Leer Pocket Mirror (Novela) Capítulo 73 online gratis en español
🏴 Grupo: Kappoff00✍️ Traducción: Kappoff00
No estaba impresionada. Baskerville se veía como cualquier hombre común en sus 70 años. Caucásico, con lentes cuadrados y un traje formal. Nada en su apariencia le llevaba a pensar que era el hombre más temido por los operadores, el hombre más poderoso del mundo. Para Rachel, solo se veía como un hombre y ya.
«Pero Arthur y los Logan están muertos de miedo solo con verlo». Pensó mientras estudiaba la rígida postura de todos los operadores presentes. Alice, tan orgullosa y arrogante, apenas parpadeaba ante William Baskerville. Arthur y Lawrence eran un mar de sudor frío. «¿Por qué les da tanto miedo?»
—¿Ahora qué pasa?
—Tu pequeño problemita que has aplazado ya casi un año sin resultado alguno ahora se ha convertido en un problema para mí. —Baskerville se acomodó los lentes, manteniendo su mirada fija en el líder de la familia Logan. Su tono de voz era el de un padre regañando a su hijo, por más extraño que fuera para Rachel.
—Oh… —Lawrence tragó saliva. Fingió que nada pasaba, colocando media sonrisa, recostándose a la mesa—. ¿Es otra Rachel? Escuché que se apoderó de los Impíos. Dios santo. ¿Qué tan mal tienen que estar para que un clon maligno de Rachel Ficks se quede con tu organización? —preguntó burlón, ignorando la mirada tan seria de la rubia al otro lado de la mesa.
—Pues ese “pequeño” problema que según tú no era nada está reuniendo gente problemática. Es errática, no tengo idea de cuánta gente en verdad hay entre sus filas y vive moviéndose por todo el mundo haciendo quién sabe qué. No me gusta para nada que haya una operadora demente haciendo lo que quiera y matando a los buenos ciudadanos americanos, Logan.
Baskerville desapareció de la pantalla. Un video fue reemplazado en su lugar, mostrando una enorme mansión de tres pisos, con azulejos azules como techo y un enorme muro que la rodeaba en un terreno verdoso. El castillo Pidhirtsi. Rachel frunció el entrecejo.
Decenas de misiles descendieron sobre el castillo. Explosión tras otra, todo a su alrededor terminó cubierto de polvo y humo. Los segundos pasaron hasta que fueron capaces de ver su objetivo otra vez, pero en lugar de encontrar las ruinas devastadas de una fortaleza antigua, todo el castillo y parte de sus alrededores fue cubierto por una estructura gigantesca que se asemejaba al mismo castillo. Se alzaron paredes oscuras llenas de líneas rosadas de neón. Ninguna había recibido un solo rasguño a pesar de ser bombardeada con lo mejor de la artillería Erradicadora.
Lawrence levantó las cejas, conteniendo su respiración unos momentos antes de mover su mano con desinterés.
—Meh, he visto mejores defensas.
—Me importa un carajo lo que hayas visto. —Baskerville volvió a aparecer en pantalla—. La copia de la hija de Arthur tiene un operador con una inmensa cantidad de aura, tanto como para soportar un bombardeo de esa magnitud. ¿Qué es esa cosa, Logan?
—Rachel…
Debido a ese suave murmullo, Baskerville levantó la mirada del pelinegro con un mechón blanco en su cabello, dirigiéndola a la joven operadora que lo miraba directamente a sus ojos.
—¿Algo que quieras aportar, niña?
—No es “hija de Arthur”, es Rachel, Rachel Ficks.
Manteniendo su mirada en los ojos marrones de William Baskerville, Rachel abandonó su postura de camarón. Lawrence, confundido, apretó el borde de la mesa, dándole la espalda a Baskerville, fulminando a Rachel con la mirada. Lo que menos necesitaba era que Rachel formara otro de sus numeritos en frente de la cabeza de los Erradicadores.
Lindsy negó con la cabeza, siendo totalmente ignorada por Rachel, que por fin se levantó del asiento. Baskerville no mostró ninguna reacción aparente ante la petición de la joven.
—Señorita Ficks, ¿tiene algo más que aportar sobre la autoproclamada “Reina”?
—Todo lo que yo sé, se lo conté a su interrogador. —Negó con la cabeza, regresando a sentarse—. No tengo más información sobre Adarza; llevamos mucho tiempo sin vernos. —Golpeteó la mesa unas cuantas veces con la punta de sus dedos, dudosa de hacer una pregunta aterradora, pero se forzó a hacerla—. ¿A cuántas personas…?
Baskerville no respondió al instante, pero al ver que la pequeña operadora no tenía la fuerza para completar la pregunta, decidió hacerlo según lo que creía que preguntaba.
—Según nuestros informes de personas confirmadas en las tropas de los Impíos, sin contar operadores… 1200 personas.
«1200».
Los labios de Rachel temblaron. Era una cantidad mucho más alta de lo que había imaginado.
«Jaja… Sigo siendo demasiado inocente… Claro que sería una cantidad enorme».
—Tengo la esperanza de que, una vez eliminemos al problema principal, todas ellas puedan volver a sus vidas —dijo Baskerville, estudiando detalladamente cómo Rachel apretó los puños, enterrándose las uñas en las palmas.
Era imposible, algo que no podía disimular por tan buena mentirosa que fuera. 1200 personas habían muerto, 1200 personas en manos de Adarza, todas su culpa. Cada una convertida en una sucia réplica, mientras que solo Dios y Adarza sabían qué es lo que ocurría con el cuerpo de la pobre gente asesinada.
—Rachel
—Lindsy, ni se te ocurra.
Rachel frunció el ceño, mirando de reojo a su pareja, que estaba a punto de decir lo que ya tanto se había cansado de escuchar: “No es tu culpa”. Una mentira horrenda que, según debía hacerla sentir mejor, no era así.
La de ojos verdes bajó la mirada, avergonzada, ligeramente enojada, pero mantuvo silencio.
—Ignorando el tema de si es su culpa o no. —Baskerville interrumpió el momento; no tenía intención alguna de ver un drama de pareja adolescente— Nos encargaremos de la amenaza principal, Adarza.
—Claro. —Lawrence se levantó con entusiasmo, golpeando la mesa con sus palmas— ¡Los Logan se harán cargo!
—¿Cómo te hiciste cargo estos últimos 10 meses? Yo creo que no.
—¿Ah?
Lawrence levantó de nuevo la mirada, confundido. Si no era él, ¿quién?
—El momento de jugar terminó, damas y caballeros —anunció el hombre en la pantalla, con una expresión severa que no flaqueaba ni un segundo—. El caso del espejo de bolsillo pasa a ser una prioridad de los Erradicadores. Yo mismo tomaré cartas en el asunto del clon de Rachel Ficks.
—No creo que sea necesario, señor Baskerville. —Perdiendo cada vez más su energético tono usual, Lawrence regresó a sentarse, llevándose una negativa de su jefe.
—Tendrás participación, claro, pero yo y mis cercanos tomaremos esta operación.
«Mierda, este es el peor de los casos». Sin demostrar alguna expresión, Rachel mantuvo silencio.
—¿Qué papel tomaremos nosotros, señor? —preguntó Arthur, una muy buena pregunta que Lawrence se ahorró en hacer.
—Reúnan a sus mejores operadores. Serán la fuerza principal en atacar, preparando el terreno para las tropas de Erradicadores. Según tu llamada, me dijiste que ella dio una fecha específica. —Baskerville volteó a ver a Rachel; ya podía hallar una relación con el evento que Adarza estaba preparando.
—Sí, el uno de abril, y aunque no quisiera, me gustaría pedirle… dos excepciones, señor. —Lawrence bajó la mirada, antes de señalar a Grace y Rachel con la palma de su mano—. Grace Kennedy, su… Pareja fue secuestrada por Adarza; además, la réplica dijo que huirá en caso de que Rachel no vaya a verla ese día. Sería molesto perderla de vista de nuevo y que tenga vía libre para crear sus tropas.
—Entiendo. —Baskerville juntó sus manos frente a su rostro, entrelazando sus dedos—. La razón para llevar a la señorita Ficks es muy obvia; es necesario, a pesar de que no me guste enviar a alguien sin nada de experiencia real al campo; además, es demasiado joven… Pero, el señor Kennedy.
Los ojos marrones de Baskerville se clavaron en Grace, que tembló ligeramente, preguntándose qué era lo que debía decir. Sí la arruinaba, quizás no le permitirían ir él mismo a buscar a Jesse, y no confiaba en Lawrence en caso de que lo encontraran. En el peor de los casos, sabía que Lawrence era capaz de matarlo solamente por sospechar de ser una réplica; luego le mentiría a Grace. Eso era algo que temía.
—El hombre que amo se encuentra en peligro, y yo no pude protegerlo… Si algo le pasó, quiero verlo con mis propios ojos… pero, si hay oportunidad de salvarlo, ¡quiero estar presente! —exclamó con fuerza y valor de lo más profundo de su corazón. Plantó su mirada en los ojos de Baskerville. No temblaba, no dudaba, pero tampoco podía respirar por la presión.
Con un ligero asentimiento, Grace soltó su aliento, dando las gracias al hombre de lentes negros.
—Es algo admirable para venir de un jovencito, pero entonces seguirá las reglas de los Erradicadores, joven Grace. Me gustaría que se presente desde hoy para recibir un entrenamiento formal.
Grace asintió velozmente, repitiendo múltiples veces “gracias”, mientras que el corazón de Lawrence quería salirse de su pecho. No quería dejar a Grace sin supervisión con los conocimientos que poseía, pero ya no había nada que hacer. Si esas eran las órdenes de Baskerville, nadie podía interferir.
«Maldición, la situación está empeorando… No importa, Lawrence garantizó mi boleto dorado a Pidhirtsi; con eso lo demás no importa». Pensó Rachel, juntando sus dedos con sonrisa imperceptible para los otros, que rápido borró al darse cuenta de que estaba muy emocionada por esto.
Era detestable, un deseo morboso e insano, sí, pero al fin y al cabo era un deseo escondido en lo más profundo de su corazón. Asesinar a Adarza, poner fin a la aventura, detener el río de sangre.
Nadie podía culparla de emocionarse. ¡Para eso fue todo esto! ¡Por algo llegó con los Logan! ¡Por algo se esforzó para pelear, mejorar! Pasó un infierno solo para llegar a este momento, y ahora el líder de Lawrence le dio luz verde para cumplir su venganza.
—No hay nada más que decir por hoy. Lawrence, reúne a tu gente lo más pronto posible; le informaré a Alexei y Zhu Qing. Cuando todo esté preparado, prepararemos la estrategia de sus grupos. Pueden retirarse.
Con esas últimas palabras, el televisor quedó en negro. Jazka y Alice dejaron caer sus hombros, sorprendidos del temor que sentían ahora mismo. Estaban tan acostumbrados a ver a Lawrence como una gran figura que con su presencia se volvía el alma del lugar, que, ahora que lo veían nervioso y básicamente sudando solo por hablar con Baskerville a través de una pantalla, sentían que sus cabezas explotarían por el solo hecho de tener una mala postura o hablar sin que se les pregunte.
—Ha sido un placer tenerlo aquí, señor Logan —el administrador se acercó a Lawrence mientras todos se levantaban, dándole un ligero apretón de manos—. Espero verlo pronto.
—Desgraciadamente, de seguro que lo harás. —Contestó con una sonrisa que ni se molestó en ocultar lo falsa que era.
Todos se levantaron; Rachel aceleró el paso para quedar junto a Lawrence. Ambos se miraron por un momento, dándose un rápido choque de puños en el pasillo. Todo había salido a la perfección para ambos.
«¡Bien! ¡Bien! Maldita sea. Todo va bien; cuando pasemos estas dos semanas, solo me preocuparé de volarle la cabeza a esa maldita…» Pero otra duda surgió en su pecho, recordando a aquel hombre en los ecos del mundo. Rachel no le había prestado mucha atención debido a su furia ciega, pero su presencia le incomodaba.
Los dos sonrieron a la vez, sin percatarse de que le causaron un espantoso escalofrío a Lindsy, que caminaba junto a Rachel.
No estaba junto al grupo de Adarza al momento de irse. Rachel desconfiaba de eso; además, Adarza tuvo que desaparecer para que él pudiera entrar. «¿Hay posibilidad de que Adarza sea una Calamidad?... Sí es así, sería imposible para mí derrotarla». Pero no, si fuera una Calamidad, Adarza la hubiera matado mucho antes y no se escondería todo el tiempo. Ya hubiera hecho más desastres, por lo que quizás la Calamidad estaba muy limitada.
«Al carajo. No puedo mencionar nada de eso, por el bien del mundo».
Ignorando por completo que también era por su propio bien. Tenía la intención de buscar otra entrada a los ecos una vez terminara con el asunto de Adarza; entonces volvería a ver a los magníficos.
Después de cepillar sus dientes, Rachel salió del baño, buscando a Lindsy con la mirada. Al ver la habitación sin ella, se acomodó los mechones de cabello frente a su rostro. Quería contarle su gran secreto. Salió a buscarla, saludando a Fred, que casualmente paseaba por el segundo piso de la casa principal de los Logan.
—Se siente bien volver a casa, ¿verdad, Rachel? —Fred se detuvo en el pasillo, ladeando un poco su cabeza ante el vago sentimiento de Rachel. Conocía la situación, obviamente; la mano derecha de Lawrence Logan se enteraba de todo lo que ocurría con relación a la familia—. ¿Cómo te sientes?
—Ah, no estoy de humor para esa pregunta, Fred. —Ella apartó su mirada, queriendo continuar su camino.
—Louis está muy preocupada por ti; la ayudaría saber eso. —Sonrió cuando la joven detuvo sus pasos, volteando a verlo de mala gana. Le regaló una sonrisa inocente, subiendo y bajando sus hombros.
—Mal. Siento que todo lo que hice ha sido en vano. —Volteó de nuevo su mirada. Pateó el suelo con algo de fuerza, dándole la espalda a Fred— Como si todo lo que hubieran hecho por mí Renate y Lindsy se hubiera ido a la basura. Ahora otro amigo está en peligro, y Grace está desesperada.
—Ay, Rachel. No puedes culparte porque haya operadores más fuertes que tú. —Caminó junto a la rubia, colocando una mano en su hombro. Se hincó en una rodilla, teniendo cuidado de ensuciar su traje de mayordomo—. Somos miles, y créeme, incluso aunque Alice y Jazka dieran toda su vida y de verdad mejoraran como operadores, ninguno podría vencer a Arthur de manera justa y sin un plan.
—¿Ser compara con Alice y Jazka es tu forma de hacerme sentir mejor, Percival? —Rachel arqueó una ceja, dándole media sonrisa burlona.
—… Digamos que soy yo el del ejemplo. Aún estás muy verde en todo esto del aura.
—Sí, supongo. —Para nada convencida, Rachel se obligó a levantar sus hombros manteniendo una sonrisa—. Dile a Louis que no se preocupe, ya estoy mejor.
Fred negó con su cabeza, alejándose de Rachel para seguir con su camino, levantando una mano para llamar su atención.
—Créeme, Rachel. Aquí te va un consejo: Esas mentiras tuyas funcionarán en gente que no te conoce o en personas como Grace, Alice y Jazka, pero con personas que sí te conocemos de verdad, es totalmente inútil.
Rachel se mantuvo en silencio, perdiendo poco a poco aquella sonrisa fingida que al parecer no engañó para nada a Fred. Bajó las escaleras, fingiendo que esa conversación no había pasado, pero a medio camino escuchó una voz furiosa, una que conocía muy bien. Otras múltiples voces trataban de calmar a alguien que sollozaba.
—Ese… ¡Ese bastardo nos mintió a todos! —Con el estallido de Clara, Rose y los demás abrieron sus ojos en sorpresa.
Nadie estaba acostumbrado a escucharla maldecir. Frente a todos, incluso en los peores momentos, Clara era un ángel que daba lo mejor de sí, mientras velaba por la seguridad de todas las personas importantes para ella. Ahora esa burbuja hizo explosión al descubrir que quien creyó era un amigo, simplemente los manipuló sin escrúpulos.
—¿Clara? —Rose trató de tomar su mano, pero la castaña de suéter se alejó, caminando por la sala que ahora tenía los muebles más alejados del centro.
—Bebé algo y siéntate.
—No me trates como a una niña, William… —Sus ojos ámbar fulminaron al pelinegro. Al ver las expresiones afligidas de sus amigos, su rostro se distorsionó, convirtiendo los sollozos en un fuerte llanto, siendo abrazada por Rose, que se acercó rápido— ¡Estaba tan feliz de que Dexter estuviera bien!... ¡Todo estaba yendo tan bien y ahora resulta que está muerto! Y Jesse, dios santo, Jesse está con esa cosa.
Rose abrió su boca, pero todo el sermón que estaba por soltar se atoró en su garganta. Decirlo la haría sentirse tan hipócrita; se odiaría toda la vida si llegaba a decirle a Clara que se calmara. Apretó los puños, volviendo su mirada a Grace, que continuaba sentada en el suelo, mirándola de reojo sin intención de intervenir.
William abrazó a Clara, que escondió su rostro en el pecho del mayor, llorando contra su camisa. El más alto cerró los ojos, acariciando su cabeza, dejando que su amiga se desahogue todo lo que quisiera. Él también lo necesitaba, pero ahora debía permanecer fuerte, al igual que Grace. Si ellos dos se derrumbaban, Carl, Troy, Clara y Rose se romperían por completo.
—¿Por qué?... ¿Por qué nos pasa esto a nosotros? —Clara se sostuvo de los hombros de William, estrujando su chaqueta de cuero—. ¿Somos malas personas?... ¿Por qué Dios sigue dejando que nuestros amigos mueran?
«Clara… »
Rachel retrocedió sobre sus pasos, recostándose a la pared que la escondía de la vista de los demás. Sus piernas temblaron, perdiendo toda su fuerza de golpe. Se deslizó por la pared, sentándose en el suelo, escuchando el llanto de Clara desgarrar su corazón.
De nuevo se alejaba de lo demás, esta vez no por gusto. No podía acercarse por más que quisiera. ¿Cuánto valor era necesario para darles la cara luego de todo el sufrimiento que les había causado?
No era tan valiente. Tampoco importará cuánto entrenara, se motivara o lo intentara siquiera.
—Es su culpa —Rose resopló con su nariz, mirando de reojo las escaleras—. Todo esto es porque ella soltó a esa maldita plaga.
«Tienes toda la razón, Rose». Rachel sonrió un poco, recostando su cabeza en la pared. Cerró los ojos, esperando que continuase con su discurso de odio.
—No. —Grace la interrumpió, llevándose la sorpresa de todos los presentes.
—¿No? —Rose volteó molesta, acomodándose sus lentes.
—No, quien se buscó esto, desgraciadamente, fue Jesse. —Grace se levantó. Sacudió las manos, acercándose a Rose a la par que negaba con la cabeza—. Rachel no nos apuntó con una pistola para que nos quedáramos; vinimos aquí casi todos los días porque… Porque él quería seguir viendo todo esto del aura, los operadores. Rachel liberó a Adarza, sí, pero nosotros pudimos irnos y no lo hicimos.
—Grace. En primer lugar, nada de esto ocurriría si no fuera porque ella se dejó engañar —refutó la joven de lentes y ojos grises.
«Ella tiene razón, Grace. No te tragues las palabras de Lawrence».
—No. No puedo seguirle lanzando la culpa de esto a Rachel. —Grace levantó sus manos, caminando en círculos en una pequeña parte de la sala, mirando de reojo a Clara y William, que asentían con la cabeza mirándolo—. Es mi culpa por no convencerlo de irse; me rendí demasiado rápido.
—¡Grace! —Rose levantó la voz, tomando el brazo del pelirrosado, hundiendo sus dedos en su chaqueta roja—. Escucha lo que dices, ¿te vas a culpar por la muerte de Jesse?
—¡Jesse no está muerto! —Grace acortó su distancia con Rose, frunciendo el rostro mientras su respiración chocaba con el flequillo de la más baja, que no se había intimidado por su repentino acercamiento—. Jesse no está muerto.
«Lo está, Grace». Para su desgracia, Rachel podía afirmar con certeza que Adarza no era alguien de palabra. Era casi totalmente seguro que mató a Jesse ni bien llegaron a ese castillo.
—No podemos culpar de todo a Rachel. —Clara se unió a la discusión, limpiando las lágrimas de sus mejillas, acercándose a Rose—. Ella no sabía lo que Adarza haría; a quien tenemos que culpar y odiar es a esa… Esa cosa, ese maldito monstruo.
—¡Ellas son iguales! ¡Adarza, Rachel! La misma puta mierda. Adarza nació de esa enferma. ¿Qué sabemos de verdad de Rachel? —Rose miró a los presentes, girando sobre su eje. Mordió su labio inferior, llevando la mirada al suelo, soltando un gruñido de impotencia. Era el colmo para ella que incluso en este momento continuaran defendiéndola—. ¿Cómo estamos seguros de que dentro de esa idiota de verdad no hay un monstruo psicótico que anhela la matanza y el caos?
—¡Porque Rachel no es un monstruo! —Clara gritó, retrocediendo al momento que Rose se acercó, gritando aún más fuerte.
—¿¡De verdad!? ¿Tú qué sabes? ¿Eh? Trataste de ser su amiga por un tiempo, ¿qué hizo la muy perra? —Rose se volteó, señalando a las escaleras—. ¡Te ignoraba! A todos los ignoro. Nunca quiso ser nuestra amiga, ¿y sabes qué? Está bien, no todos son sociables; no tiene por qué hacer amigos si no quiere. ¡Pero yo!...
Rose se detuvo, apretando sus dientes con fuerza. Sin darse cuenta, sollozaba a montones. Se quitó los lentes, teniendo cuidado de no empañarlos. De verdad lo intentó. Quería creer que Rachel está tratando de mejorar, así fuera un poco, pero ahora mismo, ni siquiera estaba ahí con ellos, cuando se supone que ahora eran amigos.
—Yo la vi, yo vi ese espejo. —Rose agachó su cabeza, lamentándose de no haberle roto la nariz a Rachel cuando Jazmín fue herida—. Ella lo dejó para que cortara a Jazmín… La-la-la miró a los ojos, por Dios, ella la miró a los ojos y actuó como si no hubiera pasado nada, fingió ser amable por su propio beneficio y el de esa cosa… Yo quería romperlo, quería quebrar ese espejo.
Rose tambaleó un poco; podría haber tirado la mesa detrás de ella hasta romperla, pero no quería tener problemas con los Logan. En medio de su momento de debilidad, Clara la abrazó de un costado.
—Ella se disculpó con Jazmín… La miró a los ojos y Jazmín ni le dio importancia. —Rose correspondió el abrazo, temblando entre lágrimas y lamentos— ¿Cómo quieren que no la vea como un monstruo?
Rachel levantó sus rodillas, hundiendo su rostro en ellas, pasando las manos por su cabello con desespero. Hundiendo los dedos para luego jalarlo con fuerza. Escuchar a Rose quebrarse de esa forma era algo totalmente nuevo, algo asqueroso, vil y putrefacto que inundaba su corazón en un profundo dolor.
Preferiría estar siendo insultada. Que Rose la maldijera de diez mil formas posibles, que convenciera a todos de que la odiasen, en su lugar. Con sus propios oídos escuchaba el dolor que le había causado a alguien a quien había lastimado con sus acciones, incluso antes de liberar a Adarza.
No pudo más. Apoyada en la pared, Rachel se levantó, yendo a tropezones a su habitación. El mundo a su alrededor era borroso, falso. Al llegar a su habitación, corrió al baño, ignorando un llamado de preocupación. Abrió el grifo, lanzándose agua en la cara. Destellos fugaces de aquel regresaron a su mente: El tierno rostro de una amable e inocente joven, cuya garganta fue cercenada sin piedad.
—Por una prueba de matemáticas…
—¿Rachel? —Lindsy se asomó por la puerta del baño, observando cómo Rachel se mojaba el rostro, manteniendo su mirada en su reflejo frente al lavamanos.
—Fue por una prueba de matemáticas, Lindsy. Vendí a Jazmín por un maldito examen. —Estudiando cada detalle de su reflejo, se preguntaba cómo alguien era capaz de ser tan repulsiva. Quebró el cristal de un golpe, ignorando cómo su piel fue perforada por el vidrio roto, que se incrustó profundamente en sus nudillos.
—¿¡Ray!?
Lindsy corrió, alejando a Rachel del lavamanos, que bajó la cabeza, murmurando aquellas mismas palabras: “Por un examen”. Lindsy ignoró por completo lo que decía, tomando la caja de primeros auxilios de la estantería sobre el inodoro, tomando las pinzas de metal para sacar cada fragmento de vidrio incrustado en la pálida piel de la joven en trance. Terminaron sentadas en el suelo, ignorando los demás cristales a su alrededor.
—¿Por qué le hice eso a Jazmín, Lindsy?
—Tú no hiciste nada.
—Claro que sí, Adarza se fijó en ella porque fue la primera a la que le sacó sangre. —Rachel dejó caer su cabeza sobre su propio hombro, cerrando los ojos por el ardor de los cristales en sus nudillos y cómo Lindsy los retiraba. Por más que fuera cuidadosa, gentil y tratara de no herirla, seguía siendo doloroso.
—¡Rachel! —gritó agraviada—. No, tú solo querías pasar un examen, no podías saberlo.
—Pues ahora entiendo el maldito dicho: “La ignorancia es un pecado”. —Rachel soltó una ligera risa, quizás del dicho, o quizás solo se burlaba de ella misma— Quizás siempre lo supe, pero estaba tan desesperada por creerle a Adarza que lo ignoré. De cualquier modo, de verdad jodí las cosas para esos pobres bastardos cuyo único crimen fue ser mis conocidos. ¡Ay!
Rachel apartó su mano con rapidez luego de que las pinzas presionaran con fuerza la piel de sus nudillos. Lindsy, al borde del llanto, con sus labios temblorosos, la miró a los ojos negando con la cabeza.
—Basta, Rachel… Por favor.
Sin palabras, Rachel asintió, limpiándose su húmedo rostro con la manga de su brazo. Acercó su mano de nuevo, permitiéndole a Lindsy seguir con su trabajo. Lo único que se escuchaba en aquel baño lleno de cristales rotos era el agua del lavamanos correr. Rachel regresó su mirada a Lindsy, acercándose un poco para limpiarle las lágrimas con su pulgar, dándole una sonrisa para tratar de animarla. Lindsy, al verla sonreír, hizo lo mismo, terminando de quitarle los cristales para untar crema y vendar su mano.
«Qué molesto debe ser cuidarme, ¿verdad?» Quiso decirlo como un chiste, pero sabía que eso solo arruinaría la hermosa sonrisa en el rostro de Lindsy, que le dio un rápido, pero suave golpe en su frente.
—No te dañes a ti misma; ahora, ponte a barrer todo el desastre. Dijiste que me contarías algo.
—Oye, qué cruel, me duele la mano.
—Debiste pensarlo dos veces antes de romper el espejo… —Lindsy levantó sus manos, lanzándole una escoba y una pala a Rachel, recostándose a la puerta para verla limpiar.
—Eso es… Eso es demasiado.
Sentada en la cama, cubriendo parte de su cuerpo con una sábana que imitaba las puertas de la TARDIS, Lindsy digería poco a poco la historia contada por Rachel y su experiencia en los Ecos, el conde de Saint Germain, las Calamidades.
—Lo sé, pero no digo que no fue increíble. —Rachel recostó su cabeza en las piernas de Lindsy, manteniendo sus ojos cerrados, disfrutando de las suaves caricias en su cabeza—. Luego de que Jesse hizo esa pregunta, su mente al parecer no lo soportó; luego ocurrió la parte que ustedes conocen.
—Entonces, Jesse está mal… ¡No solo eso! ¡Adarza de seguro le sacó sangre!
Rachel se golpeó en la frente. No había pensado en eso. Adarza ahora poseía todos los conocimientos de Jesse; por lo tanto, ella tendría conocimiento de todo lo que Saint Germain le mostró. Lo que, en parte, podría ser bueno. Rio un poco al imaginar cómo Adarza enloquecía en el suelo, reventándose la cabeza contra el piso porque no soporta toda la información.
—Ojalá le pase lo mismo que a Jesse.
—¿No se supone que ella debería tener miles de recuerdos? No creo que eso le afecte. —Lindsy pellizcó con cariño la mejilla de Rachel. Agachó más su rostro, mirando el rostro de la rubia—. ¿Por qué se lo ocultaste a los demás?
—¿Cómo que por qué? —Rachel abrió un ojo, dándose cuenta de la severa expresión de Lindsy; no parecía nada contenta—. ¿Le darías esa información a Baskerville o a Lawrence? Ambos iniciarían una guerra si son capaces de conseguir información de los Ecos.
—¡Adarza está relacionada con una de esas Calamidades! ¡Esto podría ser un suicidio!
—Sssh —Rachel le cubrió la boca. No la quería gritando como loca ahora mismo—. Si de verdad hay una Calamidad con ella, habría más muertos que solo 1200, Lindsy. De seguro habría varios países menos en la lista.
—Hmmp —Lindsy apartó la mano de Rachel, negando con la cabeza—. No podemos ocultar esto. Es demasiado, muchos estarán en peligro; ya está mal que continuemos mintiendo, pero
—No. —La de camisa roja y estampado de arcoíris alejó su mano. Nada la haría cambiar de opinión al respecto—. Con que medio divaguemos sobre ella y tratemos de mantener a salvo a todos los de nuestra facción, estaremos bien.
—¿Qué hay de los otros?
—¡Me importan una mierda los otros!
—¡Rachel! —Ahora ambas terminaron por gritar. Le sorprendía escuchar esas palabras de la boca de Rachel. Apartó las sábanas, mientras que Rachel se sentaba en la cama, dándole la espalda—. Pueden morir más personas.
—Erradicadores. ¿Por qué carajo me debería importar que mueran Erradicadores? —preguntó moviendo su mano en un ademán.
—También son personas, y no soy quien abogue por ellos, pero si estaremos del mismo lado, no podemos simplemente lanzarlos a la boca del lobo.
—¿Quieres ver cómo lo hago? —Rachel cambió su tono a uno más retador. Volteando su rostro hacia Lindsy, lanzándole una mirada repleta de disgusto.
—… No me mires así, Rachel… —Lindsy bajó la mirada, negando con su cabeza— Solo trato de que evites hacer algo de lo que te arrepientas. Esto es demasiado egoísta, hasta para ti.
—¿Egoísta? —Incrédula de aquella palabra, se dio la vuelta. Su corazón dio un brinco ante el triste panorama de ver a su pareja tan decaída. Quería continuar gritando hasta tener la razón, pero Rachel tomó un profundo suspiro antes de tomar las manos de Lindsy y entrelazar sus dedos—. Amor, esto no lo hago totalmente por mí… Porque sí, quiero matar a Adarza, pero ya estamos en un punto de no retorno.
—Solo te interesa matar a Adarza.
Rachel se quedó en silencio, mientras que Lindsy alejaba sus manos con cuidado. Una risa nerviosa escapó de la joven de ojos azules; no sabía qué responder a esa afirmación.
—¿Qué? No. Yo-
—Te conozco.
—Entonces deberías saber que no estoy mintiendo.
—Por esa misma razón sé que mientes. —Lindsy volvió a apartar su mirada, incapaz de ver con sus propios ojos la reacción de Rachel a esas palabras. No quería ver esos ojos juzgándola u odiándola por lo que decía— Ahora mismo no te importa nada, harás lo que sea para matar a Adarza, ¿verdad? Incluso si eso significa mentirme.
—No. Jamás. Yo…
Rachel se llevó una mano al pecho, pero no encontró una forma de responder sin mentirle, por lo que terminó desistiendo de la discusión.
—Tengo que hacerlo… Por mí… No voy a poder ser feliz si ella se me escapa de las manos o la mata alguien más. No podré seguir —respondió con una voz quebradiza—. Debo ser yo.
—Chloe no estaría de acuerdo.
—No metas a mi hermana en esto.
El silencio reinó en el cuarto; Lindsy se sentó al borde de la cama, mirando al suelo, pensativa. Juntó sus manos, decepcionada, preocupada, nerviosa, aterrada. Esto era una locura que terminaría mal para todos, en especial para la misma Rachel, pero no podía detenerla, era imposible detenerla. Como una absurda burla, los brazos de Rachel se envolvieron alrededor de su cintura. Besos cortos y gentiles fueron plantados en su cuello; entonces la voz de Ray se escuchó como un débil susurro.
—Por favor… Apóyame… Te necesito conmigo, no podría hacerlo sin ti.
Lindsy maldijo en su interior; ella también poseía un arma peligrosa: conocerla demasiado bien. Sus manos terminaron sobre las de Rachel, acariciándolas de forma gentil mientras asentía con la cabeza.
—Sabes que estoy contigo en esto… Desde el primer día.
Rachel sonrió sin darse cuenta, acariciando el abdomen de Lindsy sobre la ropa. La más alta volteó su cabeza, besando la mejilla de Rachel. Ignorando su propio corazón dolido de aquella vil mentira. Rachel lo haría con o sin ella. Quería hacerle una pregunta, pero decidió callar al tener los labios de Rachel sobre los suyos, mientras que la rubia la recostaba en la cama.
¿De verdad ella era todo lo que necesitaba Rachel para ser feliz? Porque Lindsy dudaba de que esas palabras fueran verdad.

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Pocket Mirror (Novela)
Capítulo 74
Pocket Mirror (Novela) Capítulo 73
Estás leyendo el capítulo 73 de Pocket Mirror (Novela), un novela. Luego de encontrar un espejo de bolsillo en las cosas viejas de su madre fallecida, la vida cotidiana y tranquila de Rachel Ficks da un giro total llevándola al epicentro de los problemas políticos y morales entre los… Este capítulo tiene publicado el 7 de octubre de 2026, Traducido por el grupo Kappoff00. Pocket Mirror (Novela) tiene 76 capítulos disponibles en LectorTMO, en español y sin registro.