Leer Privilegio Sin Límite: Reencarné Como La Anomalía Del Sistema (Novela) Capítulo 3 online gratis en español
El año en que cumplí seis, mi padre empezó a cargarme más seguido sobre sus hombros.
Decía que así veía “el mundo como los grandes”, pero yo sospechaba que era una excusa para mostrar a su hijo por todo el pueblo.
Aquella mañana, el cielo estaba despejado y el camino de tierra hacia el templo se sentía más corto que de costumbre.
El aire olía a tierra trabajada y a leña recién encendida.
—Hino —dijo mi padre, Daigo, mientras avanzábamos—, ¿sabes qué pasa cuando un niño cumple seis años en Harunose?
Yo ya lo sabía, porque había escuchado a otros adultos hablar, y la voz del sistema había dado su resumen seco del asunto.
—\[INFORME\] A los 6 años, los niños son llevados al templo local para recibir una bendición y una evaluación de estadísticas. Se determina afinidad de clase, talentos innatos y potencial general.
Pero solo asentí, agarrado a su cabeza para no caerme.
—Vas al templo… y el dios del pueblo ve qué tipo de hombre serás —respondió mi padre, con una mezcla de orgullo y nerviosismo—. Miden tus estadísticas, ven tu clase, tus talentos. Es el primer paso para saber qué podrás hacer en este mundo.
Su voz temblaba un poco.
No de miedo, sino de emoción.
—Yo no tuve nada especial cuando cumplí los seis —continuó—. Mi bendición fue común. Pero con el tiempo, descubrí que era bueno para cazar. Vista, oído, paciencia… cosas que no salen tan claras en un papel.
Mi padre, Daigo, era lo que el sistema definía como un Cazador de Rango C, con talento natural para rastrear presas, leer huellas y moverse en el bosque sin ser escuchado.
No era un héroe ni un aventurero famoso, pero en Harunose, si alguien necesitaba carne, lo buscaba a él.
—Tu madre, en cambio… —se rió suavemente—. Ella sí nació con un talento claro.
Mi madre, Haruka, tenía afinidad con la magia de fuego básica.
La voz del sistema lo había enumerado con precisión:
—\[REGISTRO\]: Haruka de Harunose. Clase aproximada: Maga Rural de Fuego – Rango D. Puede usar hechizos simples como “Chispa”, “Llama Pequeña” y “Encender”, útiles para el hogar y defensa básica.
Nada espectacular, nada de bolas de fuego gigantes ni rayos arrasadores.
Pero en un pueblo donde la mayoría apenas sabía usar una azada, encender fuego con un chasquido de dedos parecía magia de leyenda.
—Si no fuera por tu madre, en invierno nos congelábamos hace años —dijo mi padre, con orgullo mal disimulado.
Mis hermanas también tenían lo suyo.
Mira, la mayor, tenía talento para explorar.
Podía moverse rápido, recordar caminos, no perderse nunca entre los árboles.
—\[REGISTRO\]: Mira. Afinidad con exploración y rastreo. Potencial para clases tipo Exploradora, Ranger o Mensajera. Rango estimado: E+ a D con entrenamiento.
Lila, en cambio, era distinta.
Mientras otros niños pisoteaban plantas sin pensar, ella parecía escucharlas.
—\[REGISTRO\]: Lila. Afinidad con flora. Muestra tendencia a percibir el estado de las plantas, reconocer hierbas útiles y favorecer el crecimiento. Potencial para clases tipo Herbolaria, Druida Menor, Sanadora Verde. Rango estimado: E.
Una familia humilde.
Un cazador competente, una maga de fuego básica, una exploradora en potencia y una niña que se llevaba bien con las plantas.
Y luego estaba yo.
El error del sistema con memoria perfecta y un poder sin límite escondido.
—Tú eres distinto, Hino —dijo mi padre, como si leyera mis pensamientos—. Eres más maduro que otros niños. A veces hablas como viejo. A veces miras las cosas como si ya las hubieras visto.
Si supiera.
—Tengo curiosidad… —añadió—. Quiero ver qué dirá el dios del templo de ti.
El templo de Harunose no era grande.
Nada de columnas enormes ni estatuas gigantes.
Solo una construcción de madera bien cuidada, con un pequeño patio al frente y una campana modesta.
Para el pueblo, sin embargo, era el lugar donde el mundo los miraba de vuelta.
Mientras subíamos los escalones, la voz en mi cabeza se activó.
—\[EVENTO IMPORTANTE\]: Ceremonia de bendición de seis años. Alta probabilidad de interacción con el sistema local. Recomendación: observar y registrar todo.
—Como si pudiera evitarlo —pensé.
En el patio ya había otros niños con sus padres.
Algunos nerviosos, otros emocionados, otros con cara de sueño.
Todos, sin saberlo, a punto de recibir una etiqueta que los seguiría toda la vida.
En mi mundo anterior, el equivalente era el primer currículum y la primera entrevista.
Aquí, el dios del templo hacía de reclutador.
Mi padre me bajó de sus hombros y se arrodilló frente a mí.
—Escucha, Hino —dijo, poniéndome las manos en los hombros—. No importa qué diga la bendición, ¿de acuerdo? Si sales con algo impresionante, trabajaremos duro para que crezcas fuerte. Si sales con algo normal… bueno, seguiremos viviendo como hasta ahora. No eres tú rango. No eres solo tu clase.
Sus palabras chocaban con la información que el sistema me había dado sobre rangos.
—\[SISTEMA DE RANGOS\]: F a SSS. Rango condiciona expectativas sociales, oportunidades y riesgo en combate. A mayor rango, mayor potencial… y mayor presión.
En otras palabras, este mundo también clasificaba a las personas por letras.
—Pero —añadió mi padre, sonriendo—, si terminas siendo como tu madre, tus hermanas o yo… no está tan mal, ¿no?
Lo miré fijamente.
Un cazador de rango C con orgullo humilde, una maga de fuego de rango D que calentaba el hogar, dos hermanas con talentos discretos.
No héroes.
No leyendas.
Pero vivos.
Juntos.
—No está mal —pensé. Y por un segundo, hasta deseé que la evaluación dijera algo tan simple como “campesino con buena memoria”.
—\[DATO\] —intervino el sistema—: Probabilidad de resultado “simple” en anfitrión: extremadamente baja, dada la integración del privilegio sin límite.
Claro.
Ni siquiera aquí me iban a dejar ser normal.
La campana del templo sonó una vez.
Una figura anciana, el sacerdote local, salió y llamó a los niños por nombre.
Uno a uno, entraban, tardaban un poco, y salían con expresiones que iban de la confusión a la euforia.
—Clase: aprendiz de guerrero —susurraban algunos padres.
—Afinidad con agua.
—Talento en artesanías.
—Rango mental D.
—Rango físico E+.
Etiquetas.
Hojas de personaje andando.
—Hino de Harunose —llamó el sacerdote al fin.
Sentí la mano de mi padre apretarse en mi hombro.
—Ve —dijo, conteniendo la respiración.
Mientras entraba al templo, pensé en mi familia.
Un padre cazador.
Una madre maga de fuego básica.
Una hermana exploradora.
Otra hermana con talento para plantas.
Todos, viviendo sin sistemas visibles, sin voces en la cabeza, sin errores de formateo.
Y yo, Hino, el niño que no olvidaba nada, cargando encima un poder que ni el sistema estándar podía medir.
Si este mundo funcionaba como las historias que leía en mi vida anterior…
Entonces, lo que iba a aparecer en esa evaluación no sería nada sencillo.

Mientras esperaba mi turno en el templo, no pude evitar pensar que todo esto podía salir horriblemente mal.
No por sacar un resultado bajo.
Sino por todo lo contrario.
Había escuchado, días atrás, a unos aventureros hablar en la taberna mientras dejaban sus armas en la entrada.
Creían que ninguno de los niños escuchaba.
—Dicen que en el Reino de Asterion se está reuniendo un ejército —susurró uno, con la voz baja—. Frontera norte. Conflictos viejos, banderas nuevas.
—Y si Asterion se mueve, el reino entero se moverá —respondió otro—. Van a necesitar reclutas. Aventureros. Magos. Cualquiera que tenga algo de talento.
El Reino de Asterion.
El reino en el que estaba ahora.
Un nombre épico para algo muy simple: un país que se preparaba para la guerra.
En mi otra vida, la guerra era un titular lejano.
Aquí, era una posibilidad directa.
Si en esta ceremonia veían mis estadísticas reales, mi potencial, mi “privilegio sin límite” … ¿qué impediría que decidieran que yo era un recurso estratégico en lugar de un niño de pueblo?
¿Qué impediría que me arrancaran de Harunose, de mi familia, para lanzarme a un entrenamiento forzado, a una academia militar, a la mismísima guerra?
No quería eso.
Con todo lo que tenía en la cabeza, con lo que podía llegar a ser, lo único que deseaba era algo casi ridículamente simple:
Vivir tranquilo.
Sacar a mi familia de la pobreza.
Algún día, usar mi memoria perfecta para conseguir un buen empleo en la capital real de Asterion, donde el dinero circulaba y las oportunidades existían para los que sabían aprovecharlas.
La Academia Real de Magia era famosa, incluso en un pueblo como Harunose.
Un lugar donde se formaban los magos de élite del reino.
También era famosa por otra cosa:
Era carísima.
Y casi exclusiva de nobles y familias con respaldo.
Yo no necesitaba una academia para estudiar.
Con mi memoria, cualquier libro era mío con una sola lectura.
Si llegaba a la capital y encontraba, aunque fuera un trabajo modesto cerca de una biblioteca, de un archivo, de un taller de investigación… podría aprender solo.
Podría usar mis habilidades sin llamar demasiado la atención.
Ese era mi plan.
Sencillo. Moderado.
Casi cobarde, pero mío.
Y, sin embargo, la ceremonia del templo amenazaba con convertir ese plan en cenizas.
—Si ven algo raro en mis estadísticas… —pensé, sintiendo un nudo en el estómago—. Me marcarán. Me registrarán. Me usarán.
El murmullo de padres y niños llenaba el patio.
Las risas nerviosas, los susurros de “ojalá salga algo bueno”, las plegarias al dios del templo.
Yo, en cambio, solo quería pasar desapercibido.
Fue entonces cuando el sistema habló.
—\[ADVERTENCIA CRÍTICA\].
La voz sonó más firme, más delimitada que de costumbre.
No era solo una notificación rutinaria.
—¿Qué pasa? —pregunté mentalmente.
—\[INFORME DETALLADO\]: El método que emplea este templo para visualizar estadísticas y potencial no está diseñado para manejar datos de un anfitrión con privilegio sin límite integrado. La cantidad y densidad de información superan la capacidad del artefacto de evaluación local.
Sentí un escalofrío.
—Traduce eso.
—\[TRADUCCIÓN FUNCIONAL\]: Si intentan medir tus estadísticas tal como estás ahora, el dispositivo de evaluación colapsará. Probabilidad alta de daño al artefacto, perturbación mágica y riesgo para los presentes en el área inmediata.
Me quedé en silencio.
No solo podían descubrirme.
Podía literalmente romper el sistema de evaluación del templo.
Delante de todos.
Con padre, madre, hermanas, vecinos y sacerdote mirando.
—¿Y qué pasa si el artefacto se rompe? —pregunté.
—\[PROYECCIÓN\]:
1. Se registrará un evento anómalo.
2. Probable reporte a autoridades religiosas superiores.
3. Posible interés de instituciones del reino (iglesia, ejército, nobleza).
4. Riesgo elevado de que tu vida tranquila se vea comprometida.
Justo lo que no quería.
Tragué saliva, aunque mi cuerpo de niño intentaba disfrazar el nerviosismo con una expresión seria.
—Entonces… ¿qué hago? No puedo decirle al sacerdote: “Oiga, no me mida, puedo explotar su máquina”.
La voz respondió sin emocionarse.
—\[OPCIONES DISPONIBLES\]:
Opción 1: Permitir evaluación completa. Ventaja: obtendrás un registro oficial de tu poder. Desventaja: alta exposición, riesgo de incidentes y sospechas.
Opción 2: Intentar suprimir conscientemente la cantidad de poder visible. Requiere control sobre privilegio sin límite. Nivel de control actual: 0%.
Opción 3: Solicitar asistencia de la entidad que administró tu reencarnación. Probabilidad de respuesta: desconocida. No hay señales de actividad reciente.
Fantástico.
El manual decía, básicamente: estás solo.
Miré hacia la puerta del templo.
Cada niño que entraba, salía con una descripción clara, simple.
Clase: guerrero, mago de agua, aprendiz de artesano, futuro agricultor bendecido.
Talentos: normales, un poco por encima de la media, nada que llamara la atención de un general.
Yo no era normal.
Y normal era exactamente lo que quería ser ahora.
—¿No hay forma de… esconder mi poder? ¿De ponerlo en modo “ahorro de energía”? —insistí.
Hubo un breve silencio.
Luego, el sistema respondió:
—\[ANÁLISIS EN CURSO\].
El privilegio sin límite está actualmente en estado latente, no activo, pero su existencia por sí sola ya distorsiona el valor de tus parámetros. El problema no es solo tu poder actual, sino tu potencial teórico. El artefacto intentará medir ambos.
En otras palabras, aunque todavía no hubiera “despertado” nada espectacular, la simple presencia de ese error infinito en mi interior iba a destruir el margen de medición.
—\[NUEVA ADVERTENCIA\]: Si no se toman medidas, la probabilidad de que el artefacto sufra una sobrecarga en el momento de tu evaluación es superior al 87%.
No solo podía arruinar mi tranquilidad.
Podía poner en peligro a los que estuvieran cerca.
Mi padre.
El sacerdote.
Los otros niños.
—…No quiero eso —pensé, sintiendo algo duro formarse en mi pecho.
En mi vida pasada, era un asalariado más, prescindible.
Aquí, por primera vez, mi existencia podía tener consecuencias grandes… incluso sin hacer nada.
—\[SUGERENCIA DEL SISTEMA\]: Antes de que comience la evaluación, es posible forzar una “interferencia” localizada: introducir ruido en los datos que el artefacto recibe, reduciendo artificialmente tus valores visibles.
Sentí que mi mente se aferraba a esa frase.
—¿Puedes hacerlo?
—\[RESPUESTA\]: Solo si el anfitrión lo autoriza. El privilegio sin límite no ha definido todavía sus parámetros. Cualquier acción de ocultamiento será considerada un uso inicial de ese poder.
—¿Y eso que implica?
—\[DESCONOCIDO\]: El privilegio sin límite se adapta a tus decisiones. Si su primera aplicación es “ocultarme”, desarrollará esa rama con prioridad sobre otras.
En otras palabras: la primera decisión marcaría el camino de ese poder.
Ocultarme.
Ser un “monstruo invisible”.
Usar mi ventaja no para brillar, sino para pasar desapercibido.
Miré a mi padre, que esperaba con una mezcla de orgullo y nerviosismo.
Pensé en mi madre, en casa, rezando porque todo saliera bien.
En Mira, que decía que yo seguramente sería “algo genial”.
En Lila, que me había puesto una pequeña flor en el bolsillo “para suerte”.
Pensé en la guerra que se avecinaba en Asterion.
En la capital con academias de magia inaccesibles.
En una vida tranquila, trabajando, recordando, usando mi cabeza para sacar a mi familia de la pobreza… sin que nadie supiera cuánto podía llegar a hacer.
—…Hazlo —dije, al fin—. Si puedes, escóndeme. Al menos por ahora.
El sistema respondió de inmediato.
—\[ORDEN ACEPTADA\].
Iniciando protocolo de interferencia.
Advertencia: los resultados de evaluación pueden ser anómalos hacia la baja. Reacción social impredecible.
Sonreí, sin humor.
—Siempre es mejor que explotar el templo, ¿no?
La puerta del interior se abrió.
—Hino de Harunose —volvió a llamar el sacerdote.
Respiré hondo.
Mientras daba mis primeros pasos hacia dentro, la voz en mi cabeza habló una vez más:
—\[NOTA\]: Primera aplicación registrada del privilegio sin límite. Tendencia inicial: ocultamiento, distorsión de información, autolimitación.
En otras palabras, el poder infinito que me otorgaron en otro mundo…
Lo estaba usando, voluntariamente, para parecer pequeño.
El interior del templo olía a incienso, madera vieja y algo más… magia usada demasiadas veces en el mismo lugar.
El sacerdote me guió hasta una pequeña mesa donde había un pergamino de evaluación extendido, sostenido por piedras lisas en las esquinas.
Las letras grabadas en su superficie brillaban con una luz tenue, como brasas apagadas a la espera de aire.
—Solo tienes que colocar la mano aquí —dijo el sacerdote con voz suave—. El pergamino mostrará tus estadísticas, tu clase y tus talentos. No dolerá.
“Ese es el artefacto que no soporta mi poder”, pensé.
La voz del sistema, todavía en segundo plano, mantenía activa la interferencia que habíamos acordado.
—\[INTERFERENCIA ACTIVA\]: Nivel de ocultamiento máximo posible con control actual. Objetivo: reducir valores visibles. Resultado esperado: estadísticas moderadas o bajas.
Llevé la mano hacia el pergamino.
Y entonces, algo se rompió.
No en el mundo visible.
Adentro.
Un ruido seco, como un cristal partiéndose en mil pedazos, resonó solo en mi cabeza.
—\[ERROR DEL SISTEMA\].
—\[HABILIDAD DE OCULTAMIENTO FALLIDA\].
—\[REESCRIBIENDO PARÁMETROS…\].
—\[BUSCANDO FUNCIÓN COMPATIBLE CON PRIVILEGIO SIN LÍMITE…\].
Todo eso pasó en menos tiempo del que tardé en parpadear.
Milisegundos.
Ni siquiera tuve chance de asustarme antes de que la siguiente notificación cayera como un martillo.
—\[NUEVA HABILIDAD OBTENIDA\]: “Copiar Estadísticas” – Nivel 1 (Rango S).
Sentí cómo algo se “anclaba” dentro de mí.
No era como la memoria fotográfica, que se sentía como más espacio, más claridad.
Esto era distinto.
Una especie de mano invisible extendiéndose hacia afuera, buscando algo a lo que aferrarse.
—\[DESCRIPCIÓN – COPIAR ESTADÍSTICAS, NIVEL 1, RANGO S\]:
Función principal: copiar temporalmente los parámetros visibles (estadísticas básicas, habilidades principales y rangos) de una persona al azar en el rango de percepción.
Restricciones actuales (Nivel 1):
* Objetivo: una sola persona, seleccionada al azar dentro de un radio limitado.
* Duración: copia estable mientras se mantiene el contacto con el artefacto de evaluación / evento de medición.
* Efecto: los resultados mostrados por dispositivos de análisis reflejarán los parámetros del objetivo copiado, no los propios del anfitrión.
* Rango de la habilidad: S (peligrosidad potencial extremadamente alta, margen de crecimiento enorme).
—\[NOTA\]: Habilidad generada como respuesta al intento fallido de ocultamiento. El privilegio sin límite ha priorizado “distorsión de información” mediante imitación en lugar de simple reducción.
Un zumbido me llenó la cabeza.
Por un instante, el mundo pareció desenfocarse.
El sacerdote frunció el ceño.
—¿Estás bien, niño?
Parpadeé.
Me di cuenta de que me había quedado congelado, con la mano suspendida a pocos centímetros del pergamino.
Desorientado, apenas conseguí asentir.
—S–sí —balbuceé—. Solo… sentí algo raro.
El sacerdote sonrió, como si fuera normal.
—Es la presencia del dios del templo. Los niños sensibles lo notan más. No te preocupes.
Si supiera.
La voz del sistema lanzó otra notificación, ya dentro del nuevo marco de la habilidad.
—\[COPIAR ESTADÍSTICAS – ACTIVACIÓN AUTOMÁTICA\].
Buscando objetivo dentro del rango…
\[… 0.013 segundos …\]
Objetivo seleccionado: soldado raso del Reino de Asterion, presente a 7.3 metros, ubicado cerca de la entrada del templo, de guardia.
Solo entonces noté su presencia.
Un hombre con armadura ligera estaba apoyado discretamente cerca de la puerta, observando la ceremonia como quien vigila algo rutinario.
No era un caballero de élite, pero tampoco un campesino armado.
Llevaba a la vista cicatrices pequeñas, postura entrenada, mano cerca de la empuñadura de su arma por costumbre, no por miedo.
—\[COPIANDO ESTADÍSTICAS DEL OBJETIVO…\].
—
—\[COPIA APLICADA A RESULTADOS VISIBLES\].
—… ¿Qué…? —alcancé a pensar.
—\[ACLARACIÓN\]: Tus estadísticas internas permanecen inalteradas. Sin embargo, cualquier artefacto que intente medir tus parámetros en este momento leerá los valores del objetivo copiado.
En otras palabras: a ojos del pergamino, yo era ese soldado.
El sacerdote volvió a hablar, notando que aún no colocaba la mano.
—Tranquilo. Solo toca el pergamino, Hino.
Mi mente seguía a medias fuera de lugar, tratando de procesar el hecho de que mi intento de ocultarme había generado una habilidad de engaño absoluto de evaluación.
Pero ya no podía dar marcha atrás.
Tragué saliva.
Asentí.
Y puse la mano sobre el pergamino.
El cambio fue inmediato.
Los símbolos grabados se encendieron con una luz intensa, mucho más fuerte que la que había visto en los otros niños.
Runas que antes parecían dormidas empezaron a moverse rápido, como si buscaran desesperadamente una forma de acomodar los datos.
El sacerdote abrió los ojos, sorprendido.
—Vaya…
El pergamino brilló, y lentamente, la escritura se ordenó en líneas legibles.
El sistema, como siempre, me tradujo el resultado antes incluso de que el sacerdote lo leyera en voz alta.
—\[RESULTADO VISIBLE – PARA TODOS LOS PRESENTES\]:
Nombre: Hino de Harunose.
Edad: 6 años.
Clase potencial: Guerrero / Soldado de Línea.
Rango físico: C.
Rango mental: D+.
Talentos detectados:
* Técnica con lanza – Nivel 4 (Rango C).
* Disciplina militar – Nivel 3 (Rango D).
* Experiencia de formación – Nivel 2 (Rango D).
* “Instinto de combate menor” – Nivel 2 (Rango C).
* “Resistencia al miedo” – Nivel 1 (Rango B).
—\[NOTA DEL SISTEMA\]: Estos datos pertenecen al soldado objetivo. Tu cuerpo real no los posee. Solo son visibles a través del artefacto, gracias a “Copiar Estadísticas – Nivel 1”.
El sacerdote tardó unos segundos en reaccionar.
Luego me miró fijamente.
No como a un niño de pueblo.
Sino como a un recurso.
—…Esto es… inusual.
Mi corazón latía rápido.
“Esto no es ocultarme. Esto es cambiar de problema”, pensé.
En lugar de aparecer como un campesino con buena memoria y poco más, ahora el pergamino decía que yo, un niño de seis años tenía estadísticas de un soldado entrenado.
—\[COMENTARIO DEL SISTEMA\]: Habilidad de ocultamiento original fallida. Solución del privilegio sin límite: crear una habilidad de imitación que “preste” parámetros ajenos a ojos del sistema. Error corregido mediante sobreescritura creativa.
En milésimas de segundo, mi decisión de esconderme había dado un giro extraño.
Ya no era un monstruo imposible de medir.
Ahora era un niño que parecía, en papel, un futuro soldado perfectamente apto para la guerra.
Lo miré al sacerdote, intentando mantener la expresión neutra de un niño que no entiende del todo lo que pasa.
Por dentro, sin embargo, solo podía pensar en una cosa:
Mi poder no solo era infinito.
También era torcido.

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