo. El hecho de que recitara lo que sabía sobre la Teoría del Multiverso demostraba que sus esfuerzos no habían sido en vano. Sus noches en vela no habían sido inútiles. "Sin embargo, podrían existir en una línea temporal alternativa, progresando a un ritmo diferente al nuestro. Esta divergencia podría abarcar desde meros minutos, horas o días hasta brechas más sustanciales como semanas, meses, años o incluso décadas por delante de nuestro estado actual." 'Sí... así es como debería ser...' Al ver las miradas fervientes de sus compañeros mientras recitaba lo que había aprendido el día anterior, Nola sintió que su ego se disparaba. 'Eso es, sigue mirándome así.' Los leves rubores de los chicos, las miradas envidiosas de las chicas de la clase... Nola lo captó todo. Grabó esa escena en su mente para siempre. Esta visión le confirmó que era impecable... que era la envidia de todos. Que todos sus esfuerzos no habían sido en vano... y que... era perfecta. Solo eso... 'Estado.' Nola comenzó a apretar el puño en secreto mientras una imagen holográfica aparecía ante sus ojos, y su mirada se detuvo en una sección determinada. Poco a poco, su habla se volvió confusa y su voz se debilitó. "Existen varias... haaa... versiones de la teoría del multiverso, incluyendo el multiverso inflacionario, el panorama de la teoría de cuerdas y... y... el multiverso cuántico..." ===Estado=== Nombre: Nola Dover Clasificación: D Fuerza: D Agilidad: D+ Resistencia: D- Inteligencia: D Capacidad de maná: D- Suerte: B Encanto: G- --> Profesión: [Mago nivel 1] ========== "Estas diferentes interpretaciones proporcionan diferentes mecanismos para la existencia de múltiples universos dentro del marco general del multiverso... ¡Maldita sea!" ¡BANG! Incapaz de soportarlo más, golpeó la mesa con el puño y maldijo. ¡¿Cómo es posible esto?! Al ver cómo la miraban todos, ¡era imposible que fuera cierto! Esa era la causa de su complejo de inferioridad, que la había estado atormentando durante muchísimo tiempo. ¡Ya no podía soportarlo! ¡¿Por qué demonios tenía tan poco encanto?! "Lo juro... Alguien debió haber..." "¡Nola Dover!" ¡¿Hola?! Al oír una voz potente que venía del frente, Nola se estremeció y miró fijamente al frente. Fue entonces cuando su mirada se cruzó con la de Donna, y sintió un escalofrío recorrerle el cuerpo. Su mirada lo decía todo, y cuando giró la cabeza para ver las reacciones de asombro de sus compañeros, supo que la había liado parda. 'Oh, joder...' Tragando saliva, abrió la boca con vacilación y dijo: "¿Q...me creerías si te dijera que tengo una buena razón para mi arrebato?" * "Ay..." Nola dejó escapar un suspiro de frustración mientras se frotaba la oreja con el meñique. Se giró y, mirando fijamente la puerta de madera que tenía detrás, frunció el ceño. 'Entiendo que estuviera enfadada, pero no tenía por qué sermonearme durante más de una hora...' Sinceramente... su hermano ya le había hablado de lo estirada que era Donna, pero nunca imaginó que sería tan grave. La impresión que tenía de ella —la de una hermana mayor guapa y simpática— se desmoronó por completo en un solo día. "Aun así... tampoco es realmente culpa mía..." Nola, con gesto adusto, volvió a abrir la ventana de estado. Su mirada se desvió de nuevo hacia la sección de amuletos. Se masajeó la frente al sentirla palpitar. "En serio... ¿por qué no está aumentando en absoluto?" No tenía ningún sentido para ella. Todas sus estadísticas aumentaban a un ritmo excepcional. Ya fuera fuerza, agilidad o cualquier otra estadística, aumentaba a una velocidad vertiginosa. Era la mejor de su curso, con una fuerza que incluso superaba a la de algunos alumnos de segundo año. Entonces... ¿Por qué todas sus estadísticas, aparte de su encanto, seguían aumentando? Para ella, aquello no tenía absolutamente ningún sentido. —¡Uf! —Nola se despeinó con frustración mientras se dirigía a la salida del edificio—. ¡Te lo juro, esto tiene que ser una conspiración! ¡Imposible que mi encanto sea tan bajo! ¡Lo sé con certeza! Se detuvo un segundo, girando la mirada para observar a un estudiante que pasaba junto a ella. "Eh, tú." Ella lo llamó. "¿A mí?" Se detuvo en seco y la miró fijamente. En cuanto sus miradas se cruzaron, apartó la vista rápidamente y empezó a temblar nervioso. "¿Sí...?" "Mmm." Nola entrecerró los ojos, estudiando con atención a la estudiante que tenía delante. ¿Parece que es tímido? No estaba del todo segura, pero la forma en que él evitaba su mirada y parecía nervioso indicaba lo contrario. Quizás tenía miedo, pero... 'Me está espiando...' La forma en que la miraba furtivamente lo decía todo. En efecto, ella lo había cautivado. "Puedes irte." Nola lo despidió, se dio la vuelta y salió del edificio. Al salir, una ráfaga de aire la recibió, haciendo que su cabello ondeara con la brisa. Al encontrarse en la Sección B durante el día, la zona estaba repleta de numerosos estudiantes que no podían evitar mirarla de reojo cada vez que pasaba. Ya fueran humanos, elfos, enanos o incluso demonios, todos la observaban furtivamente. En efecto, tras la conclusión de la guerra, la Tierra experimentó profundos cambios. La división que una vez separó a las cuatro razas desapareció, y ahora todos podían inscribirse en la Esclusa. La gente antes esperaba que los demonios fueran exterminados o desterrados por lo que habían hecho, pero bajo las órdenes de su hermano, fueron perdonados e incluso integrados en la sociedad. Sin duda, persistía cierto malestar entre los demonios y las demás razas. Los demonios habían causado la muerte de seres queridos e infligido un profundo dolor a muchas familias, creando un comprensible cúmulo de resentimiento. Aun así, todos comprendían que no todos los demonios eran malos, y por eso, bajo estricto control, a algunos se les permitió migrar a la Tierra e Immorra, mientras que otros fueron enviados lejos. Al final, el camino hacia la plena integración aún era largo. Pero eso no venía al caso. —Esto es extraño —murmuró Nola, llevándose la mano bajo la barbilla. La forma en que la miraban la hizo pensar que, en efecto, no se equivocaba. ¿Sería acaso porque era su hermana? ¿Podría ser esa la razón por la que todos la miraban así? Posiblemente, pero... La forma en que los chicos la miraban... —Mmm —dijo Nola, entrecerrando los ojos—. No puede ser una coincidencia, ¿verdad? ¿De verdad alguien me está tomando el pelo? Pero, ¿cómo fue posible? ¿Cómo podría alguien influir en el sistema? Tendría que ser un dios o algo así para poder hacerlo. ¿Podría ser obra de mi hermano? "Nah, pfft." Negó con la cabeza, riendo casi. ¿Por qué su hermano se molestaría siquiera en hacer algo así? 'Tal vez sea algo genético.' Recordaba que su hermano había maldecido su encanto varias veces en el pasado. De hecho, siempre que Amanda tenía oportunidad, lo molestaba con eso. La situación se había vuelto tan insoportable que Han Yufei, Amanda y su hermano no podían permanecer en la misma habitación antes de que él estallara y comenzara a amenazar a todos. "Suspiro, bueno... supongo que realmente es algo genético." Su hermano no era feo. De hecho, era bastante guapo. En cierto modo, parecía que estaban condenados a tener poco atractivo. Pero aún así... Por alguna razón, presentía que algo raro pasaba. Por alguna razón, sentía que su encanto estaba deliberadamente al mínimo. No sabía por qué... pero sentía que quienquiera que lo hubiera hecho, lo hizo por despecho. 'No podía ser mi hermano, ¿verdad?' Un pensamiento repentino captó su atención. "No hay manera." Pero ella rápidamente se sacudió la idea de encima. Aunque su hermano era fuerte, era imposible que pudiera cambiar su estado. Tendría que ser un dios para lograrlo. Además, ¿por qué motivo querría reducir su encanto? 'No puede ser porque no quiera ser el menos encantador de la familia, ¿verdad?' —¡Ja! —rió Nola—. ¡Como si fuera posible! Era imposible que fuera tan mezquino... ¿Bien? * * * Por otro lado, en otra parte de la ciudad de Ashton tenía lugar un importante acontecimiento. ¿Estáis listos? "Esto... ¿no es un pequeño retroceso?" "¿De qué?" "Quiero decir... ya sabes... solíamos ser una organización muy secreta y poderosa, y..." "Ya no estamos en guerra. ¿Qué sentido tiene el gremio de mercenarios?" Las palabras de Angélica atravesaron directamente las de Ryan. "..." Ryan frunció los labios, y su tono denotaba una evidente decepción. "Supongo que tienes razón." Desde el fin de la guerra, la Tierra ha experimentado numerosas transformaciones. La ausencia de invasiones demoníacas provocó el cierre gradual de las otrora abundantes mazmorras que se extendían por todo el planeta. Además, con la desaparición del Monolito, los gremios y las organizaciones mercenarias comenzaron a disolverse. Sin mazmorras ni demonios que combatir, ya no tenía sentido. La Unión seguía existiendo y era la encargada de mantener el orden en el planeta. Si bien muchos de los grandes gremios habían cerrado, eso no significaba que todos hubieran quebrado. Ante la ausencia de mazmorras, el comercio interdimensional se convirtió en algo muy importante, y los gremios, que una vez dominaron la Tierra, no tardaron en convertirse en comerciantes. —Oye… —Ryan se frotó la punta de la nariz, mirando el letrero que colgaba en lo alto del edificio frente a él. Entrecerró los ojos—. ¿De verdad tenemos que hacer esto? Sabes… ¿por qué no seguimos el ejemplo de los otros…? "Callate." Una nueva voz interrumpió sus palabras, y cuando giró la cabeza, los ojos de Ryan se abrieron de par en par. —¡Tú! —Señaló a PequeñaSerpiente—. ¡Aquí las cosas no funcionan así! "¿Eh?" PequeñaSerpiente miró a Ryan con una expresión de duda. "¿Entonces cómo...?" "Callate." Las palabras de Ryan interrumpieron a PequeñaSerpiente. Al ver la expresión de sorpresa en el rostro de PequeñaSerpiente, Ryan sonrió. "Sí, mucho mejor. Así es como debería ser." Sentía una extraña satisfacción cada vez que lograba pronunciar esas palabras a PequeñaSerpiente. ¿Sería por eso que Ren se había vuelto adicto a decirlas antes? "Espera, ¿qué...?" "Callate." Esta vez era el turno de Angélica, y PequeñaSerpiente cerró la boca al instante mientras se giraba para mirarla, desconcertado. "Tú también no..." Parecía afligido. ¿Qué mal había hecho? Angélica le lanzó una mirada de reojo y apartó la vista. Su actitud sugería que intentaba evitar que discutieran. Sin embargo, la leve sonrisa que se dibujó en sus labios la delató. No es que se dieran cuenta. "Dejen de discutir y preparen todo. Como ya no somos un grupo mercenario, tendremos que empezar a ganar dinero de otra manera." "Puaj." Ryan gimió, encorvándose lentamente. Alzando la cabeza, señaló el letrero de arriba. "Lo entiendo, pero ¿en serio? ¿Un bar? ¿Por qué, de entre todas las cosas, decidiste abrir un bar? ¡Qué aburrido! ¿Sabes qué? Ahora que lo pienso, suena como una idea ingeniosa. Quien la haya ideado debe ser un genio." Su tono cambió drásticamente al sentir la mirada fulminante de Angélica. Frotándose las manos, comenzó a halagarla sin parar. "Señor, señora, todopoderosa demonio, estoy tan enamorado de lo que estáis intentando..." "¿Puedes parar?" La situación había llegado a tal punto que incluso PequeñaSerpiente empezaba a sentir escalofríos. ¿Qué le había ocurrido a Ryan mientras estuvo desaparecido? PequeñaSerpiente llevaba un año de regreso y aún no lograba acostumbrarse al nuevo Ryan. —No lo entenderías —Ryan negó con la cabeza, mirando a PequeñaSerpiente con desaprobación—. Si crees que yo soy malo, espera a ver a los demás... Todos hemos sufrido bastante mientras no estabas aquí... "¿Oh?" PequeñaSerpiente se sorprendió aún más y no pudo evitar mirar a Angélica, que estaba frente a él. ¿Qué les había hecho exactamente mientras él no estaba? ¿Acaso no estaba en el reino de los demonios? "¿Vais a seguir hablando a mis espaldas o vais a venir?" "Próximo." "Próximo." Casi al unísono, ambos enderezaron la espalda y corrieron hacia donde estaba Angélica. ¡Clank! Al abrir la puerta, los recibió de inmediato un ambiente acogedor. El interior del café era encantador y confortable, con un aire rústico pero a la vez acogedor. Al entrar, les recibió el reconfortante aroma del café recién hecho y el suave resplandor de una iluminación cálida y tenue. Se ofrecían diversas opciones de asientos, incluyendo acogedores reservados, sillas acolchadas y mesas altas. Los muebles tenían un encanto vintage, con superficies de madera desgastadas y tapicería cómoda. De fondo sonaba música jazz suave, creando un ambiente relajado e íntimo. Soplo La atmósfera tranquila se vio bruscamente interrumpida por una suave ráfaga. PequeñaSerpiente giró la cabeza instintivamente y su mirada se fijó en Leopold, quien, con aire despreocupado, tenía ambas piernas apoyadas sobre la mesa. Contemplando el humo que se dispersaba en el aire, frunció el ceño. "Pensaba que habías dejado de fumar..." —Sí —respondió Leopold con indiferencia, sin apartar la vista del humo que se elevaba sobre él—. Me detuve porque moriste; ahora que has vuelto, no tengo motivos para detenerme. Soplo Tras dar otra calada, el rostro de Leopold se iluminó de éxtasis. Había echado mucho de menos esa sensación. —Bueno… —PequeñaSerpiente iba a decir algo, pero se detuvo—. No importa. —Sacudió la cabeza y su mirada se posó en la mano derecha de Leopold, que había desaparecido. A pesar de sus esfuerzos por salvarlo durante la guerra, todo tuvo un precio: su brazo. Agotaron todas las vías posibles para regenerar su extremidad perdida, pero, por desgracia, sus intentos resultaron inútiles. Las pociones y las medicinas resultaron ineficaces, e incluso Ren, con todo su poder, no pudo ayudar en ese asunto. Fue una prueba de lo poderoso que era el demonio que casi lo había matado. "¡Oh, chicos, por fin habéis llegado!" Al salir del fondo del café, PequeñaSerpiente vio a Ava y Hein cargando dos cajas grandes. Ava, con cuidado, las colocó sobre una de las mesas y se palmeó las manos. —Ya que estáis aquí, ¿por qué no me ayudáis un poco? —Señaló detrás de ella—. A pesar de su tamaño, es bastante inútil. "Ey..." Hein frunció el ceño y colocó la caja junto a la de ella. "Literalmente hice todo el trabajo..." ¡Di Ding-! De repente, las campanas de entrada repicaron melodiosamente, captando la atención de todos. Todas las cabezas se volvieron rápidamente hacia la fuente del sonido, y sus expresiones se suavizaron al instante. Una figura entró en el café, y su expresión no era muy buena. ¿Qué te trae por aquí, Nola? ¿No se supone que deberías estar en la Academia...? "Cállate, Serpiente Pequeña." Nola fulminó con la mirada a PequeñaSerpiente, quien al instante se calló. En efecto, todo se reducía a la genética. "¿Habéis visto a mi hermano?" Nola preguntó, con la mirada perdida en todas partes. Desde que salió del despacho de Donna, no podía sacarse de la cabeza la idea de que su hermano fuera el responsable de su situación. Aunque se convenció a sí misma de que la probabilidad de que él estuviera detrás del asunto era extremadamente baja, no pudo evitar sentir una inexplicable sensación de que, tal vez, tenía algo que ver con el asunto. Ella había preguntado a sus padres por su paradero, pero parecían no saberlo, así que la única opción para ella era venir aquí. "Entonces..." Nola entrecerró los ojos, su mirada recorriendo a todos. "¿Dónde está?" * * * Al mismo tiempo. En algún lugar de Ciudad Ashton. "Huam." Liam dejó escapar un cansado bostezo, y sus párpados se sentían cada vez más pesados. No sabía cuándo, pero parecía haberse encontrado en un lugar parecido a un parque, aunque su fatiga le dificultaba estar seguro. Aunque ya no tenía problemas de memoria, parecía que su pereza persistía. Probablemente se debía a que su pereza provenía de su arte con la espada, que consumía mucha energía, pero ¿qué podía hacer? El café no le servía de nada. 'Quizás me eche una siesta aquí.' Su mirada se desvió perezosamente hacia un banco cercano, y con paso lento se acercó y se apoyó en él. Cerrando los ojos, se rindió al cansancio que lo envolvía. "Krrrrr." Su pecho subía y bajaba, y mientras dormía roncaba como una montaña. Sus ronquidos eran tan fuertes que todos los que estaban cerca podían oírlo, y muchos se alejaban de él inmediatamente. "Krrrrr." Esto continuó hasta que, finalmente, incapaz de soportarlo más, una de las personas sentadas en el parque se levantó y corrió furiosa hacia donde estaba Liam. Tenía el pelo rubio ceniza y era de complexión bastante grande. ¡Oye, cabrón! Gritó, dándole una palmada en el hombro a Liam. Como el pelo de Liam le cubría la cara, no pudo verle el rostro, pero no le importó y siguió dándole palmaditas en el hombro. ¡Oye, cabrón! ¡Despierta de una puta vez! "Krrrr." Pero los ronquidos persistieron. De hecho, se hicieron más fuertes, y la ira del hombre aumentó. "Hijo de puta―" "¿Eh, ah?" Mientras Liam despertaba poco a poco de su letargo, se apartó el pelo de la cara y alzó la vista. Para su sorpresa, se encontró con un par de ojos furiosos que lo fulminaban con la mirada. A punto de responder, el rostro de Liam se congeló y su boca se abrió involuntariamente por la sorpresa. "¿Gilbert?" Tiutlo: Epílogo — El esfuerzo nunca te traicionará [2] Tok— "..." El sonido de la botella de vidrio golpeando contra la tumba de piedra resonó en el silencioso entorno mientras Melissa permanecía allí, absorta en sus pensamientos. Sujetando firmemente la botella, tomó un pequeño sorbo del líquido que contenía, sintiendo su sabor agridulce en los labios. ¡Gota a gota! Un chorro de jugo le corrió por la comisura de los labios mientras retiraba apresuradamente la botella. "Haaagh." Exhaló, con la respiración agitada y las mejillas sonrosadas. "Sabes…" Ella empezó a hablar. "...Sé perfectamente que tengo que dejarte ir. Dejar ir los recuerdos a los que me aferro." Su visión comenzó a nublarse al quitarse las gafas, dejando al descubierto sus ojos esmeralda. "Supongo que... sigo buscando una excusa para ser mala. Llegué a odiar al mundo por tu culpa, pero al mismo tiempo, aprendí a divertirme odiándolo. No importarme la opinión de los demás, alejar a quienes intentaban conectar conmigo y, en definitiva, dar rienda suelta a mi cinismo interior no se sentía tan mal." Extendiendo la mano, colocó con delicadeza la botella de cristal sobre la fría lápida. Tok— "Pero llega un punto en que ya basta." Melissa dejó escapar un suspiro cansado, parpadeando repetidamente mientras se acostumbraba a la claridad alterada de su visión borrosa. "Es hora de que te deje ir, y de que me deje ir a mí misma. Ya no puedo seguir así. Supongo…" Cerró los ojos y alzó el rostro hacia el cielo. “…Es hora de que siga adelante. Si me estás escuchando, tú también deberías. Todavía te guardo rencor, pero deberías aprender a que te dé igual, como a mí. ¿Y qué si mi vida acabó siendo una mierda? Al final, soy quien soy hoy gracias a ti, y…” Una leve y enigmática sonrisa se dibujó en las comisuras de sus labios. "No desprecio en lo que me he convertido." Tok— Una vez más, golpeó el vaso contra la lápida como si se despidiera antes de darse la vuelta y abandonar el cementerio. Extrañamente, al aventurarse a avanzar, Melissa sintió una nueva ligereza en cada paso, como si se hubiera quitado un peso de encima de sus cansados hombros. Tras una breve pausa, volvió la vista hacia atrás, fijando la mirada en el cementerio, con los ojos atraídos por las palabras grabadas en la piedra. ===[Octavious Hall]=== Un héroe, un esposo devoto y un padre amoroso. ===[2030 — 2073]=== "Un padre amoroso... ¡bah!" Susurró suavemente, y sus palabras transmitían una mezcla de dolor y aceptación. Y con eso, Melissa continuó su camino, el peso del pasado disipándose gradualmente con cada momento que pasaba, dejándola lista para abrazar un futuro marcado tanto por cicatrices como por una renovada determinación. Era hora de que siguiera adelante y madurara. * * * Soplo El humo llenó el aire cuando Jin dio una calada a su cigarrillo. Levantó un dedo y, con un gesto juguetón, manipuló los remolinos, guiándolos por el camino que había trazado la yema de su dedo. Cuando terminó, ciertas palabras se formaron en el aire frente a él. Decían: “IAD”. "Jeje." No pudo evitar soltar una risita al leer las palabras que tenía delante. Echó una rápida mirada a su lado y apretó los labios, intentando contener la risa. 'En efecto, no hay palabras más apropiadas para ella que estas...' "¿Qué demonios estás haciendo?" Una voz molesta resonó a su lado, y la sonrisa de Jin se desvaneció. "Nada." Con un gesto de la mano, el humo se disipó. Al mismo tiempo, Priscilla entrecerró los ojos mientras lo examinaba con atención. "¿IAD?" Entrecerró aún más los ojos. "¿Por qué tengo la sensación de que está relacionado conmigo?" "Te estás imaginando cosas." Jin respondió con un aire de indiferencia despreocupada, llevándose el cigarrillo a los labios e inhalando profundamente por la colilla. Soplo —Dicho esto —hizo una pausa y la miró con los ojos entrecerrados—. ¿Qué haces todavía aquí? Ha pasado un año desde que terminó la guerra. ¿No deberías estar ya de camino? Había transcurrido un año desde la derrota del Rey Demonio, y durante ese tiempo ocurrieron numerosos acontecimientos. Priscilla y su clan, tras haber prestado una ayuda crucial durante la guerra, recibieron el privilegio de permanecer en la Tierra. Dicho esto, la mayoría de los demonios optaron por abandonar la Tierra y regresar a sus respectivos planetas. Lo mismo ocurría con su padre, el actual Patriarca del clan de la Pereza. "¿No es cierto que eres el sucesor designado del Clan de la Pereza? Supongo que alguien de tu posición tendría numerosas responsabilidades. ¿Por qué no has regresado para ayudar a tu padre?" Jin esbozó una sonrisa al pronunciar cada palabra, aunque su intención estaba sutilmente oculta. De la manera más cortés posible, básicamente le estaba expresando su deseo de que se largara. Soplo —Mmm, no puedo discutirlo —murmuró Priscilla, exhalando una bocanada de humo mientras se apoyaba en el sofá que compartían. Cerrando los ojos y saboreando el cigarrillo, observó con indiferencia a Jin a su lado—. Pero ¿qué puedo decir? Empiezo a disfrutar de mi estancia aquí. Si volviera, ¿a quién tendría el placer de molestar? "..." La expresión de Jin se crispó al oír sus palabras, dejándolo momentáneamente sin habla. La sutil sonrisa en su rostro no hizo más que intensificar sus sentimientos. "Tsk." Chasqueó la lengua. 'Demonio ignorante y arrogante'. "¿Tienes algo en contra de lo que dije?" Jin se estremeció involuntariamente, con la mirada fija en Priscilla. La forma en que ella lo miraba lo hacía sentir expuesto, como si de algún modo hubiera adivinado sus pensamientos más íntimos. Tras mirarla brevemente, asintió con la cabeza. "En realidad, sí." "¿Oh?" Priscilla arqueó una ceja. "Eres una persona muy valiente, ¿verdad?" "Y eso es lo que me han dicho." Relajado, Jin dio una calada a su cigarrillo y se recostó en el sofá. "No, no lo has hecho." "¿No lo hiciste hace un momento?" "..." "Él." Jin sonrió con suficiencia, dando otra buena calada a su cigarrillo. Le sentía bien al vencer a esa molesta, ignorante y arrogante demonio. Priscilla entrecerró los ojos. "Te vuelves más audaz cada día que pasa." —¿No te gusta? —Jin señaló la puerta—. Puedes irte. No te lo impediré. Él no le pidió que se quedara con él. Si le resultaba molesto, tenía todo el derecho a irse cuando quisiera. No iba a impedírselo, ni tampoco quería hacerlo. "Haaa..." Jin dejó escapar un largo suspiro. Echaba de menos los días en que podía relajarse a solas sin interrupciones. Ahora que ella estaba allí, ya no tenía el privilegio de disfrutar de días tan tranquilos. “¡Qué desastre!”, murmuró para sí mismo, lanzando una mirada de resentimiento hacia Priscilla. Una mirada que ella le devolvió de inmediato. ¿Qué estás mirando? Mientras miraba fijamente la mirada amenazante de Priscilla, a Jin se le ocurrió una idea repentina. “Es bastante mona cuando está enfadada... eh, no, ¿en qué demonios estoy pensando?”. Con un escalofrío, Jin apartó rápidamente el pensamiento de su mente mientras se enderezaba. Casi se había perdido en sus pensamientos por un instante. ¡Cling! "¿Hm?" Justo en ese momento, sonó su teléfono. "¡Joder...!" Mientras Jin miraba fijamente el mensaje en su teléfono, su expresión se descompuso y apretó con fuerza el aparato. Priscilla, al notar su reacción, se inclinó para echar un vistazo a la pantalla. —¿Qué pasa? Déjame ver —exigió, extendiendo la mano para arrebatarle el teléfono. Sin embargo, Jin retiró rápidamente la mano y le acarició la mejilla con la otra. ¡Oye! ¡Oye! ¡Oye! ¡Límites! Jin protestó, intentando por todos los medios apartar su rostro del suyo. —No, olvídate de los límites. Déjame ver —insistió Priscilla, sin importarle en absoluto lo que Jin decía mientras se acercaba a la fuerza. ¡Oye! ¡Al diablo, basta! ¡Deja de ser un cobarde y déjame ver! ¡Sobre mi cadáver! "¿Así que deseas morir de esa manera?" Los dos forcejearon brevemente en el sofá mientras Jin intentaba apartar a Priscilla. Tentado de tirarle del pelo por la frustración, enseguida se contuvo. Aunque dijo “por encima de mi cadáver”, en realidad no quería morir. ¡Ríndete y déjame ver! "¡No!" ¡Que te jodan! Utilizando todos los medios a su alcance, ya fueran sus piernas o su cabeza, Jin contraatacó en un intento por defender su teléfono. Sin embargo, Priscilla demostró ser persistente y ágil, como un pulpo aferrándose a su brazo. Continuó con sus implacables esfuerzos por arrebatarle el teléfono. "¡Entiendo!" Al final, la lucha terminó con la victoria de Priscilla. Logró arrebatarle el teléfono a Jin, haciéndose con el control de él triunfalmente. Recostado en el sofá, el color se desvaneció de la silueta de Jin mientras comenzaba a contemplar su vida. Con mirada decidida, observó el contenido que aparecía en la pantalla, logrando finalmente su objetivo. Era el momento de que recogiera los frutos. Al encender el teléfono, introdujo la contraseña. La expresión de Jin cambió de inmediato, pero a Priscilla no le importó. Ya conocía su contraseña desde hacía tiempo. "¿Oh?" Pero al ver lo que aparecía en la pantalla, su rostro se volvió extraño y miró a Jin, quien apartó la mirada de ella. "¿En serio?" Su rostro la delataba mientras intentaba contener la risa, con las mejillas infladas y la cara enrojecida. "Pff... tú... en serio... ¡pfft!" "Dejen de reírse." La expresión de Jin se desmoronó mientras se giraba para fulminarla con la mirada. "Oh... pffftt... vale... pfttt", Priscilla, incapaz de contenerse más, estalló en una carcajada incontrolable. "¡Jajajajaja!" Las lágrimas corrían por las comisuras de sus ojos mientras reía histéricamente, golpeando con la mano el lateral del sofá con diversión. ¡Ba Bam—! Verla reír histéricamente hizo que la expresión de Jin se ensombreciera considerablemente mientras se inclinaba hacia adelante para arrebatarle el teléfono. Priscilla ni siquiera intentó resistirse; le devolvió el teléfono y siguió riendo. "Jajajaja." La expresión de Jin se ensombrecía con cada segundo que Priscilla reía. "¿Has terminado?" Jin luchaba por controlar su frustración. A pesar de sus esfuerzos por contenerse, resultó una tarea difícil, ya que Priscilla seguía riéndose de él, señalando su teléfono. "Jajaja...Y..pftt...eah." Por suerte, Priscilla logró controlarse y, poco a poco, se calmó, mientras su sonrisa se desvanecía. Jin se tranquilizó al ver esto, y justo cuando estaba a punto de dejar todo atrás, Priscilla abrió la boca. Su voz sonaba extrañamente grave. Jin, el abuelo empieza a preocuparse mucho por tu futuro. Esta es la decimoquinta cita a ciegas que rechazas. ¿Acaso hay algún problema con...? Sabes que puedes contarle al abuelo si tienes algún problema con tus órganos reproductivos. Vivimos en una época donde las medicinas y las pociones hacen maravillas. Si de verdad hay un problema, buscaré una cura por todo el continente. Puedes confiar en el abuelo en eso. Ya no estoy en mi mejor momento y me gustaría tener un nieto; por favor, piénsalo bien. Estoy muy preocupado... "¡Callate!" Jin gritó a todo pulmón, intentando desesperadamente detener la risa incesante de Priscilla. "¡Jajajajaja!" Ignorando la furia en los ojos de Jin, Priscilla continuó riendo incontrolablemente, golpeando una vez más el sofá con la mano. ¡Ba Bam—! "Yo... eh... no puedo... eh... ¡comer!" Priscilla jadeaba entre ataques de risa, su diversión ahora le impedía respirar correctamente. —Asfixiarme —murmuró Jin entre dientes, con la frustración reflejada en sus palabras—. ¡Maldita sea! Apretó los puños. Jamás en su vida se había sentido tan humillado, ni siquiera cuando Ren le dio una paliza en la cerradura. A pesar de todos sus esfuerzos y contribuciones a la guerra, Jin no pudo escapar de las garras de su abuelo. Tanto antes como después de la guerra, siempre buscaba la manera de concertarle una cita a ciegas. A pesar de los repetidos rechazos de Jin en el pasado, estos resultaron ineficaces para disuadir a su abuelo. Al contrario, su abuelo regresó con aún mayor fuerza y determinación, dejando claro que no podía escapar de lo inevitable. La situación se había vuelto tan insostenible que Jin ni siquiera sabía qué hacer. ¿Debería ir a uno? El pensamiento le hizo suspirar. En realidad, no buscaba una relación en ese momento. Disfrutaba de su tranquila... bueno... Se giró para mirar a su izquierda. "¡Ahh... no puedo respirar! ¡Uhpp... ayuda!" 'Eh... supongo que no es tan pacífico.' Mientras ella permaneciera allí, su vida jamás tendría paz. Suspiró una vez más. "¿Qué hice yo para merecer esto?", soltó inconscientemente en voz alta, cubriéndose la cara con el brazo mientras se reclinaba y apoyaba la cabeza en el sofá. Estaba empezando a reflexionar seriamente sobre la vida. "No estés triste." Jin sintió un leve golpe en el hombro y retiró lentamente el brazo de su rostro. Se giró para mirar a Priscilla, quien seguía observándolo con una sonrisa que intentaba reprimir. Era evidente que aún luchaba por no reírse. La miró con furia. ¿Qué sabrás tú? Jin metió la mano en su cajetilla de cigarrillos, sacó uno y lo encendió rápidamente con el dedo. Dio una calada larga y pausada, saboreando el momento mientras exhalaba el humo. Soplo "No entenderías el dolor que sufro cada día." "Oye, vamos... No seas tan exagerado..." Priscilla habló con un dejo de lástima en la voz. Aunque la situación le resultaba muy divertida, sintió una leve compasión. No pudo evitar estremecerse al solo pensar en que su padre la sometiera a una prueba similar. Si eso ocurriera... no estaba segura de qué haría. ¡Ay! "Abandonar." Priscilla tomó un cigarrillo de la cajetilla de Jin, imitó sus acciones, lo encendió y le dio una pequeña calada. Recostada en el sofá, lo miró fijamente, con una repentina curiosidad reflejada en sus ojos. "Ey." "¿Qué?" Jin ni siquiera la miró. Pero a Priscilla no le importó, pues continuó. —Dime —dijo frunciendo los labios y bajando un poco la mirada antes de volver a levantarla—. ¿Es cierto lo que dijo tu abuelo? ¿Tú...? "Funciona perfectamente." Jin respondió antes de que ella pudiera terminar de hablar. Estaba tan cansado que ni siquiera se molestó en mirarla fijamente mientras daba otra calada a su cigarrillo con desgana. "Como ya he dicho, simplemente no me interesa." "Mmm." Priscilla entrecerró los ojos, escrutando cuidadosamente a Jin de arriba abajo. 'Qué lástima', pensó para sí misma, observándolo atentamente. Tras observarlo con detenimiento, no pudo negar que era innegablemente guapo. De hecho, superaba a la mayoría de los demonios que había conocido en su vida y probablemente se encontraba entre los más atractivos. Era una lástima que alguien tan guapo como él hubiera elegido ser eunuco. Una verdadera lástima. Ella volvió a negar con la cabeza. —¿Por qué me miras así? —preguntó Jin, girando la cabeza para mirarla. Había una lástima palpable en su mirada que lo incomodó. "¿De verdad nunca te has planteado ir a esas citas a ciegas?" Priscilla no le respondió. En cambio, le preguntó qué era lo que más le intrigaba. —Estoy segura de que no tendrías problemas para encontrar pareja si fueras allí. A menos que… —Priscilla entrecerró los ojos de repente, con un brillo travieso en la mirada—… ¿Ya te gusta alguien? "..." Sin decir palabra, apartó la mirada de ella. "¿Eh?" El repentino silencio de Jin dejó atónita a Priscilla, cuya sonrisa se desvaneció con bastante rapidez. "¿No me digas que de verdad te gusta alguien?" Las palabras de Priscilla denotaban una clara sorpresa, revelando su genuino asombro. Jamás, ni en sus sueños más descabellados, se habría imaginado que aquella persona tan idiota que tenía delante pudiera albergar sentimientos románticos por alguien. '¿Quién es?' De repente, la invadió una abrumadora sensación de curiosidad, impulsándola a descubrir la identidad de la persona que había conquistado el corazón de Jin. ¿Qué te importa? Jin preguntó, mirándola brevemente de reojo. —No, pero… —Priscilla apretó los labios, de repente incapaz de articular palabra. 'Exacto, ¿qué me importa a mí?' Mientras Priscilla reflexionaba sobre la situación, reconoció que en realidad no era asunto suyo. No debía involucrarse en tales asuntos. Sin embargo, una inesperada sensación de inquietud comenzó a apoderarse de ella. A pesar de su reticencia inicial, la incomodidad de la incertidumbre la atormentaba, impulsándola de una forma extraña a descubrir la verdad. "En realidad, para ser honesta, no me importa mucho, pero de repente tengo curiosidad. ¿Qué tipo de persona puede hacer que alguien como tú se enamore de ella?" Las excusas empezaron a brotar de su boca, pero al mismo tiempo, contenían algo de verdad. En efecto, Priscilla no podía evitar preguntarse qué clase de persona podría llegar a conmover de verdad a Jin. Durante todo el año que habían pasado juntos, no había conocido a nadie que pareciera capaz de despertarle tales emociones. A sus ojos, él parecía algo distante emocionalmente, como un eunuco. La mera idea de que alguien lograra penetrar su estoica fachada despertó aún más su curiosidad. "Bueno, para ser honesto, ya no estoy seguro." Jin se encogió de hombros, insinuando sutilmente que estaba considerando compartir sus pensamientos con Priscilla. Aunque no tenía obligación de hacerlo, una extraña sensación lo impulsaba a revelar sus pensamientos. Parecía que, durante el año que llevaban juntos, se había encariñado un poco con aquella demonio ignorante pero arrogante. ¿Qué quieres decir con que no estás seguro? —Significa lo que significa —dijo Jin, bajando un poco la mirada—. Hubo un tiempo en que me gustaba, pero ahora… —levantó la mano y se rascó la barbilla—. Ya no estoy tan seguro. La persona en cuestión no era otra que Melissa. En efecto, hubo un tiempo en que él estuvo enamorado de ella. Formaba parte de su oscuro pasado, pero... los sentimientos eran reales. ¿Qué tenía ella que le hizo enamorarse de ella en aquel entonces? "Creo que la principal razón por la que me gustaba en aquel entonces era por su estatus. Antes era muy ambicioso. Quería ser el número uno en todo, y quería que nuestro gremio fuera el número uno." El padre de Melissa era Octavious Hall, el héroe número uno del mundo. Si hubiera logrado casarse con ella en aquel entonces, habría podido ayudar a su gremio a alcanzar la cima y superar a los Cazadores de Demonios. Esa... quizás fue la razón principal por la que le gustaba en aquel entonces. 'En realidad, no solo eso...' Tuvo que admitirlo. Melissa era realmente hermosa. Una de las chicas más bellas que jamás había visto. De no ser por su terrible personalidad, tendría una fila interminable de pretendientes siguiéndola a todas partes. “...Su personalidad me gustaba bastante.” Quizás lo que realmente lo atrajo de Melissa en aquel entonces fue su personalidad. No había mucha gente que lo reprendiera abiertamente de esa manera. Ella era una de las pocas que se atrevía a arremeter contra él. "¡Joder, me sorprende que alguien como tú pueda tener a alguien que realmente le guste!" "¿Qué significa eso siquiera?" Jin fulminó con la mirada a Priscilla, quien le devolvió la mirada con los ojos entrecerrados. Finalmente, apartó la vista de él y se encogió de hombros. ¿Cuál es tu tipo? Tenía verdadera curiosidad por saberlo. Quizás porque se había acostumbrado a él a lo largo del año, empezaba a sentir curiosidad por sus preferencias en algunos asuntos. "¿Mi tipo?" En lugar de replicarle, Jin mordisqueó el cigarrillo que tenía en la boca antes de revelar lo que había ideado previamente. "Supongo que... alguien fuerte. Arrogante. Que se enfurece con facilidad... que no me adula. Independiente... Molesto, pero..." Los ojos de Jin se abrieron de repente mientras reflexionaba sobre sus palabras y giró la cabeza, encontrándose con la mirada de Priscilla. Ella también tenía los ojos bien abiertos. De repente, toda la habitación quedó en silencio. ¡Tak—! ¡Tak! Y ambos cigarrillos cayeron de sus bocas mientras el rostro de Jin palidecía de horror. "Oh, mierda."
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Estás leyendo el capítulo 859 de Punto de Vista del Autor (Novela), un novela. La persona alrededor de la cual gira el mundo. La persona que derrota a todos sus oponentes y, al final, se queda con la chica guapa. La única existencia que todos los villanos temen. Ese es el protagonista. ¿Y yo qué?… Este capítulo tiene publicado el 7 de enero de 2026, Traducido por el grupo Crowli. Punto de Vista del Autor (Novela) tiene 861 capítulos disponibles en LectorTMO, en español y sin registro.