Leer Punto de Vista del Autor (Novela) Capítulo 706 online gratis en español
🏴 Grupo: Crowli✍️ Traducción: Crowli
El ambiente de la habitación se volvió opresivo, sofocando a todos los que estaban dentro.
El mayordomo que estaba a un lado y otro demonio presente en la habitación blandieron sus armas y las apuntaron hacia el humano sentado frente a la duquesa.
Bajo la presión que los rodeaba, comenzaron a sudar. Esto a pesar de que todos se encontraban dentro del reino del duque.
Priscilla no se encontraba en mucho mejor estado, y sus ojos temblaban bajo la tremenda presión.
"Rango de príncipe... ¿Cómo es esto posible?"
Había una conmoción evidente en su voz. Jamás imaginó que aquella figura encapuchada resultaría ser un ser de rango príncipe. Un ser que se encontraba en la cúspide de la existencia.
'No, aunque está cerca del rango de Príncipe, todavía le falta un poco...'
Aun así, era muy superior a su fuerza.
Una voz escalofriante resonó en toda la habitación cuando su boca se entreabrió.
"...Tu malentendido comenzó desde el momento en que pensaste que me importaban esos asuntos."
Al oír la voz, un escalofrío le recorrió la espalda. La mirada con la que él la miró la hizo sentir insignificante.
Un par de palabras suyas bastaron para que todo cambiara. Originalmente, ella planeaba usar esa información para convencerlo de que se uniera a su bando. Para ella, él era alguien a quien podía utilizar.
Además, como ya habían saldado su deuda, no se debían nada el uno al otro.
...Fue una lástima que hubiera pateado una placa de hierro.
No era alguien a quien se pudiera controlar. Priscilla lo aprendió por las malas.
Respiró hondo mientras se aferraba con fuerza al reposabrazos de la silla. Al segundo suspiro, su mirada se tranquilizó y lo miró a los ojos.
"Muy bien, entonces. Cuéntame qué te trae por aquí."
Aceptó la situación con bastante rapidez. No tenía muchas opciones. Con su abuelo ausente debido a los asuntos relacionados con el Decreto Mundial, no tenía forma de escapar de la situación.
No ganaría nada luchando contra ellos.
"Bien. Parece que eres una persona con la que es fácil hablar."
La humana sonrió. La tensión que había estado sofocando la habitación se disipó casi tan rápido como había surgido, y tan pronto como lo hizo, experimentó una inmediata sensación de alivio.
Luego cruzó las piernas.
"No le haré perder mucho tiempo. Quiero cooperar con usted."
"¿Cooperar?"
"Sí. Cooperar."
Hizo mayor hincapié en la palabra "cooperar", como intentando demostrar que no pretendía aprovecharse de ella.
'Tsk, vamos a escuchar esto.'
Por supuesto, Priscilla no le dio mucha importancia a sus palabras. Era un demonio y, naturalmente, sabía que no existía la verdadera cooperación. Una de las partes siempre salía perdiendo y, dado lo sucedido antes, no creyó ni por un segundo que él fuera a proponer un trato justo.
"La cooperación es bastante sencilla."
El hombre sujetó los bordes de su capucha, bajándola lentamente para revelar su rostro. Cabello negro azabache, ojos azul profundo y piel pálida. En ese instante, Priscilla finalmente logró ver lo que se escondía tras la capucha.
'Como era de esperar, es un ser humano.'
Aunque ya lo sabía, eso no disminuyó su asombro. Era casi inaudito que un ser humano pudiera ser tan poderoso.
Continuó.
"...A cambio de ayudarte, quiero que me ayudes."
"¿Ayudarme?"
Priscilla necesitó un momento para asimilar sus palabras. Una expresión extraña se dibujó entonces en su rostro.
“¿Ayudarme? ¿Cómo piensas ayudarme exactamente?”
Aunque poseía una fuerza similar a la de un demonio de rango Príncipe, no era capaz de enfrentarse a otros siete demonios de rango Príncipe. Era fuerte, pero no lo suficiente.
"No te preocupes por mis recursos."
El hombre sonrió. Era una sonrisa que destilaba seguridad en sí mismo, y por alguna razón que Priscilla no podía explicar, se sintió atraída por ella.
Un poco.
Aunque su confianza le resultaba bastante contagiosa, no era el tipo de persona que se creía semejantes tonterías.
Juntó las manos delante de ella y se inclinó hacia delante, presionando los codos contra los muslos mientras mantenía las manos entrelazadas.
"Digamos que te creo. ¿Qué necesitas exactamente de mí?"
"Néctar."
Era una simple palabra. Sin embargo, en el momento en que esas palabras salieron de su boca, el rostro de Priscilla sufrió un sutil cambio.
'...Como era de esperar.'
"¿Néctar? No estarás pensando en el mismo néctar que yo, ¿verdad?"
¿Qué otro néctar existe?"
"...Maldición."
Una maldición se le escapó de la boca, dejando entrever su verdadera personalidad. Se recostó en el sofá, cubriéndose el rostro con la mano, y apartó la mirada.
Indagó un poco más.
"¿Cuánto necesitas?"
"Suficiente para cuatro personas."
"...Aooo."
Priscilla jamás se había imaginado que sería capaz de producir semejante sonido. Sin embargo, en ese preciso instante, dejó escapar un sonido que recordaba inquietantemente al aullido de un perro.
Si hubiera estado en su estado mental habitual, le habría dado demasiada vergüenza hablar. Pero no lo estaba.
"¡A estas alturas, mejor róbame! ¿Tienes idea de cuánto me estás pidiendo?"
Escupía al comienzo de cada frase y, en algún momento, se levantó de su asiento.
"Lo entendería si fuera por una persona, ¿pero por tres más? ¡Róbenme ya, carajo!"
Néctar.
O, para ser más precisos, el Néctar del Mundo era algo casi tan raro como la fruta del diablo más pura que se podía cosechar del árbol del mundo.
Aunque no tenía los mismos efectos que la fruta del diablo, aún poseía la asombrosa capacidad de aclarar la mente.
No parecía gran cosa, pero ese material era extremadamente valioso para los demonios, cuyas acciones siempre estaban influenciadas por sus impulsos.
El hombre cerró lentamente los ojos, ajeno a los gritos de Priscilla en la habitación. No los volvió a abrir hasta que pasaron cinco minutos y Priscilla por fin se hubo calmado.
"¿Has terminado?"
Preguntó con un tono algo monótono.
Priscilla frunció el ceño, pero al abrir la boca, la cerró de nuevo y se sentó. En efecto, había terminado.
"Bien."
Una sonrisa se dibujó en el rostro del hombre. Su sonrisa irritó ligeramente a Priscilla, pero de algún modo logró reprimir sus sentimientos.
Continuó.
"Si bien conozco la importancia del Néctar, también soy muy consciente del valor de la próxima tanda de frutas del diablo."
Sus miradas se cruzaron y Priscilla sintió que se le cortaba la respiración por un instante.
"Te daré la oportunidad de estar un paso por encima del resto y, a cambio, me darás algo de néctar. ¿Qué parte del trato no suena injusta?"
"Eso, pero…"
"¿Pero qué?"
"Pero."
Priscilla se vio incapaz de refutar. Murmuró otro “pero”, cerró la boca de golpe y su espalda se hundió en el sofá.
'Si... y si sus palabras son ciertas, entonces realmente podría valer la pena intentarlo.'
El Néctar del Mundo era, en efecto, raro, pero no era que no lo tuviera. De hecho, tenía más que suficiente para complacerlo...
Simplemente, tenía bastante miedo de lo que su abuelo pudiera hacer si se enteraba de lo que había hecho.
'No me matará, ¿verdad?'
Quizás lo mejor hubiera sido que encontrara la manera de proteger su núcleo. Por si acaso...
Otro problema era si tenía la capacidad de lograr lo que había prometido hacer.
'¿Y si fracasaba y los demás descubrían su plan?'
Un riesgo.
Es indudable que correría un riesgo considerable si aceptara las condiciones. Un riesgo del que no estaba segura de si valdría la pena correrlo.
Pero, ¿acaso tenía opción, para empezar?
"Tú…"
Ella alzó la cabeza y lo miró fijamente a los ojos. Cuando sus miradas se cruzaron, lo que más la sorprendió fue no haber notado ningún cambio en su mirada desde el principio hasta el final del trato.
Estaba tranquilo. Extrañamente tranquilo. ¿Era confianza en sí mismo?... ¿o simplemente fingía tenerla?
"¿Qué es?
Preguntó.
"¿Cómo puedes garantizarme que no me vas a estafar?"
"Je."
Como si ya esperara la respuesta, una sonrisa vaga se dibujó en el rostro del hombre.
Luego, con un rápido movimiento de su dedo, apareció un pergamino en su mano, que desenrolló lentamente antes de entregárselo a ella.
"Toma."
'Un contrato de maná.'
El rostro de Priscilla adoptó de repente una expresión de profundo ceño fruncido. Al instante, reconoció lo que él sostenía y, sin pensarlo mucho, se lo arrebató y comenzó a leerlo.
Primero leyó el contrato completo, lo que le llevó unos diez minutos, y luego lo volvió a leer, lo que le llevó otros veinte minutos. Dada su atención al detalle, era esencial que lo leyera más de una vez.
"Tras la firma de este contrato, ambas partes jurarán no traicionarse mutuamente..."
Lentamente comenzó a recitar el contenido del contrato.
"Desde el momento de la firma del contrato, ambas partes revelarán cuántas entidades tienen conocimiento de la existencia del contrato y de la otra parte."
Ella era perfectamente consciente de lo poco fiables que eran los contratos de maná.
Se podría haber creado una laguna legal con tan solo unos simples cambios en la redacción. Dado que se trataba de una transacción tan importante, debía ser extremadamente cuidadosa, ya que el más mínimo error podría tener consecuencias desastrosas.
"Desde el momento de la firma del contrato, ambas partes estarán incapacitadas para divulgar, bajo ninguna circunstancia, información alguna sobre la transacción realizada entre ellas..."
Finalmente, después de leer el pasaje por cuarta vez, lo volvió a dejar sobre la mesa y murmuró.
"...Puedo aceptar las condiciones."
"¿Encontraste algún resquicio legal?"
"¡Qué persona más molesta!"
A Priscilla le costaba contenerse en ese momento. La mirada divertida en el rostro del humano la irritaba profundamente. Sobre todo cuando parecía decir: “Sé que no encontraste nada porque, para empezar, no había nada”.
Apretando el puño en secreto, su rostro se iluminó con una sonrisa.
"Quiero añadir una condición."
"¿Condición?"
Por fin, y por el amor de todos los demonios, un cambio se produjo en el rostro del hombre sentado frente a ella. Frunció el ceño y su voz se hizo más grave.
"Cuénteme entonces. ¿Cuál es tu condición?"
"No es gran cosa."
Priscilla alzó la mano y su mirada se desvió, deteniéndose justo frente a una figura encapuchada que le resultaba familiar. Era quien la había salvado en aquel entonces.
Con una sonrisa que se ensanchaba por segundos, ladeó ligeramente la cabeza.
"Que se quede conmigo un rato."

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Punto de Vista del Autor (Novela)
Capítulo 707
Punto de Vista del Autor (Novela) Capítulo 706
Estás leyendo el capítulo 706 de Punto de Vista del Autor (Novela), un novela. La persona alrededor de la cual gira el mundo. La persona que derrota a todos sus oponentes y, al final, se queda con la chica guapa. La única existencia que todos los villanos temen. Ese es el protagonista. ¿Y yo qué?… Este capítulo tiene publicado el 7 de enero de 2026, Traducido por el grupo Crowli. Punto de Vista del Autor (Novela) tiene 861 capítulos disponibles en LectorTMO, en español y sin registro.