arrow_back
check

Leer Puedo invocar héroes de otros mundos (Novela) Capítulo 40 online gratis en español

La tormenta los alcanzó antes de que encontraran refugio, con una rapidez que desmentía por completo la lentitud engañosa con la que se había acercado durante toda la tarde. Empezó como un simple oscurecimiento del cielo, la luz del sol filtrándose cada vez más débil a través de una neblina gris que se espesaba minuto a minuto, hasta que el viento cambió de golpe, cargado de un polvo fino que se colaba por cualquier rendija de ropa y raspaba los ojos como arena diminuta. —¡Cúbranse la cara! —gritó el líder de la caravana, con una voz entrenada para hacerse oír sobre el viento creciente—. ¡Manténganse cerca de las carretas, y no se separen bajo ningún motivo! Nolan se ató un pañuelo improvisado sobre nariz y boca, siguiendo el ejemplo apresurado de los demás viajeros, y sintió, casi de inmediato, lo inútil que resultaba contra la ceniza que empezaba a llenar el aire por completo, reduciendo la visibilidad a apenas unos metros en cuestión de minutos. —¡Grael! —gritó, buscando con la mirada entre la neblina gris cada vez más espesa—. ¡Roderic! ¡Ilvara! —¡Aquí! —la voz de Roderic llegó amortiguada, más cerca de lo que Nolan esperaba, y una mano firme lo sujetó del brazo antes de que el pánico creciente lograra hacerle perder el rumbo por completo—. No te sueltes. Avanzaron pegados unos a otros, siguiendo el contorno apenas visible de la carreta más cercana, mientras el viento aullaba con una fuerza que hacía casi imposible escuchar nada más allá de un par de metros, y la ceniza, cada vez más densa, convertía el mundo entero en un espacio gris e indistinguible donde arriba y abajo empezaban a perder sentido. —¡Ilvara! —gritó Nolan de nuevo, sintiendo el pánico específico de no tener respuesta. —¡Aquí! —la voz llegó desde un poco más lejos de lo que a Nolan le hubiera gustado, seguida casi de inmediato por su silueta emergiendo de la neblina, con la capucha arrancada por el viento y el rostro cubierto de polvo gris—. Perdí de vista la carreta un momento. No vuelvo a hacerlo. Grael apareció último, gruñendo por lo bajo, con el pelaje cubierto de tanto polvo que parecía haber envejecido varias décadas de golpe. —Esto es peor que la caverna —masculló, sacudiéndose sin mucho éxito—. Al menos ahí podía ver algo. Avanzaron así, un grupo apretado dentro de otro grupo más grande, durante lo que se sintió como horas, aunque Nolan perdió por completo la noción del tiempo real en medio de la tormenta. El líder de la caravana, guiándolos con una seguridad que solo podía venir de años de experiencia repitiendo la misma ruta, los condujo finalmente hacia una formación rocosa que sobresalía del terreno como una isla en medio de un mar gris, con una abertura lo bastante amplia como para refugiar carretas y personas por igual. —¡Adentro, todos! —gritó, empujando a los rezagados hacia la protección de la roca—. ¡No se detengan a contar cabezas todavía, eso viene después! Se apretujaron dentro del refugio improvisado, carretas, animales y personas mezclados en un caos ordenado por la pura necesidad de sobrevivir, y solo cuando el rugido del viento quedó parcialmente amortiguado por la piedra que los rodeaba, Nolan se permitió, por fin, contar a su propio grupo con la vista. Grael, Roderic, Ilvara. Los tres presentes, cubiertos de polvo gris de la cabeza a los pies, pero enteros. —Todos aquí —dijo, con un alivio que le temblaba en la voz—. Todos. —Todos —confirmó Roderic, sacudiéndose la ceniza de los hombros con una calma que no reflejaba del todo el esfuerzo del último tramo—. Aunque no puedo decir lo mismo de mi paciencia. El líder de la caravana, contando a su propia gente con una eficiencia práctica que dejaba claro que aquello no era su primera tormenta, finalmente soltó un suspiro de alivio genuino. —Todos presentes —anunció, a nadie en particular y a todos a la vez—. Vamos a estar aquí un rato. Estas cosas no se apuran por nadie. Sentados contra la piedra, esperando a que la tormenta se agotara por sí sola en algún momento indeterminado de la noche, Nolan se limpió la ceniza de la cara con la manga, sintiendo el cuerpo entero agotado por una amenaza que ni siquiera había requerido pelear, solo resistir. —¿Siempre son así de repentinas? —le preguntó a uno de los mercaderes cercanos, un hombre mayor que fumaba una pipa corta con la tranquilidad de quien ya no se sorprende de casi nada. —Algunas más, algunas menos —respondió el hombre, sin apartar la vista del punto donde la tormenta seguía rugiendo más allá de la abertura rocosa—. Los Yermos tienen su propio ritmo, muchacho. No preguntan permiso antes de recordarte que aquí, la naturaleza todavía manda más que cualquier casa noble o cualquier ejército. Ilvara, sentada cerca, escuchando el comentario con atención, asintió despacio, como si esa idea encajara perfectamente con la forma en que ella misma había empezado a entender aquel lugar. —Es casi reconfortante —dijo, en voz baja, más para sí misma que para el resto—. Algo que ni Cortevar, ni Voss, ni ninguna casa de los Yermos puede controlar del todo. Nadie respondió a eso, pero Nolan, mirando hacia la tormenta que seguía envolviendo el mundo exterior en gris, sintió que entendía, aunque fuera solo un poco, lo que ella quería decir.
🎉

¡Has terminado todos los capítulos!

Vuelve pronto para nuevas actualizaciones de Puedo invocar héroes de otros mundos (Novela)

‹ Volver al Manga

Puedo invocar héroes de otros mundos (Novela) Capítulo 40

Estás leyendo el capítulo 40 de Puedo invocar héroes de otros mundos (Novela), un novela. Expulsado de un mundo consumido por la guerra, Nolan Vey llega a Virelia con dieciocho años, una familia que no pudo salvar y un poder que nadie más posee: puede invocar personas reales de otros mundos. Pero cada… Este capítulo tiene publicado el 6 de octubre de 2026. Puedo invocar héroes de otros mundos (Novela) tiene 40 capítulos disponibles en LectorTMO, en español y sin registro.